ECONOMIA
La curva incómoda de la inteligencia artificial en las pyme

Por estos días, pocas palabras generan tanta expectativa y ansiedad como inteligencia artificial en las pequeñas y medianas empresas (pyme). Para este segmento, la promesa resulta tentadora: automatizar procesos, reducir costos, optimizar la logística y aumentar las ventas. La realidad, sin embargo, suele mostrarse menos lineal y presenta varios desafíos.
El economista Erik Brynjolfsson describe el recorrido como una “curva J” de la productividad: tras la adopción de nuevas tecnologías, es habitual observar primero una caída en el rendimiento antes de percibir mejoras.
“No es un error: es parte del proceso”, amplía el académico en base a investigaciones vinculadas al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), una de las principales universidades de investigación tecnológica del mundo, cuya labor en transformación digital y productividad es referente para la industria. Estas investigaciones aseguran que la adopción de inteligencia artificial genera inicialmente ciertas dificultades hasta que la organización logra adaptarse completamente.
Este fenómeno permite comprender por qué muchas pyme sienten que la IA no da resultado: invierten en herramientas, capacitan al personal, reorganizan procesos, pero la productividad no mejora al principio. Diversos análisis recientes recalcan que existe una diferencia fundamental entre usar herramientas de IA y transformar los métodos de trabajo.
Existe una diferencia fundamental entre usar herramientas de IA y transformar los métodos de trabajo
Aun así, los beneficios existen. Diferentes estudios muestran que las pyme que logran integrar la IA pueden aumentar su productividad hasta 30%. A nivel global, se proyecta que esta tecnología podría incluso duplicar el crecimiento de la productividad en economías avanzadas en los próximos años.
El primer obstáculo es la cuestión de escala. Las grandes compañías disponen de recursos, equipos técnicos y tiempo suficiente para tolerar la baja de rendimiento inicial asociada a la curva J. Las pyme, en contraste, operan con márgenes acotados y menos tolerancia al error: cada inversión debe generar resultados rápidamente.

En segundo término, influye la falta de capacidades internas. Según estudios de consultoras especializadas como McKinsey, con amplia trayectoria global en análisis de negocios y digitalización, aunque el uso informal de IA entre empleados es alto, la adopción organizacional efectiva todavía es baja: apenas una minoría de empresas logra integrarla estratégicamente.
La tercera barrera, menos visible pero relevante, es la fragmentación. Muchas pyme incorporan soluciones desconectadas: una aplicación para marketing, otra para inventarios, otra diferente para atención al cliente, sin diseñar una visión integrada de negocio. Como resultado, la complejidad aumenta, pero la productividad no acompaña ese crecimiento.
Frente a este panorama, se vuelve necesario adaptarse a la curva J., destaco en mi libro El futuro de las pymes. Lo importante de cambiar antes que crecer, y tanto en Argentina como en Estados Unidos, Uruguay y Paraguay, pude constatar una reacción común en el sector pyme: predominan la desorientación, la falta de comprensión y una notable quietud.
El avance tecnológico suele significar un freno más que una superación de las barreras de entrada a las nuevas herramientas
El avance tecnológico suele significar un freno más que una superación de las barreras de entrada a las nuevas herramientas.
Algunas recomendaciones concretas pueden marcar la diferencia:
- Empezar por problemas, no por tecnología. La IA no es un fin en sí mismo.
- Identificar un proceso crítico (por ejemplo, gestión de stock o atención al cliente) y aplicar soluciones específicas suele tener mayor impacto que optar por herramientas genéricas.
- Pensar en procesos completos. La productividad mejora cuando se rediseña la manera de trabajar. La IA debe integrarse al flujo operativo, no funcionar como un parche. Capacitar y acompañar al equipo.
- El mayor desafío es cultural. La resistencia interna y la falta de habilidades suelen ser los principales obstáculos. Medir, ajustar y escalar.
- Las implementaciones exitosas suelen comenzar con pilotos acotados, aprender de los errores y, luego, escalar de forma progresiva.
- Aceptar el bajón inicial. Resulta contraintuitivo, pero si la productividad cae al principio, eso no necesariamente es negativo: la empresa está transitando la parte más difícil de la transformación.
La inteligencia artificial no es una solución automática sino un proceso de transformación, que supone costos, aprendizaje y tiempo. Las pyme que logran atravesar ese trayecto podrán operar con mayor eficiencia en un escenario donde la tecnología se ha vuelto condición fundamental para el crecimiento empresarial.
El autor es Analista Económico y director de Focus Market
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ECONOMIA
Cuántos dólares podrían demandar los argentinos que viajan al Mundial 2026

