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La gramática del fusil: en Estados Unidos las armas son parte del paisaje

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Una colección de rifles, escopetas, pistolas y varias cajas de municiones y cargadores se extiende sobre una bandera de los Estados Unidos, destacando el debate sobre la posesión de armas en el país. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Chéjov legisló para todos los teatros del mundo menos uno. Si en el primer acto hay un rifle colgado en la pared, decía, en el tercero tiene que disparar: la economía dramática exige que el arma se justifique, que su presencia sea una promesa y no un adorno. La regla presupone algo que en los Estados Unidos nunca fue cierto: que el arma sea una excepción, un objeto que la trama debe explicar. En la literatura norteamericana el rifle no necesita colgarse en el primer acto porque ya estaba ahí antes de que se levantara el telón; antes del teatro, incluso antes del país. No es utilería: es la escenografía misma.

Entender la diferencia entre el arma como recurso narrativo y el arma como atmósfera es entender buena parte de la historia literaria de los Estados Unidos, y de paso su presente político, que sigue discutiendo en 2026 lo que no pudo resolver ni después de Columbine, ni después de Sandy Hook, ni después de Uvalde; ni para el caso el intento de magnicidio de Trump o el asesinato de Charlie Kirk, o Kennedy, o John Lennon.

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En los Estados Unidos circulan más armas de fuego que personas: alrededor de ciento veinte por cada cien habitantes según el Small Arms Survey, una proporción que duplica a la del segundo país de la lista, Yemen, un país en guerra. Apenas dos o tres constituciones en el mundo reconocen algún derecho a la tenencia de armas; ninguna le da la centralidad casi litúrgica de la Segunda Enmienda, ratificada en 1791 y reinterpretada en 2008, cuando la Corte Suprema decidió en District of Columbia v. Heller que aquella frase sobre las milicias bien organizadas protegía en realidad un derecho individual.

Columbine, aquella masacre que dejó huellas. (REUTERS/Kevin Mohatt)
Columbine, aquella masacre que dejó huellas. (REUTERS/Kevin Mohatt)

Esa cultura no nació de la caza ni del deporte ni siquiera de la desconfianza jeffersoniana hacia el poder central, aunque todas esas cosas la adornaron después. Nació de dos empresas de despojo. Hacia el oeste, el arma fue el instrumento de la conquista territorial y del exterminio indígena; hacia adentro, fue la herramienta de las patrullas esclavistas, las milicias blancas que recorrían los caminos del sur cazando fugitivos. Las diversas teorías que intentan comprender esta cultura plantean que la Segunda Enmienda se redactó, en parte decisiva, para garantizar a los estados sureños el derecho a mantener armadas esas patrullas; como el residuo jurídico de la colonización: el ciudadano armado original no se defendía de un tirano sino que perseguía a un esclavo o desalojaba a un indio. Un eslogan publicitario de la época dorada del revólver lo dijo sin querer: “Lincoln liberó a los hombres, pero fue Sam Colt quien los hizo iguales”. El relato fundacional norteamericano es el del hombre blanco que se interna en la tierra salvaje, mata, y regresa purificado y renacido. No redimido a pesar de la violencia: redimido por ella. El arma no es un accesorio de ese relato; es la imagen de un rito sagrado.

Emily Dickinson casi no salió de su casa y jamás publicó en vida más que un puñado de poemas, buscó una figura para decir su propia vida, encontró esto: “Mi vida había sido un arma cargada”, arrinconada, hasta que el dueño pasó y la reconoció. Se ha leído ese poema como alegoría de la ira femenina, de la vocación poética, de la potencia sin destinatario; lo que importa aquí es más simple y más inquietante: en la América de 1863, hasta la interioridad de una mujer enclaustrada se pensaba a sí misma con la gramática del fusil. El arma no era un tema; era un idioma.

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Las aventuras de Huckleberry Finn

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Por Mark Twain

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En Huckleberry Finn Mark Twain cuenta la disputa entre los Grangerford y los Shepherdson, dos familias aristocráticas que se matan entre sí desde hace tanto tiempo que nadie recuerda el motivo, y que asisten juntas a la iglesia con los rifles entre las rodillas para escuchar un sermón sobre el amor fraterno. Huck anota que todos elogiaron la prédica. Unas páginas más adelante, el coronel Sherburn mata a un borracho inofensivo en plena calle y luego, solo con su escopeta, humilla desde el porche a la turba que venía a lincharlo, con un discurso sobre la cobardía del hombre promedio. Twain entendió las dos caras del asunto: el honor armado como farsa sangrienta, y el arma como la única oratoria que en ciertos lugares garantiza ser escuchada.

