DEPORTE
Lanús contra la naturaleza: de los 4090 metros sobre el nivel del mar al recuerdo de haber jugado con los pies enterrados en la nieve

Sucede cada vez que los argentinos (y no solo los argentinos) deben visitar la altura. La altura profunda, temida, casi desconocida. La altura sudamericana. El cuentito volverá a repetirse más temprano que tarde.
Se hablará de los riesgos de la hipoxia, de esa disminución de oxígeno en los tejidos y en las células del cuerpo que golpea. Se recordará el siempre latente intento de la FIFA de prohibir el fútbol en aquellos lugares donde las nubes se mezclan con el césped. Se pondrán sobre la mesa, del otro lado del mostrador, casi como un tratado de derecho geopolítico y de defensa, aquellas frases de un tal Diego Armando Maradona al bancar al pueblo boliviano con aquel aplaudidísimo “ustedes tienen que jugar donde nacieron…”.
En fin, nada que ya no se haya dicho pero que regresará religiosamente a nuestros oídos cuando Always Ready reciba este martes desde las 21.30 hs a Lanús en un partido crucial, para unos y otros, por la 4° fecha de la Libertadores.
Si sonaban las alarmas en el Hernando Siles de La Paz, a 3600 metros sobre el nivel del mar, ni hablar de la localía en El Alto, ciudad populosa -segunda del país detrás de Santa Cruz de la Sierra-, casa también de la selección de Bolivia, a 4090 msnm. La Banda Roja, tal como se conoce a Always, se mudó al Coloso del Norte en 2018 y allí, en el estadio municipal de Villa Ingenio (con capacidad para 25.000 espectadores), se había hecho fuerte con seis triunfos en seis presentaciones en clave Conmebol, en sus torneos internacionales. Y chapeaba el facto.
“Es la fortaleza más temida del fútbol sudamericano. Un volcán humano. Supera en altitud a todos los estadios del planeta. La delgada atmósfera de El Alto reduce el rendimiento aeróbico de los rivales en hasta un 30%…”, jura todavía -y asusta- el club, en su propia cuenta oficial, sobre su ventaja natural. Sin embargo, los ecuatorianos de Liga de Quito le arrebataron este año sobre la hora (1-0), en el debut copero, ese temible 100% de eficacia.
El Alto se supone un sitio hostil para los forasteros pero lleno de vida -aunque también de muerte- para los locales. En los últimos 30 años duplicó la cantidad de habitantes y va camino al millón. Entre el aeropuerto internacional y el teleférico que facilitó el vínculo entre paceños, se transformó en una ciudad popular, accesible y dinámica. Las migraciones internas llevaron a la urbanización express. De hecho, la propia Villa Ingenio -donde se levantó en 2017 esa cancha que deja ver la Cordillera de Los Andes- no tiene más de 50 años. Tomó su nombre de un antiguo ingenio minero donde se trabajaba el oro y el estaño.
El progreso poblacional, la nueva modernidad con los cholets (esas casas y edificios coloridos de varios pisos con diseños extravagantes), se mixturó con familias de origen aymara y con el resguardo de la tierra. La zona, por caso, fue cruento foco de resistencia en la llamada Guerra del Gas, la venta del recurso a Estados Unidos, vía Chile, que terminó en 2003 con 81 fallecidos y cientos de heridos en una feroz represión que todavía homenajea a sus héroes.
De regreso al fútbol, después de varias visitas a Bolivia, desde la década del ’50 hasta hoy, y a sus distintos escalones, lo más cerca del cielo que tocó Lanús ocurrió en la Sudamericana 2024, cuando a 3399 msnm el Granate le ganó 2-0 en Cusco, Perú, a Deportivo Garcilaso con goles de Walter Bou y Marcelino Moreno. Antes, por la Libertadores 2014, supo derrotar por 2-0 en Torreón, México, a Santos Laguna a 1120 msnm. No mucho más. Sin embargo, jamás subió ‘tan arriba’. Todo un desafío. Y se sabe, no solo será cuestión de hipoxia: a mayor altitud, la temperatura desciende principalmente porque la presión atmosférica es menor, lo que provoca que el aire se expanda y se enfríe.
