CHIMENTOS
Mitos, señales y secretos de La dama regresa, la película con la que Isabel Sarli volvió al cine tras 15 años de duelo

Durante quince años, Isabel Sarli desapareció de la pantalla grande. No hubo estrenos, flashes ni llamados que consiguieran convencerla de regresar. La mujer que durante décadas había desafiado a la censura, que había recorrido con sus películas buena parte del mundo y que se había convertido en uno de los grandes mitos del cine argentino decidió, después de la muerte de Armando Bó, correrse de escena.
Se refugió en su mítica quinta de Martínez, rodeada por sus hijos, sus animales y los recuerdos de una vida que parecía haber quedado detenida aquella noche de octubre de 1981. Allí, lejos de las cámaras, transcurrieron los años en los que Isabel Sarli intentó aprender a vivir sin el hombre que había sido su compañero, su director, su protector y, como ella misma repetía, el gran amor de su vida.
Recién en 1996, cuando ya tenía 66 años, volvió a ponerse frente a una cámara para protagonizar La dama regresa, la película de Jorge Polaco y coprotagonizada por Edgardo Nieva, que significó uno de los regresos más singulares y conmovedores de la historia del cine argentino.
Para entonces, Isabel ya era mucho más que la mujer que alguna vez había escandalizado a una sociedad acostumbrada a mirar el deseo a escondidas. Había nacido como Hilda Isabel Gorrindo Sarli el 9 de julio de 1929 en Concordia, Entre Ríos, en una familia atravesada desde temprano por las ausencias. Su padre, Antonio Francisco Gorrindo, abandonó a la familia cuando ella tenía apenas tres años y su madre, María Elena Sarli, debió trasladarse con sus hijos a Buenos Aires. El pequeño hermano de Isabel, el único varón de la familia, murió cuando apenas tenía cinco años. Con el paso del tiempo, su padre intentó volver a establecer contacto con ella, Isabel se negó. La herida de aquella infancia había quedado demasiado profunda.
La necesidad de ayudar a su madre la llevó a trabajar como secretaria. Pero su belleza pronto abrió otra puerta. Comenzó a modelar para distintos productos y aquella actividad creció hasta convertirse en una carrera. En 1955 fue elegida Miss Argentina y llegó a semifinalista de Miss Universo. Durante aquella etapa conoció incluso a Juan Domingo Perón. Pero todavía no sabía que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
En junio de 1956 apareció Armando Bó. El encuentro con el director marcó el comienzo de una sociedad artística y afectiva que se extendería durante 25 años y cuatro meses. Bó descubrió en Sarli algo que iba mucho más allá de una belleza exuberante: una presencia capaz de llenar la pantalla, una mezcla de sensualidad, ingenuidad, fuerza y vulnerabilidad que terminaría convirtiéndola en una figura irrepetible. La convenció para protagonizar El trueno entre las hojas, la película que marcó su debut con él y que incluyó el primer desnudo del cine argentino.
A partir de entonces, sus nombres quedaron unidos para siempre.
Llegaron Furia infernal, Favela, Carne, Fiebre, Fuego, Sabaleros, Embrujada e Insaciable, entre muchas otras. Fueron treinta producciones realizadas junto a Bó y una carrera que no conoció fronteras. Las películas fueron censuradas, recortadas, discutidas y prohibidas en algunos lugares, pero también viajaron por caso, por México, Paraguay, Uruguay, Panamá, Rusia, Japón y Estados Unidos. Isabel se transformó en un fenómeno internacional, con una presencia avasallante que construía su propia leyenda en tiempo real.
Pero detrás del mito había una mujer cuya vida privada permanecía mucho más protegida de lo que sugerían aquellas imágenes.
La relación entre Sarli y Bó nunca fue oficializada. Durante el tiempo que permanecieron juntos, el director continuó viviendo con Teresa Machinandiarena, su esposa. Para el público, sin embargo, la sociedad entre Isabel y Armando era un secreto a voces. Ellos construyeron una historia que trascendió las películas y que quedó marcada por una dependencia mutua que Isabel admitiría una y otra vez a lo largo de los años.
Entonces llegó el 8 de octubre de 1981, cuando Armando Bó murió de cáncer a los 67 años. Para Isabel no fue solamente la pérdida de un director. Se había ido el hombre que había acompañado prácticamente toda su vida adulta, quien había moldeado su carrera y con quien había compartido escenarios, viajes, rodajes, éxitos, censuras y discusiones. Esa muerte significó también el final de una etapa profesional que Sarli no estaba preparada para cerrar. Después de aquella pérdida, desapareció.
Durante quince años, Isabel se recluyó en su quinta de Martínez. El cine, que había sido su mundo durante un cuarto de siglo, dejó de formar parte de su rutina. No aceptó propuestas. No quiso volver a exponerse. No quiso reemplazar a Armando ni trabajar bajo la mirada de otro director. Tampoco quería enfrentar la posibilidad de descubrir que aquello que había construido junto a él ya no podía repetirse.