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Con Hemingway el arma dejó de ser tema y se volvió estética. No es una metáfora fácil: la famosa economía de su prosa, la frase corta, el adjetivo suprimido, la teoría del iceberg, se formó en el mismo molde que su ética de cazador, expuesta sin pudor en Las verdes colinas de África: el tiro limpio, único, sin desperdicio, que mata bien. Escribir una frase y disparar un rifle eran para él disciplinas hermanas. Toda una generación de narradores norteamericanos aprendió a escribir así, lo que significa que aprendió, aunque no lo supiera, a escribir como se dispara.

Pero en Hemingway el arma es también, y sobre todo, una herencia, en el sentido más literal y más siniestro. Su padre, Clarence, médico de Oak Park, se mató en 1928 con un revólver que había pertenecido al abuelo; la madre le envió después el arma a Ernest por correo. Él escribió el duelo oblicuamente en Padres e hijos uno de los cuentos de Nick Adams, y pasó las tres décadas siguientes rodeado de escopetas, hasta la madrugada del 2 de julio de 1961 en Ketchum, Idaho. Habría que resistir la tentación de leer esa muerte como símbolo, porque fue antes que nada una enfermedad y una tragedia familiar que siguió cobrando, su hermana, su hermano, su nieta Margaux; pero sería deshonesto no anotar que la estadística lo acompaña: más de la mitad de las muertes por arma de fuego en los Estados Unidos no son homicidios sino suicidios, el costado del problema del que la épica no habla nunca.

Ernest Hemingway - Cabo Blanco - Piura - marlín - Perú - pesca - Perú - 19 febrero
Hemingway: su padre se mató con el arma de su abuelo. (Muy Interesante)

Faulkner ofreció el rito contrario. En El oso, la nouvelle central de Desciende, Moisés (1942), el joven Ike McCaslin quiere ver al oso legendario del bosque grande, y no lo consigue hasta que comprende que debe desprenderse de todo: deja el rifle, después el reloj, después la brújula, y solo entonces, desnudo de técnica, el oso se le aparece. Y Faulkner la lleva hasta el final, porque Ike, años después, renuncia también a la plantación que le corresponde por herencia, al descubrir en los libros de contabilidad de la familia el incesto y la esclavitud que la fundaron. El rifle y la escritura de propiedad son, en Desciende, Moisés, la misma herencia envenenada. Ningún escritor norteamericano vio con tanta claridad que el arma del sur no apuntaba al bosque sino al pasado.

En su cuento Un buen hombre es difícil de encontrar (1953) Flannery O’Connor nos presenta a una abuela charlatana y egoísta que alcanza su único instante de gracia cuando reconoce al asesino con tres balas de por medio, y el inadaptado pronuncia entonces su veredicto atroz: “habría sido una buena mujer si hubiera tenido a alguien que le disparara cada minuto de su vida”. O’Connor explicó su método: para los duros de oído hay que gritar, y para los casi ciegos hay que dibujar figuras grandes y grotescas. En su ficción el revólver es el megáfono de Dios, el único instrumento capaz de perforar la sordera espiritual de un país lleno de sí mismo. Y tal vez sea por eso que sus cuentos siguen incomodando: sugieren que en la imaginación norteamericana ni siquiera la gracia encuentra otro vehículo que el cañón de un arma.

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Entrada principal de un supermercado Publix con logo verde. En primer plano, un cartel prohíbe el porte abierto de armas, excepto para la policía.
Un supermercado prohíbe entrar con armas a sus locales, en Estados Unidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y después está Cormac McCarthy. Meridiano de sangre (1985) toma la materia histórica de la expansión hacia el oeste y la devuelve a su verdad documental: la pandilla de Glanton, cazadores de cabelleras a sueldo de los gobernadores de Chihuahua y Sonora, matando indígenas por dinero y, cuando escasean, mexicanos cuyas cabelleras se les parezcan. No hay duelo al atardecer, no hay código, no hay pueblo mirando detrás de las ventanas; hay comercio. Veinte años más tarde, en No es país para viejos (2005), McCarthy remató la operación con un detalle de una crueldad perfecta: su asesino, Anton Chigurh, mata con una pistola de aire comprimido para aturdir ganado, la herramienta de los mataderos. Le niega al verdugo hasta la dignidad del revólver; las víctimas mueren como reses. Y alrededor de Chigurh, la novela despliega el paisaje real del Texas contemporáneo: todo el mundo está armado: el cazador Moss con su rifle de francotirador, los narcos con sus ametralladoras, los rancheros, los policías, y ese arsenal universal no salva absolutamente a nadie.

