POLITICA
La Argentina sumó un nuevo contacto diplomático con China, pero la anunciada visita de Milei a Beijing aún no tiene fecha

El canciller Pablo Quirno se reunió este martes en Nueva York con su par chino, Wang Yi, al margen del Debate Abierto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), en el segundo encuentro bilateral de alto nivel entre ambos países en menos de cuatro meses. Es un nuevo contacto diplomático, pero la prometida visita de Javier Milei a Beijing, anunciada por primera vez a fines de 2024 y reiterada en enero de este año, todavía no tiene fecha oficial.
Quirno describió el encuentro como una continuación “de la conversación que mantuvimos en febrero pasado en Múnich”, donde ambos cancilleres se habían visto al margen de la 62ª Conferencia de Seguridad. En aquella ocasión, según consignó Cancillería de manera oficial, los temas centrales fueron la ampliación de exportaciones argentinas, nuevas inversiones y los avances en proyectos de infraestructura como las represas del sur.
Ayer, en Nueva York, y según informó el propio canciller en su cuenta de X, el diálogo fue sobre “los desafíos que enfrenta el sistema multilateral” y “el estado de la agenda bilateral”, además de intercambiar posiciones sobre la próxima elección del secretario general de la ONU. Durante su intervención en el plenario, Quirno pidió una reforma profunda de la ONU y respaldó la candidatura de Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica.
La sesión del Consejo de Seguridad fue convocada por China, que ocupa la presidencia rotatoria del organismo durante mayo, bajo el lema “Defensa de los propósitos y principios de la Carta de la ONU y fortalecimiento del sistema internacional centrado en la Organización”. Wang Yi presidió el debate, al que asistieron más de cien delegaciones.

La visita que no llega
El trasfondo del encuentro es la visita presidencial que Milei prometió y que aún no se materializó. En septiembre de 2024, el mandatario argentino describió a China como “un socio comercial muy interesante, porque no hace exigencias, solo pide que no los molesten”, y anticipó un viaje a Beijing para enero de 2025. Ese viaje nunca ocurrió. A comienzos de 2026, volvió a confirmar sus planes: “Tenemos una muy buena relación comercial con China. Tenemos que intentar comerciar con todos los países del mundo”, dijo al ser consultado sobre si el viaje seguía en agenda.
En Davos, en enero de este año, Milei fue más explícito ante la audiencia del Foro Económico Mundial: “Mi plan es abrirme a la Unión Europea, abrirme a los Estados Unidos y abrirme a China. Quiero una economía abierta”, afirmó en una entrevista con Bloomberg. Minutos antes había compartido escenario con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como uno de los miembros fundadores del llamado “Board of Peace”.
Esa imagen resume la tensión que rodea la visita: Milei es el aliado latinoamericano más cercano a Trump, y Washington ya ejerció presión explícita para que Buenos Aires recorte sus vínculos con Beijing. El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, llegó a afirmar que Milei estaba “comprometido a sacar a China” de Argentina. Una semana después, y ante la consulta de Infobae, el funcionario norteamericano aclaró que no le pidió a la Argentina terminar el swap con China, pero apuntó a bases militares y centros de observación.
El informe del Congreso y la presión de seguridad
La tensión entre el vínculo comercial y las exigencias geopolíticas quedaron expuesta a fines de febrero, cuando el Comité Selecto sobre la Actividad de China en el Hemisferio Occidental del Congreso de Estados Unidos (EEUU) publicó un informe titulado “Atrayendo a América Latina hacia la órbita de China”. El documento identificó al menos once instalaciones espaciales vinculadas a China en América del Sur, con casos específicos en Argentina: en las provincias de Neuquén, San Juan y Santa Cruz.
“Beijing usa la infraestructura espacial en América Latina para recopilar inteligencia adversaria y fortalecer las capacidades bélicas futuras del Ejército Popular de Liberación”, señaló el informe del Comité, que se apoyó en imágenes satelitales, fuentes abiertas y documentos de planificación chinos. El documento advirtió sobre una estrategia de “fusión civil-militar” de Beijing, algo que retomó el subsecretario de Estado para Seguridad Internacional y Control de Armamento de EEUU, Thomas G. DiNanno, cuando visitó Buenos Aires el mes pasado.
