CHIMENTOS
Lali se sumó al encuentro de las cantantes argentinas para recibir a una invitada especial: “Bienvenida siempre”

El grupo de cantantes populares argentinas tuvo una de sus habituales reuniones, generando un fuerte eco en redes sociales y medios debido al despliegue de talento y camaradería. El motivo central fue la visita de la cantante española Vanesa Martín a la Argentina, quien aceptó la invitación de Lucía Galán para compartir una velada íntima y distendida en su residencia, al que se sumó Lali Espósito como puente generacional. Las imágenes del encuentro, publicadas por las propias protagonistas, revelan el clima relajado y la cercanía entre artistas de distintas generaciones y estilos, marcando un momento singular en la escena musical y actoral local.
La casa de Lucía se transformó en el escenario de esta celebración, donde confluyeron reconocidos nombres de estilos y generaciones diferentes. Lali Espósito, Sandra Mihanovich, Patricia Sosa, Marcela Morelo, Katie Viqueira, Marita Novaro, Manuela Bravo y la humorista Connie Ballarini. La anfitriona, visiblemente emocionada, destacó el sentido de comunidad y el valor de compartir no solo el trabajo, sino también historias y afectos personales. La sucesión de fotografías deja ver risas, abrazos, gestos de cariño y complicidad en todos los rincones del living y el comedor, con la calidez de la madera y la decoración hogareña como telón de fondo.

La presencia de la española Vanesa Martín en Buenos Aires no solo motivó la reunión, sino que también fue celebrada como un acontecimiento especial para la música local. Varias de las asistentes aprovecharon para resaltar la importancia de su llegada, invitando al público al concierto programado. Manuela Bravo expresó: “Llegó la cantautora más importante a la Argentina. No se pierda su concierto 8 y 9 de mayo en el Gran Rex”, recibiendo una respuesta afectuosa de Martín: “¿¡Pero cómo eres tan linda!? Te leo los ojos, eres maravillosa, qué regalo de noche”.
El intercambio de elogios y muestras de cariño entre las artistas argentinas y la cantante española marcó la tónica de la noche. Patricia Sosa remarcó: “Encuentros hermosos. Qué lindo lo pasamos. Bienvenida siempre Vanesa Martín a la Argentina y a nuestras vidas. Hablamos muuuucho. Nos escuchamos, nos reímos, nos comprendemos, nos queremos. Somos de la misma madera”, expresó la ex La Torre, que tuvo unas palabras para la dueña de casa: “Lucía… sos lo más. La más grande anfitriona”.

El clima de la reunión dejó en evidencia la celebración de la amistad y el compañerismo entre artistas. Lucía Galán, como anfitriona, resumió el espíritu de la convocatoria: “Noche de colegas, pero sobre todo amigas. Compartiendo la pasión por nuestro trabajo e historias personales comunes a todas. ¡Las admiro y quiero!”. La respuesta de Vanesa fue inmediata y cargada de emoción: “Te amo, qué tipaza eres, qué pedazo de noche con todas. Os admiro, mujeres poderosas con el corazón en la boca, cómo me gusta estar cerquita de ti”.
La sensación de comunidad y apoyo mutuo fue un tópico transversal en los testimonios, con frases como la de Connie Ballarini, quien se dejó llevar por la energía de las cantantes: “¡Qué noche impresionante! Por favor, qué mujeres, lo que nos reímos. Qué placer compartir esa juntada con ustedes”.

Las asistentes compartieron impresiones que dan cuenta de la intimidad y calidez del encuentro. Vanesa definió la velada como una “noche bonita, divertida, con una energía tan poderosa”, y valoró los “regalos que te da la vida” en referencia a los vínculos generados. Manuela Bravo, por su parte, reflejó el humor y la espontaneidad del grupo al publicar una foto junto a Lali: “Naaaa lo que me hiciste reír”, explicó con naturalidad.
A lo largo de la noche, el intercambio entre las presentes no solo giró en torno a la música y el trabajo, sino también a experiencias personales, anécdotas compartidas y la construcción de lazos que trascienden lo profesional.
Las imágenes difundidas en redes sociales y medios muestran a las participantes en distintos momentos de la noche, siempre en un ambiente distendido. El registro visual, sin dudas, refuerza la idea de una noche marcada por el afecto, la complicidad y la celebración de la amistad en el ámbito artístico.
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CHIMENTOS
Sabrina Rojas, enamorada de Pepe Chatruc: “Hay muchas cosas suyas que me hacen decir ‘¡qué flor de hombre!’»