Con la llegada de la Selección a dieciseisavos en el Mundial 2026l, muchos argentinos comenzaron a mostrar mayor interés por viajar a EEUU a ver los partidos, pese al elevado presupuesto que se requiere en esta oportunidad. Esto implicará una mayor demanda de divisas, aunque, considerando los egresos durante el verano, la presión cambiaria no resulta significativa.
La consultora Qualy estimó que viajarán 45.500 personas, tomando como base las 35.000 que fueron a Qatar en 2022 (1,5% de las salidas aéreas de ese año) y proyectando un incremento del 30%, dado el boom de turismo emisivo aéreo previo a la Copa del Mundo y la relativa cercanía geográfica con EEUU.
El desembolso promedio se ubicaría en USD 10.000 por viajero, en línea con los paquetes ofrecidos por operadores turísticos mayoristas que incluyen alojamiento, traslados e impuestos —sin incluir vuelos—.
De este modo, la demanda adicional de dólares alcanzaría los USD 455 millones. “Parte del gasto del Mundial reemplaza —y no se suma— al gasto turístico de las vacaciones de invierno, lo que matiza el impacto neto», señaló el informe de Qualy.

Además, detalló que, suponiendo un déficit turístico anual estimado para 2026 en torno a los USD 7.000 millones, el torneo representaría un 6% de ese total.
Igualmente, Qualy enfatizó que en los primeros 5 meses del año las salidas totales de turistas residentes acumulan una caída del 12,4% interanual, como resultado de la pérdida de poder adquisitivo en un segmento amplio de la población. Por ello, operadores turísticos y agencias de viaje han manifestado que las ventas fueron menores a lo esperado.
El triunfo en los primeros dos partidos trajo algo de alivio: de acuerdo a datos de Despegar, las consultas para viajar a Miami se dispararon un 300% tras la confirmación del primer puesto en la fase de grupos.
Por su parte, el economista Marcos Cohen Arazi, responsable de la sección productiva en el IERAL, calculó que la salida de dólares total por el campeonato de fútbol podría estar en un rango de entre USD 200 y USD 450 millones, dependiendo de la expectativa que se vaya generando entre los hinchas en la fase de cruces de eliminación directa.
Como contexto, Cohen Arazi destacó que el turismo emisivo había mermado en cantidad de viajeros en el verano, cerca de 12% menos que el verano anterior, pero el egreso de divisas no cayó en esa magnitud, porque el gasto promedio por persona creció más de 10%.
“Son reajustes microeconómicos que afectan también en el marco del Mundial, de modo que quienes asisten tienen un gasto medio elevado en comparación con otro tipo de viajes, por las distancias internas a recorrer, el encarecimiento del alojamiento, el valor de las entradas, etc.”, explicó.
“En términos de presión cambiaria, es un componente adicional pero no muy relevante comparado con, por ejemplo, las importaciones de bienes, que en el último mes sumaron alrededor de USD 6.000 millones, y la compra neta de billetes de personas humanas, que supone unos USD 2.000 millones”, agregó. A su vez, remarcó que el BCRA ha fortalecido su posición de reservas en lo que va del año.

