DEPORTE
Es dueño de un histórico récord en los Mundiales, desafió a Messi batirlo y casi vende su trofeo más preciado: “Fue la crisis”

Oleg Salenko, nacido el 25 de octubre de 1969 en Leningrado —la ciudad que hoy se llama San Petersburgo—, es el único jugador en la historia de los Mundiales que anotó cinco goles en un solo partido. Ocurrió el 28 de junio de 1994, en el Stanford Stadium de California, ante Camerún, en lo que fue la última presentación de Rusia en esa edición del torneo. Con ese quinteto y un tanto previo ante Suecia, el delantero se consagró Bota de Oro del Mundial de Estados Unidos, galardón que compartió con el búlgaro Hristo Stoichkov. Fue, además, el primer y hasta hoy único jugador en ganar ese trofeo con su selección eliminada en la primera ronda. Tras su retiro, estuvo muy cerca de vender el premio, pero con el tiempo decidió conservarlo, reconociendo que algunos trofeos no tienen precio. Su vida está marcada por la desintegración de la Unión Soviética y un récord que, más de treinta años después, nadie ha podido igualar.
Salenko creció en el seno de una familia dividida por geografía: padre ucraniano, madre rusa. Esa dualidad lo acompañaría toda la vida, dentro y fuera de las canchas. A los 16 años debutó en el Zenit, convirtiéndose en el jugador más joven en hacerlo en la historia del club.
Cuatro años más tarde, en 1989, Salenko protagonizó otro hito: se convirtió en el primer futbolista en ser transferido a cambio de dinero dentro de la Unión Soviética: el Dinamo de Kiev de Valeri Lobanovski pagó 36.000 dólares.
Ese mismo año, con la camiseta de la URSS, Salenko se consagró máximo goleador del Mundial Sub-20 de 1989 disputado en Arabia Saudita, con cinco tantos en cuatro partidos. Su primera Bota de Oro. En el Dinamo de Kiev anotó más de 40 goles en cuatro años, lo suficiente para llamar la atención de los mercados europeos.
La Unión Soviética se disolvió en 1991. En medio de ese caos político y económico, Salenko disputó un partido con la selección ucraniana —el primero reconocido por la FIFA en la historia del país— antes de optar definitivamente por representar a Rusia, la nación de su madre. Fue una decisión que lo marcaría para siempre.
Ese mismo año, con sus derechos en manos de un intermediario que intentó sin éxito colocarlo en el Tottenham —la imposibilidad de obtener el permiso de trabajo frustró la operación—, Salenko llegó a España de la mano de Marcos Eguizábal, un bodeguero riojano que presidía el Club Deportivo Logroñés.
El delantero llegó como un desconocido para el público español. Pero no tardó en imponerse. En ese primer semestre marcó siete goles en 16 partidos y ayudó al club a mantener la categoría. Eguizábal lo convenció de firmar por tres años con una escena que el propio Salenko describió años después al medio español Relevo: “Era como un magnate de vinos. Antes de volver a Kiev me invitó a su casa. Es complicado calificarla de casa, era como el palacio del rey de España, cerca de Madrid. Estuvimos ahí tres días y decidí quedarme”.
La segunda temporada (1993-94) fue la de su consolidación en la liga española: 16 goles en 31 partidos. Esa producción le valió la convocatoria para el Mundial y un acuerdo de transferencia al Valencia por 250 millones de pesetas (23 millones de dólares aproximadamente).
Rusia llegó al tercer partido del Grupo B con el torneo ya casi perdido. Había caído ante Brasil por 2-0 y ante Suecia por 3-1, aunque en ese segundo encuentro Salenko había marcado de penal. El equipo del entrenador Pavel Sadyrin necesitaba una goleada ante Camerún para intentar clasificarse como mejor tercero. La tarea era casi imposible. Pero Salenko tuvo una profecía en la noche previa.
“Soñé la noche anterior que metía muchos goles, pero no sabía cuántos. Cuando te centras en algo vas a por tu meta. En aquel entonces no teníamos que parar. Todo esto sucede si hay necesidad. Es como comer, necesitas comer y vas”, relató el delantero durante una entrevista con Relevo.