“No buscamos una relación confrontativa, pero no aceptaremos una posición de debilidad. Así que competiremos económica y militarmente. Sí, algunas de esas áreas de infraestructura nos preocupan”, declaró en una conferencia de prensa a la que asistió Infobae. DiNanno reconoció la complejidad del cuadro: “Yo entiendo que tanto Estados Unidos como Argentina tienen una relación comercial muy compleja con los chinos. Tenemos que equilibrar nuestros intereses comerciales con nuestros intereses de seguridad nacional. Es un verdadero reto para nosotros”.
El mar argentino como campo de disputa
La competencia entre potencias por el espacio estratégico argentino no se limita al plano espacial. El 19 de mayo, la Armada Argentina y el Comando Sur de Estados Unidos firmaron una Carta de Intención para lanzar el Programa Protección de los Bienes Comunes Globales, una alianza de cinco años que habilita la participación de fuerzas navales estadounidenses en tareas de vigilancia y patrullaje en el Atlántico Sur y la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina.
Apenas un día después de la firma del acuerdo naval, el Departamento de Estado de EEUU anunció la revocación de la visa del exfuncionario argentino Pablo Ferrara Raisberg, excoordinador general de Cancillería durante la gestión de Diana Mondino y exrepresentante ante el Consejo Federal Pesquero (CFP). El subsecretario de Estado Christopher Landau informó que la medida alcanzó a 24 individuos de distintos países, acusados de facilitar o beneficiarse de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. “Aquellos que ilegalmente agotan los recursos pesqueros disponibles para Estados Unidos y el mundo no son bienvenidos en nuestro país”, sostuvo Landau en un posteo en X.
Al mismo tiempo, se hizo público otro informe del Congreso de EEUU que alertó sobre cómo China usa su flota pesquera como herramienta de presión diplomática en la región, con casos puntuales en el mar argentino.
El peso de la economía
Detrás de la diplomacia hay números que explican la cautela argentina. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en diciembre de 2025 las exportaciones argentinas a China alcanzaron los 761 millones de dólares, con una variación interanual de +125,3%, mientras que las importaciones desde el gigante asiático sumaron 1.522 millones de dólares (+26%). China se convirtió ese mes en el mayor socio comercial de Argentina, superando a Brasil. El dato más reciente disponible —marzo de 2026— muestra que la tendencia se sostiene: las exportaciones a China crecieron un 139,3% interanual, aunque las importaciones cayeron un 5,3%.
Esa gravitación económica tuvo expresión concreta en Shanghái entre el 18 y el 20 de mayo, cuando Argentina participó en la feria SIAL China 2026, una de las exposiciones de alimentos más grandes de Asia. La presencia fue coordinada por PromArgentina, la agencia nacional de promoción de exportaciones e inversiones. Antes del inicio de la feria, autoridades del gobierno argentino y del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) mantuvieron un encuentro en el Ministerio de Comercio de la República Popular de China (MOFCOM), donde se informó que la cuota de importación de Argentina hasta el 12 de mayo se había cumplido en un 32% y se confirmó que no habrá cambios en la asignación de cuotas.
Benjamin Gedan, director del programa para América Latina del Wilson Center, sintetizó el dilema en declaraciones a AP en febrero de este año. “Argentina depende de la demanda insaciable de China por la energía, los alimentos y los minerales de América del Sur, y Estados Unidos nunca reemplazará ese mercado”.
El swap, en la cuenta regresiva
Uno de los instrumentos que mejor ilustra esa dependencia es el swap de monedas entre el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el Banco Popular de China (PBOC). El acuerdo marco, renovado en agosto de 2023, vence el 6 de agosto de 2026, y los próximos vencimientos de los tramos activados operarán en julio de este año. A lo largo de 2025, el BCRA redujo el tramo activado en un 78%: de 21.000 millones de yuanes —unos 3.097 millones de dólares— al cierre de 2024, a 7.000 millones de yuanes —aproximadamente 1.032 millones de dólares— al 31 de diciembre de 2025. Al 14 de enero de 2026, el saldo había caído a 4.600 millones de yuanes, equivalentes a unos 679 millones de dólares, según consta en los estados contables del propio BCRA.
Pese a la devolución acelerada, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, confirmó el 19 de mayo que el organismo negocia una prórroga del instrumento. “Estamos hablando con ellos para extenderlo. No hay planes para eliminarlo”, declaró en conferencia de prensa.
