CHIMENTOS
El presente de Romina Gaetani tras los golpes de la vida: “La que está hablando hoy, está volviendo a nacer”

Faltan poco más de dos horas para que el telón del Teatro Liceo vuelva a levantarse. En los camarines todavía se respira esa mezcla inconfundible de concentración, apuro y expectativa que precede a cada función. Afuera, Buenos Aires es un concierto de bombos y bocinazos en medio de una manifestación; adentro, en cambio, el tiempo parece detenerse. La escenografía de La Ratonera, el clásico policial de Agatha Christie, ya está preparada para recibir al público y Romina Gaetani se acomoda en uno de los sillones que forman parte de ese universo cerrado y misterioso del hostal Monkswell.
Allí, dentro de la ficción, interpreta a Mollie Ralston, la anfitriona y propietaria, junto a su marido Giles, del hospedaje en el que un grupo de desconocidos quedará atrapado mientras un asesino permanece oculto entre ellos. Pero esta tarde, lejos de ser Mollie, Gaetani es Romina. Y en sus palabras aparecen inevitablemente las marcas de un año que la obligó a atravesar algunos de los momentos más dolorosos de su vida y que, al mismo tiempo, la encuentra nuevamente abrazada por aquello que eligió desde muy joven: actuar.
Hace apenas quince días que La Ratonera regresó a la cartelera porteña, con funciones de miércoles a domingos, y el recibimiento del público ya tiene una respuesta concreta: localidades agotadas prácticamente desde el comienzo, con doble función los sábados. Para Gaetani, sin embargo, el éxito de la obra excede cualquier número de entradas vendidas, y con entusiasmo amplía el significado de ese presente: “Esto es un premio como persona y como actriz. Poder estar interpretando un personaje de Agatha Christie en la obra que es un éxito mundial que no se ha bajado en 74 años del escenario de una de las salas más importantes de Londres, como en el resto de otras ciudades”.
La actriz sabe, además, que no está ante cualquier obra ni ante cualquier escenario. La obra ocupa un lugar singular en la historia del teatro mundial y esta es la tercera vez que se representa en Buenos Aires, siempre con una importante respuesta del público. Y ahora encontró como casa al Liceo, una sala que para Gaetani tiene una carga emocional todavía mayor.

“En este marco, que es lo que estamos viendo delante nuestro, que es el Liceo, creo que es el mejor marco que puede tener hoy La Ratonera”, sostiene. Y hay algo más detrás de esa afirmación. Porque el mismo escenario en el que hoy interpreta a Mollie fue, hace casi tres décadas, el lugar donde comenzó a construir su historia como actriz. Allí debutó de la mano de Pepe Cibrián Campoy, cuando todavía era aquella joven que golpeaba puertas, hacía castings y buscaba encontrar su lugar en una profesión que desde entonces nunca abandonó.
Por eso, regresar al Liceo después de tantos años tiene para ella algo de círculo que se cierra y, al mismo tiempo, de historia que vuelve a empezar. “Qué loco que en este momento de mi vida vuelva al teatro donde nací como actriz. Qué loco, nací como actriz”, dice, como si todavía necesitara pronunciarlo en voz alta para terminar de comprenderlo. Y después agrega una frase que funciona casi como una declaración de principios para esta nueva etapa: “Siento que la Romina que está hablando hoy, también está volviendo a nacer. Así que qué loco que sea en el Liceo. Agradezco. Agradezco que sea acá”.
El presente dela actriz llega después de un período especialmente complejo. A fines de 2025, contó públicamente que había sido víctima de violencia de género por parte de su entonces expareja, Luis Cavanagh. El episodio derivó en una internación y posteriormente en una denuncia judicial. En ese mismo año también atravesó otra situación que modificó profundamente su relación con el espacio público: denunció por acoso y hostigamiento a una mujer que, según relató, comenzó a perseguirla y presentarse reiteradamente en distintos lugares vinculados con su vida cotidiana y profesional. La Justicia dispuso una restricción perimetral y se le entregó un botón antipánico. Aquella experiencia dejó consecuencias que todavía persisten y que incluso condicionan algo tan sencillo, y tan habitual para una actriz, como salir de un teatro después de una función.
Antes de llegar a La Ratonera, Gaetani había regresado a las tablas en marzo de 2026 con El divorcio del año, obra en la que compartió escenario, entre otros artistas, con Ernestina Pais. Lo que comenzó como un proyecto laboral terminó transformándose en un vínculo afectivo inesperado y profundo. Gaetani había admirado durante años a Pais, pero no la conocía personalmente. El trabajo compartido modificó esa distancia y convirtió a aquella admiración en amistad. Y cuando todavía quedaban funciones por delante y se preparaba la gira por distintas ciudades del país, la noticia de la muerte de Ernestina, ocurrida el 26 de junio, golpeó de lleno a la actriz.

