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Luis Caputo gana terreno en la negociación con los gobernadores y apela a la gestión de la billetera

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CÓRDOBA.- “Trabajo bárbaro con la mayoría de los gobernadores”. La definición la dio esta semana el ministro de Economía Luis Caputo. Definió al gobierno como “federal” y subrayó que “si a las provincias les va bien, al país le va bien”. Expresiones que ratifican que en los últimos tiempos, se sumó a la búsqueda de acuerdo con los mandatarios provinciales. Claro que, del otro lado, quieren más que frases amables, reclaman por recursos.

Caputo intenta reforzar las gestiones que lidera Diego Santilli con los gobernadores aliados para que no se repita en otros proyectos de leyes considerados clave por el oficialismo lo que pasó con el de inviolabilidad de la propiedad privada, cuando resignó dos capítulos que calificaba como importantes. En esa lista están, por ejemplo, zonas frías, reforma electoral y presupuesto 2027.

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Más allá de las frases, el titular de Economía tiene desde el arranque de su gestión al ajuste de recursos para las provincias en el centro de su estrategia fiscal. No sólo por el recorte de las transferencias discrecionales (las que van por fuera de la coparticipación) sino por la eliminación de fondos específicos como el destinado a transporte y el achique del presupuesto para obra pública.

En medio del debate abierto por el destino del porcentaje del impuesto a los combustibles que no llega, según establece la ley, a obras viales, Caputo afirmó durante su visita a Córdoba “ningún gobernador me llamó para quejarse” e, incluso, aseguró que el único que se comunicó fue uno, “de la oposición, para avisarme que iban a operarme”.

Si es como el ministro afirma, los mandatarios tienen una actitud diferente con él a la que asumen, en muchos casos, públicamente y a la que, hace un año, plasmaron en un proyecto de ley para que se coparticipara ese impuesto y que llevó la firma de los 24. Claro que, en las negociaciones políticas, todo es posible.

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Luis Caputo en la Bolsa de Comercio de Córdoba, la semana pasada

Desde que Javier Milei llegó a la Rosada la relación con los gobernadores -siempre necesarios para el oficialismo para lograr sacar o frenar iniciativas en el Congreso- pasó por diferentes niveles de tensión. En estos días, Santilli y Caputo buscan reencausarla después del traspié en el Senado.

Más implicancia

Hace cuatro meses, contó que Caputo habría planteado un entendimiento con los gobernadores para asegurar respaldo legislativo, aumentar la certidumbre e impulsar la economía. Las conversaciones en torno a ese eje continúan y pasan por qué posición tomarán los libertarios en las elecciones provinciales en los distritos de esos mandatarios.

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El viernes Caputo viajó con Santilli a Catamarca para reunirse con el mandatario local, Raúl Jalil y el de Santiago del Estero, Elías Suárez, para “avanzar en una agenda conjunta”. Igual que lo hizo en Córdoba, el titular de Economía, subrayó los avances que habrá en infraestructura: “El camino es el de la baja de impuestos, de la mejora de infraestructura, de la baja de desregulaciones”. E insistió en que semanalmente hablan del tema en una “mesa” de la que participan los mandatarios y Economía. El de la obra pública es uno de los reclamos permanente desde las provincias.

Otro ejemplo del apoyo de Nación a las provincias que dio Caputo en estos días fue que están “cediendo préstamos que tenemos de multilaterales. Hay un trabajo en conjunto muy bueno con los gobernadores”, insistió.

En materia de recursos, con la llegada de Santilli al gabinete, Economía flexibilizó la firma de autorizaciones para colocación de deuda internacional y, a partir de abril, otorgar adelantos financieros. Hay 15 que los recibieron por $400.000 millones para cubrir urgencias de caja. Posteriormente, la medida fue ampliada para sumar a otras jurisdicciones. El número refleja el stress de las cuentas subnacionales y el estado con el que encararán el año electoral.

