ECONOMIA
El dólar sigue en alza: a cuánto puede llegar sin la intervención del Gobierno, según la nueva banda cambiaria

(Free photo)
El esquema cambiario vigente define un rango dentro del cual el dólar puede moverse sin que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) tenga la obligación de salir a vender divisas. Ese límite superior, conocido como “techo de la banda”, no es un número fijo: se recalcula todos los meses en función de la inflación informada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Con el dato de mayo ya conocido, el mercado empezó a mirar cuánto margen queda antes de que el esquema oficial obligue a una intervención directa.
El mecanismo funciona con un desfase de dos meses entre la publicación del índice de precios y su aplicación sobre los límites cambiarios. Es un hecho que ese rezago responde a la lógica con la que fue diseñado el sistema desde su implementación: la inflación de un mes determina el ajuste de la banda dos meses después, de manera que el dato de marzo fijó el techo de mayo y el de abril, el de junio.
Bajo esa misma regla, la inflación de mayo, del 2,15% según el Indec, es la que ahora define el nuevo límite superior para julio. Aplicado ese porcentaje sobre el techo que existía en junio, que se ubicaba en 1.806,45 pesos, el resultado arroja un nuevo techo de 1.844,85 pesos para el cierre de julio. Se trata de un ajuste más moderado que el registrado en el tramo anterior.
Con el dólar mayorista operando este martes en $1.489, la distancia hasta el nuevo techo de julio se ubica en torno a $355, unos 24 puntos porcentuales por encima del valor actual. Esa brecha es la que, en términos teóricos, tiene el mercado para moverse sin que el esquema de bandas obligue al Central a vender reservas de manera directa.

La suba de este martes no fue un hecho aislado. El dólar mayorista acumuló tres ruedas consecutivas al alza, en un contexto de muy alto volumen operado, que superó los USD 800 millones en el segmento de contado por tercer día seguido. En lo que va de 2026, la divisa mayorista acumula una suba de 34 pesos, equivalente a 2,3 por ciento, y se ubica cerca del récord nominal de $1.492 alcanzado en octubre del año pasado.
Ese comportamiento también se trasladó al resto de las cotizaciones. El dólar minorista subió diez pesos en el Banco Nación, hasta $1.510, mientras que el blue avanzó en la misma magnitud, hasta 1.525 pesos. Los dólares financieros no fueron la excepción: el contado con liquidación tocó los 1.577 pesos, un máximo desde octubre del año pasado.
Ahora bien, mientras el dólar mayorista se mantenga por debajo de los $1.844,85, a 334 pesos de la cotización actual, el BCRA no está obligado a intervenir vendiendo divisas de manera directa en el Mercado Libre de Cambios. Sin embargo, la entidad que conduce Santiago Bausili sí actuó esta semana sobre el mercado, aunque por otras vías.
Las dos herramientas principales que utilizó fueron la venta de contratos de dólar futuro y la colocación de letras dollar-linked, instrumentos del Tesoro que ajustan su valor según la evolución del dólar oficial. Según fuentes bancarias, la intervención se concentró en el contrato de futuro con vencimiento a fines de julio, aunque el monto operado en esa plaza no resultó determinante.

El volumen operado en estas letras alcanzó los 500 millones de dólares en la jornada, después de dos ruedas previas con montos también elevados, de entre 400 y 500 millones. En una mesa de operaciones de un banco remarcaron que el volumen diario habitual de este instrumento ronda los USD 150 millones, lo que da cuenta de la magnitud que tomó la intervención indirecta esta semana. Cada vez que el BCRA vende estos títulos, retira pesos de circulación entre los inversores privados, lo que le permite moderar la presión sobre el tipo de cambio sin tocar sus reservas.
