CHIMENTOS
Moria Casán: éxitos, polémicas y transformaciones de la mujer que hizo de la televisión el escenario de su vida

Hay carreras que se construyen a fuerza de éxitos meteóricos y otras que necesitan la colectora de la insistencia. La de Moria Casán en la televisión pertenece a esa segunda categoría: una historia en la pantalla chica atravesada por cambios de canal, programas que funcionaron y otros que apenas sobrevivieron unas pocas emisiones, polémicas, reinvenciones, personajes, entrevistas, realities, entrevistas y una certeza que parece haberla acompañado desde el comienzo: nunca necesitó pedir permiso para ocupar un lugar.
Desde aquellas primeras apariciones junto a Alberto Olmedo y Jorge Porcel hasta sus más recientes experiencias en la pantalla convertida en conductora todoterreno, Moria atravesó buena parte de la historia de la televisión argentina. Lo hizo como protagonista, testigo y, muchas veces, también como alguien dispuesta a correr los límites de lo que podía hacerse frente a una cámara.
Su debut como conductora llegó después de haber construido una fuerte presencia como actriz y vedette, y tuvo como escenario Canal 9. Primero fue El club privado de Moria (1983), pero poco después el programa cambió de nombre y pasó a llamarse Monumental Moria. Durante tres temporadas, los viernes a las 22, se instaló en el horario central y comenzó a descubrir una nueva faceta de sí misma: la de una mujer capaz de sostener un programa propio, dialogar con el público y convertirse en el centro absoluto de la escena. No era un detalle menor en una televisión todavía dominada por figuras masculinas. En compañía de Mario Castiglione, su pareja, productor y futuro padre de su hija, Moria no solamente le ponía el nombre y el cuerpo frente a las cámaras. Casi al mismo tiempo, empezaba a construir un personaje televisivo que, con el paso de los años, terminaría siendo inseparable de su propia identidad.
En 1987, tras el nacimiento de Sofía Gala, llegó el cambio de canal. La diva desembarcó en Canal 11 con Las tretas de Moria, programa del que más se recuerda el título que la propuesta, y luego reformuló para pasar a llamarse Morias noches. El impacto no fue el mismo que había conseguido en el canal de Alejandro Romay y aquella etapa dejó una de las primeras enseñanzas de una carrera que nunca fue lineal: no todo proyecto estaba destinado a convertirse en éxito.
En 1988 volvió a intentarlo con Moria, marca registrada (por Canal 11 los jueves a las 22, para luego pasar a los domingos a las 21), aunque aquella experiencia duró apenas un par de meses. Al año siguiente regresó a Canal 9, pero esta vez para sumarse a Las gatitas y ratones de Porcel, en un momento en que el histórico ciclo humorístico necesitaba recuperar audiencia.
Pero si hubo una etapa capaz de resumir el espíritu de Moria, fue la que comenzó en 1991 con A la cama con Moria. La medianoche se convirtió en territorio propio y la conductora recibió en su mega queen size televisiva a figuras de la política y del espectáculo, en una propuesta que jugaba con la provocación, el humor y una irreverencia que todavía hoy permanece en la memoria de quienes la vieron o de quienes tuvieron la posibilidad de acercarse a ese ciclo gracias a la serie de la diva. En la ficción, se pueden ver a invitados como Fito Páez, Fernando Galmarini o Batato Barea, una muestra del amplio derecho de admisión. Duró una temporada, pero alcanzó para dejar una marca. Moria entendió antes que muchos que la televisión también podía ser un lugar para incomodar, sorprender y generar conversación al día siguiente.
Y justamente al año siguiente llegó uno de esos episodios que terminaron de convertirla en sinónimo de controversia. Juegos nocturnos tuvo una sola emisión y generó un escándalo por una propuesta que incluyó secretarias en topless y una performance de Mónica Ayos desnuda en una bañera. La emisión superó todo lo aceptado por el COMFER y el episodio terminó con el levantamiento del programa. Moria partió entonces hacia Chile para llevar allí el espíritu de A la cama con Moria. Una vez más, incluso cuando la televisión parecía cerrarle una puerta, ella encontraba otra pantalla por la que entrar.
