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EN VIVO: la selección argentina se entrenará a cuatro días del partido ante Austria en el Mundial 2026

Un video del periodista colombiano Esteban Jaramillo se viralizó en la previa del debut de Argentina en el Mundial 2026, presentando una mirada sobre las características que, según su visión, distinguen a los argentinos y los convierten en campeones. La pieza, de casi dos minutos, fue publicada en su canal de Youtube días antes del partido en el que la selección dirigida por Lionel Scaloni goleó 3-0 a Argelia en Kansas City, con tres tantos de Lionel Messi, resultado que marcó el inicio del camino albiceleste en su defensa del título en la Copa del Mundo que se desarrolla en Estados Unidos, Canadá y México.
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Fue campeón en Boca e Independiente, jugó en Racing y San Lorenzo y se retiró a los 32 años: “Dejé de ir a la cancha porque no me atrae el fútbol”

Luis Betito Carranza construyó una carrera en el fútbol profesional casi sin proponérselo. Aunque siempre disfrutó de jugar a la pelota, reconoce que nunca sintió una pasión especial por todo lo que rodeaba a la profesión: los entrenamientos, las pretemporadas y las concentraciones le costaban. El fútbol se fue dando, de golpe, mientras todavía terminaba la secundaria. Se retiró a los 32 años porque ya no tenía ganas, las lesiones lo habían castigado y dejó de disfrutar. También admite que no fue todo lo responsable que podía haber sido: no se cuidaba con las comidas, no entrenaba como debía y mantuvo hábitos de adolescente cuando ya era futbolista profesional. “Me encantaba jugar, pero la semana la odiaba”, confiesa en diálogo con Infobae.
Sus primeros pasos fueron en Racing, donde llegó a Primera desde las divisiones inferiores y empezó a llamar la atención. Después pasó a Boca, club en el que jugó durante cuatro temporadas, salió campeón del torneo local 1992 y de la Copa de Oro 1993. Luego, compartió plantel con Diego Maradona en sus primeros meses. La llegada del astro y la pérdida de su lugar en el equipo lo llevaron a forzar una salida que hoy considera un error. Más adelante, su paso por Independiente fue uno de los momentos más difíciles de su carrera, aunque se coronó en la Supercopa Sudamericana 95: llegó con el campeonato empezado, mal físicamente y con la cabeza en otro lado, y reconoce que el mal rendimiento fue responsabilidad suya.
En su recorrido de 18 años, también tuvo experiencias en el exterior, con pasos por Tiburones Rojos de México, Universitario de Perú y Dundee de Escocia. En tierras peruanas volvió a sentirse jugador, salió campeón y encontró continuidad después de una etapa marcada por lesiones. En San Lorenzo había comenzado bien, con goles ante River y Huracán, hasta que otra lesión lo dejó fuera durante dos temporadas. El Beto jugó clásicos con Racing, Boca y San Lorenzo, y considera que el Superclásico es el más vibrante por su dimensión nacional, aunque también guarda un cariño especial por los duelos de Avellaneda y el clásico frente al Globo.

Después del retiro, en 2009, se mantuvo entre cuatro y cinco años alejado del fútbol mientras pensaba qué hacer con su vida. No sufrió una crisis por dejar de jugar, porque fue una decisión propia, aunque extraña el vestuario, los domingos y compartir con sus compañeros. Hoy está tranquilo, hace algunas cosas con amigos y juega algún picado de vez en cuando. Asegura que está bien económicamente, que nunca se obsesionó con el dinero y que mira hacia atrás con cariño: siente que fue un afortunado por haber vivido de lo que le gustaba, incluso cuando no siempre acompañó esa oportunidad con la disciplina necesaria.
– ¿Qué es de tu vida hoy en día?
– Hoy estamos bien, tranquilos, disfrutando de la vida. Hace bastante tiempo que me retiré y estoy un poco alejado del fútbol, aunque de vez en cuando juego un picadito con amigos y trato de estar bien, de vivir bien. Estoy haciendo algunas cosas con gente amiga, pero no mucho. La verdad es que estoy bastante alejado. Desde que me retiré, dejé de ir a la cancha porque no me atrae el fútbol. Uno, cuando se aleja, pierde un poco los contactos, pero hago algunas cosas de vez en cuando.
