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Es dueño de un histórico récord en los Mundiales, desafió a Messi batirlo y casi vende su trofeo más preciado: “Fue la crisis”

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El ex futbolista ruso logró una marca que nadie pudo romper en la historia de las Copas del Mundo

Oleg Salenko, nacido el 25 de octubre de 1969 en Leningrado —la ciudad que hoy se llama San Petersburgo—, es el único jugador en la historia de los Mundiales que anotó cinco goles en un solo partido. Ocurrió el 28 de junio de 1994, en el Stanford Stadium de California, ante Camerún, en lo que fue la última presentación de Rusia en esa edición del torneo. Con ese quinteto y un tanto previo ante Suecia, el delantero se consagró Bota de Oro del Mundial de Estados Unidos, galardón que compartió con el búlgaro Hristo Stoichkov. Fue, además, el primer y hasta hoy único jugador en ganar ese trofeo con su selección eliminada en la primera ronda. Tras su retiro, estuvo muy cerca de vender el premio, pero con el tiempo decidió conservarlo, reconociendo que algunos trofeos no tienen precio. Su vida está marcada por la desintegración de la Unión Soviética y un récord que, más de treinta años después, nadie ha podido igualar.

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Salenko creció en el seno de una familia dividida por geografía: padre ucraniano, madre rusa. Esa dualidad lo acompañaría toda la vida, dentro y fuera de las canchas. A los 16 años debutó en el Zenit, convirtiéndose en el jugador más joven en hacerlo en la historia del club.

Cuatro años más tarde, en 1989, Salenko protagonizó otro hito: se convirtió en el primer futbolista en ser transferido a cambio de dinero dentro de la Unión Soviética: el Dinamo de Kiev de Valeri Lobanovski pagó 36.000 dólares.

Ese mismo año, con la camiseta de la URSS, Salenko se consagró máximo goleador del Mundial Sub-20 de 1989 disputado en Arabia Saudita, con cinco tantos en cuatro partidos. Su primera Bota de Oro. En el Dinamo de Kiev anotó más de 40 goles en cuatro años, lo suficiente para llamar la atención de los mercados europeos.

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La Unión Soviética se disolvió en 1991. En medio de ese caos político y económico, Salenko disputó un partido con la selección ucraniana —el primero reconocido por la FIFA en la historia del país— antes de optar definitivamente por representar a Rusia, la nación de su madre. Fue una decisión que lo marcaría para siempre.

Ese mismo año, con sus derechos en manos de un intermediario que intentó sin éxito colocarlo en el Tottenham —la imposibilidad de obtener el permiso de trabajo frustró la operación—, Salenko llegó a España de la mano de Marcos Eguizábal, un bodeguero riojano que presidía el Club Deportivo Logroñés.

Una de las imágenes de la participación de Oleg Salenko en el Mundial 1994

El delantero llegó como un desconocido para el público español. Pero no tardó en imponerse. En ese primer semestre marcó siete goles en 16 partidos y ayudó al club a mantener la categoría. Eguizábal lo convenció de firmar por tres años con una escena que el propio Salenko describió años después al medio español Relevo: “Era como un magnate de vinos. Antes de volver a Kiev me invitó a su casa. Es complicado calificarla de casa, era como el palacio del rey de España, cerca de Madrid. Estuvimos ahí tres días y decidí quedarme”.

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La segunda temporada (1993-94) fue la de su consolidación en la liga española: 16 goles en 31 partidos. Esa producción le valió la convocatoria para el Mundial y un acuerdo de transferencia al Valencia por 250 millones de pesetas (23 millones de dólares aproximadamente).

Rusia llegó al tercer partido del Grupo B con el torneo ya casi perdido. Había caído ante Brasil por 2-0 y ante Suecia por 3-1, aunque en ese segundo encuentro Salenko había marcado de penal. El equipo del entrenador Pavel Sadyrin necesitaba una goleada ante Camerún para intentar clasificarse como mejor tercero. La tarea era casi imposible. Pero Salenko tuvo una profecía en la noche previa.