El año viene redondo para Sabrina Rojas. En lo profesional, Pasó en América —el ciclo que conduce junto a Augusto “Tartu” Tartúfoli— regresa este lunes a la pantalla de América TV, de lunes a viernes a las 23 horas, con formato renovado, panel reforzado y las mismas ganas con las que la dupla se despidió a fin de 2025. En lo personal, el vínculo con el exfutbolista José “Pepe” Chatruc avanza a paso firme y ella ya habla de amor sin titubear: “Me lo estoy permitiendo”, dice con la soltura de quien aprendió a no quedarse donde no tiene que estar.
El regreso de “PEA” —como lo llaman sus seguidores— no fue una decisión menor. Tras despedirse en diciembre pasado con un Martín Fierro en el bolsillo, la productora Corner Contenidos presentó una propuesta firme al canal para relanzar el ciclo, y América TV dijo que sí. El programa vuelve con el mismo espíritu que lo hizo querido: actualidad, humor y entretenimiento en la franja nocturna. Esta vez, Sabrina y Tartu contarán con un panel integrado por Natalie Weber, Martín Salwe, Barby Franco y Ailén Bechara. “Queremos que parezca que nunca nos fuimos”, anticipó la conductora.

La química entre los dos conductores fue, desde el principio, el activo más difícil de replicar. Lo que arrancó en 2024 como un programa de emergencia —sin escenografía, sin panel, pensado para cubrir un bache de mes y medio— terminó convirtiéndose en uno de los productos más estables de la grilla. “La gente nos quiso, nos adoró y nos quedamos un año así”, recuerda Rojas. Ahora, con escenografía, equipo y un Martín Fierro como aval, la apuesta es consolidar lo que ya probó funcionar.
— ¿Qué dinámica nueva va a tener el programa con respecto al ciclo anterior?
— Primero que estamos muy contentos. Me parece increíble que estemos nuevamente a punto de hacerlo de nuevo. Viste que cuando uno se despide de un proyecto, en general se despide para siempre. Es muy raro que vuelvas después de un tiempo con lo mismo. Y estar volviendo es realmente increíble. Estamos todos muy, muy felices y como que todavía no caemos. Tenemos ganas de que sea tal cual fue nuestro programa. De hecho, hasta con la escenografía, que parezca que nunca nos fuimos, que la gente cuando nos vea nos reconozca. No queremos volver con otra escenografía, otra cosa. Queremos el espíritu Pasó en América cien por cien. No va a haber muchos cambios, más que algunas secciones y cosas que también se van generando en el día a día.

