CHIMENTOS
Hernán Arbuco de La Champions Liga: “Arranqué con el éxito y después quedé solo con mi tristeza”

Hernán Arbuco tiene 33 años, casi 17 de carrera y una historia que arranca en un vestuario de Vélez Sarsfield con un teclado Casio y canciones enviadas por Bluetooth. El creador de La Champions Liga pasó por Nunca me faltes, el ciclo de entrevistas de Infobae Studio que conduce Manu Jove, y habló como pocas veces: del éxito que llegó antes de que pudiera entenderlo, de los que se fueron cuando las luces se apagaron y de la crisis silenciosa que atravesó entre el fútbol que dejó y la música que todavía no sabía bien si era suya.
Esta vez, el invitado trajo una historia que va mucho más allá de los hits: la de un pibe de las inferiores que renunció a su sueño de ser futbolista profesional para apostar por una banda que nadie del ambiente tomaba en serio, y que terminó firmando un acuerdo con la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) para poder usar su propio nombre.
Aquí, los momentos destacados de la charla:
— Sos pendejo, pero tenés una carrera. ¿Cómo llevás eso?
— Siempre digo lo mismo. Empecé a cantar a los 17 años, me empecé a profesionalizar, y ya voy a cumplir casi 17 años de carrera. Arranqué a los 17, tengo 33, voy a cumplir 34. Entonces mi cabeza me dice: vas a ser más tiempo Hernán de La Champions Liga que sin ser Hernán de La Champions Liga. Lo llevo con responsabilidad. Me siento un privilegiado. La gente me transmite mucho el tema de “marcaste una época” y eso a veces no lo termino de dimensionar, tal vez por la edad. Trato de subirme al escenario y darles todo, que se encuentren con ese sentimiento de escuchar y decir: esto me hace acordar a cuando iba al colegio.
— Me interesa mucho esas dos vidas, la vida antes y después de ser Hernán de La Champions Liga. ¿Cuánto cambió en ese momento, cuando estalló, cuando empezaste a pegarla?
— Muchísimo. Lo primero fue renunciar a un sueño, que era ser jugador de fútbol. Yo estaba en inferiores de Vélez jugando a la pelota y empecé a grabar canciones. Era suplente, nadie me aseguraba nada. Llegó un momento donde descubrí una pasión. Hoy, más grande, creo que mi misión es la música.

— ¿Cuánto tiempo llegaste a hacer las dos cosas en simultáneo? O sea, seguías entrenando, seguías con los partidos y ya habías empezado a cantar, a presentarte en boliches, en shows.
— Lo pude hacer dos meses con los chicos de la banda que había armado con los del vestuario. El técnico hasta nos preguntaba si tocábamos ese fin de semana. Después, en diciembre de 2009, llegó una propuesta para hacer una gira en Uruguay y todo empezó a cobrar otro vuelo. Hice la pretemporada en enero de 2010 y ahí estaba tocando un poco. De hecho, hace poco conté que me descubrieron en una que fui a tocar. Fui a jugar sin dormir. Había un amistoso con Independiente el sábado. Me llama el técnico y me dice: “Mirá, me dijo mi hijo que iba a ver La Champions Liga en tal lado”. Y éramos nosotros. En ese amistoso de verano citaron 22 jugadores. De los 22, dos no entramos. Yo y un amigo. Nos mandaron a correr y nos dijeron: “Última vez, última vez”.
— ¿Y eso fue un poco un quiebre también?
— Eran señales. En septiembre, octubre, noviembre, diciembre de 2009 hice algunos shows con los chicos del club. A partir de ahí lo pude sostener hasta abril, tres o cuatro meses, porque ya eran muchas las propuestas. Vino una muy grande en Uruguay, la Fiesta de la Cerveza en Paysandú, ante unas 20.000 personas. Cuando me paré ahí fue tremendo. Era ver una multitud gritando por la Champions. Había tres artistas antes: Karina, 18 Kilates, Chili, y yo cerraba el festival. Me temblaban las piernas cuando me subí al escenario. Después de esa gira, en abril de 2010, volví a casa, miré a mi viejo y me dijo: “Ya está, me parece que vas a tener que tomar una decisión”. Fue muy claro y muy crudo: “El fútbol es difícil, vos no sos titular, podés tener una lesión de rodilla”. Y lo otro, una vida útil más corta como futbolista.
— ¿Es cierto que hubo algún reclamo de la UEFA?
— Sí, es cierto. Tengo un acuerdo firmado con la UEFA para poder usar el nombre. Cuando presenté La Champions Liga, hay un convenio donde la UEFA te pone oposición. Todos se agarraban de eso: “No tiene registrado el nombre”. Como mi cara no estaba tan impuesta, aparecían otros diciéndose La Champion Liga. Me llegaron a tratar de trucho. Para pelear contra eso recurría a los programas de fútbol, porque venía de ese palo. Fútbol para todos, La patada descendente, Pura química. Era batallar desde ese lado. Yo inventé la Champion Liga.

