ECONOMIA
El riesgo país vuelve a rozar los 450 puntos: hay causas externas que lo impulsan, pero también factores locales

La expectativa de un riesgo país perforando los 400 puntos básicos, que parecía algo casi seguro hace solo un par de meses, repentinamente se evaporó. Ahora este indicador rebotó a niveles de 445 unidades, reflejando dos situaciones: un deterioro de los bonos argentinos en dólares y también la solidez de la tasa larga de los bonos norteamericanos.
A la hora de buscar las razones, en buena medida éstas provienen del mercado internacional. Con caídas bastante bruscas sobre todo en el mercado tecnológico de Estados Unidos (especialmente en las empresas muy relacionadas al sector de inteligencia artificial), la consecuencia fue un castigo a los activos considerados más riesgosos.
Los bonos argentinos están dentro de ese grupo y sufrieron caídas cercanas al 1 por ciento. Nada muy fuera de los normal para este contexto de Wall Street, pero que se suma a varios días ya más flojos, especialmente para los títulos de mayor duración. Ayer el Tesoro licitó un nuevo tramo del Bonar 29 y consiguió 309 millones de dólares. Una colocación discreta, que muestra que el apetito por deuda local se mantiene relativamente acotado.
La decisión de la Reserva Federal de mantener las tasas sin cambios no fue del todo bien recibida por el mercado. En realidad, los inversores se inquietaron en la conferencia de prensa posterior y que el voto directorio fue dividido: nueve votaron a favor de dejar todo igual y tres consideraron que era el momento para subir 0,25 puntos básicos, pero se impuso la mayoría.
Hubo caídas de más de 2,2% del índice Dow Jones (que agrupa a los papeles líderes del mercado) y del 1,7% del Nasdaq, que agrupa a las principales tecnológicas. En este escenario era casi imposible que los activos argentinos pudieran mantenerse a flote. Hubo caídas en bonos y también en acciones argentinas que cotizan en Wall Street, aunque con pérdidas marginales.
Pero no toda la presión sobre los bonos y el riesgo país proviene de afuera. El contexto local también empezó a generar mayor preocupación entre los inversores.
Los últimos indicadores de aceptación del Gobierno vinieron con fuertes bajas, algo que inquieta al mercado y, en particular, a los tenedores de bonos. Tanto el Índice de Confianza en el Gobierno (que elabora la Universidad Di Tella) como el de confianza ciudadana arrojaron en julio caídas muy significativas.
Se trata de dos indicadores claves, que muestran un deterioro tanto de la visión del “círculo rojo” como del público. En otras palabras, ni la baja de la inflación, la estabilidad cambiaria y el récord de exportaciones terminan de trasladarse al bolsillo ni al consumo.
En la medida que no haya una mejora del consumo interno será difícil que el Gobierno logre una mayor aceptación y despeje el escenario electoral.
Si la proyección para las elecciones del año que viene no le da una diferencia significativa al Gobierno, el trayecto hacia las elecciones generará no solo volatilidad cambiaria sino en los activos nominados en dólares. El impacto podría sentirse especialmente en los bonos dolarizados.
¿Es razonable esperar un riesgo país en torno a 400 puntos o incluso menos si las elecciones vienen ajustadas o hay elevadas posibilidades de ir a un balotaje? Todo indica que en ese escenario los bonos sufrirían significativamente. El año pasado además del salto cambiario el riesgo país trepó a más de 1.100 unidades. Todo eso fue antes que La Libertad Avanza gane las elecciones legislativas.
La mejora de la calificación por parte de las tres calificadoras más importantes le dio un envión a la deuda argentina y más inversores se animaron a comprar. Pero ahora ese impulso parece haberse agotado. Ahora la evolución de los bonos dependerá de una mejora en el clima internacional, pero también serán necesarias algunas señales que muestren una mayor consolidación del gobierno a nivel local.
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Estas son las ocho razones que explican la fuerte suba del riesgo país