— ¿Cuándo te descubriste como conductora?
— Mirá, había hecho cosas de muy chica en Fox Sports como conductora, pero con formatos grabados, cubriendo cosas que sucedían en la nieve, carreras de motocross. Había hecho vivo, pero siempre con coconductores. Nosotras hacíamos más una participación, que era Leo Montero, Gustavo López en ese momento. Yo era muy joven y reconocía un poco ese terreno, si bien no lo había transitado mucho. Después, cuando empecé en A la Tarde con Karina Mazzocco como panelista, estuve muy poquito tiempo porque por una cuestión de horarios se me complicaba. Cuando se lo planteé al canal, Fer Merlini y Liliana Parodi me dijeron: “Nosotros te queremos hace un montón en el canal y ahora que te tenemos no te queremos perder”. Había un piloto para hacer y me dijeron: “¿Te animás a conducir?”. Y yo, a esta edad, sentí que sí, que lo podía hacer. Le dije: “Sí, hagámoslo”. Hicimos varios pilotos con distintos conductores y finalmente lo terminé haciendo con el Tucu López, que fue un programa que duró seis meses los fines de semana. Ya ahí sentí que era un lugar que me estaba gustando. Tener buenas críticas de Liliana y de Fer, con muchas cosas por pulir, me hizo pensar: “Este puede ser un terreno”. La gimnasia que te da el diario hace que te curtás mucho más, y eso llegó con Pasó en América. Era un proyecto muy corto, nos lo aclararon. No teníamos escenografía, éramos Tartu y yo, sin panel. Y no sé, la gente nos quiso, nos adoró y nos quedamos un año así. Al segundo año nos agrandaron, nos pusieron escenografía, panel y demás.
— ¿Te temblaban las patitas la primera vez que condujiste sola SQP, cuando reemplazaste a Yanina Latorre por sus vacaciones?
— Sí, el primer día sí, porque estoy acostumbrada a mirar de costado y tener a Tartu. Entonces, si bien estaba segura de que lo podía hacer, tenía una adrenalina que me hizo temblar las patitas. Y aparte esto de prender la tele y no ver a Yanina, descubrir que hay otra persona. Fue un desafío que también hizo que se vea que lo puedo hacer sola. Ahora justamente estoy llegando al canal a reemplazar a Yani, que una vez más confió en mí para dejarme su lugar mientras ella se va de vacaciones. Todo ese desafío te enseña: hace que o sigas o desaparezcas, pero te enseña.

— Nombraste varias veces la frase “a mi edad”. Venías de una carrera como modelo que en algún punto tiene un techo. ¿Era esto lo que soñabas?
— En realidad me veía más como actriz. Hice mucho, mucho teatro, mucha comedia. Entonces creía que iba a ir por ahí lo mío con el paso del tiempo. Esa conductora que vi pasar en la juventud no se me había ocurrido. Pero también digo “a mi edad” porque no es lo mismo hacer un personaje en una comedia dirigida por un director que arrancar un programa en vivo y tener que pilotear con un productor que te habla por el auricular, con cosas que fallan en el momento, tratando de traspasar la pantalla para que el que te está mirando se quede. Creo que si esa oportunidad se me hubiese presentado unos años atrás, por una cuestión de inseguridades mías, no hubiese estado igual de plantada. Me llegó en el momento que me tenía que llegar, ya siendo una mujer mucho más plantada en la vida, con mucho más recorrido, con cosas más vividas y con una seguridad que hace que me pueda plantar sola, mirar a cámara y empezar un programa en vivo.
— Estás en un programa diario sobre espectáculos y farándula, y tu propia vida personal también es noticia. ¿Cómo manejás eso?
— Un día, siendo panelista en el programa de Karina Mazzocco, me di cuenta de que mi opinión era portal. Que tal vez algún compañero o compañera opinaba sobre un tema de manera más picante que yo, pero no lo replicaban. No sé bien qué es ni por qué. También como conductora, muchas veces digo algo y se replica, y a lo mejor hay conductoras maravillosas y superexitosas, pero no las replican en los portales. Pero también, a mis 46 años, me resbala a un nivel que digo: “Guau”. Lo pienso y digo: “Qué espectacular esto que pasa”. Soy una mujer que con mi exmarido tuve guardias durante meses en mi casa, durante años, donde cualquier cosa que pasara de mi vida privada lo levantaban en los programas, y ahora estoy del otro lado. Entonces hay una parte que entiendo, porque a veces yo debo estar haciendo o diciendo cosas que no me han gustado que digan de mí, y yo con algún tema estoy opinando de la misma manera.