Así las cosas, el Senahmi (Servicio Nacional de Meteorología e Hidrografía) boliviano ya pronostica para este martes algo menos de 10° para la noche, en el horario del partido, y solo 4° para el pitazo final. Aunque semejante introducción, en realidad, sirve para evocar en estas líneas aquella tarde en la que Lanús transpiró -obra y gracia de la naturaleza- en el ambiente más inhóspito en lo que va de sus 111 años de historia, más allá de la altura. ¿Sabías acaso que Lanús jugó sobre la nieve?
Una gira que terminó en Alemania y de una manera impensada
Ayer, hoy y siempre, y mucho más en el fútbol argentino, las giras han servido para ganar en fama -nacional e internacional- pero, básicamente, para ganar un manguito extra. Eso implicaba muchas veces dejar a los torneos locales en un segundo plano y, a la hora de retomarlos, caerse a pedazos porque las piernas ya no daban para más después de un exagerado desgaste. Así y todo, eran riesgos que se corrían a gusto. El dinero hace mover el mundo y, entre fines de 1951 y principios de 1952, Lanús se movió a Europa. Al punto que pasaron Navidad y Año Nuevo en el Viejo Continente.
No era un mal equipo, para nada. Contaba con cracks de la época como Juan Héctor Guidi, León Strembel, Nicolás Daponte, Tito Alvarez Vega, Osvaldo Gil, y hasta dos refuerzos paraguayos del club Atlántida de Asunción, Bonifacio Alcaraz y Obdulio Sosa, fichados ad hoc. El presidente Juan Bautista Besse estaba a cargo de la delegación y el grupo era comandado por José Volante, hermano de Carlos, otro integrante del plantel.
Recién ascendido a Primera después de un año en el Ascenso, había acabado la temporada 1951 en el quinto lugar tras haber terminado la primera rueda en lo más alto de la tabla. La gira fue un buen modo de recaudar fondos para pagar los premios adeudados del título de la Primera B en 1950. Según la investigación del historiador Néstor Bova en el tomo I de Centenario Granate (1915-1964), “el resultado de l a gira arrojó un beneficio de 230.000 pesos de la época aunque a su vez costó padecer importantes lesiones a algunos de los futbolistas titulares”.
El viaje se cocinó en primavera y se ejecutó en verano. Verano argento, invierno europeo. La organización cambió de planes mil veces sobre la marcha. La negociación de los cachets hicieron las cosas más complejas. Según lo estipulado, serían 13 amistosos, con un partido en España contra Racing de Santander y otro en París ante un rival a designar. Al final, fueron 11 en un mes y moneditas con un juego fuera de lista: en Roma, ante la Lazio, que incluyó una visita del plantel al Papa Pio XII en el Vaticano.
Fue también un bardo: hubo encuentros en jornadas sucesivas, con menos de 24 horas de descanso; hubo un bache de 19 días sin matches, solo con entrenamientos gusto a nada. Igualmente, también hubo cruces hoy envidiables frente a Sporting Lisboa, Benfica, Porto, Fenerbahce, Besiktas, Galatasaray y hasta con la selección de Bélgica que jugaría poco más tarde el Mundial 1954.