Un adolescente sostiene un arma en un stand de exhibición durante la reunión anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) en Dallas, Texas, EEUU, el 18 de mayo de 2024. REUTERS/Shelby Tauber
Un adolescente sostiene un arma en un stand de exhibición durante la reunión anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) en Dallas, Texas, EEUU, el 18 de mayo de 2024. REUTERS/Shelby Tauber

Charlton Heston, en la convención de la NRA del año 2000, levantó un rifle sobre su cabeza y desafió a quitárselo “de sus manos frías y muertas”. La frase se volvió consigna porque condensa el mito entero: el arma como parte del cuerpo, inseparable de la vida misma del hombre libre. Chéjov, otra vez, no sirve aquí; su regla suponía que el rifle podía descolgarse de la pared. En los Estados Unidos el tercer acto llega todos los días y el rifle sigue colgado, o mejor dicho empuñado, fundido a la mano que lo sostiene.

Lo mejor de la literatura norteamericana lleva doscientos años haciendo el trabajo lento y probablemente inútil que su política no intenta: abrir esos dedos, uno por uno, para mirar qué es lo que la mano tiene tanto miedo de soltar.



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Mamdani draws fury from 9/11 mourners over Ground Zero appearance: ‘Disrespectful’

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Mayor Zohran Mamdani’s presence at Friday’s 9/11 remembrance at Ground Zero drew criticism from some in the city, including one former police officer who said the mayor «probably should have skipped it» and another mourner who called his appearance «disrespectful» and «very offensive.»

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Mamdani has faced criticism over his associations with controversial political and online figures, as well as his decision to appoint Ramzi Kassem as his administration’s chief counsel. Kassem previously represented a Guantánamo detainee linked to an al Qaeda terrorist plot. 

Former New York Republican Gov. George Pataki, 9/11-era FDNY Commissioner Thomas von Essen and others called on Mamdani to skip the ceremony.

«He showed up anyway. It does bother us,» Walter Matuza, whose father Walter was killed that day, told Fox News Digital.

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MAMDANI HEADS TO 9/11 MEMORIAL DESPITE 110,000-SIGNATURE PUSH FROM VICTIMS’ FAMILIES TO STAY AWAY

New York first gentleman William Hochul Jr., New York Mayor Zohran Mamdani and Gov. Mikie Sherrill  (Hiroko Masuike/Getty Images)

Matuza said he was part of the group of victims’ families that initiated the petition to keep Mamdani away.

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He cited Mamdani’s association with streamer Hasan Piker, who once said America «deserved 9/11,» as well as Mamdani’s appointment of Kassem.

MAMDANI UNDER FIRE AFTER SYMBOLIC 9/11 PEN GOES TO FORMER AL QAEDA DEFENSE LAWYER

New York City Mayor Zohran Mamdani and Police Commissioner Jessica Tisch announce a new memorial honoring victims of 9/11 inside 1 Police Plaza, New York, NY on Wednesday, September 9, 2026.

New York City Mayor Zohran Mamdani and Police Commissioner Jessica Tisch announce a new memorial honoring victims of 9/11 inside 1 Police Plaza in New York, N.Y., Sept. 9, 2026. (Cristina Matuozzi/Sipa USA via Reuters Connect)

Matuza, of Staten Island, said his father was one of dozens at Carr Futures brokerage who died after American Airlines Flight 11 struck the north tower just above their 92nd floor offices.

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Mike, a former New Jersey police officer, told Fox News Digital he recalled watching the terror unfold on television from across the Hudson – and later came to Manhattan to help relieve exhausted NYPD officers stuck at their posts.

«Based on the rhetoric that he’s used in the past. Yeah, he probably should have skipped it,» Mike said of Mamdani.

