POLITICA
¿La hora de los “outsiders”? Milei, entre la inquietud y la tensión por los nuevos jugadores

“Milei compite contra sí mismo”. En Casa Rosada el mantra rector se repite hasta el hartazgo: el futuro de La Libertad Avanza como espacio gobernante depende mucho menos de la identidad de sus adversarios que de la pericia oficial para recuperar a una sociedad que empezó a perder la paciencia. En la intimidad del poder, la Mesa Política lo viene debatiendo sin excesos de romanticismo: aunque no lo griten en público, son conscientes de que el gran objetivo de cara a 2027 es conseguir que los argentinos que reconocieron el equilibrio fiscal, el ordenamiento de las variables macro y la baja de la inflación vuelvan a sentir que esos logros también mejoran sus vidas. “Si nosotros hacemos las cosas bien, Javier es reelecto. Si las hacemos mal, nos vamos a casa”, simplifica uno de los funcionarios más gravitantes de la administración violeta. La teoría parece sencilla. Llevarla a la práctica viene siendo bastante más complicado.
Por eso, si bien hacia afuera le restan trascendencia, en el ecosistema libertario siguen con una mezcla de curiosidad, escepticismo y algo de tensión la aparición de figuras que merodean la carrera presidencial desde afuera de la política tradicional. Ninguno lanzó formalmente una candidatura. Ninguno sabe todavía si terminará haciéndolo. Algunos ni siquiera tienen decidido cuándo van a resolver su futuro. Pero tres apellidos empezaron a repetirse en despachos políticos, reuniones empresariales y conversaciones del siempre inquieto Círculo Rojo: el predicador evangélico Dante Gebel, el banquero Jorge Brito y el empresario de medios Daniel Hadad.
En Balcarce 50 objetan, sin embargo, la primera etiqueta que se les suele pegar. “¿Outsiders de qué? De las urnas, en todo caso”, se pregunta en estas horas uno de los principales armadores de la rosca proselitista. No lo plantea con sorna, aclara enseguida. Y desarrolla su punto: “No hicieron carrera electoral ni administraron el Estado, pero tampoco son desconocidos que acaban de descubrir los pliegues del poder argentino. Acá preferimos decirles insiders porque trabajan y se mueven desde hace décadas en ámbitos muy importantes. En ese sentido, me preocupan más ellos que un loco que venga completamente de afuera. Eso ya pasó en 2023”.

Hay, más allá de los rótulos, un hilo fino que viene uniendo sus intervenciones públicas por más que no exista entre ellos ningún armado conjunto. Gebel dijo que hubiera votado a Milei pero que hoy no lo haría y dejó una frase incómoda: “El que tiene que llenar la heladera todos los días no te puede esperar”. Brito, habitué de eventos corporativos de alto nivel pero esquivo a las entrevistas, habló de construir “un país en el cual les vaya bien a todos” y no solamente a algunos. Hadad, el último en admitir que no descarta competir, reconoce que una enorme mayoría de la sociedad no quiere regresar al pasado pero reclama que se comprenda que “la motosierra no sólo pasó por el Estado sino por muchas familias”.
No son, al menos hasta acá, discursos que propongan dinamitar todo lo hecho por Milei. Más bien tantean otra fibra: conservar parte de los cambios, emprolijar lo que consideran desajustes, bajar los decibeles de la confrontación y agregar una dosis de sensibilidad social y productiva a un modelo que sigue encontrando dificultades para hacer llegar sus resultados a los bolsillos.
En este contexto, ¿hay terreno fértil para recibir lo que ellos eventualmente puedan ofrecer? La contracción en el apoyo popular que muestran distintos estudios sobre La Libertad Avanza, la crisis peronista que sigue sin resolver liderazgo ni estrategia, la creciente falta de pertenencia partidaria y un descreimiento social que se derrama sobre toda la dirigencia abrieron un interrogante que no pasa inadvertido en la Quinta de Olivos: ¿2027 volverá a resolverse entre los polos conocidos o existe una porción suficientemente grande de argentinos dispuesta a escuchar una propuesta nueva? A catorce meses de que se abran los cuartos oscuros, la respuesta todavía está lejos de aparecer. Aun así, debajo del ruido comenzaron a moverse las placas tectónicas: de hecho, circulan números que ayudan a entender por qué los que hasta hace poco no figuraban en ninguna conversación presidencial hoy reciben llamados, propuestas, encuestas y consejos sobre cómo llegar al Sillón de Rivadavia.

El primero de esos trabajos le puso nombre a la orfandad política circundante. El Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) bautizó como “ningunismo” a un fenómeno que viene aumentando desde hace tiempo: según un estudio que circuló con fuerza entre hombres y mujeres del establishment, el 42% del país no se identifica con ningún partido. La conclusión gana volumen cuando se la cruza con otro dato del mismo relevamiento: el 63% declara estar poco o nada interesado en la política, 18 puntos más que el año pasado. No se trata necesariamente de ciudadanos sin posiciones o preferencias sino de personas que dejaron de encontrar un espacio ideológico que les calce cómodo.