Ella misma lo explicó muchos años después, cuando finalmente regresó: “Muchos miedos tenía de volver al cine. Sólo había hecho películas con Armando Bó, una con Torre Nilsson (Setenta veces siete) y una más en África con otro director, pero siempre con el ojo vigilante de Armando. Les dije que no siempre a todos, no sólo porque no quería volver y porque añoraba lo que había perdido, sino porque tenía miedo. ¿Se imagina un regreso con fracaso?”.
En esa frase estaba condensado buena parte de su silencio. No se trataba simplemente de una actriz retirada. Había quedado viuda de una manera particular: más que un marido, o un amante, había perdido al hombre con quien había construido su identidad artística. Volver al cine implicaba aceptar que podía existir una Isabel Sarli sin Armando Bó. Y durante años no estuvo dispuesta a comprobarlo.
En aquella casa encontró otra forma de compañía. Vivía con sus hijos adoptivos, Isabelita y Martín, y con una verdadera familia de animales: perros, gatos, loros y tortugas. Los animales ocuparon el espacio que antes habían llenado las filmaciones, los viajes y la presencia cotidiana de Armando. En aquel refugio doméstico, volvió a construir una intimidad lejos de las cámaras.
También estaban los recuerdos. Por las noches, decía, hablaba con las dos estrellas más brillantes que encontraba en el cielo y que asociaba con sus muertos más queridos: su madre, María Elena, y Armando. El duelo no tenía fecha de vencimiento.
En 1992 un episodio médico volvió a poner a Isabel frente a su propia fragilidad. Se desmayó en su casa y fue trasladada a la Clínica Bazterrica. Los estudios revelaron un tumor cerebral y los médicos debieron realizarle una cirugía de urgencia. La operación era de máximo riesgo, pero resultó exitosa. Sarli logró recuperarse.

Sin embargo, aquella intervención dejó consecuencias que también debió afrontar. Le suministraron medicación para prevenir la formación de coágulos y aumentó considerablemente de peso. Para recuperar su estado físico contó con la ayuda del doctor Alberto Cormillot, aunque ella misma reconocía, con su característico sentido del humor, que no siempre podía resistirse a sus comidas favoritas.
Cuando se cumplían quince años desde su alejamiento de las cámaras, Jorge Polaco apareció con una propuesta inesperada. El director quería que Isabel protagonizara La dama regresa, casi una historia autobiográfica.
La película tenía algo de espejo de la propia historia de Sarli. En el centro estaba Aurora, una mujer que había sido despreciada y humillada por los habitantes de Laguna Verde, su pueblo natal, porque la consideraban una mujer de costumbres cuestionables. Después de muchos años, Aurora regresaba convertida en una mujer rica, luego de haber quedado viuda de un hombre millonario. Su aparición alteraba la tranquilidad del pueblo, despertaba viejos rencores y encendía la envidia de quienes alguna vez la habían juzgado.
Ahora era ella quien tenía el poder. Aurora regresaba para cobrarse una suerte de revancha. Y, de alguna manera, la historia también podía leerse como una metáfora del retorno de Isabel Sarli.

La actriz que durante años había sido juzgada, censurada, cuestionada y reducida muchas veces a su condición de símbolo sexual, volvía al cine después de haber atravesado una enfermedad grave, la muerte del hombre más importante de su vida y una década y media de silencio. Ya no era la muchacha que había irrumpido en El trueno entre las hojas. Era una mujer de 66 años que volvía con otra historia en el cuerpo y otra memoria en los ojos.
Ella sabía perfectamente que el regreso podía ser un fracaso: “Fueron muchos años lejos de las cámaras: comprobé que el cine no me había dejado a mí sino que yo había dejado al cine”.
El rodaje tuvo además una coincidencia que Sarli vivió como una señal. Polaco debió postergar el comienzo porque había contraído culebrilla. Finalmente, las cámaras comenzaron a rodar el 9 de octubre de 1995, exactamente el día en que se cumplían catorce años de la muerte de Armando Bó.
El primer día, Isabel llegó al rodaje junto a su maquillador, Jorge Bruno. Viajaban en auto hacia el hotel alojamiento donde los esperaba el equipo para filmar. En el camino recordaron la fecha. Hablaron de Armando. Y los dos terminaron emocionados: “Recordamos la coincidencia y se nos cayó una lágrima”, relató.