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POLITICA
El giro forzado de Milei hacia los moderados: el Gobierno busca al tercio que puede definir la reelección

La Libertad Avanza está trabajando para cumplir un objetivo claro: aceitar los engranajes políticos que se necesiten para conseguir la reelección de Javier Milei en 2027. Así, en tono imperativo y con conceptos que no dejan lugar a ninguna duda, se lo hace saber a todo el ecosistema violeta la comandante en Jefe de este operativo: Karina es la encargada de manejar los hilos de un desafío que, lo sabe perfectamente, no estará exento de turbulencias. Así, codo a codo con la Hermanísima, se lo traslada también a su equipo chico un Diego Santilli que se muestra incansable desde que alcanzó el rol de coordinador ministerial. Y así, aunque jure que no tiene un hambre desmedido de poder, lo desliza el propio Presidente a los dirigentes que lo visitan en la Quinta de Olivos: la explicación que repite en la intimidad es que cuatro años no alcanzan para imponer las reformas estructurales que hay en carpeta. Sin embargo, a 944 días de iniciada la gestión y a 477 de las elecciones nacionales, el oficialismo se enfrenta a una encrucijada: con el núcleo duro no alcanza. ¿Y entonces?
“Puteamos a los moderados durante casi tres años, pero ahora los necesitamos. Aunque los ninguneamos siempre que pudimos, cada vez que se acerca una elección todos salimos desesperados a buscarlos”. La frase, que en los pasillos de la Casa Rosada no se escucha como una autocrítica solemne ni como una confesión dolorosa sino más bien como una verdad incuestionable, sale de la boca de un funcionario de primera categoría que tiene buen vínculo con todas las terminales libertarias y pocas ganas de sobreactuar corrección política. El hombre fuerza un silencio reflexivo que no deja hueco para la repregunta, toma un sorbo de café negro y completa con una sonrisa apenas resignada:
–Son aburridos de tan ñoños institucionalistas, no militan, no gritan, no te defienden en las redes, no van a un acto a cantar contra la casta y encima te exigen resultados. Pero te pueden hacer ganar en las urnas.
El mandatario que hizo de la confrontación una identidad, del insulto una herramienta, de la batalla cultural una religión y del desprecio por los “tibios” casi una marca de agua de su liderazgo empezó a ensayar en las últimas semanas un movimiento distinto: hablarle a ese tercio de la sociedad que no se reconoce del todo ni en el mileísmo más puro ni en el antimileísmo más intenso. “No lo podemos decir con esas palabras porque admitirlo tan directamente sería dinamitar una parte de nuestra propia épica”, analiza otro integrante de LLA con oficina en Balcarce 50. Le cuesta decirlo de forma concreta, pero finalmente sucumbe ante la insistencia: pragmático cuando quiere o cuando lo necesita, el espacio gobernante está intentando seducir a los que antes ridiculizaba.
Desde ya, según indican desde el corazón de la renovada Mesa Política, no se trata de una conversión espiritual ni de un brote repentino de ternura republicana; es “rosca pura y dura”, entendida esta vez no como pecado sino como “mecanismo de supervivencia”. Lejos quedó la etapa en la que Milei se definía ante el Congreso como alguien que no había llegado para negociar “nada” ni para entrar en el “toma y daca” de los líderes tradicionales.
Este giro hacia el centro tiene postales visibles. En primer lugar, la llegada de Diego Santilli a la silla eléctrica que representa la Jefatura de Gabinete dejó una imagen inicial descriptiva de los tiempos que empiezan a correr: a su jura asistieron 13 gobernadores. “En lo que va de gestión nunca se había visto a tantos mandatarios provinciales sentados en el Salón Blanco de la Rosada para aplaudir a un funcionario nacional”, se agrandan a su lado. Es que “El Colo” no llegó para incendiar puentes: llegó, precisamente, porque algunos puentes ya estaban convertidos en ceniza y las provincias necesitaban a alguien menos tóxico que Manuel Adorni y que no se espantara ante el concepto “acuerdo”. “Diego vino a pacificar. Habrá que ver si lo dejan”, resume alguien que lo conoce bien y que todavía mira con desconfianza la transición entre la nueva etapa dialoguista y los reflejos más duros de la familia presidencial.

La otra señal evidente del cambio que se está produciendo entre los libertarios fue la llegada de Adrián Ravier a la vocería presidencial y el regreso de las conferencias con idas y vueltas en tono respetuoso con los periodistas acreditados. Después del naufragio comunicacional de su antecesor, el portavoz asumió una tarea tan delicada como ingrata: reconstruir un vínculo con la prensa que para el Gobierno siempre fue sinónimo de territorio enemigo. A propósito del pampeano, la orden que bajó junto a Fabián Fernández fue clara: la idea es aglutinar las novedades de las distintas carteras, establecer prioridades a la hora de difundirlas y habilitar a distintas voces para que después amplíen los detalles finos. Si bien estas decisiones parecen obviedades para cualquier especialista en la materia, en esos despachos las obviedades institucionales se viven como audacias revolucionarias.
