La marca busca sostenerse en un mercado golpeado por la baja demanda y restricciones financieras
La tradicional empresa argentina de alimentos Tía Maruca dejará de fabricar sus productos en su propia planta de San Juan y migrará a un modelo de producción tercerizada.
La decisión, motivada por una estrategia de reducción de costos en el contexto económico actual, marca un cambio en la historia de la marca. El objetivo central es mantener la viabilidad de la firma en un mercado afectado por la baja en el consumo y las restricciones para obtener crédito.
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La planta ubicada en Albardón, San Juan, era el principal centro de producción de Tía Maruca, donde aún trabajan casi 300 personas. El establecimiento, que previamente estuvo en manos de PepsiCo, fue adquirido recientemente por Juan Carlos Crovela, un empresario bonaerense con negocios vinculados al azúcar y la harina, que integró el directorio de Georgalos.
Según trascendió, cuando Crovela compró la planta se comprometió a modernizarla, incorporar tecnología y ampliar su capacidad productiva. Según medios sanjuaninos, bajo la nueva gestión se saldaron deudas pendientes con el personal, incluidos salarios y aguinaldos, y se estabilizó el ambiente laboral tras un periodo de conflicto. El establecimiento seguirá en actividad, aunque ya no producirá para la marca fundada por Alejandro Ripani, sino que abastecerá a otras compañías del sector.
A diferencia de posibles especulaciones sobre un cierre definitivo, la fábrica de Albardón permanecerá operativa y conservará su plantilla original de trabajadores tras el traspaso. En tanto, la marca continúa bajo el control de Ripani, quien decidió implementar un esquema de producción por encargo —conocido en la industria como “a façón”— en fábricas de terceros.
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El cambio de estrategia implica que la fábrica de Albardón operará para otras empresas del sector
Se trata de una modalidad habitual en la industria alimentaria y de granos en la Argentina, cuando las empresas enfrentan dificultades operativas o necesitan reducir costos. También puede aplicarse a la inversa: compañías con plantas industriales, pero sin capacidad de comprar granos o materia prima, ponen sus instalaciones a procesar para terceros. Así ocurrió con Vicentin, por ejemplo, durante la última parte de su proceso judicial, antes de pasar a manos del empresario Mariano Grassi.
Durante sus años de mayor expansión, Tía Maruca llegó a emplear a 300 personas en la planta de Albardón y alcanzó cerca del 5% del mercado local de galletitas. El establecimiento industrial, adquirido en 2017, fue una apuesta clave para competir contra grandes empresas del rubro. Como parte de la operación, se sumaron otras marcas, como Dale y Argentitas, y se firmó un acuerdo para que la planta fabricara durante tres años las galletitas Toddy, aunque la propiedad de esa marca permaneció en manos de PepsiCo.
El deterioro financiero de la compañía lleva varios años. En octubre de 2025, la empresa había comunicado el cierre de su planta en Chascomús, decisión que la llevó a despedir a 27 empleados, tras una serie de parates técnicos y retrasos en el pago de sueldos en las distintas sedes productivas. La crisis se profundizó en 2019, año en que la marca ingresó en concurso preventivo por deudas estimadas en 300 millones de pesos.
Tía Maruca mantendrá su presencia en las góndolas a través de un esquema de producción tercerizada
La trayectoria de Tía Maruca está vinculada a la empresa matriz Dilexis, fundada en 1998 por Alejandro Ripani. La influencia familiar se remonta a la creación de la marca de galletitas RC por parte de Cliver Ripani en 1972, donde el propio Alejandro se formó en el negocio.
En 2024, se concretó un movimiento accionario relevante: el grupo Argensun Foods, conocido por la marca de snacks Pipas, ingresó con el 50% del capital y tomó el control operativo y estratégico de Tía Maruca. Este desembarco permitió regularizar pagos atrasados, ordenar cheques rechazados y homologar el concurso preventivo. Argensun Foods, liderado por la familia Díaz Colodrero, sumó así una marca emblemática de consumo masivo a una estructura previamente orientada al sector agroindustrial, con fuerte presencia comercial en kioscos a través de Pipas y una red que cubre nueve de cada diez puntos de venta en el país.
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