Soñé la noche anterior que metía muchos goles, pero no sabía cuántos. Cuando te centras en algo vas a por tu meta. En aquel entonces no teníamos que parar. Todo esto sucede si hay necesidad. Es como comer, necesitas comer y vas”, relató el delantero durante una entrevista con Relevo.

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El partido comenzó y Rusia atacó desde el inicio. Salenko llevaba el número 9 en la espalda. En el minuto 16 abrió el marcador. En el 41 convirtió el segundo. En el 45, de penal, el tercero. Al regreso del vestuario, en el 73 marcó el cuarto y en el 75 el quinto. Ningún jugador había anotado cinco goles en un partido de Copa del Mundo. En el 82, asistió a Dmitriy Radchenko para el 6-1 final. El arquero camerunés Jacques Songo’o —que en esos días se destacaba en el Metz francés y fue compañero de Lionel Scaloni en el Deportivo La Coruña— nada pudo hacer.

“Podía meter el sexto gol, y más si quería, pero bueno, eso ya… No sabía que aquello era un récord, me lo contaron al día siguiente”, admitió Salenko. “Me resultó más fácil marcar los cinco goles a Camerún que orinar en el control antidopaje”, llegó a afirmar el delantero en charla con el español Sergio Gómez.

El resultado no alcanzó para que Rusia avanzara. Salenko y sus compañeros hicieron las maletas.

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Oleg Salenko
Oleg Salenko no brilló en el Valencia y emigró al Glasgow Rangers de Escocia

Con seis goles en tres partidos —todos anotados en el Mundial, ninguno antes ni después en su carrera internacional—, Salenko se convirtió en el máximo goleador del torneo junto a Hristo Stoichkov, quien había disputado siete partidos con Bulgaria hasta alcanzar el cuarto puesto. La diferencia de minutos jugados entre ambos era abismal: Stoichkov acumuló 443 minutos más en el torneo.

El galardón consagró a Salenko con dos récords simultáneos: el único jugador en anotar cinco goles en un mismo partido mundialista y el único en ser goleador de un Mundial con su selección eliminada en primera ronda.

“Aquello es mi vida, me acuerdo perfectamente de los cinco goles que le marqué a Camerún. Es una marca que sigue apareciendo en los libros de récords”, dijo. Y añadió: “Fue genial compartir el trofeo con un futbolista tan grande. Cuando yo jugaba en el Valencia y él en el Barça siempre bromeábamos”. En su paso por el fútbol español le tocó enfrentarse a grandes glorias del deporte, como Diego Maradona en su etapa en el Sevilla.

En diciembre de 2012, cuando Lionel Messi superó el récord de goles en un año calendario de Gerd Müller, Salenko lo desafió al 10: “Él es el mejor y batirá muchos más récords. No me sorprendería que el próximo año, dependiendo de los partidos que juegue el Barcelona, marque cien goles. Messi es capaz de todo, pero quizá nunca pueda con el mío”.

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En este escenario, el Mundial de Estados Unidos debía ser el trampolín. Fue, en cambio, el techo. Salenko llegó al Valencia con el peso de la Bota de Oro y los choques con el técnico Carlos Alberto Parreira —al que calificó de “maldición”— terminaron por hundir su estadía en el club. Según consta en Transfermarkt, marcó 10 goles en 21 partidos, cifras que pese a todos, no alcanzaron.

En agosto de 1995 fue transferido al Glasgow Rangers de la liga escocesa, donde ganó el título de liga en 1996 pero tampoco logró afianzarse. Las lesiones comenzaron a acumularse. Siguió el Istanbulspor turco, donde anotó 11 goles en 18 partidos antes de que una grave lesión de rodilla lo dejara fuera durante varios meses. Luego vino el Córdoba CF, en la segunda división española, y finalmente el Pogoń Szczecin polaco fue su último club antes de retirarse definitivamente por problemas físicos. Tenía 31 años.

