DEPORTE
Jugó con el Dibu, quedó eliminado con Argentina en el Mundial y ahora el Chelsea lo comprará en ¡138 millones de euros!
El Mundial va llegando a su fin y, con ello, el mercado de pases europeo empieza a moverse con más intensidad. Con la mayoría de los equipos volviendo a los entrenamientos, la mira comienza a ponerse en la temporada 2026/27. Y en ese sentido, el Chelsea acordó la compra de un futbolista que jugó ante Argentina por ¡138 millones de euros!
Se trata de Morgan Rogers, quien se destacó en la última temporada en el Aston Villa del Dibu Martínez, además de que completó una buena Copa del Mundo jugando seis partidos. De hecho, el ofensivo fue quien le dio la asistencia a Anthony Gordon en el 1-0 parcial de Inglaterra ante Argentina.
Y ahora, más allá del mal trago que significó la derrota ante la Selección, Rogers ya sabe que pegará un gran salto, ya que según indican varios medios europeos, el Chelsea llegó a un acuerdo con el Aston Villa y se transformará en nuevo jugador de los Blues. Por eso, ahora tendrá como compañeros a Enzo Fernández y Valentín Barco.
Si bien aún no hubo anuncio oficial, se espera que el ofensivo se haga la revisión médica con el Chelsea este lunes, una vez finalizada la competencia de Inglaterra en la Copa del Mundo.
Los récords que romperá Rogers
Lo cierto es que este pase romperá varias marcas por las altas cifras que se manejan. Por un lado, Rogers pasará a ser el futbolista británico más caro del mundo, superando a Elliot Anderson, a quien el Manchester City compró hace unas semanas en 135 millones de euros. A su vez, también se transformará en la compra más cara en la historia del Chelsea, superando los 121 millones que puso por Enzo Fernández en 2023.
Por otro lado, Rogers pasará a ser el quinto futbolista más caro de la historia, quedando por detrás de Neymar (al PSG por 222 millones de euros), Kylian Mbappé (al PSG por 180 millones), Ousmane Dembélé (al Barcelona por 148 millones) y Alexander Isak (al Liverpool por 145 millones).

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El día que el fútbol cambió para siempre: hace 20 años, Lionel Messi debutaba en el Barcelona
Iban 81 minutos del clásico catalán entre Español y Barcelona, correspondiente a la séptima fecha de la Liga de España. Aquel 16 de octubre de 2004, a 6 kilómetros del Camp Nou, en el Estadio Olímpico Lluís Companys pocos imaginaban que iba a cambiar para siempre la historia del Barça. Y la del fútbol.
Fue hace 20 años, exactamente: la Pulga ingresó a los 37 minutos del segundo tiempo en el clásico catalán que su equipo se llevó por 1 a 0 ante el Espanyol. Faltaban nueve minutos para que finalizara el derby, empezaba oficialmente la carrera de Lionel Messi y, lo más importante, comenzaba una nueva era en el deporte más popular del planeta.
Barcelona, dirigido por Frank Rijkaard, derrotaba en el estadio Olímpico al Espanyol con un gol de Deco. Cuando faltaban ocho minutos para el final del tiempo regular, el entrenador sacó al portugués y en su lugar puso a Messi, quien por entonces tenía 17 años, 3 meses y 22 días y se convirtió así en el futbolista más joven en disputar un encuentro de liga en el equipo azulgrana (el serbio Bojan Krkic quebraría su marca tres años después).
«Estos diez minutos los voy a recordar toda mi vida, lo esperaba desde hacía tiempo», dijo luego del encuentro el rosarino, quien ese día llevó el número 30 estampado en su espalda y jugó como extremo derecho. En ese momento, también agradeció el gesto del DT: «Confió en mí cuando apenas tenía 17 años». Messi había debutado el 16 de noviembre de 2003 en un amistoso ante Porto, entonces dirigido por José Mourinho.
No obstante, a pesar de su juventud, Messi ya había sido apuntado en varias ocasiones como una gran promesa del fútbol mundial. «Máximo, máximo, en dos años Leo ya estará en la Primera de Barcelona dando espectáculo y será una súper estrella mundial», dijo en agosto de 2003 a El Gráfico Carles Rexach, ex entrenador del Barcelona, quien impulsó al club a contratar al argentino de 12 años que había llegado hasta Cataluña para probarse.