— Pasemos al terreno personal. ¿Qué te enamoró de Pepe Chatruc?
— Ay, un montón de cosas.
— ¿Ya se puede hablar de amor, no?
— Sí, se puede hablar de amor. Hace muy poco que estamos y siempre digo paso a paso, y soy consciente de que se puede terminar mañana por cualquier cosa de la vida, porque uno se desenamore o por lo que sea. Pero sí, lo estoy viviendo muy tranquila y me lo estoy permitiendo. Entonces sí puedo hablar de amor. Hay muchas cosas que me enamoraron. No me había pasado con nadie de registrar tantas cosas lindas que decís: “Ay, qué espectacular este hombre”. En él encontré un hombre muy íntegro, y eso me encanta y me seduce. Tiene de todo un poco, que es como difícil de encontrar. Es un hombre inteligente, con sentido del humor, con sentido común, culto, divertísimo, muy bien plantado en la vida, profesional, buen papá. Hay un montón de cosas de Pepe que hacen que lo admire y que diga: ¡guau, qué flor de hombre este!
— Han dicho: “¿Qué le vio a Pepe Chatruc?”. ¿Qué respondés a eso?
— Sí, pobre mi alma (ríe). Si miramos en la farándula hay un montón que están robando. No sé por qué se la agarraron justamente con Pepe, porque no todas salen con Brad Pitt. Al contrario, me parece que en vez de registrar y decir: “Qué bueno que no todo es lo estético”, más allá de que yo lo veo guapísimo y que tiene toda esa cosa de morocho y linda sonrisa que me gusta. Porque primero, por supuesto, te tiene que atraer físicamente. Aparte tiene un lomazo Pepe, lo que pasa es que es un tapado, no se muestra, pero tiene exactamente el mismo cuerpo de cuando jugaba al fútbol. No se puede creer. ¿Viste cuando jugaba y se sacaba la camiseta? Te digo, está mejor que antes. Y también me gusta que, de manera unánime, cada persona de distintos rubros que lo conoce me habla muy bien de él.

— ¿Pudiste volver a confiar en un hombre?
— Sí, eso se construye con el tiempo. No me lo permito yo tampoco. No podría estar con una persona que hoy me genere un ruido. Hoy tengo la facilidad de soltar fácil y rápido. Hay cosas que ya no las busco. O sea, si no están, no hay relación. No pierdo un minuto de mi vida en algo que no va o en algo que me genere algún tipo de ansiedad.
— ¿Lo perdiste en algún momento? ¿Te quedaste cuando no te tenías que quedar?
— Sí. En todas mis relaciones me quedé más tiempo del que me tenía que quedar. En todas, desde que era muy joven. Por los hijos, ni hablar, cuando tenés familia hasta se justifica más. Pero en otras relaciones que no tuve hijos en común también me quedé más de lo que hacía falta. En alguna relación, un añito antes me hubiese ido. Ahora no estoy para estar ni siquiera un mes en algo que me pueda llegar a generar ansiedad. En el caso de Pepe, es lindo saber que estás con una buena persona, más allá de que yo no buscaba estar en pareja. Y eso hace que una registre más cómo quiere estar. Porque la verdad, cuando estás desesperada por estar en pareja, cualquier cosa te viene bien, pero cuando estás bien con tu soledad estás más atenta a todo.
— En un momento hasta dijiste que a Pepe lo apuraste un poquito en la primera cita…
— Sí, él venía medio lento. Yo lo miraba y creo que él miraba para atrás como diciendo: “No me está mirando a mí, debe estar mirando al de atrás”. Era como: “¿A mí?” “Sí, a vos”. Tuve que tirar muchas señales antes para que se diera cuenta. Si hacés una nota con él, tal vez te lo discuta, pero yo tuve que insistir bastante.
— ¿Cómo está hoy tu relación con Luciano Castro?
— Bien. Luciano y yo siempre vamos a tener idas y vueltas como cualquier familia. Hay momentos en los que tenemos más diálogo y podemos compartir algún momento familiar, momentos donde no tenemos ganas de vernos. Pero ahora estamos en un buen momento, está todo mucho más tranquilo. Son relaciones muy de familia: cuando tenés un hermano, un padre, hay veces que te llevás mejor y veces que te llevás peor. Y son vínculos que no se pueden cortar, porque al tener niños no podés decir: “No lo quiero ver más”. No es lo que quiero para mis hijos, que vean una mamá y un papá que no se saludan, que no se hablan, que no pueden hacer un chiste y reírse. Aún en nuestros peores momentos, nunca caímos en una cosa como tal vez Cubero y Nicole, de tener que tener abogados, no poder hablar entre nosotros algún problema de nuestros niños, no poder decir: “Te lo llevo”, “Dale, buscalo”. Eso no se cortó nunca, pero sí, ahora estamos mejor.