El sábado 9 de febrero, tres días después de jugar en Bruselas y casi con las valijas preparadas, quedaba el último compromiso antes de subir al avión de vuelta con cuerpos totalmente extenuados. Fue cuestión de hacer unos 250 kilómetros por ruta desde la actual capital de la Comunidad Económica europea para encontrarse con un escenario totalmente inesperado…
Lanús y una visita a una helada ciudad destruida por la Segunda Guerra Mundial
La oferta llegó desde Essen, ciudad trabajadora fundada en el año 845 y situada sobre el rio Ruhr, parte del estado de Renania del Norte-Westfalia, uno de los 16 del territorio alemán pero a unos 60-70 kilómetros de la vieja Holanda. Centro de carbón y acero, de allí lo de Capital de la Energía, supo ser la ciudad minera más grande de Europa. La Segunda Guerra Mundial significó un antes y un después: la ciudad fue arrasada por la Fuerza Aérea Británica (con la ayuda norteamericana) y apenas si quedaron dolorosos escombros. Fue en 1943 un objetivo prioritario por sus fábricas de acero y armamento, especialmente Krupp, productora de tanques, artillería y municiones.
Para la fecha en que recibió a Lanús, Essen se encontraba en plena reconstrucción. El famoso Plan Marshall favorecía la recuperación industrial y de aquel lugar en ruinas, ya poco quedaba. Lo único que no cambiaba era la naturaleza de las cosas. La altitud media, por caso, era (y continúa siendo, claro) de 116 metros sobre el nivel del mar. El asunto pasaba por otro lado: el frío. Y algo más…
El elenco de Essen que hizo las veces de anfitrión del Granate fue Rot-Weiss Essen, los Rojiblancos según la traducción literal y según sus colores de toda la vida. Fue fundado el 1 de febrero de 1907 aunque recién llevó ese nombre después de varias fusiones (nació, por caso, como SV Vogelheim). Hoy por hoy, los también conocidos como RWE, lejos del glamour, pelean por un lugarcito en la 2.Bundesliga, la segunda categoría germana, después de 20 temporadas de espera. Sin embargo, recién comenzada la década del ’50, eran sensación en la región. Y en Europa también.
“Fue un equipo increíblemente popular en esa época de posguerra. En esos años, incluso, llegó a jugar 145 partidos internacionales. Aquellos fueron los momentos más gloriosos del club. En 1952 fue campeón del Oeste; en 1953, se quedó con la Copa de Alemania; y, en 1955, con el torneo nacional después de ganarle la final al FC Kaiserslautern por 4-3 ante 76.000 espectadores. Por ese título, se convirtió en el primer representante alemán en la Copa de Campeones de Europa (actual Champions), donde fue eliminado en primera ronda ante el Hibernian escocés (0-4 y 1-1)”, le contó Georg Schrepper, el historiador del club, a Olé.
El RWE contaba en sus filas con Helmut Rahn, quien fuera autor del gol triunfal para la victoria de Alemania sobre Hungría en la definición de la Copa del Mundo Suiza 1954, el Milagro de Berna. Ese era el rival de Lanús, ni más ni menos. Pero apareció otro de la galera en el estadio Hafenstraße. O casi…
“Aquel fue un invierno bastante normal en Essen y la región del Ruhr. Meses típicos. Temperaturas promedio de 0°/-1°, que rondan el punto de congelación, y de una cantidad de nieve en la superficie de unos diez centímetros que cubren el suelo. El día del partido con Lanús, según los informes de la época, no fue la excepción. De hecho, se jugaron varios encuentros ese fin de semana con el mismo clima…”, le cuenta vía Zoom a Olé Linda Heinrichkeit, la Jefa de Redacción del Westdeutsche Allgemeine Zeitung, el WAZ, diario nacido en 1948 y todavía referencia periodística en la zona.
En la misma línea, Schrepper contó que dos semanas antes de enfrentar al Granate, “el RWE había jugado contra el SpVgg Erkenschwick en un campo completamente helado. Los jugadores se resbalaban por todas partes. Prácticamente se deslizaban por el campo. Sus tacos de goma no tenían agarre. Helmut Rahn incluso se quitó los botines, queriendo jugar descalzo, pero el árbitro se lo prohibió. Los de Erkenschwick fueron más astutos: y se untaron resina en la suela. Ganaban 5-0 el primer tiempo. Cuando el Essen hizo lo mismo, descontó pero acabó con una derrota por 6-4…”.