Hay una derivación incluso más interesante para entender el escenario. Pulsar encontró que buena parte de quienes se ubican en el “medio” no habitan allí porque hayan elaborado una combinación sofisticada de ideas de izquierda y derecha sino porque lo utilizan como una suerte de refugio. Un “no lugar” para escapar de los polos. “No necesariamente expresa moderación programática”, explica Facundo Cruz, coordinador general del observatorio. Esa precisión sirve para esquivar una tentación habitual del análisis político: confundir automáticamente desencanto con el renacimiento de la tantas veces anunciada “avenida del medio”. “Estos nuevos actores que están coqueteando con incursionar en política lo hacen porque encuentran un vacío en la oferta para saciar la demanda de los del centro. Lo que queda como interrogante es si demanda y oferta se van a terminar encontrando. Pero es esperable que crezca la cantidad de gente que llame a un outsider”, completa Cruz.
Federico Aurelio encontró desde Aresco otra puerta de entrada al fenómeno. Cuando su consultora preguntó si los encuestados votarían en 2027 a un espacio que no represente ni al mileísmo ni al kirchnerismo, el 14,6% respondió que seguramente lo haría y otro 40,7% que podría llegar a hacerlo. Sumados, 55,3% manifiesta alguna disponibilidad para mirar una tercera alternativa. La fotografía cambia cuando hay que abandonar el terreno de lo potencial y elegir efectivamente una identidad: en intención de voto por espacios, el oficialismo aparece con 29,8%, el peronismo con 26,9% y una posible tercera opción alcanza 22,7%. Hay agua en la pileta. No está claro quién puede nadar.
Alaska y TresPuntoCero llegaron por otro camino a un paisaje parecido. Su mapa de identidades políticas divide al electorado en tres grandes conjuntos: un 37,7% se ubica dentro de diferentes expresiones opositoras al Gobierno; otro 28% reúne las identidades vinculadas al panoficialismo; y por cuerda separada aparece un enorme 34,4% que directamente no se reconoce en ningún “ismo”. Un tercio de la sociedad dando vueltas sin nombre propio es, cuanto menos, una invitación para cualquier armador con ambición.

QSocial fue más quirúrgica pero incorporó un asterisco que deberían leer con cuidado todos los que sueñan con fabricar otro Milei. Al segmentar qué tipo de liderazgo demandan los argentinos encontró tres grupos: 35% de “decisionistas”, que privilegian una conducción fuerte y resolutiva; 49% de “consensualistas”, que reclaman equipos, negociación y capacidad de construir acuerdos; y apenas 16% de “outsideristas”, el único sector que valora a un mandatario sin experiencia previa. Ergo: el apetito por algo nuevo parece ser bastante más grande que el apetito por alguien completamente ajeno al sistema.
La misma consultora analizó además a los votantes que rechazan simultáneamente a Milei y al kirchnerismo. Son cerca de cuatro de cada diez argentinos y tienen algunos rasgos que los convierten en objeto de deseo: más de la mitad evalúa negativamente la situación económica, una enorme mayoría carece de optimismo hacia el futuro y el 70% está decepcionado con el Presidente pese a reconocerle resultados como la desaceleración del Índice de Precios al Consumidor. Lucas Klobovs, director de QSocial, introduce una condición elemental para cualquiera que pretenda pescarlos: tienen que percibir que la alternativa es competitiva. De lo contrario, la polarización vuelve a funcionar como una aspiradora y el elector termina refugiándose en alguno de los dos extremos para evitar que gane el que más rechaza.
Ahí aparece la verdadera paradoja de esta historia. El hueco existe, pero no tiene todavía forma de candidato. Hay desafección, bronca, electores huérfanos y disponibilidad para mirar hacia otro lado. Lo que no aparece con la misma contundencia es una nostalgia por la inexperiencia. Si en 2023 una porción importante de los argentinos premió a quien prometía entrar con una motosierra para destruir el sistema desde afuera, el mensaje que surge ahora parece tener otro tono: cambiar, sí; improvisar, no tanto.
Dante Gebel es, de los tres líderes que circulan, el que lleva más tiempo jugando con esa frontera. Nació en Billinghurst, partido de San Martín, en 1968 y se instaló en Estados Unidos en 2008. Pastor evangélico, aunque él mismo suele preferir definiciones como comunicador o “influencer espiritual”, escritor, conferencista y showman, saltó a la popularidad en la Argentina de los años noventa con los llamados “Superclásicos de la Juventud”, encuentros religiosos que llegaron a llenar Vélez y River. En California fundó River Church y desde hace cuatro años recorre distintos países con “PresiDante”, un espectáculo a mitad de camino entre el stand up, la conferencia motivacional y la prédica en el que juega, no demasiado sutilmente, con la posibilidad de convertirse por una noche en la persona que comanda los destinos de una nación.

A diferencia de lo que sucedía a principios de 2026, cuando todavía alternaba señales contradictorias y desmentidas de rigor, los que vienen hablando con él aseguran que está “cada vez más decidido” a explorar una candidatura real. Eso sí: no se imagina participando de una primaria con nadie. Y, toda una revelación, tampoco quiere apoyarse en una estructura religiosa. “No queremos la estructura evangélica”, repite ante su equipo. La aclaración no es menor: distintos estudios académicos advierten desde hace años que no existe en la Argentina un voto evangélico automático ni un comportamiento político corporativo de los fieles. Si juega, Gebel pretende construir por encima de esa identidad.