- Los Globales GD35, GD38 y GD41 volvieron a caer entre 1,3% y 1,5%. El CDS (lo que el mercado pide como seguro de cobertura) argentino a 2 años volvió a subir hasta 753 puntos básicos. Los bancos que venden protección pueden cubrir su exposición vendiendo bonos en corto. En un mercado con poca liquidez, estas operaciones pueden amplificar las caídas.
- La Argentina perdió un comprador clave: el inversor local. La participación de residentes en los Globales cayó desde un máximo cercano al 33% hasta el 20,4%. Parte de esa demanda migró hacia los USD 5.300 millones en Bonares emitidos este año.
- A la menor demanda local se suman USD 4.000 millones en pagos de utilidades y dividendos al exterior entre enero y septiembre. Con menos compradores domésticos, las ventas de fondos internacionales tienen un impacto mayor sobre los precios.
- Muchos fondos de Estados Unidos cierran su ejercicio el 31 de octubre. La reorganización de carteras y la reducción de exposición al riesgo podrían estar presionando los bonos argentinos, incluso sin cambios significativos en la macro.
- Brasil está capturando la atención de los fondos especializados en América Latina. Su elección presidencial concentra expectativas y capital. La Argentina, mientras tanto, enfrenta una escasez de catalizadores inmediatos que reactiven la demanda.
- Europa suma incertidumbre. Los bancos europeos caían 2,6% en dólares y la tasa francesa a 10 años subía casi 13 puntos básicos. Sin embargo, durante la crisis europea de 2010 a 2012, la deuda emergente en dólares mostró un desempeño positivo.
- En la Argentina, la inflación de septiembre fue 1,9%, pero vivienda y servicios públicos aumentaron 3,1%. El ajuste de subsidios presiona los precios regulados. Sin embargo, se detecta una desaceleración de la inflación semanal al 0,16%.
- La caída de los bonos no necesariamente refleja un deterioro macroeconómico. Menor demanda local, coberturas con CDS y ventas de fondos explican parte de la presión. El desafío será recuperar compradores y catalizadores antes de 2027.
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Contratar pensando en el futuro: qué cambia en la selección y el liderazgo con la IA en el mercado silver

Si dirigís una pyme, es probable que en los últimos meses hayas recibido currículums con una línea nueva, ubicada justo donde hace veinte años aparecía “manejo de Paquete Office”: ahora dice “uso avanzado de herramientas de inteligencia artificial”.
Es probable también que esa línea no te haya dicho nada. Por estos días, es la consulta que más escucho de dueños, gerentes y directores de empresas: ya entendieron que la IA llegó para quedarse, lo que todavía no saben bien es cómo elegir a la gente que va a trabajar con ella, qué mirar en una entrevista y qué cambió en su propio rol de conducción de estos perfiles.
El cambio ya está ocurriendo en las empresas argentinas. Un relevamiento nacional elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, Fundar, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Fundación Observatorio Pyme, publicado en mayo de este año, encontró que el 41,6% de las pymes usa al menos una herramienta de IA. El 91,2% de las que la adoptaron no redujo personal, pero el 95,5% tampoco incorporó a nadie especializado, y apenas el 7,5% tiene una partida de presupuesto para estas tecnologías. En otras palabras: la transformación la están haciendo las mismas personas de siempre, casi sin plan, y, por eso, cada nueva contratación pasa a ser una decisión estratégica.
A nivel global, los líderes ya tomaron posición. Según el Work Trend Index que elaboran Microsoft y LinkedIn, el 66% de los directivos encuestados no contrataría a alguien sin habilidades de IA, y el 71% preferiría a un candidato con menos experiencia que sepa usarla antes que a uno más experimentado que no. Sin embargo, estos números esconden una trampa que conviene ver con calma antes de reescribir los criterios de selección.