— ¿Hay un momento en el que te das cuenta, en el que te quedaste solo? ¿Cómo es ese momento en el que mirás para los costados y los que estaban ya no están?
— Duro. Es duro. Te lo cuento con 33 años, habiéndolo trabajado, pero en ese momento son desilusiones. Vos te bajás de un escenario con la adrenalina al palo, sos el número uno, todos quieren hablar con vos, todos quieren saber qué onda. Por ahí uno te cayó bien, dos también, confiaste. Lo invitaste a tomar un mate a tu casa, saliste una noche. Y después te diste cuenta o te pidieron un favor. Cuando las luces se apagan, miraba así y estaba solo. Solo. No había nadie que me iba a pedir una foto, no había nadie que me hablaba. Estaba solo con mi tristeza. Son muchas desilusiones, a veces de golpe.
— Y esto de la imitación, los imitadores, ¿conviviste un rato con ellos?
— Sí, hasta no hace mucho. En Bolivia hay un muchacho que usa mis dos nombres, Hernán Nicolás Arbuco, y se hace pasar por mí. Usa el piano blanco que yo uso, todo. Es una estafa. El nombre ya está registrado, tengo Hernán y La Champion Liga, con acuerdo y mediación de por medio. Pero en ese momento, ¿de qué me agarraba yo? Les cantaba y me decían: “Sí, vos sos la voz que yo escucho”. La movida tropical fue muy cruel con nosotros, porque yo venía del fútbol, nunca había pertenecido a una banda. Era como llegar de otro planeta. Y pegado, porque de arranque se pegó. Un representante me dijo: “En tu caso, nunca nadie había logrado que un fenómeno se hiciera tan grande sin ponerle dinero en difusión”. Lo mío fue un boca en boca. Me conectaba al MSN y veía que los estados decían: “La Champion Liga, No lo engañes más”. Pasaban coches escuchando. Decía: esto es una locura.