Incluso hubo otro momento íntimo relacionado con Bó. Durante el rodaje, Sarli y Polaco fueron a pedirle ayuda. Querían que, de alguna manera, Armando los acompañara desde algún lugar. El regreso no significaba olvidarlo, era aprender a filmar sin él.
En el set, Isabel encontró además algo que la hizo sentirse protegida. Había animales. Estaban los recuerdos y los afectos. Había personas que conocían su historia y entendían que aquel regreso era mucho más que un trabajo: “Estoy contenta, muy contenta. Estuve rodeada de amigos, entre ellos Jorge Bruno, mi maquillador. Polaco me cuidó mucho y había animalitos, de modo que me sentí muy mimada”.
También recuperó parte de su propia historia a través de la ropa. El vestuario estuvo a cargo de Horace Lannes, pero Sarli quiso incorporar cuatro vestidos que habían sido diseñados por Paco Jamandreu, uno de los grandes nombres de la moda argentina y quien la había vestido durante años. Algunos tenían dos décadas y reflejaban a la Isabel de otra época regresando para encontrarse con la mujer que había sobrevivido al paso del tiempo.
Por eso quiso homenajear a Jamandreu. Incluso recordó una de las escenas más particulares de la película: cuando canta La morocha en medio de la cancha de Boca lleva uno de aquellos vestidos. El pasado volvía a entrar en cuadro.

El 12 de septiembre de 1996, finalmente, La dama regresa llevó a Isabel Sarli otra vez a la pantalla. El filme no podía devolverle a Armando. Ninguna película podía hacerlo. Pero le permitió comprobar que todavía podía habitar una pantalla sin él.
Treinta años después de aquel estreno, La dama regresa permanece como una pieza singular dentro de la historia del cine argentino, pero también como el testimonio de una mujer que necesitó quince años para volver a enfrentarse con aquello que había sido su vida. Sarli había conocido la gloria, la censura, el éxito internacional, el amor, la pérdida, la enfermedad y el retiro. Y cuando regresó, lo hizo con una historia que parecía escrita especialmente para ella: la de una mujer que había sido expulsada simbólicamente de un lugar y que volvía convertida en alguien diferente, con la posibilidad de mirar a quienes alguna vez la habían juzgado desde otra posición.
Las repercusiones dividieron aguas, en una polémica a la que la Coca estaba acostumbrada. Parte de la crítica objetó cierto grotesco tanto en las actuaciones como en el guion, mientras otros reivindicaron el estilo kitsch que dialogaba de alguna manera con su pasado.
Lo que quedó claro es que para la Isabel de carne y hueso no significó un regreso definitivo a los primeros planos del espectáculo. Más allá de un puñado de apariciones en cine, teatro y televisión, eligió volver al refugio de Martínez, a esa zona de confort autoimpuesta desde la partida de Armando.

Isabel Sarli murió el 25 de junio de 2019, a los 83 años, en el Hospital Central de San Isidro. Había sido internada desde mayo de aquel año después de una operación de cadera y su estado general de salud se deterioró hasta que una infección urinaria y una neumonía derivaron en un shock séptico.
Pero mucho antes de aquella despedida definitiva, hubo una mujer que durante quince años decidió apagar las luces de su camerino y quedarse en casa. Una mujer que se negó a volver porque tenía miedo, que perdió al hombre que había sido su compañero y su director, que encontró refugio entre animales, hijos adoptivos, recuerdos y noches silenciosas.
Una mujer que sobrevivió a un tumor cerebral. Y una mujer que, finalmente, volvió.
Cuando las cámaras de Jorge Polaco comenzaron a filmar La dama regresa, Isabel Sarli no solamente estaba regresando al cine. Quizás por eso aquella lágrima que cayó en el auto junto a su maquillador, al recordar a Armando Bó en el primer día de rodaje, decía mucho más que cualquier estreno.
Porque algunas ausencias no se miden en años, se miden en todo lo que una persona tuvo que atravesar para animarse, finalmente, a volver.
CHIMENTOS
Charly García cumple 75 años, en vivo: los saludos de David Lebón, Nito Mestre y todo el rock argentino

