CHIMENTOS
Mostró a su hijo y lanzó un desesperado pedido de justicia por Ángel: el gesto de Lizy Tagliani que impactó a todos

La muerte de Ángel, el nene de 4 años en Comodoro Rivadavia, sigue generando conmoción en todo el país y, en medio del impacto social, fueron varias las figuras que decidieron expresarse. Una de ellas fue Lizy Tagliani, quien eligió hacerlo desde un lugar profundamente personal.
Lejos de los discursos grandilocuentes, la conductora compartió en sus redes sociales una imagen de su hijo adoptivo, Tati, en un momento cotidiano: dibujando, rodeado de colores y en un ambiente de calma. Sin embargo, lo que parecía una simple postal familiar rápidamente cobró otro significado cuando se leyó el mensaje que la acompañaba.
Conmovida por lo ocurrido, Lizy pidió justicia por Ángel y por todos los niños que atraviesan situaciones de vulnerabilidad. “No me corresponde a mí contar su historia porque es de él”, expresó con respeto sobre su propio hijo, pero dejó en claro la necesidad de visibilizar estos casos: reclamó responsabilidades y puso el foco en el derecho fundamental a la vida.
El posteo no tardó en viralizarse. Miles de usuarios reaccionaron tanto a la ternura de la imagen como a la contundencia de sus palabras. En un contexto donde la causa judicial todavía busca respuestas, su mensaje logró conectar desde otro lugar: el de la maternidad y el compromiso.
Lizy también hizo referencia, de manera indirecta, a su propia experiencia con la adopción. Sin entrar en detalles, remarcó que el presente de su hijo es posible gracias al trabajo de quienes intervinieron en el proceso y garantizaron un entorno familiar amoroso. “Hoy vive este momento”, destacó, en contraste con otras realidades más duras.
Ese contraste fue, justamente, lo que más impactó. La imagen de un niño contenido, feliz y rodeado de afecto, frente a la tragedia de otro, puso en evidencia la importancia del rol de los adultos y del Estado en la protección de la infancia.
Mientras la investigación por la muerte de Ángel sigue en curso y se esperan avances clave en la causa, el gesto de Lizy Tagliani sumó una voz más —pero con un peso emocional distinto— al reclamo colectivo. No fue solo un posteo: fue una forma de transformar el dolor en un mensaje claro. Y, sobre todo, de recordar que detrás de cada caso hay una historia que merece ser cuidada.
Lizy Tagliani, Ángel
CHIMENTOS
La voz que viajó del escenario al micrófono: Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes

La voz puede convertirse en un puente hacia otros mundos: puede darle identidad a un personaje, acompañar una historia y quedar asociada para siempre con los recuerdos de quienes están del otro lado de la pantalla. En ese territorio se mueve Juan Balvín, actor de doblaje, locutor, cantante y formador argentino, con más de 14 años de experiencia en la industria de la voz. Desde 2012 participa en producciones de cine, series, animación, documentales y videojuegos para estudios y plataformas internacionales, y habló en exclusiva con Teleshow.
Su recorrido incluye personajes como Adam Goldberg, de Los Goldberg, y Donoso “Oso” Camacho, de Yo-kai Watch, además de otras interpretaciones que le permitieron explorar distintos registros y universos narrativos. En los últimos años, también prestó su voz para Jinu, de Las guerreras K-Pop, y Ben, de The Umbrella Academy, dos trabajos que forman parte de una trayectoria construida entre el entrenamiento vocal, la actuación y la búsqueda de una identidad propia frente al micrófono.
Pero para Balvín, la voz no se limita a reproducir palabras. Su formación como cantante le permitió desarrollar una mirada integral sobre la interpretación, en la que la técnica, la emoción y la construcción de cada personaje se combinan. Esa experiencia también atraviesa su trabajo como profesor de doblaje, español neutro e interpretación, y como mentor de profesionales que buscan abrirse camino en una industria que exige preparación, sensibilidad y constancia.
—¿Cómo descubriste tu vocación por el doblaje?
—Fue un descubrimiento sin querer. Desde chico me conectaron mucho las películas, las narraciones y los audiolibros. Crecí escuchando unos casettes con historias de una editorial argentina muy antigua. Todo eso fue formando algo en mí. Cuando entré en contacto con el mundo de las películas, los videojuegos y la lectura, empecé a acercarme a la actuación, a la ficción y a la posibilidad de hacer personajes con la voz. También empecé a cantar a los seis o siete años, así que la voz siempre fue un hilo que estuvo dando vueltas. Después se trató de caminar y encontrar esas pistas.
—¿Había alguien en tu familia relacionado con este mundo?
—No profesionalmente. Mis padres cantaban, pero como hobby. Tampoco se se dedicaban a nada relacionado al doblaje, así que fue muy interesante encontrarme con esta pasión. Había una guitarra en casa y la música estaba presente. A su vez, ellos son de Perú y, cuando vinieron acá, yo nací en 1989, en La Boca. Además, en casa se hablaba todo con la “ye”, que es un fonema que se utiliza en el español neutro. Para mí, ese aprendizaje fue muy útil cuando hice mi primer curso de español neutro en la Argentina. Me encontré con que ya tenía incorporado el recorrido vocálico necesario para trabajar con ese registro. Después me faltaba toda la parte de actuación, pero esa base ya estaba.
—¿Cómo recibieron tus familiares la decisión de dedicarte a esta profesión?
—Al comienzo siempre aparece cierta rispidez o esa preocupación de: “No sé si vas a morir de hambre, pibe”. Con los años, entendí que muchas veces son cosas que te dicen por amor. Es lógico. Como padres, uno siempre tiende a pensar lo mejor para sus hijos. Después pasaron los años y recuerdo cuando mi padre vio por primera vez un documental de Discovery Home & Health en el que yo le había puesto la voz a un médico, creo que era nutricionista. Me escuchó y me preguntó: “¿Eso sos vos?”. No podía creerlo y hasta se emocionó un poco. Ahí entendió mejor a qué me dedicaba. A mi mamá también le pasó algo parecido cuando le mostraba algunos trabajos. Eso ocurrió hace más de 14 años. Si tengo que hablar del impacto más grande, fue pasar de cobrar 5.000 pesos por mi trabajo en esa época, en 2011, a recibir mi primer cheque de doblaje. Fue decir: “Me estoy jugando por esto”.
Previo a eso, yo trabajaba haciendo mantenimiento de electricidad en una multinacional, con todo bastante establecido. Pasar de eso al doblaje fue un giro radical. Pero el pulso de la vida te lleva a tomar ciertas decisiones y creo que, con el tiempo, esas decisiones terminan trazando el rumbo.

—También sos músico. ¿Cómo convivieron la música y el doblaje a lo largo de tu carrera?
—La música llegó a mí desde muy chico porque empecé a cantar cuando tenía seis o siete años. Después tuve durante varios años una banda de nü metal y salí de gira. Al mismo tiempo, estudiaba la carrera de locución y empezaba a trabajar como actor de doblaje. Mis primeros trabajos fueron apareciendo mientras hacía todas esas cosas. Fue un período muy vertiginoso y la música siempre estuvo presente porque la voz era el universo que sostenía todo lo demás.
—¿Qué tiene de especial el doblaje?
—Yo conocí el doblaje cuando era muy chico, viendo Digimon, Dragon Ball, Alf y Pokémon. Esas series tenían algo muy especial: tus personajes favoritos hablaban en tu idioma y eso generaba una conexión diferente. No me remito solamente a lo que aparece en pantalla, sino también a las sensaciones y al momento de la vida que compartía con esas historias. Recuerdo tomar la chocolatada mientras miraba esos programas cuando era niño. Todo eso me lleva a un momento feliz de mi vida. Entonces me preguntaba cuánto podía hacer yo con mi voz y cuánto podía conectar con otras personas al darle voz a un personaje. Si la historia estaba bien contada, podía generar algo parecido a lo que esas series habían provocado en mí. Ese es el pulso de mi pasión.
—¿Cuál fue tu primer trabajo como actor de doblaje?
—Mi primer trabajo fue interpretar a un abogado criminalista para Investigation Discovery. Tenía dos líneas. El personaje casi no hablaba. Pero me fui muy feliz porque había logrado grabar profesionalmente mi primer bolo. Fue una sensación inexplicable e inolvidable. Por otro lado, el personaje que después me ayudó a entrar más en la rueda fue Paul Junior, de American Chopper, un reality sobre motociclistas que fabricaban motos. Hay un meme dando vueltas sobre ese programa. Aprendí muchísimo con ese trabajo.

