CHIMENTOS
Lowrdez y Lissa de Bandana apuntaron contra Emilia Mernes: “No quiso cantar ‘Maldita noche’ con nosotras”

Lowrdez Fernández, integrante de Bandana, apuntó contra Emilia Mernes durante el streaming de Popstars (Telefe) y reveló un conflicto hasta ahora desconocido entre la cantante y el grupo por la canción “Maldita Noche”. La confesión se produjo cuando la artista decidió saludar públicamente a Mernes y expuso, sin filtro, la situación que había quedado sin resolver entre ambas partes.
“Un saludo a Emilia que no quiso grabar Maldita Noche con nosotras”, lanzó Lowrdez, en un comentario que generó sorpresa inmediata entre sus compañeras de grupo y el resto de los presentes en el streaming. La frase encendió la conversación y provocó la reacción de Lissa Vera, otra de las integrantes históricas de Bandana, quien no dejó pasar la oportunidad de sumar tensión al momento. “Ay, pero embrollera, la verdadera embrollera”, respondió, filosa en referencia directa a la actitud de su compañera.
La revelación despertó de inmediato la curiosidad de Valen Rizzuti, presente en la transmisión, quien quiso conocer los detalles de lo ocurrido con la cantante. Ante la pregunta, Fernández explicó que la producción de la canción quedó en manos exclusivas de Mernes sin previo aviso al grupo. “No sabemos, de repente nos dijeron, Emilia ya lo grabó sola, lo sacó”, contó la artista.
El intercambio escaló cuando Lissa formuló una pregunta que volvió a tensar el clima del streaming. “¿Con el permiso de quién?”, planteó Vera, cuestionando de manera directa la decisión de la cantante de grabar el tema sin la participación del grupo original. “Yo no la bendije”, sentenció, en una frase que resumió el malestar de la artista por la manera en la que se resolvió la grabación.
En medio de la tensión generada, Virginia da Cunha, también integrante de Bandana, intentó bajar el nivel del conflicto y recordó un gesto artístico que la propia Mernes había tenido hacia el grupo en uno de sus recitales más importantes. “Nos hizo un homenaje en pleno estadio Vélez”, remarcó da Cunha, en un intento por equilibrar la balanza frente a los reproches de sus compañeras.
Pese al comentario conciliador, Lowrdez no cedió en su postura y volvió a lanzar una frase que sorprendió a los presentes en el estudio. “El homenaje que me lo hagan cuando estoy muerta”, disparó la cantante, filosa en una declaración que profundizó la tensión con Mernes en lugar de disiparla.
Valeria Gastaldi contó que Emilia Mernes había querido reunir a las cinco integrantes de Bandana para cantar “Maldita Noche” en Vélez
El conflicto expuesto durante el streaming tiene un antecedente que había quedado registrado meses atrás. Según había confirmado Valeria Gastaldi, otra de las integrantes de Bandana, en el podcast Miami Open Mic, Mernes había intentado en su momento reunir a las cinco cantantes originales para interpretar juntas “Maldita Noche” en un show en el estadio Vélez. “Divina Emilia, ella quería que vayamos las cinco, pero yo justo estaba lanzando mi material acá”, relató Gastaldi sobre la propuesta que Mernes le había hecho llegar en aquel momento.
Según explicó la propia Gastaldi, la reunión de las cinco artistas no se pudo concretar principalmente porque Ivonne Guzmán, otra de las integrantes originales del grupo, decidió no participar, dado que se había alejado por completo del proyecto musical. “Juntar a Bandana es una historia. Creo que tiene que ser muy jugosa la propuesta a nivel económico para hacerlo”, explicó Gastaldi sobre las dificultades que representa coordinar la agenda y los intereses de las cinco cantantes.
Con este nuevo episodio, el vínculo entre Bandana y Mernes vuelve a quedar en el centro de la escena mediática, en un cruce que combina el reconocimiento artístico que la cantante hizo del grupo en sus shows con la tensión que generó la grabación en solitario del tema que originalmente pertenece al repertorio de la banda formada en 2001.
CHIMENTOS
Así está hoy Rocío, la hija de Jorge Rial, a sus 25 años