Vale mencionar que el BCRA registró un balance cambiario positivo en el primer cuatrimestre de 2026, según resaltó Quantum Finanzas, que proyecta una mejora para todo el año en comparación con 2025. La cuenta corriente mostró un equilibrio gracias a un superávit comercial de bienes de USD 8.656 millones, en contraste con un déficit de USD 4.656 millones en igual período del año pasado. Sin embargo, ese saldo positivo se vio compensado por mayores pagos de intereses de deuda y transferencias de utilidades, que habían estado restringidas.
La cuenta capital y financiera tuvo un superávit de USD 1.252 millones, inferior al del año anterior, aunque la inversión extranjera casi se duplicó. La formación de activos externos, especialmente para atesoramiento en dólares, alcanzó USD 9.006 millones, reflejando un proceso de dolarización sostenido.
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ECONOMIA
Tope al dólar: la jugada que hizo el BCRA para reducir la ganancia de inversores con un bono

Liberales sí, pero tontos no: ese es el lema implícito que volvió a aplicar el Banco Central ante la aceleración del dólar en los últimos días. Es así que, desempolvando una herramienta que hacía varios meses no ponía en práctica, intervino fuerte en el mercado de futuros para topear el precio del dólar, y ganarles así una pulseada a los bonistas «dólar linked».
Ocurre que este jueves es la fecha en la que se fija a qué tipo de cambio se les pagará a los inversores que hayan comprado el bono TZV26, también conocido como Lelink, emitido por el Tesoro, y que ajusta el capital según la variación del dólar. Es decir, cuanto más alta esté la cotización, más pesos recibirán los bonistas.
Hay un remanente equivalente a unos u$s2.000 millones por cobrar, luego del canje realizado por el Tesoro en su última licitación. En ese momento, hace dos semanas, el dólar mayorista cotizaba a $1.431, un momento en el que se produjo el punto de inflexión del mercado, con una acelerada que lo llevó hasta $1.479 el miércoles pasado.
Ya en ese momento, los analistas habían notado un volumen inusualmente alto en el mercado A3 -ex Rofex, donde se transan futuros de divisas, acciones, bonos y mercaderías-, lo cual despertó las sospechas de que el BCRA estaba interviniendo para aplacar la carrera dolarizadora.
No era una sospecha infundada, desde luego: esa situación ya había ocurrido el año pasado, cuando la entidad conducida por Santiago Bausili llegó a colocar contratos por u$s6.844 millones de septiembre pasado, el pico alcanzado en plena turbulencia cambiaria a pocas semanas de las elecciones legislativas.
Ahora, se llegó a 3 millones de contratos -, con interés abierto por 3,6 millones -es decir, un incremento de 25% en lo que va del mes, que en dólares equivale a unos u$s900 millones-.
Por qué interviene el BCRA
Ya desde la apertura del mercado se hizo evidente que había un jugador fuerte decidido a no dejar pasar al dólar de los $1.478. Finalmente, cerró un centavo debajo, quebrando así la ola alcista de dos semanas.
Esto implica, según estimó el analista Salvador Vitelli, que el bono dólar linked dejará a sus inversores un retorno de 32%, algo que lo equipara con la renta de títulos de tasa fija.
El hecho que lleva a los analistas a pensar en la intervención del BCRA es la gran compresión en la tasa implícita de los contratos futuros. Esa tasa es el costo de la cobertura que toma el inversor para estar a resguardo de una devaluación imprevista.
Ya el martes, había llamado la atención que, en las posiciones más cortas, la tasa había caído a 12% nominal anual. Es una tasa menor que la que se consigue por hacer una colocación en pesos, que puede superar el 24% en bonos de renta fija.
Este jueves, en la jornada de fijación para el bono dólar linked, la tasa implícita fue aun menor: cayó a 9,88%. Los contratos que vencen en julio, en cambio, se mantuvieron en 19,2%, y los de agosto en 20,8%, que igualmente son tasas reducidas.
Cuando lo que se gana por comprar el título público es mucho más que lo que cuesta ese «seguro» contra la devaluación, entonces los inversores se desprenden de los dólares y el tipo de cambio baja. Y lo contrario ocurre cuando la tasa queda debajo de la curva de futuros.
