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POLITICA

Milei relega la empatía e insiste con su modelo: crece el riesgo de profundizar en una agenda antipopular

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El rotundo fracaso del Gobierno con el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, rebautizada en la calle como “ley de tierras”, expuso un problema de fondo en la gestión de Javier Milei: la profundización del modelo ultraliberal, ortodoxo y desregulador se está chocando de frente con el sentimiento social.

El proyecto oficial tocó la fibra del patriotismo que encendió con el Mundial y la causa Malvinas. Y permeó esa membrana que separa a la clase política del resto de los argentinos. Hubo banderas en defensa de la soberanía en las canchas de fútbol y pancartas dedicadas a los senadores tildándolos de vendepatria. Tini Stoessel, Lali Esposito y hasta Lisandro “Licha” Martínez, el defensor de la Selección, compartieron videos en contra del proyecto en sus redes sociales. Pese a los intentos por reenmarcar la discusión, la Casa Rosada perdió completamente las riendas de la conversación. En las redes se instaló que Milei quería actuar en contra del interés nacional.

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Más de un funcionario de alto rango se agarraba la cabeza en las últimas horas preguntando por qué el Gobierno se metió en este baile innecesario. Por qué hubo que dedicar tanto capital político y tiempo para defender una ley impopular. En la intimidad, un asesor de la Casa Rosada lo llamó “la agenda de la estratosfera”.

“Nadie le puso el cascabel al gato. Es un proyecto que no es prioritario. No dimos la discusión a tiempo. Y además no le cambiaba la vida a la gente”, resumió a Infobae ese colaborador. En la reunión de mesa política del martes hubo un reconocimiento de que el proyecto estuvo “mal presentado” porque creció demasiado el debate sobre la extranjerización de la tierra. Pero, en lugar de recular a tiempo, se optó por defender la iniciativa.

El Gobierno terminó por suspender el debate sobre la ley de tierras

De ahí el intento de Patricia Bullrich por explicar el proyecto mediante una conferencia de prensa en el Senado, mientras trataba de asegurar los votos. La presentación de la titular del bloque de LLA no fue emitida por el sistema de transmisión de la Cámara alta y tuvo escaso rebote en los canales de noticias. “Terminamos explicando que no buscábamos regalar el país”, reconoció un colaborador oficial.

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Los votos de los aliados se escurrieron en cascada durante el mediodía de ayer. Como un manotazo de ahogado, el Gobierno finalmente retiró el capítulo de tierras del texto.

A esta altura del partido, la prioridad dejó de ser el contenido del proyecto: el oficialismo hoy necesita ganar la votación a como dé lugar. No puede darse el lujo de perder en el Congreso, porque se instalaría un clima de derrota que fijaría un punto de partida complicado para el camino al 2027. Ahora Milei necesita sancionar proyectos clave para sustentar su proyecto, como la reforma del Banco Central (BCRA) o Inocencia Fiscal. Debe seguir demostrando al resto del sistema político -y a los mercados- que su reelección es un escenario probable.

El Senado sesionará hoy

Cuando el revés legislativo fue evidente, empezó el reparto de culpas interno. Sotto voce, algunos funcionarios le dedicaron epítetos a Federico Sturzenegger, el autor intelectual del proyecto. La realidad es que la Argentina sin regulaciones que el ministro sueña en su cabeza y escribe en los papeles entusiasma mucho a Javier Milei, que lo deja hacer.

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Parte del equipo político del Gobierno consideró puertas adentro que se llegó hasta acá porque la utopía desreguladora se desplegó sin una conducción clara en los meses en los que la gestión estuvo en un pozo por el caso de Manuel Adorni. No hubo un cálculo político y el proyecto, que viene desde abril, se fue eternizando en la agenda del Congreso mientras crecía el debate nacional sobre el tema.

A esta altura nadie lo duda: el anteproyecto ómnibus de Sturzenegger para desregular múltiples industrias (como el libro, los medicamentos y el vino) tiene destino de freezer. La mesa política se agotó de dar una batalla tras otra por la voracidad desreguladora.

En el clima de pases de factura solapados, hubo, además, quienes recordaron que, allá por el 4 de junio hubo una oportunidad para votar el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada sin levantar la perdiz. Fue la sesión en la que, por instrucción del karinismo, se priorizó votar una tanda de pliegos de jueces, entre los que se encontraban la jueza María Verónica Michelli (nombramiento que luego Milei no oficializó) y Emilio Rosatti (hijo del titular de la Corte Suprema). Lo cierto es que ya en ese momento se hablaba de que Bullrich no había asegurado blindar el proyecto con los aliados.

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La relación con los gobernadores

El episodio con la ley de tierras dejó al desnudo lo endeble que puede ser el vínculo entre la Casa Rosada y los gobernadores si no se anudan los acuerdos electorales. Karina Milei deja saber que será mucho más generosa que en 2025 y que su prioridad es que su hermano pueda ser reelecto. Pero los gobernadores no le tienen confianza.

Con todo el episodio queda claro que la idea del Gobierno de medir las lealtades a partir de los apoyos en el Congreso, para recién después definir quiénes van a ser los aliados electorales de 2027, es inviable. Los mandatarios provinciales están pasando un mensaje claro. La ecuación de ellos es al revés: primero las garantías electorales, después el apoyo parlamentario.

¿Cómo podía esperar el Gobierno que el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, enviara a su senadora Julieta Corroza a votar la ley de tierras mientras Nadia Márquez, senadora neuquina de LLA con intenciones de disputar su provincia, estaba sentada en la primera plana en la conferencia de prensa de Bullrich?

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Rolando Figueroa, gobernador de la provincia de Neuquén (@nachomartinfilms)

Según pudo reconstruir Infobae, en el karinismo todavía anida la idea de competir por la gobernación de varias provincias. El mapa actual es así: en Jujuy, Salta, Misiones, Neuquén, Río Negro, donde hay gobernadores no peronistas (en su mayoría aliados), hasta ahora LLA piensa en jugar, con mayor o menor intensidad, con candidato propio.