Cada 23 de octubre, la Argentina se paraliza para rendirle tributo a Charly García, en una influencia que trasciende fronteras y recorre el mundo. Con epicentro simbólico y no tanto en la mítica esquina de Coronel Díaz y Santa Fe, en Palermo, la tradición se expande por las redes sociales y en cada reproductor analógico o digital en el que se escuchen sus canciones.
La expresión física se organizó en torno a la ya clásica esquina Charly García y quedó escrito sobre los vidrios del edificio donde vive el artista. Dedicatorias a mano, flores rojas, naranjas y amarillas, cintas negras y recortes con pentagramas y partituras. El saludo más esperado llegó cuando el músico salió al balcón a agradecer el cariño de sus fieles seguidores.
Desde las primeras horas del día, colegas y admiradores se volcaron a las redes para dejar sus saludos. Los que crecieron con su música, acaso la mejor pintura posible de la Argentina, los que lo descubrieron en diferentes etapas de su carrera y los jóvenes, que captan desde el hoy ese pulso que siempre tuvo García para interpelarlos. ¡Feliz cumpleaños, Charly!
Nito Mestre: 60 años de amistad
Nito Mestre, excompañero de Charly García en el colegio Dámaso Centeno y en el iniciático grupo Sui Generis, también lo saludó por sus 75 años. Compartió una foto sentado junto al cumpleañero con la canción “You’ve Got a Friend” de James Taylor de fondo, y escribió: “Amigo querido, no estoy para darte este sentido abrazo que te darán x mí pero quiero que sepas que 60 años de amistad no pasan inadvertidos. Gracias! Todo el resto, ya lo sabes”.

Andrés Ciro, en el nombre del hijo

El histórico cantante de Los Piojos saludó a García con dos postales bien diferentes. Una de escenario, ambos con micrófono en mano, cantando mirándose a los ojos. La otra es de la intimidad, posando junto a su hijo Alejando en una síntesis perfecta de la obra de Charly: canciones sin tiempo que atraviesan generaciones.
La gratitud de David Lebón
“¡Feliz cumpleaños, Carlitos! Sos mucho más que un amigo, sos un hermano que me dio la vida y la música. Gracias por tantos momentos compartidos y, sobre todo, por convencerme de ir a Búzios», escribió el Ruso. La refencia a la playa brasileña tiene que ver con el primer paso para la creación de Serú Girán, uno de los grupos más importantes de la historia del rock en español.
“¡Mirá todo lo que vivimos!Te amo hermano», concluyó Lebón, quien viene recreando la obra de los Beatles criollos junto a Pedro Aznar. Y acompañó el texto con una versión personal de “Desarma y sangra”.
Tres conciertos diferentes para un artista único
La Usina del Arte celebra a Charly García con tres jornadas gratuitas. La “Semana Charly” arranca hoy a las 20 con Marina Wil, que presentará “Las canciones más lindas de Charly García” acompañada por un cuarteto de cuerdas y la dirección musical de Ian Schifres, con Pablo Granados como invitado.
El sábado seguirá el turno de Mery Granados y Joaco Burgos, y el domingo cerrará “Charly en el país de las maravillas”, un espectáculo familiar que combina canciones del músico con el universo de Alicia en el país de las maravillas. Las tres funciones son con entrada libre y reserva previa en el sitio de la Usina.
La Navidad de Moria
En el pase de La mañana con Moria con el noticiero Arriba Argentinos, La One contó que Charly García la invitó a su cumpleaños “por intermedio de una persona muy cercana a él”, aunque no podrá ir, y lo clasificó en calificarlo de “un prócer de la música”.
El recuerdo más jugoso llegó cuando repasó la fiesta que le organizaron Fito Páez y García para Navidad, al al volver de los nueve días que pasó detenida en Paraguay: “Me dijeron, sos nuestra máxima rockstar, te faltaba la cárcel. Y me dieron una noche divina, inolvidable”.
Carlos Vives, como un fanático más
El legendario músico colombiano siempre se manifestó gran seguidor de la obra de Charly García, una fuente de influencias para su posterior desarrollo artístico. De paso promocional por Buenos Aires, coincidió con los festejos del bicolor y pasó por el programa especial de Reloj de plastilina (Mega 98.3). Allí cantó El fantasma de Canterville y se fotografío con Hilda Lizarazu y el recuerdo inolvidable del Negro García López.

