POLITICA
El tribunal que condenó a Lázaro Báez a 15 años volvió a rechazar su arresto domiciliario

El tribunal que controla el cumplimiento de la condena del empresario Lázaro Báez a 15 años de prisión por lavado de dinero y fraude decidió dejarlo en prisión y no enviarlo a su casa en arresto domiciliario, como había sugerido su superior jerárquico, la Cámara Federal de Casación Penal, al ordenarle revisar su criterio.
La decisión fue del juez del Tribunal Oral Federal 4 Néstor Costabel, que mantuvo su criterio del 6 de mayo pasado. La Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal, en un fallo dividido, le había indicado al tribunal oral que revise su decisión y los jueces lo analizaron, pero mantuvieron su idea de que Báez debe seguir preso en la cárcel de Ezeiza.
El juez Costabel consideró que los hechos que señaló la Cámara de Casación, como las deficiencias en los controles médicos de Báez, no solo no modificaron su criterio anterior sino que, una vez encausados, confirmaron que el condenado puede continuar cumpliendo su pena intramuros.
El tribunal señaló que el Cuerpo Médico Forense (CMF) había sido concluyente en su informe acerca de que Báez presenta patologías crónicas, como hipertensión, diabetes tipo 2, EPOC, obesidad leve, adenoma de colon con displasia de alto grado, entre otras, pero todas se encuentran bajo tratamiento, sin signos de descompensación y con estabilidad clínica y hemodinámica.
La pericia médica estableció expresamente que la detención intramuros no le impide recuperarse ni tratar adecuadamente sus dolencias.
Costabel subrayó además que de las denuncias más graves formuladas por la defensa de Báez -por ejemplo dijeron que tenía pulmonía o un cuadro gripal desde febrero, o un corte interno en la garganta y sangrados sostenidos- ninguna pudo ser corroborada.
El propio magistrado fue de manera sorpresiva al Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza el sábado 7 de junio, donde entrevistó personalmente a Báez en el Pabellón K.
El empresario le dijo que tenía un cuadro gripal de 15 días, no de meses, y que los sangrados habían ocurrido hacía aproximadamente un mes, en el contexto de una constipación.
Esas manifestaciones, indicó el tribunal, coincidieron con los informes médicos del Servicio Penitenciario. El juez también descartó que las demoras en la obtención de turnos médicos o en la adecuación de los controles de glucemia hayan causado un daño concreto.
Señaló que la defensa afirmó en la audiencia del 19 de junio que las atenciones llegaban “cuando el daño ya estaba hecho”, pero que esa afirmación carecía de respaldo y la abogada no identificó a qué daños se refería.
Al mantener el rechazo, el tribunal ordenó un conjunto de medidas para garantizar el seguimiento del estado de salud de Báez, como que la cárcel de Ezeiza deberá remitir un informe médico semanal sobre el cuadro general de salud del condenado.
También el Servicio Penitenciario Federal deberá garantizar el traslado de Báez a los turnos programados fuera de la prisión en el Hospital Eurnekian y en el Hospital de Gastroenterología Udaondo, entre otros, con su historia clínica completa y las actuaciones médicas según la especialidad.
Asimismo, deberán informarle el estado de gestión del turno para poder realizarle una videocolonoscopía ordenada por los especialistas del Hospital Udaondo, con los estudios prequirúrgicos correspondientes. En la cárcel deberán continuar con los controles glucémicos dos veces por día, conforme la recomendación del Cuerpo Médico Forense.
El fiscal Abel Córdoba, en la audiencia convocada por Costabel tras la recomendación de la Cámara de Casación, consideró que no se verificaban los presupuestos legales para conceder el arresto domiciliario bajo ninguna de las modalidades invocadas por la defensa.
Sostuvo que en los diagnósticos disponibles desde abril no hubo ninguna modificación relevante y que la detención en la prisión no era incompatible con los requerimientos médicos de Báez. El fiscal reconoció que hubo deficiencias en la atención médica, pero consideró que esas falencias fueron corregidas y no justifican una morigeración de la pena.