Su espacio, Consolidación Argentina, sigue organizando encuentros sin su presencia y armando equipos técnicos. “Estamos realmente a pleno y queremos extender nuestra fuerza a todo el país”, dicen cerca suyo. El predicador impuso una particularidad: rechaza el método de designar referentes provinciales y seccionales como cualquier partido tradicional. “No queremos más los métodos de la vieja política”, explica en privado, aunque depositó su confianza en el gremialista aeronáutico Juan Pablo Brey y el legislador porteño Eugenio Casielles. ¿Dónde está parado en el mapa ideológico? No se define peronista pero reivindica lo que llama la “conciencia social” de algunas ideas del viejo justicialismo. Y, cuando le piden dictámenes más precisos, suele refugiarse en una cita bíblica del evangelio de Mateo: “Por sus frutos los conoceréis”.
El calendario puede ser más revelador que sus palabras. La despedida de la gira internacional que emprendió hace meses está prevista para el 19 de noviembre; en su entorno, no obstante, adelantan que desde septiembre empezará a viajar con mucha mayor frecuencia a la Argentina. Además, confirman que trabajan para montar durante diciembre un evento multitudinario destinado especialmente a los jóvenes y con artistas internacionales de la talla de Ricardo Montaner y Daddy Yankee. ¿Será su lanzamiento oficial? Sólo Dios sabe.
En la vereda empresarial, a sus 47 años Jorge Brito enfrenta una situación distinta. En su caso, no necesita construir vínculos con el Círculo Rojo porque nació y creció profesionalmente dentro de ese círculo. Preside el Banco Macro, que fundó su padre junto con Ezequiel Carballo, y tiene participación en compañías de energía y producción agropecuaria. En paralelo, desarrolló una carrera dirigencial en River: acompañó como vicepresidente a Rodolfo D’Onofrio y condujo el club entre 2021 y 2025 antes de entregarle el mando a Stefano Di Carlo.

Por eso, alrededor suyo tampoco gusta demasiado la palabra outsider. “Tercera posición” es una expresión que aparece con más frecuencia entre quienes lo alientan a competir. Brito no es candidato y se encarga de remarcarlo cada vez que le hacen la pregunta, pero reconoce ante sus allegados que siente una demanda de sectores que no quieren volver al populismo y no se sienten contenidos por los liberales libertarios. “Todavía le veo vida política a Milei pero es innegable que mucha gente está mal”, es una de las reflexiones que escucharon los que hablan asiduamente con él. Su aspiración conceptual, si alguna vez salta definitivamente la tranquera, sería formar parte de un espacio de centroderecha capaz de “cortar el péndulo argentino”.
Emilio Monzó, ex presidente de la Cámara de Diputados durante la gestión de Mauricio Macri, es uno de los principales motores del “experimento Brito”. Si le dieran rienda suelta a su voluntad, aprovecharía los próximos meses para instalar su figura por fuera de los mundos en los que ya es conocido. “Nadie va al supermercado a pedir lo que no está en la góndola”, es la metáfora que suele usar el dirigente. El desafío es convencer al propio banquero o, en todo caso, a alguien de perfil similar. Es que Monzó no se imagina en esa estantería imaginaria a Dante Gebel: “Mi preocupación es que aparezca un audaz y se aproveche de esta situación. Respeto a Gebel y lo que hace pero no puede gobernar a la Argentina”, dijo esta semana en una entrevista en las mañanas de Infobae en vivo.
Quienes conocen a Brito aseguran que no abandonará su actividad privada para protagonizar una aventura testimonial y que solamente aceptaría si los números empiezan a mostrar alguna posibilidad concreta.
Daniel Hadad, que viene de elogiar en televisión al líder del Macro, es el último en haber blanqueado públicamente la posibilidad de incursionar en política. “No descarto ser candidato a algo el año que viene”, se animó, para sorpresa de propios y ajenos. Y agregó: “Sería muy feliz si pudiese colaborar con alguien que quiera hacer un cambio en la Argentina”. Hasta ahí, la declaración. Detrás de escena ya existen movimientos más concretos. El fundador de Infobae siente la necesidad de medir de forma profesional qué está pasando en las entrañas de la población: para eso, contrató a un equipo que trabajó con el alcalde Zohran Mamdani en Nueva York para realizar un estudio de opinión pública en CABA, el Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza. Quiere entender con mayor profundidad el clima social antes de tomar cualquier decisión. El diagnóstico que lo inquieta no pasa necesariamente por la eventual intención de voto: quiere medir “qué está pasando en la sociedad con respecto a la tristeza y la desesperanza”. “Yo siempre laburo con datos y números”, explicó en una conversación reservada en su último paso por Argentina, país donde no descarta volver a vivir después de haberse instalado en Estados Unidos desde 2022.