Sus desavenencias con el nuevo seleccionador ruso Oleg Romantsev sellaron también su carrera internacional. Los seis goles del Mundial de 1994 fueron, en total, los únicos que anotó con Rusia en sus ocho apariciones con la camiseta nacional. Nunca marcó ni antes ni después de la Copa del Mundo de 1994.

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Oleg Salenko
Disputó los tres partidos de Rusia ante Brasil, Suecia y Camerún en la Copa del Mundo de Estados Unidos

En mayo de 2010, en declaraciones al diario Soviet Sport, Salenko reconoció que atravesaba dificultades económicas y que había considerado vender su trofeo más preciado. “No oculto que mi situación personal me obliga a tomar esta decisión. La crisis financiera mundial continúa. Mi negocio en Ucrania está estancado. No me estoy muriendo de hambre, pero no me vendría mal mejorar mi situación. Durante mi carrera como jugador, gané lo suficiente para la Bota de Oro; ahora que ella gane un poco más para mí“, afirmó.

La cifra que manejaba era de 500.000 dólares. Los compradores potenciales eran jeques de los Emiratos Árabes Unidos que proyectaban crear un museo con los trofeos más valiosos del fútbol mundial y organizar un torneo llamado “Bota de Oro”. Antes de eso, Salenko había intentado donar el trofeo al museo del Zenit de San Petersburgo, su primer club. “No es solo mi legado, sino el de toda Rusia. Incluso escribí una carta. Nunca recibí respuesta”, reveló en una entrevista con el portal ucraniano Ukrfootball.

Cuatro años después, en mayo de 2014, el propio Salenko desmintió la venta en una entrevista con un medio partidario del Dinamo de Kiev: “El proyecto nunca se concretó porque no lograron reunir a todos los participantes. Han pasado varios años desde entonces y puedo decir que mi actitud hacia mi trofeo ha cambiado. Con el tiempo, uno se da cuenta de que algunas cosas no están a la venta. No tengo ninguna intención de venderla ahora”. Esto lo llevó a conservar la Bota de Oro, junto a la que recibió en el Mundial Sub-20 de 1989.

Tras el retiro, Salenko probó suerte en el fútbol playa, primero como jugador y luego como técnico de la selección ucraniana. La experiencia comenzó de forma casual —unos amigos lo invitaron a jugar en el equipo de un canal de televisión— y derivó en la conducción del equipo nacional. “Fuimos a nuestra primera competición internacional, donde conocí a Eric Cantona, que jugaba en la selección francesa, y a algunos jugadores españoles», recordó en una entrevista en 2014. La aventura no duró: la presión por los resultados chocó con su visión del juego como algo más lúdico. También se desenvolvió como comentarista deportivo.

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El 24 de febrero de 2022, Vladimir Putin anunció el inicio de la invasión rusa a Ucrania. Salenko estaba en Kiev.

Oleg Salenko
Debutó a los 16 años en el Zenit y parecía tratarse de una promesa muy interesante del fútbol soviético

“Yo estaba aquí cuando se desató la guerra y aquí me quedo; no tengo ninguna intención de ir a otro sitio. Aquí estoy con mi actual familia. Pero mi primera familia, un hijo y mi exmujer, está en el país que me está atacando. ¿Entiendes la dimensión de todo esto para mí?”, dijo durante el intercambio con Relevo desde la capital ucraniana en 2022.

El hombre que había nacido en Rusia de padre ucraniano, que había jugado un partido con Ucrania y ocho con Rusia, que se había instalado en Kiev al retirarse, se encontraba atrapado en el centro exacto de un conflicto que no era abstracto para él. “Soy un ruso que vive en Ucrania, por eso me preocupa tanto esto. En un lado y en otro tengo amigos”, añadió.