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De hecho, Chaco -gobernada por el aliado electoral Leandro Zdero- ya refinanció el pago y en Córdoba, desde la administración de Martín Llaryora deslizaron que podrían pedir mayor plazo de pago. La cancelación en todos los casos está prevista para dentro del año fiscal.

La foto de los primeros siete meses del año muestra que las provincias perdieron recursos de los girados por Nación en paralelo al pedido de apoyo por parte de la Rosada. Las transferencias no automáticas se redujeron 62,8% interanual en términos reales (fue el peor acumulado en ese período al menos dos décadas). La coparticipación cayó menos, 1,3% real interanual.

El logro de la Rosada es negociar uno a uno, aplicar un esquema de premios y castigos. Los gobernadores no consiguieron sostener el frente común que armaron hace un año para buscar un nuevo reparto de los Aportes del Tesoro de la Nación y del impuesto a los combustibles.

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Hay un tira y afloje permanente. Las alianzas son muy volátiles y, apenas los gobernadores ven que pueden terminar pagando un costo político a cambio de nada o de muy poco, dejan de acompañar. Mientras Santilli es el interlocutor político, Caputo es el dueño de la “billetera”, su fuerza está en el manejo de los recursos.




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“Salieron de la selva”: Alberto Fernández compartió un spot de Lula para reivindicar su teoría sobre el origen de los brasileños

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El ex presidente Alberto Fernández ironizó sobre el último spot de Lula da Silva, quien busca su reelección en Brasil el 4 de octubre, al comparar el video de campaña del fundador del Partido dos Trabalhadores (PT) con el discurso que pronunció en 2021 sobre los orígenes de mexicanos, brasileños y argentinos y por el que debió disculparse.

Desde su cuenta en la red social X, el ex mandatario compartió el siguiente mensaje el periodista Dante López Foresi: “Excelente spot electoral de Lula en Brasil. Dice que cuando los portugueses llegaron se encontraron con la selva. ¿Quienes estaban en la selva? Los brasileños. Qué conclusión saca: “los brasileños son selva (Silva en latín)” ¿Se acuerdan como mataron a @alferdez cuando dijo casi lo mismo?”.

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Ante ese comentario, Fernández escribió un posteo dando a entender que el tiempo le dio la razón. “🙄 No más preguntas señor juez 🇧🇷”, compartió, al citar la publicación.

La controversia se remonta a una intervención de Fernández en 2021, durante una visita del presidente español Pedro Sánchez a la Casa Rosada. “Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos”, dijo el mandatario en un acto en Buenos Aires. Erroneamente, había parafraseado al escritor mexicano en palabras que coinciden más con una canción del músico argentino Litto Nebbia.

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Sin embargo, la repercusión negativa del mensaje, que generó fuerte polémica en Brasil lo llevó a pedir disculpas. Para algunos, el comentario fue discriminatorio y racista.

Entre quienes lo criticaron fue el entonces presidente brasileño Jair Bolsonaro también había reaccionado en ese momento, con una fotografía en la que aparecía con un penacho de plumas, rodeado de indígenas vestidos con trajes autóctonos. Es decir, terminó burlándose de esas declaraciones. Eduardo Bolsonaro también cuestionó a Fernández: “¿No dirán que fue RACISTA contra los indígenas y los africanos que formaron Brasil? Pero yo digo: el barco que se hunde es el de Argentina”.

El posteo de Jair Bolsonaro de 2021, cuando se burló de las declaraciones de Alberto Fernández

El mensaje de Lula: la selva, Bad Bunny y la disputa por los recursos

Pese a aquella polémica, el nuevo spot de Lula da Silva asume la importancia de la selva y el Amazonas como parte de la identidad brasileña. Y asume dicha identidad no de forma racista, sino con un claro sentido de pertenencia nacional.

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El audiovisual comienza con imágenes de la Amazonia, otros paisajes y pueblos brasileños. El actor Wagner Moura, protagonista de la película premiada El agente secreto y de la saga Tropa de Elite, narra una metáfora y un juego de palabras sobre el apellido del presidente: “Cuando los portugueses llegaron en 1500, se encontraron con la selva. Selva en latín es Silva. Quien nacía aquí, para ellos, era ‘de la selva’. El pueblo brasilero siempre fue ‘da Silva’”.