“Fue literalmente un salvavida a nivel emocional”, define Gaetani cuando recuerda la llegada de La Ratonera después de la cancelación de El divorcio del año. El proyecto fue producido por Juan Caballé, el mismo productor de la obra anterior, junto con Tomás Rotemberg y Javier Faroni. “Realmente me sacó de un lugar muy doloroso, que es la pérdida de Ernestina Pais”, reconoce. Y entonces la entrevista deja de ser solamente una conversación sobre teatro y se transforma en el relato íntimo de un duelo todavía abierto.
Gaetani habla de Ernestina con una emoción que se filtra incluso en los silencios. Cuenta que había sido una de las primeras personas en comunicarse con ella en febrero, incluso antes de que comenzaran a trabajar juntas, para ofrecerle su apoyo y acompañamiento. También recuerda que Pais se había manifestado inmediatamente cuando conoció la situación que la actriz había atravesado con su expareja. “Eran diálogos telefónicos muy, muy, muy… Ni siquiera… No sé cómo decirlo, porque no quiero caer en palabras comunes”, explica, buscando una manera de describir algo que parece escaparle al lenguaje. Y finalmente encuentra una imagen: “Ese abrazo al alma de una mujer que también ha vivido lo suyo y que sabía lo que me estaba diciendo, y sabía cómo apoyar sus manos en mi espalda”.
Todavía no puede hablar de Ernestina en pasado sin que aparezca el desconcierto. “Todavía estoy en shock. No puedo creer que no la tengamos”, confiesa. Lo que permanece, dice, son las reflexiones que su amiga compartió públicamente, sus mensajes, sus consejos y una manera de mirar la vida con la que Gaetani asegura sentirse profundamente identificada. “Me quedo con una mujer con quien me sentía muy reflejada en muchas cosas, en su manera de ser, en su manera de pensar, de actuar ante la vida”, cuenta.
Hay una frase que resume especialmente bien la dimensión de esa pérdida. Gaetani recuerda que, cuando comenzó a conocerla y a trabajar con ella, sintió algo inmediato: “De esta mujer no me separo hasta el día que me muera”. Y la vida, una vez más, le impuso un giro inesperado. “Sin embargo, la muerte nos separó en un momento inesperado, con una tragedia, que es espantoso, porque no sé cuándo se supera una tragedia así”, admite.