Charly García cumple 75 años y la cifra, concreta y contundente, invita a revisitar de muchas maneras la obra del hombre que conforma el ser nacional de la canción popular argentina junto a un puñado de elegidos: Carlos Gardel, Luis Alberto Spinetta, Mercedes Sosa, Astor Piazzolla, Atahualpa Yupanqui ¿Alguien más?
La máquina de hacer fotos
Dos fotógrafas que retrataron a Charly García en distintas épocas lo saludan por sus 75 años. Andy Cherniavsky compartió una foto abrazada al músico, él con sombrero y un vaso en la mano, ella apoyada en su hombro. “Hoy cumple el más grande, el que nos cuenta nuestra propia historia. Feliz cumpleaños Carlitos!”, escribió.
Nora Lezano, en cambio, eligió repasar distintas épocas del músico con una serie de cuatro fotos: un show en 1999, el balcón de su casa en 1997, un recital en Morocco en 2000 y un encuentro con ella misma en 2025. “Gracias a la vida que me dio a Charly!!! Celebro sus 75 amándolo y admirándolo como hace años”, expresó.


1.”Yo ahora estoy esperando leer una muy, pero muy, buena biografía no autorizada de Charly García, a ver si entiendo un poco la historia. A ver qué me cuentan y cómo me cuentan”, dijo él hace tiempo. El artista desarrolló una vida y obra insoslayable (e irrepetible) cuando se habla de rock argentino o, para ser más justos, de la música popular argentina.
El saludo de Lali Espósito

El vínculo entre Lali Espósito y Charly García lleva más de una década de elogios mutuos y admiración. La estrella pop siempre lo nombró como una de sus grandes inspiraciones y el músico devolvió gentilezas invitándola a participar de algunos encuentros con su círculo íntimo. En esta oportunidad, Lali optó por un saludo sin demasiados rodeos. Una foto en blanco y negro de García cuando era Charlie, la cita al hit “Necesito tu amor” y una frase contundente: “Amor total”.
CHIMENTOS
¡Era otra mujer! Julieta Prandi se cansó de caretearla y terminó reconociendo con quién descubrió a Emanuel Ortega: «No uno, fueron tres días encerrados»

Era obvio que un matrimonio de famosos que duró apenas 27 días iba a provocar un escándalo gigantesco. Estaba cantado. ¿En qué pensó Julieta Prandi, ese lunes feriado que publicó el comunicado anunciando que dejaba a Emanuel Ortega, cuando pidió que la prensa se quedara con su palabra y no fuera atrás de las cuestiones que la llevaron a tomar una decisión tan fulminante? Se caía de maduro que algo «pesutti» había atrás de su repentino paso al costado. Y tardó, pero finalmente se supo.
Como era de preveerse, el «motivo» tiene nombre y apellido. Y es, lógicamente, una mujer. «Otra» mujer. Lo que se dice comúnmente una «tercera», la famosa «tercera en discordia». En aquella historia que publicó en su cuenta de Instagram, la modelo escribió, sobre el final del «comunicado» (la palabra que no le gustó al Muñeco Mateyko) que hubo acuerdos de pareja que no se cumplieron. Esa simple frase ya retumbó en todos los programas de chimentos.
La pregunta surgió de inmediato. ¿Cuáles son esos acuerdos? ¿O cuál es? Y la respuesta surgió también al instante: que no haya engaños, que no existan mentiras, que no aparezca nada raro por ahí, que las traiciones y los «cuernos» no sean una opción. Y como siempre se dijo que Emanuel es un hombre muy seductor y muy conquistador, y Prandi puso eso, la sospecha también nació al mismo momento.
Habrá que hacer memoria: cuando Emanuel Ortega empezó su relación con Ana Paula Dutil se dijo que ella no había terminado aun su matrimonio con el empresario Fernando Ranuschio, y cuando él arrancó su historia con Prandi se rumoreó que aún no había dejado a Ana Paula. Esa conducta «poco prolija» para las fechas y los inicios sentimentales era un alerta permanente para la modelo, más con la historia que ella traía encima.
JULIETA PRANDI SE CANSO DE CARATEARLA Y TERMINO RECONOCIENDO CON QUIEN DESCUBRIO A EMANUEL ORTEGA
En el aeropuerto, recién regresada de Brasil, donde se fue a pasar unos días con un amigo, Prandi volvió a abrir la boca. En realidad lo hizo por primera vez después de publicar el famoso anunció. Y allí, entre otras cosas, habló de esos acuerdos que según ella fueron incumplidos por su ex marido. Y se refirió con nombre y apellido a las dos mujeres señaladas como responsables de la crisis.
En ese sentido, le quitó responsabilidades a Mariana, la autora del audiolibro con la que habría tenido un enfrentamiento. «Nada que ver, tuvimos una charla amena, para nada hubo pelea» deslizó. Con la que no fue tan gentil fue con la joven cantante Josefina «Jose» Lynch. «Sí, la escuhé. La vi. Imposible no hacerlo. Fue muy detallista ella. Fue tan detallista, dio tantos detalles, que ahí me enteré que fueron tres días encerrada con Emanuel y no uno como me dijo él».
¿Cómo se decía en la justicia? ¿A confesión de partes relevo de pruebas? Sí, algo así. Acá también es sentencia.
Josefina Lynch, Emanuel Ortega, Julieta Prandi
CHIMENTOS
Agustín Sullivan y el desafío de interpretar a Carlos Menem Jr. en dos series distintas: “Nunca busqué imitarlo”