Luego suena una adaptación de “Lo que pasó en Hawaii”, canción de Bad Bunny que narra la pérdida de soberanía del pueblo hawaiano ante Estados Unidos y la gentrificación de la isla. La versión brasileña cuestiona las intenciones de intromisión del presidente estadounidense Donald Trump sobre las tierras y los recursos naturales de los pueblos americanos, con Brasil como foco central.

El tema dirige sus críticas al modelo de gestión que promueve Flávio Bolsonaro, el candidato de la oposición de ultraderecha y señalado como el principal aliado de Trump en el país. En varias secuencias aparecen simpatizantes de Bolsonaro con banderas estadounidenses en las calles brasileñas.

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Alberto Fernández y Luiz Inácio Lula da Silva, en un encuentro diplomático en 2023 (Fábio Rodrigues-Pozzebom/DPA)

La letra menciona el territorio y las materias primas en disputa: “Quieren quedarse con el río y también la playa, quieren las tierras raras, quieren que nos vayamos. No, no tiren las banderas, no olviden lo que vi, no quiero que hagan contigo lo que les hacen por ahí”.

El cierre del video está a cargo de Lula: “Brasil tiene un único dueño, que es el pueblo brasilero”.

El líder del Partido dos Trabalhadores acompañó el audiovisual con un mensaje en X en el que definió a Silva como “la selva misma: la raíz que brota del suelo, el verde que resiste y la fuerza viva de la tierra”. También afirmó: “Nuestra fuerza no se doblega, nuestra bandera no se rinde y nuestra soberanía no tiene precio. El futuro de Brasil pertenece a quien cultiva la vida y protege su tierra. Somos la floresta, somos la historia, somos todos Silva”.

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Lula busca un cuarto mandato después de haber gobernado Brasil entre 2003 y 2010 y desde 2023. Como se señaló, su principal adversario es el senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del ex presidente brasileño, que está inhabilitado por la Justicia para competir.

La elección tiene alcance regional por el peso de Brasil en el comercio y la política sudamericana. El spot del líder del PT retoma el mensaje de soberanía nacional que recibió ovaciones durante la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York.

Alberto Fernández,Lula da Silva,Dante López Foresi,redes sociales

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El obispo de San Justo alertó que la asistencia alimentaria volvió a niveles de pandemia

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Eduardo García, obispo de San Justo, habló sobre el aumento de la asistencia alimentaria y el deterioro social en La Matanza tras conocerse ayer el dato de pobreza. El indicador difundido ayer ubicó la pobreza en el 32,3% durante el primer semestre del año y señaló que 15,5 millones de personas estaban alcanzadas por esa situación.

Durante una entrevista con Infobae a las Nueve, donde dialogó con Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, el obispo relató que la cantidad de personas asistidas por los comedores creció de 2.000 antes de la pandemia a 22 mil durante la emergencia sanitaria. “Terminó la pandemia, se bajó a 18 mil. Y ahora estamos en 21 mil”.

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El obispo ubicó la situación actual cerca de los niveles que se registraron durante las restricciones sanitarias. “Estamos igual que en la pandemia, asistiendo desde distintos lugares a familias, a chicos, a ancianos, en una situación de vulnerabilidad muy grande”, afirmó.

También se refirió a la presencia de personas en situación de calle en el centro de San Justo, donde reside desde hace 12 años: “Ha ido creciendo absolutamente la cantidad de gente que duerme en la calle, la gente que viene a la mañana a buscar el desayuno, la gente que viene a bañarse, a usar los baños”.

Para García, la dificultad de acceso a una vivienda explica parte de ese crecimiento. “Es la falta de trabajo, la falta de plata para poder alquilar una piecita o una casa, o estar así en la plaza como lo vemos en la puerta de los bancos y en lugares donde hay posibilidad de pasar la noche”, dijo.

