POLITICA
Kicillof se blinda frente a la interna con los Kirchner: el silencio como protección y la cautela como sello

“Están hablando solos. Y eso es lo que van a seguir haciendo”. Corto y filoso. Ese fue el mensaje que surgió del corazón del esquema político que conduce Axel Kicillof. Los destinatarios son, a esta altura de los acontecimientos, más que evidentes: La Cámpora y el universo cristinista. Los que están del otro lado de la grieta kirchnerista.
Sin respuestas, no hay interna que pueda crecer en volumen. El gobernador bonaerense buscará en el silencio su aliado protector para los ataques de sus rivales internos. En las últimas semanas el jefe de Gabinete, Carlos Bianco, fue el único que dio alguna respuesta vinculada a la interna. Poco y nada para el tenor de la batalla.
El resto de la tropa no se refirió al tema. El ex ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni fustigó a Kicillof en los últimos días. Aseguró que el mandatario provincial “no quiere representar al peronismo”, que busca armar “un peronismo sin Cristina” y que decidió construir un “frente de izquierda progresista y albertista”. Nadie le respondió.
El Gobernador quiere neutralizar la interna bloqueando al camporismo con el silencio. En esa decisión de evitar las respuestas se origina lo que algunos kicillofistas creen que es la disociación entre lo que representa el cristinismo y lo que están construyendo ellos. “La línea divisoria es entre los que queremos ganar y los que no se sabe”, sentenció un funcionario de alto rango en el gabinete bonaerense.

En el kicillofismo consideran que los ataques del sector de CFK es pura ganancia para ellos. Porque las voces del cristinismo quedan como provocadoras y porque exponen, en un mensaje que puede ser decodificado con exactitud en el micromundo de la política, que Kicillof no se somete a los designios de los Kirchner. Además, creen que cada vez que suman un cuestionamiento, quedan más disociados de la realidad de la gente. Percepciones de La Plata.
En definitiva, en el sector del Gobernador buscan encapsular las críticas del cristinismo y exponerlas como parte de un plan de acción que tiene más que ver con una lucha de poder interna que con el armado de una alternativa seria para enfrentar a Javier Milei. Kicillof pide orden y cautela. Hacer un equilibrio entre la audacia y la prudencia.
En la última reunión del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) que hubo en La Plata, Kicillof pidió no contestar chicanas y esquivar los ataques. Cree en esta táctica de defensa para mantener su construcción política indemne a los chispazos de la interna con los Kirchner. Y, mientras tanto, insistió en la necesidad de seguir adelante, construyendo un esquema político y buscando tender puentes con nuevos aliados. Con cierta ironía un dirigente que convive a diario con el economista largó un dardo hacia el camporismo: “Mientras ellos más se alejan, más se acercan otros espacios”.
Se trata de pescar votos por fuera del peronismo. Ahí está una parte importante de la tarea que ven por delante. Sino serán siempre los mismos, pero divididos en distintas expresiones. Porque en el kicillofismo asumen que CFK va a poner algún candidato en cancha, ya que no lo va a apoyar al Gobernador. La unidad es una utopía, las PASO son una opción y la interna partidaria es un camino lleno de curvas. La incertidumbre sobre el futuro es absoluta. Por eso los distintos sectores del peronismo ponen el pie firme en el presente.

Las elecciones Primarias podrían ser la clave para el ordenar el espacio político. Aunque el paso del tiempo y la degradación del vínculo personal y político entre los Kirchner y Kicillof, siembre un interrogante enorme sobre la posibilidad de convivir en un eventual gobierno. Por eso las PASO pueden ser una solución a medias. Porque permitiría legitimar un candidato ganador, pero dejaría un tendal de heridos y una enorme cantidad de dudas sobre un futuro compartido. La ruptura interna es muy profunda y no hay tiempo de sellarla con un perdón basado en el pragmatismo.
Un outsider para ganarle a un outsider y el movimiento federal
Una de las novedades que se metió en la conversación peronista de esta semana es la posible candidatura de Jorge Brito (H). El empresario, que tuvo un paso exitoso por River y es dueño de uno de los bancos más importantes de la Argentina, se metió en la agenda política. Fue a través de dos nombres propios que trabajan para convencerlo de que puede ser el represente de una opción de centro dentro del universo peronista: Nicolás Massot y Diego Bossio.