Frente a la ausencia, encontró una forma posible de continuar el vínculo: permanecer cerca de Benicio, el hijo de Ernestina. “Creo que lo único que me queda hacer es seguir reflexionando sobre sus consejos, seguir repitiendo sus mensajes, que siempre daba a modo de ayuda y de acompañamiento y de reflexión como sociedad y estar en contacto con su hijo”, explica. Ese contacto no quedó en una intención. Benicio ya fue a verla a La Ratonera, y ambos continúan haciendo planes: salir, comer algo, ir juntos a un espectáculo musical. “Le prometí ir a un lugar que le gusta mucho, a comer torta. Así que estamos haciendo planes”, cuenta Gaetani. En medio del duelo, esos pequeños planes cotidianos parecen convertirse en una manera silenciosa de mantener viva una parte de Ernestina.
Cuando se le pregunta si siente que quedó algo pendiente con ella, la respuesta llega sin vueltas: “Ante la tragedia y la muerte de una amiga, imaginate, todo te quedó pendiente. No hay mucho más que agregar”. No hay una conclusión posible para una muerte inesperada. No existe una última conversación que alcance para cerrar una historia que todavía estaba empezando a crecer. Y quizá por eso Gaetani no intenta cerrar el duelo: lo incorpora a su vida.
“Terminó el 25 fuerte, comenzó fuerte”, resume cuando mira hacia atrás y observa el recorrido de estos meses. Pero inmediatamente se corrige a sí misma para poner el foco en otro lugar: “Con mucho crecimiento. Mucho crecimiento”. La actriz reconoce que atravesó un estrés postraumático y que todavía existen “resabios” de aquella experiencia. Habla de la necesidad de escuchar al cuerpo, detenerse, comprender qué necesita una persona después de atravesar una situación límite y aprender a convivir con una tragedia que no desaparece simplemente porque pasan los días. “No me quedo en el dolor, me quedo en el crecer”, afirma.
Y allí aparece una de las grandes paradojas de su presente: el dolor y la felicidad conviven. Por un lado, la pérdida de una amiga y compañera que todavía no logra asimilar; por el otro, la alegría que le provoca encontrarse nuevamente con un elenco, un equipo y una obra que siente como un verdadero refugio, y no habla solamente de sus compañeros de escena. Menciona a todos los que forman parte del teatro, desde quienes abren las puertas y mantienen los espacios hasta quienes colaboran para que los camarines estén en condiciones, pasando por los actores y actrices que comparten cada función. En ese universo colectivo encuentra algo que necesita: volver a sentirse parte.

Pero incluso el fin de las funciones, ese momento que para tantos artistas representa el contacto más directo con quienes fueron a verlos, todavía tiene para Gaetani un significado diferente. La experiencia de acoso que atravesó cambió esa dinámica. “Soy de irme rapidito últimamente”, cuenta. No es una elección estética ni una cuestión de distancia con el público: es una precaución.
“A mí no me gusta decir la palabra fan, pero no era fan, era fanática directamente”, explica al recordar aquella situación. “A los fanáticos sí hay que tenerles un poquito más de respeto”. Y enseguida agrega: “Y cuidado”. La persecución durante meses y las situaciones que derivaron en una restricción perimetral dejaron una huella concreta. “Eso te cambia mucho la dinámica después a la hora de salir al teatro”, reconoce.
Por eso hoy el final de las funciones tiene otro ritmo. “Lamentablemente todavía no puedo disfrutar la salida de los teatros. Salgo rápido. No, el contacto físico con la gente… Voy con cuidado, voy despacito”, relata. Incluso la intensidad de una muestra de cariño puede resultarle difícil en determinados días. “Si veo que vienen muy emocionados, mi cuerpo no está para soportar emociones de demasiada gente”, explica. Y enseguida matiza: “Hay días que sí, uno puede, hay días que no”.
En medio de todo eso, el Liceo adquiere una dimensión todavía más profunda. Porque no se trata solamente del teatro donde actualmente funciona La Ratonera. Es el lugar donde comenzó todo. Hace casi treinta años, de la mano de Pepe Cibrián, una joven Gaetani daba sus primeros pasos profesionales. Desde entonces atravesó televisión, cine, teatro y música; conoció el éxito, la exposición, los períodos de silencio, los desafíos, los rechazos y las nuevas oportunidades. Pero volver a ese escenario parece haberla conectado con una versión de sí misma que creía lejana.