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Al ser consultado por el impacto sobre los sectores medios, planteó que el deterioro se manifestó también en las escuelas. “Colegios con cuota ínfima, colegios con algunos cuota cero. Cómo la necesidad hace que los chicos, en algunos casos cuota cero, ya no vayan ni siquiera al colegio cuota cero porque no tienen los papás dónde dejarlo, dónde darles de comer”.

“El índice de morosidad también es muy grande”, agregó sobre las instituciones educativas con aranceles bajos. Y definió el cambio en los hogares que hasta hace una década podían sostener sus gastos: “Ahora son pobres los que eran clase media hace diez años, ahora son pobres”.

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El obispo enumeró las situaciones que observa entre las familias que se acercan a los comedores. “Pobres porque no llegan a fin de mes, pobres porque no pueden pagar el alquiler, pobres porque no les alcanza o se endeudan, el famoso tema de la deuda para poder comer y van trasladando la deuda mes a mes”.

García contó una escena que presenció el día anterior en una farmacia, cuando una jubilada consultó si podía abonar sus remedios en cuotas. “Yo esto nunca lo tuve que hacer, de pagar en partes, pagar en cuotas, pero ya no llego”, recordó que le dijo la mujer al farmacéutico.

“Familias que antes no se acercaban a los comedores ahora se están acercando”, indicó. Sobre ese proceso, precisó: “Primero con mucha vergüenza y después ya con mucha resignación”.

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Ante la consulta sobre la capacidad de los comedores, García señaló que las organizaciones intentan responder a la demanda, aunque consideró que existen necesidades que quedan fuera de esa red. “Se trata de dar abasto. Creemos que no se da abasto porque hay todo un submundo que se maneja con otras coordenadas”.

En ese punto, expuso una de las definiciones centrales de la entrevista: “En nuestros barrios, el narcotráfico es el pan nuestro de cada día”. Para el obispo, esas estructuras ofrecen respuestas inmediatas frente a urgencias que no encuentran contención institucional.

Un hombre busca comida en un contenedor de basura cerca de la Casa Rosada, en el centro de Buenos Aires, Argentina, el 29 de marzo de 2025.  REUTERS/Mariana Nedelcu

“Es directamente proporcional a la ausencia del Estado el crecimiento del narcotráfico”, afirmó. García incluyó entre esas falencias el acceso a la educación, la salud, las oficinas públicas y la Justicia.

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El titular del Obispado de San Justo remarcó que su descripción no se limitaba a otros países ni a una representación ficticia. “No es una novela colombiana o venezolana. Estoy hablando de La Matanza, estuvimos el año pasado en Rosario con esta situación”.

García sostuvo que las redes narco ofrecen dinero, medicamentos o ingresos cotidianos a cambio de tareas vinculadas con la venta de sustancias. “Desde la plata para un remedio, a cambio de un servicio, desde tener una cuota cotidiana por la venta de distintas sustancias o el paso del sobrecito en tantos autos”.

Cuando le preguntaron por las edades de los chicos expuestos a esas redes, evitó definirlos de inmediato como trabajadores del narcomenudeo. “No sé si están empezando a trabajar, están criándose en esa cultura”, respondió.

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El obispo describió las privaciones que, según dijo, atraviesan algunos barrios. “Hay barrios en los cuales los chicos tienen acceso a una pipeta de droga antes que a un libro. No han conocido un libro, no han conocido un cuaderno, no conocen una lapicera”.

“Un soldadito. Algunos llegan, otros no llegan”, sostuvo sobre los adolescentes que más tarde son reclutados. Según relató, hay hogares atravesados por el encarcelamiento, consumos problemáticos, prostitución y tareas de baja escala dentro de las redes de venta de drogas.

García cuestionó una mirada que, a su criterio, simplifica las condiciones de vida en los barrios populares. “Hay una visión demasiado romántica del pobre en el mal sentido”, afirmó, antes de mencionar a padres sin empleo, jóvenes reclutados y mujeres que recurren a la prostitución para obtener ingresos.