Es lo que, en la jerga financiera, se conoce como la «tasa sintética». Cuando el BCRA influye para aplastar esa tasa implícita de futuros, entonces el mercado suele reaccionar con una venta de dólares en el mercado spot, coloca los pesos que les dan por esos dólares para aprovechar el alto nivel de tasa y, simultáneamente, toma una cobertura en A3 para no correr el riesgo de una devaluación imprevista.
La diferencia entre la tasa en pesos y el costo de la cobertura es la ganancia que deja esta operatoria -la tasa sintética-. En ese caso, el mercado ayuda a contener, o incluso a hacer caer, la cotización del dólar.
¿El gobierno quiere que siga subiendo?
En cuanto a los precios de los contratos futuros, se registró una caída generalizada tras la intervención del BCRA. Los contratos que vencen a fin de mes, que habían llegado a $1480, cayeron en la jornada del jueves un 4,5%, y los de julio, que habían llegado a $1.508, perdieron un 5,5%.
En cualquier caso, toda la curva de tipo de cambio que muestra el mercado de futuros se ubica por encima de las expectativas de los economistas que participan en la encuesta REM. Por caso, para julio las proyecciones marcan que el dólar estará en $1.447, cuando en el mercado A3 el precio es $1.504.
Esa es la tónica hasta noviembre, un mes en el que los contratos de futuros marcan $1.625, contra los $1.597 que proyectaron los bancos y las consultoras independientes.
¿Implica esto que hay una expectativa en el sentido de que la carrera alcista del dólar continuará? Por lo pronto, es un síntoma de que hay una mayor búsqueda de cobertura, pero todavía no está claro que en el mercado haya un sentimiento negativo respecto de que el gobierno pueda encontrarse en una posición financiera más débil.
De hecho, al mismo tiempo que intervino en el mercado futuro -lo cual tiene el efecto equivalente a vender dólares- el BCRA continuó comprando divisas en el mercado spot, sumando otros u$s50 millones a los u$s1.256 que llevaba comprados en el mes.
Lo que todavía no está claro es si en el propio equipo económico prefieren que el peso se siga depreciando -aprovechando que hay otras fuerzas que juegan a favor de una inflación baja- o si, por el contrario, querrán mantener el ancla cambiaria.
En todo caso, esto quedará más claro a partir de la semana próxima, cuando ya no esté presente esa necesidad de topear el tipo de cambio para no provocar un gasto excesivo del Tesoro en el pago a los bonistas. Si el BCRA desaparece del mercado de futuros, entonces podría pensarse que la depreciación del peso no es un tema que preocupe al gobierno.
El factor petróleo
Pero lo cierto es que en junio, por primera vez en el año, la tasa devaluatoria se ubicará por encima del IPC. A esta altura del mes, la cotización del dólar ya subió un 3,6%, mientras que las expectativas respecto de la inflación apuntan a un 1,8%.
De hecho, ya hay economistas afines al gobierno que están celebrando la ganancia de competitividad, contradiciendo así el argumento que Toto Caputo sostuvo en los últimos meses, en el sentido de que no había atraso cambiario, y que una prueba de ello era el récord exportador, que está aportando un intenso flujo de divisas.
El principal motivo que los analistas ven para una continuación en la depreciación del peso es de origen externo: el dólar está reaccionando en sentido inverso a las materias primas, en especial el petróleo, que se había disparado tras el inicio del conflicto en Medio Oriente.
Esa situación -unida al boom productivo de Vaca Muerta- posibilitó que se haya producido un ingreso de divisas récord. La balanza comercial de mayo registró exportaciones totales por u$s9.537 millones, de los cuales un 18,3% corresponden al aporte del petróleo. Pero tras conocerse la noticia de las negociaciones de paz y la reapertura del estrecho de Ormuz, el precio del barril bajó desde los niveles superiores a los u$s100 y ya se ubica en la cotización pre-conflicto, en torno de u$s75 para el crudo Brent.
Y, además, se está evidenciando una suba de la demanda minorista de divisas -ya está en su nivel «normal» superior a los u$s2.000 millones mensuales-, mientras el boom exportador empezará a declinar inevitablemente cuando pase la fase más intensa de la venta agrícola.
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ECONOMIA
Aumenta el subte en la Ciudad de Buenos Aires: cuánto costará el boleto desde el 1° de julio