– ¿Por qué dejaste de ir a la cancha?
– Fue una decisión personal. En realidad, no me atraía demasiado. Salí a hacer otras cosas y, una vez que dejé, me sentí muy contento con mi carrera, con lo que me pasó y con lo que tuve. Fue como decir: “Bueno, ahora tengo que empezar otra cosa, porque esto se terminó”. A veces iba cuando dirigía algún técnico amigo o cuando jugaba algún hijo o amigo, pero no soy de ir a la cancha ni voy frecuentemente.
– Nunca te enamoraste del fútbol, ¿no?
– Me encantaba jugarlo. Siempre me gustó jugar a la pelota desde chico. Nunca me imaginé que podía jugar al fútbol profesionalmente mientras estaba en inferiores; no me lo esperaba. Todo llegó muy de golpe. Sí me enamoré de jugar, de la pelota, del vestuario y de esas cosas, que son las que extraño. Pero la parte profesional es otra cosa y de eso no me enamoré. No digo que hiciera muchos desarreglos: nunca bebí ni me drogué ni hice cosas, pero nunca fui profesional en cuanto al entrenamiento, ni fui muy responsable con todo lo que exige la profesión. A mí me gustaba jugar los domingos, que era lindo, pero la semana la odiaba, con todo mi corazón.

– ¿Te daba fiaca ir a entrenar?
– Me costaba. Me costaban los entrenamientos, las pretemporadas y las concentraciones. También me pasó que todo fue muy rápido. Yo estaba en Quinta con 16 o 17 años, y pegué el salto a Primera. Fue un cambio muy grande en mi vida: pasar de jugar en inferiores a tener la responsabilidad de hacerlo en Primera me costó bastante.
– ¿Vos decidiste que querías ser futbolista o se dio por las circunstancias?
– Siempre me gustó jugar al fútbol, pero nunca pensé que iba a jugar en Primera División. En inferiores me divertía y la pasaba bien, pero no veía mi horizonte, ni sabía si al día siguiente iba a estar ahí. No tenía la confianza como para decir que mi meta era ser futbolista profesional. Estudiaba, estaba terminando la secundaria y, de repente, se me vino todo encima. Y pasó a ser mi profesión.
– ¿Qué querías hacer de chico?
– No lo tenía definido. Cuando salté a Primera, estaba en cuarto año de la secundaria y tenía que decidir qué quería hacer: si seguir estudiando o ponerme a trabajar para ayudar en mi casa. De repente, llegué a Primera y eso pasó a ser mi profesión. No me dio tiempo a pensar qué quería seguir haciendo.
– ¿Hubieras elegido otra carrera?
– No, después de todo lo que vino, no. El fútbol me dio muchas cosas: conocer países y otras culturas, hacer amigos y aprender lo que significa jugar en equipo. En el fútbol no pierde uno solo: perdemos todos. En mi caso, estuviera de titular o de suplente, quería que mi equipo ganara, porque eso nos hacía bien a todos. Me enseñó un montón y, encima, vivía de lo que me gustaba, que era jugar a la pelota, más allá de que después no lo acompañara con el profesionalismo que me pedían.
– ¿Sentís que eso te impidió tener una carrera todavía mejor?
– Durante mi carrera tuve muchos altibajos y muchas lesiones. Si bien estoy muy contento con todo lo que me pasó y, cuando miro para atrás, lo recuerdo con mucho cariño, pero podría haber tenido una carrera mucho mejor.
– Cuando decís que no eras responsable, ¿a qué te referís?
– Comía cualquier cosa y no entrenaba como tenía que entrenar. También era otra época del fútbol. Hoy está todo mucho más ordenado, hay mucha más información, psicólogos en los equipos y nutricionistas. En ese momento, esas cosas no se sentían tanto y yo, con 17 o 18 años, seguía con los mismos hábitos que traía de cuando era chico.