Hace rato que sus convocatorias llaman la atención de todos los funcionarios con oficina en el primer piso de Balcarce 50: dirigentes de las tribus más variadas estuvieron presentes cuando en abril recibió el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) o cuando más recientemente presentó el cortometraje “El Libertador” sobre el histórico encuentro entre José de San Martín y Domingo Faustino Sarmiento. ¿Una señal de que se puede unir a sectores diversos o incluso enfrentados entre sí? Sea como sea, Hadad se auto impuso una fecha: antes del 28 de noviembre, día en el que cumpla 65, pretende definir qué hará durante los próximos cuatro años.
La primera reacción de la Casa Rosada ante los outsiders/insiders es minimizar cualquier tipo de riesgo potencial real. De nuevo se repite la frase: “Nosotros competimos contra nosotros mismos: hay que convencer al electorado en 2027”. En la cúpula libertaria admiten que existe humus fértil para que aparezca “algo nuevo”, pero todavía no saben “si están frente a proyectos políticos reales o apenas globos de ensayo inflados por una coyuntura económica adversa”. “Nos tienen que contar su idea de país”, apura un ministro ante la consulta.
Con todo, la lectura más extendida sigue siendo optimista para Milei o, en el peor de los casos, positiva para el rumbo general. “El próximo presidente es Javier o alguien que no viene haciendo política. El peronismo no es opción”. El razonamiento es interesado pero explica por qué el trío Gebel/Brito/Hadad genera más incomodidad que pánico. Por ahora. “Estamos justo en un momento complicado, con la economía ralentizada, problemas de recaudación y gobernadores que también sienten el impacto. Es lógico que ahí se inflen las terceras posiciones”, concede otro miembro clave de la Mesa Política.
En los pasillos gubernamentales se plantan también contra una lectura demasiado lineal de las encuestas. “No alcanza con tener buena imagen. Si fuera solamente por eso, Leo Messi podría ser presidente”, ironiza una espada violeta al recordar un estudio de Jorge Giacobbe que le da al 10 un 92,1% de positiva. Además, sostienen que lo más prudente es esperar: quienes integran la danza de nombres “todavía no fueron sometidos al escrutinio brutal que implica transformarse efectivamente en candidatos”.
La estrategia, de todas maneras, no consiste solamente en rezar para que los eventuales competidores se desinflen. Karina Milei trabaja para consolidar un oficialismo con mayor volumen territorial y apurar acuerdos con los mandatarios provinciales. En ese tablero, la reforma electoral vuelve a aparecer como una pieza decisiva: los laderos de “El Jefe” calculan que la suspensión de las PASO debería discutirse entre septiembre y octubre y advierten que la actitud de cada mandatario provincial frente al proyecto condicionará las alianzas posteriores. “Gobernador que no acompaña, gobernador que no está en ningún acuerdo”, exagera, o quizás no tanto, uno de los negociadores.
El gran inconveniente para esa compleja ingeniería es que la política sigue chocando contra la economía cotidiana.
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POLITICA
Un ministro de Pedro Sánchez recibe con burlas y críticas a Milei en plena campaña española

Fue una bienvenida filosa: el ministro de Transportes de España, Óscar Puente, le dedicó burlas y duras críticas al presidente Javier Milei horas antes de su llegada a Madrid para participar de actividades con sus socios de la derecha alternativa VOX.
Puente, que desde hace años confronta con Milei en público, le dedicó al líder argentino un discurso de campaña en Valladolid, la ciudad castellana de la que fue alcalde. Lo escuchaba entre risas y aplausos el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, en campaña hacia las elecciones generales del 29 de noviembre. “Lamentablemente no todo va a ser amor en esta charla. Ya sabéis que viene Milei a España”, arrancó el ministro ante la militancia socialista.
Con tono sarcástico, añadió que hablar en esas circunstancia le exigía “un ejercicio de contención muy grande”. Dijo: “No me voy a meter con cómo baila o con cómo canta. Es verdad que canta como un gato afónico al que le ha pillado la cola la puerta. Voy a hablaros de sus políticas y del contraste con las políticas en España”.
El ministro también apuntó contra el Partido Popular (PP) y Vox por la visita. “Se traen a Milei a España a pasearle tres días en plena campaña electoral. Luego se quejan: ‘Es que nos va fatal en las campañas’. Hombre, algo estaréis haciendo mal”, dijo. Y agregó: “Él viene a España a contarnos la buena nueva, viene a contarnos lo que Vox y el Partido Popular quieren hacer en España. Ojo, que no soy yo el que dice que Milei viene a hacer campaña, ni soy yo quien dice que quieren hacer en España lo mismo que está haciendo Milei o Trump: son ellos”.
El socialismo de Sánchez marcha por detrás del PP en las encuestas, que casi en su totalidad anticipan un gobierno de la derecha conservadora en coalición con VOX.