Un dato que explica parte de la presión sobre el tipo de cambio pasa por la oferta de divisas del campo. Según las cámaras que agrupan al sector aceitero y exportador de granos, las liquidaciones de junio sumaron 3.007 millones de dólares, una caída de 18% frente al mismo mes de 2025, aunque con un repunte de 12% respecto de mayo. En el acumulado del año, esas liquidaciones muestran una baja de 13%, pese a las expectativas de una cosecha mayor a la del ciclo anterior.
ECONOMIA
Así funciona la «fábrica de dólares» que generó u$s14.000 M y se convirtió en pilar del plan Caputo

El plan económico de Javier Milei superó un test muy relevante en la primera parte de este 2026. Tan importante que puede sellar la suerte del proceso que viene.
El hecho concreto se vincula con el fuerte superávit comercial que la Argentina registró desde que arrancó el año.
El país acumuló un superávit comercial de u$s13.923 millones, el mayor registrado para un primer semestre desde que existen estadísticas comparables.
Para tener en cuenta: significa que se multiplicaron por cinco en relación a los u$s2.762 millones del primer semestre de 2025.
El dato no sólo refleja un fuerte ingreso de divisas, sino que además explica buena parte de la estabilidad cambiaria que el Gobierno exhibe como uno de sus principales activos.
A simple vista podría suponerse que semejante resultado fue consecuencia de una explosión de ventas hacia los principales socios comerciales del país. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.
Los principales socios le drenan dólares a la Argentina
Los últimos registros oficiales sorprenden. La generación de dólares comerciales de la Argentina no depende de sus principales socios. Ni el Mercosur ni China aportan billetes verdes; más bien todo lo contrario.
«En los seis meses de 2026, el intercambio con el Mercosur tuvo un déficit de u$s1.877 millones: se trató del segundo en importancia después de China», asegura el informe del Indec.
Con China, el rojo comercial en seis meses resultó de u$s3.092 millones, producto de la fuerte dependencia argentina de bienes industriales, maquinaria e insumos provenientes de ese país.
Con Europa, el déficit acumulado fue de u$s659 millones, el tercero en relevancia.
Brasil, el principal destino de las exportaciones argentinas, siguió mostrando un saldo negativo para la Argentina. En el semestre, las ventas alcanzaron los u$s6.254 millones, mientras que las importaciones desde ese país sumaron u$s7.650 millones. El rojo bilateral rondó así los u$s1.400 millones.
Cuáles son las «fábricas de dólares» que funcionan como pilar del plan Caputo
Entonces, ¿de dónde salieron los casi u$s14.000 millones que terminaron fortaleciendo la balanza comercial?
La explicación hay que buscarla en una transformación silenciosa de la estructura exportadora. A diferencia de otros períodos, el resultado no dependió exclusivamente del agro. Fueron cuatro motores los que empujaron el ingreso de divisas.
Algo así como el «nuevo modelo» Milei.
1) El campo
El primero fue el complejo agroindustrial, que continúa siendo el mayor generador de dólares. Las manufacturas de origen agropecuario representaron el 32% de todas las exportaciones y crecieron 15,1% respecto del primer semestre del año pasado.
La recuperación de los embarques de harina y aceite de soja, junto con las ventas de carne, volvió a colocar al complejo sojero en el centro del escenario exportador.
2) La energía
El segundo protagonista fue Vaca Muerta. Las exportaciones de combustibles y energía aumentaron 42,5%, el mayor crecimiento entre todos los grandes rubros. El petróleo desplazó definitivamente su papel de sustituto de importaciones para transformarse en un generador neto de divisas. Entre los productos más exportados aparecen los aceites crudos de petróleo, que lideraron el ranking nacional.
El economista Nadín Argañaraz se metió en los detalles de ese salto. «Al descomponer la variación de la balanza de dólares de la energía en el parcial del año, se tiene que el efecto precio generó una suba de u$s552 millones. Con relación al efecto cantidades, el saldo extra fue positivo por u$s1.656 millones. De la combinación de un efecto cantidades positivo y un efecto precio positivo, surgió el efecto neto positivo de u$s2.207 millones«, explicó Argañaraz.