– Hacías una vida normal, digamos.
– Normal como la de cualquier chico de 17 o 18 años. No podía tener una vida normal en el sentido de salir con mis amigos los fines de semana, por las concentraciones y todo eso. Pero, en cuanto a las comidas o al día en que podía salir, hacía una vida normal. Era un chico y hacía la vida que tenía.
– Económicamente también te servía, porque lo que gana un futbolista no lo gana cualquier trabajador.
– Más allá de que al principio me costó, porque Racing estaba pasando un mal momento económico, yo tenía un año en Primera y viajaba a entrenar en colectivo o me llevaba un compañero. Después, las cosas fueron mejorando y, económicamente, el cambio fue grande. Pasé de pensar en trabajar ocho horas por un sueldo a hacer lo que me gustaba y, encima, cobrar por eso. Es grandísimo. La verdad es que fui un afortunado y un elegido.
– ¿Pudiste hacer un buen colchón de dinero para vivir bien después de dejar el fútbol?
– Sí, estoy bien y no tengo problemas. Tampoco me volvió loco el dinero. Creo que la plata ayuda, pero no hace la felicidad; hay muchas otras cosas que uno puede disfrutar. Obviamente, el dinero te ayuda si querés viajar o hacer cosas. Pero yo no nací rico: siempre tuve una familia de clase media/baja, donde nunca me faltó nada, aunque tampoco sobró. Si hay, se disfruta; y si no hay, hay que trabajar, estar tranquilo y no hacer locuras. Las cosas llegan en su momento.
– ¿Por qué te retiraste tan joven, a los 32 años?
– Porque ya no tenía ganas de jugar. No disfrutaba y me había lesionado mucho durante mi carrera. Iba a entrenar y era como si no estuviera. Entonces, decidí que no iba más, que ya era suficiente.
– ¿Seguiste ligado al fútbol cuando colgaste los botines?
– No. Tuve cuatro o cinco años en los que no estuve ligado al fútbol. Estaba viendo qué hacer con mi futuro. Hoy, la vida útil del jugador es un poco más larga; antes, a los 35 años ya eras viejo para el fútbol y a los 30 prácticamente te consideraban viejo. Te retirabas y eras un jubilado joven. En ese vacío tenés que buscar la forma de ocupar tu tiempo, para no quedarte todo el día en tu casa, y ver qué podes hacer.

– ¿Cómo manejaste el post-retiro?
– En mi caso, no lo decidí durante mucho tiempo: fue de un día para el otro. No me afectó porque lo decidí yo. Un día era futbolista, y al otro dejé de jugar. Sí extrañaba el vestuario, ir y jugar un partido los domingos, pero el cuerpo ya no me daba para hacerlo al nivel que se requería. Di un paso al costado. Siempre se extraña salir a la cancha los domingos, la gente y compartir con los compañeros. Pero fue una etapa hermosa. Cuando miro para atrás, digo: “Pucha, fui un tipo afortunado”. Después la vida sigue; todo tiene un final.
– Jugaste en cuatro de los cinco grandes del fútbol argentino. Arrancaste en Racing y después pasaste por Boca, Independiente y San Lorenzo. ¿Cómo analizas esa carrera?
– Yo hago dos lecturas. Cuando empecé, me fue muy bien en Racing. En Boca tuve cuatro temporadas, tuve la suerte de salir campeón y viví algunos años muy buenos. Después entré en un desequilibrio grande por las lesiones. Empecé a lesionarme a los 24 o 25 años, tuve una racha de lesiones muy feas y me costaba volver. No logré recuperar el nivel que tenía hasta que me fui al Dundee de Escocia, donde sí pude volver a sentirme futbolista. En la carrera y en la vida hay momentos buenos y malos. Los buenos fueron muy buenos y los malos, muy malos y duros. De todo saqué experiencia.
– ¿Te fuiste de Boca cuando llegaron Maradona y Caniggia?