Massot, que trabaja en tándem con Emilio Monzó, se refirió a la posibilidad de que Brito salte a la cancha de la política electoral. “Es uno de los empresarios más importantes del país y de los que más empleo genera. Tiene participación pública, tiene inquietud y tiene ideas. Quiere contribuir a generar una alternativa a largo plazo y desarrollo económico”, sostuvo el diputado durante una entrevista en el canal de streaming LACA.
Massot señaló también que Brito “está dispuesto a dedicarle tiempo y energía”, y a “arremangarse para tratar de ayudar a construir algo que nos saque de este juego de suma cero permanente”. El legislador planteó que el empresario “es un outsider para la política electoral”, pero que está empapado de la realidad económica del país. “Entiende muy bien de que estamos hablando”, aseguró.

El otro dirigente político que empujó su nombre a la cancha electoral fue Bossio. El ex titular de la ANSES dijo que Brito “tiene una vocación y un compromiso por las cuestiones públicas”, que si juega el año que viene “puede ser una alternativa completamente distinta” y que su presencia “le daría frescura a la política argentina”. Además, repasó su paso exitoso por River y los avances en insfrastructura y gestión institucional que tuvo en el club de Núñez.
El nombre de Brito empezó a sonar hace un tiempo dentro de las terminales del peronismo como una opción por fuera de la lógica política. La segunda parte del año será clave para que el empresario sepa dónde está parado respecto a la percepción del electorado sobre una figura de su estilo. También para ver cuál es el acompañamiento dirigencial que tiene dentro de un universo tan heterógeneo como el del peronismo. Faltan las señales de su voz para que el proyecto tenga un salto cualitativo.
En paralelo, los representantes del peronismo federal avanzan en la construcción de una colectora que los lleve a la mesa de definiciones de la fuerza política. Sergio Uñac empezó a caminar solo esta semana. Estuvo en Misiones y Corrientes mostrando su voluntad de ser candidato y juntando apoyos, de abajo hacia arriba, para ser una opción en el 2027. Es uno de los pocos nombres del peronismo que están caminando con decisión.

Por su parte, el grupo de Olmos, Michel, Tolosa Paz y Achával empezó a armar un nuevo acto en el norte argentino, tal como contó Infobae esta semana. Ese sector está edificando una propuesta y abriendo las puertas para la dirigencia del interior que no tiene un techo más amplio donde resguardarse. Apuestan a tomar volumen con representación en los próximos meses y llegar al próximo año con el nombre de un candidato que sea representativo de esa identidad.
Falta un año entero para la elección presidencial. Tiempo suficiente para que surjan nuevos candidatos, para que algunos de los que están en pie tengan más consenso o para que la interna bonaerense haga volar todo por los aires. La responsabilidad y las ambiciones de la dirigencia política en los próximos meses empezará a construir ese futuro que en la actualidad es imposible dimensionar.
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POLITICA
La delgada línea entre el milagro y la catástrofe

Javier Milei y Axel Kicillof convivieron dos días bajo el cielo de Nueva York sin verse, pero como si se persiguieran con las palabras. Desplegaron un duelo de desmesuras ante inversores y políticos. Donde el presidente libertario ve un boom de crecimiento y consumo, una Argentina a la que “los dólares le salen por las orejas”, el gobernador peronista distingue “una catástrofe”, un desierto de empresas quebradas y desempleo masivo. Lo que dejaron fue una estela de desconfianza, acompañada por una suba del riesgo país hasta el nivel más alto desde abril.
La doble visita resultó una puesta en escena del carácter provisorio de la transformación que experimenta la Argentina. Milei ha optado por aferrarse a la polarización con el kirchnerismo, o sus herederos, y esa decisión lo expone delante de los actores económicos a los que seduce para que se lancen a invertir.
Su lógica de empujar reformas del 50%, sin buscar mínimos puntos de consenso con una oposición a la que baña de insultos a diario, cubre su programa de un manto de incertidumbre. Lejos de ser una brújula fiable, el famoso “rumbo” queda sometido a un examen permanente de opinión pública. Preso de los resultados de corto plazo. El apego al equilibrio fiscal, la nueva legislación laboral, la apertura comercial, el incentivo a las grandes inversiones del RIGI y el alineamiento geopolítico con Estados Unidos se asumen como decisiones personales de Milei.
“Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, (el riesgo país) sube, obvio”, dijo Milei el miércoles, cuando la tasa ya superaba los 550 puntos. Aludía a Kicillof, por ahora el dirigente que lo sigue más de cerca en las encuestas de intención de voto presidencial, aunque todavía le quede un pedregoso camino para afianzarse como el candidato del peronismo. Lo llamó “enano soviético” y otras lindezas por el estilo ante auditorios que tienen un temor innato a los políticos de inclinación intervencionista.
Agitar el “riesgo kuka” es un cuchillo de dos filos. Agrupa a un sector del electorado al que le causa escalofríos el recuerdo de los gobiernos kirchneristas, pero vuelve conservadores a los que mueven el dinero. Lo sabe el ministro Luis Caputo, que por eso hace tiempo decidió declarar que, a su juicio, es imposible que en 2027 el peronismo vuelva a gobernar el país.
Pero la tentación de culpar al enemigo es más fuerte cuando la economía no llega al lugar que el Gobierno espera. A estas alturas del año, Milei y Caputo proyectaban que la inflación habría caído por debajo del 1 por ciento mensual y que el crecimiento sería perceptible para la mayoría de la población. Tienen, en cambio, la actividad en retroceso, el empleo planchado, niveles de mora crediticia récord y movimientos de precios que aún impiden un despegue de los salarios.
Como consecuencia de este presente de estabilidad escuálida, el liderazgo de Milei en la carrera presidencial se ha vuelto difuso.
El ministro de Economía, que llegó a imaginar las elecciones del año que viene como “un paseo por el parque” para los libertarios, se desvive por garantizar un blindaje de reservas que le permita pulsear con el mercado en la temporada de votación. El objetivo número 1 de su gestión es evitar una corrida cambiaria ante el miedo a un vuelco radical en las reglas de la economía. La estabilidad se mantiene como el mayor tesoro a cuidar. La tasa de inflación de agosto, de 1,7% y la más baja en 14 meses, lo invita a perseverar en esa dirección.
Milei ajusta las promesas al andar. Los “mejores 18 meses” de la historia que según Caputo iban a empezar en abril se mudaron a un futuro hipotético. “Si somos reelectos, el 2028 va a ser el mejor año de la Argentina”, pontificó el Presidente el jueves. Un arquero que no para de correr el arco. Fue otra invitación a que los grandes jugadores del mercado profundicen su inclinación al “esperar y ver”.
El dilema peronista
Kicillof buscó aguarle la fiesta. En sus charlas con financistas y políticos refutó la orientación liberal y desreguladora de Milei. Se presentó como defensor de un rol fuerte del Estado en la economía, habló de una “tragedia educativa” y descalificó la doctrina trumpista de intervención en la región. A su propuesta le falta aún una definición nítida sobre cuál es la receta que lleva al crecimiento. En las últimas semanas mencionó al pasar la necesidad de “orden económico”, sin que surja aún de esas palabras un mensaje explícito contra el prejuicio muy extendido de que un triunfo del peronismo implicaría el regreso de la inflación desbocada.
Ni él ni ninguno de los integrantes del disuelto Frente de Todos ha ofrecido una explicación concreta sobre por qué fracasó el gobierno de Alberto Fernández y qué se hizo mal para que al entregar el mando la inflación interanual fuera del 211%. Sergio Massa, el ministro de Economía que perdió contra Milei, no volvió a hablar en público sobre su gestión. Cristina Kirchner mantiene la centralidad a pesar de estar en prisión domiciliaria y se limita a recordar que ella señaló en su momento las disidencias con Fernández. Una verdad a medias, porque nunca abandonó en aquellos años la jefatura del oficialismo y el poder sobre áreas centrales de la administración.
La carencia de una autopsia del último gobierno peronista opera como un freno de mano en la renovación opositora. Contrasta con lo que hizo Mauricio Macri después de su derrota en 2019. Él se tomó un tiempo para explicar por qué no había logrado sus objetivos económicos y concluyó que, si tuviera la posibilidad, “haría lo mismo, pero más rápido”. Esa autocrítica desdibujó a Juntos por el Cambio y anticipó a Milei.
Un peronismo sin el vigor de otras épocas, desprovisto de un liderazgo claro y sometido a batallas internas destructivas, le da a Milei oxígeno para pensar cómo salir del laberinto del estancamiento económico. La imagen positiva que perdió el Presidente no engorda a sus rivales. Pero el descontento social y las expectativas menos optimistas respecto del futuro producen efectos inmediatos en el plano político.