— En algún momento te arrepentiste de decir: che, no, era el fútbol, le pifié.
— Tuve cuestionamientos serios, por eso terminé en terapia. Cuando empecé a cantar, me decían: aprovechá, esto dura seis meses, como mucho un año. Y yo los miraba pensando: si dura poco y largué mi sueño, va a ser complicado. Pero ya estaba surfeando la ola. Siempre que intentaba bajarme del escenario, lo intenté varias veces, tenía como señales de la vida que me decían: por acá no. Soy muy de fe por eso.
— ¿Quisiste volver al fútbol?
— Sí, intenté. Me fui a probar a otro club, pero no me daba el físico ya de tanta gira. Y también me cambiaron los horarios. Hasta los 17 años madrugaba: colegio, entrenamiento. Después me transformé en un artista. Ya no hay más cuestionamientos.
— ¿Lo pensás a veces, qué hubiese pasado si elegías el fútbol?
— Eso me pasó con el orgullo más grande, con los que me cumplieron el sueño: con la Scaloneta. Los veía y decía: creo que ellos me cumplieron el sueño. Lo de Catar lo disfruté como si yo estuviese en el plantel. Lloré mucho con ese mundial, soy una persona emocional. Después de eso fue como que realmente me cumplieron el sueño que de chiquito yo soñaba. Al mundial vamos como con la manito en el bolsillo. Pero a la pregunta, me cumplieron el sueño.
— Y en ese consejo de aprovechalo, que no sabés cuánto dura, es que llega todo eso de la gira es interminable, los diez boliches una noche. O sea, entraste también en todo ese mundo.
— Claro. Cuando dejé el fútbol ya tenía gente que me representaba en Uruguay, tenía una propuesta en Argentina. Mucha data para un chico de 17 años con todo ese proceso. Yo siempre a mi equipo le planteo lo mismo: nosotros no hacemos cantidad, hacemos calidad. No me gusta el “dale, que no llegamos al otro”, andar llegando a las seis y media, siete de la mañana. El público paga una entrada y no le podés llegar a cualquier hora porque venís tocando. Ese fue un concepto que siempre intenté romper. Soy exigente con mis compañeros: somos privilegiados de trabajar de esto y hay que tomarlo con seriedad, más allá de que es una fiesta el show. Arranqué al revés: arranqué con el éxito. El furor duró un año, un año y medio, y después hubo que volver a empezar. Eso me hizo construirme como artista. Lo que sube de golpe es muy probable que baje de golpe. Trabajé mucho en mí mismo esa caída. Mucha gente me ve y me dice: arriba del escenario sos un león. Y abajo sos re chill. Mi lugar en el mundo es el escenario. Es como entrar a la cancha.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
CHIMENTOS
La influencer Geraldine Mayer rompió el silencio tras las gravísimas acusaciones de su hijo Tomás: qué dijo desde Miami

Hace apenas unas horas, Tomás Cataldi expuso con lujo de detalles el infierno que vivió en manos de su madre, Geraldine Mayer, una mujer que se hizo famosa como influencer de moda, mostrando una vida de lujos y supuesta felicidad familiar en la siempre soleada Miami. Según el joven de 20 años, la verdad es otra, muy distinta, y se parece mucho más a una película de terror.
Tomás mostró audios, fotos y videos como prueba para denunciar a Mayer quien, dijo, lo hizo sufrir “toda la vida”. El chico habló de humillaciones, maltratos, abuso psicológico, gritos, golpes y más. Y mientras las reacciones se multiplicaban en redes, en LAM se hicieron eco del tema, donde Pilar Smith contó que pudo hablar por teléfono con Geraldine.
Todo empezó cuando Ángel de Brito se refirió a un extraño tweet de Wanda Nara quien, en viaje a Milán, publicó “Mamá Tomi Cataldi” en relación a una nota sobre el viaje de la China Suárez y Mauro Icardi a Miami. Sin entender a cuenta de qué venía, en el panel mencionaron el truculento caso. “Hoy hablé con la madre, porque yo era amiga de ella cuando éramos chicas. La llamé”, reveló la angelita.
Según Smith, Mayer, que vive en Miami, “está destrozada”. “Está mal, dice que son mentiras, me negó todo, ´más adelante te voy a contar, pero no es así como él lo dice´”, contó que le dijo sobre las declaraciones de Tomás, que incluso mostró videos de los golpes que le propinaban en la casa. “Dice que lo que él dice son mentiras, estaba muy angustiada”, agregó.
LA TERRIBLE DENUNCIA CONTRA GERALDINE MAYER
A pesar de las contundentes pruebas que mostró Tomi en su video de 12 minutos lleno de estremecedores ejemplos de los maltratos a los que dice que fue sometido, la influencer señalada insiste en que el joven no dice la verdad. “Ningún padre violento lo acepta”, señaló entonces Denise Dumas, espantada con el relato.
“Este chico vive con ella en Miami y ahora se vino a Argentina, raro, a estudiar, a vivir con la abuela. Triste, muy triste; vamos a ver cómo sigue esta historia”, cerró Pilar Smith a horas del tremendo video lleno de gritos, imágenes y escenas terroríficas. ¿Y el padre? ¿Qué rol tenía en todo esto? “Mi papá siempre estuvo en la casa pero nunca me defendió en nada. Yo siempre rogándole que por favor haga algo”, dijo él.
Geraldine Mayer, Tomás Cataldi
CHIMENTOS
A 20 años de la muerte de Oscar Moro, el hombre que le puso ritmo al rock argentino