Un dato extra, cero promocionado pero nada menor: con la llegada de Santilli y Ravier, las decenas de colaboradores que respondían directamente a Adorni desaparecieron casi por completo del palacio gubernamental. “Los deportamos a otro edificio en el microcentro”, conceden, misteriosos.
El clima político renovado se verificó también en algunos gestos presidenciales. En Tucumán, durante la vigilia del Día de la Independencia, Javier Milei habló ante primeros mandatarios provinciales que escucharon un tono menos volcánico y que incluso se sorprendieron cuando recibieron algunos elogios durante un discurso que buscó mostrar gobernabilidad y no la construcción de la vieja epopeya de combate. Otro fruto de esos ejercicios de moderación se vio también en “El Jardín de la República” ante un hecho que podría haber provocado gestos de disgusto indisimulables: la ubicación de Victoria Villarruel en la línea visual presidencial. Aun así, no hubo pataleos ante las cámaras ni reclamos al anfitrión Osvaldo Jaldo.

Algo parecido ocurrió en el Tedeum porteño cuando el Presidente dejó pasar sin reacción visible pasajes de la homilía de Jorge García Cuerva que en otro momento hubieran encendido una catarata de tuits, reposteos, insultos, teorías conspirativas y nombres propios. El arzobispo habló de la pobreza, de “la crueldad hacia los más débiles”, de “la descalificación al otro” y de las “cuevas de corrupción”. Y el libertario escuchó como si no tuviera motivos para sentirse aludido o, al menos, como si hubiera decidido que no le convenía demostrarlo. Más todavía: Milei tuvo un gesto afectuoso con Jorge Macri, su esposa y su bebé, 14 meses después de haberle negado abiertamente el saludo al jefe de Gobierno porteño en ese mismo lugar.
¿Por qué todo esto sucede ahora? La respuesta aparece en las encuestas, en los focus groups y en la intuición básica de cualquier dirigente que no confunda redes sociales con país real. Un reciente estudio de la consultora QSocial Big Data le da contexto a esta decisión no tan sorpresiva: traza una Argentina partida en tres tercios ideológicos. De esta manera, se dibuja un bloque liberal/conservador del 36% de la población, base sólida del oficialismo; un bloque progresista/estatista del 34%, piso estable de la oposición; y un segmento mixto del 30% que no termina de sentirse representado por ningún espacio y que puede inclinar la balanza en la próxima contienda electoral.
Ese último tercio no se levanta pensando en Friedrich Hayek ni se acuesta leyendo a Ernesto Laclau. Quiere orden, seguridad, propiedad privada y previsibilidad, pero no necesariamente compra el paquete completo de la desregulación extrema, el Estado mínimo, la apertura indiscriminada de importaciones o las batallas culturales permanentes. Según el informe, el 61% de los encuestados respalda mantener el equilibrio fiscal, aunque en paralelo el 55% se opone a la reforma laboral y el 54% rechaza las privatizaciones. Hay otras conclusiones llamativas: el 63% reclama endurecer penas para delincuentes, pero el 69% rechaza revisar la ley de aborto legal y el 67% defiende la educación sexual estatal. No es un electorado contradictorio: es un electorado argentino.
Lucas Klobovs, investigador del reporte, define a ese 30% como un conjunto de “huérfanos” que no encuentran dirigente ni espacio que los exprese de manera nítida. De hecho, el 54% no se identifica con ningún político y se divide en partes iguales respecto de la aprobación y la desaprobación del experimento Milei. Para completar el panorama, casi la mitad de ese universo no votó o votó en blanco en las últimas elecciones de 2025. “Ahí está el botín”, se relamen en los pasillos del poder.
La mirada de Klobovs es incómoda para los libertarios más puros: a ese público no se lo conquista con batalla cultural sino con gestión pragmática. Si el Gobierno resuelve problemas de la vida cotidiana, puede ganarse su corazón. Si modera formas, evita peleas innecesarias y ordena su mensaje alrededor de la economía real, deja de espantarlo. ¿Se trata de un viraje honesto y espontáneo? “No creo que sea genuino, pero es una estrategia política válida”, describe el politólogo. En otras palabras: Milei no se volvió moderado; está intentando actuar como si pudiera serlo.