Sin esas condiciones, sería impensable el libertarianismo crítico que ensaya Patricia Bullrich o la candidatura en gestación del economista Hernán Lacunza desde el Pro, a pesar de que, en paralelo, Macri y la hermana del Presidente abrieron la negociación de una alianza de alcance nacional. “Tengo mucha confianza en que los argentinos van a quedarse con la versión del cambio de primera mano, no con la segunda marca o la tercera”, dijo Milei el jueves, en lo que pareció un mensaje a quienes lo desafían desde su andarivel ideológico.
Los retrocesos de Milei
Esa rigidez narrativa contrasta a menudo con la dinámica real de su gobierno. Milei no pacta de antemano, pero suele retroceder después. Empuja reformas sin acuerdos previos y frena cuando la realidad le pone un límite. Solo lo disimula con una pose dogmática y palabras incendiarias.
Se volvió el primer malvinero después de la oalista que se impuso a raíz del partido del Mundial entre Argentina e Inglaterra. Tardó en entenderlo y lo asumió cuando debió resignar las modificaciones a la ley de tierras que impulsaba como parte esencial de su revolución. Esta semana, ante la Asamblea General de la ONU, se presentó como el único presidente argentino dispuesto a pasar a la acción para recuperar la soberanía, pese a que su mayor gesto hasta ahora ha sido proponer una versión más dura de una ley vigente desde 2011 para sancionar a las empresas que extraen recursos en las islas y el mar circundante.
Otro giro sin sutilezas se dio en la discusión por el financiamiento para el área de discapacidad, al renunciar a los recortes que había impulsado la semana pasada en el texto del presupuesto 2027. La reacción política y social desató un clamor de los propios. El clima ya no está para presumir de crueldad con los más débiles, como solían hacer algunos de los libertarios más conspicuos. Aquellos que desafiaban en redes sociales a un chico autista o usaban como insulto el término “mogólico”.
Los aliados parlamentarios están menos propensos a convalidar nuevos ajustes impopulares. “Hay campo fértil para que nos toreen con leyes que amenazan el superávit fiscal. Ya pasó el año pasado antes de las legislativas”, dice uno de los integrantes de la conducción legislativa de La Libertad Avanza. Milei llama a no ceder, salvo en los casos que lo expongan a una crisis.
El termómetro del humor social aconsejó también pasar a pérdida a Manuel Adorni, que el lunes explicó ante los tribunales que había hecho su patrimonio gracias a ganancias extraordinarias con criptomonedas que ocultó al fisco durante años. Contó que guardó en su casa casi 600.000 dólares en 2017 y vivió con disimulo, austeramente, hasta que fue designado en el Gobierno, a finales de 2023. Milei no volvió a clamar la inocencia de su amigo. En las redes sociales no hubo ni un “fuerza, Manu”. El vocero Adrián Ravier se limitó a decir que será la Justicia la encargada de determinar si la explicación del exjefe de Gabinete es cierta o no. El último hilo de cortesía con Adorni consiste en mantenerle la custodia y el auto oficial.
La nueva tierra prometida
El foco del Presidente estaba puesto en la visita a Manhattan. En desplegar otra vez su oferta de una nación abierta a la inversión, destinada a convertirse en un proveedor privilegiado de minerales críticos, energía y espacio físico para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. “Argentina es la nueva tierra prometida”, anunció en Nueva York. Explicó que su problema hoy consiste en que no se aprecie más el peso ante el auge de las exportaciones. Ahí encajó su metáfora de los dólares que nos salen por las orejas. Incluso se permitió fantasear con pasiones personales, como cuando dijo que soñaba con tener un Tesla Cybertruck negro con un león dorado para pasearse por Buenos Aires.
Pudo celebrar un acuerdo con Estados Unidos sobre proyectos de infraestructura estratégica por 7000 millones de dólares. Es otro triunfo en espera, sujeto a que el péndulo argentino no se active otra vez.
Antes de volverse, Milei describió los éxitos de lo que llama “el milagro libertario”. Refutó a los que, en línea con Kicillof, denuncian una crisis de ingresos. Dijo: “Con la baja de la inflación les devolvimos a los argentinos 100.000 millones de dólares; una inyección de dinero que se siente en el bolsillo”. Las últimas estadísticas oficiales del Indec hablan de caídas del consumo, la inversión y el empleo, y un repunte de la pobreza. Será que prendió el ejemplo de Adorni y todos decidieron guardar el dinero y vivir deliberadamente como si no lo tuvieran.
