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Nélida Lobato, la mujer que conquistó París y murió en silencio: a 44 años de una despedida que todavía duele

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Este video presenta una actuación de Nélida Lobato en el programa de Televisión Nacional de Chile ‘La Gran Noche’ de 1981, conducido por Antonio Vodanovic.

Hay nombres que no se apagan. Que, incluso cuando el telón cae y las luces se extinguen, siguen respirando en la memoria colectiva como una música persistente. Nélida Lobato es uno de ellos. Y este 9 de mayo, cuando se cumplen 44 años de su muerte, su historia vuelve a desplegarse con la intensidad de una vida que fue, al mismo tiempo, deslumbramiento y herida.

Había nacido como Haydée Nélida Menta el 19 de junio de 1934, en el barrio de Saavedra, ese territorio de entonces veredas anchas, eucaliptos y tardes interminables en el Parque Saavedra, donde alguna vez jugó sin imaginar que su destino estaría atado a los escenarios más exigentes del mundo. Era, según quienes la conocieron en esos primeros años, una chica tranquila, casi tímida, de modales suaves, con una belleza que todavía no sabía que era su llave.

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La vida, sin embargo, no le ofreció un camino fácil. La muerte de su padre cuando tenía apenas nueve años dejó a la familia en la intemperie económica. Hubo que trabajar, crecer de golpe, sostener lo que se pudiera. Terminó sus estudios y más adelante se convertiría en técnica radióloga, una profesión que parecía marcar un rumbo definitivo. Bailar, entonces, no era más que una idea ajena, un territorio desconocido. Hasta que apareció Eber Lobato.

Ese encuentro, casi abrupto, fue el punto de quiebre. Se casaron a los quince días, como si ambos intuyeran que estaban a punto de construir algo que los excedía. Eber vio en ella lo que nadie más veía: un diamante en bruto. Y empezó a pulirlo con una obstinación feroz. Pero los comienzos fueron duros, incluso crueles. Alfredo Allaria, figura indiscutida del espectáculo, la descartó sin titubeos: “Jamás podrá pisar un escenario”. Esa sentencia, que para muchos habría sido definitiva, fue para Nélida apenas el inicio de una resistencia.

Nélida Lobato, ícono y figura indispensable del teatro argentino

Los años que siguieron fueron de pobreza extrema. De noches durmiendo en el suelo. De un hijo, Adrián, que llegó a dormir dentro de una valija improvisada como cuna, en una escena que con el tiempo ella misma recordaría con un escalofrío: una noche, la tapa se cerró y el bebé estuvo a punto de asfixiarse. Eran días sin red, sin certezas, sostenidos apenas por la fe de Eber y una voluntad que todavía no encontraba forma.

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El Maipo la recibió, pero en el último escalón: partiquina, una más del coro, casi invisible. La inseguridad crecía. El talento todavía no encontraba su cauce. Hubo algunas apariciones en televisión, pequeños destellos en programas como Música y fantasía o El show de Andy Russell, pero eran luces breves en una oscuridad persistente. Hasta que Chile cambió todo.

En el Bim Bam Bum de Santiago, ese teatro-cabaret mítico, encontraron por primera vez un espacio para desplegarse sin límites. Lo que iba a ser un contrato de un mes se extendió a ocho. Y fue allí donde alguien los vio. Un enviado del Dinah Shore Show los llevó a Los Ángeles. El salto era impensado: de la precariedad absoluta a los escenarios internacionales.

Estados Unidos fue la consagración. Los Lobato Dancers comenzaron a girar, a crecer, a imponerse. Actuaron en ciudades clave, acompañaron a figuras como Sammy Davis Jr., compartieron escenarios con nombres de peso y, por primera vez, el dinero dejó de ser una urgencia. Compraron una casa en Los Ángeles con jardín: un lujo que hasta entonces había sido un sueño.

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La artista Nélida Lobato realiza una coreografía junto a un grupo de bailarines masculinos y femeninos en una emisión del programa televisivo «La Gran Noche» de TVN, grabado en 1981.

Y en 1964 llegó la consagración definitiva: el Lido de París. Las trompetas sonaron para ella. Nélida Lobato, la chica de Saavedra, era ahora vedette internacional.

El regreso a la Argentina, a fines de los años 60, fue la gran revancha. Carlos A. Petit la convocó para el teatro El Nacional con un contrato que hablaba de éxito: un porcentaje de la recaudación que la convirtió en una de las artistas mejor pagadas del momento. De la miseria a una vida de reyes. De dormir en el suelo a tener propiedades, reconocimiento y un lugar indiscutido en la escena porteña.