El 19 de junio de 2026, cuando Juanito Moro ocupó el lugar de su padre en la batería de Serú Girán para tocar con David Lebón y Pedro Aznar en el regreso de la mítica banda, la emoción en la sala fue física, palpable. Aznar lo presentó como “parte de la familia” y recordó que de chico andaba en una valijita mientras los músicos ensayaban, antes de que le compraran un moisés. Juanito tocó donde Oscar Moro tocó durante años. Con ese mismo apellido que, como escribió el periodista Claudio Kleiman, es tan pertinente que terminó convirtiéndose en su nombre.
Oscar Moro murió el 11 de julio de 2006 en su casa del barrio de Palermo, a los 58 años, víctima de una úlcera sangrante derivada de los excesos que lo consumieron en los últimos años de su vida. Había sido el baterista de Los Gatos, Color Humano, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y Riff, las bandas que construyeron el rock argentino de las décadas del 60, 70 y 80. Alguna vez, al recibir una mala nota de un crítico de rock como guitarrista, Keith Richards pidió: “Denme un jurado de mis pares”. Los pares de Moro, los músicos, nunca dudaron de su enorme estatura como instrumentista. Por eso, cada 11 de julio, en su honor, se conmemora en Argentina el Día del Baterista.
Moro nació en Rosario el 24 de enero de 1948. Su padre era representante de Vermouth Cinzano; su madre, ama de casa. Una familia de clase media alta que con el tiempo fue a menos. “Mi viejo era un atorrante y le empezó a ir mal. Tuvo que vender todo lo que teníamos. Quedamos en la lona”, contó en una entrevista al periodista Víctor Pintos. Moro tenía ocho años cuando su padre lo mandaba a insultar en la puerta de la casa del hombre que lo había arruinado. “Era muy feo para mí”, recordó. Sus padres tampoco sostuvieron su vocación por la música. “No querían que me dedicara a eso y no creían en mí”, dijo. Cuando encontró el camino, los ayudó económicamente.
La música fue su salida desde antes de tener palabras para explicarla. A los cuatro años golpeaba las cacerolas de su madre con palitos de plumero, imitando el redoble de los tambores de los granaderos en los desfiles frente al Monumento a la Bandera. Hizo la escuela primaria en la escuela Domingo Faustino Sarmiento. A los 13 años conoció a Cayetano “Kay” Galiffi, guitarrista con quien formaría Los Vampiros y luego Los Halcones. Moro practicaba en ollas de cocina porque no tenía batería. Galiffi, desde su exilio brasileño, lo recordó así: “Vivía batucando en ollas de cocina ya que no tenía batería. Mientras yo tocaba la guitarra criolla, él tocaba las ollas”.

A los 17 años decidió dejar el trabajo en la florería de su tío y probar suerte en Buenos Aires con una banda llamada Los Malditos. La despedida en la estación de trenes de Rosario fue, según sus propias palabras, “terrible”: él, su padre y su madre, los tres llorando. Moro se subió a la formación con su bolsito y una batería uruguaya de parches de cuero, con un platillo y un hit-hat.
A comienzos de 1967, Nebbia vio ensayar a Moro y a Galiffi. Los Gatos Salvajes —la banda que Nebbia y Ciro Fogliatta habían tenido en Buenos Aires— se había disuelto, pero Nebbia los invitó a los dos a sumarse a algo nuevo. Moro no dudó.