En las provincias peronistas, Formosa, La Rioja, Tierra del Fuego, La Pampa, Catamarca, Tucumán, naturalmente presentarían candidatos.

En Santa Fe asoma la mayor novedad: habría un pacto de no agresión con Maximiliano Pullaro. Un colaborador del dispositivo karinista comentó en las últimas horas que, incluso, está la idea de no participar de los comicios provinciales. Es el escenario opuesto a Córdoba, donde se ilusionan con una candidatura de Gabriel Bornoroni luego del sorpresivo triunfo del ignoto Gonzalo Roca el año pasado.

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En Mendoza, Chaco, Entre Ríos se repetirán las alianzas de 2025. Esto, al menos, es lo que les dijo Karina a los gobernadores de esos distritos hace cuatro meses. Se sumarían al esquema de alianza San Luis y San Juan. En algunos casos la cuestión no está allanada: el mendocino Alfredo Cornejo, por caso, todavía no sabe si el Gobierno respaldará una candidatura de Luis Petri. En Chubut, donde gobierna el PRO, también asoma un acuerdo. Pero hay una dificultad adicional: el gobernador, Nacho Torres, no cosecha la simpatía de la hermana del Presidente.

En todo caso, lo de Chubut será materia de discusión de lo que, se espera, será materia de discusión entre el Gobierno y el PRO. El sábado, Mauricio Macri arribará al país. A su espera, Fernando de Andreis (como lugarteniente del exmandatario), Diego Santilli (que ya se ganó la confianza de Karina Milei) y Cristian Ritondo (como el mayor interesado en unir las puntas) trabajan en la posibilidad de un encuentro entre la hermana del Presidente y el titular de PRO para una negociación macro.

El titular dle PRO, Mauricio Macri

Cerca de Macri aseguran que el expresidente busca, antes que nada, reconocimiento de parte de la Casa Rosada. Pero todo el resto piensan en las cláusulas particulares. Ahí el rompecabezas electoral podría encastrar a la perfección -con las opciones más naturales y competitivas a nivel nacional, provincial y porteño- o, ante la falta de entendimiento, podría desatarse un festival de candidaturas.

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De hecho, si no hay acuerdo, los amarillos ya hicieron correr que tienen postulantes para la presidencia. Se mostró con voluntad el exministro de Economía Hernán Lacunza y también circula el nombre de María Eugenia Vidal. En la provincia asoma Santilli, aunque en el PRO creen que no está dicha la última palabra y que podría competir en la Capital Federal. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, ya anunció que va por su reelección. Pero en el partido no todos se encolumnaron detrás suyo, empezando por su primo. Por eso empezó una danza de candidatos con ambiciones de disputar el distrito: además de De Andreis, se habla de Guillermo Dietrich y de la propia Vidal.

Lo que sí está claro es cuáles son las contrapartes de la eventual negociación: Macri ya no reclama sentarse con el jefe de Estado como al principio. “Ya entendimos que la que manda es Karina”, dicen en el PRO.

Una defensa del modelo sin empatía

Los acontecimientos de las últimas horas —además del revés con la ley de tierras, el conflicto diplomático con Brasil— llevaron al Gobierno a una agenda no deseada. La semana pasada, en una extensa reunión en Olivos con Milei, el equipo económico, la secretaria Legal y Técnica María Ibarzabal, Santiago Caputo y el equipo de comunicación que ahora lidera el secretario de Medios, Fabián Fernández, habían trabajado en una estrategia para darle impulso al proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA. Se pensó como un puntapié para que el Presidente arrancara su campaña a la reelección.

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Todo el raid mediático del Presidente (las entrevistas que dio a un canal de cable, uno de aire, un streaming y un medio del interior del país, el Diario Río Negro), estuvo cuidadosamente planificado para que el jefe de Estado exhibiera su programa económico con nitidez y volviera al primer Milei, el de 2023.

La defensa del modelo, sin embargo, exhibió una falta total de empatía con la economía de bolsillo. Luis “Toto” Caputo y Milei hablaron de un “problema entre privados” para referirse a la morosidad de las familias. “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para tomar el crédito?”, ahondó el Presidente. Después, se vanaglorió de la caída del salario real de los empleados públicos.

Milei ubicó la causa de la morosidad en la responsabilidad individual del deudor. Una encuesta reciente de Zentrix sobre los morosos mostró lo contrario: el 53% de los encuestados atribuyó su endeudamiento a que sus ingresos no alcanzan para cubrir sus gastos básicos.

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El presidente Javier Milei junto al titular del BCRA, Santiago Bausili; el ministro de Economía, Luis Caputo; y el de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, en la quinta de Olivos

Está claro que cualquier intervención del Estado para mejorar el poder adquisitivo sería un sacrilegio para la escuela austriaca. Pero, aun cuando no tiene costo fiscal, el Presidente evita mostrarse sensible con el esfuerzo que hizo la gente.

“Milei dejó en claro que nunca va a decir algo por conveniencia. Aún a riesgo de perder las elecciones el año que viene”, dijo un importante funcionario de Balcarce 50. “Él es mayonesa. El que quiera mayoliva o kétchup votará a otro”, ilustró.

Un colaborador que trabajó en la campaña de 2025 recordó: “Él escucha recomendaciones discursivas cuando estamos en campaña. En su momento trabajó la idea de no insultar. Ahora está poco predispuesto a forzar la empatía. No le podemos pedir peras al olmo”.

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En medio de una semana crítica, el único que festejó públicamente su gestión fue el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, que ya mandó más de 200 pliegos al Senado para completar las vacantes en la Justicia. Milei, que alguna vez dijo que “de derecho no entendía nada”, se está empapando más sobre lo judicial. En sus últimas entrevistas, reconoció que está estudiando nombres para la Corte Suprema. Pero aseguró que recién avanzará cuando estén ordenadas las vacantes de los tribunales inferiores.