No es la primera vez que Puente apunta contra Milei. En mayo de 2024, el ministro fue el primer miembro del gobierno de Sánchez en cruzarse con el presidente argentino, cuando insinuó en una intervención pública que lo había visto en televisión “antes o después de la ingesta de sustancias”. La Casa Rosada respondió con un duro comunicado contra el gobierno español. Fue el inicio de una escalada que se agravó días después, cuando Milei, en un acto de VOX en Madrid, calificó de “corrupta” a la esposa de Sánchez, Begoña Gómez. España exigió una disculpa pública y terminó retirando a su embajadora en Buenos Aires, situación que duró meses.
En Valladolid, Puente dijo que quería “hacer pedagogía” con “tres datos” y empezó por el empleo. “España este año ha alcanzado el récord de afiliados a la Seguridad Social con 22 millones de trabajadores. Mientras tanto, Argentina también ha alcanzado un récord este año: el 45% de los trabajadores argentinos están en lo que se llama informalidad”, afirmó. “Milei ha llevado a Argentina al récord de trabajadores en la clandestinidad: 11 millones de argentinos y argentinas trabajan sin ningún derecho social”, sostuvo, y preguntó: “¿Es eso lo que quiere (Santiago) Abascal para España?”.
Salarios y empresas
El segundo dato fue el salario mínimo. Según Puente, en España “ha crecido un 66%” en los ocho años de gobierno socialista, mientras que en Argentina “ha decrecido un 40% desde noviembre del año 23”. El ministro vinculó la cifra con una propuesta del PP para que el salario mínimo surja de un acuerdo entre empresarios y sindicatos y no lo fije el Gobierno. “Queridos perceptores del salario mínimo interprofesional: el Partido Popular quiere dejaros al albur de lo que decidan los empresarios. Si quieren subiros el sueldo os lo subirán, y si no, os quedaréis como estáis o perderéis un 40% como han perdido los argentinos con Milei”, advirtió. “Esto no es demagogia, me pongo serio porque la cosa es muy seria”.
El cierre fue para el tejido empresarial y el símbolo más conocido de Milei. “Desde que Milei es presidente, Argentina ha perdido 36.000 empresas. Desde que este Gobierno llegó, hay 100.000 empresas más en España”, dijo Puente. “A ver si va a resultar, en términos puramente liberales, que el socialismo es mejor para crear riqueza que la motosierra. Tiene su lógica, porque la motosierra no crea ni construye nada: solo siega, solo corta. Y eso es lo que trae la derecha a este país. No se lo consintamos, seamos inteligentes”, concluyó.
Es la séptima visita de Milei a España desde que asumió, y la tercera en lo que va de 2026. Viaja junto al canciller Pablo Quirno y el vocero presidencial Adrián Ravier. El miércoles expondrá en el Nueva Economía Fórum, en el Real Casino Gran Círculo, y participará de la apertura de la décima Conferencia Anual de Madrid sobre Economía Austríaca, en la Universidad Rey Juan Carlos. Ese mismo día se reunirá con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
En cambio, por ahora no está previsto un encuentro con el líder de VOX, Abascal, amigo personal de Milei. El partido informó el lunes que el candidato estará de gira por ciudades del norte del país, lo que le impedirá encontrarse con el presidente argentino en Madrid. A Milei lo recibirán, en cambio, autoridades de la Fundación Disenso, el think tank de VOX.
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POLITICA
Una diputada incomodó a Torrendell por los tiempos de graduación y las becas: “Su egreso fue 15 años después”

Luego de que el secretario de Educación, Carlos Torrendell, cuestionara las tasas de graduados de universidades públicas en comparación con las instituciones privadas, la diputada Mariela Coletta, de Provincias Unidas, incomodó al funcionario al exponer que había demorado 15 años en recibirse.
Durante la reunión de la Comisión de Presupuesto y Hacienda celebrada este martes en la Cámara de Diputados, Torrendell sostuvo que en las universidades públicas se reciben 18,7 de cada 100 estudiantes que inician sus estudios, frente a 40 en las privadas.
“Se gastó mucho pero no se gastó en que los chicos aprendieran. Nosotros cambiamos los paradigmas”, cuestionó el secretario de Educación al hacer mención a la creación de universidades nacionales que hubo en los últimos años.
Al mismo tiempo que indicó que cada alumno representaba “un costo de USD 14.800”, pidió información y transparencia en la administración de los recursos. Y apuntó: “En el ámbito universitario tenemos una dirigencia aislada que solo acuerda para pedir más recursos. Es un acuerdo corporativo, de casta”.
Frente a esto, la diputada radical contrapuso los planteos oficiales sobre la graduación con la trayectoria académica que atribuyó al propio funcionario y rechazó que se evalúe a los estudiantes solo por el tiempo que demandan sus estudios.
“Usted se anotó en una universidad en el año 88 para Abogacía, lo dejó, vaya a saber por qué motivos personales lo decidió“, indicó Coletta, a modo de reconstruir el recorrido universitario de Torrendell. Y apuntó: ”En 1990 se anotó en la carrera que sí estudió efectivamente y su egreso fue en el 2005, quince años después”.
En línea con esto, discutió la idea de que una demora en la graduación permita juzgar el compromiso de una persona con sus estudios. “¿Eso está mal? ¿Yo tengo que poner en duda que usted no tuvo voluntad o que no le pasó la vida como a cualquier ser humano que estudia una carrera y quizás trabaja, lo deja en pausa por cuestiones familiares, personales?”, preguntó.