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Frente a esa realidad, García describió el trabajo de las organizaciones comunitarias y de la Iglesia en los barrios. “Hay muchas familias que le ponen el pecho a esta realidad, que se comprometen asumiendo este rol de Estado desde una comunidad organizada que busca salidas”.

El obispo resumió esa tarea en “las famosas tres C”: “El colegio, el club y la capilla”. Explicó que esos espacios buscan que los chicos permanezcan vinculados con la educación, las actividades deportivas, los oficios y una red de contención cotidiana.

Sobre la escuela, dijo: “El chico pueda crecer, socializarse y no solamente aprender conceptos, sino entrar como una familia distinta en la cual ocupa la mayor parte de su día”.

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Respecto de los clubes, planteó que permiten aprender reglas, convivir con otros chicos y desarrollar capacidades por fuera de la calle. “No solamente un deporte, sino a veces un oficio. Va creciendo desde el arte, desde lo más noble que tiene en su vida, se reconoce valorado”.

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El encuentro entre la directora de cine María Luisa Bemberg y un militar que cambió el destino del cuerpo embalsamado de Eva Perón

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Entre los tantos secretos, ya casi todos revelados, que rodearon al ocultamiento del cadáver de Eva Perón, a su salida del país en 1957 bajo la falsa identidad de María Maggi de Magistris, en un ataúd que acompañaba un “hermano” de la muerta, también bajo identidad falsa, que era en realidad un suboficial del Ejército adscripto al Servicio de Inteligencia de esa fuerza (SIE); a su posterior inhumación en el Cementerio Maggiore de Milán donde permaneció durante casi quince años, hasta 1971, cuando otro gobierno militar decidió devolver el cuerpo a su viudo, Juan Perón, exiliado en España, queda todavía algún secreto a divulgar, o al menos algún episodio poco conocido.

El cuerpo de Eva Perón fue enviado a Italia en una increíble operación de inteligencia ordenada por el entonces presidente de facto, Pedro Eugenio Aramburu, líder de la Revolución Libertadora, que había derrocado a Perón luego de un sangriento golpe militar en septiembre de 1955. ¿Qué llevó a Aramburu a tomar esa decisión? ¿Por qué el cadáver de Eva Perón inició un largo y tortuoso peregrinaje que duraría varios años hasta su descanso definitivo en el cementerio de la Recoleta? En la decisión de Aramburu influyó una joven mujer de treinta y cuatro años, María Luisa Bemberg, quien con los años sería una famosa y laureada directora de cine. También jugó un rol muy especial el entonces jefe de la Casa Militar de Aramburu, capitán de Navío Francisco Manrique, que dejaría la Armada para dedicarse a la política, a ser un funcionario de la dictadura militar conocida como Revolución Argentina (1966-1973) y luego en líder de un partido propio federal y conservador.

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Eva Perón junto a Juan Domingo Perón. (Foto: Archivo General de la Nación Argentina)

La historia es larga y compleja, tal vez apasionante. Desde su muerte en 1952 y gracias al trabajo del médico español Pedro Ara, el cuerpo embalsamado de Eva Perón había permanecido expuesto en el segundo piso de la Confederación General del Trabajo (CGT) en el viejo edificio de la calle Azopardo. Cuando la Libertadora tomó el poder en la Argentina, su primer presidente, el general Eduardo Lonardi, logró que la madre de Eva Perón, Juana Ibarguren, que en los días que siguieron al golpe militar estaba asilada en la embajada de Ecuador, firmara un consentimiento para que las nuevas autoridades dieran cristiana sepultura a su hija.