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POLITICA
Video: el baile de Mauricio Macri en el acto del PRO en Jujuy donde alternó apoyos y críticas al Gobierno de Milei

En su viaje a Jujuy, el expresidente Mauricio Macri dejó algo más que definiciones políticas del PRO y alguna crítica leve al gobierno de Javier Milei. Segundos antes de iniciar su discurso, ensayó unos pasos de baile con un colaborador.
No es la primera vez que lo hace, de hecho fue una suerte de marca registrada durante su gobierno, y en campaña. Ahora, desde hace unos meses volvió a reeditar los bailes, en una maniobra para mostrarse cercano a la gente.
Macri también aumentó su exposición pública, con entrevistas en redes sociales y canales de streaming; en este nuevo rol como presidente del PRO se lo ve más activo en el mundo virtual.
El exjefe de Estado volvió este viernes al centro de la escena política con una postal que el PRO construye desde hace meses: un acto propio, rodeado de dirigentes propios y en un marco federal, con el foco puesto en el armado rumbo a las elecciones del año que viene. La reaparición llega después de una semana en la que el partido fundado por el expresidente volvió a diferenciarse del Gobierno por el Presupuesto 2027 y el capítulo vinculado a discapacidad.
POLITICA
Gremios, empresarios y movimientos sociales buscan articular un documento económico para la visita del Papa León XIV

Cuando falta un mes y medio para que el papa León XIV viaje a la Argentina, gremialistas, empresarios y dirigentes de movimientos sociales iniciaron conversaciones con el objetivo de elaborar un informe crítico sobre la situación económica y social del país que aspiran a entregarle al Sumo Pontífice en el marco del encuentro que mantendrá con representantes del “mundo del trabajo” en la sede de la Universidad Católica Argentina (UCA), en Puerto Madero.
Esa reunión, que forma parte del cronograma oficial que difundió el Vaticano para la visita de León XIV al país y será organizada por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), genera nerviosismo en la Casa Rosada. Es que desde el gobierno de Javier Milei transmitieron a los obispos su temor de que los sindicatos o referentes sociales intenten hacer un uso político de la presencia del Papa en la UCA. La misma preocupación despierta en los despachos oficiales la recorrida que hará el Pontífice por el Cottolengo Don Orione, en Claypole, donde viven unas 400 personas con discapacidades severas. Los preparativos para el viaje papal tienen lugar en momentos en que Milei enfrenta complicaciones por los efectos del ajuste y su programa de estabilización. Según el Indec, la pobreza creció al 32,3% en el primer semestre del año y la economía retrocedió en julio un 2,9%.
En la Iglesia tienen muchas expectativas puestas en el encuentro que encabezará León XIV en el auditorio San Juan Pablo II del campus universitario. Ese día, los obispos pretenden exhibir una convocatoria amplia y plural de dirigentes del mundo laboral en un ámbito académico. En la casa de estudios pontificia, planean congregar a empresarios, gremialistas, integrantes de organizaciones populares, representantes de la cultura y de universidades públicas y privadas. El Papa escuchará tres testimonios sobre la realidad de cada sector y dará un mensaje frente al auditorio.
En ese contexto, Jorge Sola, secretario general del sindicato del Seguro e integrante del triunvirato que conduce la CGT, y Osvaldo Cornide, referente de Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y líder de la corriente de opinión Fuerza Suma, un espacio transversal y apartidario que se basa en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, articulan un documento en el que apuestan a describir las dificultades que atraviesa la economía del país. Los equipos técnicos ya empezaron a trabajar en los borradores.
La idea de los impulsores de la iniciativa es incluir en la elaboración del informe la visión de los movimientos sociales y diversas entidades económicas. Quieren exhibir ante el Papa que existe un consenso entre los diversos sectores que conforman el mundo del trabajo en la Argentina en torno al diagnóstico de los problemas sociales y las propuestas para desarrollar la economía. En otras palabras, procuran hacer un gesto de diálogo tripartito. Es lo que pretende la Iglesia: que se priorice la construcción de consensos y evitar el conflicto entre los actores.