Siete meses después llegó su primer gol: lo marcó el primero de mayo de 2005 ante Albacete, tras recibir una asistencia de Ronaldinho. Aquella temporada 2004/05 el rosarino jugó en total 77 minutos y festejó el primero de sus 23 títulos con el conjunto catalán, en el cual fue dirigido luego por otros cuatro entrenadores: además de Rijkaard lo dirigieron Josep Guardiola, Tito Vilanova, Gerardo Martino y Luis Enrique.
Serían 17 años de Messi en el Barcelona, llenos de conquistas, distinciones individuales (ocho veces ganó el Balón de Oro) y de goles: 672 en 778 partidos. Entre los 45 títulos que ganó en toda su carrera, 29 fueron con el Barsa.
La polémica por los 45 títulos de Lionel Messi: ¿por qué algunas estadísticas erróneas le adjudican 46?
Algunas recopilaciones, sin el rigor correspondiente y hasta en contradicción de parámetros, consideran que Messi llegó a los 46 títulos ya que le suman la Supercopa de España de 2005, que no participó de ninguna de las dos convocatorias, una por estar en enfermo y la otra por decisión del entrenador holandés Frank Rijkaard.
«Desafortunadamente sólo 18 jugadores pueden entrar, pero no es una cosa para preocuparse. Hay muchos partidos y habrá sitio para todos”. Con esta frase, Rijkaard, DT de Barcelona en 2005, justificaba la decisión de dejar afuera del partido final de vuelta ante el Betis por la Supercopa de España a Lionel Messi, Maxi López y Damiá.
El 20 de agosto, el Barcelona fue campeón (ganó 3-0 la ida en Sevilla y perdió 2-1 en el Camp Nou) y los argentinos observaron los festejos desde la platea. Ni se atrevieron a bajar al campo de juego. No recibieron medalla. No aparecen en las fotos de festejos. No fueron campeones. Sin embargo, desde el Barcelona y la mayoría del mundo futbolístico le suma a Messi esa conquista y le otorgan 35 en lugar de 34 títulos en el club catalán
Para entonces, Messi ya había ganado dos títulos, la Liga 2004/05 con el Barcelona y el Mundial Juvenil Sub 20 de Holanda con el seleccionado. Después, continuó dando vueltas olímpicas y rompiendo todos los récords.
En 2015, tras ganar la Champions con el Barcelona en Berlín, se transformó en el argentino más ganador de la historia cuando superó a Alfredo Di Stéfano, quien obtuvo 24 títulos entre River, Millonarios, Real Madrid y la Selección Argentina.
De todas formas, con 45 títulos, Messi es el jugador más ganador de todos los tiempos. Y puede seguir sumando.
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La historia de Jorge Messi, el artífice silencioso que acompañó a su hijo para que cumpla sus sueños hasta llegar a la cumbre del fútbol mundial
El mundo del deporte vive horas de profundo dolor tras conocerse la noticia de la muerte de Jorge Messi, el padre del astro argentino Lionel, pero también aquel que lo acompañó desde múltiples funciones en su carrera deportiva.
Tal vez el punto fundacional de su rol haya sido cuando lo entrenaba de pibito en Grandoli. Quizás la raíz se fue expandiendo debajo de la tierra ante cada paso en las inferiores de Newell’s, donde también cultivó una de sus cualidades: estar siempre presente, pero pasando inadvertido. En algún punto, la línea estalló cuando debió dar un paso adelante y negociar para que Barcelona lo fiche con 13 años. Jorge Messi avanzó instintivamente y nunca más retrocedió. Fue padre primero, sumó el enfoque de representante luego y adquirió muchos años más tarde el traje de CEO de la estructura que arropó al futbolista que cambió la historia. El obrero que construyó su humilde casa en el sur de Rosario con sus manos se moldeó a sí mismo como un agente exitoso que fue la sombra de su hijo, un crack que lleva años de perfección en los rankings deportivos, pero también en los económicos: es uno de los deportistas que más dinero recauda dentro y fuera de la cancha en el planeta desde hace años.