La trampa la mostró un experimento de la Escuela de Negocios de Harvard con 758 consultores de Boston Consulting Group. En las tareas que la IA resolvía bien, quienes la usaban terminaron un 12% más de trabajo, un 25% más rápido y con un 40% más de calidad. Pero en una tarea que quedaba fuera de su alcance, los consultores que se apoyaron en la herramienta acertaron 19 puntos porcentuales menos que quienes trabajaron sin ella, porque confiaron en una respuesta convincente que estaba equivocada.
Los investigadores llamaron a ese límite “la frontera dentada” (jagged technological frontier, en inglés). Lo que separa a quien trabaja bien con IA de quien trabaja mal con ella es, entonces, el criterio para saber de qué lado de esa frontera está parado en cada momento.
Por eso, cuando un director me pregunta qué tiene que mirar, le propongo cuatro capacidades que los investigadores Rick Dakan y Joseph Feller ordenaron en un marco que hoy usa Anthropic para enseñar lo que llaman “fluidez en IA”, similar a la fluidez que hace una década se buscaba en el uso de idiomas. La primera es saber delegar: decidir qué parte de una tarea conviene darle a la máquina y cuál se reserva para una persona. La segunda es saber describir, es decir, explicar con contexto y precisión lo que uno necesita. La tercera es el discernimiento, la capacidad de evaluar si lo que devuelve la herramienta es correcto. Y la cuarta es el ownership, hacerse cargo de lo que se entrega, verificar los datos y cuidar la información de los clientes.

Ninguna de las cuatro se demuestra con esa línea del currículum que empezó a aparecer, pero todas se pueden observar en una entrevista: basta con darle al candidato un problema real de la empresa, permitirle usar las herramientas que quiera y prestar atención a cómo pregunta, qué controla y en qué momento desconfía. Una pregunta que suelo recomendar para empezar a tener esta conversación es pedirle que cuente la última vez que la IA le dio una respuesta equivocada y cómo se dio cuenta.
Ese criterio tiene una relación directa con la experiencia y el segmento silver está más preparado para lidiar con esto. El conocimiento que se acumula con los años, ese que permite detectar que un número no cierra o que un cliente no va a aceptar una propuesta, se volvió más valioso. Ahora bien, la experiencia suma cuando está dispuesta a revisarse, y el mejor candidato senior es el que pone sus décadas de oficio al servicio de las herramientas nuevas en lugar de usarlas como argumento para no aprenderlas.

Hay, además, una advertencia para quien conduce. Si la empresa deja de incorporar jóvenes porque la IA hace sus tareas iniciales, dentro de diez años no va a tener a quién confiarle los puestos de responsabilidad. La salida que veo funcionar es la de equipos donde el saber de los mayores y la soltura de los más jóvenes se cruzan todos los días, y donde el aprendizaje circula en las dos direcciones.
Ante este mapa, el liderazgo también cambia de forma. Un experimento de investigadores de Harvard y de la Escuela Wharton con cerca de 800 profesionales de Procter & Gamble mostró que una persona trabajando con IA alcanzaba la calidad de un equipo de dos personas sin ella, y que las barreras entre especialistas técnicos y comerciales se diluían. El Work Trend Index de 2025 agrega que el 82% de los líderes espera que en los próximos 12 a 18 meses los agentes de IA formen parte de sus equipos. Conducir va a significar coordinar personas y sistemas, definir qué decide cada uno y quién responde cuando algo sale mal. Y eso exige que el propio director use las herramientas, porque es difícil evaluar en otros una habilidad que uno no practica.
El Foro Económico Mundial estima que el 39% de las competencias centrales de los trabajadores van a cambiar antes de 2030, y en su lista de habilidades más buscadas, junto a la IA, aparecen el pensamiento analítico, la resiliencia, la flexibilidad y la curiosidad. Mirando esa lista, mi recomendación es contratar capacidad de aprender por encima de destreza con una herramienta específica que dentro de un año va a ser otra.
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El riesgo país se acerca a los 700 puntos: ¿es un castigo exagerado a un año para las elecciones?