He added that Mamdani’s appointment of Kassem also troubled him, saying the mayor could’ve handled the situation in a «whole different way.»

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FAMILIES OF 9/11 VICTIMS’ MESSAGE TO MAMDANI: ‘PLEASE DO NOT COME’ TO MEMORIAL CEREMONY

«But, he did it and unfortunately people aren’t going to forget it.»

Another mourner called Mamdani a «communist» when asked about his appearance on Friday, adding that the memorial was «not supposed to be a political event.»

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Steven, who traveled all the way to New York from Hobe Sound, Florida, to attend the remembrance, lambasted Mamdani’s presence as «disrespectful» and «offensive.»

ZOHRAN MAMDANI URGED TO SKIP NEW YORK CITY’S 9/11 MEMORIAL: ‘VILE ANTISEMITE’

«I’ve been following that over the past couple weeks and I saw that I think they had upwards of 700,000 New Yorkers requesting him not to be here. I mean, as the mayor, I would assume he has the right to be here…. But who he represents and the people he’s affiliated with… I feel that he should stay away. I don’t feel that his presence here is wanted, and I think he should honor that as a human being.»

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The petition had garnered more than 110,000 signatures at the time, according to the petition’s tally.

Steven called Kassem’s appointment «hideous» and added that the youngest generation who does not remember or did not live through 9/11 are suffering from «incorrect information» and do not understand the reality of the terror attack.

He said he will educate his children on 9/11 so that they do not go down the same ideological road.

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Attendee John told Fox News Digital that Mamdani does have a right to attend.

John said he lost friends including at now-Commerce Secretary Howard Lutnick’s Cantor-Fitzgerald firm – which lost more than 650 people; the most of any company in the Twin Towers that day – and that as long as Mamdani is respectful to the fallen Americans being remembered, he is «fine» with the Democrat attending.

Fox News Digital reached out to Mamdani for comment.

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In a prior statement, the mayor said he is proud of New York and «love[s] this city [and] country.»

«[W]hat I want this week to be a focus on is on the families whose loved ones were stolen from them 25 years ago in the horrific act of terror of September 11, and a focus also on the first responders who gave everything they could to this city and to the people who came together to try and help their fellow New Yorkers.»

During the ceremony, footage captured Mamdani approaching and greeting his 9/11-era predecessor, Republican Rudolph Giuliani.

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The two could be seen appearing to exchange brief pleasantries before Giuliani turned and sat down and an aide began speaking to the incumbent mayor.

All living former presidents reportedly attended the ceremony, as President Donald Trump instead visited the Pentagon’s remembrance before departing for County Clare, Ireland from nearby Andrews Air Force Base.

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At Ground Zero, 9/11 families turn to Trump as Obama’s old decision resurfaces

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

On a cloudy morning at the site where two sprawling towers once stood, the loved ones of New Yorkers killed on 9/11 gathered with a message for President Donald Trump: Release the unredacted files they believe could implicate Saudi Arabia.

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Vice President JD Vance attended the ceremony alongside former presidents George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden and Bill Clinton, as well as former Secretary of State Hillary Clinton. New York City Mayor Zohran Mamdani and former Gov. Andrew Cuomo were also among those in attendance.

The message was delivered on the main stage by Terry Strada, whose husband, Tom, was killed in the attacks. Speaking from the memorial stage, Strada accused successive administrations of protecting Saudi Arabia instead of supporting the 9/11 families.

Strada called out President Barack Obama, who was at the memorial, for vetoing the Justice Against Sponsors of Terrorism Act, or JASTA, in 2016. Congress later overrode the veto, allowing 9/11 families to sue Saudi Arabia over its alleged role in the attacks.

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TRUMP SET TO HONOR 9/11 VICTIMS, FIRST RESPONDERS AT PENTAGON ON 25TH ANNIVERSARY

Dr. Jill Biden, former President Joe Biden, Laura Bush, former President George W. Bush, Michael Bloomberg and Vice President JD Vance attend the ceremony to commemorate the 25th anniversary of the Sept. 11 terrorist attacks on the World Trade Center. (Hiroko Masuike/Pool/Getty Images)

«Administration after administration, including leaders in front of us here today, chose to protect the Saudis instead of standing with the 9/11 families,» Strada said. «They withheld evidence. They vetoed JASTA. They broke promises, both public and private. It has been one betrayal after another.