— Cuando él tuvo infidelidades con Flor Vigna o con Siciliani, vos posteabas con cierta ironía. Pero cuando lo internaron, te llamaste a silencio y cubriste a la familia. ¿Cómo lo manejaste puertas adentro con tus hijos?
— Nunca hablé del tema. Porque a veces dicen “qué brava que sos”, y el tiempo lo único que hace es demostrar que yo puedo hablar de infidelidades y de cosas más superficiales. Si bien una infidelidad te puede lastimar el autoestima, te genera cosas, pero de las cosas mucho más profundas nunca hablé públicamente. Puedo contar si fue un buen marido conmigo, puedo opinar si le fue infiel a otra porque yo viví lo mismo. Pero no de cosas tan íntimas que para mí ni siquiera deberían tratarse públicamente… El otro día escuchaba las noticias sobre el cocinero, (Christian) Petersen, y yo pensaba: “No sé si es necesario contar algo tan íntimo de cómo él llegó a la clínica”. Me parece que tenemos que dejar que las personas vivan su intimidad así, de manera íntima. A mis hijos los protejo, no sé cómo hago, pero lo hago. Y después, por supuesto, se los sienta, se les cuenta la verdad y se les enseña. Porque estas cosas enseñan y también no hay que tener vergüenza ni nada. Son cosas y situaciones que hay que apoyar y cuidar. La familia siempre está. Las parejas vamos a pasar y van a pasar, pero la familia es la que está.
— ¿Sentís que fuiste la única de sus ex que no le soltó la mano?
— No lo siento, es así. Pero tengo hijos en común. No puedo juzgar, porque creo que si no los tuviese, quizás hubiese dicho: “No sé, es tu problema”. No sé si hay relación o preocupación de los otros lados, no tengo idea, no pregunto. Pero si fuese así, no juzgo, porque yo, tal vez si no tuviese hijos en común, cortaría totalmente el vínculo. Cada uno con su vida.
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CHIMENTOS
La obsesión de Diego Ramos por los colores y el orden: “Ser simple lo hace más complicado“

Dicen que con el paso del tiempo uno se pone más mañoso. O tal vez, con más costumbres y una personalidad bien marcada. Y tal vez sea ello lo que le sucedió a Diego Ramos quien, de un tiempo a esta parte, optó por ver el mundo en solo dos colores. Al menos, eso dejó en claro en estas horas.
El actor y conductor visitó los estudios de Otro día perdido y en ese contexto profundizó sobre ese fanatismo extremo que tiene por esos dos colores en particular. “Sos muy ordenado. Sé que tenés una obsesión por el blanco y negro”, le marcó Mario Pergolini.
A lo que Ramos reafirmó: “No es una obsesión, es una tranquilidad”. Luego de que el presentador y animador de ciclo de El Trece le recordara que hasta llegó a pintar un árbol de navidad en esos dos tonos, en su defensa el actor lanzó: “Sí, pero mirá lo lindo que queda”.
“Yo era un tipo de color. Me revestía. Me aburrí de combinar. Es más fácil blanco y negro: todo me combina. Soy más del negro. Desde las 7 de la mañana a la noche, si estás de negro estás bien”, argumentó Diego, defendiendo su obsesión.
DIEGO RAMOS NO VE LA VIDA EN COLORES
Finalmente, recordó un contenido que estaba grabando dentro de su hogar y sumó: “El otro día hice un video de mi cocina y estaba la frutera. Y dije: ‘Qué lástima la fruta de color’. No combinaba…”. Al escucharlo, Pergolini le dijo que tenía problemas, ya que también era complicado para comer.
“La otra vez me di cuenta que ser simple, o lo que yo considero ser simple, es complicado. Porque voy a un restaurante, por ejemplo, y digo: ‘Dame una pechuga de pollo con papa hervida’, y me doy cuenta que le desbarajusta todo. Es más fácil pedir lo que tiene”, remató Ramos.
Diego Ramos
CHIMENTOS
De los grandes clásicos al abismo del suspenso, el nuevo reto teatral de Juan Gil Navarro: “El desafío siempre es constante”