A fines de 1969 fue elegida como una de las personalidades del año por la revista Siete Días, que no dudó en destacar: “A los 35 años, Nélida Lobato (1,65 de estatura; 90-48-90) representa mejor que nadie la leyenda de la supervedette internacional en el momento cumbre de carrera. Triunfadora en el Sand’s de Las Vegas y consagrada definitivamente en el Lido de París en 1964, ahora puede enfervorizar a una platea que siguió su trayectoria por los 39 escalones del escenario de El Nacional -más de 600 representaciones-, donde derrochó encanto, sex-appeal y un talento inusual en el ámbito de la revista porteña y mundial”.

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Pero ella fue más allá. Entre 1971 y 1982, Nélida Lobato redefinió el concepto de vedette. No era solo belleza: era técnica, disciplina, una forma de bailar que combinaba precisión y fuego. Donde otras apenas se desplazaban, ella construía coreografías con rigor casi de ballet. Donde otras respondían al molde, ella lo rompía. Se negó a ser un objeto decorativo, exigió calidad en los textos, mostró su vida sin esconderse detrás del misterio que imponía la época. Fue, en ese sentido, una revolucionaria silenciosa.

Nelida Lobato, con cabello rubio voluminoso, bikini decorado y botas rojas, posa con brazos abiertos y boca abierta sobre un fondo rosa
La vedette argentina Nelida Lobato posa con energía en la portada de la revista Siete Días Ilustrados, luciendo un llamativo conjunto de bikini con flecos y botas rojas. (Mágicas Ruinas)

Su figura creció también en el cine y la televisión. Protagonizó ciclos propios, compitió en la franja más dura de la TV y llevó al teatro musical a otro nivel con Chicago, en 1977, uno de los grandes éxitos de la cartelera. Los premios llegaron como confirmación: Konex, distinciones, coronas simbólicas. Pero, sobre todo, el reconocimiento del público.

Pero en paralelo a ese crecimiento, hubo otra historia. Más silenciosa. Más íntima. La de Víctor Laplace.

Se conocieron en una cena, presentados por Beba Bidart. Tenían diez años de diferencia y dos mundos distintos. Él, un joven actor que empezaba a abrirse camino. Ella, una figura consagrada. No fue un flechazo inmediato. Fue algo más lento, más profundo: largas conversaciones, afinidades que se iban revelando, una construcción paciente.

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Laplace lo diría años después con una claridad conmovedora: “Lo mejor que hice fue escucharla”.

Nelida Lobato, rubia y con tiara, sentada de perfil en un taburete alto, viste un vestido rosa con lentejuelas y tacones plateados, rodeada de focos de estudio
La icónica vedette argentina Nelida Lobato posa con un vestido de gala y tiara en una sesión fotográfica para la revista Siete Días Ilustrados en diciembre de 1969. (Mágicas Ruinas)

En ese escuchar se fue gestando el vínculo. Nélida, lejos del brillo permanente, mostraba su costado más humano. Un retrato quedó inmortalizado en el relato del actor, el instante en que sintió que estaba enamorado: estaban en el domicilio de ella, de forma natural se sacó las pestañas postizas, ocupó la cocina y comenzó a preparar un bife de chorizo. Podía pasar de la sofisticación absoluta a la simpleza sin transición. Y en ese instante, mínimos pero decisivos, él sintió el flechazo.

Fueron casi diez años intensos. De amor, de discusiones, de reconciliaciones que, según él mismo definía, eran “viajar al cielo”. No era una relación para la foto. Era real, atravesada por tensiones, por carácteres fuertes, pero también por un respeto profundo. Nélida, de algún modo, lo formó. “Aprendí a ser hombre con ella”, diría, reconociendo en esa mujer no solo a una pareja, sino a una guía.

Tenían rituales. Los lunes se vestían elegantes y se iban a cenar fuera de la ciudad. Después, música, vermut, conversaciones. Una vida que, en su esencia, era simple. Pero que tenía el brillo de lo auténtico.

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Hubo un momento que lo marcó para siempre. Un viaje a París. Ella quiso que él viera el lugar que la había formado. Llegaron al Lido. Y en medio de la noche, dos reflectores iluminaron su mesa. “Madame Nélida Lobato”. Ahí, en ese instante, él entendió la dimensión de esa mujer. “Es muy grosa”, pensó. Como si recién entonces pudiera ver la totalidad.