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«President Trump can still change that»

She urged the president to tell Saudi leaders «that if they want to be friends with the USA, they cannot continue to deny all of this, all of the pain, all of the destruction that we have all been suffering through.»

«Please carry that message back,» another speaker said, addressing Vance. «Stand with the families. Stand with the survivors.»

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The remarks drew applause from the crowd.

«Administration after administration has not done anything for us. In fact, they’ve blocked, blocked us every step of the way of getting justice,» Dennis McGinley, whose older brother Danny worked on the 89th floor of the South Tower, told Fox News Digital.

«President Trump has a unique, historic opportunity here to be a hero, be our champion, finally close the books on this American nightmare, which is now becoming an American embarrassment. It’s got to start.»

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The appeal came as families marked the 25th anniversary of the attacks with a renewed push for accountability from Saudi Arabia, which they accuse of helping two of the hijackers establish themselves in the United States. The kingdom has repeatedly denied involvement.

The families’ claims center on Omar al-Bayoumi, a Saudi national who helped hijackers Nawaf al-Hazmi and Khalid al-Mihdhar obtain an apartment in San Diego, and Fahad al-Thumairy, an accredited Saudi diplomat and imam at the King Fahd Mosque in California who had numerous contacts with al-Bayoumi.

The 9/11 Commission documented the men’s connections but did not conclude that the Saudi government or senior Saudi officials supported the plot. Its report also said investigators found no evidence that another Saudi national, Osama Bassnan, gave money to the hijackers.

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Newly released investigative material and evidence presented in a long-running civil case have intensified scrutiny of those connections. In August 2025, U.S. District Judge George Daniels allowed claims against Saudi Arabia to proceed, finding that the families had presented enough evidence to move toward trial. The ruling did not determine that Saudi Arabia was responsible for the attacks.

The families say that legal ruling, along with additional FBI and British intelligence material, gives Trump an opportunity to release more records and help resolve what they view as a 25-year-old betrayal.

SON WHO LOST FATHER IN 9/11 ATTACKS SHARES POWERFUL LESSONS 25 YEARS LATER: ‘I’M STILL HERE’

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For Passananti, the demand was inseparable from his own loss. His father, Horace Robert Passananti, was working on the 100th floor of the North Tower. Passananti was 32 when he called his father after hearing that a plane had struck the building.

He never heard from him again.

Mamdani at 9/11 memorial

New York first gentleman William Hochul Jr., New York Mayor Zohran Mamdani and New Jersey Gov. Mikie Sherrill  (Hiroko Masuike/Getty Images)

Passananti said he has attended the ceremony every year but one since the attacks.

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«I wish I wasn’t here, obviously, but I feel like I have to be here every year,» he told Fox News Digital.

Passananti, who is affiliated with the group 9/11 Justice, said families want those responsible for the attacks held accountable.

«We’ve really been on our own — the families — trying to obtain evidence,» Passananti said. «We’ve gotten really no help from our government. We feel like they’ve put Saudi Arabia ahead of the 9/11 families, and we’re hoping that will change.»

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TRUMP CONFIRMS PENTAGON PLANS FOR 25TH ANNIVERSARY OF 9/11 ATTACKS, DISPUTES REPORT ON GROUND ZERO ABSENCE

He described the delays in the case as «a twilight zone.»

«It feels really like a twilight zone and unbelievable that we have to fight for justice for the worst terrorist attack that ever happened on our soil,» Passananti said. «It doesn’t feel real. It’s unexplainable.»

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Trump has previously acknowledged that questions remain unanswered about the attacks. In 2022, while defending his decision to host a Saudi-backed LIV Golf tournament at his New Jersey club amid protests from 9/11 families, Trump said, «Nobody has gotten to the bottom of 9/11.»

But Trump has not publicly said whether he supports releasing additional files concerning Saudi Arabia’s alleged ties to the hijackers.

«President Trump is leading the most transparent administration in history, which is why he authorized the declassification and release of hundreds of pages of documents related to the terrorist attacks on September 11, 2001. The President will always pay tribute to the American heroes we lost in the tragic September 11 attacks, their beautiful family members, and to the acts of heroism that defined that fateful day when the unbreakable spirit of the American people prevailed,» White House spokesperson Olivia Wales said in a statement to Fox News Digital.