Eso sí: hay dos buenas noticias para los violetas. Una: el equilibrio fiscal cuenta con un sólido 61% de apoyo para ser mantenido dirija quien dirija los destinos del país. Y dos: los conservadores argentinos presentan una altísima coherencia interna; el 87% aprueba la gestión de Milei y el 84% votó a La Libertad Avanza en las legislativas.

Entonces, ¿hay que dejar a un lado la “batalla cultural” desde acá hasta el 31 de octubre de 2027? Las consultoras Alaska, de Juan Courel, y TresPuntoZero, de Shila Vilker, vienen midiendo periódicamente el termómetro social de conceptos centrales para Milei. Ahí hay algunas pistas de lectura. Para empezar, apenas un 3% de los consultados considera que el Gobierno debe priorizar ese tipo de discusiones. Y emerge un reclamo concretísimo: el 61% plantea que debe enfocarse en resolver los temas económicos. El mensaje es bastante poco sofisticado: menos guerra simbólica, más bolsillo.
Los datos muestran cansancio social. Sobre el Estado, un 70% cree que debe tener un rol activo y una amplia mayoría del 72% rechaza suspender la obra pública. Para un gobierno que quiso hacer de la motosierra una pedagogía moral, son números con gusto a cachetazo. El hastío con el discurso libertario aparece asimismo en materias como los derechos humanos (casi el 62% pide sostener las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, cuando en diciembre de 2023 era el 48,7%), la legalización del aborto (el respaldo a volver a prohibirlo cayó del 42% al 36%) y el feminismo (la postura contra el movimiento perdió 10 puntos).
Shila Vilker aporta una clave para entender la actualidad: la adhesión a La Libertad Avanza tiene ADN diverso. Por eso Milei despliega gestos duales. “No abandonó completamente la narrativa antipolítica y, al mismo tiempo, da señales al sector moderado, jerarquizando figuras asociadas al diálogo. El consenso tranquiliza y facilita la administración del poder en el día a día mientras que la posición rupturista permite mantener viva la ilusión de un cambio”, sintetiza la especialista. Y recuerda el abrazo entre Milei, Santilli y Adorni: “El Presidente acepta lo nuevo, forzado por las circunstancias, pero no termina de soltar aquello que lo llevó al poder”.
El inconveniente para el oficialismo, sostiene Vilker, es que las razones de las fugas en el apoyo a los libertarios son tan diversas como los apoyos. La desilusión se explica, sobre todo, por las dificultades económicas cotidianas, pero los escándalos de corrupción impactan en otro perfil de votantes: los que no necesariamente se volvieron kirchneristas, pero empezaron a mirar con fastidio que la promesa de lucha contra la casta terminó en expedientes como $Libra o ANDIS, o en declaraciones juradas imposibles de explicar como la del ex jefe de gabinete.

Con este telón de fondo, el desembarco de Diego Santilli se comprende mejor que nunca: llega con la promesa de cerrar grietas internas y recuperar una capacidad de diálogo que se había extraviado en las profundidades de la grieta. “¡Qué se le va a hacer! Tuvieron que apelar a los políticos profesionales para pegar los vidrios rotos. Fue error de ellos, que eran nuevos en esto y así no les quedó ni uno en pie que pueda defender el relato original”, se ufanan en el sector que, con mucho hermetismo, viene pidiendo racionalidad hace rato.
En pos del triunfo electoral que reclaman los Milei, el frente decisivo estará en el Congreso. Por eso, el dúo Karina-Santilli y sus principales espadas en la Rosada harán todo lo posible para legislar la reforma política que pretende eliminar las PASO y quitarle de esa forma una herramienta trascendental a la oposición a la hora de buscar reorganización y cohesión interna. Hasta acá, tanto Martín Menem en Diputados pero especialmente Patricia Bullrich en el Senado advierten que los números no están y no pueden asegurar ni el apoyo de los dialoguistas. “Con plata, obras, pliegos de jueces y garantías de listas propias fuertes los vamos a convencer”, dice, sin metáforas, una persona que forma parte de las negociaciones con las provincias.