Nélida Lobato y Víctor Laplace, en una publicidad
Nélida Lobato y Víctor Laplace, en una publicidad

Con el tiempo, la relación cambió de forma. Se separaron como pareja, pero no como afecto. Siguieron unidos desde otro lugar, más sereno, más maduro. Y cuando llegó la enfermedad, Laplace volvió a estar. Sin estridencias. Sin necesidad de explicaciones. Porque lo que vino después fue el tramo más oscuro.

A comienzos de 1981, los primeros síntomas. Dolores difusos, señales que no terminaban de cerrar. Una operación que trajo alivio momentáneo. Y el regreso al escenario, porque Nélida no concebía otra posibilidad. Pero en 1982, el cuerpo empezó a ceder.

El deterioro fue rápido. Brutal. Perdió peso en pocos días. Dormía horas interminables. El dolor se instaló como una presencia constante. Aun así, insistía en salir a escena. Se hacía aplicar inyecciones antes de cada función para soportar lo insoportable. Sus compañeros la miraban con una mezcla de admiración y angustia: seguía, incluso cuando todo en ella pedía detenerse.

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Víctor fue testigo de ese proceso. De esa caída progresiva. De ese cuerpo que se iba desdibujando. “Iba desapareciendo”, diría después.

Nelida Lobato brilló en los escenarios del mundo
Nelida Lobato brilló en los escenarios del mundo

Las madrugadas se volvieron un ritual doloroso. A las cinco de la mañana iban a ver al padre Mario, buscando una esperanza que la medicina ya no ofrecía. Cuando la enfermedad avanzó, cuando el dolor se volvió insoportable, apareció la morfina. La moto que llegaba con la medicación. El alivio momentáneo. Y otra vez el dolor. “Se daba vueltas en la cama. Sufría mucho”, recordaría él.

Nélida, que había dominado el escenario con una energía arrolladora, ahora luchaba en silencio contra un enemigo invisible. No quería que la vieran así. No quería despedidas. Quería preservar, incluso en ese momento, algo de su dignidad.

El diagnóstico fue definitivo: cáncer hepático irreversible. Y el tiempo, de pronto, se volvió corto. Un año. Apenas un año desde que todo empezó a desmoronarse. Murió el 9 de mayo de 1982. Tenía 47 años.

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Laplace estuvo ahí. Acompañando hasta el final. Sosteniendo como podía. Entendiendo, en ese tránsito, algo que después nombraría con una sola palabra: soledad.

“La extraño. Me dolió mucho la manera en que se fue”, diría con los años, cada vez que el recuerdo volvía a abrirse.

Además, Nélida Lobato llegó a grabar algunos simples, y este es uno de ellos
Además, Nélida Lobato llegó a grabar algunos simples, y este es uno de ellos

Porque lo que más lo marcó no fue solo la pérdida, sino la forma. La injusticia de una enfermedad que no tenía explicación. Ella no fumaba, no bebía, se cuidaba. Y sin embargo, el cáncer avanzó sin tregua. El final fue, en sus palabras, “horrible”.

Y sin embargo, incluso ahí, en ese último tramo, hubo algo de la esencia de Nélida que no se quebró: la fuerza, la resistencia, esa decisión de no abandonar nunca del todo. Después, el silencio.

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El trono quedó vacío. Pasaron nombres, épocas, estilos. Pero hay algo en la figura de Nélida Lobato que sigue siendo inalcanzable. Tal vez porque no fue solo una vedette. Fue una historia completa: la de la chica de barrio que atravesó la miseria, conquistó el mundo, amó intensamente y enfrentó el final con una dignidad feroz.

A 44 años de su muerte, su imagen sigue ahí. Suspendida en algún lugar entre la memoria y el mito. Como si todavía, en algún escenario invisible, siguiera bailando. Con esa mezcla de precisión y fuego que la volvió única.

Y, sobre todo, como si todavía hubiera alguien —en una madrugada cualquiera— dispuesto a escucharla. Como hizo Víctor Laplace. Como la quiso. Como no dejó nunca de recordarla.

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Yanina Latorre reveló la inesperada pelea de Ángel de Brito con Laura Ubfal: “Guerra total”

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La defiende a capa y espada. Prácticamente se erige en el único que la avala y que le perdona sus modismos. Laura Ubfal suele despertar enconos entre sus compañeras, quienes suelen remarcarle actitudes altaneras. Por eso, Ángel de Brito se distingue de la opinión generalizada sobre la periodista.

