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CHIMENTOS

Nélida Lobato, la mujer que conquistó París y murió en silencio: a 44 años de una despedida que todavía duele

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Este video presenta una actuación de Nélida Lobato en el programa de Televisión Nacional de Chile ‘La Gran Noche’ de 1981, conducido por Antonio Vodanovic.

Hay nombres que no se apagan. Que, incluso cuando el telón cae y las luces se extinguen, siguen respirando en la memoria colectiva como una música persistente. Nélida Lobato es uno de ellos. Y este 9 de mayo, cuando se cumplen 44 años de su muerte, su historia vuelve a desplegarse con la intensidad de una vida que fue, al mismo tiempo, deslumbramiento y herida.

Había nacido como Haydée Nélida Menta el 19 de junio de 1934, en el barrio de Saavedra, ese territorio de entonces veredas anchas, eucaliptos y tardes interminables en el Parque Saavedra, donde alguna vez jugó sin imaginar que su destino estaría atado a los escenarios más exigentes del mundo. Era, según quienes la conocieron en esos primeros años, una chica tranquila, casi tímida, de modales suaves, con una belleza que todavía no sabía que era su llave.

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La vida, sin embargo, no le ofreció un camino fácil. La muerte de su padre cuando tenía apenas nueve años dejó a la familia en la intemperie económica. Hubo que trabajar, crecer de golpe, sostener lo que se pudiera. Terminó sus estudios y más adelante se convertiría en técnica radióloga, una profesión que parecía marcar un rumbo definitivo. Bailar, entonces, no era más que una idea ajena, un territorio desconocido. Hasta que apareció Eber Lobato.

Ese encuentro, casi abrupto, fue el punto de quiebre. Se casaron a los quince días, como si ambos intuyeran que estaban a punto de construir algo que los excedía. Eber vio en ella lo que nadie más veía: un diamante en bruto. Y empezó a pulirlo con una obstinación feroz. Pero los comienzos fueron duros, incluso crueles. Alfredo Allaria, figura indiscutida del espectáculo, la descartó sin titubeos: “Jamás podrá pisar un escenario”. Esa sentencia, que para muchos habría sido definitiva, fue para Nélida apenas el inicio de una resistencia.

Nélida Lobato, ícono y figura indispensable del teatro argentino

Los años que siguieron fueron de pobreza extrema. De noches durmiendo en el suelo. De un hijo, Adrián, que llegó a dormir dentro de una valija improvisada como cuna, en una escena que con el tiempo ella misma recordaría con un escalofrío: una noche, la tapa se cerró y el bebé estuvo a punto de asfixiarse. Eran días sin red, sin certezas, sostenidos apenas por la fe de Eber y una voluntad que todavía no encontraba forma.

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El Maipo la recibió, pero en el último escalón: partiquina, una más del coro, casi invisible. La inseguridad crecía. El talento todavía no encontraba su cauce. Hubo algunas apariciones en televisión, pequeños destellos en programas como Música y fantasía o El show de Andy Russell, pero eran luces breves en una oscuridad persistente. Hasta que Chile cambió todo.

En el Bim Bam Bum de Santiago, ese teatro-cabaret mítico, encontraron por primera vez un espacio para desplegarse sin límites. Lo que iba a ser un contrato de un mes se extendió a ocho. Y fue allí donde alguien los vio. Un enviado del Dinah Shore Show los llevó a Los Ángeles. El salto era impensado: de la precariedad absoluta a los escenarios internacionales.

Estados Unidos fue la consagración. Los Lobato Dancers comenzaron a girar, a crecer, a imponerse. Actuaron en ciudades clave, acompañaron a figuras como Sammy Davis Jr., compartieron escenarios con nombres de peso y, por primera vez, el dinero dejó de ser una urgencia. Compraron una casa en Los Ángeles con jardín: un lujo que hasta entonces había sido un sueño.

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La artista Nélida Lobato realiza una coreografía junto a un grupo de bailarines masculinos y femeninos en una emisión del programa televisivo «La Gran Noche» de TVN, grabado en 1981.

Y en 1964 llegó la consagración definitiva: el Lido de París. Las trompetas sonaron para ella. Nélida Lobato, la chica de Saavedra, era ahora vedette internacional.