“Después de muchos castings, muchos no”, responde sobre su pasado, pero con una certeza que parece haber construido durante décadas: “Cuando uno tiene una vocación, no hay nada que te pare”.
No asegura haber estado preparada para cada desafío. De hecho, admite exactamente lo contrario: “Ni siquiera siento que hoy esté preparada para muchas cosas”. Lo que sí conserva es la voluntad de seguir aprendiendo. “Hay vocación, hay amor, hay respeto y hay necesidad de seguir aprendiendo”, sostiene. Y habla también de la humildad como una herramienta indispensable para una profesión que nunca termina de enseñar: reconocer dónde uno se siente más débil, qué necesita reforzar y cómo continuar trabajando sobre el cuerpo, las emociones, lo psíquico y lo intelectual.
Quizás por eso, cuando se le pregunta si el teatro fue su refugio en los momentos más oscuros, Gaetani amplía la respuesta. No se trata solamente del escenario. Se trata del arte en todas sus formas, tanto desde el lugar de intérprete como desde el de espectadora. “En general, tanto como espectadora, como intérprete, como actriz o como cantante, cantautora, disfrutando de la cultura en general, en todas sus formas”, explica.
Y reivindica el valor de aquello que sucede cuando una obra, una canción o una expresión artística logra modificar algo en quien la recibe. “Eleva tanto nuestra conciencia y nuestra alma y nuestra vibración, y nos modifica y nos hace pensar y nos hace crecer, que es inevitable no sentirse abrazado por la música y el arte en general”, sostiene.

Porque Gaetani no abandonó a la cantante que también es. Simplemente, hoy el teatro ocupa buena parte de su energía. Hace apenas unos días volvió a cantar y ya tiene prevista otra presentación. También tiene canciones escritas y proyectos pendientes. “No estoy escribiendo, pero tengo muchas cosas escritas”, cuenta. Cuando la intensidad de La Ratonera baje un poco, espera recuperar esos espacios de tranquilidad que le permitan volver al estudio y grabar.
La música, además, tiene para ella una dimensión de absoluta independencia. “Yo soy independiente en la música”, explica, y eso significa que cada proyecto implica una inversión personal que muchas veces no recupera económicamente. “Eso es amor al arte y vocación también. Así que paso a paso”, resume.
Y entonces aparece la última pregunta, quizás la que más naturalmente permite mirar hacia atrás: ¿qué queda de aquella chica de San Martín que alguna vez soñó con ser actriz? La respuesta de Gaetani llega inmediata y con una sonrisa: “Está hablando con vos”.
Pero no se engaña con la nostalgia. No cree que aquella mujer siga siendo exactamente la misma. “Nadie sigue siendo el mismo. Sería muy aburrido seguir siendo el mismo”, afirma. Y esa frase parece contener buena parte del recorrido que acaba de contar: una mujer que atravesó experiencias que la transformaron, que todavía carga dolores, que sigue elaborando pérdidas y que, sin embargo, elige avanzar.

“Como soy una mujer que se arriesga y siempre va para adelante, siempre tengo cosas nuevas por vivir y siempre elijo cosas que no sean cómodas, si no también sería muy aburrido”, dice. Y cierra con una certeza: “Esas cosas incómodas te modifican indudablemente”.
A pocos minutos de que llegue el público, la conversación termina. En el escenario permanece el universo de Agatha Christie: el hostal Monkswell, sus huéspedes, sus secretos y un crimen que espera ser descubierto.
Gaetani, en cambio, acaba de contar su propia historia de estos meses: una historia hecha de heridas, pérdidas, miedo, aprendizaje y una necesidad irrenunciable de seguir. Cuando las luces se apaguen en la sala y el telón vuelva a levantarse, Mollie Ralston aparecerá nuevamente en escena. Pero detrás de ese personaje estará Romina, la mujer que regresó al mismo teatro donde nació como actriz para descubrir, casi treinta años después, que a veces volver al lugar donde comenzó todo también puede ser una manera de volver a empezar.
Crédito fotos: RSFotos
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Esteban Mirol criticó a MasterChef Celebrity y apuntó contra Germán Martitegui: “¿Quién se cree que es?”