En una cabaña perdida entre la nieve, donde el silencio pesa tanto como el temor, Paul Sheldon despierta a un destino incierto. Afuera, la tormenta es paisaje; adentro, cada palabra escrita puede sellar su suerte. Sobre las tablas, esa tensión se traslada a la piel de Juan Gil Navarro, quien junto a Julia Calvo dará vida a los inolvidables protagonistas de Misery, la obra de Stephen King que desafía los límites entre la admiración y la obsesión. En exclusiva con Teleshow, el actor revela los secretos de un proyecto que lo saca de su zona de confort y lo enfrenta a un género pocas veces explorado en su carrera.
El encuentro tuvo lugar en el corazón de Villa Crespo, en una habitación luminosa y repleta de libros, pósters de obras y fotos. Como si el clima de encierro y desvelo de la ficción se filtrara en la vida real, Gil Navarro se mueve con la soltura de quien ha transitado escenarios y sets diversos: desde el drama intenso de Las brujas de Salem y Druk, hasta los desafíos corales de Votemos y los fenómenos televisivos que lo convirtieron en un rostro familiar para el público.
No se trata solo de protagonizar una historia de encierro, fijación y locura. El rol de Paul Sheldon lo enfrenta con dilemas que trascienden la ficción y lo invitan a reflexionar sobre los límites de la admiración, la salud mental y el poder de la palabra. Como si la atmósfera de la sala donde transcurre la entrevista, invadida de recuerdos, guiños teatrales y futuros posibles, fuera la antesala de la obra que en pocos días cobrará vida bajo las luces del Teatro Metropolitan, y nuevamente con la dirección Manuel González Gil, en la emblemática calle Corrientes, el próximo 18 de junio. Allí, el reconocido actor se prepara para provocar, inquietar y conmover a un público que busca mucho más que un simple sobresalto.

—¿Qué te sedujo en primer lugar para aceptar un proyecto tan desafiante y en un género como el terror psicológico?
—Justamente eso, el diferencial. El drama tiene sus reglas y la comedia tiene sus reglas. Esto, que es más suspenso y terror psicológico, también tiene una manera distinta de ensayar y de ejecutarse en el escenario. Requiere mucha precisión. Incorpora elementos muy fuertes para la narración, como la incidencia de la luz y la música, que en otros géneros pueden estar más o menos presentes, pero acá son decisivos.
—¿Habías leído alguna obra de Stephen King o visto la adaptación cinematográfica?
—No soy fanático del terror o del suspenso psicológico. En general me han gustado otros géneros. Recuerdo haber visto la película hace muchos años, cuando se estrenó. También recuerdo haber visto esta obra en 1999.

—¿Cuál fue el primer pensamiento que tuviste al ver tu personaje y leer sobre él?
—Siempre me pareció interesante la figura del escritor, como un testigo del mundo que habita, alguien que tiene algo para decir. Hay escritores con los que sentí una atracción por su pensamiento, más allá de lo que escribían. Es la primera vez que me toca contar la historia de un escritor. Además, el personaje es muy narcisista, un poco omnipotente al principio de la historia, hasta que se encuentra sujeto a algo en lo cual su omnipotencia no lo ayuda. Lo que lo va a ayudar es su ingenio, su sentido del humor y su ironía.
Un amigo me dijo hace poco: “Esto de alguna manera habla de la esclavitud, ¿no?”. No lo había pensado desde ese lugar, pero tiene que ver con lo que hacemos ahora, tanto mundial como localmente, para encontrar posturas y salidas frente a la estupidez, la locura y el maltrato. Eso fue lo que me sedujo.
—¿Cómo fue la construcción de tu personaje? ¿Investigaste sobre él o viste escenas de versiones anteriores?
—No quise ver nada. Si me tocara hacer Hamlet, tampoco vería nada del trabajo de otros. Me divierte mucho encontrar mi propia visión respecto a esto.