El epicentro de todo era La Cueva, el famoso sótano de la avenida Pueyrredón. En marzo de 1967 quedó formada la alineación de Los Gatos: Galiffi en guitarra, Nebbia en voces y armónica, Fogliatta en teclados, Alfredo Toth en bajo y Moro en batería. Los primeros meses fueron de una precariedad extrema. Seis personas en una habitación del hotel Impala, en Libertad y Arenales. Cuando salían de La Cueva a la madrugada, iban a amanecer en plazas o en la pizzería La Perla del Once, donde Nebbia y Tanguito compusieron “La Balsa” en el otoño de 1967. Galiffi recordó que la policía solía confundirlos con vagabundos por el pelo largo. “Nuestro dinero o alcanzaba para pagar el hotel o la comida. Lo que nos salvaba era que la pizza era barata”.
La grabación de “La Balsa” estuvo rodeada de caos desde el primer minuto. Moro llegó con toda la batería al lugar equivocado —confundió la dirección de los estudios de TNT, sobre avenida Santa Fe— y el primer día de sesión se perdió. Al día siguiente entraron al estudio “mal vestidos, todo mal, porque no teníamos ni un peso”. La toma que quedó registrada era una prueba, pero la compañía la editó tal cual. El sencillo, lanzado el 3 de julio de 1967, se convirtió en el primer gran hit del rock en castellano: 250.000 copias vendidas, el tema del verano 1967/1968. Mientras sonaba en la radio, ellos seguían sin poder moverse del hotel. “Escuchábamos en la radio los temas nuestros y nosotros estábamos muertos de hambre todavía en la cama”, recordó Moro.

Para ver su primera aparición en televisión tuvieron que pararse en la vereda bajo la lluvia y pedirle al dueño de un negocio de electrodomésticos que pusiera el televisor del escaparate en el canal correcto. Lo vieron desde la calle, con paraguas. En esa época, Moro tenía un único traje, marrón, tan rígido por el uso que sus compañeros lo apodaron “el hombre del traje de madera”. Lo usaba para todo: para tocar, para los ensayos, para la vida diaria. Cuando Moris le prestó uno para una presentación ante la prensa, el pantalón le quedaba corto y las mangas del saco no le llegaban a las muñecas. Se le rajó durante el show.
Los éxitos se acumularon: “Viento dile a la lluvia”, “El rey lloró”, “Seremos amigos”. El grupo llegó a hacer entre cinco y seis presentaciones por noche en los carnavales. Grabaron en Brasil para el Festival Internacional de la Canción Popular Brasileña —donde fueron eliminados en el tercer día porque su propuesta no encajaba en el formato del concurso— y completaron el disco Seremos amigos entre Río de Janeiro, San Pablo y Buenos Aires.

En 1969, con Los Gatos disueltos y 21 años encima, Moro embarcó hacia Nueva York junto a Toth y Fogliatta en barco. El viaje duró un mes. Nebbia se quedó en Argentina para afilar su carrera solista.
Vivieron en el Greenwich Village, canjearon trabajo en una librería del barrio por alojamiento en un altillo y salieron cada noche a ver música. Moro vio, entre otros, a Jimi Hendrix, Frank Zappa, Muddy Waters, Albert King y Procol Harum. En agosto de 1969 se realizó el Festival de Woodstock. Fogliatta, el mayor del grupo y el más prudente, se negó a ir. “No, a ver si nos pasa algo”, dijo. Moro no se lo perdonó. “Nos quedamos en Nueva York esos días y en el Greenwich Village no había nadie. A los dos meses se estrenó la película y la fuimos a ver. Cuando salí le dije a Ciro: ¡sos un pelotudo!”, contó años después entre risas.
De Nueva York volvió con algo más que recuerdos: trajo la primera batería Ludwig de doble bombo que se escuchó sobre un escenario argentino. El instrumento transformó su manera de tocar y, según Kleiman, marcó “de manera muy natural la transición entre el beat y el rock progresivo”. En Ezeiza los esperaban Nebbia, Norberto “Pappo” Napolitano y el músico y mánager Billy Bond, con ganas de rearmar Los Gatos. Galiffi se había quedado en Brasil, enamorado, y no volvería. Pappo entró como guitarrista.
La nueva formación ensayó quince días y se presentó el 28 de noviembre de 1969. Los dos discos que siguieron —Beat N°1 (1969) y Rock de la mujer perdida (1970)— son de los más valorados del rock argentino. En “Invasión”, un instrumental psicodélico de más de siete minutos que Moro compuso, quedó plasmada su madurez como baterista. Cuando Los Gatos se disolvieron definitivamente en 1970, Moro quedó sin trabajo. Para sobrevivir consiguió empleo como chofer de colectivos de transporte escolar para niños con discapacidad.

