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Mohamed en Rincón Stone: futuro en Boca, final con PSG, charlas con La Volpe y más

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“Huracán para mí es todo”. Antonio Mohamed fue uno de los grandes protagonistas de Rincón Stone, el ciclo de entrevistas que lleva adelante Daniel Osvaldo en una producción de Olé y La Canchita. El Turco repasó su historia como jugador y entrenador, recordó sus inicios junto a Dani en el Globo, habló de su paso por Boca, Independiente y México, y contó detalles de su manera de entender el fútbol: el grupo por encima de todo, la alegría como método y una identidad clara para salir a jugar. También se refirió a su deseo de dirigir a la Selección, la espina que le dejó Europa y la posibilidad de, algún día, volver a Huracán como presidente. Una charla imperdible con uno de los técnicos argentinos más ganadores.

—Venís de salir campeón como siempre, en el Toluca. ¿Te acordás de cuándo me tuviste en Huracán?

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—Obvio, Dani me puteó mucho en un partido en la cancha de Aldosivi. Él estaba vendido a Italia y yo no lo quise poner.

—“Sos un vigilante, ¿cómo no me vas a poner? Me vienen a ver hoy”.

—¿Sabés cómo estaba la cancha de Aldosivi? A ver si le arruino la carrera a este pibe. Te puse 15 minutos porque vinieron a verte y eran medio picantes. Me puteó a mí, y yo después lo encontré muchas veces y le dije: “Yo no voy a arriesgar al pibe”. No por él, sino porque nos pagaban el sueldo con su venta, jajaj…

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La entrevista de Daniel Osvaldo al Turco Mohamed en Rincón Stone.

—¿Seguís con el estilo de entrenamiento alegre, como hacías con nosotros en Huracán? Yo me acuerdo que era muy lúdico todo.

—Seguimos con el estilo de trabajo de mucha alegría. Obviamente, yo me acuerdo que en esa época tenía una idea táctica revolucionaria. Imaginate que vos te fuiste y llegó una evolución del equipo. El Cordobés, Larrivey, Poggi, hasta que se soltaron. El fútbol en general era tirársela al 9 en esa época. Era un equipo muy técnico. Cuando te fuiste, perdimos la final. Y después, al otro año, ascendimos ganandole bien a Godoy Cruz.

—A vos te gusta ganar con tu sello.

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—Llegamos al ascenso con nuestro sello e identidad. Yo con el Cordobés le expliqué todo. Le dije que tenía que jugar 20 metros más adelante porque lo tenían como un picapiedra, pero jugaba espectacular. De hecho, después de eso se lo lleva Estudiantes para reemplazar a Verón. No le fue bien porque se peleaba con todos, viste cómo era.

—¿De ahí te fuiste al Rojo? Te quieren mucho ahí, no solo porque saliste campeón. Yo tengo amigos que te adoran.

—No, me fui a Colón en Primera. Estuve dos años. Con Independiente salimos campeones de la Sudamericana con nada. Cuando llegué a Colón, el equipo estaba casi descendido, fui y nos salvamos del descenso. Una vez salvados, empezamos a construir un equipo. Busco pibes que tengan buena relación con el equipo. Me gustan los cancheros que sean queribles por el grupo. Yo, por encima de todo, pongo el grupo. A mí me gusta el jugador que sea técnico, que tome decisiones y que me desafíe, siempre y cuando tenga un ida y vuelta con respeto.

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—No sos un técnico que diga: “Es así o así”.

—No me pasan mucho esas charlas porque es lo que dijiste vos. Porque si vos jugás de delantero, te llegan 200 pelotas. Después depende del delantero. Cuando vas con el conocimiento y te ven que le das información, se va generando el vínculo. ¿Te acordás que practicamos los laterales de cabeza al arquero y salimos jugando? Me pasaba que cuando era jugador… Yo debuté 20 años antes que vos, en 1985. Yo veía que los tipos eran malísimos. Iba a la cancha de Cipolletti y me gritaban: “Marcá al 3, marcá al 4”. Yo quería jugar a la pelota, encararlo, uno contra uno. Después ibas a la cancha de Huracán y te divertías porque les pegabas un baile…

La entrevista de Daniel Osvaldo al Turco Mohamed en Rincón Stone.La entrevista de Daniel Osvaldo al Turco Mohamed en Rincón Stone.