Las contradicciones de esta flamante etapa, por supuesto, están a la orden del día. Milei necesita mostrarse más moderado para seducir al 30% huérfano, pero al mismo tiempo necesita sostener una maquinaria política diseñada por Karina con lógica de control absoluto; necesita diálogo con gobernadores, pero también quiere reglas electorales que reduzcan la autonomía de los aliados; necesita bajar el volumen de la batalla cultural, pero no puede abandonar del todo el combustible simbólico que enamora a su núcleo duro. “Y todo eso no sirve de nada si la economía no empieza a mostrar resultados en la vida cotidiana”, suma un ministro.

La “micro”, como reza la visión compartida en todo el Círculo Rojo, sigue siendo el paredón contra el que chocan todas las narrativas. Apenas una foto: el último relevamiento de AtlasIntel, prestigiosa empresa internacional de inteligencia de datos y estudios de mercado, mostró que cerca del 62% de los argentinos considera que su bolsillo está mal. Eso explica por qué buena parte del gabinete quedó desconcertado cuando, en la reunión ministerial de este 9 de julio encabezada por el mismísimo Milei, el mandatario les habló largo y tendido de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
“Todo bien con la estrategia electoral y la repentina moderación, pero tenemos que concentrarnos en tirarle un centro a la gente de a pie. Hacer lo que estamos haciendo ayuda. No alcanza”, se despachó uno de los asistentes al cónclave en medio del feriado patrio. Como era de esperar, ninguno de los presentes se animó a interrumpir al Presidente para decirle que, afuera de ese salón en el primer piso de Casa Rosada, hay una sociedad que no discute encajes, pasivos remunerados ni arquitectura monetaria: discute cómo llegar viva al próximo resumen de la tarjeta.
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POLITICA
Jalil ratificó su apoyo a la eliminación de las PASO, pero pidió que haya “un amplio consenso”

El gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, reclamó una reforma política con el mayor consenso posible para eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), se pronunció a favor del diálogo con el Gobierno nacional sin resignar su identidad peronista y dejó un mensaje hacia la interna del PJ.
Jalil es uno de los gobernadores peronistas con mayor fluidez de trato con el presidente Javier Milei. En el programa dejó en claro que ese vínculo no implica adhesión total. “No es que uno está de acuerdo en todas las políticas públicas, pero sí en lo que se pueda acordar”, dijo, y mencionó a Gustavo Sáenz y a Osvaldo Jaldo como parte del grupo de mandatarios con los que articula posiciones frente al Ejecutivo nacional. El gobernador también citó a Alberto Weretilneck entre los que acompañan “algunos procesos”, siempre con la premisa de defender los intereses de sus provincias. “La gente quiere que uno defienda su provincia, pero también dialogar con el Gobierno nacional”, resumió
Esa postura tiene un correlato concreto en el Congreso. Los legisladores nacionales que responden a Jalil votaron a favor del RIGI y del presupuesto 2026, entre otras iniciativas del oficialismo. El gobernador lo enmarcó en una lectura electoral que, según él, ya no distingue entre partidos: “La gente valora la gestión, valora el diálogo, el consenso; a la hora de decidir, corta el voto”. Recordó que en las últimas elecciones provinciales ganó en distritos donde Milei también se impuso, con boleta única, lo que implica que una parte del electorado los eligió a ambos en la misma papeleta. “La gente hoy es mucho más inteligente de lo que nosotros pensábamos”, afirmó durante una entrevista con Lorena Maciel en el programa Futuro Imperfecto de Radio Con Vos.
Sobre los aspectos que rescata del Gobierno nacional, apuntó al equilibrio fiscal y al control de la inflación. “El contrato social es la inflación; la inflación es el impuesto a la pobreza, al que más afecta a la pobreza”, afirmó, y señaló que Catamarca ya venía cumpliendo ese objetivo hace años: la deuda provincial representa hoy el 3% del presupuesto, contra el 30% que heredó su antecesora, Lucía Corpacci. Habló desde su perspectiva de economista y también respaldó la idea de reformar el Banco Central para que custodie el valor de la moneda. “Creo que nos debemos una reforma del Banco Central a donde, como es en Estados Unidos y en otros países, esté cuidando la moneda; creo que nos faltó el cuidado de la moneda, que es el contrato social que tiene la sociedad con el Gobierno nacional”, planteó.

De todas formas, Jalil reconoció que la baja de la inflación tiene costos. “Cuando usted tiene un desbalance en la economía, por algo lo paga. O lo paga por un recorte o lo paga por la inflación”, señaló ante la pregunta de Maciel sobre los recortes en educación, salud y obra pública. Y agregó que la mejora en la relación con los gobernadores es perceptible: “En lo que es la gestión y la relación con los gobernadores, creo que estamos mejor que hace seis meses. Creo que sí, también escuchan un poco más”.