– Sí. Cuando llegó Diego, estuve durante el primer semestre. No jugaba, obviamente, porque estaban Diego, Caniggia y Cristian Kily González y otros. Yo había terminado perdiendo mi lugar en el equipo y quería jugar. Entonces, forcé una salida. Fue un error mío, porque todos me aconsejaban que no me fuera, que me quedara. Cuando uno está en Boca, se da cuenta de lo que es Boca. En ese momento me equivoqué, pero son decisiones que uno toma y de las que tiene que hacerse cargo. A Carlos Bilardo lo compartí después, porque cuando llegó Diego, estaba Silvio Marzolini. Después vino Bilardo. Pero estar al lado de Diego ya era un privilegio y una experiencia maravillosa. Lo tenía como un ídolo total por todo lo que había hecho por el fútbol. Y cuando lo conocí como persona, la admiración fue diez veces mayor. Lo mejor fue compartir con él (Maradona), que se acercara mucho, que tuviera un cariño especial conmigo y que me llamara en momentos difíciles. Son cosas que uno no espera de una estrella, de un personaje así, de un genio de esas características. Que te llame y sepa que te está pasando algo es inesperado.
– Cuando hablas de que atravesaste momentos difíciles, ¿te referís a las lesiones o a algo particular?
– A las lesiones. Tuve lesiones y pasé dos años sin jugar en San Lorenzo. Después me costó. Por primera vez, me costó volver. Se instaló la idea de que estaba roto y no podía pasar por el club. Fueron dos años complicados, pero de todo se sale. Después me tocó superarlo.
– ¿Cómo fue esa recuperación?
– Me empezó a ir mejor, me fui a jugar a México, a la Segunda División, y tuve que arremangarme y demostrar que sí podía jugar a la pelota. De ahí me fui a Perú, me fue muy bien, salí campeón y estuve cuatro años; me fue muy bien. Fue como volver a sentirme jugador. Después de Escocia, estuve seis meses en Quilmes y me retiré.
– ¿En Independiente fue el momento más difícil de tu carrera?
– Sí, la verdad es que me fue muy mal. No fue culpa de nadie, fue culpa mía. Yo había forzado la salida de Boca porque no jugaba. Iban cuatro fechas del campeonato y llegué con el torneo empezado, con la cabeza en otro lado y mal físicamente. Cuando me tocaba jugar, lo hacía condicionado por lo que me pasaba fuera de la cancha. Las cosas no salían y la gente no estaba conforme. Es normal cuando uno no rinde lo que tiene que rendir. Fue un momento futbolístico muy bajo para mí.
– Y en San Lorenzo, ¿te recibieron bien?
– En San Lorenzo sentí que volví a salir adelante. Me recibieron bien, empecé bien, jugué los primeros partidos y me tocó enfrentar a River, al que le hice un gol. También le hice un gol a Huracán. Había arrancado bien y estaba bien de la cabeza. Pero después llegó esa maldita lesión en la cancha de Huracán. A partir de esa lesión, la primera de una serie, estuve dos años sin jugar.
– Sos el hombre de los clásicos: jugaste Racing vs Independiente, Boca vs River y San Lorenzo vs Huracán. ¿Cuál es el más vibrante?
– El más vibrante es Boca-River, porque tiene una dimensión nacional. Pero Racing-Independiente es divino por la historia, y San Lorenzo-Huracán también es muy lindo, es muy barrial. Todos tienen algo especial, aunque el más vibrante es Boca-River por lo que representa a nivel nacional.
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Aldosivi vs. Belgrano: formaciones, hora y dónde ver por tv

Aldosivi vs. Belgrano. Foto: Twitter @Belgrano
Este domingo 25 de octubre, desde las 14.45 horas, por la décimo cuarta fecha de la Zona B del Torneo Clausura de la Liga Profesional, en el Estadio José María Minella, Aldosivi de Javier Sanguinetti recibirá a Belgrano de Ricardo Zielinski.