El regreso a la Argentina, a fines de los años 60, fue la gran revancha. Carlos A. Petit la convocó para el teatro El Nacional con un contrato que hablaba de éxito: un porcentaje de la recaudación que la convirtió en una de las artistas mejor pagadas del momento. De la miseria a una vida de reyes. De dormir en el suelo a tener propiedades, reconocimiento y un lugar indiscutido en la escena porteña.

A fines de 1969 fue elegida como una de las personalidades del año por la revista Siete Días, que no dudó en destacar: “A los 35 años, Nélida Lobato (1,65 de estatura; 90-48-90) representa mejor que nadie la leyenda de la supervedette internacional en el momento cumbre de carrera. Triunfadora en el Sand’s de Las Vegas y consagrada definitivamente en el Lido de París en 1964, ahora puede enfervorizar a una platea que siguió su trayectoria por los 39 escalones del escenario de El Nacional -más de 600 representaciones-, donde derrochó encanto, sex-appeal y un talento inusual en el ámbito de la revista porteña y mundial”.

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Pero ella fue más allá. Entre 1971 y 1982, Nélida Lobato redefinió el concepto de vedette. No era solo belleza: era técnica, disciplina, una forma de bailar que combinaba precisión y fuego. Donde otras apenas se desplazaban, ella construía coreografías con rigor casi de ballet. Donde otras respondían al molde, ella lo rompía. Se negó a ser un objeto decorativo, exigió calidad en los textos, mostró su vida sin esconderse detrás del misterio que imponía la época. Fue, en ese sentido, una revolucionaria silenciosa.

Nelida Lobato, con cabello rubio voluminoso, bikini decorado y botas rojas, posa con brazos abiertos y boca abierta sobre un fondo rosa
La vedette argentina Nelida Lobato posa con energía en la portada de la revista Siete Días Ilustrados, luciendo un llamativo conjunto de bikini con flecos y botas rojas. (Mágicas Ruinas)

Su figura creció también en el cine y la televisión. Protagonizó ciclos propios, compitió en la franja más dura de la TV y llevó al teatro musical a otro nivel con Chicago, en 1977, uno de los grandes éxitos de la cartelera. Los premios llegaron como confirmación: Konex, distinciones, coronas simbólicas. Pero, sobre todo, el reconocimiento del público.

Pero en paralelo a ese crecimiento, hubo otra historia. Más silenciosa. Más íntima. La de Víctor Laplace.

Se conocieron en una cena, presentados por Beba Bidart. Tenían diez años de diferencia y dos mundos distintos. Él, un joven actor que empezaba a abrirse camino. Ella, una figura consagrada. No fue un flechazo inmediato. Fue algo más lento, más profundo: largas conversaciones, afinidades que se iban revelando, una construcción paciente.

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Laplace lo diría años después con una claridad conmovedora: “Lo mejor que hice fue escucharla”.

Nelida Lobato, rubia y con tiara, sentada de perfil en un taburete alto, viste un vestido rosa con lentejuelas y tacones plateados, rodeada de focos de estudio
La icónica vedette argentina Nelida Lobato posa con un vestido de gala y tiara en una sesión fotográfica para la revista Siete Días Ilustrados en diciembre de 1969. (Mágicas Ruinas)

En ese escuchar se fue gestando el vínculo. Nélida, lejos del brillo permanente, mostraba su costado más humano. Un retrato quedó inmortalizado en el relato del actor, el instante en que sintió que estaba enamorado: estaban en el domicilio de ella, de forma natural se sacó las pestañas postizas, ocupó la cocina y comenzó a preparar un bife de chorizo. Podía pasar de la sofisticación absoluta a la simpleza sin transición. Y en ese instante, mínimos pero decisivos, él sintió el flechazo.

Fueron casi diez años intensos. De amor, de discusiones, de reconciliaciones que, según él mismo definía, eran “viajar al cielo”. No era una relación para la foto. Era real, atravesada por tensiones, por carácteres fuertes, pero también por un respeto profundo. Nélida, de algún modo, lo formó. “Aprendí a ser hombre con ella”, diría, reconociendo en esa mujer no solo a una pareja, sino a una guía.

Tenían rituales. Los lunes se vestían elegantes y se iban a cenar fuera de la ciudad. Después, música, vermut, conversaciones. Una vida que, en su esencia, era simple. Pero que tenía el brillo de lo auténtico.