Para entender la estética del padre de Lionel Messi hay que destacar primero una de sus mayores virtudes: sabía volar por fuera del radar, aprendió a no tentarse con los elogios, a no confundirse por esos flashes que explotaron a centímetros de su figura durante casi tres décadas. Aquel operario metalúrgico de Acindar que trabajaba de sol a sol para poner un plato de comida sobre la mesa de la casa ubicada en el estrecho pasaje de Lavalleja, sobre el Sur de Rosario, tuvo la sapienza para erigirse como un agente que guió una poderosa máquina de miles de caballos de fuerza muy difícil de manejar inclusive para aquellos pilotos administrativos con múltiples títulos de distinguidas universidades mundiales colgados en la pared. Voló bajito para que que las ondas del sonar no lo identifiquen, a punto tal que muchas veces fue ilocalizable para gente de su confianza laboral. Jorge fue padre, representante y CEO para Leo. En ese orden.
Padre porque desde que Leo era Piqui y empezó a correr en una canchita de fútbol, él se movió siempre con la certeza de saber que el nene sería una estrella. Aun cuando la línea de llegada estaba demasiado lejos y las tormentas repentinas del deporte estaban siempre a la orden del día. Y esas lluvias las sufrió en su propio sueño de ser volante de Newell’s, con la lesión que desestabilizó la carrera del talentoso Rodrigo, el mayor, y con las diferentes advertencias que dio el cuerpito todavía frágil de Leo inclusive después de aterrizado en tierras catalanas. Lo protegió, lo mimó, lo elogió, lo corrigió, lo apuntaló. Y allí lo que creció fue otra de sus virtudes: la convicción. Lo impulsó ese amor puro de padre que muchas veces empuja a ir de frente contra la tempestad por un hijo, pero con la diferencia de que él tuvo las evidencias sobre la mesa unos cuantos años más tarde. Leo verdaderamente fue el mejor en lo suyo.
A Jorge nunca se lo veía, pero siempre estuvo. En Newell’s, en la prueba en River, en Barcelona, en PSG, en Inter Miami y, claro también, en la selección argentina. Él no fue la pieza importante, entendía, pero sí es la que ecualiza la temperatura para que el motor no funda. “Messi es una PyME familiar muy bien gestionada. Jorge no es empresario, pero ha hecho todo intuitivamente y lo ha hecho muy bien”, había graficado tiempo atrás ante Infobae una persona que conoció los ritmos de la hermética familia. “¿Una empresa familiar? ¡No! Es una multinacional”, disintió otra personalidad que circuló por la intimidad de los Messi en aquel entonces. La diferencia sobre la definición estuvo en dónde se colocaba la lupa, entre el pequeño entorno que resguarda hasta el día de hoy a Leo habitualmente (Pepe Costa o sus hermanos cuando está en Argentina) y aquellos que focalizan en la estructura de contactos empresariales que montó Jorge desde que el efecto Messi empezó a erigirse en una marca de índole planetaria. Contrató a los mejores de cada rubro para estudiar cada una de las múltiples propuestas que llegaban a diario por Leo. Un filtro para organizar los pormenores en la vida de una estrella. Son aquellos que le permitieron generar proyectos fructíferos con Adidas, el Ministerio de Turismo de Arabia Saudita, HardRock, Cirque du Soleil, Budweiser, Pepsi…

Nadie podrá discutir que el mérito es absolutamente de Lionel. Su cabeza prodigiosa es tal vez mucho más importante que la brillantez de sus escurridizas piernas. Pero el entorno fue el marco teórico para que el éxito suceda y se prolongue. Con Celia y Jorge en el frente de batalla del escudo de blindaje, el padre tomó el rol de ordenar al grupo que colaboró para que Messi tenga su mente colocada el mayor tiempo posible en el fútbol y su vida personal. Que las esquirlas de la fama no lo laceren en exceso. Fue la voz cantante del team que arropó a Leo desde que se peleó con los dirigentes de la Lepra porque no le querían pagar el tratamiento de las hormonas hasta que se sentó a negociar un monstruoso acuerdo hace tres años para que su hijo cumpla su deseo de probar cómo es la vida en suelo norteamericano.
El operario de Acindar que se paraba a un costado alejado de las canchas en Malvinas y apenas emitía un silbido característico para que su hijo sepa que estaba allí con él, respetando ese código interno que tenían, rápidamente entendió que si había una gema había que pulirla con cuidado, cincelarla con amor. Leo debía jugar al fútbol y disfrutar de su talento, que su esencia no se modifique nunca, que su reservado carácter no sea un escollo. En el río revuelto del mundo del deporte, el botón rojo del crack está pegado al de proyecto frustrado casi indiferenciables. Aquello terminaron de entenderlo juntos. Leo tomó la decisión de permanecer en Barcelona mientras una fractura recién llegado sembraba interrogantes y su madre decidía volver a Rosario con sus tres hermanos que no podían adaptarse al nuevo mundo. Messi tenía apenas 13 años, pero miró el sacrifico a su alrededor y se juramentó no claudicar.