No es precisamente Mahiques quien motiva al Presidente a avanzar con la Corte. El plan del ministro para este mandato es otro: quiere quedar como el abrepuertas de la familia judicial para posicionarse como candidato a Procurador General, el jefe de los fiscales. “Pase lo que pase en 2027, el que puso el gancho para esos nuevos jueces fue Milei. Si gana la elección presidencial, podrá avanzar con la Corte. Si pierde y queda con causas abiertas, esos jueces no se olvidarán quién posibilitó su ascenso”, dijo un operador judicial muy al tanto de los movimientos del equipo judicial.

En el Gobierno hay quienes comienzan a moderar su optimismo para 2027. Entienden que, más allá de lo económico, hay que acelerar los acuerdos políticos para inclinar la cancha electoral a favor del libertario. Eso implica mover los hilos en las sombras para diseñar la mejor oferta electoral posible, antes de que asome un candidato opositor nítido que pueda aglutinar el descontento social.

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“Milei necesita reducir a su mínima expresión las opciones del centro para la derecha. Y atomizar lo máximo posible del centro para la izquierda”, resume un experimentado operador que colabora con la Casa Rosada. La receta incluye, además de neutralizar una candidatura presidencial del PRO, profundizar la fractura del peronismo. De ahí la imperiosa necesidad de suspender las PASO.

Pero también se podrían reeditar viejos trucos de la consultoría política. En el oficialismo no tendrían problema, por caso, de “darle nafta” a la figura de Myriam Bregman, una de las pocas dirigentes con diferencial de imagen positiva que puede comerle votos al kirchnerismo. También, por qué no, podrían alimentar (¿financiar?) a un candidato del peronismo que diversifique la oferta de ese espectro. Hay quienes dicen que ya comenzó la búsqueda de un nombre para ocupar ese rol.

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POLITICA

Patricia Bullrich y el plan B de Milei: cómo retener al votante que dice “sí, pero”

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Hay una pregunta que empieza a sobrevolar la política argentina a medida que se acerca 2027: ¿qué pasa con los votantes que quieren que Javier Milei continúe, pero no están dispuestos a acompañarlo en todo? Son los que respaldan el equilibrio fiscal, el combate contra la inflación, la política de seguridad y el intento de terminar con determinadas prácticas de la política tradicional. Pero, al mismo tiempo, se incomodan con algunas formas del Presidente, reclaman que la recuperación económica llegue a sus bolsillos y esperan que el cambio no se lleve puestos ciertos límites institucionales.

Son los votantes del “sí, pero”. Los que pueden decir que sí al rumbo, pero no a cada decisión. Los que no quieren volver al pasado, aunque tampoco están necesariamente conformes con todo lo que sucede en el presente.

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En ese espacio aparece Patricia Bullrich. Y sus últimos movimientos permiten formular una hipótesis: quizás no esté construyendo un plan para sacar a Milei del centro de La Libertad Avanza, sino para evitar que quienes tienen reparos con el Presidente terminen buscando una alternativa fuera del oficialismo.

Los acontecimientos de los últimos días le dieron una nueva dimensión a esa posibilidad.

El viernes 23 de octubre, durante la cena de la Fundación Faro, Milei volvió a utilizar expresiones extremadamente duras contra periodistas que investigaron la causa $LIBRA. Habló de “quemarlos en la hoguera”. Al día siguiente, Bullrich publicó una fotografía abrazada al Presidente y destacó la actividad como “una noche de ideas y de libertad”.

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Pero el domingo llegó el contraste. En una entrevista televisiva, la senadora cuestionó las expresiones presidenciales y sostuvo que Milei había “cruzado un límite”. “Defender la libertad también es respetar a quienes nos cuestionan”, afirmó. Y agregó una definición que marca una diferencia conceptual: frente a las críticas, “se responde con argumentos”.

La secuencia es elocuente: primero, la foto de cercanía; después, la diferenciación pública. Bullrich no reniega de la identidad libertaria ni de su pertenencia al Gobierno, pero establece un límite frente a una conducta presidencial que considera inconveniente.

Javier Milei, Patricia Bullrich, Karina Milei y Diego Santilli

El lunes 26 llegó otro episodio. La senadora no asistió a la reunión de gabinete encabezada por Milei en la Casa Rosada. Desde el Gobierno se habló de motivos personales. Sin embargo, distintas reconstrucciones periodísticas vincularon la ausencia con su malestar por los ataques a la prensa y con las diferencias que comenzaban a hacerse visibles alrededor de las elecciones brasileñas. No hay una explicación única que permita atribuir el faltazo exclusivamente a una razón política, pero su coincidencia temporal alimentó las interpretaciones.

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Y el miércoles 28, Bullrich volvió a marcar una diferencia. Mientras Milei decidió no emitir un mensaje oficial de felicitación a Luiz Inácio Lula da Silva por su victoria frente a Flávio Bolsonaro, la senadora reconoció el resultado electoral brasileño. “La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta”, escribió. También cuestionó la utilización de una Justicia que no sea imparcial como herramienta para eliminar a la oposición.

No se trata de presentar a Bullrich como una dirigente que abandona sus convicciones políticas. De hecho, respaldó a Flávio Bolsonaro durante la campaña. La diferencia es otra: una cosa es tener preferencias ideológicas y otra, desconocer el resultado de una elección. La senadora defendió el respeto a la voluntad popular aun cuando el ganador pertenece a un espacio político con el que mantiene profundas diferencias.

Prensa, instituciones, resultados económicos y reconocimiento electoral: los matices empiezan a configurar un patrón de diferenciación. La pregunta es si ese patrón responde solamente a convicciones personales o si, además, puede tener una utilidad política dentro de la coalición gobernante.

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No es la primera vez que Bullrich se mueve en esa dirección. En agosto había reclamado “más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”. La frase apuntaba a uno de los principales desafíos del Gobierno: transformar los indicadores macroeconómicos en mejoras perceptibles para las familias. También se diferenció cuando se discutió la continuidad de la candidata judicial María Verónica Michelli y cuando rechazó promover un jury contra jueces que habían cuestionado aspectos del régimen penal juvenil. En este último caso sostuvo que las decisiones judiciales deben discutirse mediante las vías de revisión correspondientes, no mediante la persecución política de los magistrados.