El encuentro entre el Tiburón y el Pirata será dirigido por el árbitro Yael Falcón Pérez. Por otra parte, la transmisión será por medio de la señal de ESPN Premium, además podrás seguir el minuto a minuto en
Cómo llegan Aldosivi y Belgrano al cruce por el Torneo Clausura
Aldosivi está en la cornisa y depende de un milagro para seguir con vida. Y es que la mala campaña que ha tenido el Tiburón no tiene en la última posición de la Zona B del Torneo Clausura, con 8 puntos, mientras que en la tabla anual suma 16 puntos y está a siete de Deportivo Riestra cuando apenas quedan siete en juego. En su último partido, los de Mar del Plata cayeron 2-1 frente a Estudiantes de Río Cuarto que ya descendió y para mantenerse en la Primera División necesitan ganar todos los partidos que le resta y que Riestra solo sume un punto de los nueve en juego.
Por su parte, Belgrano viene de una dura caída en casa. Y es que el Pirata cayó 3-0 frente a River Plate en Córdoba y prácticamente se quedó sin chances de pelear el título de campeón de liga en la tabla anual, no obstante, los dirigidos por Ricardo Zielinski marcha en la cuarta posición de la Zona B y se están clasificando a los Playoff del Torneo Clausura, por lo que buscan repetir lo hecho en el Apertura.
Probable formación de Aldosivi vs. Belgrano, por el Torneo Clausura
Aún el entrenador no comunicó la posible formación que jugará el partido, se espera que en las próximas horas confirme el armado. DT: Javier Sanguinetti.
Probable formación de Belgrano vs. Aldosivi, por el Torneo Clausura
Aún el entrenador no comunicó la posible formación que jugará el partido, se espera que en las próximas horas confirme el armado. DT: Ricardo Zielinski.
Datos del partido entre Aldosivi vs. Belgrano, por el Torneo Clausura
- TV: ESPN Premium
- Horario: 14.45
- Estadio: José María Minella
- Árbitro: Sebastián Zunino
- VAR: Sebastián Habib
Aldosivi, Belgrano
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Murió “El Gordo Cadena”, ex líder de la hinchada de Morón: lo velaron en la tribuna con presencia de barras de otros equipos

Era una leyenda en el mundo de los violentos del Ascenso. Pero también lo era entre los familiares de las víctimas de la violencia en el fútbol. Y entre los punteros políticos, que lo contrataban para todos aquellos trabajos que necesitaran de amenazas, romper huelgas o directamente agredir a opositores. Máximo Zurita, el famoso Gordo Cadena, líder histórico de la barra brava de Deportivo Morón, falleció a los 58 años. Retirado hace tiempo del tablón, vivía en la Costa pero viajaba habitualmente para ver al equipo de sus amores en la platea del Nuevo Francisco Urbano, el estadio del Gallito. Y la muerte lo encontró a unas 15 cuadras de la cancha, en una vivienda ubicada en la calle Monseñor Solano. Tras el velorio y antes de ser enterrado en el cementerio local, el cortejo fúnebre pasó primero por la ciudad hasta llegar a la tribuna local y allí hacer una despedida que contó con la presencia de toda la barra pero también de violentos de otros clubes cercanos, como Tigre, All Boys y River. Y como fue en plena mañana, el plantel que pelea por llegar a Primera debió parar la práctica para no interrumpir el homenaje. Ascenso argentino, no lo entenderías.
Zurita nació, creció y vivió en y para Morón. De chico se integró al mundo de los violentos pero su fama y apodo se la ganó el 21/9/91 cuando por el torneo del Nacional B el Gallito enfrentó de visitante a Laferrere. El partido terminó 1 a 1 pero a la salida la barra local fue a emboscar a su rival y también la Policía jugó su parte para el equipo de La Matanza. Y Zurita, cadena en mano, enfrentó casi en soledad a los oficiales y también a los barras del Villero, apodo de Laferrere, y se ganó el derecho a subir al trípode de poder del paravalanchas de Los Borrachos de Morón junto a Carlos Carly Salomón y Ramón Toledo, alias Negro Café. Desde ese lugar comenzó una carrera imparable en el mundo de los barras pero también como mano de obra de la política, siendo hombre de Juan Carlos Rousselot, que había recién reasumido como intendente y se quedaría en ese puesto hasta 1998.