El teatro también funcionó como puente hacia una nueva etapa. El éxito de Brujas le abrió las puertas de la ficción televisiva y Moria compartió elenco con Nora Cárpena y María Valenzuela en Con pecado concebidas (1993), donde interpretó a una de las tres fugitivas que se hacían pasar por monjas. La propuesta, con música original de Julia Zenko y de gran aceptación por parte del público, generó una reacción de la Iglesia, que pidió que el unitario fuera levantado, aunque finalmente no lo consiguió. Emitido los lunes a las 22, fue el programa más visto de ese año e incluso La One recibió el Martín Fierro a mejor actriz de comedia por esa ficción.Un año más tarde, Moria volvió a la ficción con Tres minas fieles, nuevamente por Canal 9, pero el éxito anterior no logró repetirse.


Para 1995, Alejandro Romay volvió a apostar fuerte por ella. La idea era ambiciosa: poner a Moria al frente de toda la programación central del canal, en un formato que mezclaba tira diaria, musicales, juegos, entrevistas, premios y sketchs. Era, en cierta manera, un intento por encontrar en ella una nueva gran figura de entretenimiento, con un modelo cercano al de Susana Giménez. Pero el resultado no estuvo a la altura de las expectativas. Aquella experiencia terminó siendo recordada como una “kermese imposible”, una propuesta que quiso abarcarlo todo y terminó sin encontrar su verdadera identidad.
Y entonces Moria volvió a hacer lo que mejor sabía: cambiar.
A finales de los años 90 encontró en el talk show un territorio ideal para desplegar otra de sus grandes virtudes: escuchar, provocar, intervenir y convertir una historia ajena en televisión. En Amor y Moria recibió testimonios atravesados por conflictos familiares, dramas personales y situaciones límite, mientras instalaba una frase que quedó asociada para siempre al programa: “Si querés llorar, llorá”. No era solamente una conductora: era una presencia capaz de modificar el clima de un estudio con una mirada o una frase. Poco después llegó La noche de Moria (1999), donde reunió incluso a sus entonces ex y actual marido, Mario Castiglione y Luis Vadalá, en otra muestra de una televisión en la que la vida privada podía convertirse en espectáculo. Ambas situaciones están muy bien documentadas en la serie.


El cambio de siglo volvió a encontrarla en movimiento. Entre 1999 y 2000 se incorporó a la ficción Buenos vecinos, donde interpretó a Patricia “Chini” Baccinelli en un protagónico compartido con Hugo Arana. Entre 2001 y 2003 condujo Moria, que luego pasó a llamarse Entre Moria y vos. En 2005 regresó a la actuación con Doble vida, donde el rating no la acompañó. Y un año después volvió a sorprender: dejó momentáneamente el lugar de conductora y se convirtió en participante de Bailando por un sueño, el por entonces arrollador éxito comandado por Marcelo Tinelli.
Llegó hasta las semifinales, pero lo verdaderamente importante estaba por venir. Para la siguiente edición fue convocada como jurado y encontró allí otro de los grandes capítulos de su carrera. La silla más caliente de la televisión terminó convirtiéndose en uno de sus territorios naturales, desde donde construyó frases, discusiones, personajes y momentos televisivos que trascendieron el programa.
Su presencia como jurado se repitió a lo largo del tiempo y tuvo asistencia perfecta en las diez ediciones siguientes. Volvió en el 2023, en la que hasta ahora es la última emisión del concurso. A esa altura, algo resultaba evidente. Moria podía cambiar de rol sin dejar de ser Moria.

También hubo humor, como en Si querés reír, reí, en 2010; noches de entrevistas, como Esta noche con Moria Casán, emitido por Magazine en 2011; y conversaciones con mujeres del espectáculo en Malas Muchachas, por C5N, en 2013. Después llegó Incorrectas, entre 2018 y 2020, un ciclo con el que volvió a ocupar el centro de la conversación televisiva, esta vez desde el análisis de la actualidad y el debate. En 2018, además, condujo como invitada Intrusos durante 80 programas y, dos años después, volvió a ponerse en el lugar de jurado en Cantando 2020.
Cuando muchos pensaban que ya había transitado prácticamente todos los formatos posibles, Moria volvió a reinventarse. Entre 2021 y 2022 condujo Moria es Moria, un late show por Canal 9. Y desde 2025 está al frente de La mañana con Moria, en El Trece, donde sumó la cobertura de la actualidad a su amplia foja de servicios. Y hoy por hoy, parte de esa actualidad es ella misma, con el furor de su biopic. Y nada más Moria que eso.