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Hubo un momento que lo marcó para siempre. Un viaje a París. Ella quiso que él viera el lugar que la había formado. Llegaron al Lido. Y en medio de la noche, dos reflectores iluminaron su mesa. “Madame Nélida Lobato”. Ahí, en ese instante, él entendió la dimensión de esa mujer. “Es muy grosa”, pensó. Como si recién entonces pudiera ver la totalidad.

Nélida Lobato y Víctor Laplace, en una publicidad
Nélida Lobato y Víctor Laplace, en una publicidad

Con el tiempo, la relación cambió de forma. Se separaron como pareja, pero no como afecto. Siguieron unidos desde otro lugar, más sereno, más maduro. Y cuando llegó la enfermedad, Laplace volvió a estar. Sin estridencias. Sin necesidad de explicaciones. Porque lo que vino después fue el tramo más oscuro.

A comienzos de 1981, los primeros síntomas. Dolores difusos, señales que no terminaban de cerrar. Una operación que trajo alivio momentáneo. Y el regreso al escenario, porque Nélida no concebía otra posibilidad. Pero en 1982, el cuerpo empezó a ceder.

El deterioro fue rápido. Brutal. Perdió peso en pocos días. Dormía horas interminables. El dolor se instaló como una presencia constante. Aun así, insistía en salir a escena. Se hacía aplicar inyecciones antes de cada función para soportar lo insoportable. Sus compañeros la miraban con una mezcla de admiración y angustia: seguía, incluso cuando todo en ella pedía detenerse.

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Víctor fue testigo de ese proceso. De esa caída progresiva. De ese cuerpo que se iba desdibujando. “Iba desapareciendo”, diría después.

Nelida Lobato brilló en los escenarios del mundo
Nelida Lobato brilló en los escenarios del mundo

Las madrugadas se volvieron un ritual doloroso. A las cinco de la mañana iban a ver al padre Mario, buscando una esperanza que la medicina ya no ofrecía. Cuando la enfermedad avanzó, cuando el dolor se volvió insoportable, apareció la morfina. La moto que llegaba con la medicación. El alivio momentáneo. Y otra vez el dolor. “Se daba vueltas en la cama. Sufría mucho”, recordaría él.

Nélida, que había dominado el escenario con una energía arrolladora, ahora luchaba en silencio contra un enemigo invisible. No quería que la vieran así. No quería despedidas. Quería preservar, incluso en ese momento, algo de su dignidad.

El diagnóstico fue definitivo: cáncer hepático irreversible. Y el tiempo, de pronto, se volvió corto. Un año. Apenas un año desde que todo empezó a desmoronarse. Murió el 9 de mayo de 1982. Tenía 47 años.

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Laplace estuvo ahí. Acompañando hasta el final. Sosteniendo como podía. Entendiendo, en ese tránsito, algo que después nombraría con una sola palabra: soledad.

“La extraño. Me dolió mucho la manera en que se fue”, diría con los años, cada vez que el recuerdo volvía a abrirse.

Además, Nélida Lobato llegó a grabar algunos simples, y este es uno de ellos
Además, Nélida Lobato llegó a grabar algunos simples, y este es uno de ellos

Porque lo que más lo marcó no fue solo la pérdida, sino la forma. La injusticia de una enfermedad que no tenía explicación. Ella no fumaba, no bebía, se cuidaba. Y sin embargo, el cáncer avanzó sin tregua. El final fue, en sus palabras, “horrible”.

Y sin embargo, incluso ahí, en ese último tramo, hubo algo de la esencia de Nélida que no se quebró: la fuerza, la resistencia, esa decisión de no abandonar nunca del todo. Después, el silencio.

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El trono quedó vacío. Pasaron nombres, épocas, estilos. Pero hay algo en la figura de Nélida Lobato que sigue siendo inalcanzable. Tal vez porque no fue solo una vedette. Fue una historia completa: la de la chica de barrio que atravesó la miseria, conquistó el mundo, amó intensamente y enfrentó el final con una dignidad feroz.

A 44 años de su muerte, su imagen sigue ahí. Suspendida en algún lugar entre la memoria y el mito. Como si todavía, en algún escenario invisible, siguiera bailando. Con esa mezcla de precisión y fuego que la volvió única.

Y, sobre todo, como si todavía hubiera alguien —en una madrugada cualquiera— dispuesto a escucharla. Como hizo Víctor Laplace. Como la quiso. Como no dejó nunca de recordarla.