Luego, cuestionó el enfoque del Gobierno sobre el desempeño de los alumnos universitarios. “¿Realmente les parece hablar del tiempo de cursada con esa insensibilidad, sin tener en cuenta que hay voluntad y deseo de progresar?”, expresó la diputada de Provincias Unidas.

En el segundo tramo de su intervención, la diputada consultó a Torrendell sobre un posgrado que realizó en Chile con una beca de ciencia y técnica de ese país. “¿A usted le parece mal que los gobiernos inviertan en becas para ciencia y tecnología? Porque acá este gobierno desfinancia el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)”, cuestionó.
A partir de allí, utilizó una imagen para cuestionar a quienes, según su mirada, acceden a apoyos estatales y luego objetan la inversión pública en educación superior e investigación. “Esto me lleva al ejemplo de la escalera: subo la escalera y cuando estoy arriba la pateo para que nadie más suba”, afirmó.
Coletta también puso como ejemplo al fundador de Mercado Libre, Marcos Galperin, y al vínculo de la empresa con graduados de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En ese sentido, dijo que el empresario estudió fuera del país con una beca de YPF y cuestionó los subsidios que recibe la compañía.
“Toda la cúpula, la de los cargos más jerárquicos de Mercado Libre, son graduados de la UBA. Entonces usan el sistema, le sacan provecho y después van y lo rompen”, recriminó la diputada, quien fue interrumpida por el presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, Alberto “Bertie” Benegas Lynch.

La intervención se produjo en una reunión marcada por los reclamos opositores para que el proyecto presupuestario contemple las obligaciones de la Ley de Financiamiento Universitario. Previamente, Coletta había acompañado el pedido de convocar a representantes de las universidades, estudiantes, docentes y gremios a las próximas discusiones de la comisión.
Según pudo confirmar Infobae, antes de que se diera inicio a la reunión, un grupo de estudiantes universitarios había intentado ingresar a la sala del primer piso del anexo de la Cámara Baja. Sin embargo, el personal de seguridad impidió que participaran de la jornada.
En el recinto también estuvo presente el secretario de Educación y el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, quien asistió para defender la propuesta oficial. El proyecto prevé transferencias por $ 7,7 billones para las universidades nacionales en 2027, mientras que el Consejo Interuniversitario Nacional reclama una asignación superior a $ 11 billones, de acuerdo con cifras difundidas durante el debate.
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Milei versus el Estado de Bienestar

La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene. A los ojos de la oposición pero-kirchnerista y la izquierda más dura, el caos que se desató en la Marcha Federal Universitaria conectó esa calle movilizada local con las movilizaciones en Europa de este fin de semana como síntoma de un cambio inminente que está por venir. El fin de la era de la “crueldad” del ajuste, según su mirada.
Del otro lado, el Gobierno pelea con el cuchillo entre los dientes por sostener un relato de logros, aunque por ahora sean módicos, sobre todo, en cuanto a impacto en la actividad, el consumo y el salario. Las movilizaciones que se viven en las calles de Europa también alientan las certezas oficialistas, pero en sentido contrario: la crisis palpable en las principales capitales europeas como prueba del fracaso del Estado de Bienestar ya no solo kirchnerista, sino europeo y global. La Europa en llamas es la versión global de la caída del “anticristo” en el sentido de Luis Caputo cuando dijo: “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo”.
Un Estado de Bienestar deficitario e hiperregulador con efectos colaterales insostenibles, que en Europa, ahora, viviría su final, según la narrativa libertaria, y en la Argentina, ya lo vivió: Milei lo hizo.
Desde el domingo que viene, desde la elección en Brasil, se sucederá una seguidilla de elecciones claves: la de Estados Unidos el 3 de noviembre, la de España el 29 del mismo mes, la de Francia entre abril y mayo de 2027 y luego, la de Argentina, en octubre de 2027. En todos los casos, se está reescribiendo otra polarización cada vez más clara a la que apela la política de todos los colores para ordenar el sentido de la elección: Estado de Bienestar versus anti Estado de Bienestar.
El desembarco de Milei en el escenario global, luego de llegar al poder en la Argentina, va por ese lado, y en dos sentidos. Por un lado, Milei como el arquetipo de las consecuencias de todos los fracasos del Estado de Bienestar: solo la percepción de semejante fracaso por parte del votante puede haber dado piedra libre y sentido a una motosierra tan brutal como la mileísta. Por el otro, Milei como el arquetipo del giro anti déficit y anti desregulación que una parte de la dirigencia política y tecno-empresarial global ve como necesaria. Milei les ofrece el caso testigo en el laboratorio por antonomasia: una Argentina sometida por décadas a la economía estatizada e hipercerrada del “anticristo kirchnerista”.