“Mi viejo estuvo siempre conmigo. Vivimos muchas cosas feas. Por ahí yo me encerraba a llorar solo en la pieza. O él sin que lo vea, o que sin que piense que lo vea. Hacíamos que estábamos bien los dos, pero estábamos mal. Mi viejo me pregunto: ¿qué querés hacer? ¿Quéres seguir o nos volvemos? Yo quise seguir y él se quedó conmigo“, relató Messi aquella escena con la voz entrecortada durante una entrevista en 2007 con el Pelado Ramírez en Rosario.
Jorge era hijo de Eusebio, quien le enseñó el oficio de albañil –y junto con el que construyó la casita de Lavalleja que la familia aún conserva– y que años más tarde puso una panadería tras abandonar el rubro de la construcción. Fue un correcto mediocampista en las inferiores de Newell’s que debió pisotear su sueños deportivos cuando entró en el servicio militar. Al finalizar la obligación marcial, se casó con Celia, su novia de toda la vida, y hasta fantasearon con irse a vivir a Australia. Fue cobrador de un instituto médico, hizo tornillos para un taller metalúrgico y entendió que para progresar debía estudiar algo. Se formó como técnico químico y entró a la fábrica de Acindar en los 80 a donde llegó a ser gerente, según reconstruyó la biografía “Messi” de Guillem Balagué.
El primer Jorge en pose de rudimentario agente era el que arrastraba por las calles catalanas bajo su brazo una humilde carpetita azul con algún recorte periodístico en la era pre redes sociales para explicarle el potencial de su hijo a aquel cronista que les hizo una de sus primeras entrevistas mientras tomaban una gaseosa sobre la Gran Via de Carles III, donde tenían el departamento que les cedió el Barcelona. Messi padre era la voz cantante en esa mesa compuesta también por aquellos representantes que asesoraron a la familia en una primera estancia.
Esa precuela del potente agente que vino después tuvo una especie de semilla fundacional cuando, más como una de las cabezas de la familia que como manager, llevó a su hijo a River para presionar a Newell’s y, ante la imposibilidad de conseguir el tratamiento hormonal para su hijo en Argentina, encaminó un modelo de acuerdo que para ese entonces era una rareza. Un mundo nuevo. Que un club europeo fiche a un futbolista extranjero de 13 años y que, aparte, le diera un salario anual, techo y trabajo a su familia, y hasta pagos por derechos de imagen, según la puntillosa reconstrucción de Balagué. Y, claro está, el determinante tratamiento para crecer. El quid de la cuestión. Leo era un pichón de crack, pero la apuesta era vanguardista, audaz. En ese entonces sentó a todos en una mesa, uno por uno. A Rodrigo (20 años), a Matías (18), a Leo (13) y también a la pequeña María Sol (5) para preguntarles si estaban de acuerdo de la propuesta que previamente habían masticado con Celia en la intimidad de la pareja. Se lanzaron a la aventura europea que tuvo miles de ribetes dramáticos hasta que las primeras voces de éxito golpearon la puerta.
Si bien el espíritu de representante no tuvo un suceso fundacional, y fue más bien una construcción con el tiempo, sí hay una tilde en el calendario en un enfoque más formal. Pocos meses después de arribar a Barcelona, en una renegociación de ese mentado contrato de infantil, halló cosas que no le gustaron de intermediarios y decidió tomar el mando definitivamente, según la reconstrucción de Balagué. Eran épocas donde el chiquito estaba en adaptación a su nueva vida y lloraba a escondidas de su padre. “Jorge se convirtió en sustituto temporal de amigos, en apoyo moral, en la columna vertebral de la vida de Leo en Barcelona”, lo resumió el periodista español.