Más de cuatro décadas después de aquel primer programa propio, la historia se parece menos a una carrera televisiva tradicional que a una sucesión de vidas profesionales dentro de una misma vida. Moria fue vedette, actriz, conductora, entrevistadora, protagonista de ficciones, participante, jurado y polemista. Pasó por programas que hicieron historia y por otros que quedaron en el camino. Cambió de canal, cambió de formato, cambió de horario y cambió de personaje. Pero hubo algo que nunca cambió: esa capacidad casi instintiva para entender que la televisión, antes que nada, es presencia.
Porque quizás ahí esté el secreto de su permanencia. En una pantalla que se renueva cada temporada, que despide figuras y fabrica otras nuevas, Moria Casán sigue siendo Moria Casán. Y eso, después de más de cuarenta años de cámaras encendidas, polémicas, aplausos, fracasos y reinvenciones, ya no es solamente una carrera. Es parte de la historia de la televisión argentina.
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CHIMENTOS
Andy Kusnetzoff negó el consumo de cocaína y explicó a qué se deben los movimientos de su mandíbula: “Me pasa desde los 10 años”

La emisión del último sábado de PH: Podemos Hablar, por Telefe, quedó en el centro de la conversación por el cruce que mantuvieron la China Ansa y Santiago Maratea. La discusión alteró el desarrollo previsto para el ciclo que conduce Andy Kusnetzoff, quien también fue señalado en redes sociales, aunque por motivos totalmente distintos: los movimientos involuntarios de su mandíbula que se advirtieron durante algunos pasajes del programa y entrevistas posteriores.
Las imágenes circularon durante el fin de semana y derivaron en especulaciones sobre el conductor. Este lunes, el propio Kusnetzoff eligió abordar el tema al aire de Perros de la calle, su programa radial. Lo hizo después de que Nicolás “Cayetano” Cajg le comentara que sus apariciones en videos breves y publicaciones de redes sociales se habían vuelto frecuentes.
“Yo te juro que a todos les digo: estoy tratando de bajar de perfil. Todavía no lo logro”, respondió el conductor, con humor, ante la observación de su compañero.
El intercambio derivó hacia los comentarios que recibió tras la emisión de PH. En ese punto, Kusnetzoff le pidió disculpas a Cande Molfese, quien participa de la mesa del ciclo radial y, según relató, suele responder consultas de personas que le preguntan si el conductor consume drogas.
“Primero le quiero pedir disculpas a Cande Molfese”, expresó Kusnetzoff, sin dar precisiones. Entonces, explicó el motivo: “Tuvimos una charla muy seria una vez y es la encargada de explicarle a la gente que yo no tomo cocaína ni nunca tomé. Y realmente no la está pasando bien”.
Molfese confirmó que recibió mensajes y preguntas durante el fin de semana. “Me pasé todo el fin de semana dando explicaciones. La gente me llama, me pregunta. Digo: ‘No, chicos, Andrés no consume cocaína’”, sostuvo.
Kusnetzoff aprovechó el momento para enviarle un mensaje a su madre y desmentir de forma directa las versiones: “Mamá, quedate tranquila, nunca probé la cocaína”. Incluso apeló a una broma para descomprimir la conversación: “Cuando dicen raquetazo es porque estoy jugando al tenis. Empecé de grande (el deporte) y es verdad”.
El conductor señaló que los movimientos que se vieron durante los últimos días no favorecieron la lectura que hicieron algunos usuarios. “No me están ayudando los tics”, admitió cuando Cajg mencionó el tema. Más adelante, ante una pregunta de Manu Viale, detalló que se trata de una situación que atraviesa desde la infancia.
“Son nerviosos. Tics tengo desde los 10 años”, aseguró Kusnetzoff. El periodista y conductor explicó que se trata de manifestaciones que pueden intensificarse en períodos de tensión y que no siempre percibe en el momento en que aparecen.
“Son épocas. Hay meses y casi años en los que no tengo nada, pero en general tengo muchos”, relató. En el caso puntual de la mandíbula, reconoció que le resulta más difícil de sobrellevar por la atención que genera frente a cámara. “Ahora realmente no me está ayudando que sea la mandíbula. Tuve mucho con el cuello. La verdad que la mandíbula…”, sostuvo, dejando la frase abierta.
El conductor también recordó una anécdota de su niñez. Según contó, uno de sus hermanos intentó que sus amigos lo ayudaran a dejar de hacer un movimiento que hacía con la pierna. “Como método pedagógico les dijo: ‘Cuando haga esto, péguenle en la cabeza’”, relató entre risas. “No me ayudó”, concluyó.