Rocío Rial tiene 25 años y, a diferencia de su hermana Morena, eligió mantenerse alejada de la exposición mediática. La hija menor de Jorge Rial reapareció públicamente en los últimos días, cuando participó de una celebración familiar que tuvo como protagonista a su sobrino Amadeo, quien cumplió dos años. Las imágenes del encuentro se conocieron a través de los medios y volvieron a despertar interés por la vida de la joven.
La reunión se realizó en una plaza y contó con la presencia de varios familiares y allegados. Allí, Rocío acompañó a la influencer durante el festejo de su hijo menor, en una postal que dejó en evidencia la cercanía que mantienen las hermanas en medio de una etapa compleja para la mayor de ellas. La aparición también llamó la atención porque no es habitual verla en acontecimientos que terminan trascendiendo públicamente.
A lo largo de los años, la joven construyó un perfil discreto y evitó convertirse en una figura habitual de los programas de espectáculos. Si bien su apellido la vincula directamente con uno de los periodistas más conocidos de la televisión argentina, nunca mostró interés por seguir el mismo camino mediático. Esa decisión fue marcada en distintas oportunidades por su propio padre, quien habló sobre las diferencias entre sus dos hijas.
En octubre de 2023, Rial se refirió a la personalidad de Rocío y explicó por qué consideraba que tenía un perfil muy distinto al de Morena. “Rocío es una chica muy bajo perfil. Estudia y trabaja. No tiene nada que ver con el perfil de Morena. Morena tiene un perfil más alto”, expresó el conductor en aquel momento. Sus palabras volvieron a cobrar relevancia tras la reciente aparición de su hija en el cumpleaños de su sobrino.
EL IMPORTANTE ROL DE ROCÍO RIAL EN LA VIDA DE MORENA
Más allá de su decisión de mantenerse lejos de las cámaras, Rocío tuvo un papel importante en el acompañamiento a su hermana durante los últimos meses. Una de las situaciones que trascendió públicamente fue la decisión de poner su departamento a disposición para que More pudiera cumplir allí con el arresto domiciliario dispuesto por la Justicia. El gesto reflejó el respaldo familiar en un momento delicado para la influencer.
La situación judicial de la influencer modificó la dinámica cotidiana de su entorno y también generó una fuerte repercusión mediática. En ese contexto, Rocío continuó evitando las declaraciones públicas y las apariciones televisivas, aunque su nombre volvió a circular por su cercanía con la mayor de las hijas de Jorge Rial. Su presencia en el festejo de Amadeo volvió a mostrarla acompañando a su familia sin buscar protagonismo.
El cumpleaños del pequeño también tuvo otro momento destacado: el reencuentro con su hermano mayor, Francesco Benicio, quien viajó desde Córdoba junto a su papá, Facundo Ambrosioni. Morena había recibido una autorización judicial para salir durante dos horas y participar de la celebración. Las imágenes difundidas en televisión mostraron a los chicos compartiendo el encuentro junto a su mamá y otros seres queridos.
Mientras Morena atraviesa sus dificultades judiciales y familiares, Rocío mantiene la postura que la caracterizó desde siempre: una vida privada, lejos de los escándalos y con escasa exposición pública. Aunque su nombre suele aparecer ligado a las noticias sobre su padre y su hermana, la joven continúa diferenciándose del mundo del espectáculo. Su reciente reaparición, sin embargo, volvió a despertar curiosidad sobre cómo está hoy la hija menor de Rial.

Jorge Rial, Rocío Rial
CHIMENTOS
Gilda antes de la fama: la historia de Miriam Bianchi, la mujer que aprendió a cantar mientras la vida le exigía crecer