Patricia Bullrich en el Senado

A esos episodios se sumaron sus publicaciones en redes sociales. Primero, un video musicalizado con “No me importa”, de Lali Espósito. Después, una pieza que terminaba con una frase de tono electoral: “Patricia sabe de la fuerza de los argentinos. Patricia conoce Argentina”. El video alimentó las especulaciones sobre un eventual proyecto propio, aunque no constituye por sí mismo una confirmación de una candidatura presidencial.

La pregunta es qué significa todo esto para el oficialismo.

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En el mundo de las encuestas y la consultoría política empezó a circular el concepto de “siperismo”. La expresión intenta describir a quienes responden “sí, pero”: acompañan aspectos centrales del cambio impulsado por Milei, aunque conservan objeciones sobre sus formas, sus costos o sus resultados.

No necesariamente son moderados ni centristas. Pueden ser votantes convencidos de que la Argentina necesitaba un cambio profundo, pero que no consideran que ese cambio justifique cualquier conducta o cualquier demora en la recuperación de sus ingresos.

Es allí donde Bullrich podría cumplir una función específica. Su mensaje implícito sería: no hace falta abandonar La Libertad Avanza para expresar disconformidad con determinadas decisiones. Es posible acompañar el rumbo y, al mismo tiempo, reclamar correcciones.

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La hipótesis tiene una lógica electoral. Si esos votantes encuentran dentro del oficialismo una voz que los representa, podrían tener menos incentivos para buscar una alternativa por fuera de la coalición. Bullrich podría convertirse, así, en una suerte de garante de los matices: una dirigente que sostiene el proyecto general, pero procura establecer límites y representar los reclamos de quienes no adhieren sin reservas a Milei.

Javier Milei, Karina Milei y Patricia Bullrich en el balcón de la Casa Rosada

La pregunta es cómo. Milei —y Karina— está decidido a que no haya PASO. Eso —en línea con el planteo de esta columna— sería un problema para Patricia Bullrich. “Patricia no quiere eliminar ni suspender las PASO”, repiten a coro una decena de senadores aliados del gobierno. Es que las primarias constituyen una herramienta que le permitiría a la senadora competirle al presidente la candidatura en 2027. Consciente de eso, el presidente de la Cámara de Diputados y mano derecha de la hermana del Presidente, Martín Menem, salió a marcar la cancha el viernes pasado. “No hay dos candidatos en La Libertad Avanza a la Presidencia. Es mi postura. Soy vicepresidente del partido a nivel nacional y presidente por mi distrito, que es La Rioja, y te diría que es unánime la idea de que el único candidato de La Libertad Avanza es Javier Milei”, dijo en un claro mensaje a Bullrich.

En definitiva, pesarán la matemática y la opinión pública. Los datos de imagen pública aportan un elemento adicional, aunque deben leerse con cautela. En una medición de D’Alessio IROL y Berensztein difundida en octubre, Bullrich registró un 45% de imagen positiva y un 51% negativa, frente al 35% positiva y el 62% negativa de Milei. Otras encuestas mostraron resultados diferentes, incluso con cifras similares entre ambos. Por eso, no se puede afirmar que exista una ventaja uniforme ni convertir la imagen personal en una estimación automática de votos. Sí puede señalarse que Bullrich conserva un nivel de reconocimiento y una base de valoración que hacen políticamente relevante su posicionamiento.

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Hay, además, una diferencia entre la demanda y la oferta. Que exista un electorado que quiera continuidad con correcciones no significa que ya haya una tercera fuerza competitiva, ni que Bullrich vaya a encabezarla. Tampoco demuestra que sus diferencias públicas formen parte de una estrategia acordada con Milei. Por ahora, eso pertenece al terreno de las hipótesis.

Pero el dilema de 2027 está planteado. La elección podría no organizarse únicamente entre continuidad y cambio, sino también alrededor de una discusión dentro del propio espacio oficialista: qué significa continuar, qué aspectos del rumbo deben preservarse y cuáles necesitan correcciones.

Bullrich parece estar explorando ese lugar sin romper formalmente con el Gobierno. Sus declaraciones sobre la economía, sus reparos frente a los ataques al periodismo, su ausencia en la reunión de gabinete y su reconocimiento del resultado electoral en Brasil son episodios distintos, pero pueden ser leídos como expresiones de una misma búsqueda de autonomía.

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El desafío para Milei es que el rumbo económico y político que propone no depende solamente de conservar a sus votantes más convencidos. También necesita retener a quienes lo acompañaron para terminar con un modelo que rechazaban, pero esperan resultados y límites que consideran indispensables.

Quizás el verdadero “plan B” no sea un candidato alternativo ni una ruptura inminente. Quizás sea algo menos visible y, al mismo tiempo, decisivo: evitar que los votantes que dicen “sí, pero” tengan que salir de La Libertad Avanza para encontrar a alguien que los escuche.

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POLITICA

Círculo rojo: Milei juega a todo o nada mientras el establishment especula hasta dónde tensionará Bullrich

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“Estén seguros de que el plan de Javier va a salir… En lo que a mí se refiere, no hay chance de que yo termine bien”, les dijo Santiago Caputo a los periodistas Manuel Jove y Maia Jastreblansky, según consta en la biografía del consultor presidencial escrita por ambos.

Es difícil predecir el final, más allá de algunos cuantos indicios, pero el asesor suele coquetear con el abismo, y cuando lo hace, pareciera disfrutarlo. Acaba de suceder con la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil hacia los Estados Unidos a través de Misiones, un operativo cinematográfico que Caputo supervisó dentro de la Argentina en contacto con la familia del ex candidato investigado por la Justicia brasilera e interlocutores de la administración norteamericana, que garantizaron la operación.

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Javier Milei sabía del plan desde el lunes: esa garantía fue una de las razones por la que definió que no reconocería el triunfo de Lula da Silva mientras todos los presidentes de la región, sin excepciones ideológicas, saludaban al veterano líder del PT que en el verano iniciará su cuarto mandato.