En esa época, Salenko quedaba comprendido dentro de los varones de entre 18 y 60 años a quienes el presidente Volodímir Zelenski prohibió abandonar el país. Él no quería irse. Pero tampoco estaba en condiciones de pelear. “Hablé con los chicos que están luchando y me entrené dos semanas, pero soy débil. Por lo menos hay que entrenarse un año para ir allí. En el frente también tienes que pensar, funcionar en equipo para que no haya pérdidas humanas. Yo no estoy preparado”, reconoció.

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El torneo que comenzó en Qatar 2022 lo siguió desde Kiev, entre bombardeos. “Para mí es muy triste no poder estar en la Copa del Mundo, tengo mucha frustración con eso porque es una competición que significa mucho para mí”, dijo.

A menos de un mes para el inicio de una nueva cita mundialista, su nombre es recordado por siempre como el dueño de una marca histórica que es desafiada sin éxito cada cuatro años. ¿Seguirá vigente o habrá un nuevo rey en esta estadística?



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Irak vs. Noruega: formaciones, hora y dónde ver por tv IraqNT_EN

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Irak vs. Noruega. Foto: Twitter @nff_landslag / @IraqNT_EN

Erling Haaland, el temido ‘9’ del Manchester City, debutará este martes en una Copa del Mundo en el Irak-Noruega, un duelo que marca el regreso de estos dos países al escenario mundialista por primera vez desde 1986 y 1998, respectivamente.

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Noruega e Irak volverán a pisar un Mundial en el Gillette Stadium de Foxborough, en las afueras de Boston, un recinto con capacidad para 64.146 espectadores que fue durante 20 temporadas el hogar de Tom Brady con los New England Patriots de la NFL.

Tras quedarse fuera del Mundial de 2022 en Catar, Noruega aterriza en Estados Unidos tras una fase de clasificación impecable, con pleno de victorias, 37 goles a favor, solo 5 en contra y relegando a la tetracampeona Italia a su tercera ausencia mundialista.

Haaland, que se estrena en una Copa del Mundo con 25 años, suma 55 goles con la camiseta de Noruega en solo 49 partidos.

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Pero Haaland no está solo delante. Stale Solbakken cuenta además con Alexander Sorloth, punta del Atlético de Madrid, y con el desequilibrio por las bandas de Antonio Nusa y Oscar Bobb, jugadores del Leipzig y el Fulham.

De todos ellos, solo Sorloth había nacido cuando Noruega disputó su último Mundial, Francia 1998. Aquel equipo superó la fase de grupos tras imponerse por 2-1 a Brasil, pero cayó eliminado en los octavos de final frente a Italia.

Aunque Haaland acapara los focos, es Martin Odegaard, capitán del Arsenal, el auténtico cerebro que organiza el juego desde el centro del campo, conectando con los delanteros. La dupla Odegaard-Haaland simboliza la generación dorada noruega que ha puesto fin a siete ausencias mundialistas.

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La última de los 48
Para Irak, el partido del martes tendrá un significado especial al suponer su regreso a un Mundial tras 40 años de ausencia, en un largo periodo marcado por guerras e inestabilidad para ese país.

En su segunda participación en el torneo, los hombres dirigidos por el australiano Graham Arnold buscarán la primera victoria mundialista de su historia, tras marcharse de México 1986 con pleno de derrotas en la fase de grupos y un solo gol a favor.

Arnold, exseleccionador de Australia, tomó las riendas del equipo en mayo del año pasado tras el despido del madrileño Jesús Casas y logró mantenerlo con vida hasta alcanzar la quinta y última ronda de la repesca de la Confederación Asiática.

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Ahí dejó en la cuneta a Emiratos Árabes Unidos con un penalti en el minuto 17 del descuento, antes de imponerse en la repesca intercontinental a Bolivia en Monterrey (México) en marzo para lograr la última de las 48 plazas de este Mundial.

En una selección acostumbrada a sufrir, perseverar y sobrevivir desde la llegada de Arnold, destacan el veterano Aymen Hussein, autor de ocho tantos en la fase de clasificación, y Muhanad Ali, ahora en el Dibba de Emiratos Árabes Unidos tras asombrar en el Al-Shorta de Bagdad.