—¿Cuál fue el primer desafío que encontraste al encarar este personaje en los primeros ensayos?
—El desafío siempre es constante. No se diferencia de otro proceso. Todo parte de un caos y de algo muy general, y después se va ciñendo de a poco hasta que, por conveniencias y convenciones, uno va encontrando algo. Cuando ya tenés eso, pasas al escenario y otra vez todo se vuelve caótico y lo moldeas hasta llegar a un punto de partida, porque la obra siempre está viva y cada vez que se representa tiene matices. No es lo mismo ver la función número uno que la número cuarenta o la noventa. Siempre hay algo que va creciendo. El desafío es ese: producir un descubrimiento, llegar a un acuerdo y entender que todas las noches puede ser diferente, con más o menos matices.
—¿Cómo fue reencontrarte con Julia y con estos personajes tan fuertes?
—Conocí a Julia haciendo teatro en una obra que se llamaba Las alegres mujeres de Shakespeare hace muchos años. Luego trabajamos juntos en Soy gitano, en Las brujas de Salem y ahora aquí. Es un placer. Julia es una rockstar, una actriz con mucho trabajo hecho detrás. Tiene una mirada sobre el oficio que me encanta y respeto mucho. Comulgo con esa idea de tomarse muy en serio el trabajo, pero no a uno mismo.
—¿En algún momento durante los ensayos, más allá del vínculo entre ustedes, empezaste a sentir miedo por las interpretaciones?
—No, es un juego. Tengo muy claro que lo es y lo juego intensamente. Puede que alguien de afuera pregunte si estoy bien, pero es un truco de magia. El trabajo del actor es un truco de magia. La paloma no sufre cuando la agarra el mago; nadie sale lastimado y la gente ve cosas espantosas, pero es un truco.
—Has trabajado recientemente en En el barro y en Druk. ¿Qué tiene de distinto este proyecto que te hizo elegirlo?
—No me gusta repetirme. En este momento de mi vida, tengo una postura más vehemente respecto a varios temas y necesito encontrar cosas que acompañen esa visión. Antes me relajaba más con algunos proyectos, pero ahora busco que lo que hago esté en línea con lo que quiero contar y cómo quiero contarlo.
—En esta obra se tratan temas como la obsesión y la salud mental. ¿Sentís que puede ayudar al público a reflexionar sobre estos temas?
—No lo sé, honestamente. Lo único que sé es que nosotros podemos hacer algo y ponerlo en escena. Luego, depende de cada espectador y de su sensibilidad si quiere llevarse algo. Hay gente que se para frente a Guernica y no le pasa nada; depende mucho de cada uno. No es una pastilla salida de un laboratorio para que alguien la tome y diga: “Ahora me di cuenta de esto”. Espero que quien tenga ganas y se acerque a ver esto pueda, además de pasar un buen rato, pensar que la obra habla de otras cosas y que tenga una segunda lectura.