El paso de Esteban Mirol por MasterChef Celebrity continúa dando que hablar. Casi un año después de su salida del certamen culinario, el periodista volvió a referirse a su experiencia en el ciclo de Telefe y dejó frases contundentes sobre el funcionamiento del programa, los criterios del jurado y el lugar que ocupan algunas figuras dentro de la competencia.
En una entrevista con Juan Etchegoyen presente en el piso de Infobae a las Nueve, de Infobae en Vivo, Mirol explicó que existen temas que no puede abordar de manera pública por el contrato que firmó antes de ingresar al reality. Según contó, el acuerdo de confidencialidad permanece vigente aun cuando la edición en la que participó ya terminó y el programa inició una nueva temporada.
“Hay cosas que no puedo hablar porque yo firmé un contrato de confidencialidad que no sabés lo que es. Puedo hablar únicamente de lo que salió al aire”, sostuvo el conductor. Frente a la sorpresa del periodista, quien le preguntó si ese compromiso tenía una fecha de vencimiento, Mirol respondió con una ironía que expuso el tono de la conversación: “Cuando yo me muera y Dios seguramente me dé un lugar en el cielo, ni siquiera con Dios voy a poder hablar”.
El exparticipante aclaró que asumió las condiciones del acuerdo de forma voluntaria: “Yo lo firmé. Nadie me puso una pistola en la cabeza”, manifestó. De todos modos, sus palabras abrieron una nueva discusión alrededor del detrás de escena de MasterChef Celebrity, un formato que combina desafíos gastronómicos con personalidades del espectáculo, la música, el deporte y los medios.
Etchegoyen le consultó a Mirol si, desde su experiencia, el programa premia al participante que mejor cocina o si existen otros factores que pueden influir en la continuidad de los concursantes. El periodista evitó dar precisiones sobre la edición de la que formó parte, aunque se refirió al actual elenco y mencionó a un participante en particular.
“Yo te voy a hablar del de ahora. Luck Ra juega de local”, aseguró, en referencia al carismático artista cordobés. Luego desarrolló su planteo con una pregunta retórica: “¿Vos creés que a Luck Ra lo van a echar en la tercera o la cuarta semana cuando el tipo es un showman?”.
La referencia apuntó al valor televisivo de los participantes y a la capacidad de algunos de ellos para generar escenas, humor o interés entre el público más allá de sus dotes en la cocina. Mirol no cuestionó que el reality busque entretenimiento, pero marcó una diferencia entre asumir ese objetivo y presentar la competencia como una evaluación estrictamente culinaria.
“Si vamos a hacer show y nos vamos a divertir, hagamos show”, sostuvo. Para el periodista, el problema surge cuando se plantea que las decisiones dependen solo de los platos elaborados por los concursantes. En ese sentido, cuestionó la postura que expresan los integrantes del jurado frente a las cámaras.
Durante la charla, Mirol también apuntó contra Germán Martitegui, uno de los jurados históricos de MasterChef Celebrity. “Cuando vos ves la carita que pone Martitegui diciendo: ‘Nosotros no juzgamos por las personas, sino por el plato’, te cagás de la risa, porque no es así”, lanzó.
El conductor fue más allá y relató que tuvo encuentros con el chef fuera del estudio. “Martitegui es un maleducado, porque me he cruzado con él en el pasillo y no sé quién se cree que es, un astronauta o algo así, porque ni bola te da”, afirmó.
Se trata de una nueva crítica de Mirol hacia el jurado y hacia el clima que, según su mirada, se vivió durante su participación. Sus declaraciones se conocen mientras el ciclo transita una nueva temporada con Wanda Nara al frente y mantiene presencia en la pantalla de Telefe.
Etchegoyen además reveló que Mirol trabaja en un libro dedicado al “lado B” de MasterChef Celebrity. Según adelantó, el título elegido sería Master Wanda, una referencia directa a la conductora del ciclo y el rol que ejerce en la dinámica de cada gala.
No trascendieron detalles sobre la fecha de publicación, el contenido completo ni el alcance de las revelaciones que incluiría el libro. Mirol, de hecho, insistió en que el acuerdo de confidencialidad limita aquello que puede contar sobre la producción.
Después de abandonar el certamen, el periodista ya había expresado su malestar por el trato que recibían algunos participantes. En declaraciones realizadas a comienzos de año, sostuvo que había diferencias en las devoluciones del jurado. Según su visión, algunos platos eran analizados “con liviandad”, mientras que otros enfrentaban críticas que consideró excesivas.
“¿Por qué no es joda para todos? Ya que es diversión, vamos a hacer show, vamos a divertirnos, pero no vamos a maltratar a la gente”, había planteado entonces. Ahora, con el anuncio de Master Wanda, Mirol volvió a instalar el debate sobre la trastienda de uno de los realities más comentados de la televisión.
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Brilló en MasterChef, se ganó el corazón de los argentinos con su humilde historia, pero su vida cambió con una enfermedad muy grave: «Pasé un mes internado»