3) La industria
La tercera sorpresa provino de la industria. Las manufacturas de origen industrial crecieron 27,5%, impulsadas por mayores exportaciones de productos químicos, metales y vehículos.
En otras palabras, el salto exportador no fue exclusivamente un fenómeno asociado al campo o a la energía.
Finalmente aparecen los productos primarios, que avanzaron 25,5% gracias al mayor aporte del maíz, minerales, oro y litio, consolidando un perfil exportador cada vez más diversificado.
Los productos más vendidos al exterior reflejan ese cambio de matriz. Al tradicional liderazgo de la harina y el aceite de soja se sumaron el petróleo, el maíz, los vehículos, el oro, el carbonato de litio y la carne vacuna. La foto exportadora de 2026 muestra una economía mucho menos dependiente de un único sector.
El nuevo mapa de destinos que impulsa las exportaciones
Tampoco el mapa geográfico fue el habitual.
Mientras Brasil y China continuaron explicando buena parte del déficit bilateral, crecieron con fuerza mercados como Chile, India y otros destinos asiáticos, que absorbieron mayores embarques de energía, granos y derivados agroindustriales.
Además, China incrementó 59,1% sus compras de productos argentinos respecto del año pasado, aunque ese avance todavía no alcanzó para revertir el saldo negativo bilateral.
El resultado final fue contundente. Las exportaciones aumentaron 24,4% interanual y alcanzaron u$s49.454 millones, mientras que las importaciones retrocedieron 3,9%, hasta u$s35.531 millones.
Esa combinación permitió que el superávit pasara de apenas u$s2.762 millones en el primer semestre de 2025 a casi u$s14.000 millones este año, un salto que explica buena parte del alivio externo con el que hoy cuenta el Gobierno.
Para Luis Caputo, ese flujo de divisas representa mucho más que un dato estadístico. Es uno de los pilares sobre los cuales descansa la estrategia oficial para sostener la estabilidad cambiaria, fortalecer las reservas y atravesar los próximos meses sin tensiones en el mercado de cambios.
La incógnita refiere a cuánto de este fenómeno responde a una mejora estructural de la oferta exportadora y cuánto depende de un contexto internacional de precios todavía favorable para varios de los principales productos argentinos.
Y, a la vez, de una economía interna que no demanda la cantidad de divisas que sí necesitaría en caso de una expansión más poderosa.
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ECONOMIA
A cuánto llegaría la pobreza en CABA si se incluyera el costo del alquiler en las mediciones

El costo del alquiler redefine la situación económica de miles de hogares porteños. Al descontar ese gasto del ingreso familiar, unas 233.000 personas caen a un estrato socioeconómico inferior, la indigencia se multiplica por más de tres y la población no vulnerable se reduce en cinco puntos porcentuales.
Aunque los hogares inquilinos de la Ciudad de Buenos Aires presentan un perfil socioeconómico muy similar al promedio de la población, el peso del alquiler altera de manera significativa esa realidad cuando se considera el ingreso efectivamente disponible.
Así surge de un informe de la Fundación Tejido Urbano, que advierte que el costo de acceder y sostener una vivienda en alquiler provoca un descenso en la estratificación social de casi una cuarta parte de la población inquilina.
Según la Encuesta Anual de Hogares (EAH) del Instituto de Estadísticas porteño (IECBA), el 54,3% de los hogares inquilinos pertenece al estrato medio, una proporción prácticamente idéntica a la del conjunto de la Ciudad (53,8%). Sin embargo, la presencia de inquilinos en los sectores de mayores ingresos es menor: apenas el 10,5% integra el estrato acomodado, frente al 16,2% del total de los hogares.

Al mismo tiempo, los hogares que alquilan muestran una leve sobrerrepresentación en los sectores de menores ingresos. El 4% se encuentra en situación de indigencia (contra 3,3% del total), el 10% bajo la línea de pobreza (9% en el conjunto de la población), el 10,8% en condición de vulnerabilidad (8,6%) y el 10,5% en situación de fragilidad (9,1%).