Mucho antes de que miles de personas corearan su nombre y de que sus canciones se convirtieran en parte de la memoria sentimental de varias generaciones, hubo una mujer que llevaba una vida muy diferente a la de aquella cantante que finalmente conquistaría los escenarios.
Se llamaba Miriam Alejandra Bianchi, había nacido el 11 de octubre de 1961 en Villa Devoto y era la hija mayor de Omar Eduardo Bianchi, un empleado público, y de Isabel Scioli, una profesora de piano. Durante sus primeros años vivió junto a sus padres y su hermano Omar, cinco años menor, en la casa de su abuela, una típica vivienda tipo chorizo con un gran patio que terminaría ocupando un lugar especial en sus recuerdos.
En ese patio transcurrieron buena parte de sus juegos de infancia. La joven tenía una imaginación desbordante y encontraba en la ropa que su madre y su abuela ya no usaban el vestuario perfecto para convertirse, por un rato, en las cantantes que admiraba. Su padre acompañaba aquellas fantasías con la sencillez de quien entiende que para un chico no hace falta demasiado para construir un mundo: le había armado un micrófono con un palo y lo había pintado de dorado. Con aquel objeto improvisado, ella hacía fonomímica, actuaba y cantaba mientras imaginaba que estaba frente a un público.
La inclinación artística aparecía también en otros aspectos de su vida. Desde pequeña disfrutaba de la danza clásica y española y tenía una relación espontánea con la música. En la casa de una vecina solía ensayar la orquesta de Tito Alberti -sí, el padre de Charly, baterosta de Soda Stereo- y ella se acercaba con una pandereta para acompañar aquellas melodías. Sin embargo, en su familia aquella facilidad para la actuación y el canto no llegó a convertirse en una formación profesional. Con el paso de los años, aquella parte de su personalidad quedaría relegada frente a las obligaciones que la vida le impondría.
Su infancia también estuvo marcada por los cambios. Cursó la primaria en un colegio de monjas hasta sexto grado, pero la situación laboral de su padre llevó a la familia a mudarse a Villa Lugano. Allí pasó a una escuela mixta, después de haber estudiado durante años en un ámbito exclusivamente femenino. Era una alumna particularmente adelantada y había logrado saltearse grados por su buen desempeño, por lo que durante parte de la primaria compartió las aulas con chicos mayores que ella.
Aquella educación religiosa había estado atravesada, además, por una estructura muy rígida y por una enseñanza que en su infancia estuvo cargada de referencias al pecado, al cielo y al infierno.
De hecho, uno de los recuerdos que ella remarcaría de esa época es la ambientación de la iglesia, en la que había en el cielo pintados ángeles que ella veía feos, y en donde se le repartía el catecismo donde aclaraban que si las personas se portaban bien irían al cielo, y en caso de que no, e veía el dibujo del diablo, aclarándoles que irán con él.
En ese momento ella entendió que no quería ni ir para arriba ni ir para abajo, porque arriba lo que había no le gustaba y lo que le mostraban spbre el abajo, tampoco. Con el tiempo, aprendió a creer mucho en Dios y en Jesús, pero no atribuirle demasiada fuerza a las instituciones.
Pero hubo un hecho que tendría un peso mucho mayor en la construcción de aquella adolescente: la enfermedad de su padre. Omar Bianchi sufrió dos accidentes cerebrovasculares y quedó con una hemiplejia siendo todavía joven. La situación modificó profundamente la dinámica familiar y obligó a todos a asumir responsabilidades que, en otras circunstancias, hubieran llegado mucho más tarde. Había que trabajar, sostener la casa y convivir con una enfermedad que condicionaba buena parte de la vida cotidiana.
A eso se sumaban los problemas de salud de su abuela y las dificultades económicas que atravesaba la familia. Miriam creció, entonces, entendiendo que había cosas que no podían postergarse. El trabajo y el estudio ocuparon un lugar central en su vida, incluso cuando la adolescencia le exigía otras cosas. Para ella, terminar sus estudios y conseguir una profesión representaba una forma concreta de construir un futuro propio.

La música, mientras tanto, no desapareció, aunque tampoco parecía tener un lugar definido en ese futuro. Sus gustos estaban muy lejos de la música tropical que años más tarde la convertiría en una figura popular. Escuchaba Sui Generis, Bob Marley y artistas extranjeros, se sentía atraída por la música que llegaba desde Estados Unidos y también disfrutaba del folclore que aparecía en los fogones y las reuniones familiares. La música tropical todavía tenía una presencia limitada en Buenos Aires y no formaba parte del universo cotidiano en el que había crecido.
A los 18 años conoció al primer amor de su vida, Raúl Cagnin, y decidió casarse. De aquella relación nacieron dos hijos, Mariel y Fabricio, quienes ocuparían un lugar fundamental en su vida. La maternidad llegó mientras Miriam continuaba construyendo una existencia vinculada principalmente al trabajo y a la familia, sin imaginar todavía el giro que tendría su historia algunos años después.
Eligió la docencia como profesión. Se formó como maestra jardinera y también como profesora de Educación Física. Incluso llegó a poner junto a su madre un jardín de infantes en la casa familiar. Durante años, su mundo estuvo compuesto por los chicos, las aulas, los actos escolares y las actividades que organizaba para cada celebración.
Y fue precisamente en ese ámbito donde comenzó a cantar frente a otras personas.
Miriam tenía una facilidad especial para organizar fiestas y festivales escolares. Preparaba obras de teatro, dirigía a los alumnos y encontraba la manera de convertir cada acto en una verdadera puesta en escena. La música formaba parte de aquellas celebraciones y su voz empezó a hacerse conocida entre los chicos, los padres y los docentes.