En 1972, Nebbia lo convocó para el grupo Huinca. Poco después llegó la invitación de Edelmiro Molinari, ex guitarrista de Almendra, para reemplazar a David Lebón en Color Humano. Molinari recordó que admiraba tanto a Moro que al principio no se animaba a llamarlo. “En esa época era como un sí o un no en un casamiento”, escribió. Cuando finalmente lo hizo, Moro aceptó. Color Humano era un trío experimental, con arreglos complejos que encontraron en Moro una química inmediata. “Me gustaba ensayar porque yo era enemigo de tocar boludeces, y eso era exigente. Con Edelmiro aprendí muchísimo”, recordó el baterista.
El bajista Rinaldo Raffanelli describió el efecto que Moro produjo en la banda: “Con su llegada se consolidó el trío y empezamos a sonar como una orquesta del futuro de Saturno. Era tremendamente poderoso en sus golpes de bombo y tambor. Sentía que antes del show entraba en una especie de trance donde sus brazos y su música fluían libremente con la fuerza de un toro”. El doble álbum Color Humano II y III (1973, concebido como tal, pero editado por separado por los costos de producción), con el largo tema sinfónico “La sangre del sol”, es uno de los registros más valorados de esa era del rock argentino. Color Humano se disolvió en 1974, cuando Molinari emigró a California.

Moro pasó por La banda de caballos cansados, de León Gieco y sesionó para el proyecto colectivo Porsuigieco antes de recibir la llamada de Charly García. Tras la disolución de Sui Generis, García armó La Máquina de Hacer Pájaros, un experimento de rock progresivo con Gustavo Bazterrica en guitarra, Carlos Cutaia en órgano Hammond y José Luis Fernández en bajo. Moro completó la formación y firmó dos discos con el grupo: La Máquina de Hacer Pájaros (1976) y Películas (1977).
García describió años después, cuando contaba cómo funcionaba la base de Serú Girán, el mecanismo rítmico de la banda: “Moro tenía una manera muy particular de lograr el backbeat. Entre él y Pedro Aznar tocaban una maraña de notas que se definía por la confección de la canción y el pulso rítmico de la guitarra y el piano”. El periodista Alfredo Roso, fundador de Expreso Imaginario, recordó los shows en vivo de La Máquina como “una música sofisticada y rica”, con García y Cutaia “dibujando arabescos en los teclados” y Moro sosteniendo todo desde atrás de parches y platillos.

Cuando La Máquina se disolvió, García convocó a Moro para su siguiente proyecto. Serú Girán —integrado por García, Lebón, Pedro Aznar y Moro— debutó en 1978 y se convirtió en la primera superbanda de la historia del rock argentino. Kleiman lo sintetizó con precisión: “Moro había sido tan eficaz en su paso por La Máquina que fue el único sobreviviente de esa banda en la siguiente aventura de García”.

La presentación oficial en el estadio Obras fue un fracaso. La prensa no entendió la propuesta y el público tampoco. El segundo álbum, La grasa de las capitales (1979), fue el punto de inflexión: las canciones más directas y las letras de crítica social catapultaron al grupo. Bicicleta (1980) consolidó el despegue. Ese año Serú se presentó en el Festival de Jazz de Río de Janeiro y el 30 de diciembre reunió a más de 60.000 personas en un recital gratuito en La Rural, el primero en que una banda argentina convocó esa cantidad de público. Peperina (1981) reafirmó la posición del grupo.
Durante esos años, Moro fue elegido sistemáticamente como el mejor baterista del rock argentino en las encuestas anuales de la revista Pelo. Pero nunca perdió la humildad. En una entrevista con esa misma publicación en diciembre de 1980 dijo: “A mí me eligieron porque soy el más popular. Hay muchos mejores que yo”. Y agregó algo que decía en serio: “Ojalá surgieran otras bandas que nos hicieran una competencia leal. Serú Girán está como un poco distante de todos los demás, eso no puede ser”.
Serú Girán se separó en 1982 cuando Aznar decidió unirse al Pat Metheny Group.