—¿Te acordás de esa época en Huracán, en 2005?

—Un día viene Guggi y me dice: “Turco, tenemos un problema”. Le pregunto si pasó algo con los pibes y me dice: “No tenemos dónde ir. Les debemos a todos los hoteles. Les debemos mucho”. Ese partido hiciste un golazo vos, picándola, con Racing de Córdoba. Ese día puse a todos los pibes: vos, Juancito Sosa…

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—Ese día ganamos bien, me acuerdo.

—Estaba Larrivey, estaba Dani, estaba Hernández. Ese terminó con vos adelante. Joaquín apareció a los 20 días en Alemania. Estabas vos fachero, él fachero con los ojos claros. Larrivey apareció y me dice: “Me fui a Alemania por una publicidad”. Mauro Milano y él, con el Cabezón.

—Estamos en el Senior con los chicos de Huracán.

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—Me escribió Fede Poggi. Voy a ir a verlos y a comer un asado.

—¿Te imaginabas, cuando jugabas, que ibas a ser entrenador?

—Sí, me lo imaginaba porque tuve una carrera corta. Yo todo lo que hice joven. Debuté en la mayor, tuve una lesión y mi carrera cambió. Me compró la Fiorentina y, cuando yo vuelvo acá… Allá me ofrecen ir al Zaragoza. En ese momento no existía España: era Barcelona, Real Madrid y el Calcio. A mí me compran con Bati y Latorre, los tres juntos. Bati se queda, Diego se vuelve, y yo tuve la chance de quedarme, pero como cuarto delantero. Ahí aparece Boca y me vengo a Boca. Ahí aparece el famoso gol con Huracán.

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—Te voy a mostrar algo. Mirá estos dos álbumes: en Boca y en el Rojo. ¿Cuánto valen ahora? Jaja.

—Primero fue Boca y después en Independiente. Me quedo con Mohamed de Boca, porque arranqué con cinco goles en seis partidos. Sucede el partido de Huracán…

El gol errado del Turco ante Huracán

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—No te creo que la tiraste afuera a propósito.

—Es mentira, es imposible. El Maestro Tabárez me dice: “Se está hablando esto”. Suceden cosas. Si buscás las imágenes, cuando yo salgo del túnel había cantos en esa época. Estaba Giunta, Navarro Montoya, Simón y yo. Salgo y toda la gente de Huracán empezó: “Turco, Turco”, y la de Boca también. Pasa este momento y la gente de Huracán empezó a cantar: “El Turco los cagó…”. No me ayudaron para nada. Me clavaron los clavos en el ataúd. Cada pelota me chiflaban y Tabárez me sacó, y no jugué más. Yo entrenaba todos los días y no jugaba. Un día me dijeron: “Jugá en Tercera”, y le dije que no. Ahí le agarré el gusto a la joda, cobraba de Boca y de Italia y no jugaba. ¿Qué hacía los fines de semana? Ahí volví a Independiente y no pude cambiar.

—Después te vas a México.

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—Tenía para ir a otros equipos de México. Me pagaban mucha plata. Me dicen que es un equipo que recién ascendió. Me puse a entrenar un mes y les pasé el trapo. Estos tipos fueron y le compraron mi pase a la Fiorentina a los siete meses. Yo les decía que no firmaba. El Coco me llevaba a la Selección del 94 porque ganábamos todos los partidos. Yo ya no estaba, yo solo ponía la música, jaja. En Inglaterra, en Wembley, meto los dos centros de gol. El Coco ahí dijo: “No lo sacó más”. Entraba antes en la lista que Ruggeri y Caniggia.

—¿Cómo era el Coco como DT?

—Era como yo. Valoraba el grupo. No era tan cercano, era un padre con la mirada. Muchas veces les digo a mis jugadores que no se pasen de la raya. Si estamos bien en Cancún, no te vayas a República Dominicana. No te pases de la raya. Si un día te tenés que pasar es con comunicación, y ahí está todo bien. Todo se mantiene dentro de la cancha: si rendís, seguís.