—¿Qué tan difícil fue ingresar a la industria del doblaje en la Argentina?
—Era otra época. Antes de la pandemia, la vida social y la manera de trabajar eran diferentes. Íbamos a grabar a estudios que podían tener hasta 17 salas. Eran laboratorios de doblaje, pero también espacios de encuentro. Hablábamos sobre los materiales que íbamos a grabar, compartíamos ideas y muchas veces les dábamos un plus a los trabajos desde esos intercambios. También era más fácil acercarse. Uno podía pedir permiso y decirle al director: “¿Puedo pasar cinco minutos para ver?”. Te dejaban entrar, te quedabas un rato y quizás te preguntaban si querías dejar un registro de voz. Si lo que hacías estaba bueno, podían llamarte para grabar al día siguiente o durante la semana.
Hoy es más complicado porque muchas grabaciones dejaron de ser presenciales y el trabajo se volvió más virtual. Hay que generar lazos y conexiones de otra manera. La dificultad está en que ya no existe tanto ese contacto cotidiano dentro de los estudios.
—¿La manera de trabajar y de cobrar es igual en la Argentina que en otros países?
—El doblaje es una industria grande, aunque muchas veces se lo trata como si fuera un nicho que poca gente conoce. Es un trabajo que viene de la actuación y quienes lo hacemos somos actores de voz. En la Argentina estamos dentro de la Asociación Argentina de Actores y Actrices. Durante muchos años se trabajó para defender la ley del doblaje y ordenar la actividad. Hace tiempo se había legislado, pero no se había gestionado todo lo necesario para que funcionara. Cuando eso avanzó con la ley 23.316, permitió ordenar bastante el trabajo. Antes había acuerdos entre privados, se cobraba con cheques y muchas veces los pagos se demoraban. El trabajo colectivo permitió establecer otras condiciones, cobrar por banco y fijar plazos para las empresas que forman parte de la cámara.
El doblaje se paga por loop y por la citación mínima. Después, si un producto se comercializa en otro territorio o se utiliza para una campaña, eso corresponde a otro contrato. Si el material se amplía para Latinoamérica o para la Argentina, tienen que avisarte, firmar otro acuerdo y establecer nuevos honorarios.

—¿Eso ocurrió con tu participación en la película Las guerreras K-pop?
—El doblaje de la película fue una cosa y se pagó cuando grabamos el largometraje. Después, cuando apareció la acción comercial de una cadena de comida rápida y Netflix, se trató de otra contratación. A comienzos de año grabamos las publicidades para el mercado hispanoparlante de Estados Unidos y después se renovaron para toda Latinoamérica. Esas campañas son como recompensas que aparecen a partir de un trabajo anterior y se manejan de otra manera.
—La película Las guerreras K-pop continúa siendo un fenómeno. ¿Cómo recibiste esa propuesta?
—Fue una linda sorpresa. Uno se entrena, se prepara y trabaja para que las oportunidades lo encuentren listo. En este caso, siento que no solamente yo, sino toda la industria argentina, estuvo a la altura. Yo no tuve casting. Por lo que hablé con la directora, me dijeron: “Sos vos, Juan. Necesitamos que estés vos”. Tal vez tuvo que ver con mi rango vocal, con la amplitud que puedo alcanzar y con el entrenamiento que tengo por trabajar tanto con la voz y con las canciones. Además, llegó en un momento en que la cultura coreana y el K-pop estaban atravesando una etapa de mucha popularidad. Siento que estas historias hacen que la gente conecte más. Los personajes tienen una psicología y un recorrido que permiten contar una historia interesante.
Por otro lado, es un mensaje para las productoras y para quienes trabajan en la industria: acá se hace buen doblaje. La calidad no debería ser un motivo para que el trabajo se vaya al exterior.

—¿Te gustaría seguir trabajando en proyectos vinculados con la cultura coreana?
—Sí, y ya me llamaron para otros trabajos. No es tanto una cuestión de animarme o no: si aparece un proyecto, lo hago y doy todo. Hace poco me convocó una editorial muy importante de la Argentina para grabar un libro sobre la cultura coreana, aunque desde su costado mitológico. A partir de la película también surgieron otras oportunidades. Puedo enumerar varias cosas que aparecieron este año y que estuvieron relacionadas con la popularidad de la película. Estoy muy agradecido por este momento.
—A lo largo de tu carrera interpretaste muchos personajes. ¿Cómo trabajás para que cada uno tenga una personalidad propia?
—Al comienzo de mi carrera era un desafío porque no tenía una técnica actoral. La fui desarrollando con los años, con maestros y maestras, y a través del trabajo con distintas personas. Encontré una clave: todos los cuerpos son diferentes. La manera en que me paro frente al micrófono y la voz que utilizo también cambian de acuerdo con el personaje. Hay algo de la corporalidad que se transmite más allá de lo que uno puede hacer solamente con la voz.
Cada personaje tiene una psicología, un conflicto y un propósito. Tengo que entender cuáles son sus obstáculos, qué quiere hacer y qué preguntas necesita responder. Todo eso me da un anclaje para arriesgarme, probar una toma y avanzar en una dirección determinada. Para mí, la clave es volver a la fuente, es decir al doblaje original, conectarse con algo más grande y alimentar el imaginario para llevar verdad a las palabras.