Tras la separación de Serú, todos sus integrantes hicieron su disco solista. En una entrevista para la revista Cantarock, Moro recordó entre risas que, cuando se lo propusieron, dijo “¿Qué iba a hacer en un disco solista? ¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”. Entonces, le ofreció al bajista uruguayo Beto Satragni, ex Spinetta Jade, formar un dúo. Así nació Moro-Satragni, un discazo producido con colaboraciones autorales de García, Luis Alberto Spinetta, Lebón y Lito Epumer en el que tocó un jovencísimo Ricardo Mollo. Grabó también con Celeste Carballo, Fabiana Cantilo y la banda de Alejandro Lerner.
En 1985 se sumó a Riff para grabar Riff VII junto a Pappo, Vitico y el entonces desconocido JAF. Los ocho meses con esa formación fueron, según su hijo Juan Santiago Moro, “uno de los momentos más felices de su vida”. “Con Pappo se llevaban muy bien desde la época de Los Gatos”, recordó Juanito. Las presentaciones en el estadio Obras y en Paladium quedaron parcialmente registradas en el disco en vivo Riff ‘n’ Roll (1986).

El regreso de Serú Girán en 1992 llenó dos noches el estadio de River Plate con más de 50.000 personas cada una y vendió más de 200.000 copias del disco Serú ’92, pero Moro se sintió perjudicado económicamente: alguna vez reconoció que ganó más dinero con Los Gatos que con Serú. “Nos cagaron los buitres. Cuando nos ofrecieron ir a porcentaje le dije a Charly: pidamos un fijo, no se puede controlar todo. Fuimos a porcentaje, y pasó lo que pasó”, recordó. El libro Entre lujurias y represión (Sudamericana, 2019), de Mariano del Mazo, recoge una escena del final del segundo show en River: García tiró la batería al piso en un arrebato. Moro lo corrió por el escenario a oscuras diciéndole “te voy a matar, hijo de puta”. Cuando encendieron las luces, los cuatro integrantes estaban abrazados saludando al público. Nadie advirtió nada.

Moro llevaba 28 años con su mujer, Regina, cuando dio la entrevista a Pintos, y la describió con una mezcla de amor y lucidez poco frecuente: “Nos queremos, nos peleamos. Es una relación total. Somos socios y enemigos. Más allá del amor, una gran pareja en la lucha”. Y agregó: “Yo también la banqué cuando ella estuvo mal”. Regina fue su gran soporte en los tiempos difíciles. De esa unión nació Juanito, también baterista, a quien Moro enseñó a tocar antes de mandarlo a estudiar con Daniel Colombres.
Moro se describía a sí mismo como frágil. “Soy muy ‘atravesable’”, le dijo a Pintos. Le hacían daño, mencionó en esa entrevista, los excombatientes de Malvinas abandonados por el Estado, los pibes que se suicidaban. Atribuía esa sensibilidad a una infancia solitaria, a la distancia con sus padres, a haber sido hijo único. La bohemia que había empezado en La Cueva continuó durante décadas, en los bares de Manhattan en 1969, en los de Londres en 1971, en las madrugadas eternas del Roxy de Congreso y el Samovar de Rasputín de La Boca en los años 90. El alcohol fue cerrando el círculo.