La escuela se transformó así en un espacio donde podía desarrollar una faceta que había estado presente desde la infancia. Sin abandonar sus obligaciones familiares ni su trabajo, encontraba en aquellos espectáculos una manera de expresarse y de acercarse nuevamente a la música.
Por entonces, su vida parecía encaminada hacia la docencia. Había construido una familia, tenía una profesión y conocía perfectamente las responsabilidades que implicaba sostener una casa. Sin embargo, una oportunidad inesperada iba a modificar el rumbo.
En 1990 apareció un aviso en el diario en el que se buscaban vocalistas para formar un grupo musical. En una época en la que una convocatoria de ese tipo podía hacerse simplemente a través de los clasificados, Miriam decidió presentarse. El 20 de septiembre de aquel año llegó a la prueba y cantó frente a Juan Carlos “Toti” Giménez.
El músico quedó sorprendido por aquella mujer que llegaba desde la docencia y que tenía una combinación particular de personalidad, dulzura y carisma. Su manera de cantar también tenía una identidad propia. Aquella prueba fue el primer paso concreto hacia una actividad que, hasta ese momento, había permanecido en un segundo plano.
En 1991, Giménez la recomendó para participar en algunos temas del séptimo disco de Las Primas, del que fue parte de los coros. Poco después comenzaron a trabajar juntos. La música comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante y Miriam tuvo que tomar una decisión que implicaba dejar atrás una parte importante de la vida que había construido.

En 1992 abandonó la docencia para dedicarse de lleno a la música. Ese mismo año apareció De corazón a corazón, su primer álbum de estudio, editado por Magenta. El público comenzó a conocer a Gilda, el nombre artístico detrás del cual Miriam Bianchi empezaría a construir una carrera que crecería rápidamente, inspirado en el nombre del personaje que consagró a Rita Hayworth.
Al año siguiente llegó La única, y en 1994 publicó Pasito a pasito con… Gilda. La cantante comenzó a recorrer el país y a presentarse ante públicos cada vez más numerosos. Aquella mujer que durante años había trabajado como docente empezó a convertirse en una de las figuras reconocibles de la música tropical argentina.
Entonces llegó “No me arrepiento de este amor”.
La canción, publicada en 1994, había sido compuesta por la propia Gilda a partir de una experiencia sentimental vinculada a la ruptura con su exesposo. Con el tiempo se transformaría en uno de los mayores éxitos de su carrera y en una pieza fundamental de la música popular argentina. Su historia personal había encontrado una forma de expresión que podía ser compartida por miles de personas.
En 1995 apareció Corazón valiente, su cuarto y último proyecto publicado en vida. El álbum se convirtió en un éxito rotundo y recibió un disco de oro y doble platino en Argentina.
Para entonces, la transformación era completa. La mujer que había pasado años entre escuelas, chicos y obligaciones familiares había dejado atrás aquella vida para convertirse en una cantante reconocida en todo el país. Pero el éxito no borró a Miriam.

Detrás del nombre artístico seguía existiendo la mujer que disfrutaba cocinar, leer, andar en bicicleta con sus hijos, salir a correr, recibir amigos y compartir tiempo con su familia. También permanecía aquella personalidad descontracturada y espontánea que no tenía demasiado apego por el reloj ni por una vida perfectamente organizada.
La diferencia estaba en lo que ocurría cuando subía a un escenario.
Allí aparecía una mujer capaz de transformarse frente al público sin dejar de ser quien era. La exposición exigía una energía diferente, una manera particular de sobreponerse a lo que pudiera ocurrir en su vida cotidiana y salir a cantar como si durante esos minutos todo lo demás quedara suspendido.
Pero esa fortaleza no había nacido con la fama. Se había construido mucho antes, durante una infancia atravesada por la enfermedad de su padre, las dificultades familiares y la necesidad de asumir responsabilidades; durante los años de estudio y trabajo; durante la maternidad y la docencia; y también en todas aquellas ocasiones en las que había tenido que elegir entre lo seguro y aquello que verdaderamente la movilizaba.
Por eso, para comprender quién fue Gilda, hay que mirar bastante más atrás de los escenarios.
Hay que volver a aquella casa de Villa Devoto donde una niña jugaba con la ropa de su madre y de su abuela, donde un micrófono hecho de madera y pintado de dorado podía convertirse en el centro de una función imaginaria y donde nadie podía saber todavía que aquella pequeña actriz terminaría teniendo un público de miles de personas.