Durante la conversación radial, Kusnetzoff vinculó la aparición de los movimientos con el clima que se generó en el estudio durante la grabación de PH. La emisión del sábado estuvo atravesada por un enfrentamiento entre China Ansa y Santiago Maratea, una situación que obligó a interrumpir el ritmo habitual del programa para evaluar cómo continuaba la grabación.
“Cuando uno está más tenso, empeora”, explicó el conductor. Consultado sobre si advierte cuándo aparecen los tics, respondió que hay momentos en los que sí logra identificarlos, en especial si alguien le señala el tema, aunque aclaró que no siempre sucede.
Kusnetzoff también reflexionó sobre la asociación que algunas personas hacen entre su forma de hablar, su nivel de actividad y un supuesto consumo de sustancias. “No me ayudó haber trabajado tanto en los ’90 con un montón de gente”, señaló, en referencia a una época en la que varias figuras del medio hablaron públicamente de sus consumos.
Aun así, sostuvo que no tiene intención de entrar en una discusión con cada usuario que difunda esas versiones. “¿Qué querés que haga? Te juro que lo contaría, porque a esta altura sería un problema de negación y adicción fuerte, que no lo es”, afirmó.
El conductor agregó que entiende de dónde surgen algunas interpretaciones, aunque insistió en que no tienen relación con su experiencia personal. “Tengo una personalidad que vos me ves y coincide mucho con alguien que está acelerado. Más los tics, más la sinusitis, que tomo la gotita para la nariz. Hay un momento donde tiene cuatro patas y lo entiende”, expresó con ironía.
Hacia el final de la charla, Kusnetzoff aseguró que las especulaciones no le generan un conflicto personal. “La verdad que eso a mí no me importa. Me dio gracia, me reí. Le iba a poner un like, no lo hice porque no da”, comentó.
Cajg coincidió en que el foco debería estar puesto en la manera en que se habla de personas que podrían atravesar consumos problemáticos. “El trato de alguien que por ahí tiene una adicción no es el mismo”, planteó el co-conductor de Perros de la calle, como dando a entender que no se trató de buena manera la supuesta adicción.
Kusnetzoff insistió en que no consumió cocaína y consideró que, de haber existido un problema de ese tipo durante tantos años, habría sido imposible ocultarlo. “Creo que desde que me lo dijeron hasta que llegamos acá, pasaron 30 años. Ya se me notarían los síntomas”, remarcó.
La explicación del conductor llegó después de un fin de semana en el que el debate por el cruce entrela China Ansa y Santiago Maratea se mezcló con la atención sobre sus gestos frente a cámara. En la radio, Kusnetzoff eligió referirse a ambos temas desde el humor, aunque dejó una definición clara sobre los movimientos involuntarios que lo acompañan desde chico.
CHIMENTOS
Fue el número uno absoluto de su rubro, se hizo famoso, dijo que tuvo un romance con Graciela Alfano, cayó en desgracia, ahora atiende a domicilio y ataca: «Los que me forrean…»

No son artistas, no. No son actores, ni actrices, ni imitadores, ni cantantes, ni modelos. Tampoco son periodistas, no. No son conductores, ni panelistas, ni noteros ni columnistas. No son nada de eso, pero también son famosos y habitan la televisión, la radio, ahora los streaming y los distintos medios de comunicación. Pueden ser diseñadores, abogados, médicos o, como en este caso, peluqueros, verdaderos maestros en la atención del peinado y las melenas de las estrellas y, a la postre, tan reconocidos y queridos como las figuras.
«Peluqueros puede haber muchos, pero el número uno, el mejor de todos, el indiscutido que estuvo a la venguardia y le sacó una luz de ventaja al resto, siempre fue Ruben Orlando» se dijo en el ambiente durante muchos años. Y eso que tenía competencia: el maestro Miguelito Romano, el megamediático Roberto Girdoano, el polémico, amable y excelente peluquero Fabio Cuggini, el histórico Angelo Milano, los Vernucci, los reconocidos Pino, Leo y Lina y «siguen las firmas». Pero Ruben Orlando, para muchos, un escaloncito por arriba.
Joven, apuesto, talentoso, dueño de una personalidad avasallante y compradora, carismático, frontal, Ruben Orlando empezó a ser una figura interesante para los famosos -que querían atender sus caballeras con él- como para el público, ávido de verlo, de escucharlo para, de paso, aprender alguno de sus secretos. Sus visitas a la tele se empezaron a multiplicar.
