DEPORTE
Entre la enfermedad de Passarella y el inicio de las cábalas: a 40 años del debut de la selección argentina en México ‘86

El momento tan esperado había llegado. Ya no quedaba espacio para más pruebas o ensayos. Los que tenían ilusiones y los detractores quedaban en la misma línea. Carlos Bilardo había logrado lo que tanto pregonó durante buena parte de su ciclo: tener a todos sus jugadores un mes en la concentración para poder trabajar. Había llegado la hora del debut en México ‘86 para la selección argentina frente a Corea del Sur. Una Copa del Mundo donde no llegó entre las favoritas, pero que lentamente iba a mostrar su nivel, hasta hacerlo superlativo. El instante supremo de la verdad decía presente.
Lunes 2 de junio a las 15 horas. Por supuesto que había expectativa, pero no la locura que se ha generado en los Mundiales más recientes. Sobre todo en los primeros partidos de aquellas ediciones, la atención era más bien del futbolero, de quien estaba en el día a día. Si el equipo marchaba bien, comenzaba a sumarse el resto. Fue un lunes gris y nublado, sin demasiado frío, cuando a las tres de la tarde, el árbitro español Sánchez Arminio, dio el pitazo inicial.
Eran épocas donde la televisión por cable era patrimonio de poca gente y no existían los canales deportivos. Por ende, la previa fue inexistente. Los partidos se los habían repartido entre los cuatro canales (ATC – 9 – 11 – 13), al tiempo que el 2, aún con poca recepción en Capital, emitió todos los cotejos del torneo, en unas transmisiones que quedaron en el recuerdo. Comandadas por Quique Wolff, en una de sus primeras apariciones en TV, mezclaban humor y seriedad. Los encuentros de Argentina eran separados de a pares, por eso el debut con Corea del Sur se vio por la pantalla del 9, con Jorge Bullrich, Antonio Rattín y Dante Zavatarelli y por el 11 con el histórico Horacio Aiello y Pichuqui Mendizábal.
Las horas previas no fueron de calma en el campamento nacional. Dos días antes, un ilustre como Daniel Passarella comenzó con molestias estomacales, que fueron empeorando en la madrugada del debut. Algunos matutinos lo pusieron en la formación, mientras que otros colocaban la duda entre él y Brown. El propio Tata recordaba cómo se enteró que sería titular: “La misma mañana del partido ante Corea, como yo compartía la habitación con Passarella, me di cuenta que era imposible que él jugase. Sin embargo, Bilardo no me decía nada. De pronto, me lo crucé a la salida del desayuno. Solo me preguntó cómo estaba, diciéndome siempre Bron (risas). Cuando se había alejado unos metros, me soltó: ‘Mirá que jugás vos, eh’. Carlos era así”.

Otra duda que habían publicado los diarios estaba en el lateral derecho, porque en aquel partido, el Narigón aún no colocó sobre el césped su famoso 3-5-2. Fue un esquema más clásico, con cuatro defensores. Las últimas actuaciones de Néstor Clausen, tanto en Independiente como en la Selección, no habían conformado, entonces se barajaba la posibilidad que ese lugar sea ocupado por el Vasco Olarticoechea, quien ya llevaba mucho tiempo sin actuar allí. Finalmente, el hombre de los Rojos de Avellaneda, arrancó como titular.
Todo estaba listo. Mientras la tele mostraba ya la gráfica con las formaciones y Víctor Hugo Morales y José María Muñoz preparaban sus gargantas para hacernos vibrar por radio, Argentina y Rivadavia respectivamente, en el vestuario del estadio Olímpico, Carlos Bilardo, quizás en una faceta distinta, más cerca del motivador, dijo unas últimas palabras que marcaron a muchos. Entre ellos, Jorge Valdano: “‘¿Ustedes saben que hoy no hay colegio en Argentina para vernos, no?’”. Y a mí aquello me emocionó más que cualquier otra cosa que haya dicho Bilardo durante el Mundial. Es impresionante el vínculo del futbolista con la infancia, porque te devuelve a tu condición de niño en la escuela. Tiene que pasar algo muy importante para que no haya clases. O una catástrofe o una fiesta”.

Argentina formó con: Nery Pumpido; Néstor Clausen, José Luis Brown, Oscar Ruggeri y Oscar Garré; Ricardo Giusti, Sergio Batista, Jorge Burruchaga, Diego Maradona; Pedro Pasculli y Jorge Valdano. A excepción de este último y el capitán, todos los demás eran debutantes en Copas del Mundo. Pumpido había estado en España ‘82, pero no disputó ni un minuto, ya que era el tercer arquero, detrás de Fillol y Baley
El cuadro del Narigón se lanzó al ataque desde el arranque. Cuando iba 1 minuto y 13 segundos se produjo la primera de las muchísimas faltas que los coreanos iban a perpetrar sobre la humanidad de Diego. Enseguida, un mal pase de Giusti le dejó servida la contra a los asiáticos que terminó en un tiro libre cerca del área por falta del propio Gringo. Por suerte, el tiro se estrelló en la barrera.

