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El mejor gol, el mejor relato y los dos medios que no le pusieron 10 puntos a Maradona: a 40 años del partido inmortal

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Los inolvidables goles de Maradona a Inglaterra (Víctor Hugo Morales)

Único e irrepetible. De esos partidos tocados por la varita mágica del tiempo para alojarse eternamente en la mente y el corazón. Como también lo fue la final de Qatar 2022. Esa clase de encuentros que uno siempre va a recordar dónde y con quién estaba. Y que nos sacarán por siempre una sonrisa y una lágrima. Argentina e Inglaterra por los cuartos de final del Mundial de México ‘86 tenía todos los condimentos. Como si la mano de un escritor fértil e inspirado, lo hubiese tramado con lujo de detalles. En medio de ese combo apasionante, una actuación extraordinaria. Un Diego Armando Maradona que minuto a minuto iba superándose a sí mismo, hasta elaborar su obra máxima.

El partido con Inglaterra. El que muchos soñaban, borroneando los límites del fútbol. No hay que mezclar, suelen sentenciar los sabiondos. Pero aquella vez sí. El sentimiento estaba a flor de piel, aún las heridas lacerantes, ardían desde cuatro años antes. Como tan bien resumió Víctor Hugo Morales, luego de su extraordinario relato, el mejor de su admirable carrera, cuando llegó el pitazo final: “Argentina le ha ganado a Inglaterra. Y lo voy a decir una sola vez y que Dios me perdone, porque no es un golpe bajo: por todos los pibes que no pueden gritar esta victoria”.

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La formación de aquella tarde con la legendaria camiseta. Arriba: Sergio Batista, José Luis Cuciuffo, Julio Olarticoechea, Nery Pumpido, José Luis Brown, Oscar Ruggeri y Diego Maradona. Abajo: Jorge Burruchaga, Ricardo Giusti, Hector Enrique y Jorge Valdano

Siguiendo la línea de los medios, aquella debe haber sido la actuación individual menos discutible de la historia para poner un puntaje. Sin embargo, hubo dos publicaciones en nuestro país que no le colocaron un 10 a Maradona. Para el diario “Tiempo Argentino” jugó apenas para 8, mientras que la revista “Sólo Fútbol”, no tuvo dudas en ponerle 11…

La previa tuvo muchos matices. Argentina contaba con la ventaja de dos días más de descanso, porque había eliminado a Uruguay el lunes 16, mientras que Inglaterra dejó en el camino a Paraguay 3-0 el miércoles 18. Bilardo tenía que hacer una modificación obligada, ya que Oscar Garré estaba suspendido por acumulación de amarillas y no había dudas que su lugar sería ocupado por el Vasco Olarticoechea, en la novedosa posición de lateral – volante por la izquierda.

Cuando llegó la noticia que Argentina debía vestir casaca alternativa, comenzó la novela. El doctor había quedado disconforme con las azules utilizadas ante Uruguay, porque carecían del moderno sistema air tech, con pequeños agujeros, que sí tenía la celeste y blanca titular. Portando una tijera, intentó hacerlo rústicamente sobre las suplentes, con un resultado tan esperado como espantoso: quedaron inutilizadas.

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Argentina 2 - Inglaterra 1 - México 86
Diego a punto de concretar la obra máxima, a una gambeta de quedar en la gloria eterna

El utilero Tito Benrós y el administrativo de AFA, Rubén Moschella, recorrieron contrarreloj los negocios del centro de la capital mexicana en busca del tesoro. La tarea fue agotadora, pero consiguieron dos juegos azules, con el isologo de Le Coq Sportif. Uno de ellos fue rápidamente desechado por el entrenador, porque era muy similar al que ya tenían, mientras que el otro era más liviano y brilloso. “No, tienen que ser caladas”, respondía el Narigón. Hasta que el azar se apiadó de esos dos hombres exhaustos, cuando Maradona pasó justo por allí y le dijo el DT: “Que linda camiseta, Carlos”. Éste no dudó y dijo: “Es esta”, dando inicio a la leyenda.

Además del cambio obligado de Olarticoechea por Garré, el entrenador hizo otra variante que cambiaría tácticamente al equipo y resultó ser un acierto: Héctor Enrique por Pedro Pasculli. La formación que inició el match frente a los ingleses sería la misma que lo haría ante Bélgica en la semifinal y con Alemania en la final.

El Tata Brown recordaba cómo fueron los instantes previos: “Antes del partido, nosotros jamás tuvimos una declaración, nada de nada, pero interiormente sí. Yo siempre digo lo mismo: hay que estar en ese momento en el túnel, con la gente de Inglaterra a la derecha, en el medio los árbitros y a la izquierda el grupo argentino, Y Diego, que cuando íbamos caminando nos decía: ‘Vamos, eh, vamos que estos capaz nos mataron a un vecino o un familiar’. Entonces llegás a la mitad de la cancha, escuchás el himno y yo, por ejemplo, me pongo el cuchillo entre los dientes. Por eso se festejó tanto”.