El “yo se los dije” mileísta
¿Cómo digiere la ciudadanía los cambios estructurales que atraviesa la economía argentina? Esa incertidumbre recorre la Argentina y todavía no encuentra respuesta firme: El jueves de protestas de la semana pasada intensifica el interrogante: ¿esa calle agitada es un síntoma de un sentimiento de insatisfacción más general que circula subterráneo, o apenas una radicalización oportunista de la política más sobregirada? La duda martillea todo el tiempo. La oposición dura sigue construyendo su versión: crisis total. La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene.
“Nosotros miramos a la juventud en Francia, miramos a la juventud en España, que está tomando en sus manos una lucha muy importante contra el congelamiento salarial, por el derecho a la vivienda”, dijo en televisión la militante del Partido Obrero y secretaria del centro de estudiantes de Filosofía y Letras en la UBA. Una síntesis de la expectativa que la oposición radicalizada pone en un presente que muestra puntos desafiantes para el Gobierno. Pero en la Argentina, la agitación callejera por esas causas es esporádica y efímera. La insatisfacción existe, pero hoy está lejos de seguir la coreografía de las crisis económicas argentinas archiconocidas.
El oficialismo huele otros aires. Las revueltas parisinas como un espejo internacional donde el mileísmo ve la prueba contundente de la caída de una falacia, la viabilidad de la expansión infinita de derechos en base al déficit fiscal y el endeudamiento récord. Es el mundo desarrollado el que le da la razón a Milei.
“¿Reconocerán que otra vez acerté y que ellos erraron fuerte?”, tuiteó Milei el domingo, mientras París ardía. Milei retuiteó un posteo de la cuenta Escuela Austríaca de Economía que sintetizaba su posición: “Cuánta razón tenía Milei”. Incluyó un corte del discurso de Milei en Davos 2024. “Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo, en consecuencia a la pobreza. (…) Nosotros estamos acá para decirles que los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo, sino que, por el contrario, son su causa”: un “yo se los dije” mileísta que le da letra al Gobierno para hacer nuevas canciones en el año electoral que ya empezó.
El Anticristo argentino
En realidad, “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo” no fue simplemente una nueva formulación del ya clásico “riesgo kuka”. Tampoco fue un concepto que conecta la visión de Milei-Caputo con una cosmovisión cristiana tradicional. El Anticristo libertario tiene otra raigambre: es la huella más clara que dejó el paso por la Argentina del tecno-magnate Peter Thiel. De Milei y Santiago Caputo a Luis Caputo y Sturzenegger, Thiel dejó marcas conceptuales en su visión del mundo.
La concepción de Thiel le deja dos temas servidos al Gobierno. Por un lado, el Anticristo como un sistema de gobernanza global que disfraza el hiper control de un Estado cada vez más poderoso y regulador con causas políticamente correctas, aprovechándose en realidad de miedos globales como la pandemia, la invasión inmigratoria, el desastre medioambiental y ahora también, el miedo a la IA.
Por el otro, el Anticristo local argentino, el Estado presente del kirchnerismo y las diversas cepas de populismo. Un Estado de Bienestar deficitario e hiper regulador con efectos colaterales insostenibles, que en ahora, en Europa, vive su final. En la Argentina, con Milei, ese final habría comenzado mucho antes: la Argentina kirchnerista, según los ojos mileístas, como el hecho cumplido del fracaso de la promesa populista que ahora también se vuelve más claro en Europa.
El director de comunicación digital en Casa Rosada, Juan Pablo Carreira, usó su cuenta de X, donde aparece como Juan Doe, para poner blanco sobre negro los males del Anticristo europeo: “Francia tiene salud pública gratuita, educación pública gratuita, semana laboral reducida de 35 horas, aborto, planes sociales para desempleo, ley de alquileres, preescolar gratuito y licencia maternal extendida, ley de paridad de género y ley de cupo trans, subsidios a la industria, al transporte, empresas de energía estatizadas, regulaciones e impuestos al carbón y las leyes ecologistas más duras del mundo. Tienen fronteras completamente abiertas, pagan reparaciones por haber colonizado otros países, y hasta viviendas gratuitas para inmigrantes. Tienen todo lo que quiere la izquierda, y aún así los zurdos salen a las calles y prenden fuego TODO. Los socialistas son insaciables. NO HAY QUE DARLES NUNCA NI UN CENTÍMETRO”.
El dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, alineado al máximo con el mileísmo, se hizo eco de la síntesis y retuiteó el posteo. El mundo libertario acelera la lectura del modelo Milei como en combate contra el Estado de Bienestar.
En su reciente presentación en la ONU, Milei retomó el tema del Anticristo en formato de Estado presente global, pero prefirió usar otra terminología. La mano de Santiago Caputo estuvo presente en ese discurso. No habló de “Anticristo” sino de “Leviatán burocrático”. Dijo Milei: “La ONU ha montado un Leviatán burocrático abocado a decidir cómo deben vivir los pueblos y sus ciudadanos. Esto constituye una mezcla curiosa de anarquía y tiranía, impotencia entre quienes rompen las reglas más básicas como dictaduras sangrientas y organizaciones terroristas, y un control e imposición orwellianas ante las democracias liberales que sí cumplen las normas. Lo vimos con la agenda del Nuevo Milenio. Lo vimos con la Agenda 2030, con la regulación económica, las agendas de género, el extremismo y ambiental, y la inmigración descontrolada”.