A los cinco minutos le hicieron la segunda infracción a Diego, que un fotógrafo retrató y quedó como símbolo: la pierna derecha del defensor impacta por sobre su rodilla izquierda, al tiempo que él cierra los ojos y exclama su dolor en un grito. Tras permanecer casi un minuto en el piso, se incorporó y ejecutó el tiro libre. Pegó en la barrera, él se anticipó a todos y de cabeza habilitó a Valdano, quien, entrando al área por la derecha, sacó un remate cruzado que abrió el marcador.
Argentina siguió yendo al ataque y pudo aumentar a las 12 con un violento remate de Burruchaga que se estrelló en el poste. A los 18 minutos, luego de recibir la cuarta infracción, Diego le reclamó al árbitro que seguía sin sacar amarillas. Tomó el tiro libre sobre el sector izquierdo y con esa precisión única que tenía en su botín izquierdo, colocó la pelota en el punto penal, por donde apareció Ruggeri para poner el 2-0 con un impecable golpe de cabeza.
A partir de allí, Corea se adelantó en el campo y creó algunas situaciones de peligro, más por desacoples defensivos argentinos que por virtudes propias. Unos minutos más tarde, Clausen jugó una pelota hacia atrás para Brown, en una típica maniobra que hace cualquier equipo para acomodarse. Una estruendosa silbatina del público mexicano fue el preludio de lo que se viviría de ahí en adelante, donde el cuadro nacional fue permanente abucheado y los locales, siempre hincharon por nuestros rivales. Cuando ya se terminaba el primer tiempo el árbitro sacó su primera tarjeta amarilla. Fue al coreano Jung Moo por un golpe en la cara a Maradona. Era la novena infracción que sufría Diego en el partido…

Apenas se había disputado el primer minuto del segundo tiempo, cuando llegó el tercer gol de Argentina. Un saque largo de Pumpido, picó cerca del área coreana y un defensor la cabeceó hacia un costado, con tanta mala fortuna que cayó en los pies de Maradona. En una rápida carrera superó a su marcador y llegó hasta el fondo, como un puntero derecho, pero dentro del área. Sacó un centro perfecto que Jorge Valdano, sin marca, mandó al fondo del arco. En su relato por radio Argentina, Víctor Hugo anticipó algo que podía venir con respecto al 10 y, por suerte, acertó: “Diego Maradona, ahora por derecha, sacó todo su genio, su repentización, y la vigencia que va a tener en este campeonato del mundo”.
Con el marcador claramente a favor, Argentina comenzó a mostrar algo que sería clave en el torneo, que era la permanente movilidad de sus hombres por la cancha: Valdano cerca de Batista en el círculo central o Giusti en intentos ofensivos. Ni hablar de Burruchaga, que nunca estaba quieto y aportaba una dinámica decisiva, camino a ser el gran socio de Diego. Un desborde de Pasculli por izquierda, con centro atrás, le pudo dar la posibilidad al 10 de gritar por primera vez en México, pero su remate salió alto desde una inmejorable posición. No íbamos a tener que esperar mucho para festejar una conquista suya…
A los 73 llegó el descuento de los coreanos con un golazo desde fuera del área de Chang Sur Park, que superó a Nery Pumpido. Era un premio a la tenacidad de los asiáticos, que pese al score adverso y sabiéndose inferiores, fueron para adelante, cambiando un poco el estilo con respecto al primer tiempo, donde cometieron muchas faltas, con la anuencia del árbitro, poco idóneo para una cita mundialista.

Inmediatamente, el Doctor Bilardo hizo su primer cambio del Mundial, con el ingreso de Carlos Tapia por Pedro Pasculli, con el claro fin de tener un poco más la pelota en la mitad de la cancha. Y al minuto siguiente fue la segunda modificación: Julio Olarticoechea por un Sergio Batista a quien se veía extenuado. El Vasco fue como volante central, el lugar donde se había destacado en Boca en la última temporada, pero que no sería la posición que lo consagrará en México ‘86. En un par de minutos, Valdano tuvo dos chances claras de aumentar el marcador, pero respondió muy bien el guardavalla coreano.
El final fue con una moderada alegría, con la satisfacción del deber cumplido, con una sólida actuación y la punta del grupo, porque en el partido inaugural, habían igualado en un tanto Italia y Bulgaria. A partir de allí comenzaron las cábalas, o costumbres, como le gustaba decir al Doctor, que así las contó en su autobiografía: “Antes de cada partido, visitábamos el centro comercial Perisur, para distraernos un rato. La primera vez pagó Pumpido y, como ganamos, volvió a hacerlo en cada salida. Al principio firmábamos pocos autógrafos, pero con el correr de las victorias y al trascender que manteníamos ese hábito, el lugar se llenaba. ¡Para la semifinal y la final nos rodeaba tanta gente que no podíamos caminar! El día del partido con Corea, subimos al micro y nos sentamos en distintas posiciones. Yo adelante, junto a la ventanilla derecha, a mi lado Pachamé, sobre el pasillo. Nadie volvió a cambiar en el resto del campeonato. El operativo de seguridad nos asignó dos policías que iban en sus motos. Se llamaban Tobías y Jesús y nos acompañaron siempre. Otra costumbre surgió a partir que un jugador le entregó al conductor del micro un cassette grabado con música de intérpretes argentinos, para que las canciones sonaran rumbo al estadio. En casi todo el trayecto se escuchó el tema de Sergio Denis titulado ‘Gigante chiquito’, que finalizó justo cuando el vehículo se detuvo en la playa de estacionamiento del estadio. Fue la canción oficial hasta el día de la final”.
Próximo episodio: Italia
Fecha: 5 de junio
Locación: Estadio Cuauhtémoc de Puebla
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
Middle East,Soccer,Sport
DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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