Y como todos los que van a la tele, conoció la popularidad pero también los escándalos. Alguna vez, hace ya un buen tiempo, se cruzó mal con Graciela Alfano, nada más y nada menos que una de las grandes divas de la Argentina y para muchos la mujer nacida en este país más bella de todos los tiempos. Le hizo una serie de acusaciones y dijo que habían sido novios, o que habían tenido algo. Ella desmintió todo, incluso lo del romance.
FUE UN NUMERO UNO, DIJO QUE FUE NOVIO DE GRACIELA ALFANO, CAYO EN DESGRACIA Y AHORA ATIENDE A DOMICILIO
Pero así como supo conocer la buena vida, los manjares, los viajes y la casa abierta de divas y luminarias, Ruben Orlando también supo lo que era el ostracismo. Incluso, en un momento se tuvo que ir a vivir a Brasil y terminó viviendo en una favela, donde contó que llegó a vender manzanas con pochoclos para sobrevivir. «Lo hice y no se me cayeron los anillos» contó alguna vez.
Rubén Orlando volvió, otra vez pasó por la tele, otra vez se vio envuelto en alguna que otra discusión, y después tuvo un período de silencio. Ahora reapareció en sus redes sociales con algunas novedades: se fue a vivir a Buzios, en el estado de Río de Janeiro, y avisó que atiende a domicilio. Sí, las cosas cambiaron y el hombre que tenía una vida 5 estrellas y rodeado de famosos ahora corta el pelo a domicilio para vivir. Algunos lo criticaron y él atacó por Facebook con dos mensajes: «A los que me forrean porque hoy corto a domicilio espero que jamas se enfrente con un chico armado que lo quiera asaltar» puso en uno, y en el otro escribió «Muchos hablan porque hoy corto a domicilio. A los que me critican les digo cuidado porque la vida no es lineal».

Ruben Orlando, Graciela Alfano
CHIMENTOS
¿Pregunta armada? La China Ansa aclaró de dónde surgió la consulta que desató el escándalo con Santi Maratea en PH

El cruce entre la China Ansa y Santiago Maratea en PH: Podemos Hablar volvió a quedar en el centro de la conversación televisiva. Luego de que se difundiera el intercambio que ambos mantuvieron durante la sección “frente a frente” del ciclo de Telefe, la periodista se refirió al episodio este lunes en A la Barbarossa, donde negó que hubiera actuado con mala intención y rechazó que la producción le hubiera indicado qué preguntar.
La polémica se originó cuando Ansa le planteó a Maratea una consigna vinculada a las personas que aportaron dinero a sus colectas. La periodista le pidió que se pusiera en el lugar de quienes colaboraron económicamente y que explicara qué reclamo se haría a sí mismo. El influencer reaccionó ante la pregunta y el momento se convirtió en uno de los pasajes más comentados de la emisión.
Durante la mañana del lunes, Georgina Barbarossa abordó el tema, y lo abrió al saludar a su compañera de canal y referirse al impacto que tuvo el intercambio. “Qué momento espantoso”, le dijo la conductora, antes de aclarar que no creía que Ansa hubiera formulado la pregunta con una intención hostil.
La panelista coincidió con esa lectura y sostuvo que no le preocupan las interpretaciones que surgieron en redes sociales. “No, absolutamente no”, respondió al ser consultada sobre si había existido mala fe. Luego planteó que esas versiones crecieron a partir de las discusiones que se multiplicaron en las plataformas digitales.
“A mí no me afecta el que piensa si fue con mala o buena intención”, aseguró Ansa. La periodista remarcó que conoce el sentido con el que trabaja y que esa certeza le permite mantenerse tranquila frente a las críticas.
Pía Shaw le propuso que se viera como espectadora de la escena y le preguntó si, después de observar el programa emitido, se reprochaba algo o consideraba que la intervención había sido demasiado extensa. Ansa respondió que suele ser exigente con su propio desempeño frente a cámara, aunque esta vez no modificaría su planteo.
“Yo hice la pregunta que genuinamente me salió en ese momento”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que si el programa volviera a comenzar, formularía la misma consulta. “No la cambiaría”, agregó.
La periodista explicó que en otras ocasiones le cuesta verse porque encuentra aspectos de su trabajo que preferiría hacer de otra manera. Sin embargo, sostuvo que en esta oportunidad no percibió una acción impropia. “Duermo tranquila, con la conciencia tranquila”, expresó.
Ansa también habló de la serenidad con la que intenta atravesar las situaciones de conflicto. “Tengo una templanza que, gracias a Dios, me acompaña a todos lados”, afirmó, antes de señalar que procura conservar la misma actitud en los distintos ámbitos de su vida profesional.