Había dado algunas muestras de su método en el trayecto previo. Como la orden que le dio en aquel ya mítico intento de sumarse a las inferiores de River: “Fijate si te ponen, que se va a terminar la prueba”, le indicó desde atrás del tejido según el propio Jorge relató en Informe Robinson. “Hacé lo que sabés. Agarrás la pelota y directo al arco. Mostrate como sos”, lo volvió a apuntalar durante la prueba del Barcelona mientras los formadores de La Masía le exigían jugar a dos toques. No hay mayores registros de sus intervenciones a nivel futbolístico que esas. Su perfil fue cada vez más bajo, en consonancia con el crecimiento exponencial de su hijo. Apenas dio unas pocas entrevistas a lo largo de la historia (con El Gráfico, Kicker de Alemania, el Robinson de España o un escueto discurso en esa mencionada nota en Rosario del 2007 donde habló emocionado: “Hemos pasado muchos momentos buenos y no tan buenos. Sobre esos momentos no tan buenos vos sabés que siempre salimos reforzados”), además de su testimonio en un puñado de libros narrando a su hijo desde diversas perspectivas. “No es enigmático, es reservado. Él ya no es él. Jorge es Messi, entonces se cuida”, lo había pintado un hombre con amplio recorridos en medios años atrás.
Sus intervenciones en los últimos años se habían reducido a declaraciones escuetas con cronistas callejeros que lo abordaban sorpresivamente durante alguna negociación por el futuro de su hijo o con un esporádico posteo desde su cuenta de Instagram para desmentir informaciones que circulaban. Su última publicación fue en julio del 2024, con una caricatura celebrando la Copa América que Leo ganó con Argentina. Que su padre no diera entrevistas no significaba que su representante no hablara con la prensa fuera de micrófono llegado el caso para purificar algunos datos que circulaban especialmente en esas últimas temporadas altas de cambios de club.
Jorge se corrió del ojo, pero tuvo en claro que no era simplemente un familiar privilegiado de Leo. Montó una estructura con tintes empresariales con áreas preparadas para la comunicación, los negocios o las acciones que fuesen necesarias. Fue el primer cortafuego para masticar el avasallante sistema solar que gira en torno a uno de los deportistas más grandes de la historia. Sin embargo, él fue el primero en salir a flote cuando el contexto lo requería. Fue él en primera persona quien negoció con Joan Laporta antes y después de PSG. También quien entró con sigilo por la puerta del predio del Inter Miami para refinar los pliegos finales del arribo de su hijo en 2023 según pudo captar por entonces un ojo de Infobae en Estados Unidos.
No figurar no era sinónimo de no interceder. Jorge lo hizo cuando Newell’s no le quería pagar el tratamiento o cuando el Barcelona no les cumplía con el acuerdo del pequeño y le mandó una carta al propio Joan Gaspart que años más tarde difundió El Gráfico: “Mi situación y la de mi familia es gravísima”, se iniciaba ese breve texto del 2001 en el que le planteaba al presidente del club su preocupación por la situación económica pocos después de llegar a Europa.
Y al paso que la imagen de la Pulga se potenciaba, Jorge entendió que sus intervenciones de manager debían ser justas, moderadas y precisas. Pero debían ser. Aquellos que conocen el mundo de la AFA aseguran que respetaba la mirada de Julio Grondona (Leo, incluso, viajó de emergencia en el 2014 para estar en el funeral): “Mi padre lo ayudó mucho cuando Messi recién se iniciaba en el Barcelona, porque no ganaba mucha plata. El primer gran contrato de Messi lo logró mi papá con la empresa Adidas”, aseguró Humbertito sobre ese vínculo de la familia con su padre. Esos mismos que caminaron los pasillos albicelestes también grafican que no recuerdan casi haberlo visto por el predio de Ezeiza, el territorio de su hijo, pero coinciden en el trato cordial y respetuoso –no subordinado– que tuvo en cada llamado que mantuvo con empleados de allí. Incluso mantuvo esa línea cuando levantó el teléfono preocupado en plena era de la caótica AFA de la “Comisión Normalizadora” para entender lo sucedido con un grave error organizativo que puso en riesgo a su hijo, su representado, el mejor jugador del mundo. Jorge fue también a quien Leo llamó para girar la plata de los sueldos adeudados de los empleados del predio durante esa época o quien se encargaba de coordinar alguna acción solidaria de la Fundación Messi con la Selección.
“En un mundo donde el dinero transforma a las personas y las convierte en buscadores de oro, a mí Jorge Messi me parece de las personas más honestas que he conocido en el ambiente del fútbol. Eso no es habitual”, lo definió, en diálogo con este medio, tiempo atrás Balagué, quien tomó contacto con el mundo Messi cuando se lanzó a escribir su biografía.