Existe, más allá de los matices y de la profundidad del vínculo que cosecharon en estos años con el círculo rojo –a pesar de su rebeldía pública, el consultor construyó y mantiene, a diferencia del presidente, relaciones muy aceitadas con el establishment político y empresarial-, un hilo rojo entre ambos: cierta fascinación por la espectacularidad, por jugar muchas veces al límite y por un ejercicio del poder poco convencional. Casi siempre, a todo o nada.

Fuentes oficiales aseguran que la semana anterior al balotaje brasilero, los enviados de la administración republicana, encabezados por Christopher Landau, que visitaron la Argentina dieron señales de que la elección en el país vecino no marchaba, como suele decir Caputo, acorde al plan. Fue en el contexto de la reunión que se desarrolló en Economía con Luis y Santiago Caputo, y que el ministro se encargó de difundir por los canales oficiales del ministerio con un video cuidadosamente editado para resaltar la presencia del estratega libertario. Una semana de puro show que siguió con la cena de la Fundación Faro y terminó con el operativo de Puerto Iguazú.

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“Toto” y el consultor estrella de Milei se han encargado en los últimos tiempos de instalar que la relación con el gobierno norteamericano depende en buena medida de ellos. En lo económico, y en lo político.

Santiago Caputo, Luis Caputo y el embajador Peter Lamelas

Eso explica, en parte, que el operativo en Puerto Iguazú, que estaba previsto para la madrugada del martes y que se demoró 24 horas –esa primera alteración del plan original desató una paranoia inusual en Las Fuerzas del Cielo-, haya sido supervisado en persona por el consultor. Se montó para eso una fenomenal maniobra de distracción ejecutada por colaboradores que incluyó un alto nivel de secretismo –funcionarios de primera línea se enteraron con el hecho casi consumado- y el servicio full time de funcionarios del ente Yacyretá, como Orlando Palacios y Jorge Waisman, que quedaron al descubierto cuando fueron demorados por un control provincial junto al principal asesor de Milei. Por ese operativo policial, hubo cortocircuitos con el gobernador Hugo Passalaqcua.

Sin embargo, tal vez uno de los mayores impactos de la operación Bolsonaro y la decisión presidencial de desconocer la victoria de Lula, que exhibió el alineamiento irrestricto del gobierno con la administración Trump, esté asociado al nuevo deterioro en la relación entre la Casa Rosada y Patricia Bullrich. En desacuerdo con la posición oficial, la senadora homologó el triunfo del líder del PT el miércoles en sus redes sociales: tuvo tiempo de sobra para procesar la operación Bolsonaro y conocer el nivel de colaboración del Gobierno con el ex candidato presidencial.

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Esa publicación pudo haber sido un parteaguas en la relación con los hermanos Milei, cada vez más fastidiados con la ex ministra. Fuentes oficiales confían en que ya no es solo Karina Milei la que está furiosa con la senadora, sino también el presidente. Ahora se sumó Caputo, que hasta el momento había funcionado internamente como un aliado de Bullrich frente a la “guerra santa” –así la califican en su entorno- desatada entre la jefa del bloque libertario en el Senado y los Menem. El viernes, Martín Menem dijo públicamente que en La Libertad Avanza no hay espacio para dos liderazgos: Milei reposteó mensajes en sus redes con esas declaraciones.

El senador brasileño Flávio Bolsonaro desembarca de un avión tras su llegada al aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, cerca de Miami, Florida, Estados Unidos, el 28 de octubre de 2026

Hasta qué punto Bullrich es capaz de tensionar con Milei es la pregunta más recurrente del círculo rojo, que sigue fantaseando con una ruptura que propicie una candidatura de la senadora. “Hasta la Presidencia”, respondió un integrante de su entorno consultado por esa inquietud que atraviesa al establishment. “Se están precipitando las cosas”, desparramaron desde ese entorno a mediados de semana. Ese interrogante alcanza también a los representantes de la administración norteamericana, que regaron al círculo rojo con un mensaje unívoco: “Hay que trabajar por la reelección de Milei”. Cerca de la senadora aún recuerdan algunos chispazos en la campaña del 2023 con el entonces embajador estadounidense, Mark Stanley.

Hace poco más de quince días, Bullrich recibió en sus oficinas a un grupo de economistas afines -al menos tres- para analizar el rumbo del programa económico. Se compartió un diagnóstico pesimista. La senadora no cree que todo esté marchando acorde al plan, más bien lo contrario. Y suele machacar públicamente. Quiere resguardar su capital político: para eso reproduce spots de campaña que tienen horas de edición y que suelen contener un mensaje cada vez más explícito a la Casa Rosada. Su última pieza de TikTok tuvo 4.8 millones de reproducciones.

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En el Gobierno están convencidos, además, de que Bullrich no trabaja activamente para lograr la suspensión de las PASO, un objetivo prioritario de la Casa Rosada dentro de la reforma política. Incluso creen que negoció con el peronismo la citación del jefe de Gabinete para finales de noviembre. Diego Santilli ya no sabe cómo sostener la impaciencia de los gobernadores aliados que están dispuestos a cerrar un acuerdo con el Gobierno a cambio de reglas de juego claras en sus distritos: básicamente, que no les instalen competidores. Ya ni siquiera es cuestión de plata. El tiempo se agota a medida que se acerca el fin de año. Puertas adentro atribuyen la demora a los Menem, que insisten con la instalación de dirigentes en varias provincias. Karina Milei duda. Santilli espera: no pudo todavía garantizarle a ningún gobernador que sus superiores validen sus promesas.

Karina Milei, Diego Santilli y el gobernador Maximiliano Pullaro

Esa posición de Eduardo y Martín Menem expone una de las diferencias con Caputo, que volvió a relacionarse activamente con algunos gobernadores tras el confinamiento al que se sometió cuando perdió la interna con la hermana presidencial y fue despojado del control de la estrategia política y del vínculo con la Justicia. En los últimos tiempos, se ha reunido con varios jefes provinciales en Buenos Aires, en extrema reserva. “Hay por lo menos media docena de ellos que quieren cerrar el acuerdo a través de él”, aseguró una fuente que tiene intereses en ese sector.