Pero Lonardi, luego de un golpe palaciego, fue desplazado de la presidencia por Aramburu quien, el 23 de noviembre de 1955, ordenó que el cadáver fuese retirado de la CGT. Ese operativo militar fue encabezado por el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, jefe del SIE, y el cuerpo, lejos de ser inhumado, pasó a manos de aquel oficial que resultó ser una especie de desquiciado mental, que se apropió del cadáver como si se tratara de un trofeo personal, de una reliquia; llegó a ocultarlo en un cajón de madera destinado a portar aparatos y elementos de comunicación militar, lo ultrajó, lo vejó, lo mancilló y lo exhibió a sus amistades y camaradas como el botín de una guerra librada sólo en su mente enferma.

Dos palabras sobre los protagonistas de esta historia. María Luisa Bemberg había nacido en 1922 y era cuarta generación argentina de la poderosa familia Bemberg, propietaria de la Cervecería Quilmes que había sido expropiada por el peronismo. Fascinada en los años ’60 por el fenómeno cinematográfico francés de la “nouvelle vague”, por el neorrealismo italiano y por el cine de Ingmar Bergman, se convirtió luego en escritora, guionista y directora de cine, al frente de películas como Señora de Nadie, Camila, Miss Mary y Yo, la peor de todas, entre otras.

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María Luisa Bemberg, cineasta argentina. (Foto: gentileza argentina.gob.ar)
María Luisa Bemberg, cineasta argentina. (Foto: gentileza argentina.gob.ar)

Francisco Manrique había nacido en Mendoza en 1919, desarrolló una intensa carrera militar en la Armada. Fue un ferviente opositor a Perón y Aramburu lo hizo jefe de su Casa Militar hasta el final de su gobierno en 1958. En 1956, cuando el levantamiento militar y civil del 10 de junio contra la Libertadora, liderado por el general Juan José Valle, intento que fue aplastado por las autoridades, Manrique logró que Valle se entregara para poner fin al alzamiento, al parecer con la promesa del propio Manrique de que su vida sería respetada. Valle fue fusilado el 12 de junio en la Penitenciaría Nacional que se alzaba en lo que es hoy el Parque Las Heras.

En 1970, en plena Revolución Argentina, el fugaz presidente Roberto Marcelo Levingston nombró a Manrique ministro de Salud y Acción Social, cargo que mantuvo durante el gobierno del sucesor de Levingston, Alejandro Lanusse. Manrique fue inventor del Prode, un juego de pronósticos deportivos sobre fútbol que ayudó a financiar en parte el PAMI. Luego dejó los cargos públicos y se dedicó de lleno a la política. Fue candidato a presidente por la Alianza Popular Federalista en 1973, en las elecciones que llevaron al peronismo al poder y, en 1983, después de la dictadura conocida como el “Proceso de Reorganización Nacional” fue candidato por la Fuerza Federalista popular en las elecciones que llevaron al poder a Raúl Alfonsín.

Para seguir con esta historia debo colocarme, con las disculpas del caso, en el odioso rol de narrador en primera persona. En 1983, cuando era redactor de la revista La Semana, entrevisté a Manrique, candidato por su propio partido. Se trataba de una entrevista formal que se hacía a todos los candidatos sin más pretensiones de que los reporteados hablaran de sus planes de gobierno. Cuando terminó el reportaje, luego del consabido e ineludible ¿algo más?, dije a Manrique que quería hacerle una pregunta fuera de la nota, que ni esa pregunta, ni su respuesta, iban a ser publicadas, que se trataba de un off the record que sólo servía a mi interés por un hecho histórico que lo había tenido como protagonista. Le pregunté entonces si él le había garantizado la vida al general Valle, a cambio de que se entregara y de que llegara a su fin el alzamiento contra la Libertadora.

La junta militar de la Revolución Libertadora. (Foto: Diario Crónica)
La junta militar de la Revolución Libertadora. (Foto: Diario Crónica)

Manrique enfureció. Creí entonces, y creo aún hoy, cuarenta y tres años después, que creyó que sí se iba a publicar mi pregunta y su respuesta y debe haber visto sus posibilidades electorales arruinadas. Le reiteré, en las pausas que dejaban sus gritos destemplados, mi compromiso de no publicar nada de lo que habláramos, que sólo quería conocer su versión sobre aquel hecho. No hubo caso. Me dijo que él había salvado la vida del capitán Adolfo Philippeaux, que se había sublevado en la Pampa en apoyo de Valle; que todo aquello era una historia larga y compleja y que no era el momento de hablar de esas cosas. En esto último tenía razón.