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Marixa Balli explotó ante los rumores de internas en Cortá por Lozano: “La tengo al plato”

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Marixa Balli expresó su hartazgo por los rumores de internas y celos en el programa Cortá por Lozano de Telefe (Video: SQP, América TV)

Marixa Balli volvió a estar en el centro de la escena, pero esta vez no por sus opiniones filosas ni por un nuevo proyecto, sino por su visible hartazgo ante los rumores de internas y celos en el programa Cortá por Lozano (Telefe). La panelista, que hace poco tiempo dejó su lugar en LAM (América TV) y se sumó al magazine, perdió la paciencia ante las versiones que circularon en los últimos días, que la señalaban incómoda con la producción y con sus compañeras, especialmente con Evangelina Anderson.

Todo comenzó cuando en SQP (América TV) se habló de una supuesta incomodidad de Marixa por no haber sido elegida para reemplazar a Vero Lozano en la conducción. Según contó Majo Martino, el malestar de Balli habría arrancado hace un mes, cuando Vero se tomó unos días y la producción eligió a Sol Pérez como reemplazo, una decisión que, según la información filtrada, no cayó bien en la intérprete de “La Cachaca”. “¿Por qué no me dicen de conducir a mí?”, habría preguntado Balli al equipo, buscando un lugar que, según la producción, está reservado para Sol Pérez, quien trabajó en el ciclo y hoy es parte de El noticiero de la gente (Telefe).

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La panelista negó sentir incomodidad por no haber sido elegida para reemplazar a Vero Lozano en la conducción del magazine

Pero el runrún no terminó ahí. Ximena Capristo sumó más leña al fuego y aseguró que Marixa estaría “celosa y odiada” con Evangelina Anderson, con quien comparte el panel. Según Capristo, Balli se compara todo el tiempo con Anderson y se molestó porque Evangelina fue elegida para cubrir la previa del Martín Fierro, mientras que a ella no la incluyeron en esa cobertura. “Evangelina suma y Marixa, ¿qué me dicen de adentro? No hace nada. Se sienta y espera hablar de ella”, disparó La Negra, en un tono tan categórico como polémico.

En medio de la ola de rumores, y harta de los comentarios, la producción de SQP decidió hablar directamente con Marixa, quien respondió con furia y sin filtro. “¿Sabés que tengo la conch… al plato? La verdad es que es increíble cómo me pinchan. No sé de dónde salen todas estas versiones, pero la verdad es que es increíble cómo me buscan, me pinchan, me pudren, me superan, me hartan”, lanzó Balli, molesta. “Realmente, cómo tienen ganas de joderme todos los días con un tema. No por ustedes, lo digo por cosas que surgen y que está bien que ustedes vengan y saquen la duda, pero tengo la ‘quetejedi’… te juro que me llega al tercer subsuelo de este canal”, sentenció.

Consultada sobre si le gustaría ocupar el rol de conductora en caso de que Vero Lozano no pudiera estar, Marixa fue tajante: “No sé, te tiene que pasar, no sé. Yo tuve mi programa de cumbia, que ahora es Pasión, que lo conduje muchísimos años, tuve La Isla de Balli, que era mi programa de cable, un programa que conduje y que fue hermoso. Pero no importa. Me rompen mucho las guindas, me buscan mucho todo el tiempo”.

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Marixa Balli se pronunció sobre las versiones que la señalan incómoda con Evangelina Anderson y Sol Pérez en el panel del programa (Video: SQP, América TV)

Sobre la versión que aseguraba que ella no asistió al programa el día posterior al Martín Fierro para no quedar “colgada” en medio del debate sobre la gala, Balli no dudó en hacerse cargo: “Sí, eso sí, porque yo no había estado y me parecía que era ocupar un lugar y que yo iba a quedar vestida normal del día y no pegaba y lo recontra entendió el canal, obvio. Era lógico. ¿Para qué voy a estar en el medio de algo que no viví, que no transité, que no puedo opinar porque no estuve, de lo que pasó, de lo que no pasó? Nada, pero todo bien eso. Sí, eso es verdad, yo me hago cargo de lo que digo y de lo que hago me hago cargo de lo que es real”.

En el mismo sentido, negó haber pedido ir a La Peña de Morfi o haber exigido lugares en otros ciclos: “No, yo jamás pedí. No lo puedo creer. Aunque diga lo que diga, van a decir cualquier cosa. O sea, qué raro, porque no hablo con mucha gente. Eso es lo que más me preocupa. ¿Qué tengo que investigar ahora?”