El consultor se delató públicamente en Iguazú, durante el operativo Bolsonaro, en una exhibición de poder y de su aparente cercanía con un sector del Partido Republicano, y para mostrar que todavía presta servicios valiosos en nombre de la la batalla cultural del Presidente, una variable de la gestión a la que Milei le dedica la mayoría de su tiempo. “Es más un canciller de las ideas que un presidente”, lo definió un operador libertario.

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Caputo, de todos modos, presta mucho más que servicios para Milei. El Presidente no pareciera conocer el alcance ni la magnitud de las áreas que controla su consultor estrella. En ese universo tomó mayor protagonista en los últimos tiempos Macarena Alifraco, una colaboradora premium del asesor que pasó a monitorear la Aduana y el PAMI. Hubo movimientos recientes en Ezeiza. Francisco, hermano del estratega, tiene un rol clave. Las relaciones por fuera de ese grupo empezaron a modificarse de un tiempo a esta parte. Hay nombres que empiezan a tomar cada vez más notoriedad. Por ejemplo, el de Juan Pablo Mazzola.

Ninguno tiene cargo oficial.

Patricia Bullrich, senadora nacional por LLA

Es la economía… Milei está en otra sintonía. La última semana la dedicó, casi con exclusividad, a seguir los pormenores de la operación Bolsonaro y sus implicancias regionales. En el plano local, está enfocado solo en la gestión del programa económico, que decidió mantener a rajatabla a través de una firme disciplina fiscal que el ministro de Economía ejecutó al pie de la letra. Tanto que, varios meses atrás, se llegó a cortar –por error- la provisión de comida de Olivos para sostener la política de ajuste. Los más memoriosos recordaron cuando, en la previa de la crisis del 2001, se recortó –no por error- el servicio de catering del avión presidencial.

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“Toto” Caputo está preocupado. Lo manifestó en diversos encuentros privados con economistas o dirigentes afines, a los que le preguntó, uno por uno, qué hacer frente a los magros resultados del programa. Esa preocupación se trasladó a los encargados de la misión argentina del Fondo Monetario, que también plantearon inquietudes por la sostenibilidad futura del programa en reuniones reservadas con economistas y consultores. Por ejemplo, en torno a la política monetaria. Uno de esos economistas patentó el concepto de “Argen-RIGI” en referencia al “20%” de la actividad que vive una expansión por el boom de la minería, el agro y el oil & gas concentrada en esos sectores, y que le proporcionará al Banco Central una lluvia de dólares el próximo año. Son los ganadores indiscutidos del modelo. El problema es la incertidumbre electoral, que llevó por ejemplo a una suba del Riesgo País hasta los 790 puntos básicos, y la cobertura que busquen los ahorristas frente a esa volatilidad: en el 2025, año eleccionario, la dolarización de carteras por parte de los argentinos alcanzó los USD 32 billones.

El ministro de Economía, Luis Caputo, se reúne con el titular de la UIA, Martín Rappallini, Rodrigo Pérez Graziano y Eduardo Nougués para abordar temas económicos. (@LuisCaputoAr)

Fueron toda una novedad, en ese sentido, las declaraciones de Karina Milei del jueves en Rosario, cuando planteó la necesidad de que esas inversiones converjan en mayor empleo para las pymes locales. Es la discusión que los industriales llevaron al Senado en la discusión por el Súper RIGI.

La industria está castigada, y el Gobierno parece haber tomado conciencia de la seriedad de ese castigo. Por eso esta semana “Toto” Caputo y Santilli darán el presente en un encuentro de la UIA, a diferencia de lo sucedido meses atrás, cuando el oficialismo vació la reunión anual de la entidad en el Gran Buenos Aires.

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El conurbano es el más castigado por la política económica del Gobierno. El miércoles, en Infobae al mediodía, el obispo de San Justo, Eduardo García, dijo que era la primera vez que habían tenido que espaciar el servicio de comedores populares por falta de fondos a través del programa PNUD que administra Capital Humano. Aseguró que la asistencia a esos comedores volvió en el último tiempo a niveles de la pandemia. Intendentes del Gran Buenos Aires empezaron a notar, en ese contexto, un nivel mayor de malestar en los sectores más postergados.

Son malas noticias para Santilli, que sigue aparentemente decidido a postularse en la provincia de Buenos Aires. No cree, como algunos de la cúpula libertaria -¿incluido el Presidente?-, que es mejor dejar librada al peronismo la suerte de los bonaerenses y no gastar un peso en ese distrito.

North America

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POLITICA

El pedido de la Iglesia argentina frente a la llegada del Papa y la mirada del Gobierno

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El próximo viernes, León XIV partirá desde Roma rumbo a Uruguay, la primera escala de la gira sudamericana que lo traerá a la Argentina el próximo domingo, 8 de noviembre, después de casi cuatro décadas sin una visita papal al país. Para la Iglesia argentina, el acontecimiento excede largamente la organización de una agenda de misas, encuentros institucionales y actividades pastorales. También representa una oportunidad para intentar recomponer un vínculo con el poder político que, a pesar de los contactos de los últimos meses, todavía está lejos de alcanzar la continuidad que reclaman las autoridades eclesiásticas.

En el Episcopado hay una expectativa concreta: que la llegada del Papa no funcione como una tregua circunstancial ni como una foto institucional que se agote cuando el avión papal despegue rumbo a Perú. El planteo que hicieron llegar a los interlocutores del Gobierno es de largo plazo. Quieren que se establezca un canal de diálogo permanente, con interlocutores definidos y una agenda que no dependa exclusivamente de las necesidades de cada coyuntura.