En ese sentido, propuso citar a las autoridades del Complejo y del Hospital Penitenciario Central I para ordenarles mantener actualizada la historia clínica, garantizar que los traslados se realicen con la documentación completa y que la gestión de turnos sea realizada con anticipación y por los canales adecuados.
La condena unificada de Báez es de 15 años de prisión, fijada en julio de 2025 por el Tribunal Federal 4 integrado por Costabel, Fernando Canero y Ricardo Basílico. Unificaron la pena de 10 años por lavado de dinero en la causa de la Ruta del Dinero K y los 6 años por fraude en la causa Vialidad, donde fue condenada Cristina Kirchner por favorecerlo con licitaciones de obras públicas.
Además de la prisión, se le impuso una multa de 329 millones de dólares, equivalente a seis veces el monto del dinero lavado a través de la financiera SGI, conocida como La Rosadita. Báez tiene otras dos condenas no firmes que no fueron incluidas en la unificación: una a cuatro años por lavado en la compra del campo El Entrevero en Uruguay, y otra de tres años por no pagar aportes patronales.
Lázaro Báez,Hernán Cappiello,Conforme a
POLITICA
Gustavo Sáenz, gobernador de Salta: “La gente la está pasando muy mal”

El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, expresó su preocupación por la situación económica y social que atraviesan las provincias del norte y cuestionó que la agenda política nacional esté concentrada en disputas internas mientras persisten problemas estructurales.
En diálogo con Infobae al Regreso, el mandatario provincial sostuvo que la discusión pública se encuentra alejada de las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía y reclamó una mayor atención sobre las necesidades de las provincias.
“Hace mucho tiempo que no puedo hacer lecturas políticas porque no hay política”, afirmó. Y agregó: “La gente está esperando que se le resuelvan los problemas. Hay personas que no llegan a fin de mes, empresas que cierran y rutas que están destrozadas”.
Críticas a la agenda política nacional
Sáenz cuestionó que los debates vinculados a la interna del oficialismo y a la situación de funcionarios nacionales ocupen el centro de la escena pública mientras quedan relegadas cuestiones sociales urgentes.
“Venimos discutiendo tantas cosas que, en definitiva, a nosotros o al pueblo en general no le interesan”, sostuvo.
En ese sentido, enumeró una serie de problemáticas que, según su visión, deberían formar parte del debate central: “Que no se hable de las rutas, de la falta de medicamentos oncológicos, de que los jubilados no tienen para comer o comen salteado, de los discapacitados y de tantas otras cosas. La gente la está pasando muy mal. En esto hay que ser absolutamente sincero”.
El reclamo por las obras públicas y los recursos para las provincias
El gobernador también se refirió al freno de la obra pública y al impacto que esa decisión tiene sobre las provincias del norte. “Entendemos que este gobierno no cree en la obra pública. Está bien. Pero hay lugares que han sido postergados durante muchos años. No solamente por este gobierno: desde que nació la patria, el norte estuvo olvidado”, señaló.
Según explicó, las demoras en la ejecución de proyectos y en la transferencia de fondos comprometidos generan dificultades para las empresas y afectan directamente la calidad de vida de los habitantes.
Al ser consultado sobre la deuda que mantiene el Estado nacional con las provincias, sostuvo que resulta “incalculable” debido a que los compromisos pendientes continúan acumulándose mes tras mes.
“Nos hicimos cargo de medicamentos oncológicos, del corte del subsidio al transporte, del incentivo docente, de obras sociales provinciales detonadas y de más de dos mil viviendas que estaban sin terminar. Las provincias hicimos un gran esfuerzo. Nación también hizo un gran esfuerzo. La gente hizo un gran esfuerzo”, afirmó.

Contrabando, evasión y competencia desleal
Otro de los ejes de su planteo estuvo vinculado a la situación del comercio en Salta y al impacto del contrabando y la evasión fiscal sobre la actividad económica formal.