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—Nosotros en Toluca tenemos una manera de jugar que los chicos están convencidos que vamos a someter al rival, más de local. Movemos la pelota, tac, tac, tac… Recuperamos la pelota, los centrales juegan en mitad de cancha y eso es porque también tenemos un césped mojado y bien cortado, y además tenemos altura. Toluca es el lugar que más altura tiene, alrededor de 2600 metros. Bolivia tiene altura y no marca la diferencia. Tenés que tener un buen equipo. En el Toluca estoy cómodo.

—Monterrey fue muy importante.

—Monterrey es el equipo que más cariño le tengo. Toluca también, en este último año. Yo jugué en Monterrey. Jugué cinco años en Toros Neza y ahí me compra Monterrey, donde jugué tres años. Yo, en el 2000, tenía tendinitis con el tendón rotular. Era operarse o todos los días hacer recuperación, pero no podías hacer fuerza en las piernas. La fui perdiendo. Entonces, ¿qué hacía? Les decía: “Andá para allá, para acá”. Ya era técnico a los 30 años y a los 32 me retiré. A los 33 años fui técnico-jugador en el Zacatepec, un club de la segunda de México. Me sacaba solo, porque quería que el equipo jugara de una manera, pero conmigo no se podía. Le decía al profe que me mande a calentar, para dar indicaciones. Era buenísima.

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—Vos siempre fuiste un jugador más, pese a ser el técnico. ¿Lo seguís siendo? ¿Seguís haciendo trampa en el fútbol tenis?

—Vos me agarraste muy joven. Ahora ya no juego más. Desde que te gané no juego más.

—Yo jugaba con vos. ¿Te pensás que soy boludo? La única manera que tenía de ganar era jugar con el técnico. Yo te la dejaba a media altura y vos sacabas unos latigazos… Pero si no se la dejabas perfecta, te liquidaba. ¿Y qué significa Huracán en tu vida?

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—Para mí es todo. Me crié y fue mi primer club como DT. Yo vuelvo de afuera tras el fallecimiento de mi viejo. Me cayó la ficha. Porque cuando vos estás afuera, decís: “No vuelvo más”. Es distinto como jugador, porque sabés que te ibas. Pero cuando volvés y ves a los afectos… Me encuentro con mi hermano, con mis hermanas y mis amigos. Les dije que me quedo hasta mitad de año y justo me llamó Huracán. Me llamó Labruna y no conocía nada. Fui a ver el partido ante Tiro Federal y decía: “Lo que tenemos que trabajar con estos pibes…”. La gente se alteraba, era la herencia. Hoy sigue siendo parecido. La gente necesita un campeonato, pero no se consigue de un día para el otro. Es trabajo.

—Vos hasta que ascendiste tuviste dos años para prepararlo.

—Yo chocaba mucho con los dirigentes, porque me decían que tenía que ascender ya. Yo les decía que si potenciábamos a algunos chicos, el club iba a crecer, y me pedían ya. Vos podés traer cinco jugadores de Nacional B. Nosotros enfrentamos grandes equipos contra ustedes, que eran todos pibes. Vos, Migliore, Zellay, Andújar, Ale Alonso, Monzón, Sosa…

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Su sueño de ser presidente de Huracán

—¿Volverías a Huracán como DT? ¿Cómo presidente?

—Como entrenador ya no. Ser presidente me gustaría, pero lo miro de reojo en los últimos años. No digo que no. Es un anhelo mío. Veo lo que pasa con Milito, Riquelme, y la ingratitud es pesada. Lo pienso. A Milito, que está hace poco, lo insultan. Cuando entrás a conducir, hay otra. La gente te empieza a mirar diferente porque piensan distinto, pese a que todos deben mirar el club. A mí me decían que fui a robar a Huracán. Yo le daba plata a Guggi para que vaya a comprar al Mercado Central y haya para comer. Hacíamos todo con amor. Ponía videos, teníamos películas en DVD, queríamos concentrar ahí. Había un mexicano que filmaba los entrenamientos y partidos y nosotros se los mostrábamos. Ustedes no se van a acordar porque eran pendejos.

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La Selección de Argentina y de México

—¿La Selección te gustaría dirigir?