El partido comenzó y Rusia atacó desde el inicio. Salenko llevaba el número 9 en la espalda. En el minuto 16 abrió el marcador. En el 41 convirtió el segundo. En el 45, de penal, el tercero. Al regreso del vestuario, en el 73 marcó el cuarto y en el 75 el quinto. Ningún jugador había anotado cinco goles en un partido de Copa del Mundo. En el 82, asistió a Dmitriy Radchenko para el 6-1 final. El arquero camerunés Jacques Songo’o —que en esos días se destacaba en el Metz francés y fue compañero de Lionel Scaloni en el Deportivo La Coruña— nada pudo hacer.
“Podía meter el sexto gol, y más si quería, pero bueno, eso ya… No sabía que aquello era un récord, me lo contaron al día siguiente”, admitió Salenko. “Me resultó más fácil marcar los cinco goles a Camerún que orinar en el control antidopaje”, llegó a afirmar el delantero en charla con el español Sergio Gómez.
El resultado no alcanzó para que Rusia avanzara. Salenko y sus compañeros hicieron las maletas.

Con seis goles en tres partidos —todos anotados en el Mundial, ninguno antes ni después en su carrera internacional—, Salenko se convirtió en el máximo goleador del torneo junto a Hristo Stoichkov, quien había disputado siete partidos con Bulgaria hasta alcanzar el cuarto puesto. La diferencia de minutos jugados entre ambos era abismal: Stoichkov acumuló 443 minutos más en el torneo.
El galardón consagró a Salenko con dos récords simultáneos: el único jugador en anotar cinco goles en un mismo partido mundialista y el único en ser goleador de un Mundial con su selección eliminada en primera ronda.
“Aquello es mi vida, me acuerdo perfectamente de los cinco goles que le marqué a Camerún. Es una marca que sigue apareciendo en los libros de récords”, dijo. Y añadió: “Fue genial compartir el trofeo con un futbolista tan grande. Cuando yo jugaba en el Valencia y él en el Barça siempre bromeábamos”. En su paso por el fútbol español le tocó enfrentarse a grandes glorias del deporte, como Diego Maradona en su etapa en el Sevilla.
En diciembre de 2012, cuando Lionel Messi superó el récord de goles en un año calendario de Gerd Müller, Salenko lo desafió al 10: “Él es el mejor y batirá muchos más récords. No me sorprendería que el próximo año, dependiendo de los partidos que juegue el Barcelona, marque cien goles. Messi es capaz de todo, pero quizá nunca pueda con el mío”.
En este escenario, el Mundial de Estados Unidos debía ser el trampolín. Fue, en cambio, el techo. Salenko llegó al Valencia con el peso de la Bota de Oro y los choques con el técnico Carlos Alberto Parreira —al que calificó de “maldición”— terminaron por hundir su estadía en el club. Según consta en Transfermarkt, marcó 10 goles en 21 partidos, cifras que pese a todos, no alcanzaron.
En agosto de 1995 fue transferido al Glasgow Rangers de la liga escocesa, donde ganó el título de liga en 1996 pero tampoco logró afianzarse. Las lesiones comenzaron a acumularse. Siguió el Istanbulspor turco, donde anotó 11 goles en 18 partidos antes de que una grave lesión de rodilla lo dejara fuera durante varios meses. Luego vino el Córdoba CF, en la segunda división española, y finalmente el Pogoń Szczecin polaco fue su último club antes de retirarse definitivamente por problemas físicos. Tenía 31 años.
Sus desavenencias con el nuevo seleccionador ruso Oleg Romantsev sellaron también su carrera internacional. Los seis goles del Mundial de 1994 fueron, en total, los únicos que anotó con Rusia en sus ocho apariciones con la camiseta nacional. Nunca marcó ni antes ni después de la Copa del Mundo de 1994.