La prensa enamorada de Lanús: “Magia a la vista”
La importancia que le daba el Rot-Weiss Essen a sus partidos internacionales era manifiesta. El partido frente a Lanús fue anunciado en diciembre y sería parte de una programación invernal que incluía también juegos ante el Hajduk Split yugoslavo, el Liverpool inglés y el Besiktas turco. Enfrentar a un equipo argentino no era cosa de todos los días. Por eso, el RWE decidió postergar para el Jueves Santo su partido de campeonato ante el Fortuna Düsseldorf.
El encuentro se pactó para el sábado 9 de febrero de 1952, a las 15.45 hora local, en el estadio de la Calle del Puerto. Sus terrenos, hoy por hoy, resultan ser la playa de estacionamiento de su moderno estadio. En aquel entonces, era una linda y modesta cancha para unos 25.000 espectadores aunque las inclemencias del tiempo, contra el Grana, permitieron la presencia de alrededor de 10.000 según las crónicas de la época.
En la previa fue todo camaradería, al punto que la dirigencia local le entregó a su par bonaerense un jarrón con el escudo grabado de la ciudad que actualmente puede ser visitado en el Museo Granate que enaltece la sede social del Club Lanús (Avenida 9 de Julio 1680). Además, los capitanes Gottschalk y Strembel intercambiaron banderines en el campo de juego.
Más allá de la goleada recibida (5-1), la prensa alemana quedó impactada por el fútbol propuesto por el Granate, incluso a pesar de no poder hacer pié en un terreno rara avis, tapado por la nieve. La tradicional revista futbolera Kicker, aseguró que “los sudamericanos ofrecieron una actuación sobresaliente, incluso en un terreno inusualmente cubierto de nieve. Todo el ingenio de su fútbol tan bello: magia para la vista”. También argumentaron positivamente acerca de las potencialidades de Lanús a pesar del resultado.
“El juego estaba condenado al fracaso porque al partido le faltaba el objetivo final: marcar goles. Aunque los visitantes jugaron de forma muy ofensiva, incluso el central aparecía constantemente frente al área del Essen, apenas lograron disparar al arco porque todo estaba amontonado en un espacio muy pequeño frente al área rojiblanca. Estas deficiencias tácticas no hicieron que la defensa del Essen tuviera demasiadas dificultades. Los dos extremos internacionales Daponte y Vivas destacaron para los argentinos, quienes completaron una increíble cantidad de carreras y brillaron con actuaciones artísticas”, explicaron desde el medio gráfico que llevó el partido a su portada.
Por su parte, el diario local NZE (Neue Ruhr Zeitung) encontró en el clima reinante la explicación del resultado. “ Los artistas del balón argentinos del Club Atlético Lanús sufrieron una derrota bajo una tormenta de nieve y un frío intenso. El resultado tiene aún más peso dado que los sudamericanos se presentaron como futbolistas perfectos y altamente cualificados, que recordaban mucho a sus compatriotas de Rosario en cuanto al control físico y del balón, y que hasta ahora habían tenido un desempeño brillante en Europa…”, escribieron en sus distintas ediciones diarias.
Osvaldo Gil fue el autor del empate parcial en el minuto 22 pero los alemanes llegaron en ventaja (2-1) al entretiempo. Un Lanús sin cambios resistió al clima y al cansancio como pudo pero, en el último cuarto de hora, recibió tres goles en 9′ a pesar de contar en el arco con Alvarez Vega.
Así y todo, a pesar de la goleada, fue considerado por el periodismo como un Spitzenmannschaft, algo equivalente a ‘equipo de élite o de punta’. “El clima inusual le causó grandes dificultades a Lanús durante su presentación en Essen. Los invitados de ultramar habían tomado todas las precauciones contra la tempestad de nieve y demostraron ser futbolistas perfectos y altamente cualificados”, cerró el jornal la primera y única presentación del Granate en territorio alemán.