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9/11 memorial

People stand next to the reflecting pools before a ceremony to commemorate the 25th anniversary of the Sept. 11 terrorist attacks on the World Trade Center at the National 9/11 Memorial & Museum on Sept. 11, 2026, in New York City. (Jeenah Moon/Pool/Getty Images)

McGinley worked across the Hudson River and called his brother after seeing the first plane hit, believing it was a small aircraft. His brother told him it was a passenger jet and described seeing people jumping from the neighboring tower. McGinley asked Danny if he was evacuating, and he said he’d been told to remain in place just before the South Tower was hit.

McGinley never spoke to him again.

«It is like the wound never healed, and every year we get salt poured back into that wound,» McGinley said.

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The families’ calls for answers extended beyond those killed on the day of the attacks. Relatives of first responders who later died from cancer and other illnesses linked to toxic exposure also gathered at the memorial to honor their loved ones.

Jen Nilsen, whose husband died in the attacks, said the pain remains as strong as ever 25 years later.

«It doesn’t change at the 25th year,» Nilsen said. «The pain is still there.»

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Nilsen said she returns to the memorial because «this is where he is.»

Her message to younger generations was simple.

«Never forget,» she said. «Even though years go on, you never forget. You never get over it. The hurt is always there. The pain is always here.»

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Científicos alertan que los próximos desastres climáticos podrían ser mucho más graves de lo previsto: las 3 claves para entender el riesgo

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Una sola tormenta tropical puede alterar durante horas la vida de una región y dejar una cifra de víctimas que tarda años en dimensionarse. En Myanmar, el ciclón Nargis causó cerca de 140.000 muertes en 2008. Para científicos del King’s College London, ese antecedente no marca el límite conocido de la destrucción: los registros históricos pueden subestimar de forma grave el daño que causarán futuras olas de calor y ciclones.

La advertencia figura en un trabajo de perspectiva publicado en Nature Sustainability, cuyos autores revisaron las muertes atribuidas a todos los ciclones tropicales y episodios de calor extremo registrados en el mundo entre 2000 y 2025. El análisis sostiene que los métodos habituales para calcular riesgos climáticos suelen imaginar escenarios intensos, pero conocidos, y dejan fuera combinaciones de fenómenos que todavía no tienen precedentes.

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El foco del estudio está puesto en las olas de calor, los ciclones tropicales y la posibilidad de desastres con impactos mucho mayores que los observados hasta ahora. Los investigadores aclaran que un evento con millones de víctimas no puede descartarse por completo, aunque esa posibilidad no implica que vaya a ocurrir.

La investigación publicada en Nature Sustainability revisó las muertes atribuidas a ciclones tropicales y calor extremo registradas entre 2000 y 2025. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un ciclón en Myanmar concentró más muertes que cientos de tormentas

Los datos examinados muestran que la mortalidad vinculada a fenómenos meteorológicos extremos no se distribuye de forma pareja. Una cantidad reducida de catástrofes concentra la mayoría de las víctimas, una característica que, según los autores, dificulta proyectar cuál podría ser el verdadero peor escenario.

El caso más marcado fue el del ciclón Nargis, que golpeó Myanmar en 2008 y dejó alrededor de 140.000 muertos. De acuerdo con el análisis, esa cifra superó por más del doble el total de muertes provocado por los otros 675 ciclones tropicales mortales incluidos en el período 2000-2025.

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La diferencia ayuda a explicar una de las preocupaciones centrales de la investigación. Si la experiencia reciente está dominada por pocos episodios excepcionales, utilizar únicamente los antecedentes disponibles puede transmitir una sensación engañosa sobre el techo de riesgo. El peor evento registrado no necesariamente es el peor evento posible.

“El pasado casi con seguridad nos hará subestimar el riesgo futuro”, afirmó Tom Matthews, profesor titular de Geografía Ambiental en el King’s College London y autor principal del trabajo. “Los hechos que moldearon nuestra idea de lo que puede hacer el clima extremo no son lo peor que puede suceder. Son lo peor que ha sucedido hasta ahora, en un registro corto y en un clima que ya no existe”.

La ola de calor europea de 2003 dejó unas 70.000 víctimas

Los autores señalaron que el peor evento registrado no necesariamente representa el peor escenario posible del clima extremo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión también encontró una concentración similar en los episodios de temperaturas extremas. Las muertes por calor estuvieron agrupadas en unos pocos eventos de gran magnitud, con la ola de calor europea de 2003 como el caso más letal del conjunto analizado.