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Claro que el talentoso conductor posee un vínculo de varias décadas, inclusive valora que le abrió las puertas en sus inicios en la profesión. Por eso suena altisonante la pelea mediática del periodista con su angelita, que sacó a la luz Yanina Latorre.

La famosa explicó en Sálvese quien pueda el origen de una discrepancia, de un cortocircuito en la relación de Ángel y Ubfal. “Guerra total por el faltazo de Laura, creo que sin aviso, al cumpleaños de Ángel. Esto lo ofendió mucho a Ángel”, exteriorizó en su ciclo de América.

Yanina añadió más detalles de esta trama y sostuvo: “De Brito lo dijo en sus historias de Instagram, donde puso que nunca más la invita”. Así se describió una situación en Bondi Live, la plataforma de streaming, donde Laura se negó a compartir el pase con Ángel.

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ÁNGEL DE BRITO SE CRUZÓ CON LAURA UBFAL

A partir de todo este ruido, SQP buscó al conductor, que no se guardó nada y lanzó munición pesada. “Me enteré al aire que no quería hacer el pase. Ahora no voy a hacer un pase nunca. Ni loco con Ubfal”, bramó con un tono tajante y conciso para demostrar su postura.

Y ante las consultas sobre los motivos que podrían haber influido en Ubfal para no llevar a cabo ese tiempo compartido al aire, Ángel soltó una teoría tremenda: “Qué se yo…será de diva, cosas que se le pegan de (Santiago) del Moro, no sé”. Y para cerrar, De Brito opinó: “Yo la adoro, soy la único que la quiero”.

 

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Yanina Latorre, Ángel de Brito

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Maru Botana recordó la dolorosa muerte de su hijo Facundo: “Se me apagó la luz”

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Maru Botana volvió a hablar de la muerte de su hijo Facundo, fallecido en 2008 a los seis meses por muerte súbita (Video: Instagram)

Dieciséis años después, Maru Botana volvió a hablar de la pérdida que más marcó su vida. En una entrevista en el ciclo Más minas que mamás (Resumido), la cocinera revivió con la voz quebrada los días que siguieron a la muerte de su hijo Facundo, fallecido en 2008 a los seis meses de edad por muerte súbita, mientras ella se encontraba de vacaciones en el sur del país con el resto de su familia. El bebé había quedado en Buenos Aires al cuidado de sus abuelos.

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La noticia llegó de madrugada. Su esposo, Bernardo Solá, fue quien le comunicó lo ocurrido con una frase que Botana no olvidó: “Te voy a decir lo más feo que vas a escuchar en tu vida. Falleció Facu”. Ella misma lo había relatado en una entrevista anterior con Sofi Calvo para Hispa, y en esta nueva charla volvió a ese instante con la misma crudeza: “Fue tremendo. ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos ahora? Yo estaba como que se me apagó la luz. Entendí, pero no tenía seguridad”.

Maru Botana recordó que recibió la noticia de la muerte de Facundo de madrugada, durante unas vacaciones en el sur del país

El viaje de regreso a Buenos Aires transcurrió en un estado que ella describió como de parálisis total. “Estaba zombie, pensando que lo iba a despertar. No podía entender en mi cabeza eso. Que tampoco lo pude entender nunca, viste, esas cosas que decís, ¿por qué?”, expresó ante Juana Repetto y Vicky Gils, las conductoras del ciclo, con la voz entrecortada. La imposibilidad de procesar lo sucedido se extendió durante un tiempo que ella no precisó pero describió como largo.

El impacto físico y emocional de esos primeros días fue tan intenso que Botana no encontraba palabras para dimensionarlo. “Para mí fue un puñal en el corazón. Yo estaba detonada, no podía hablar, me moría”, recordó. Y agregó un detalle que revela hasta qué punto el dolor la desbordó: cuando llegó a ver el cuerpo del bebé, no pudo tocarlo. “Era más fuerte que yo. Preferí recordarlo como era. Fue durísimo”, dijo.

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El desgarrador mensaje de Maru Botana a 16 años de la muerte de su hijo
Maru Botana describió el regreso a Buenos Aires tras la muerte de su hijo Facundo como un estado de parálisis total

La llegada de Facundo a la familia había sido inesperada. Botana lo explicó con una claridad que no dejó lugar a dudas: “Facu no había sido un bebé que lo hubiéramos buscado, para nada. Yo tenía uno que tenía seis meses. Realmente fue para nosotros súper milagroso”. Esa dimensión de lo imprevisto hizo que su pérdida tuviera un peso particular: era un hijo que llegó sin ser buscado y se fue sin aviso.