—¿Cuál fue el personaje más difícil de encarar?
—Creo que fue Jinu. Fue el más complicado porque atraviesa muchas facetas de la película y tiene una dualidad muy marcada. Por un lado está Jinu, el miembro de los Saja Boys, el carilindo, con todo lo que eso implica. Por otro, aparece su verdadera cara: un demonio atravesado por la culpa de no haber podido salvar a su aldea. Fue difícil porque tenía que construir muchas capas. Tuve que trabajar con el cuerpo, volver al imaginario y regresar varias veces sobre el personaje. Fue un ejercicio hermoso y creo que me hizo mejor actor.
—¿Sentís que el público argentino valora más a los actores de doblaje del país?
—Creo que todavía no se sabe demasiado. Mucha gente me dice que no sabía que ciertas producciones se habían doblado en la Argentina. México suele ser considerado la meca del doblaje, aunque acá se trabaja desde hace muchísimos años. Incluso, el primer doblaje fue argentino. En nuestro país ya existían los radioteatros, con actores y actrices interpretando detrás de un micrófono. Esa experiencia fue una base importante para el desarrollo del doblaje. Por otro lado, México tiene muchos eventos, convenciones y actividades vinculadas con los cómics y el doblaje. Eso les dio una visibilidad importante. Creo que nosotros podríamos tomar algunas de esas ideas. Acá somos un poco tímidos para ese tipo de actividades.
Las guerreras K-pop están tomando la posta y lo celebro mucho. A las dobladoras las veo viajando y participando de eventos, y me encanta que estén a full porque son nuestras representantes. Cada vez que van a otro país, representan a las guerreras del doblaje argentino. Si eso ayuda a que más personas sepan que acá se hace doblaje y que se hace con calidad, bienvenido sea.

—¿Qué mito del doblaje te gustaría derribar?
—Que se paga muy bien. Mucha gente piensa que nos llenamos de plata y que somos millonarios, pero no es así. Es un trabajo como cualquier otro, con sus dificultades, y también está atravesado por la realidad del país. Hoy tenemos la inteligencia artificial, el aumento del dólar y empresas que pueden elegir trasladar su producción a otros lugares. Todo eso genera incertidumbre y puede hacer que los presupuestos bajen. A nosotros nos corresponde seguir trabajando con firmeza, dar lo mejor, ser humanos y defender colectivamente aquello que amamos. Nadie se salva solo.
—¿Qué proyecto o logro sentís que todavía te falta cumplir?
—Estoy dispuesto a cualquiera que venga. Mi cabeza no está tan puesta en el futuro, sino en el presente. En cambio, si estoy presente y atento a lo que estoy atravesando, puedo generar más empatía con quienes están tomando decisiones, como alguien que se pregunta si debe dejar una carrera o continuarla. Ahora, si tengo que decir algo concreto, me gustaría que dentro de cinco o diez años pudiera tener un hijo y estar en la playa con mi esposa, disfrutando de una vida simple. No aspiro a mucho más que a eso.
—¿Qué consejo le darías a alguien que quiere seguir tus pasos?
—Para mí es importante que se mantengan fieles a sí mismos y que no vendan sus valores. Eso es lo principal.
Juan Balvín,Doblaje
CHIMENTOS
Virginia de Bandana enfrentó las críticas por su novio 19 años menor y lanzó una frase letal: “Les toca el ego a los hombres”