—¿Alguna vez viviste una situación en la que un fan se haya sobrepasado o hecho algo fuera de lugar?
—No, no me acuerdo. Siempre hay alguien que tiene alguna expectativa, pero en general he tenido suerte. Tampoco soy John Lennon para que alguien quiera matarme. O eso espero.
—¿Qué tiene el teatro para vos que lo diferencia de otros formatos y lo seguís eligiendo?
—El teatro tiene corazón. Todo bien con el cine y las series, pero las escenas en lo audiovisual son cada vez más flojas a nivel de diálogo. Crecí con una televisión donde había escenas de cuatro o cinco páginas, y eso se ha perdido bastante. Cada tanto lo encuentro en algo extranjero, como si en otros lugares se permitiera explorar más. Las cosas que suelo ver acá me parecen muy básicas.
—Y en la actualidad, ¿cómo te sentís con el hecho de que no existe la ficción en la televisión y todo pasa a plataformas o a este fenómeno conocido como “novelas verticales”?
—Es difícil. Cuando apareció el streaming, había cosas que superaban a la televisión. Luego, el streaming pasó a ser la televisión, pero no la buena televisión, sino la mala. Ahora llega el formato vertical. La velocidad le quita el sentido a las cosas. No es lo mismo mirar el paisaje a 50 kilómetros que a 250. Me pregunto dónde puede estar el sentido en tres minutos.
—Hoy se dice que la capacidad de atención se redujo por las redes sociales y los nuevos formatos. ¿Qué opinás?
—Eso se llama lobotomía en medicina. Es una lobotomía digital.

—Si te propusieran participar en un proyecto de ese tipo, ¿aceptarías?
—No, prefiero hacer teatro en una plaza con una alfombra. No por prejuicio, sino porque no es lo que quiero. Cuando el cine dejó de ser mudo, mucha gente resistió el cambio, pero aun así surgieron cosas interesantes. Esto me parece distinto, una consecuencia de la velocidad de los tiempos. No quiero ser cómplice de las lobotomías digitales.
—A lo largo de tu carrera hiciste miles de papeles y proyectos. Últimamente has estado muy activo y, al menos para nuestra generación, se te recuerda mucho por el Freezer de Floricienta. ¿Te molesta o intentás separarte de ese personaje para que la gente se fije en tus nuevos proyectos?
—No, porque cada uno ve lo que quiere ver. Yo no puedo convencer a nadie.

—¿Recordás con cariño ese personaje?
—Sí, claro. Sí, con cariño y con gratitud.
—Ahora que incursionás en el terror psicológico, ¿qué tiene este género que no tuvieron tus proyectos anteriores?
—En teatro es muy raro escenificar el suspenso. Las últimas dos obras que hice eran más comerciales, como Votemos o Druk, que iban por otra línea. Esto plantea otra cosa, no solo es entretenimiento. Votemos hablaba de la salud mental, Druk sobre lo que pasa cuando uno no dice lo que quiere y por qué se supone que uno necesita un poco de alcohol para animarse a vivir mejor. Esto plantea qué pasa cuando uno es rehén de la estupidez y la locura. La pregunta es qué hace uno para salir de esa situación.

—Si estuvieras en una situación similar, ¿qué harías o qué le aconsejarías a alguien que la viva?
—Probablemente haría lo mismo que hace este escritor: tratar de conservar la vida de la manera más ingeniosa posible y pensar que siempre hay una salida.
—¿Podrías adelantar algún proyecto en el que estés trabajando?
—Además de esto, terminé una serie que se llama Sanamente, que produce Adrián Suar y escribió Ariadna Asturzzi. Saldrá el año que viene por TNT. También, a fin de año o para febrero del próximo año, se estrenará una película, ópera prima de Nicolás Lanusse, llamada El refugio, que está excelentemente escrita. Cuenta la historia de un padre al que le matan el hijo y, en vez de vengarse, toma al asesino y trata de reincorporarlo, porque sabe que matarlo no lo ayuda a transitar el duelo. Me pareció fantástica esa visión.
—Si tuvieras que resumir Misery en una frase o palabra para invitar al público, ¿cuál sería?
—Había un actor, Alejandro Urdapilleta, que en una serie llamada Tumbero decía: “Si pensás, salís”. Esa frase la recordé mucho durante la pandemia y la anotaba cada mes en 2020: “Si pensás, salís”. Creo que es aplicable a Misery y a este momento. Si pensás, salís.
Crédito: RSFotos.
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