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Aquel episodio provocó alrededor de 70.000 muertes en Europa, según los datos citados por los científicos. Cerca de la mitad se produjo durante las primeras dos semanas de agosto, cuando las temperaturas se mantuvieron elevadas durante varios días en distintos países del continente.

Una ola de calor no es simplemente una jornada con máximas altas. Se trata de un período prolongado de temperaturas inusualmente elevadas que puede impedir que el cuerpo se recupere, sobre todo por la noche. El peligro aumenta para personas mayores, niños, pacientes con enfermedades previas, trabajadores expuestos al exterior y hogares sin acceso a refrigeración.

La acumulación de calor también presiona los sistemas de salud, la provisión eléctrica, el transporte y el abastecimiento de agua. Por eso, el estudio plantea que medir el riesgo solo a partir de un número de muertes puede dejar en segundo plano otros daños que ocurren al mismo tiempo y pueden agravar una emergencia.

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Los científicos plantean escenarios climáticos que aún no tienen antecedente

El equipo propuso tres prioridades para anticipar desastres meteorológicos de gran escala, con análisis prospectivos, estudio de umbrales y límites físicos del tiempo meteorológico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los sistemas actuales de evaluación suelen contemplar amenazas reconocibles en una escala más intensa. Por ejemplo, un huracán con vientos más fuertes que los documentados en el pasado. Sin embargo, los autores advierten que esas herramientas son menos eficaces cuando deben anticipar una cadena de sucesos inédita.

Uno de los ejemplos expuestos es una ola de calor devastadora que ocurra justo antes de un huracán intenso. Millones de personas podrían encontrarse en proceso de evacuación, sin aire acondicionado ni otras formas de protección frente a temperaturas peligrosas. La simultaneidad de ambos fenómenos pondría a prueba la respuesta sanitaria, la capacidad de los refugios, las comunicaciones y la infraestructura.

Matthews propuso que la comunidad científica trate la identificación de desastres catastróficos desconocidos como un objetivo específico de investigación. “Significa trabajar hacia atrás desde un resultado que nadie quiere y preguntar qué podría producirlo”, señaló. También pidió sumar a especialistas que habitualmente no participan de estas evaluaciones, entre ellos expertos en riesgos existenciales y autores de ficción climática.

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La idea consiste en partir de un daño hipotético —por ejemplo, un colapso prolongado de servicios esenciales o una mortalidad masiva— y reconstruir las condiciones meteorológicas, sociales y de infraestructura que podrían desencadenarlo. En términos simples, se busca imaginar antes de tiempo una crisis para identificar qué medidas pueden impedirla o reducir sus consecuencias.

El ciclón Nargis en Myanmar causó cerca de 140.000 muertes en 2008 y concentró más víctimas que cientos de tormentas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tres prioridades para anticipar desastres meteorológicos de gran escala

El equipo del King’s College London propuso tres líneas de trabajo para mejorar la prevención ante eventos de impacto extremo. La primera son los análisis prospectivos con participantes de distintas áreas, incluidas comunidades de primera línea, aseguradoras, modeladores del clima, investigadores de riesgos y escritores especializados en escenarios climáticos.

La segunda prioridad es comprender mejor los umbrales a partir de los cuales los daños aumentan de forma muy rápida. Un umbral es el punto en que un cambio adicional, aunque parezca pequeño, genera consecuencias mucho mayores. Por ejemplo, unos días extra de calor intenso pueden multiplicar los problemas de salud si coinciden con cortes eléctricos o con hospitales saturados.

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La tercera propuesta es establecer cuáles son los límites físicos del tiempo meteorológico en climas bastante más cálidos o más fríos que el actual. Esa tarea apunta a conocer qué fenómenos pueden producirse bajo condiciones que las sociedades modernas todavía no han enfrentado.

El trabajo fue difundido después de un verano con miles de muertes adicionales registradas en Europa durante las olas de calor de junio y mientras se analizaban los posibles efectos globales de El Niño, un fenómeno climático que puede modificar los patrones de lluvias y temperaturas en varias regiones. Para los autores, la preparación frente al clima extremo debe considerar tanto los antecedentes conocidos como los escenarios que todavía no figuran en los archivos históricos.

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