“El comercio no la está pasando bien. Hay una evasión muy grande. Esto tiene que ver con el contrabando y con muchas otras cosas que no se controlan como deberían controlarse”, advirtió.
Para Sáenz, la falta de controles genera una competencia desigual para quienes cumplen con las obligaciones tributarias.
“Está bien que la gente busque precios más bajos. Pero después se publica en las redes sociales que determinados productos cuestan mucho menos porque no pagan impuestos. Entonces, el que sí paga impuestos, ¿cómo compite? Hay comerciantes que deben destinar entre el 40 y el 50 por ciento de lo que venden al pago de tributos”, planteó.
Su postura sobre el Congreso y las decisiones del Ejecutivo
Respecto de la situación política nacional y las discusiones sobre posibles mecanismos de control legislativo sobre funcionarios del Gobierno, Sáenz defendió las atribuciones del Poder Ejecutivo.
“Es de exclusiva responsabilidad del Presidente nombrar, remover o aceptar la renuncia de sus funcionarios. Es una facultad exclusiva del Presidente”, afirmó.

No obstante, consideró válido que el Congreso ejerza sus herramientas institucionales de control. “Creo que el Congreso debería interpelarlo. Lo que no comparto es una moción de censura”, indicó.
La emergencia por los incendios en Cafayate
Durante la entrevista, el gobernador también alertó sobre los incendios que afectan a la localidad de Cafayate y cuestionó la escasa visibilidad que, a su juicio, tienen este tipo de emergencias en la agenda nacional.
“Se está incendiando gran parte de Cafayate y casi nadie lo sabe. Estamos enfrentando incendios bastante complicados que, gracias a Dios, vamos controlando. Pero cuando vuelve el viento, el fuego se reactiva. Estamos tratando de evitar que llegue a la zona urbana”, explicó.
Finalmente, Sáenz reclamó definiciones políticas y llamó a concentrarse en la gestión de los problemas concretos de la población.
“Hay que empezar a gobernar y a tomar decisiones. Si el Presidente decidió que un funcionario se quede, ¿por qué seguimos discutiendo si debe irse o no? Para mí, es un problema que debe resolver el Presidente”, concluyó.
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ARA San Juan: las querellas de 34 familias pidieron la pena máxima para los cuatro exjefes navales

RÍO GALLEGOS.− Casi nueve años después de que el ARA San Juan implosionara en el Atlántico Sur con sus 44 tripulantes a bordo, las familias de la mayoría de las víctimas −a través de las abogadas querellantes Valeria Carreras y Lorena Arias− pidieron cinco años de prisión efectiva para cada uno de los cuatro exoficiales de la Armada acusados como responsables por el hundimiento del submarino. En tanto que el abogado Luis Tagliapietra, solicitó penas de hasta siete y ocho años de prisión efectiva.
Sin embargo, sobre el final de la jornada tras los alegatos, el presidente del tribunal, Mario Reynaldi advirtió que la actuación de los querellantes es de carácter adhesivo a la del Ministerio Público Fiscal, por lo que los pedidos de penas más altas y el encuadre en concurso real planteados carecían de eficacia procesal.
Mientras las abogadas Carreras y Arias aceptaron la observación y ratificaron el pedido en los términos de la fiscalía, Tagliapietra dejó asentada su reserva federal.
En el primer turno, las abogadas Carreras y Arias, que representan a 34 familias de los submarinistas fallecidos, expusieron durante casi cuatro horas ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos, un alegato que combinó el peso de los hechos probados con la voz de quienes perdieron a sus hijos, maridos, hermanos y padres la mañana del 15 de noviembre de 2017.
El pedido de condena recayó en forma igualitaria sobre los cuatro imputados: cinco años de prisión de cumplimiento efectivo para el contralmirante (RE) Luis Enrique López Mazzeo, el capitán de navío destituido Claudio Javier Villamide, el capitán de navío (RE) Héctor Aníbal Alonso y el capitán de fragata (RE) Hugo Miguel Correa.