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En algunos sectores de la Iglesia hay, incluso, malestar por la percepción de que el Gobierno se acerca ahora por conveniencia. “Están enojados porque creen que los están usando”, sintetizaban fuentes eclesiásticas. La sospecha es que, una vez que León XIV abandone la Argentina, los contactos volverán a espaciarse y la relación institucional perderá la intensidad que adquirió durante los preparativos del viaje. “Sienten que después de la salida del Papa no va a haber más relación. Es algo transitorio”, describen.

En la Casa Rosada, según pudo reconstruir este medio, se comprometieron a escuchar el planteo, y tomaron nota. Un alto funcionario lo consideró “lógico”. Y en conversaciones informales apuntaron que el vínculo no quedeará limitado a la coordinación de la visita, aunque todavía no se habla de la forma concreta que tendrá ese compromiso.

Hay una necesidad del Gobierno de evitar que la visita del Papa sea un punto de inflexión negativo para su gobierno, en especial en un momento de debilidad económica, en medio de la suba del riesgo país y la fuerte caída de la actividad que admite el propio Presidente, que impactan en los habituales temas sociales que preocupan a la Iglesia.

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El encuentro de marzo de 2024 entre Milei y la Conferencia Episcopal

La distancia tiene antecedentes. Milei recibió a las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina una sola vez desde que llegó a la Presidencia: fue el 12 de marzo de 2024, cuando el titular del organismo era monseñor Oscar Vicente Ojea, entonces obispo de San Isidro. En aquella reunión, los obispos le transmitieron su preocupación por la situación económica y social, la falta de alimentos y medicamentos y las dificultades que atravesaban los sectores más vulnerables, según las inquietudes que recibían de las distintas diócesis del país.

Desde entonces, los encuentros con el Presidente no tuvieron continuidad. La relación se sostuvo a través de otros funcionarios y volvió a cobrar intensidad con los preparativos de la visita papal, pero sin una nueva audiencia de Milei con la conducción del Episcopado. Los contactos más recientes tuvieron como protagonistas a Karina Milei y al canciller Pablo Quirno, además de funcionarios de otras áreas del Gobierno. Y últimamente, a autoridades del ministerio de Seguridad e incluso de la SIDE.

En ese recorrido se fueron incorporando reclamos que exceden la organización del viaje. La discapacidad y la ludopatía, dos cuestiones sobre las que la Iglesia viene insistiendo desde hace tiempo, se sumaron a la agenda. En ambos casos, el Congreso terminó dando respuestas que fueron recibidas favorablemente por las autoridades eclesiásticas, aunque después de meses de reclamos y de una resistencia oficial que generó malestar. La Iglesia valora que finalmente se hayan producido avances, pero algunos críticos consideran que la reacción llegó tarde.

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El reclamo por la discapacidad había quedado especialmente expuesto en octubre, cuando representantes de la Conferencia Episcopal solicitaron al Gobierno que prorrogara la Emergencia del sector y revisara los recortes previstos en el Presupuesto 2027. En materia de ludopatía, el Episcopado insistió ante el Senado para que avanzara la regulación de las apuestas online, con especial preocupación por el impacto sobre niños y adolescentes.

Detrás de esos planteos hay una discusión más amplia sobre el papel social de la Iglesia y su capacidad de interlocución con el Estado. En el Episcopado advierten que la demanda religiosa está creciendo y que la convocatoria de las expresiones populares de fe contradice algunas lecturas sobre una sociedad cada vez más alejada de las instituciones religiosas. La última peregrinación a Luján, con una concurrencia estimada por fuentes eclesiásticas de entre 2,8 y 3 millones de personas, es uno de los ejemplos que utilizan para ilustrar ese fenómeno.

La llegada de León XIV ocurre, además, en un momento en que el Gobierno necesita administrar varios frentes políticos y diplomáticos. Después de los cortocircuitos con Brasil por el posicionamiento argentino frente al bolsonarismo, y en medio de las dificultades económicas, la visita papal pondrá inevitablemente en primer plano cuestiones como la pobreza, la desigualdad y la situación de los sectores más vulnerables. Son asuntos sobre los que la Iglesia tiene una posición propia y acerca de los cuales no siempre encuentra coincidencias con la administración libertaria.

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El Gobierno, por su parte, buscará que la visita tenga una dimensión institucional y pastoral, sin que se convierta en una disputa política. La agenda oficial contempla un encuentro del Papa con Milei en la Casa Rosada y una reunión con autoridades, representantes diplomáticos y de la sociedad civil en el Palacio Libertad. En la Iglesia, sin embargo, recuerdan que León XIV tendrá libertad para expresar sus posiciones y que no está previsto que su mensaje quede condicionado por las necesidades de ningún gobierno.

La interna que no se detiene

Mientras se acerca la visita papal, en el oficialismo sigue abierta la disputa entre Patricia Bullrich y el sector de Karina Milei, que en los últimos días volvió a quedar expuesta en redes y en los movimientos en el Senado. La Casa Rosada intenta bajarle el tono a los cruces, pero en el entorno de la senadora se envalentonan cada vez más y no están dispuestos a dejar pasar las réplicas a sus críticas o diferenciaciones, cuando se producen.

Los episodios de esta semana tuvieron dos detonantes. Por un lado, el distanciamiento de Bullrich respecto de la estrategia del Gobierno frente a Brasil y el bolsonarismo. Por otro, las diferencias por el dictamen sobre soberanía de Malvinas, porque el sector de Santiago Caputo le atribuyó a Bullrich la maniobra para involucrar al Ministerio de Seguridad, ahora conducido por Alejandra Monteoliva, en el futuro Consejo de Seguridad Nacional.

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En el círculo íntimo de Bullrich reconocen que la relación personal y política de la senadora con Santiago Caputo es de mejor sintonía que la que mantiene con Karina Milei. Pero eso “no significa” que estén dispuestos a tolerar sus cuestionamientos sin reaccionar. “Tenemos recursos para responder y no somos larretistas”, advierten, en una frase que remite a la vieja interna de Juntos por el Cambio.