Las dos facetas se unían en el Gordo Cadena. Los sábados lideraba la popular de Morón y encabezaba las batallas contra las barras rivales en una época donde los enfrentamientos eran moneda corriente y en la semana cobraba peajes a los puesteros de la estación, los vendedores ambulantes y manejaba todos los trapitos del centro de la ciudad. Contratado como empleado municipal con el legajo 79.269 era ñoqui en el área de Servicios Públicos que dirigía no casualmente un ex presidente del club, Néstor Achinelli. Cuando saltó el escándalo de la corrupción en la extensión de la red de cloacas en el municipio, el Gordo Cadena fue el que lideró la represión a los vecinos que reclamaban por el caso. Tanta era su impunidad que en el año 2002 le dio una nota al Diario de Morón donde reconocía que el municipio le pagaba ”por trabajos de campaña política, como colgar pasacalles o pegar afiches. Empecé ganando 1.200 pesos, después fui avivándome y cobraba bastante más por nocturnidad y horas extras». A confesión de parte…

Pasó algunas noches en prisión por una causa de robo automotor pero logró eludir a la Justicia en la causa más importante en la que se lo investigó: el crimen del hincha Daniel García durante la Copa América 1995 en Uruguay. Todo sucedió el 11 de julio en Paysandú. Aquella noche la Selección enfrentaba a Chile y había barras de todos los clubes acompañando al equipo de Daniel Passarella. Tras la goleada por 4 a 0 con goles de Batistuta (2), Balbo y Simeone, en la desconcentración los barras de Platense y Defensores que habían ido juntos en dos camionetas se dirigieron hacia el estacionamiento que estaba a 200 metros. Allí los divisaron los de Morón y Tigre y los atacaron con cadenas, manoplas y armas blancas. García, de apenas 19 años, hincha de Boca pero amigo de varios de Platense, recibió dos puñaladas mortales, una en el abdomen y otra a la altura del corazón. Otros tres hinchas quedaron con heridas de gravedad. La causa 334/95 se abrió en el juzgado criminal 4 de Paysandú a cargo de la magistrada María Elena Maynard, pero jamás dio con los culpables, aun cuando las sospechas siempre recayeron sobre tres barras de Morón, entre ellos Máximo Zurita, alias el Gordo Cadena, quién para zafar del asunto dijo que era imposible que hubiera estado allí porque ese día lo habían detenido en su ciudad porque tras un choque había discutido con la Policía y se lo habían llevado por “resistencia a la autoridad”.
La coartada que muchos aseguraban que había sido preparada por sus protectores en el municipio tenía dos puntos flojos: había testigos que decían haberlo visto y la madre de García grabó en secreto una charla con el senador provincial del PJ Horacio Román, que le dio a entender que el Gordo Cadena había sido el presunto asesino. Con ese material fue hasta la jueza que tenía el caso, quién vía exhorto pidió fotos de Zurita para compararlas con las imágenes que había de la tribuna argentina en el estadio. El municipio de Morón mandó una del Gordo Cadena, pero de cuando tenía 15 años. La causa finalmente prescribió y el crimen quedó impune.

Con la llegada de Martín Sabatella a la intendencia empezó a perder peso en el municipio y entonces ofreció sus labores en Ituzaingó y Merlo, donde lo contrataron gustoso para los mismos mandados que había hecho en la etapa Rousselot. Y siguió manejando la popular de Morón aunque después de un tiempo decidió recalar en la platea, porque estaba muy expuesto. Llegaron nuevos vientos a la barra y si bien era respetado por todos, su figura quedó en el imaginario y terminó yéndose a vivir a Nuevo Atlantis, en el Partido de la Costa, cercana a Mar de Ajó. Pero volvía los fines de semana para seguir al equipo de sus amores. Acá lo encontró la muerte el 20 de octubre pasado. Y tuvo su despedida en el estadio como si la violencia que ejerció sólo haya sido apenas un apéndice de su historia como mítico jefe de la barra brava de Deportivo Morón.
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