Agustín Sullivan visitó Infobae en Vivo para hablar sobre el desafío de interpretar a Carlos Menem Jr, hijo del expresidente argentino, en dos series diferentes: primero en Menem (Amazon Prime Video, 2025) y ahora en la segunda temporada de Coppola, el representante, estrenada este viernes en Disney+. Ambas producciones comparten director, Ariel Winograd, lo que permitió a Sullivan sostener una misma construcción del personaje a lo largo de dos proyectos distintos.
“Es raro, es con el mismo director y todo el mismo equipo creativo, casi todo el mismo, de maquillaje, peinado, caracterización”, explicó el actor sobre la singularidad de repetir un personaje real en dos ficciones separadas. A diferencia de Sandro, el ídolo musical que interpretó en una producción anterior y que lo dio a conocer masivamente, Sullivan remarcó que sobre Menem Jr existe mucho menos material de archivo disponible para la investigación previa, lo que supuso un desafío diferente.
De cualquier manera, Sullivan detalló que su método de trabajo no busca la imitación, sino una recreación basada en la energía y el comportamiento del personaje. “Todos los personajes los tomo igual, empiezo a trabajar desde la energía, cómo camina, cómo piensa, qué le da risa, qué no, cómo se hace el desayuno”, señaló. Para Menem Jr, ese proceso incluyó conversaciones con personas de su entorno cercano para aproximarse a esas sensaciones que no transmite el archivo. “Yo lo hago con mucho respeto y me baso mucho en lo que la gente cercana me iba contando”, afirmó.
El actor fue explícito al diferenciar su trabajo del de un imitador, incluso ante pedidos de mayor fidelidad por parte de la producción. “No, porque ahí ya me harían un imitador”, respondió al ser consultado sobre si algún director le pidió alguna vez una réplica calcada del personaje real. Según explicó, la construcción es un trabajo conjunto con el director que luego se transforma en el set, en la interacción con los compañeros de elenco, entre ellos Juan Minujín, quien interpreta a Guillermo Coppola en ambas temporadas de la serie de Disney+.
Durante la entrevista, Sullivan recordó una experiencia particular durante el rodaje de Menem: un viaje a La Rioja, provincia de origen de la familia del expresidente, donde condujo un auto de rally sobre el mismo ripio que, según contó, recorría Menem Jr en la vida real. “Ahí sí manejé yo”, relató el actor, quien calificó la experiencia como inusual para su cotidianeidad. “Cuándo vas a estar en La Rioja, en un ripio, andando en rally, es una locura”, agregó.
Esa escena se suma a otra vivida durante el rodaje de Coppola, el representante, donde Sullivan voló un helicóptero real en el marco de una secuencia de la ficción. “Son cosas que en la vida cotidiana no te pasan”, resumió el actor sobre ambas experiencias, que calificó entre las más singulares de su trabajo.
La segunda temporada de “Coppola, el representante”, con seis episodios disponibles desde este viernes en Disney+, recorre distintas etapas de la vida de Guillermo Coppola entre 1965 y 2024, según detalló su director a medios locales. El elenco incluye además a Mónica Antonópulos, Macarena Achaga y Joaquín Ferreira, entre otros intérpretes que retoman papeles de figuras vinculadas a la historia del representante.
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