Ali Al-Hamadi, extremo del Luton inglés, será también una amenaza para Noruega en el duelo de Boston, al igual que el ya conocido por la afición nórdica Aimar Sher, centrocampista de recorrido y llegada que milita en el Sarpsborg 08 noruego.

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Noruega e Irak quedaron encuadradas junto a Francia y Senegal en el Grupo I, uno de los más duros del Mundial.

Probable formación de Irak vs. Noruega, por el Mundial 2026

Ahmed Basil; Merchas Doski, Akam Hashim, Zaid Tahseen, Hussein Ali; Aimar Sher, Amir Al Ammari, Ibrahim Bayesh, Youssef Amyn; Aymen Hussein y Ali Al Hamadi. DT: Graham Arnold.

Probable formación de Noruega vs. Irak, por el Mundial 2026

Ørjan Nyland; Julian Ryerson, Kristoffer Ajer, Torbjørn Heggem, David Møller Wolfe; Oscar Bobb, Sander Berge, Martin Ødegaard, Antonio Nusa; Erling Haaland y Alexander Sørloth. DT: Ståle Solbakken.

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Datos del partido entre Irak vs. Noruega, por el Mundial 2026

  • Hora: 19
  • TV: TyC Sports
  • Árbitro: Pierre Ghislai Atcho (GAB)
  • VAR: Amin Mohamed (EGI)
  • Estadio: Boston Stadium

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Así se vivió el histórico debut de Cabo Verde en el corazón de Dock Sud

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Los más longevos lloran. Los chicos se divierten, juegan, casi no miran el partido, pero entienden lo que está sucediendo. Otros se mantienen expectantes. Las atajadas de Vozinha parecen darle forma a una jornada épica, histórica. Cabo Verde empata con España en su debut mundialista y un centenar de personas estallan de alegría. No, no estamos en Praia -capital del archipiélago-; es Dock Sud, en el Sur del Conurbano Bonaerense.

Concretamente se trata de la Sociedad de Socorros Mutuos «Unión Caboverdeana», que a pesar del tiempo y la distancia mantiene viva una llama cultural única en el mundo. Son pocos los que pueden afirmar que habitaron las Islas. La mayoría son descendientes directos de inmigrantes, que nunca renunciaron a sus tradiciones.

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El sentimiento se mantiene.

Una comunidad caboverdeana en Dock Sud

Unos cuantos son vecinos, que no están vinculados a nivel sanguíneo con la comunidad, pero se sienten parte. Un mapa de Cabo Verde da la bienvenida, pero los lazos con la Argentina están, claro que están. Una remera con la cara de Maradona, colocada perfectamente a un lado de la camiseta de su Selección, custodia a todo aquel que ingresa al salón principal. «Son por Boca», le explica una mujer a Olé, sobre el color de sus uñas.

@serepettovello @roman.bonanno

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El clima es alegre. «Cabo Veee, Cabo Veee, vamos Cabo Veee», cantan, ilusionados, minutos antes de que la pelota comience a rodar en Atlanta. «Estar acá ya un montón, no podemos pedir más», explica más de uno en la previa. Luego, silencio. Tensión absoluta. Los ojos se posan en la pantalla, a la espera del milagro.

Son cien años de tradición caboverdeana. Son cien años de tradición caboverdeana.

En el Docke se reventaron las manos por Vozinha

Con el correr del partido, la figura del arquero Vozinha se comienza a agigantar. Es cierto, los Tiburones Azules (hoy vestidos de blanco) no pasan la mitad de la cancha, pero el 1 resiste el asedio rojo. Respiran aliviados ante la polémica pausa de rehidratación y algunos se levantan a almorzar. Según le comentan a Olé, el plato estrella de la comunidad es la cachupa, pero el menú para el debut mundialista fue fuerte y al medio: ronda de panchos.