Virginia Da Cuhna está pasando por un gran momento emocional ya que está en pareja con Samir Jaliff, un dj y productor musical que es 19 años menor que ella. Tras confirmar su relación, la integrante de Bandana tuvo que enfrentar muchas críticas, especialmente de varones. Durante una entrevista reciente, habló de estos comentarios negativos. y explicó qué fue lo que la enamoró perdidamente de su nuevo galán.
«Las críticas vienen más de los hombres que tienen 30 o 40 años, que creo que les toca el ego. Porque la realidad es que yo he estado con hombres de diversas edades. Y lo normal es pensar, ‘¿cómo te puede contener o proveer alguien menor?«, expresó en un diálogo con Catalina Dlugi. Allí aseguró que siente que su pareja tiene mayor madurez emocional que muchos hombres de la edad de Virginia y esto fue lo que la sedujo.
En este sentido, la artista dijo que los varones mayores terminan siendo una jaula para la mujer y que no las dejan ser, provocando el fracaso total de las relaciones. «Está todo bien, pueden proveer materialmente, pero yo creo que hoy la mujer necesita que ese proveer sea también emocional. Y yo lo encontré en alguien mucho más joven. Tampoco es un chico de veinticinco cualquiera«, opinó.
Por otro lado, Virginia reveló que lo conoció tras separarse y que estaba buscando vivir cosas nuevas. «Me había separado y estaba en esas ganas de permitirme de nuevo hacer todo de nuevo, animarme a cosas que no me había animado. Tenía ganas de volver a divertirme. Había aprendido a dejar de autoexigirme y disfrutar más. Y apareció él y sentí que era el compañero indicado para esta nueva etapa», cerró.
LA NUEVA VIDA DE VIRGINIA DE BANDANA
En la misma entrevista, Da Cuhna se refirió a los cambios que atravesó tras estar viviendo este nuevo romance. «Como buena geminiana con luna y ascendente en Sagitario, tengo una naturaleza muy aventurera, de exploración y de regeneración. El hecho de hace seis años y medio estar en Mendoza viviendo… Como que acudió un llamado interno mío de estar en crisis viviendo en Buenos Aires hace tiempo, donde me sentía así como apagada«, confesó.
A su vez, la cantante recordó la anorexia que tenía en la época de Bandana y destacó que actualmente recuperó la confianza y el bienestar con su cuerpo. En aquel momento, pesaba 44 años y estaba muy presionada por los estándares estéticos de belleza.«Me veo, me siento y me veo mucho mejor hoy, con el cuerpo como más robusto que en ese momento, que además tenía tres pelos locos, no tenía curvas porque realmente tenía el cuerpo de una niña«, expresó.
Virginia, Bandana
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Carolina Kopelioff habló de Cautiva, la serie inspirada en un caso de abuso: “La mente no puede borrar algunas heridas”

Carolina Kopelioff protagoniza Cautiva, una serie que sigue 14 años en la vida de una mujer sometida a una situación de aislamiento, violencia y manipulación. En diálogo con Teleshow, la actriz habló de la preparación para encarnar a Clara, la conversación que mantuvo con la sobreviviente cuya historia inspiró la ficción y el impacto que le produjo el resultado final.
La intérprete, que también participó de producciones como En el barro, La gaviota y Catedrales, explicó que el relato le propuso un reto particular: construir la transformación física y emocional de un personaje desde los 18 hasta los 32 años. Para eso trabajó con ensayos, una coach de actuación y una línea de tiempo que le permitiera ordenar cada etapa del proceso, junto a las directoras de la miniserie, Paula Hernández y Jazmín Stuart.
—¿Qué te atrajo de Cautiva y de la posibilidad de contar esta historia?
—Primero, la historia me pareció espectacular. Los libros, la directora, todo el equipo. Contar 14 años de una persona ya es un condimento muy desafiante, pero además se trata de alguien que crece en la tortura y el encierro. Era un desafío actoral absoluto.
—¿Cómo fue el trabajo previo para encarnar a Clara?
—Primero, mucho trabajo sola y con coach, meses antes de empezar a filmar. Me volví loca haciendo líneas de tiempo porque la serie acompaña el presente, pero también va al pasado, y ese pasado va avanzando. Para una actriz, ordenar esos tiempos es un quilombo. Era muy importante ser precisa, porque cada etapa tenía un cambio. Cada año que pasaba era como un nivel más de lavado de cerebro. Había que contar la transformación en el cuerpo y en la cabeza de una persona atravesada por la tortura.
—¿Investigaste el caso real que inspiró la ficción?
—Sí. Me enteré de este proyecto hace varios años porque los productores de la serie me habían contado que se estaban acercando a este caso. Es parte de nuestra historia y se sabe poco. Yo no tenía idea de este caso. Cuando llegó la audición, empecé a investigar. Hay mucha información en internet y videos de las personas reales. Después, con los libros, me fui enterando de más cosas.