Su último proyecto musical se llamó Revólver, junto a Sergio Nasif, producidos hacia 2002 por su ex compañero de Los Gatos, Alfredo Toth, y Pablo Guyot. En el invierno de 2006, sus 58 años ya parecían varios más. Hacía un año y medio que no tocaba. Que no estaba en condiciones para hacerlo. Murió el 11 de julio de ese año, en su casa de la esquina de Serrano y Cabrera. Una úlcera sangrante, consecuencia del alcoholismo que lo había ido apagando en silencio, fue la causa de su partida.
Veinte años después, su hijo ocupó su lugar en la batería, casi al final del concierto que marcó el regreso de Serú Girán. Pedro Aznar y David Lebón lo presentaron con ternura y con orgullo. Contaron cuando Moro, mientras ensayaban en los primeros tiempos de la banda, lo acunaba dentro de una valija, porque aún no había plata para un moisés. Juanito tocó “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina”, y el estadio entero se puso de pie. Una fotografía de Oscar Moro llenó la pantalla del Movistar Arena. Fue la imagen más poderosa de la noche: la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva, en manos de alguien que la lleva en el apellido.
serú girán
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: sábado 11 de julio

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
Te sentirás especialmente activo y con ganas de resolver todo al mismo tiempo. Las conversaciones serán intensas y podrías defender tus ideas con mucha convicción. Será un excelente momento para estudiar, negociar o iniciar proyectos, siempre que evites responder impulsivamente.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
La atención estará puesta en tus recursos y en la búsqueda de una mayor estabilidad económica. Podrían surgir decisiones rápidas relacionadas con compras, inversiones o nuevos ingresos. Antes de actuar, será importante analizar cada paso para evitar gastos impulsivos.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
Con la Luna y Marte transitando tu ascendente, sentirás un gran impulso para avanzar y tomar la iniciativa. Tendrás mucha energía, magnetismo y rapidez mental, aunque también podrías mostrarte más impaciente o reactivo. Será un excelente momento para comenzar nuevos proyectos y expresar con claridad lo que deseas.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Necesitarás momentos de calma para ordenar tus emociones. Aunque externamente parezca que todo está tranquilo, internamente vivirás un gran movimiento emocional. Escuchar tu intuición antes de reaccionar te permitirá tomar mejores decisiones.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
Los encuentros sociales y los proyectos compartidos estarán muy movilizados. Podrás liderar grupos, motivar a otras personas o recibir propuestas interesantes. Sin embargo, será importante evitar discusiones por diferencias de opinión.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
La vida profesional demandará respuestas rápidas y capacidad de adaptación. Podrían surgir desafíos que pondrán a prueba tu liderazgo y organización. Si logras mantener la calma, este tránsito puede ayudarte a destacarte por tu eficiencia.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
Sentirás un fuerte deseo de expandirte, aprender y explorar nuevas posibilidades. Será un excelente momento para estudiar, viajar o comenzar proyectos intelectuales. Mantén la mente abierta, pero evita querer imponer tus ideas.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
Las emociones se vivirán con intensidad y podrías sentir la necesidad de resolver asuntos pendientes relacionados con vínculos o recursos compartidos. Será un buen momento para transformar situaciones estancadas, siempre desde el diálogo y no desde la confrontación.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
Las relaciones serán el centro de atención. Habrá mucho intercambio, movimiento y conversaciones importantes con la pareja o con socios. Será un excelente momento para aclarar situaciones, aunque deberás cuidar el tono para evitar conflictos innecesarios.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
Tu rutina se volverá más dinámica y exigente. Habrá múltiples tareas que resolver y sentirás la necesidad de mantener todo bajo control. Organizar tus prioridades será fundamental para no dispersar tu energía ni caer en el estrés.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
La creatividad y el entusiasmo estarán en su punto más alto. Sentirás deseos de expresarte, iniciar actividades recreativas o vivir nuevas experiencias. También será un tránsito favorable para el amor, aunque será importante actuar con paciencia y no dejarte llevar únicamente por el impulso.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
El hogar y la familia requerirán mayor atención. Podrían surgir conversaciones importantes o decisiones que movilicen el ámbito familiar. Será un buen momento para resolver diferencias, siempre buscando el entendimiento y evitando responder desde la emoción del momento.
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