Las querellas solicitaron, además, diez años de inhabilitación especial para el ejercicio de todo cargo o empleo público para los cuatro, con fundamento en los artículos 248 y 20 bis del Código Penal. La abogada Arias dejó asentado que esta calificación, que encuadra los hechos como estrago culposo agravado por muerte en concurso ideal con incumplimiento de los deberes de funcionario público, representa el máximo reproche posible dentro del marco jurídico con el que la causa fue elevada a juicio, y que la gravedad de lo probado, en su criterio, excede largamente ese encuadre.
La abogada Carreras, que denominó el suceso como la “Crónica de una muerte anunciada”, cerró el alegato con una reconstrucción de los últimos momentos del submarino, con la que buscó devolver humanidad a una causa que estuvo atravesada por los tecnicismos navales. Describió a la tripulación combatiendo durante al menos 20 horas en el interior de la nave: golpeándose contra las paredes en medio del temporal, respirando humo, sin visibilidad, achicando agua, intentando comunicarse. “El primer golpe contra una pared del pasillo. El otro golpe contra la otra. Un cabezazo contra la tubería. No veo porque el humo me lo impide”, graficó, traduciéndoles a los jueces lo que los 44 vivieron adentro de esa botella de acero.
La abogada se apoyó también en los testimonios de las familias de los tripulantes, todos coincidentes en un punto: el submarino estaba en mal estado, se rompía. “No querían ir. Nos mintieron”, sintetizó Carreras. Y añadió: “La mentira es una forma de violencia, de maltrato”. Para la querellante, el ocultamiento y la mentira no fueron solo posteriores al hundimiento, sino que estuvieron presentes antes y durante la tragedia.
Uno de los ejes finales de su exposición fue la comunicación de la madrugada del 15 de noviembre, cuando el ARA San Juan reportó el ingreso de agua al tanque de baterías. La abogada cuestionó que el imputado Correa, quien recibió el llamado en su teléfono particular pasada la medianoche, no se haya trasladado a la base ni convocado a ningún especialista. “Cuando había problemas me llamaban a mí”, recordó que el propio Correa declaró en el juicio.
Para la querella, ese llamado no era una novedad de rutina: era un pedido de ayuda. “El sentido común indica que esa pregunta, en medio de la noche, reportando un principio de incendio, no podía ser otra cosa que un pedido de auxilio”, sostuvo.
Lorena Arias tomó la palabra para construir el encuadre jurídico del pedido de condena. Con precisión, sostuvo que los tres tipos penales imputados −abuso de autoridad, incumplimiento de deberes de funcionario público y estrago culposo agravado por muerte− concurren idealmente sobre una misma conducta omisiva, y que por eso corresponde aplicar la pena del delito más grave: el artículo 189, segundo párrafo del Código Penal.
El eje de su argumentación fue la distinción entre imprudencia simple e imprudencia grave. “La imprudencia grave −explicó− es la que persiste después de que el riesgo fue identificado, documentado y advertido por la propia institución, sin que se adoptara ninguna medida de mitigación”.
Para Arias, ese es el caso: los imputados no fueron sorprendidos por un riesgo desconocido. Convivieron con él, lo toleraron y finalmente lo normalizaron. “Los grandes desastres no suelen producirse por una sola decisión. Se producen cuando una estructura entera comienza a aceptar como normal aquello que el reglamento había sido creado para impedir”, afirmó.
La abogada también desarmó el argumento que, anticipó, esgrimirán las defensas: que el ARA San Juan había navegado antes sin accidentes. “Eso no reducía el riesgo objetivo. Lo que reducía era la percepción de urgencia. Y esa normalización del riesgo no es ejercicio del debido cuidado: es exactamente como los grandes desastres institucionales se producen”.
Arias rechazó además la tesis que las defensas construyeron durante el debate: la de que cada imputado podía desplazar su responsabilidad hacia el otro. “Si todos los garantes se desplazan mutuamente, nadie responde por la muerte de 44 personas. El artículo 45 del Código Penal no funciona así”, señaló. Cada uno de los cuatro acusados tenía deberes propios emanados de normas distintas, y que todos fallaran simultáneamente no los exonera.