La reforma política y las PASO
Jalil ratificó su posición a favor de eliminar las PASO, aunque con una condición que reiteró en más de una oportunidad: que el cambio cuente con el respaldo más amplio posible. “Esta reforma política tiene que tener un consenso muy importante de la mayoría de los partidos políticos”, sostuvo, y planteó que esa discusión debería incluir a Axel Kicillof, a Diego Santilli y al propio presidente.
El gobernador argumentó que el sistema de primarias abiertas no fortaleció a los partidos políticos y que las candidaturas deberían volver a resolverse en el interior de cada fuerza, a través de internas o acuerdos entre frentes. Señaló que hoy solo cuatro provincias —Catamarca, Chaco, Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA)— mantienen ese mecanismo, mientras el resto ya reformó su legislación electoral. “Cuando fue medio una moda las PASO, hoy solamente cuatro provincias lo tienen”, graficó.
Para Jalil, la reforma electoral es también una señal hacia el exterior. “El mundo nos mira a los argentinos, nos mira a los inversores, y si no hay inversión no se puede generar trabajo”, advirtió. Fijó marzo o abril de 2027 como el momento adecuado para que los gobernadores y el Gobierno nacional cierren un acuerdo sobre el nuevo esquema, y pidió que ese consenso “dure varios años, más allá de la coyuntura”. Fue preciso sobre su posición personal: “Yo pienso que las PASO tienen que anularse y volver a un modelo donde la discusión de los candidatos regrese a los partidos políticos”, aunque aclaró que esa es “una opinión personal” y que lo que importa es el acuerdo colectivo.
“Yo personalmente creo que tenemos que ir a un modelo donde la discusión de los candidatos regrese a los partidos políticos y que se resuelva a través de una interna, consenso o a través de los frentes políticos que se tienen que dar. Pero eso es una opinión personal. Creo que esta es una muy buena oportunidad para que Axel, Santilli, el presidente, todos los gobernadores logremos un consenso en una reforma política”, aseveró.
El peronismo y su momento
Al ser consultado sobre el estado del peronismo, Jalil evitó los diagnósticos tajantes. Reafirmó su pertenencia al justicialismo desde 1983, pero reconoció que los partidos políticos atraviesan una transformación que excede a la Argentina. Citó al senador ítalo-argentino Mario Borghese para ilustrar que las etiquetas partidarias pesan cada vez menos: “La gente vota lo que interpreta de izquierda, lo que interpreta de derecha, más allá de los partidos políticos”.
En ese marco, descartó de plano afiliarse a La Libertad Avanza. “Yo estoy afiliado al peronismo desde el año 83, fui fiscal”, respondió cuando la conductora le planteó la pregunta en forma directa. Pero tampoco ofreció una lectura sobre si el kirchnerismo cumplió su ciclo. “En política no se puede decir cumplió una etapa o no cumplió una etapa; la política es muy dinámica ante el escenario”, esquivó.
Sobre las intervenciones partidarias en provincias, fue más preciso. Señaló que las que se aplicaron en Salta, Misiones y Jujuy terminaron con derrotas electorales y reclamó apertura interna. “No crean que el partido es de uno; el partido es de todos”, afirmó. También advirtió que la discusión política en Buenos Aires tiene sus propios tiempos: “Buenos Aires tiene que resolver sus problemas de interna y después conversará con los gobernadores”.
POLITICA
Reforma electoral: crece el optimismo en el Gobierno y Santilli retoma la ronda de reuniones con gobernadores.

El Gobierno aumenta su optimismo por los votos de la reforma electoral y prepara una nueva ronda de Diego Santilli con gobernadores para acelerar acuerdos políticos y tratativas de cara a 2027. El jefe de Gabinete recibirá el lunes en la Casa Rosada al puntano Claudio Poggi, uno de los mandatarios con los que La Libertad Avanza cerró un entendimiento en 2025 y que ahora busca replicar para la próxima elección presidencial.
El Ejecutivo toma el caso de San Luis como un antecedente de negociación posible: Poggi cedió el plano nacional y conservó el armado local. En Nación creen que ese formato puede servir como referencia para otros distritos donde el oficialismo necesita votos para eliminar o suspender las PASO, pero no quiere resignar el control de la boleta presidencial de Javier Milei.