La semana financiera arrancó con un castigo adicional para los bonos argentinos, que ya venían golpeados. Desde temprano se registró presión vendedora, que solo se calmó después del mediodía. La caída de las cotizaciones estuvo en el orden del 1,5% y el riesgo país lo reflejó, trepando por encima de los 675 puntos básicos.
El deterioro en los precios de la deuda argentina no se detiene hace prácticamente tres meses. El nivel más bajo de riesgo país se registró a principios de julio, cuando tocó los 403 puntos. Desde ese momento no para de aumentar hasta llegar a los nuevos máximos de ayer.
Los mercados ven un peligro de default de los bonos prácticamente equivalente a cero el año próximo. Es decir, los inversores están prácticamente seguros que el Gobierno podrá hacer frente al pago de los vencimientos, aún si se mantiene cerrado el mercado internacional.
Incluso Luis “Toto” Caputo aseguró que en caso de no poder colocar deuda local podría recurrir al swap chino, que podría utilizarse para pagar importaciones de ese origen. Eso liberaría dólares que así se aplicarían a vencimientos de deuda en 2027.
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En las últimas cuatro licitaciones de bonos el Tesoro optó por no emitir deuda en dólares para no justificar tasas tan altas. Hoy un AO29 rinde por encima del 10% anual, mientras que en su momento se hicieron emisiones a un rendimiento del 8,5 por ciento.
Las dudas pasan, por lo tanto, por la posibilidad que se registre un incumplimiento de la deuda a partir de 2028. El aumento de las tasas en los bonos norteamericanos impactaron en los títulos locales en las últimas semanas, provocando un salto todavía mayor de los rendimientos en moneda dura.
Incluso ayer que fue una jornada algo más positiva para Wall Street los bonos no se acoplaron y siguieron con su tendencia a la baja. El mercado empieza a mirar con más preocupación lo que será un año electoral complicado.
El detalle no menor es que todavía falta un año para las elecciones presidenciales. ¿No estarán exagerando muchos con esta venta de activos argentinos? A la debilidad de los bonos se suma la de acciones bancarias, que ayer perdieron otro 2% en Wall Street. En promedio, pierden cerca de 30% en lo que va del año y acumulan caídas superiores al 50% desde principios de 2025.
Una de las causas que se mencionaban en septiembre para explicar el aumento del riesgo país fue la baja acumulación de reservas por parte del Banco Central aquel mes. Pero ahora ese argumento no existe. Las compras ya suman USD 1.000 millones en lo que va de octubre, el triple de lo registrado en todo el mes anterior.
El contexto político juega un rol más importante a medida que pasan los días y las semanas. Por un lado las encuestas de opinión marcan un estancamiento en el apoyo a Javier Milei, en torno al 38%. No es un mal número, pero resulta insuficiente como para garantizar una victoria electoral, mucho menos un triunfo en primera vuelta.
Por otra parte la oposición está empezando a moverse, lo que también genera ansiedad entre los inversores. Ahora además de Axel Kicillof aparecen en la contienda desde Sergio Massa hasta Máximo Kirchner.
La pregunta válida en caso de un regreso del kirchnerismo es cómo harán para hacer frente a los futuros pagos de deuda si el riesgo país sigue aumentando y no hay accedo al financiamiento voluntario.
Esto ya sucedió en 2020 y en ese momento Alberto Fernández optó por reestructurar la deuda, alargando los vencimientos y con fuertes recortes en los cupones de intereses.
A pesar de estos temores, luce un poco prematuro el castigo que están sufriendo los bonos. Por otra parte, la sensación de que el deterioro de las cotizaciones será mayor a medida que se acercan las elecciones también lleva a muchos a dilatar compras, esperando un mejor momento de entrada.
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