—Yo podría dirigir México o Argentina. Tuve chances de otras selecciones, pero no me veo cantando otro himno que no sea el argentino. En México llevo media vida y media acá en Argentina. Pero a México le cerré las puertas porque me tenían que elegir para este Mundial, estuve candidateado, me reuní con todos, pero no. Ya estoy en equipos. De los 26 de la lista, dirigí alrededor de 16. A Raúl Jiménez lo hice debutar en el América y lo llamé al Cholo para que lo lleve al Atlético Madrid. Me hubiese gustado, porque conozco mucho el fútbol mexicano. Lo de jugar bien lo saqué de la liga de México. Yo juego con nueve u ocho extranjeros. Tengo un lateral izquierdo y Alexis Vega que van a la selección de México. Después tengo dos uruguayos, tengo a Santi Simón, Paulinho, que es portugués; Franco Romero, que es el 5 que la rompe, y Nico Castro, que lo trajimos del Elche. Yo encontré a Castro, Simón y Romero.

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—De Europa te quedó la espina.

—A los DT argentinos en España no nos quieren. Allá es bloque corto, posesión. Cuando llegué al Celta no me dieron tiempo. Yo quería ajustar en lo defensivo. Es un equipo que siempre tiene que jugar bien. Recibían 60 goles, pero me dieron solo 12 fechas. Había un partido con el Getafe, el equipo más sudamericano de Europa, entonces qué se me ocurre hacer: cuando meten dos delanteros para tirar pelotazos, saco un volante y meto un central. En ese momento, me hacen el gol. Sacaron los pañuelos y me tildaron de defensivo. Ahí no la revertís más. Yo no me sentía querido. Yo necesito eso. En Toluca es así. Me quieren. En Boca me sentí querido en el murmullo de la gente, cuando soné esta última vez. Ya va a llegar Boca… Yo en España no me sentía de esa manera.

-Estoy de acuerdo con eso de Boca. En el último tiempo, con respeto a todos los entrenadores que estuvieron, no se viene haciendo…

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—Yo creo lo mismo, que hay que hacer carrera para dirigir a Boca. Yo lo dije con Scaloni, que salió bien. Algunos dijeron que había que respaldarlo y salió bien. Yo creo que hice todo, pero ahora apunto a enfrentar al campeón de la Libertadores (en la Copa Intercontinentasl de fin de año), que sé que le vamos a hacer un gran partido, y después el PSG (campeón de Champions). Que, obvio, lo voy a salir a atacar. Con Monterrey tuvimos once tiros contra seis ante el Liverpool. Lo perdimos al 91’ y Alisson fue la figura. Obvio que quería ganar, pero me quedé con eso. Lo único que le pedía a Dios era tener ese partido. Yo quiero tener el arco cerca y vamos a jugarle mano a mano. Yo, si juego con el PSG, voy a salir a jugarle mano a mano. Me gusta Luis Enrique, pero no me gusta que regale la pelota cuando la tira afuera. Es como regalar a tu novia, no la podés regalar, la pelota.

—¿Qué técnicos te gustaban cuando arrancaste?

—Yo comparto muchas cosas de La Volpe. Aprendí mucho de él, me gusta cómo juegan los equipos de Guardiola y Luis Enrique. Me gusta más Luis, porque sus equipos tienen verticalidad.

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—Con Luis, en la Roma, jugábamos más a perder la pelota y recuperar rápido.

—Yo en Toluca busco lo mismo, porque muchas veces se me tiran atrás.

—Ahora que nombraste a La Volpe, ¿qué le pasó en Boca?

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—Él no tiene empatía con los pibes. Hay un momento cuando llegan esas cosas, es difícil. Yo, en ese momento, estaba en Huracán, nos concentramos a metros de ellos. Yo todas las noches me iba a tomar un café con él y me quedaba con él hablando de fútbol. Me acuerdo que él me hacía una pregunta. Yo tenía a Joaquín Larrivey y Mauro Milano. Él me decía: “Pero, ¿a quién marca el 5 acá en Argentina?”. Y yo le dije: “Viene un 9”. Y él me dijo: “¿Cómo hago yo para que Palacio o Palermo sigan al 5?”. Ahora juego contra todos mano a mano.

—Ahora le tenés que ganar al PSG.

—Primero tenemos que jugar contra el campeón de la Libertadores, a ese le vamos a ganar. Y si jugamos contra el PSG, venís vos allá a ver el partido.

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Antonio Mohamed,Toluca,Rayados de Monterrey,Selección de México

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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North America,Sport,Tennis

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