Manrique ni siquiera me confió aquel día que él había dejado en claro su papel en la detención del general Valle en una carta escrita a las autoridades de la Armada el 22 de junio de 1956, diez días después del fusilamiento del general sublevado. La carta, si es que fue presentada en esa fecha, fue revelada por fin por Juan Bautista Yofre en su libro Dios y la Patria se lo demanden. Mi entrevistado no era el único en estar furioso aquella tarde. Yo también me encabrité un poco, primero por mi imprudencia, tal vez no fue atinado indagar en ese pasado, pero fue oportuno, y luego, por la tozudez de Manrique empeñado en no creer en mi palabra. Lamenté haber hecho aquella pregunta pero no me arrepentí. Fueron unos cuantos minutos de áspera tensión, para decirlo suave.

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De pronto, aquel candidato furioso intentó serenar un poco las aguas. “Mire –dijo– le voy a contar algo para que vea mi buena voluntad, pero no lo va a poder publicar mientras yo viva”. Narró entonces que un día de 1956, el teniente coronel Moori Koenig había invitado a su despacho a María Luisa Bemberg, a quien Manrique conocía, porque sospechaba, o sabía, la escasa simpatía que su invitada podía tener hacia el peronismo que se había adueñado de la antigua empresa familiar. Ambos tomaron el té. Luego, de modo sorpresivo, el militar condujo a la señora Bemberg hacia una dependencia vecina a su despacho. Allí estaba, metido en un cajón con la sigla de una radio cordobesa, el cadáver embalsamado de Eva Perón.

Funeral de Eva Perón. (Foto: Archivo General de la Nación)
Funeral de Eva Perón. (Foto: Archivo General de la Nación)

Si Bemberg notó, o intuyó, los vejámenes a los que había sido sometido aquel cuerpo que parecía detenido en el tiempo, jamás lo dijo. Pero salió de aquel edificio espantada. “Vino a verme de inmediato –dijo Manrique aquella tarde de 1983– y me contó su horrible experiencia. Yo fui a ver enseguida a Aramburu y le conté el episodio. Aramburu dijo: “Basta, hay que terminar con eso”. En febrero de 1957, Moori Koenig cesó en la jefatura de la SIE y fue nombrado en su reemplazo el coronel Héctor Cabanillas, que sería el encargado de diseñar y llevar adelante la operación para sacar del país el cadáver de Eva Perón, de enterrarlo bajo nombre falso en Milán, a la guarda de la Compañía de San Pablo y con la autorización y el visto bueno de la Santa Sede y de guardar el secreto durante quince años, hasta que él mismo se encargó de hacer el camino inverso en 1971 y devolver aquel cuerpo a su viudo, Juan Perón.

Esta es la historia, que sin embargo tiene un capítulo más.

Dos años después, Camila, la película de María Luisa Bemberg protagonizada por Susú Pecoraro e Imanol Arias, compitió por el Oscar a la mejor película extranjera. El azar quiso ponerme como enviado especial a cubrir ese acontecimiento para la misma revista que había publicado dos años antes el reportaje a Manrique. También aquellos fueron días ajetreados e intensos. Por alguna razón se nos hizo difícil entrevistar a Bemberg, creo que los periodistas le caíamos un poco pesados. Finalmente, en la tarde de la ceremonia del Oscar, el 25 de marzo de 1985 y en el Dorothy Chandler Pavillon, que ya no se usa para esas ceremonias, atendió a los tres o cuatro enviados que queríamos entrevistarla en un escenario un poco insólito: la peluquería donde iban a peinarla para la que sería acaso su noche de gloria. Nos dio unos minutos cargados de nerviosismo, de apuro, de incomodidad y de declaraciones previsibles.

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