Hay que mirar a la adolescente que creció demasiado rápido porque la enfermedad de su padre transformó la vida familiar. A la joven que estudió y trabajó mientras construía una familia. A la maestra jardinera que convirtió los actos escolares en verdaderos espectáculos. A la mujer que durante años encontró en la escuela un espacio para cantar sin imaginar que aquella actividad terminaría convirtiéndose en su profesión.
Primero estuvo Miriam Bianchi, con su vida cotidiana y sus responsabilidades. Después llegó Gilda, con una carrera que en apenas unos años alcanzó una enorme popularidad.
Y entre una y otra nunca hubo una ruptura definitiva. La cantante simplemente llevó consigo a la mujer que había sido durante toda su vida.
CHIMENTOS
La foto que la China Suárez borró tras el divorcio de Mauro Icardi con Wanda Nara y que desató polémica

El reencuentro de dos figuras recordadas por su paso por Casi Ángeles generó repercusión en las redes. La China Suárez y Emilia Attias se encontraron el jueves en Tequila, donde la actriz estuvo junto a Mauro Icardi para celebrar el divorcio de Wanda Nara. Sin embargo, hubo un detalle que resultó llamativo, por el accionar mismo de la novia del futbolista.
Durante la noche, la China y Emilia posaron tan abrazadas como sonrientes en una foto que no tardó en llegar a Instagram. La postal tenía un ingrediente especial para los fans de Casi Ángeles, la ficción juvenil que las tuvo como parte de un fenómeno televisivo que sigue despertando nostalgia. Hasta ahí, un encuentro entre dos figuras que cautivaron a todos.
La foto fue publicada originalmente por una agencia de influencers y con una frase dedicada a los seguidores de la tira: “Lo admitimos, no superamos Casi Ángeles”. La China compartió esa publicación en sus propias historias. Y además, sumó un guiño musical que reforzó los recuerdos de aquella etapa: eligió “Que nos volvamos a ver”, uno de los clásicos de los TeenAngels.
Parecía ser una forma de celebrar el encuentro y recordar una historia que marcó a toda una generación. Sin embargo, poco después, la China eliminó la historia y la imagen dejó de estar disponible en su perfil. Entonces comenzaron a surgir las preguntas: ¿Fue por la agencia de mkt en cuestión o hay algo más de fondo?
¿PELEADAS? LA FOTO DE LA CHINA SUÁREZ CON EMILIA ATTIAS QUE LA ACTRIZ DECIDIÓ ELIMINAR DE SU INSTAGRAM
Una de las teorías que apareció hizo referencia a una supuesta pelea entre la China y Attias. Se sabe que desde hace tiempo las amistades y relaciones que se forjaron en aquella ficción dejaron de ser las de antes. El caso, sin ir más lejos, es lo que pasó por ejemplo con Gimena Accardi, de quienes varias del grupo estarían distanciadas. De hecho, en el pasado también se habló de algunas fricciones con la actual novia de Icardi. ¿Qué pasa entonces?
Por el momento, no trascendieron los motivos por los que la China decidió borrar la historia. Pero también es verdad que no hay nada confirmado sobre un supuesto conflicto entre las protagonistas de la postal. El misterio fue creciendo con el correr de las horas, y en las redes comenzaron a desempolvar viejas disputas que ha tenido aquel elenco de Cris Morena con el paso de los años.
Ahora bien, hay otro detalle importante: Emilia nunca compartió la historia, a pesar de también estar etiquetada dentro de la imagen. Cualquiera podría decir que la morocha no vio la foto, pero lo cierto es que ya pasó casi un día completo y no reaccionó a la publicación. ¿Qué pasa entonces?
Cabe destacar que el encuentro entre la China y Emilia se dio mientras la actriz festejaba con Icardi el divorcio del futbolista de Wanda. La foto de las artistas fue tomada en el mismo boliche donde la parejita celebraba el fallo de la Justicia italiana y en consecuencia sus futuros planes de casamiento. Un detalle más que se suma a esta noche porteña que parece haber tenido todos los condimentos.
China Suárez, Mauro Icardi, Emilia Attias
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