En la cúpula de la CGT esperan aprovechar la visita del Papa para hacer una convocatoria al diálogo social. “Tendremos que hacer un esfuerzo para que seguramente lo acompañe el sector empresario con sus miradas. Queremos mostrar una mesa de diálogo entre el capital y el trabajo hacia una Argentina de desarrollo”, anticiparon fuentes sindicales. El documento está en una fase de construcción. No obstante, los organizadores ya tienen claros los lineamientos. Por ejemplo, prevén imprimirle un tono moderado al informe. Procuran evitar que se interprete como un intento de confrontar con el gobierno de Milei durante la visita papal y apelarán al espíritu de unidad nacional, en sintonía con el mensaje que transmite el Papa León XIV, defensor a ultranza del diálogo.
En concreto, aún no está definido cómo presentarán las conclusiones del trabajo. Por ahora evalúan la posibilidad de brindar una conferencia de prensa o de publicar una solicitada en los diarios entre el 8 y el 11 de noviembre, cuando el Papa estará en el país. Además, ya iniciaron consultas con la Iglesia para explorar la chance de entregarle el documento a León XIV durante la actividad que se desarrollará en la UCA. Allí, el Pontífice dará un discurso -¿alertará sobre los peligros de la IA y su efecto en el mundo del trabajo, como sospechan en el Gobierno?-. Pero no está previsto que se acerque a dirigentes sindicales, empresarios o de las organizaciones sociales que concurran a la UCA, donde se esperan unos mil asistentes. El acto es cerrado y la comisión de Pastoral Social del Episcopado está a cargo de cursar las invitaciones.
Eso marcará una diferencia con la centralidad que consiguió la CGT durante la visita de Juan Pablo II al país en 1987. En ese momento, durante la gestión de Raúl Alfonsín, Saúl Ubaldini, que estaba al frente de la central obrera, tuvo un papel protagónico durante la misa que celebró el entonces Santo Padre en el Mercado Central.
En la cúpula de la Iglesia son cautos. En línea con el pedido del cuerpo diplomático del Vaticano, procuran que no se haga un uso político de la presencia de Robert Prevost en la Argentina. Remarcan que su visita es “pastoral” y “apostólica”. En reserva, aseguran que persisten las diferencias con el Gobierno, critican la visión económica de los libertarios y admiten su inquietud por las consecuencias del ajuste en el tejido social de los grandes conurbanos. El Gobierno, por lo pronto, definió que Milei participará de la misa que celebrará el Papa en el Monumento de los Españoles. También está planeado que el Presidente lo reciba en Aeroparque.
Gestiones reservadas
En la antesala del viaje de León XIV, gremialistas y empresarios buscaron reforzar sus vínculos con las autoridades de la Iglesia en la Argentina. Por caso, Cornide y Sola gestionaron una reunión con el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, que se concretó la semana pasada. También hubo contactos con el secretario general del organismo, monseñor Raúl Pizarro, y el obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida.
Cornide había participado del tradicional encuentro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social en Córdoba, donde los obispos reclamaron trabajar por un país con justicia social y empatía. Previamente, el extitular de CAME se había visto con el arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, para analizar la marcha de la economía y las dificultades que sufren pequeñas y medianas empresas. En resumen, Cornide apuesta a que la visita de León XIV fomente el diálogo social entre los distintos sectores y permita visibilizar la situación de las pymes.
La semana pasada, Alejandro Gramajo, el titular de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y dirigente del Movimiento Evita, le llevó a León XIV un informe crítico de la gestión de Milei, en el que se alerta sobre pobreza y consumo, endeudamiento y los “discursos de odio”.
Gramajo le entregó el documento al Papa en una audiencia privada, después de que finalizara el IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti, en el que participaron organizaciones sociales y gremiales. En Roma también estuvieron Gerardo Martínez, jefe de la Unión de Obreros de la Construcción (Uocra) y secretario de Relaciones Internacionales de la CGT, y Cristian Jerónimo, otro de los jefes de la central obrera. Martínez participó como miembro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En el Vaticano se encontraron con el dirigente empresario Daniel Funes de Rioja, extitular de la Unión Industrial Argentina y presidente de la CEATAL en la OEA.
En las últimas horas, antes de que viajara a París, el Pontífice volvió a toparse con una comitiva de argentinos. Después de una audiencia en el Vaticano, los senadores de Santa Fe Felipe Michlig, Alcides Calvo y Germán Giacomino y el embajador argentino ante la Santa Sede, Luis Pablo María Beltramino, entre otros, pudieron saludar al Papa y tener un breve intercambio. Le entregaron una nota sobre la gestión de Maximiliano Pullaro y hablaron sobre la situación social. “¿Argentina? Pronto voy a estar ahí”, respondió Prevost.
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