En términos de ingresos, las diferencias son reducidas. Actualizados a abril, los hogares inquilinos registran un ingreso familiar promedio de $1.827.898 mensuales, apenas un 1,7% inferior al promedio de la Ciudad, que alcanza los $1.858.653.
Sin embargo, para Tejido Urbano, la menor participación de inquilinos entre los hogares de mayores ingresos refleja una capacidad patrimonial más limitada para afrontar los costos de acceso y permanencia en el mercado de alquileres.
El informe sostiene que las mediciones habituales de pobreza y estratificación presentan una limitación para analizar la situación de quienes alquilan, ya que clasifican a los hogares únicamente según su ingreso monetario y no contemplan el peso que representa el alquiler sobre la economía familiar.
Para dimensionar ese efecto, la Fundación realizó un ejercicio de reclasificación que descuenta del ingreso familiar el costo estimado del alquiler antes de ubicar a cada hogar en un estrato socioeconómico.
Los resultados muestran un cambio importante. En total, 233.284 personas pertenecientes a hogares inquilinos modifican su nivel de estratificación, lo que representa cerca del 8% de la población de la Ciudad y aproximadamente uno de cada cuatro inquilinos.

El mayor impacto se observa en los sectores más vulnerables. La proporción de personas en situación de indigencia pasa del 1,9% al 6,9%, mientras que la pobreza aumenta del 7% al 9,7%.
En paralelo, la población considerada vulnerable desciende al 30,1% y la población no vulnerable cae alrededor de cinco puntos porcentuales, hasta ubicarse en torno al 53,2%.
Para Tejido Urbano, este fenómeno refleja la creciente distancia entre los ingresos nominales y los ingresos realmente disponibles una vez afrontado el gasto habitacional.
“Lo que aparece es un reordenamiento social significativo: hogares que no eran considerados pobres en términos estrictamente monetarios pasan a ubicarse en situaciones de pobreza o mayor fragilidad cuando se incorpora el costo de acceder y sostener una vivienda en alquiler. La pobreza ‘tradicional’ subestima la fragilidad y parte de la clase media urbana está sostenida artificialmente por mediciones pre-habitacionales”, señalaron desde la Fundación.
Y aclararon que el ejercicio no pretende reemplazar las mediciones oficiales de pobreza, sino complementarlas con una dimensión habitacional que permita reflejar con mayor precisión los ingresos efectivamente disponibles de los hogares urbanos.
Al mismo tiempo, el informe asegura que alquilar ya no es algo “temporal” y el acceso a la vivienda propia se retrasó 10 años.
“El mercado locativo ha dejado de ser exclusivo de jóvenes que se emancipan para abarcar casi toda la vida adulta. Históricamente, en 2005, la mayoría de las personas lograba pasar del alquiler a la propiedad entre los 30 y 35 años; hoy, ese equilibrio recién se alcanza a los 45 años”, precisó Tejido Urbano.
“Esta postergación de una década en las trayectorias residenciales responde a que solo 1 de cada 5 hogares inquilinos cuenta actualmente con los ingresos formales necesarios para calificar a un crédito hipotecario, dejando al resto en una dependencia permanente del mercado de alquileres”, agregó.
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ECONOMIA
La fábrica de aviones FADEA sigue parada, y aunque el Gobierno prometió fondos el pago no aparece

Parálisis e incertidumbre siguen siendo la condición dominante en FADEA, la fábrica de aviones de Córdoba. La estatal atraviesa un contexto de crisis que se intensificó a mediados de la semana pasada y alcanzó su punto máximo en las últimas horas, con dudas respecto de si la compañía seguirá manteniéndose operativa en los meses siguientes. La falta de fondos para cubrir el 40% de cada salario redundó en un pacto entre la cúpula de FADEA y sus empleados para mantener la «dispensa» laboral. Si bien entre ayer y hoy el Gobierno nacional, a través de la cartera de Economía, afirmó que efectuaría la transferencia de partidas para regularizar el pago de haberes, lo cierto es que ese movimiento hasta ahora no se llevó a cabo y las líneas de producción suman otro día sin actividad. El freno establecido a la planta en Córdoba alcanza a los 650 trabajadores de la firma, aunque en las últimas semanas apenas 80 desempeñaban algún tipo de función en las instalaciones de la estatal.