El debate tomó otro rumbo cuando Barbarossa mencionó una versión que había circulado después de la emisión de PH. Según ese trascendido, la producción le habría acercado a Ansa la pregunta que debía hacerle a Maratea. La periodista desmintió esa posibilidad de manera contundente.
“Nadie me bajó ninguna pregunta, nadie me obligó a preguntar”, sostuvo. También negó que hubiera existido una “emboscada” contra el influencer y remarcó que la consulta surgió de ella durante la dinámica del programa.
Pía Shaw intentó precisar que la versión mencionada al aire indicaba que el debate sobre la pregunta había aparecido una vez finalizada la grabación. Pero Ansa volvió a marcar su posición: “A mí no me pasaron ninguna pregunta. Nadie me dijo lo que tenía que decir. Absolutamente no”.
La conversación se tensó cuando Analía Franchín intervino para plantearle una objeción a su compañera. La panelista recordó que días antes Ansa había atravesado una situación personal incómoda a partir de una versión sobre una supuesta relación extramatrimonial, algo que ella había negado y cuestionado por no haber sido corroborado con la fuente involucrada.
A partir de ese antecedente, Franchín consideró que Ansa no había aplicado el mismo criterio en el intercambio con Maratea. “Yo creo que acá vos cometiste el mismo error que Nora Colosimo (quien había filtrado el rumor). No fuiste a la fuente”, le dijo.
La panelista aclaró varias veces que no atribuía una intención negativa a su compañera, pero sostuvo que la pregunta podía interpretarse como un cuestionamiento sobre el destino del dinero reunido en las colectas. “Uno lo está tratando de chorro”, expresó, al explicar por qué entendía la reacción del influencer.
Franchín señaló que, aunque Ansa hubiera mencionado que investigó el tema, no había conversado con la persona que había presentado el reclamo sobre una de las iniciativas solidarias de Maratea. Para ella, ese punto volvía riesgoso el planteo en un contexto televisivo.
Diego Brancatelli intervino para defender a Ansa y recordó que la consigna exigía una respuesta espontánea. “Había que improvisar ahí”, planteó. Franchín respondió que esa condición no habilitaba a instalar una sospecha sobre una colecta vinculada con donaciones.
“Una cosa es que vos improvises teniendo una cosa segura y otra cosa es que des a entender que una persona robó en algo que es una colecta”, sostuvo Franchín. La discusión obligó a Barbarossa a pedir que dejaran terminar a cada uno de los panelistas.
Ante el cuestionamiento, Ansa sostuvo que su pregunta no había tenido como objetivo acusar a Maratea ni validar una denuncia contra él. Según explicó, la dinámica de “frente a frente” consistía precisamente en poner a la otra persona en una situación hipotética para escuchar qué respuesta daría.
“Yo lo único que hice fue preguntarle a la fuente”, respondió Ansa. Para la periodista, el destinatario de la consulta era el propio Maratea, quien tenía la posibilidad de defenderse, cuestionarse o explicar su posición frente a quienes habían participado de las colectas.
Franchín insistió en que el problema estaba en la forma en que se presentó el caso. “¿Qué le dirías a la gente que aportó a ese refugio y no está terminado?”, recordó como parte del planteo que generó la controversia. Ansa corrigió esa interpretación y sostuvo que la pregunta había sido formulada desde un intercambio de roles.
“¿Qué te dirías si vos fueras, en un intercambio de roles, el que puso el dinero?”, explicó. “¿Dónde está la incriminación?”, preguntó luego, al rechazar que hubiera responsabilizado al influencer por alguna irregularidad.
La comunicadora diferenció entre hacer una investigación periodística y proponer una pregunta en el contexto de un juego televisivo. “No es que yo hice una investigación”, señaló, antes de remarcar que no presentó datos ni acusaciones concretas contra Maratea.
Ansa afirmó que, cuando el influencer le preguntó cómo se había informado sobre el tema, respondió que lo había hecho a través de los medios donde trabaja. También reveló que ambos mantuvieron contacto después de la grabación y que existe un vínculo personal entre sus familias.
“Nosotros seguimos hablando todo el fin de semana”, contó. La periodista añadió que ella y su entorno participan de donaciones y que Maratea conoce esa cercanía. Por eso, explicó que la pregunta tuvo el tono de una conversación que podrían haber mantenido fuera de cámaras, “charlando juntos, con un fernet de por medio”.
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