Uno de los momentos más reveladores de la entrevista llegó cuando Botana habló de las frases de consuelo que recibió en ese período. Las palabras que muchos le decían —la idea de que Facundo se había convertido en un “angelito”— no le generaban alivio. “No pude resolver en mi mente decir: qué lindo tengo un angelito ahí”, admitió. Gils tomó la palabra para acompañar esa reflexión: “Lo del angelito me parece un divague. Es como un premio consuelo de la gente que no sabe qué decir”.

El desgarrador mensaje de Maru Botana a 16 años de la muerte de su hijo
Maru Botana dijo que Facundo fue un hijo inesperado y que esa llegada sin búsqueda marcó también el peso de su pérdida

La decisión de la médica que atendió al bebé también quedó grabada en su memoria. Botana recordó que la doctora le explicó que era previsible que la muerte súbita ocurriera en un momento en que la madre no estuviera presente. “La doctora me dijo que era obvio que se iba a morir cuando yo no esté, buscó el momento para soltar. Yo no sentí culpa de haberlo dejado porque lo dejé en las mejores manos”, contó, en referencia a sus propios padres, quienes cuidaban al bebé esa noche.

La protección de sus otros hijos fue otra de las prioridades que Botana describió en la charla. Intentó que el dolor no los aplastara y eligió no mostrarse quebrada delante de ellos: “Trataba de llorar en otro lado para que no me vieran”. Sin embargo, reconoció que la noticia los afectó de maneras que quedaron grabadas. “En el momento te dicen: ‘¿no nos vemos más?’. Esas cosas que te quedan grabadas”, recordó sobre las preguntas que le hicieron sus hijos cuando les comunicaron la muerte de Facundo al llegar a casa.

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La FIFA le respondió a Egipto por las denuncias de favoritismo a la Selección Argentina: «Es falta»

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Después del escándalo que se desató tras la eliminación de Egipto frente a la Selección Argentina en los octavos de final del Mundial 2026, la FIFA rompió el silencio y salió a responder los fuertes reclamos de la federación africana. Luego de la presentación formal contra el arbitraje del francés François Letexier y el trabajo del VAR, el organismo respaldó cada una de las decisiones que se tomaron durante el encuentro disputado en Atlanta.

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La voz elegida para dar la explicación fue la de Pierluigi Collina, director de la División de Arbitraje de la FIFA, quien analizó las dos jugadas que más polémica generaron: el gol anulado a Egipto y la acción entre Julián Álvarez y Mohamed Salah que derivó en el tercer tanto de la Albiceleste. Lejos de sembrar dudas, el histórico árbitro defendió el accionar del equipo arbitral.

Sobre el gol invalidado a Mostafa Ziko, Collina explicó cómo funciona el protocolo del VAR en este tipo de situaciones. «Cada vez que se marca un gol, el VAR revisa la fase de posesión en ataque. Si se observa una falta en la elaboración de la jugada y se considera que ha influido en el gol, el VAR recomendará una revisión en el terreno de juego», señaló.

El italiano también aclaró que no existe un límite de tiempo o de metros para que una infracción pueda ser sancionada si forma parte de la misma secuencia ofensiva. En ese sentido, fue contundente al justificar la decisión que favoreció a la Selección argentina. «Vimos un ejemplo de esta situación en el Argentina-Egipto, donde el número 19 egipcio, Marwan Attia, pisa claramente al número 6 argentino, Lisandro Martínez. Una falta es una falta», sentenció.

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LA FIFA CONFIRMÓ QUE NO HUBO FAVORITISMO PARA LA SELECCIÓN ARGENTINA

La segunda gran protesta de Egipto estuvo relacionada con un supuesto penal sobre Mohamed Salah en la jugada previa al gol de Enzo Fernández que terminó sellando el 3-2 definitivo. Sin embargo, Collina volvió a respaldar tanto al árbitro principal como al VAR y descartó que existiera una infracción.

«Pisar a un rival es falta. En cambio, si un defensor toca primero el balón y, a continuación, se produce un contacto normal entre los jugadores, no se considera infracción», explicó el ex árbitro, despejando cualquier tipo de polémica sobre la acción que los egipcios reclamaban como penal.

Con estas declaraciones, la FIFA dejó en claro que no encontró errores arbitrales en las jugadas denunciadas por Egipto y ratificó el fallo de Letexier y del VAR. De esta manera, el organismo cerró filas detrás de su equipo arbitral y echó por tierra las acusaciones de favoritismo que habían lanzado desde el país africano tras la ajustada victoria de la Selección Argentina.

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