Se reanuda el juego y los ánimos son diferentes. Cabo Verde toca la pelota, de forma discreta, pero no la revolea, y en Dock Sud eso se celebra. De todas formas, los chicos -que sacaron primera fila y se tiraron al piso- son elocuentes y piden que llegue el entretiempo. Acá cada minuto vale.

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«Ojalá se nos dé. Esto es algo único, se alinearon los planetas», reza Elbio Gomes, hijo de caboverdeanos que llegaron al país en 1949. Sin embargo, reconoce: «Yo soy realista, la verdad es que España está para campeonar, nuestro arquero es la gran figura».

Un momento histórico para la comunidad. Un momento histórico para la comunidad.

Mientras tanto, uno de los pibes que ocupan el sector VIP grita, asustado: «(Lamine) Yamal se sacó la pechera». El futbolista del Barcelona fue suplente por una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda, pero ante la falta de eficacia el entrenador Luis De la Fuente no tuvo más remedio que meterlo en el segundo tiempo.

El tiempo se escurre y los nervios se incrementan en Dock Sud. Los dirigidos por Bubista están llevando a cabo una magistral clase defensiva, es cierto, pero más de uno pide la hora en el seno de la Unión Caboverdeana. Los cinco minutos que agregó el árbitro jordano Adham Makhadmeh son eternos, pero llegan a su fin. Un centenar de camisetas azules hacen temblar el Sur del Conurbano, al grito de «Oooh, Cabo Verde, es un sentimiento…».

La lagrimas son de alegría. Otras son de nostalgia. Nostalgia de algo desconocido, porque son casi 7.000 kilómetros los que los separan de un archipiélago que nunca pisaron, pero que les es propio. Es felicidad porque el fútbol, una vez más el fútbol, los acercó un poco más a su tierra.

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Entre los hinchas caboverdianos que se juntaron a mirar el debut mundialista, esta mujer que llegó en el 80′ llevaba las uñas pintadas de azul y amarillo porque es hincha del Xeneize. @serepettovello @roman.bonanno

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La confesión de Mbappé sobre su momento más difícil en Francia: “Fue el peor ambiente que he vivido con la selección”

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El delantero del Real Madrid brindó una entrevista con preguntas de sus propios compañeros y se sinceró sobre el peor momento que le tocó atravesar como jugador de Les Blues

Kylian Mbappé identificó sin rodeos cuál fue el momento más oscuro que vivió dentro de la selección francesa: la Eurocopa 2021. Una competición en la que, según expresó, el ambiente interno se fracturó y Francia cayó eliminada ante Suiza en penales. “Fue el peor momento en cuanto a ambiente que he vivido en la selección”, afirmó el capitán francés, en una confesión que va mucho más allá del penal que él mismo erró aquella noche.

Fue durante una ronda de preguntas formuladas por sus propios compañeros cuando Mbappé abrió ese capítulo. La pregunta realizada por Warren Zaïre-Emery sobre qué momento de su carrera le gustaría revivir derivó en una respuesta que nadie esperaba tan directa. El delantero del Real Madrid mencionó partidos que cambiaría —entre ellos la final del Mundial 2022 ante Argentina, la final de la Champions League contra el Bayern de Múnich— pero cuando el periodista le preguntó específicamente por el penal fallado ante Suiza en los octavos de final de la Eurocopa 2021, Mbappé respondió con una sola palabra: “No”.

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La explicación que siguió fue precisa. “Esa no la cambiaría porque era unos octavos y no gastaría mis comodines en unos octavos. Se gastan en una final”, señaló. Pero a continuación añadió algo que iba mucho más allá del resultado deportivo: “De todos modos faltaba mucho para la final y por cómo estaba el ambiente, creo que no hubiéramos ganado”.