En mayo de 2010, en declaraciones al diario Soviet Sport, Salenko reconoció que atravesaba dificultades económicas y que había considerado vender su trofeo más preciado. “No oculto que mi situación personal me obliga a tomar esta decisión. La crisis financiera mundial continúa. Mi negocio en Ucrania está estancado. No me estoy muriendo de hambre, pero no me vendría mal mejorar mi situación. Durante mi carrera como jugador, gané lo suficiente para la Bota de Oro; ahora que ella gane un poco más para mí“, afirmó.
La cifra que manejaba era de 500.000 dólares. Los compradores potenciales eran jeques de los Emiratos Árabes Unidos que proyectaban crear un museo con los trofeos más valiosos del fútbol mundial y organizar un torneo llamado “Bota de Oro”. Antes de eso, Salenko había intentado donar el trofeo al museo del Zenit de San Petersburgo, su primer club. “No es solo mi legado, sino el de toda Rusia. Incluso escribí una carta. Nunca recibí respuesta”, reveló en una entrevista con el portal ucraniano Ukrfootball.
Cuatro años después, en mayo de 2014, el propio Salenko desmintió la venta en una entrevista con un medio partidario del Dinamo de Kiev: “El proyecto nunca se concretó porque no lograron reunir a todos los participantes. Han pasado varios años desde entonces y puedo decir que mi actitud hacia mi trofeo ha cambiado. Con el tiempo, uno se da cuenta de que algunas cosas no están a la venta. No tengo ninguna intención de venderla ahora”. Esto lo llevó a conservar la Bota de Oro, junto a la que recibió en el Mundial Sub-20 de 1989.
Tras el retiro, Salenko probó suerte en el fútbol playa, primero como jugador y luego como técnico de la selección ucraniana. La experiencia comenzó de forma casual —unos amigos lo invitaron a jugar en el equipo de un canal de televisión— y derivó en la conducción del equipo nacional. “Fuimos a nuestra primera competición internacional, donde conocí a Eric Cantona, que jugaba en la selección francesa, y a algunos jugadores españoles», recordó en una entrevista en 2014. La aventura no duró: la presión por los resultados chocó con su visión del juego como algo más lúdico. También se desenvolvió como comentarista deportivo.
El 24 de febrero de 2022, Vladimir Putin anunció el inicio de la invasión rusa a Ucrania. Salenko estaba en Kiev.

“Yo estaba aquí cuando se desató la guerra y aquí me quedo; no tengo ninguna intención de ir a otro sitio. Aquí estoy con mi actual familia. Pero mi primera familia, un hijo y mi exmujer, está en el país que me está atacando. ¿Entiendes la dimensión de todo esto para mí?”, dijo durante el intercambio con Relevo desde la capital ucraniana en 2022.
El hombre que había nacido en Rusia de padre ucraniano, que había jugado un partido con Ucrania y ocho con Rusia, que se había instalado en Kiev al retirarse, se encontraba atrapado en el centro exacto de un conflicto que no era abstracto para él. “Soy un ruso que vive en Ucrania, por eso me preocupa tanto esto. En un lado y en otro tengo amigos”, añadió.
En esa época, Salenko quedaba comprendido dentro de los varones de entre 18 y 60 años a quienes el presidente Volodímir Zelenski prohibió abandonar el país. Él no quería irse. Pero tampoco estaba en condiciones de pelear. “Hablé con los chicos que están luchando y me entrené dos semanas, pero soy débil. Por lo menos hay que entrenarse un año para ir allí. En el frente también tienes que pensar, funcionar en equipo para que no haya pérdidas humanas. Yo no estoy preparado”, reconoció.
El torneo que comenzó en Qatar 2022 lo siguió desde Kiev, entre bombardeos. “Para mí es muy triste no poder estar en la Copa del Mundo, tengo mucha frustración con eso porque es una competición que significa mucho para mí”, dijo.
A menos de un mes para el inicio de una nueva cita mundialista, su nombre es recordado por siempre como el dueño de una marca histórica que es desafiada sin éxito cada cuatro años. ¿Seguirá vigente o habrá un nuevo rey en esta estadística?
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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