Patricia Bullrich y Javier Milei

La senadora también tiene reproches para la secretaria general de la Presidencia. Le cuestiona el nivel de compromiso de los Milei con la elección y, sobre todo, el impulso por intervenir en las decisiones del Senado como si se tratara de una dependencia del Poder Ejecutivo. “No entiende que no es una escribanía, que no es un ministerio”, dicen cerca de Bullrich, en referencia a los intentos de promover cambios en la estructura del bloque y en las comisiones que no cuentan con los votos necesarios.

En ese contexto se inscriben las versiones sobre un posible desplazamiento de Bullrich de la jefatura de la bancada libertaria para ubicar en su lugar a la senadora neuquina Nadia Márquez. La visita que Milei y su hermana hicieron este sábado a Neuquén para participar de la inauguración de un templo vinculado con la familia de Márquez fue leída también en clave de la interna. La legisladora es una de las dirigentes más cercanas al karinismo y ya había recibido señales de respaldo en la disputa por espacios de poder dentro de la Cámara alta.

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Cerca de Bullrich descartan que el movimiento pueda concretarse. “No se van a animar”, sostienen sobre la posibilidad de que Karina avance con el reemplazo. Consideran que una decisión de ese tipo provocaría “una crisis sin retorno”. Entre dirigentes y satélites libertarios circula otra hipótesis: si un quiebre termina de formalizarse, será más probablemente en febrero que antes de fin de año. “La ruptura ya ocurrió, solo que no se concretó”, resume un exintegrante de La Libertad Avanza.

Milei en Neuquén junto a Martín Menem, Karina Milei y Nadia Marquez

En el karinismo, en cambio, buscan evitar una confrontación abierta. Los cuestionamientos a Santiago Caputo por su intervención en el frente brasileño, al que algunos dirigentes reprocharon haberse involucrado con una lógica de operador internacional —“hacerse el 007″, según la descripción que circuló internamente—, tampoco generaron una reacción pública del entorno de la secretaria general. Después de que Donald Trump tomara distancia de la estrategia de respaldo a Bolsonaro, aunque mantuviera gestos de protección hacia el expresidente brasileño, algunos en el oficialismo consideraron que aquella apuesta terminó mal. En el sector de Karina prefirieron no profundizar la discusión. “Para nada nos pareció que fuera un tema negativo”, respondieron.

La respuesta más visible de ese sector a Patricia Bullruch llegó a través de la cuenta de X Oficina de Respuesta Oficial, que está bajo el control de dirigentes de Las Fuerzas del Cielo y salió a cuestionar con dureza al economista Carlos Melconian. En el entorno de Bullrich aseguraron que las críticas del exministro de Economía de Mauricio Macri les tienen sin cuidado. También buscaron despegarse de él: recordaron que había colaborado con la elaboración de la plataforma económica para la campaña presidencial de la ex presidenta de PRO en 2023, pero ahora lo describen como “un ex despechado” por sus cuestionamientos al programa de Milei.

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El Presidente, mientras tanto, volvió a utilizar sus redes para intervenir en la discusión política. Esta semana retuiteó un mensaje de una cuenta cercana al oficialismo que apuntaba contra las internas de sus adversarios, en una línea que fue interpretada como una alusión a las diferencias entre el PRO y La Libertad Avanza. También replicó un video difundido por la cuenta blue de Karina Milei -“Me dicen el Jefe”-, en el que Martín Menem sostenía que no había espacio para una interna dentro del oficialismo y que el único candidato posible de La Libertad Avanza era Javier Milei.

El gesto fue leído dentro del espacio como una señal de respaldo a la conducción de Karina y una advertencia a quienes empiezan a proyectar candidaturas propias. No es casual que haya coincidido con la reaparición pública de Mauricio Macri, quien el viernes aseguró que el acuerdo electoral entre el PRO y La Libertad Avanza está “estancado”. En el Gobierno respondieron que “los estancados son ellos”, en referencia a las dificultades del partido amarillo para resolver su propia estrategia y sus diferencias internas.

Pero en Balcarce 50, ávidos aún por bajar el tono a la disputa con Bullrich, niegan que los retuits presidenciales hayan estado dirigidos hacia ella. Dicen que el tema “ya los aburre”, que se trata de “más de lo mismo” y que no existe ninguna decisión de desplazar a la senadora. También aseguran que los Milei le tienen paciencia por las cuestiones personales que atraviesa, aunque rechazan que los excepcionales mensajes por temas de rosca política en redes del jefe de Estado hayan sido una advertencia.

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Maximiliano Pullaro, Karina Milei, Diego Santilli y Luis Caputo participan en la primera fila de una conferencia ante una multitud de asistentes.

La tensión, sin embargo, persiste. En el Gobierno hay funcionarios que resaltan con malestar que tanto Macri como Bullrich se animan a plantear diferencias públicas en un momento en que la administración enfrenta dificultades económicas, una suba del riesgo país, caída de la actividad y una inflación que todavía no consiguió perforar el nivel que el propio Presidente había anticipado para esta altura del año. La discusión sobre el acuerdo con el PRO también se reactivó después de que Cristian Ritondo presentara una serie de pedidos y de que se retomaran los contactos en Balcarce 50, tras varias semanas sin reuniones oficiales.

La respuesta libertaria consiste, por ahora, en correr el foco hacia los problemas ajenos. En el oficialismo sostienen que el PRO debe “ordenar primero sus propias internas antes de discutir una alianza para 2027”. El problema es que, puertas adentro, La Libertad Avanza tampoco consigue cerrar las suyas. Al contrario, se multiplican y cada vez con mayor fuerza.

La visita de León XIV encontrará a un Gobierno que busca mostrar una relación institucional fluida con la Iglesia, mientras intenta administrar tensiones que no logra resolver dentro de su propia estructura. Para el Episcopado, la llegada del Papa puede ser una oportunidad para abrir un diálogo que no existió con continuidad desde el comienzo de la gestión. Para Milei, esa será una semana de alta exposición pública, en la que deberá convivir con una agenda religiosa y social que no controla por completo y con una interna política cada vez más florida.

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