El malestar de Marixa Balli no es nuevo. Su paso por LAM terminó en agosto del año pasado y, aunque la salida fue en buenos términos y de común acuerdo, la cantante aseguró que sintió la necesidad de hacer un cambio y enfocarse en otros proyectos. “Quiero que sepan que estoy genial y que me voy muy feliz. Todos estos años fueron muy lindos, pero a veces la cabeza pide cambios”, explicó al despedirse del ciclo de Ángel de Brito, donde realizó algunas suplencias en la conducción.

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El horóscopo de hoy: martes 2 de junio

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ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)

El martes llegará con decisiones importantes que no conviene seguir postergando. En el trabajo podrías recibir una propuesta inesperada o una responsabilidad nueva. En el amor, será clave controlar el carácter para evitar discusiones innecesarias.

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TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)

La jornada será favorable para recuperar estabilidad y ordenar temas pendientes. Tendrás más claridad para resolver cuestiones económicas o familiares que venían generando preocupación. En lo sentimental, alguien buscará acercarse con intenciones sinceras.

GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)

Tu capacidad para comunicarte marcará la diferencia durante este día. Habrá reuniones, mensajes o conversaciones importantes que podrían abrirte puertas interesantes. En el amor, una charla pendiente ayudará a despejar dudas.

CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)

El martes tendrá momentos de mucha sensibilidad, especialmente en asuntos personales. Será importante que no cargues con problemas ajenos más de la cuenta. En el trabajo, mantené la calma frente a comentarios o tensiones pasajeras.

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LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)

Comenzarás el día con mucha energía y ganas de avanzar en proyectos nuevos. Las oportunidades aparecerán cuando menos las esperes, sobre todo en lo laboral. En el plano afectivo, alguien podría sorprenderte con una actitud inesperada.

VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)

Será una jornada ideal para poner en orden tus prioridades y enfocarte en objetivos concretos. Tu esfuerzo empezará a dar resultados visibles, aunque todavía habrá detalles por resolver. En el amor, evitá analizar todo de manera excesiva.

LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)

El martes traerá oportunidades para cerrar conflictos y recuperar armonía en algunos vínculos. En el ámbito laboral podrías recibir reconocimiento por algo que venís haciendo hace tiempo. En lo emocional, será un buen día para sincerarte.

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ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)

La intensidad emocional estará muy presente y podrías reaccionar de manera impulsiva frente a ciertas situaciones. Será importante elegir bien las palabras y no actuar desde el enojo. En el amor, aparecen posibilidades de reconciliación.

SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)

El día tendrá movimiento, novedades y ganas de romper con la rutina. Podrían surgir propuestas vinculadas a viajes, estudios o proyectos personales. En el amor, una conversación espontánea despertará emociones inesperadas.

CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)

La responsabilidad ocupará gran parte de tu jornada, pero también sentirás satisfacción por los avances logrados. En lo económico podrían aparecer noticias positivas. En lo sentimental, alguien espera más atención de tu parte.

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ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)

Tu creatividad estará muy activa y eso te permitirá destacarte en distintos ámbitos. Será un día positivo para iniciar cambios o tomar decisiones distintas a las habituales. En el amor, necesitás hablar con honestidad y sin rodeos.

PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)

El martes será ideal para escuchar tu intuición y prestar atención a pequeños detalles. Algunas situaciones personales comenzarán a aclararse después de varios días de dudas. En el plano afectivo, habrá clima para encuentros y conversaciones profundas.

 

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Claudia Villafañe recordó el Mundial de 1990 y cómo vivió los penales en la semifinal contra Italia: “Nos dejaron afuera”

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Claudia Villafañe recordó el Mundial de 1990 y su experiencia personal durante la semifinal entre Argentina e Italia en Nápoles (Video: La Cocina Rebelde, Eltrece)

Claudia Villafañe compartió una de las anécdotas más emotivas y personales de su vida en Italia durante el Mundial de 1990, un torneo que marcó a fuego la historia del fútbol argentino y su propia biografía familiar. En La Cocina Rebelde (Eltrece), la empresaria y exesposa de Diego Maradona recordó el clima único de aquel torneo, el peso de las emociones y los nervios, y la particular experiencia de vivir, literalmente, en el epicentro de la pasión futbolera.