El producto se vendía solo, pensarán muchos. No hace falta ser un cerebro brillante para que Messi tenga ofertas tentadoras deportivas o millonarias propuestas de empresas, plantearán. Pero hasta el proyecto más excelso puede terminar en el ocaso si no tiene el entorno adecuado. Los negocios, mal capitaneados, podrían tener como único norte el dinero lo que llevaría al inevitable naufragio más temprano que tarde. Leo está en la cima deportiva desde hace dos décadas. También lo está en lo económico, según el tradicional ranking de la revista Forbes en cada año. Fue el tercer deportista que más dinero acumuló en la década pasada con un ingreso estimado en 750 millones de dólares, el tercero que más plata registró en el reciente listado publicado en mayo y el segundo futbolista en aparecer en el selecto grupo de deportistas multimillonarios.
Seguramente hubo debates, intercambios de ideas, posturas distintas como en cualquier relación humana, como en todo vínculo padre e hijo, como en los diversos tratos entre manager y jugador, más entre dos caracteres decididos como los de Leo y Jorge, pero lo que primó en todos estos años fue la articulación para lavar las penas con las puertas de casa cerradas. Un currículum público limpio para un jugador que tiene una lupa en su nuca las 24 horas, los 365 días del año. ¿No les resulta llamativo que, al fin y al cabo, se conozca tan poco del tipo más conocido del planeta desde hace veinte años? Otra gestión de pura cepa de Jorge: perfil bajo. Incluso con el momento más incómodo fuera de la cancha durante el problema con el Fisco español en 2016 en el que dejó en claro ante el juzgado que la familia derivaba temas de esta índole en uno de los especialistas de la estructura y se hizo cargo de su error. La premisa para el equipo pareció ser entender que todo funciona para Leo y es él quien decide cuándo apretar el acelerador con declaraciones confrontativas o algún gesto como pudo haber hecho en la selección argentina o en Barcelona en alguna ocasión que sintió necesaria. El entorno no está allí para hacer ruido, no es la estrella sobre la que orbita el sistema. Casi no hay archivos públicos de declaraciones de sus hermanos o de sus padres, algo que imitó Antonela Roccuzzo con sus hijos, quien se muestra respetuosa si algún cronista la aborda pero brindó escasas entrevistas. Tampoco hay grandes descripciones por parte de los Pepe Costa o los Daddy D’Andrea que eventualmente lo cobijan según el entorno en el que transita. “Si ven que pueden confiar en vos, entrás en su mundo que es muy reducido. Te respetan y te cuidan”, narró una persona que conoció la cocina de las decisiones.

Evitar las turbulencias es lo que motivó este último paso rumbo a Miami. Sin posibilidades de acelerar el proceso en Barcelona, Leo, Jorge y el equipo de trabajo entendieron que no estaban dispuestos a pasar otra vez por la titubeante etapa de tratativas que por entonces decantó en su salida del club hacia Francia. Messi padre se sentó ante la directiva blaugrana y les anunció que no querían vivir de nuevo esa traumática experiencia de incertidumbre. “Si hubiese sido una cuestión de dinero me habría ido a Arabia Saudita. La verdad es que mi decisión pasa por otro lado y no por dinero”, lo explicó luego el propio Leo.
Campeón de todo, definitivamente indiscutible en Argentina, a Leo sólo le quedaba reencontrarse con el calor hogareño que lo abrazó en Barcelona. “Yo siempre tuve la ilusión de poder disfrutar y vivir la experiencia de vivir en Estados Unidos”, había adelantado años antes de llegar a Miami. Un entorno social y cultural distinto para la familia. Una prueba menos hostil que la experiencia en París. Desembarcó a los 36 años y con un acuerdo fructífero en el que, según The Athletic, también se sumaron a la mesa de negociaciones Adidas y Apple, dos de los principales patrocinadores de la MLS, para reconocer económicamente al mejor futbolista del mundo.
Poco a poco, en los últimos años, Leo empezó a tomar la posta de estos negocios desde la calma del éxito que construyó en Inter Miami: “Tuve una carrera deportiva muy larga y siempre tuve gente alrededor mío de confianza, que se ocupaba un poco de todo eso, pero en el último tiempo me interesé mucho más en lo que se hacía y lo que se puede hacer. El fútbol tiene una fecha de caducidad, lamentablemente. En algún momento se termina. Y me gusta empezar a ver qué se puede llegar a hacer. El empresariado me gusta, quiero seguir aprendiendo. Estoy arrancando en esto. Siempre me dediqué al 100% a la profesión, pero sé que se viene otra cosa, otro mundo y de a poquito me voy metiendo”, lo explicó el mismo Messi tiempo atrás en el America Business Forum. Desde entonces, se expuso más. Se mostró asociado a Luis Suárez en el Deportivo LSM, encabezó el desembarco como propietario al UE Cornellà de España y apoyó el proyecto familiar de Leones FC en Rosario.