Antonio López volvió a generar preocupación y emoción entre sus seguidores al revelar el difícil momento de salud que atravesó durante las últimas semanas. El exparticipante de MasterChef recibió el alta médica después de permanecer casi un mes internado y compartió un mensaje en sus redes sociales en el que dejó en evidencia la gravedad de lo que vivió.
“Les quiero comentar que volví a la vida después de casi un mes internado. Tengo una segunda oportunidad de vida”, expresó el cocinero salteño en un video que publicó para contar cómo se encontraba. Sus palabras reflejaron el alivio que sintió después de atravesar un período complicado, cuyo impacto todavía se hace presente en su recuperación.
En ese mismo mensaje, Antonio fue todavía más contundente al describir lo cerca que sintió haber estado de un desenlace fatal. “Hace unos días no la iba a contar seguramente”, aseguró, en una frase que generó preocupación entre quienes siguen su historia y que dio una dimensión de la gravedad del cuadro que atravesó.
Aunque el exparticipante no brindó detalles precisos sobre el diagnóstico que motivó su internación, sí dejó en claro las consecuencias que tuvo para él. “Esta enfermedad me lastimó muchísimo”, manifestó, sin especificar de qué afección se trató. Por eso, hasta el momento, no se conocen públicamente más precisiones sobre el problema de salud que lo mantuvo hospitalizado durante casi 30 días.
EL DURO MOMENTO DE SALUD QUE GOLPEÓ A ANTONIO LÓPEZ
La noticia también volvió a poner en primer plano al joven que supo ganarse un lugar en el corazón del público durante su paso por MasterChef. Con sus preparaciones, su vínculo con la gastronomía y su historia personal, Antonio logró emocionar a los espectadores y destacarse entre los participantes del reality culinario.
Tras su experiencia en televisión, el cocinero continuó ligado a su pasión por la cocina y desarrolló su propio emprendimiento gastronómico en Salta. Su reaparición en las redes, esta vez por un motivo muy diferente, despertó mensajes de apoyo y preocupación de quienes lo recuerdan por su participación en el programa.
Hoy Antonio intenta dejar atrás uno de los períodos más difíciles de su vida y enfocarse en su recuperación. Su testimonio, marcado por la emoción y el agradecimiento, dejó un mensaje contundente sobre la oportunidad que siente que tiene por delante después de haber atravesado una situación que, según sus propias palabras, pudo haber tenido otro desenlace.
Antonio López, MasterChef
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La conmovedora despedida a Piero de su hija Fiorella: fotos, canciones y un vínculo que se hizo legado

La voz de Piero atravesó décadas, escenarios y generaciones con canciones que hablaron de los padres, los hijos, las luchas colectivas y los vínculos cotidianos. Ahora, una de las despedidas más íntimas llegó desde el corazón de su familia.
Tras la muerte el pasado miércoles del cantautor a los 81 años, su hija Fiorella De Benedictis publicó en las últimas horas un mensaje en redes sociales en el que expresó el dolor por la partida de su padre y recuperó una idea que marcó el vínculo entre ambos: la ternura.
“Hoy tengo nublada la sonrisa, pero qué regalo tan grande tenerte tan cerquita. Aguante la ternura, aguante vos”, escribió la joven artista junto a una serie de imágenes familiares. En las fotografías se ve a Piero en escenas cotidianas, lejos de la solemnidad de los grandes teatros y de los escenarios que lo acompañaron durante gran parte de su vida.