Casi dos meses más tarde, el elenco del Sur del Gran Buenos Aires debutó por el campeonato local en San Martín frente a Chacarita y derrotó 3-2 al Funebrero (doblete de Catoira y Martínez) y repitió en el otoño suburbano a ocho de aquellos 11 jugadores que cayeron en la nieve germana.
La síntesis de un partido histórico para el Granate
Rot-Weiss Essen 5: Heinz Kwiatkowski (Peter Budzinski); Heinz Hinz, Werner Goebel; Paul Jahnel, Heinz Wewers, Clemens Wientjes; Helmut Rahn, Kurt Zaro, August Gottschalk, Werner Cornelissen (Willi Köchling), Bernhard Termath (Fritz Abromeit).
Lanús 1: Tito Alvarez Vega; Salvador Calvente, Oscar Estévez; Nicolás Daponte, León Strembel, Nicolás Vivas, Raúl Garfagnoli, Osvaldo Gil, Héctor Catoira, Raúl Martínez, Rodolfo Durán.
Goles: (6′) 1:0 Termath; (22′) 1:1 Gil; (33′) 2:1 Gottschalk; (73′) 3:1 Köchling; (77′) 4:1 Rahn; (82′) 5:1 Abromeit.
Árbitro: Adolf Loser (Essen, juez habitué de la Oberliga West).
Cancha: Stadion an der Hafenstraße
Público: 10.000 espectadores.
El guiño de Perón, Pelé socio honorario y un cementerio propio, pero el ascenso…
Dos años después del amistoso sobre la nieve, el Rot-Weiss -todavía con Rahn como figura- viajó a Sudamérica como parte de otra gira que no tuvo en cuenta (como devolución de gentilezas) a Lanús, aunque sí a Independiente y a San Lorenzo.
Su paso por la Argentina se mantiene en su memoria: tras 37 horas de viaje con distintas escalas, llegaron a Ezeiza, dejaron las cosas en el hotel, y salieron de raje para Avellaneda para jugar contra un Rojo que lo esperaba con la delantera de la Selección ((Micheli, Cecconato, Bonelli, Grillo y Cruz) y que entró a la cancha con la bandera alemana. Fue 3-1 para los germanos, que no perdonaron.
A tal punto fue rimbombante su visita al país que, después de dejar una ofrenda floral en la tumba de Evita, se reunieron con Juan Domingo Perón. Y el meeting duró tanto que perdieron el vuelo a Montevideo. ¿Qué hizo el General para reparar la situación? Puso a voluntad su avión privado para cruzar el Rio de la Plata y jugar ante Peñarol en tiempo y forma…
El fulgor de los Bergeborbeckers -nombre del distrito del noroeste de la ciudad donde se encuentra su estadio- duró solo algunos años más. El Rot-Weiss fue partícipe de la primera edición (1963-64) de la Bundesliga y en 1971 le dijo adiós para siempre a la máxima categoría alemana de una manera particular. Llegó a ser líder en la fecha 3 aunque acabó la temporada con 13 partidos sin ganar y afectado por un escándalo de arreglo de partidos que lo tocó de costado pero lo perjudicó. ¿Quién estaba involucrado en el asunto? El Schalke 04, cuya cancha se encuentra a diez kilómetros nomás.
El tiempo lo convirtió en un club distinto dentro de la zona. Distinto en todo sentido. En 2005, le dieron a Pelé el carnet 23101940 de socio honorario; en 2013, creó un equipo oficial para competir en una liga regional que estaba compuesto por jóvenes que cometieron delitos, fueron consumidores de drogas, e incluso con alguna enfermedad mental; y, en 2019, consiguieron un ala especial en el cementerio de San Mateo para sus hinchas fallecidos. De fútbol, poco. Solo buenas intenciones de regresar a lo más alto. Hoy, a dos fechas del final del torneo de la 3.Liga, está cuarto aunque con chances de volver a Segunda. Eso sí, cuenta su gente, que en la ciudad ya no nieva como antes…

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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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