Es cierto que Leo se desvive por Celia, su madre. Es la que decora el ambiente del cariño más puro. La cara de ella fue de sus primeros tatuajes. Pero siempre supo que Jorge fue el que arriesgó un pleno por él desde el primer minuto. Se jugó entero. Dejó todo en Rosario, su familia, su trabajo, sus amistades y se bancó los cachetazos cuando las cosas estuvieron más hostiles. Lo escuchó cuando le dijo que su sueño era ser futbolista, aunque apenas era un adolescente. Sin embargo, el éxito de esta relación padre/hijo, representante/representado, podría explicarse, al fin y al cabo, desde algo más elemental, más sencillo, como lo definió alguna vez Balagué en la biografía de Leo: ”Son los dos discretos, igualmente reservados. Hechos con el mismo molde para tantas cosas”.

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Tigre vs River Plate: formaciones, hora y dónde ver por tv
Tigre vs River Plate, por el Torneo Clausura 2026. Foto: Twitter @RiverPlate
Tigre y River se enfrentarán este sábado desde las 17 en el estadio José Dellagiovanna, por la cuarta fecha del Torneo Clausura 2026 de la Liga Profesional.
El arbitraje del partido estará a cargo de Andrés Gareano mientras que la transmisión del encuentro se podrá ver por la pantalla de TNT Sports Premium.
¿Cómo llegan los dos equipos?
El conjunto dirigido por Diego Dabove comenzó el Clausura con una derrota, luego consiguió una victoria y viene de un empate por lo que suma cuatro puntos de nueve posibles.
En la primera fecha, Tigre visitó a Estudiantes de Río Cuarto y cayó por 1-0. El único gol del encuentro lo marcó Sergio Ojeda a los 70 minutos, en un partido en el que el Matador presentó una formación con varios suplentes debido a su participación en la Copa Sudamericana.
En su segundo encuentro, que fue el de la tercera fecha, logró una enorme victoria como visitante frente a Racing por 3 a 1. Un gran partido por parte de los de Davobe, aprovechando los espacios que dejaba La Academia.
Y por último, en el partido reprogramagado de la fecha 2, el Matador empató por 0 a 0 frente a Belgrano. En un partido aburrido, el conjunto de Victoria cosechó un punto frente al último campeón del fútbol argentino.
Del otro lado estará River Plate con un presente completamente diferente. El equipo de Eduardo Coudet perdió los tres partidos que disputó en el Clausura y todavía no pudo convertir goles.
El debut fue con una derrota 1-0 frente a Barracas Central en el Monumental. Luego, River volvió a caer por el mismo resultado ante Gimnasia de La Plata como visitante. En la tercera jornada, nuevamente en Núñez, perdió 1-0 frente a Rosario Central.
El resultado ante el Canalla profundizó una crisis que ya había comenzado antes del Clausura. River acumula cinco derrotas consecutivas en torneos de AFA y atraviesa su peor racha de este tipo desde 1911, según los registros citados por AS.
Además, el problema ofensivo es uno de los principales puntos de preocupación: en las tres fechas del Clausura, el equipo no convirtió ningún gol y recibió tres.
Probable formación de Tigre vs River Plate, por el Torneo Clausura 2026:
Felipe Zenobio; Valentín Moreno, Alan Barrionuevo, Joaquín Laso, Nahuel Banegas; Jalil Elías, Martín Garay; Jabes Saralegui, Elías Cabrera, Santiago López; Ignacio Russo. DT: Diego Dabove.
Probable formación de River Plate vs Tigre, por el Torneo Clausura 2026:
Santiago Beltrán; Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Nicolás Otamendi, Francisco Ortega; Aníbal Moreno, Tobías Andrada, Tomás Galván o Fausto Vera; Ángel Correa; Joaquín Freitas y Rafael Santos Borré. DT: Eduardo Coudet.
Datos del partido entre Tigre vs River Plate, por el Torneo Clausura 2026:
- Hora: 17 horas
- Estadio: Jose Dellagiovana
- Árbitro: Andrés Gareano
- TV: TNT Sports Premium
Tigre,River Plate
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