Esa frase abrió la puerta a una confesión que el capitán francés no había hecho con tanta claridad hasta ahora. “Fue el peor momento en cuanto a ambiente que he vivido en la selección de Francia”, afirmó Mbappé en la entrevista con Le Parisien. “Se notó en el grupo. Hablamos a menudo entre jugadores. Es el momento de la selección francesa en que sentí que el equipo estaba menos unido, en mis ocho, nueve años en la selección francesa”.

El capitán francés no lamentó el penal fallado ante Suiza, sino el clima interno que rodeó a Francia durante ese torneo (REUTERS)

El peso de esas palabras cobra dimensión cuando se considera que Mbappé debutó con Les Bleus en 2017 y que, desde entonces, atravesó competiciones de distinto signo: la conquista del Mundial de Rusia 2018, la eliminación en octavos de la Eurocopa 2021, la final perdida en Qatar 2022, la semifinal de la Eurocopa 2024. De todos esos momentos, eligió uno solo como el más duro en términos de cohesión interna.

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No dio nombres ni señaló responsables. Tampoco entró en detalles sobre el origen de esa fractura grupal. Lo que sí dejó en claro es que la desunión fue perceptible desde adentro y que, a su juicio, condicionó el rendimiento colectivo más allá de lo que cualquier resultado pudo reflejar.

Esa Eurocopa 2021 terminó con Francia eliminada en octavos de final, tras llegar a la tanda de penales ante Suiza, en un partido en el que Mbappé erró el último disparo. Durante años, ese momento fue leído casi exclusivamente como un drama individual. La entrevista agrega una capa distinta: el capitán francés no lamenta ese penal en el contexto de lo que vivió. Lo que lamenta es el estado del grupo que lo rodeaba.

La reflexión sobre aquel período contrasta con la forma en que Mbappé describió otras etapas de su carrera internacional. Al hablar del Mundial 2018, recordó con afecto a figuras del cuerpo técnico y médico que lo acompañaron, como el osteópata Tizot, quien lo ayudó a superar un bloqueo de vértebras la víspera de la semifinal ante Bélgica. “Me salvó la papeleta en 2018”, dijo el delantero, al recordar que esa mañana se despertó sin poder levantarse de la cama. Jugó la semifinal y la final, y Francia se consagró campeona del mundo.

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Mbappé señaló que el equipo estuvo menos unido en la Eurocopa 2021 que en cualquier otra competición de sus años con la selección francesa (REUTERS)
Mbappé señaló que el equipo estuvo menos unido en la Eurocopa 2021 que en cualquier otra competición de sus años con la selección francesa (REUTERS)

Ese contraste —entre el grupo que ganó en Rusia y el que se fragmentó en la Eurocopa 2021— no fue explicitado por Mbappé, pero la secuencia de sus palabras lo dejó implícito. La unión del vestuario, para el capitán francés, no es un factor secundario: es parte constitutiva de lo que un equipo puede o no puede lograr.

Al momento de la entrevista, Mbappé se prepara para disputar la Copa del Mundo 2026 con Francia. De los jugadores que estuvieron en Qatar 2022, solo cuatro permanecen en el grupo actual, dato que él mismo mencionó al reflexionar sobre la velocidad con que el fútbol transforma sus elencos. “Cuatro. Así ven el ritmo al que avanza el fútbol. Por mucho que te aferres al tren, a veces deja a muchos en el camino”, señaló.

Sobre el actual ciclo, Mbappé fue claro en cuanto a sus expectativas. El objetivo declarado es “traer la tercera estrella y volver a los Campos Elíseos con la copa en la mano”. Y sobre el ambiente dentro del grupo, no hizo comparaciones directas, pero el tono con que describió a sus compañeros actuales —Ousmane Dembélé, Marcus Thuram, Eduardo Camavinga, Aurélien Tchouaméni, Michael Olise, entre otros— fue el de alguien que habla de vínculos sólidos, construidos con tiempo y confianza.

La Eurocopa 2021 quedó, según sus propias palabras, como el capítulo que más le pesó. No por el penal. Por lo que había detrás.

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