Argentina 2 - Inglaterra 1 - México 86
La increíble salvada de palomita del Vasco Olarticoechea ante la peligrosa entrada de Lineker con el partido 2-1 a minutos del final. Bautizada como «La nuca de Dios»

Mientras la transmisión de televisión nos traía imágenes con los equipos en el campo de juego, seguramente no reparamos en los suplentes de Inglaterra. Allí estaba Barnes con el número 19, desconocido para la mayoría de nosotros y que nos haría sufrir muchísimo una hora y media más tarde. En ese momento, antes de iniciar su incomparable relato por radio Argentina, Víctor Hugo tuvo una apreciación acertada sobre el juez: “Alí Bennaceur de Túnez, no puede ser el árbitro de un partido de esta naturaleza. No puede tener este hombre toda la experiencia y toda la capacidad que se necesitan”.

Argentina comenzó mejor, siendo el dominador, luego de unos primeros minutos de estudio, donde las dos primeras intervenciones que tuvo Maradona, terminaron con una infracción en su contra. Ya a los 8 trazó su primera pincelada: apareció por el sector derecho, la durmió en el pecho, enganchó hacia adentro dejando dos rivales por el camino, hasta que Fenwick le cometió una nueva falta y se ganó la amarilla. La única aproximación de Inglaterra en ese primer tiempo fue a partir de un error argentino, cuando Nery Pumpido quiso salir a rechazar al borde del área grande, patinó y Beardsley remató con poco ángulo y la pelota se estrelló en la parte externa de la red.

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Argentina 2 - Inglaterra 1 - México 86
Una picante portada de «Solo Fútbol», que siempre había apoyado el ciclo de Bilardo

Según dijo Bilardo en su autobiografía, ese fue el primer partido donde pudo plasmar la táctica con la que venía soñando: 3 – 5 – 2. Brown como eficiente líbero, Ruggeri implacable stopper sobre el goleador Lineker y Cuciuffo haciendo lo propio con Beardsley, Batista bien plantando como volante central, con Giusti y Olarticoechea a sus costados como laterales volantes. De allí en adelante, los restantes cuatro hombres, sin posiciones fijas y desorientando al rival. El ingreso de Enrique ayudó en la recuperación de la pelota y liberó a Diego para actuar más arriba.

A los 32, un tiro libre de Maradona, desde su posición favorita, salió al lado del poste izquierdo de Peter Shilton. Y dos minutos más tarde, se produjo una situación risueña, que hizo desacartonar la tensión con la que se vivía el cotejo. Diego fue a patear un tiro de esquina, pero como no tenía espacio para tomar carrera por la gran cantidad de fotógrafos, sacó el poste del banderín del córner. El juez de línea, Benny Ulloa, le indicó que debía colocarlo en su lugar. Así lo hizo, volviéndolo a clavar. Pero le señaló que aún faltaba el banderín. El capitán lo apoyó sobre la punta, cosa que no dejó satisfecho el hombre de negro, que le pidió que lo colocara en forma correcta. Finalmente, el 10 lo dejó como estaba, ante la ovación del público.

Argentina 2 - Inglaterra 1 - México 86
Un momento relajado en medio de un partido con gran tensión. El juez de línea Benny Ulloa le pide a Diego que arme correctamente el poste y el banderín del córner que él mismo había sacado

Con una Argentina dominante y una Inglaterra desconcertada, se cerró el primer tiempo. Nadie podía presentir que se estaba en la antesala de 45 minutos históricos, cambiantes y con un frenesí inolvidable. Apenas iniciado, Víctor Hugo señaló que había incidentes en las tribunas entre hinchas de ambos países. Raúl Gámez, quien participó de aquella pelea, así nos lo recordó: “Todo se inició por una discusión muy simple, por una banderita. Se acercaron desafiantes unos ingleses, que querían ocupar un lugar que era para los argentinos. Comenzaron los forcejeos, hasta que me perdí mentalmente, pero logramos conseguir el espacio para nuestra gente. Yo soy de la idea que los hinchas ingleses son buena gente, trabajan y estudian de manera normal. Nosotros estamos confundidos, y más en ese momento, con el tema de Malvinas. Ellos son peligrosos cuando toman de más, porque ahí son capaces de cualquier cosa. Di y recibí bastante, porque nos agarramos varias veces. Incluso a la salida me estaban esperando los muchachos (risas). A veces me pone mal cuando me lo recuerdan, sobre todo por mis nietos”.