Milei fue a la tradición del filósofo inglés Thomas Hobbes, autor de Leviatán, una definición del Estado y su rol de mantener el orden y la seguridad, pero para usarlo como hace Thiel con el Anticristo: un sinónimo de Estado global que se extralimita en sus atribuciones.
El tiempo, ¿para quién juega?
Pasado vs. futuro: la percepción del tiempo político es otro factor que tiñe el diagnóstico del presente y de las chances futuras de la oposición y del Gobierno. Se deriva de esa supuesta batalla contra el Anticristo colectivista que busca marcar el final de los tiempos políticos “colectivistas” conocidos.
Es clave para la oposición dura y su mirada electoral: el pero-kirchnerismo se esfuerza en creer y hacer creer que el mileísmo ya es pasado. Que el Estado de Bienestar vuelve a estar de moda, resurge detrás del humo de las revueltas y el mileísmo es un interregno que ya fracasó, cuando todavía le falta un año. Sólo el sueño de la caída de Milei le puede dar algo de nafta a un frente político huérfano de conducción y de proyecto viable, al menos por el momento.
En cambio, el Gobierno busca oxígeno y desplaza hacia un futuro más indefinido el cumplimiento de su visión, los frutos de otra Argentina potencia, la libertaria. La nueva estrategia es invocar a un votante, el de 2027, que vote con ojos de viajero del tiempo instalado en un futuro prometedor, treinta años adelante, 2057, por ejemplo, cuando al fin se noten todos los efectos de los cambios estructurales de la experiencia mileísta en el poder que hoy, todavía, pueden pasar inadvertidos.
El domingo, en una columna en , Federico Sturzenegger se esforzó por tejer esa trama narrativa y corrigió el pronóstico de la bonanza mileísta: 2035, cuando el boom exportador de energía de la Argentina alcance picos históricos o todavía más allá, en treinta años, cuando el espejo retrovisor pueda apreciar mejor los efectos del reformismo del laboratorio Milei: “La presidencia de Javier Milei será recordada, no tanto por cómo transformó su presente, sino por cómo le dio al país la oportunidad de un futuro”, augura Sturzenegger.
Al Gobierno ya no le alcanza con vender un futuro próximo de plenitud, los mejores dieciocho meses que prometió Luis Caputo en abril, y que por ahora no asoman. En Washington, Milei también extendió el cheque del tiempo necesario: primero, puso como condición ratificar el rumbo el año que viene, ganando las elecciones; recién después: “la Argentina volverá a transitar el camino de la grandeza”.
Informales, ¿a favor o en contra?
Bajo el paraguas de la polarización Estado de Bienestar – anti Estado de Bienestar, se da la batalla de interpretaciones en torno a otro tema central que define cada vez más el modelo Milei: el crecimiento de la informalidad en la Argentina. Para la oposición, es la señal de un futuro oscuro de pérdida de derechos laborales, precariedad en el planeamiento de la vida e inmovilidad social. Un Estado regulador que se ausenta, con los peores efectos.
Para el oficialismo, es un síntoma de los caminos de la libertad. En esa ecuación, la nueva mentalidad laboral dejaría afuera al Estado como el salvador y abrazaría una liberación de la manipulación de la política: según el Gobierno, el trabajador informal implicaría la aceptación racional de una escala de vida acorde con los ingresos, sin esperar la licuación inflacionaria y planes platita que empujen un consumo ficticio. El ingreso de la conciencia del trabajador a la mieles de una libertad humilde, pero libertad al fin frente al clientelismo político-electoral.
El secretario de trabajo Julio Cordero lo resumió en el Congreso con otras palabras: “Hay personas que no quieren trabajar en relación de dependencia y prefieren ser monotributistas y tener la libertad de trabajar por cuenta propia”.
Hay mucho riesgo en esa interpretación oficialista. Es cierto que el Gobierno de Milei cuenta con una ventaja estructural: una organización económica, global, que le dio a la economía de las aplicaciones un protagonismo desconocido por la política de las últimas décadas.
El Estado anti Bienestar de Milei cuenta con el amortiguador protector ante el desempleo: la pérdida de empleo formal que haría crecer el desempleo se deriva hacia el autoempleo de las aplicaciones. Con eso, la política opositora se queda sin nafta para agitar la calle, y la calle permanece tranquila aún en los diciembres que traen memorias de crisis argentina.
Pero no está claro cómo se experimenta realmente esa informalidad de nuevo cuño. Y esa percepción de los nuevos informales, exformales, es determinante de las expectativas futuras: influirá en el voto 2027. Si el votante informalizado a la fuerza percibe la informalidad como una oportunidad para el cuentapropismo autogestivo, como sueña el mileísmo, o si se lo vive como una jaula sin esperanzas que se liberará de esos barrotes votando contra el Gobierno en 2027.
Esas opciones quedan ocultas bajo el dato del crecimiento de informalidad que cada uno, oficialismo y oposición, leen en su favor. ¿Una cámara de eco propia que nadie sabe cómo va a quedar desmentida por la realidad?
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