La Casa Rosada sostiene que Santilli también activará reuniones con otros gobernadores a los que todavía no recibió desde que asumió como jefe de Gabinete, más allá de la foto compartida en Tucumán durante los actos del 9 de Julio. El objetivo es ordenar acuerdos por reformas, votos legislativos y eventuales entendimientos electorales antes de que la agenda quede absorbida por el Presupuesto 2027.
En Balcarce 50 buscan mostrar una señal de avance pese a los cuestionamientos de aliados y opositores al esquema de colectoras o adhesiones. En varios despachos oficiales creen que la reforma electoral “sale sí o sí” y ya trabajan sobre los preparativos de campaña para después de esa votación. La prioridad es llegar a agosto con acuerdos encaminados y fijar como deadline la primera mitad de septiembre para votar en Diputados.
En la mesa política del oficialismo quieren evitar que la discusión electoral choque con el tratamiento del Presupuesto 2027, que será enviado antes del 15 de septiembre.
Ese proyecto incluirá cambios sobre las leyes de Emergencia en Discapacidad y Financiamiento Universitario, además de la reforma presupuestaria inspirada en el shutdown estadounidense y modificaciones a la Ley de Administración Financiera.
El Gobierno también mira el Senado. En Nación aseguran que tienen los votos para impulsar el paquete de propiedad privada, pliegos judiciales y ascensos diplomáticos que se votará el jueves. En ese marco, no descartan que la mesa política se traslade al Congreso para seguir de cerca la negociación legislativa y ordenar a los bloques aliados.
El Ejecutivo diseña en paralelo la hoja de ruta de la campaña, con visitas a provincias, ejes discursivos y una narrativa apoyada en reformas. El oficialismo quiere hacer campaña con las leyes ya sancionadas -como la reforma laboral, la baja de la edad de imputabilidad, la Ley Bases y los cambios sobre Glaciares- y con las iniciativas que todavía enviará al Congreso.
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La Casa Rosada incluirá en ese segundo grupo la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el nuevo Código Penal, el paquete de desregulación y la reforma de seguridad. La intención es presentar esa agenda como una continuidad de gestión y no como promesas aisladas de campaña.
En el Ejecutivo buscan combinar ese mensaje con resultados macroeconómicos. En la mesa chica quieren que la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y la normalización financiera sean el centro de la oferta electoral, junto con indicadores de inseguridad que permitan contrastar la gestión nacional con la oposición.
El entorno del jefe de Estado planea volver a polarizar con “el modelo” del kirchnerismo y ubicar a Axel Kicillof como figura de choque.
En el oficialismo creen que el gobernador bonaerense puede funcionar como el principal contraste político para ordenar la campaña en la provincia de Buenos Aires y nacionalizar la discusión contra el peronismo.
En el Gobierno reconocen que Milei se moderará mientras sigan las negociaciones por la reforma electoral. En su entorno explican que el tono más dialoguista forma parte de un proceso para mostrar apertura con gobernadores y sectores moderados, pero aclaran que “no tiene nada que ver con el cierre de listas”.
El Ejecutivo insiste en que La Libertad Avanza planea competir con candidatos propios en varias provincias y que los acuerdos se definirán “distrito por distrito”. La idea es distinguir entre gobernabilidad y armado electoral: se puede negociar apoyo legislativo con mandatarios provinciales sin entregarles automáticamente el control de las candidaturas locales.
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La Casa Rosada sabe que el frente más sensible sigue siendo el Senado, donde distintos bloques aliados resisten la eliminación de las PASO y miran con reparos las colectoras. Aun así, en Nación creen que el incentivo electoral, los acuerdos provinciales y la necesidad de ordenar el calendario antes del Presupuesto pueden terminar inclinando la negociación.
En Balcarec 50 también buscarán apoyarse en los antecedentes de 2025 para ordenar los nuevos acuerdos territoriales. La lectura oficial es que los entendimientos más viables serán aquellos en los que los gobernadores conserven margen local y el mileísmo preserve el armado nacional, sin repetir un esquema único para todas las provincias.
Milei quiere llegar a septiembre con una secuencia política cerrada: reforma electoral encaminada, acuerdos con gobernadores, paquete legislativo en marcha y campaña en preparación. El cálculo oficial es que, si Santilli logra convertir la foto de Tucumán en votos concretos, Milei podrá entrar en la etapa electoral con reglas más favorables y una agenda centrada en reformas, economía y seguridad.
Gobierno, reforma electoral, Diego Santilli, Elecciones
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