El conflicto en FADEA tiene su base en el pago parcial de salarios que llevó adelante la compañía en el último mes. Así, los operarios de la fábrica de aviones recibieron un pago a cuenta de $500.000, mientras que el personal jerárquico sólo percibió un 40% de sus haberes.
FADEA y un conflicto que se disparó por falta de fondos para sueldos
Precisamente, esa falta de certeza sobre la liquidación del saldo restante motivó medidas de fuerza, asambleas permanentes y la decisión directiva de cerrar transitoriamente las puertas del complejo industrial por falta de insumos y presupuesto.
El desencadenante directo de la suspensión de actividades radica en la interrupción de los flujos de caja que dependen del Ministerio de Economía, aunque son gestionados desde el área de Defensa. Si bien en horas recientes la conducción de FADEA notificó a los trabajadores que existía un compromiso de envío de partidas para completar el pago de sueldos, la falta de acreditación efectiva generó desconfianza en el plano gremial.
En línea con lo anterior, desde el Sindicato de Trabajadores Aeronáuticos (STA) y la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA) señalaron que la planta «carece de previsibilidad operativa». Y que «el esquema de dispensa laboral y suspensiones rotativas se prorrogó ante la imposibilidad de sostener el funcionamiento diario de los talleres».
En concreto, la falta de fondos que padece FADEA impide tanto el pago regular de la nómina salarial como la adquisición de insumos críticos para cumplir los contratos de mantenimiento militar y comercial.
La fábrica de aviones, al borde del colapso
Hasta el parate de estos días, señalan fuentes del sector aeronáutico, la estatal apenas mantenía operativa el 30% de su estructura. Como informó iProfesional recientemente, la compañía acumula alrededor de dos años sin formalizar un acuerdo potente con la Fuerza Aérea Argentina (FAA).
En estas últimas semanas, la escasa actividad que venía mostrando la firma estaba ligada a un contrato de provisión de componentes que se sostiene con la brasileña Embraer.
A la par de los vaivenes dirigenciales y las demoras en el pago completo de los salarios, la preocupación crece por la falta de nuevas alternativas de negocios. Esto último también viene acelerando la reducción del plantel de profesionales de la firma, que perdió entre 200 y 250 empleados en los últimos 33 meses.
Hasta el momento, siguen sin darse avances en el acuerdo dialogado con la FAA para modernizar aviones Pampa por un valor de 110 millones de dólares.
La posibilidad de un contrato con México, a punto de caerse por completo
Precisamente, ese pacto en veremos es lo que frena la posibilidad de que la estatal recupere una capacidad industrial que le permitiría cerrar más contratos con actores internacionales.
Esto último pone en dramático suspenso una opción de negocios que, igualmente, navega las aguas de la incertidumbre por el mal momento que atraviesa la fábrica de aviones. Desde el segundo semestre del año pasado la mexicana FEMIA viene buscando abrochar un acuerdo de cooperación con FADEA para el desarrollo de entrenadores IA-63 Pampa III Block 2.
Se trata de una operación que abriría un negocio global del orden de los u$s600 millones, pero esa alternativa también se mantiene en riesgo a partir de la crisis que ostenta la estatal. La falta de un objetivo claro para el destino de FADEA, derivado mayormente de la indefinición que baja del gobierno nacional hacia esa compañía, podría hacer perder una oportunidad comercial y estratégica por demás significativa para la fábrica de aviones.
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