La charla arrancó cuando, cocinando pasta en el estudio, sonó “Un’estate italiana”, la icónica canción oficial de Italia 90, y la nostalgia de un tiempo en el que la televisión todavía no lo contaba todo. Jimena Monteverde y Coco Carreño se sumaron al clima de recuerdos, y Claudia confesó que, aunque vivía en Nápoles en ese momento, no pudo ir a la cancha para presenciar el mítico partido entre Argentina e Italia por las semifinales. “Estaba viviendo ahí. Claro. Pero no pude ir a la cancha”, contó. ¿El motivo? Diego no quería que ella y las chicas fueran al estadio en un clima tan caldeado y cargado de tensión. “El partido de Argentina-Italia fue en Nápoli. Diego no quería que estuviéramos ahí con todos los italianos. Quería estar tranquilo en el partido, entonces estuve en mi casa”, explicó.

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El clima de tensión y la figura de Diego Maradona marcaron la decisión de Villafañe de no asistir al estadio en el partido crucial

La seguridad era una preocupación real en medio de la efervescencia que despertaba la figura de Maradona en Italia, especialmente en una ciudad como Nápoles, dividida entre el amor a Diego y la lealtad a la selección azzurra. “Abajo de mi casa vivía Ciro Ferrara, que era jugador de la selección italiana y jugaba con Diego en el Nápoli. Nosotros estábamos en el segundo piso, ellos en planta baja”, recordó Claudia.

El relato se volvió aún más gráfico cuando describió cómo vivió la definición por penales: “En los penales me fui al garaje. Dije: ‘Yo los dejo acá, me voy al garaje’ y caminé con los oídos tapados de punta a punta. No quería escuchar los penales. Caminaba y caminaba y como tenía los oídos tapados, no sentía ni mucho grito, que era que Italia ganaba, ni poco, que sería para nosotros. Y siento un ‘Claudia, Claudia, Claudia’, y era Paola, la mujer de Ciro, que me dice: ‘Andá a festejar, que pasó Argentina’”.

Partido contra Italia en el '90
La definición por penales entre Argentina e Italia sumó dramatismo, con Sergio Goycochea como protagonista

La emoción la invadió al recordar ese instante. “Salí corriendo, la abracé a ella y me fui arriba a mi casa. Agarré a las nenas, a mi mamá, a mis primos, todos, y nos fuimos todos a la cancha”. Pero la alegría encontró rápidamente un límite: “El señor que todos los domingos me abría el cancello para entrar con el auto…“, relató, al mover la cabeza de manera negativa hacia ambos lados. ”Yo no pretendía entrar con el auto, pero que me dejara pasar… No, nos dejaron afuera a todos”, relató.

Ni siquiera el hecho de ser la esposa del capitán y figura del equipo le permitió acceder a la tribuna. “Diego no pudo llamar a nadie para que nos dejaran entrar. En ese momento no había celular, para nada. Esperamos que el micro saliera. No los pudimos saludar, nada. Salió el micro de Italia primero. Yo conocía a muchos jugadores porque jugaban en el Nápoli. Entonces, bueno, re tristes. Ellos se iban. Nosotros estábamos una felicidad, allá arriba, otro nivel. Ellos salieron y atrás salió el micro de Argentina y nos saludaron desde las ventanillas del micro. Se iban a Roma, a Trigoria, que era la concentración”.

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A pesar de la emoción del triunfo argentino, Claudia, sus hijas y familiares no lograron ingresar al estadio tras la victoria por penales (Action Images / Sporting Pictures / Nick Kidd)
A pesar de la emoción del triunfo argentino, Claudia, sus hijas y familiares no lograron ingresar al estadio tras la victoria por penales (Action Images / Sporting Pictures / Nick Kidd)

Además, el contexto social y futbolero de Nápoles fue otro de los puntos centrales de la charla. Al final de la conversación, Claudia recordó cómo la ciudad, históricamente relegada por el resto de Italia, encontró en Maradona y en la selección argentina una forma de revancha y pertenencia: “Los napolitanos hinchaban para nosotros. Porque siempre fueron dejados, como que no pertenecían a Italia, para Italia. Y entonces esa vez se vengaron y dijeron: ‘Ah, ¿no somos italianos? Bueno, entonces vamos a hinchar para Argentina’”, contó.

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