Viajar en el subte de la Ciudad de Buenos Aires costará más caro a partir del 1° de julio. El incremento corresponde a un ajuste de 4,1% respecto al valor anterior, que era de $1.558. La medida se suma a otras actualizaciones en los servicios públicos que afectan el gasto mensual de los hogares, en un contexto donde la inflación general muestra una desaceleración, pero algunos rubros, como el transporte, registran subas por encima del índice de precios al consumidor.
El valor a partir del mes próximo será de $1.621, según la actualización de tarifas anunciada oficialmente. El nuevo valor regirá para quienes utilicen la tarjeta SUBE registrada, el sistema que utilizan la mayoría de los pasajeros. Aquellas personas que no tengan la SUBE registrada deberán abonar $2.541 por viaje. Cabe destacar que la tarifa social será de $567 y la tarifa estudiantil de $226.
La tarifa del subte de Buenos Aires, única ciudad de Argentina con este sistema de transporte, se incrementa en línea con la política de ajustes periódicos que busca mantener el equilibrio financiero del servicio. Las autoridades recordaron que quienes realicen más de veinte viajes al mes recibirán bonificaciones automáticas a partir del viaje veintiuno.
Estos cambios buscan mantener la sustentabilidad financiera del servicio y reducir el impacto de la inflación acumulada desde el comienzo del año. En los últimos meses, el precio del subte ya había experimentado ajustes periódicos, siempre con aviso previo a los usuarios.

El ajuste en el valor del viaje en subte se suma a otros incrementos registrados en los servicios públicos. Según un relevamiento de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, la canasta de servicios públicos aumentó más de 10% en el último mes. Este dato incluye no solo el transporte, sino también el gas, la electricidad y el agua.
El incremento acumulado en el valor del subte en lo que va del año alcanza 34,4%, una cifra levemente superior a la inflación general del período. Las autoridades señalaron que el objetivo es acompañar el movimiento del índice de precios al consumidor, aunque los servicios regulados suelen ajustarse en etapas diferenciadas.

La actualización de tarifas impacta directamente en el ingreso disponible de los trabajadores y de las familias, ya que los gastos fijos —como el transporte y los servicios— tienen menor elasticidad que otros rubros, como la compra de alimentos o productos opcionales. Los usuarios deben ajustar el presupuesto mensual para absorber el nuevo valor del viaje.
La Ciudad de Buenos Aires es la única en el país que cuenta con un sistema de subterráneos. El servicio resulta fundamental para la movilidad urbana y el traslado diario de miles de personas. La decisión de actualizar el boleto responde a la necesidad de sostener la operación y cubrir los costos crecientes del sistema.

Las autoridades de la ciudad suelen informar con anticipación sobre los cambios en las tarifas y remarcaron la importancia de registrar la tarjeta SUBE para evitar el pago de la tarifa más elevada. El trámite puede realizarse en línea y requiere pocos minutos, según lo informado en el último comunicado oficial.
La actualización del precio del subte se enmarca en un contexto de ajustes progresivos en distintos medios de transporte público. Se espera que en los próximos días se anuncien nuevos incrementos en otras modalidades, como colectivos y trenes urbanos, siguiendo el cronograma de actualización de tarifas previsto para el sector.

En los próximos días, se espera la difusión de un resumen con todos los incrementos confirmados en servicios públicos y transporte, según adelantaron voceros oficiales. Los usuarios podrán consultar los valores actualizados y planificar el gasto mensual, en un escenario donde el ingreso disponible se ve condicionado por el ritmo de los aumentos en los gastos fijos.
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