Pero en el campo de juego, comenzaba a gestarse el primer gol, uno de los más polémicos de la historia de los Mundiales. La ya legendaria “Mano de Dios”, con la que Diego impactó, superando la salida de Peter Shilton. Resulta increíble que el juez de línea, perfectamente ubicado, no lo haya percibido, ni tampoco el árbitro tunecino que lo convalidó. Lo cierto es que nuestro país explotó por primera vez en aquella soleada y fría tarde de domingo.

Desde el momento que Maradona la tocó con la mano hasta que tomó contacto con la pelota en el pase de Enrique para iniciar la obra maestra, pasaron exactamente 3 minutos y 40 segundos. No nos habíamos repuesto del festejo, que primero tuvo la lógica pátina de incredulidad, porque todos vimos la mano, y llegó ese instante supremo. Tiempos sin delay, donde la mayoría silenciamos la tele y poníamos la radio. Víctor Hugo lo fue acompañando. Sus palabras corrían a la par que el genio dejaba ingleses en el camino: “Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial. Siempre Maradona. Genio, genio, genio. Tocó gol”. Y allí su grito, que se unió al nuestro en cada punto de la geografía nacional. Donde no supimos qué hacer. Algunos se quedaron extasiados frente a la pantalla, siguiéndolo en su carrera rumbo al banderín del córner. Otros lloraron como el relator o se abrazaron hasta el infinito con quienes tenían al lado. En mi caso, con la suerte enorme de hacerlo con mis adorados abuelos maternos, amantes de todos los deportes y a quienes tanto les debo.

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Argentina 2 - Inglaterra 1 - México 86
La revista «Solo Fútbol», fiel a su estilo, no dudó en calificar a Maradona con 11 puntos

Las cámaras mostraban al doctor Bilardo dando indicaciones, como si el gol hubiese sido algo natural. No quería que el equipo se desordenase. Se había producido un hecho fantástico y sin precedentes, como para decretar el final, pero el partido debía seguir. Argentina estaba en estado de gracia, con una enorme lucidez, sabiendo cada futbolista lo que tenía que hacer y con el as de espadas más afilado que nunca. Pero Inglaterra no claudicó y se fue para adelante en busca del descuento. El primer aviso fue un muy buen tiro libre de Waddle que Pumpido, en uno de sus mejores intervenciones del torneo, mandó al córner.

A falta de 16 minutos, el técnico inglés mandó a la cancha a Barnes, para actuar como puntero, bien abierto a la izquierda, en el mismo lugar donde Rubén Paz había hecho estragos seis días antes. Y en la primera ocasión que tuvo, eludió a Enrique y a Giusti, llegó al fondo y mandó un centro preciso que aterrizó en la cabeza del temible Lineker, que por primera vez en la tarde le ganó a Ruggeri para colocar el 1-2. Pero ese equipo argentino no se amedrentaba ante ninguna adversidad. Sacó del medio y entre Maradona y Tapia, que había ingresado por Burruchaga, armaron una hermosa doble pared que concluyó con un violento derechazo del volante de Boca que fue devuelto por la base del palo, en una injusticia más grande que el estadio Azteca.

Inglaterra seguía atacando por la izquierda. En su autobiografía, el doctor Bilardo hizo una autocrítica: “En el banco todos los suplentes me decían: ‘Carlos, perdemos, saque a Giusti’. Lo veía hasta un ciego. El cambio era cantado: Clausen, que era marcador de punta por el Gringo. No lo quise hacer, estuve mal, porque era una variante cantada”. Y nuevamente Barnes la recibió en esa zona y sacó otro centro impecable. Cayó en la boca del arco con Pumpido superado. Era gol, pero el Vasco Olarticoechea se vistió de héroe y así nos los evocó: “Sobre el final se dio esa jugada que bautizaron ‘La nuca de Dios’ (risas), porque me tiré de palomita contra nuestro arco y con la nuca la pude sacar ante la presencia de Lineker, que estaba listo para empatarnos. Por suerte lo anticipé y llegué antes, porque estaba calcada a la jugada del gol de ellos”.

Fue la última zozobra. Del mismo modo que contra Uruguay, un partido para ganar cómodo, se convertía en un sufrimiento tremendo. Llegó el final y se desató un festejo inmenso, allá y acá, porque la gente por primera vez en ese Mundial, salió a las calles. Argentina estaba entre los cuatro primeros. Maradona se probaba la corona y el trono. No necesitaba salir campeón para demostrar que era el mejor del planeta. Ya había dejado un legado irrefutable: el más grandioso gol de todos los tiempos.

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Próximo episodio: Bélgica

Fecha: 25 de junio

Locación: Estadio Azteca

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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