Las responsabilidades
La querella trazó una imputación individualizada para cada acusado. A Villamide, titular del Comando de la Fuerza de Submarinos, le señaló la responsabilidad más directa sobre la última navegación: conocía el incidente de julio de 2017 en el mismo sistema que falló en noviembre, recibió el reporte de averías de la madrugada del 15 de noviembre y, según un testigo declarado en el juicio, al día siguiente −mientras las familias esperaban noticias y los tripulantes ya yacían en el fondo del mar− estaba en una recepción de la Escuela de Guerra Conjunta.
A Alonso, jefe del Estado Mayor del Comando de la Fuerza de Submarinos, las querellas le atribuyen haber firmado la orden de operaciones que envió al ARA San Juan a su misión final en ausencia del titular del Comando. “Esa firma no fue un acto delegado inocente ni una formalidad administrativa”, sostuvo Arias. “Era asumir la comprobación de que la misión asignada era compatible con el estado real del buque. Esa comprobación era imposible de realizarse afirmativamente, y no se realizó”.
A López Mazzeo, la querella sitúa el origen de su reproche el 5 de septiembre de 2017, cuando emitió el mensaje naval que incorporó al ARA San Juan en una operación que además de los ejercicios navales en Ushuaia requería 12 días de patrulla.
A Correa, jefe de Comunicaciones, la querella le endilga dos momentos de conducta activa. El primero, haber incorporado en la orden de operaciones la extensión del intervalo de comunicación con el submarino de 36 a 48 horas, lo que −según Arias− redujo la capacidad de detección temprana de una emergencia. El segundo, haber recibido el llamado de la madrugada del 15 de noviembre y no haber tomado ninguna medida: ni convocó al Estado Mayor, ni llamó a especialistas, ni activó protocolos de emergencia.
Al cierre del alegato, Lorena Arias leyó uno por uno los 44 nombres de los tripulantes del ARA San Juan. Lo hizo en nombre de las familias que la querella representa. Luego sintetizó el sentido de todo el proceso: “Este juicio no puede devolver a sus hijos, a sus hermanos, a sus maridos, a sus padres. Pero sí puede establecer algo indispensable en un Estado de derecho: que la vida de quienes sirven bajo mandos militares no es descartable, y que los deberes existen para cumplirse, y no para archivarse”.
Las querellas también reservaron para las familias representadas el derecho a reclamar la reparación del daño moral y material sufrido, conforme el artículo 29 del Código Penal.
“Me atrevo a pedirles una sentencia justa”
El último querellante en tomar la palabra fue también el más personal. Luis Tagliapietra, padre de Alejandro Tagliapietra —uno de los 44 tripulantes fallecidos— y abogado desde el primer día de la causa, cerró los alegatos con un pedido de penas más elevadas que el de sus colegas y un encuadre jurídico propio: siete años de prisión para López Mazzeo y Alonso, y ocho para Villamide y Correa, a quienes además reclamó que se les impute abandono de personas por haber dejado a la tripulación sin auxilio en altamar la noche del 14 de noviembre.
En su alegato denunció una instrucción judicial fallida —con prueba destruida en la Base Naval de Mar del Plata mientras la jueza estaba de vacaciones y peritajes realizados por personal de la propia Armada— y reveló, a partir de documentos reservados, que la misión del ARA San Juan incluía la identificación de buques y aeronaves militares británicos vinculados a Malvinas, y que el submarino fue enviado solo, sin torpedos operativos y sin buque de apoyo.
En el tramo final dejó de lado los tecnicismos para hablar como padre. Contó que su hijo quería llegar a ser almirante para construir una Armada mejor, que estudió con obsesión para participar en la última navegación y que en su computadora tenía archivada toda la documentación del ARA San Juan que estaba estudiando para las pruebas finales.