—También pudiste hablar con Silvia Albarenque, la sobreviviente. ¿Qué significó ese encuentro?
—Sí, Silvia, la sobreviviente junto a Victoria, la productora, y eso para mí fue esencial. Se abrió muchísimo conmigo, me contó un montón de cosas y yo pude preguntarle otras tantas. “Esa charla para mí fue un tesoro”. Fue muy conmovedora.
—¿Ella acompañó y autorizó que su historia llegara a la pantalla?
—Sí, por supuesto, hubo una intención muy clara de preguntarle y de contar la historia con su consentimiento. Ella dijo que sí. Creo que hay una sensación de satisfacción en que el horror se convierta en algo más transformador.

—¿Sentís que pudo reconstruir su vida después de todo lo que atravesó?
—Creo que muchas cosas sí. La serie tiene una luz al final del túnel, habla de valentía, de recuperar la fe en una misma y de encontrar una red para salir de una situación de vulnerabilidad, violencia y tortura. Hay elementos ficcionales, porque no todo lo que aparece en la serie sucedió de esa manera, pero sí creo que ella pudo reconstruirse muy de a poco. Volvió a entender sus gustos, qué le gustaba comer, escuchar música o tener contacto físico desde una caricia y un abrazo. Son cosas que nos parecen comunes, pero para ella implicaban volver a vivir. Kopelioff señaló que “el cuerpo no puede borrar algunas situaciones y la mente tampoco”, pero por suerte pudo volver a encontrarse con ella misma.

—¿Qué sentiste cuando llegó la propuesta para hacer el casting?
—Tenía muchas ganas de hacerlo. Es una serie que yo vería como espectadora y eso no siempre pasa. Me gusta este tipo de historias y, además, saber que estaban Paula y Jazmín me generaba muchas ganas de trabajar con directoras a las que admiro profundamente. Me parecía un desafío enorme y sentía que quería atravesarlo. Primero hice un casting sola y después hice otro junto con Lorena Vega. Ahí hicimos un poco de trampa porque nos juntamos antes para prepararlo.
—¿Cómo fue ese encuentro con Lorena Vega?
—Encontramos un hueco imposible en nuestras agendas, un sábado temprano, y nos reunimos en un café. Nos conocíamos de otros trabajos, aunque no éramos tan cercanas. Fue como decirnos: “Dale, equipo, vamos a hacer esto juntas”. Después llegamos a la audición con esa energía, con ganas de quedar las dos y de hacerlo en conjunto. Sentirnos en equipo desde el comienzo fue el punto de partida.
—¿Dónde filmaron?
—En Buenos Aires, durante septiembre, octubre y parte de noviembre del año pasado. Para los exteriores buscaron lugares que dieran una sensación más de pueblo. El convento, por ejemplo, estaba en el medio del barrio de Flores, había que ocultar los edificios con croma para que no se vieran y el entorno pareciera otro. El equipo de arte construyó un convento, una locura. El vestuario, el maquillaje y el pelo fueron fundamentales para contar el paso de los 18 a los 32 años, con todo lo que sucede en el medio. Fue un trabajo enorme.

—¿En qué proyectos estás trabajando ahora?
—Estoy ocupada con los estrenos y voy a participar de algunos shows de Casi Ángeles, porque me invitaron a formar parte de las fechas en el Movistar Arena, México y otros lugares. Me pareció un gesto muy lindo para agradecerle a la gente que sigue conectada con ese proyecto desde hace 10 años. También terminé hace dos semanas una película policial que filmé en Córdoba. Ojalá que lo próximo sea una historia de amor o algo un poco más relajado, aunque a mí me encanta hacer estos proyectos. Además, sigo con Un tiro cada uno, dirigida por José María Muscari. Terminamos una temporada en Timbre 4 y en noviembre viajaremos 10 días a Europa para participar de festivales. Tener esa obra con mis amigas me da oxígeno y me permite seguir entrenando.
—¿Qué devoluciones recibiste tras las primeras proyecciones?
—Por suerte, a los periodistas que vieron la serie les gustó mucho. En la premiere se proyectó el primer capítulo y la gente estaba muy contenta. Con el equipo también hubo una recepción muy buena. Sí apareció mucho una palabra: “Fuerte”. Porque es una historia impactante e inquietante. Para mí tiene algo de terror psicológico, sobre todo hacia el final del primer capítulo.
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