Hay retratos de padre e hija en una comida, selfies improvisadas, charlas en un living, postales de camarines y encuentros junto a colegas. También aparece el músico frente a una pared cubierta de frases, dibujos y recuerdos, como si las palabras que dejó en sus canciones hubieran encontrado otro lugar para quedarse: el de la intimidad de una casa, una familia y una hija que eligió seguir su propio camino en la música.
La muerte de Piero, cuyo nombre completo era Piero De Benedictis, dejó una marca en la cultura popular argentina y latinoamericana. Su repertorio incluyó canciones que perduraron en la memoria colectiva, entre ellas “Mi viejo”, “Para el pueblo lo que es del pueblo”, “Llegando llegaste”, “Pedro Nadie” y “Manso y tranquila”. En sus letras convivieron la canción popular, la mirada política y social y una forma directa de hablar de los afectos.
Fiorella, nacida en 2003, creció en una etapa de la carrera de su padre en que ya era un artista consagrado, con una obra conocida en la Argentina y en otros países de América Latina.

Con el paso de los años, Fiorella se acercó a la música y convirtió esa vocación en su profesión. En una entrevista publicada en 2025, habló sobre la influencia paterna y dejó una frase que hoy adquiere otro sentido: “La idea de vivir la vida con un poco de ternura es una de las cosas más lindas que me enseñó”.
Piero también acompañó ese recorrido artístico. Padre e hija compartieron el proyecto Lo mismo que vos, un EP que reunía sus voces y que ambos presentaban como una propuesta de “ternura social”. La unión musical no fue solo una colaboración entre dos artistas: fue una forma de encontrarse, de prolongar una conversación familiar y de llevarla a las canciones.
En el mensaje de despedida, Fiorella volvió a esas enseñanzas y también a algunas de las palabras que formaban parte del universo poético de su padre. “Yo por mi parte no te olvidaré, a lo mejor volvemos a encontrarnos. Te amo para toda la vida, la vida, la vida, la vidaa”, escribió.

La publicación expuso el dolor de una hija que intenta asimilar una ausencia, pero también la decisión de sostener lo recibido. “Estoy cediendo a la dificultad, pero quién no ha probado hacer cambiar al viento, antes de caerse y no moverse más. ¿Cómo explicamos la muerte que llega y es un recuerdo?”, expresó.
Para Fiorella, las obras de Piero no pertenecían únicamente a los discos, las radios o los recitales. Sus canciones formaban parte de los recuerdos domésticos, de las reuniones entre padres, hijos y nietos, de los nacimientos y las pérdidas que atravesaron a la familia De Benedictis.
En las fotos compartidas por la joven se percibe esa dimensión cotidiana. Piero aparece con sus anteojos redondos, el pelo enrulado y gris, una sonrisa en medio de una salida o una conversación. En otra imagen, habla frente a Fiorella, sentados uno frente al otro, como en una escena que resume años de escucha y compañía. En otra, posa junto a músicos antes de una función, con el Teatro San Carlos de fondo.

El artista que popularizó “Mi viejo” quedó, para su hija, en el lugar inverso de esa canción que emocionó a tantos. Esta vez, fue ella quien puso en palabras la despedida al padre. Y lo hizo con la sensibilidad de quien reconoce una herencia que excede la música.
“También es bueno llorar”, escribió Fiorella, antes de cerrar con una declaración que condensó el legado afectivo de Piero a partir de una de sus tantas canciones: “Seguiré al sol, que viva el gran amor, que tiene dolor. Yo soy tu sangre, mi viejo. Me dejás la manija de vivir la vida al máximo como me enseñaste. Gracias”m.
Su despedida no solo recordó al cantor de una generación. También mostró a un padre presente en la memoria de su hija, en sus canciones compartidas y en una palabra que, según ella misma contó, Piero le enseñó a defender: la ternura.
Piero,Fiorella
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