Admitió que pedir una condena va contra sus propias convicciones —se definió como partidario de la justicia restaurativa—, pero que se debe a las familias que representa. Y cerró con un ruego que excedió el veredicto: que la sentencia establezca qué quedó pendiente de investigar, porque para él la búsqueda de la verdad no termina aquí. “No me atrevo a pedirles justicia, señores. Me atrevo a pedirles una sentencia justa”, concluyó.
Mariela Arias,Conforme a
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Piccirillo presiona para que se conozcan cuanto antes los resultados de la reconstrucción de Puerto Madero

En medio del escándalo de Jesica Cirio por la difusión de los videos donde se la ve exhibiendo fajos de dólares en efectivo en un vestidor, Elías Piccirillo hizo un nuevo movimiento en la causa donde se lo investiga por haberle plantado drogas y un arma a su exsocio, Francisco Hauque.
A través de su abogado, Gastón Francone, Piccirillo solicitó al juez Ariel Lijo un “pronto despacho” para que se intime a la Policía Federal Argentina para que envíe de inmediata del acta y los elementos probatorios producidos en la reconstrucción de los hechos realizada en Puerto Madero el pasado 10 de junio.
Concretamente, el abogado pidió el acta de clausura, las conclusiones definitivas y la totalidad del material respaldatorio, como el registro fílmico, fotográfico y pericial, relativo a la prueba.
“La falta de incorporación oportuna de dichos elementos conspira contra el principio de celeridad y el control de la prueba por parte de esta defensa técnica”, se lee en el escrito presentado por el empresario, al que tuvo acceso TN.
La reconstrucción, que estuvo a cargo del fiscal Franco Picardi, fue solicitada por el propio Piccirillo para demostrar, según explicó su defensa, que no pudo haber colocado un arma ni drogas en el auto de Hauque.
La reconstrucción
El operativo, al que asistió Piccirillo, simuló varias veces el recorrido que realizó Hauque la noche del 17 de enero de 2025.
Según la investigación, Hauque pasó a buscar al ex de Cirio por la Torre SLS de Puerto Madero y, posteriormente, ambos se dirigieron a una cena en el Palacio Duhau para conversar sobre una deuda de 6 millones de dólares que Piccirillo tenía con Hauque.
Piccirillo insistió en que Hauque lo secuestró y le hizo firmar dicha entrega de dinero con un escribano: “Esto no se trata de una deuda. Si fuese así yo tengo una empresa y 330 empleados, por lo que se resolvería”, dijo.
Los investigadores sostienen que Piccirillo se ubicó en el asiento trasero del vehículo y habría ocultado en un saco el arma y la droga que posteriormente fueron encontradas en el Audi Q8 de Hauque. El dato revelador es que era una noche de mucho calor y en las imágenes de cámaras de seguridad se lo ve a Piccirillo con un tapado.
Esa misma noche, más tarde, Hauque y su pareja fueron interceptados por policías de civil luego de cenar con Piccirillo. Los agentes afirmaron haber encontrado cocaína y un arma dentro del vehículo, pero la defensa del financista denunció que se trató de un procedimiento armado.
“Es obvio que está todo armado”, se escucha decir a la mujer de Hauque en el video de esa noche, mientras él se encontraba esposado y era interrogado por los policías.
Posteriormente, la jueza federal María Eugenia Capuchetti anuló este expediente, ya que concluyó que estuvo plagado de irregularidades por los efectivos que estuvieron involucrados en el operativo.
Leé también: Las claves de las maniobras del oficialismo para frenar los pedidos de interpelación contra Manuel Adorni
Fue en ese momento que el empresario acusó a Piccirillo de haberle armado una causa con la Policía de la Ciudad debido a una deuda millonaria. Por este motivo, se inició una investigación sobre los agentes que estuvieron presentes en aquella detención y en el marido de Jesica Cirio, lo cual derivó en su detención.
Actualmente, Piccirillo se encuentra procesado con prisión domiciliaria, la cual cumple en una vivienda de la localidad bonaerense de Banfield.
Elías Piccirillo, Jesica Cirio, Justicia
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