ECONOMIA
“Niño Godzilla”: advierten que un preocupante fenómeno amenaza al principal sector económico de la Argentina

La combinación de un océano que viene batiendo récords de temperatura con la inminente llegada de un fenómeno de El Niño de alta intensidad encendió las alarmas entre especialistas en gestión de riesgos. La preocupación no pasa únicamente por las condiciones meteorológicas que se avecinan, sino por la capacidad real de la economía argentina para absorber sus consecuencias sin sufrir pérdidas de magnitud.
Según datos de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño se consolide durante la primavera en el Hemisferio Sur. A esa certeza se suma otra variable que multiplica la preocupación: las previsiones indican que el fenómeno podría alcanzar una intensidad severa, un escenario que algunos especialistas ya denominan informalmente “Niño Godzilla” y que, históricamente, se traduce en un incremento significativo de las lluvias en el país.
La firma Marsh, dedicada a la correduría de seguros y consultora de riesgos, advirtió sobre el creciente impacto económico que estos eventos climáticos extremos podrían generar en la Argentina, en un contexto global marcado por temperaturas oceánicas en niveles récord. Según la compañía, la exposición no se limita al impacto climático directo, sino que se extiende al efecto económico sistémico que los excesos hídricos generan sobre la infraestructura, la continuidad operacional y la capacidad de respuesta de las empresas, en particular las del sector agroindustrial.
El agro, en el centro de la escena
Sebastián Tobio, vicepresidente de Marsh Risk Consulting, sostiene que los eventos extremos están dejando de ser una excepción y que, por lo tanto, “el riesgo climático debe gestionarse como un riesgo estratégico de negocio y no solo como un problema ambiental».

Para Tobio, muchas organizaciones del sector agropecuario e industrial subestiman las pérdidas indirectas que genera este tipo de fenómenos. De acuerdo con su análisis, el principal impacto financiero no siempre proviene del daño físico visible, sino de la interrupción operacional: la falta de piso para levantar las cosechas, la paralización de la cadena de suministro o el aislamiento de activos y ganado en zonas ribereñas por las crecidas.
Por supuesto, las potenciales pérdidas no afectarían sólo a los empresarios detrás de las cosechas, sino también a toda la economía nacional. No es una novedad que el agro tienen un enorme peso sobre la actividad económica, con una fuerte participación en exportaciones, PBI y empleo, entre muchas otras variables. Sirven de ejemplo los números referentes al mercado externo. Según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, en los primeros seis meses del año las exportaciones agroindustriales lograron facturar USD 27.447 millones, un 18% más que en 2025.
Además, hasta junio el agro liquidó unos USD 15.768 millones y se estima que llegará a los USD 36.164 millones en todo el 2026, de acuerdo a cálculos realizados por la Bolsa de Comercio de Rosario. Claro está, que todo dependerá de lo que ocurra con los cultivos durante los próximos meses y de cuánto daño producto el fenómeno de El Niño.
Antecedentes que marcan la magnitud del riesgo
Los antecedentes en la Argentina permiten dimensionar la escala del problema. Episodios previos de un Niño fuerte, como el registrado en 1997-1998, afectaron severamente a la Cuenca del Plata y provocaron graves anegamientos e inundaciones en la región de la Mesopotamia, particularmente en Corrientes y Entre Ríos. El SMN ya anticipa precipitaciones superiores al promedio para las zonas productivas en los próximos meses, con la Cuenca del Plata y la Mesopotamia entre las áreas más expuestas.
De esta manera, el riesgo no aparece como una hipótesis lejana sino como un patrón que ya tiene registro histórico en el país y que amenaza con repetirse sobre una estructura productiva que continúa siendo intensiva en el uso de tierras próximas a cursos de agua.
Gestión preventiva como estrategia de negocio
Frente a este panorama, la empresa de corretaje de seguros recomienda adoptar un enfoque preventivo y analítico que fortalezca la gestión integral de riesgos. Esto incluye el análisis de escenarios catastróficos, la revisión anticipada de los programas de seguros vigentes y la implementación de planes de continuidad del negocio antes de que las condiciones climáticas se agraven.

La ventana de anticipación con la que hoy cuentan las empresas no estuvo disponible en episodios anteriores. Rodrigo Rodríguez Tornquist, ex-secretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación de la Nación, repasó antecedentes de eventos de similar magnitud, como el ocurrido entre 1877 y 1878, que provocó pérdidas humanas y productivas en distintas regiones del planeta, así como impactos recientes registrados en otros países de la región, entre ellos un huracán que en 2025 le costó a Jamaica el 41% de su Producto Bruto Interno.
En ese sentido, Tobio sostiene que la pregunta para el empresariado argentino ya no pasa por si estos eventos van a ocurrir, sino por cuándo lo harán y qué tan preparadas están las organizaciones para enfrentarlos. Según su lectura, las empresas que aborden con anticipación la gestión de riesgos serán las que logren sostener su rentabilidad, proteger sus operaciones y convertir la resiliencia climática en una ventaja competitiva frente al resto del mercado.
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ECONOMIA
¿Con esta macro y esta micro se ganan elecciones?

- La situación macroeconómica con la que Argentina podría llegar a 2027 será mejor que la que enfrentó en las dos últimas elecciones presidenciales.
- Cuando se observan las variables que afectan más directamente la vida cotidiana de las familias, el progreso aparece más moderado e incluso discutible en algunos aspectos.
Frente a las caídas del PBI de 2% en 2019 y 1,9% en 2023, la estimación para 2027 contempla una expansión cercana al 3 por ciento

Durante demasiado tiempo Argentina estuvo atrapada en una dinámica en la que cada ciclo político terminaba dejando una macroeconomía más frágil que la anterior
Cuando se baja de la macro al bolsillo

Expectativas, incertidumbre, evaluación política, estrategia comunicacional y una enorme cantidad de factores adicionales intervienen en la decisión del votante

Existe una distancia entre que una economía esté objetivamente mejor y que una familia sienta que su situación económica está mejorando

La experiencia internacional muestra que las transformaciones exitosas requieren reasignar capital y trabajo hacia las actividades más productivas
Si el cambio necesita tiempo, la sociedad también requiere resultados intermedios que le permitan sostenerla
La Argentina podría enfrentar una paradoja conocida: celebrar el éxito de sus indicadores mientras una parte importante de la sociedad sigue esperando que ese éxito llegue a su propio metro cuadrado
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ECONOMIA
La Argentina ingresa en una nueva etapa de su desarrollo minero

Argentina necesitará transportar más toneladas. Deberá manejar productos con características físicas, comerciales y ambientales diferente

No resulta eficiente utilizar terrenos portuarios escasos y costosos como depósitos permanentes

Localidades sobre el río Paraná como Ramallo-San Nicolás pueden ser estratégicas si ordenan anticipadamente su territorio

Debería crearse una mesa permanente integrada por autoridades mineras, portuarias, ambientales, aduaneras y de transporte, junto con provincias, municipios, empresas, puertos y parques industriales
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ECONOMIA
Del phishing al temor por los datos críticos: expresidentes, expertos y funcionarios alertaron sobre los riesgos de los ataques con IA

Desde Cancún, México. La inteligencia artificial redujo los costos y los tiempos necesarios para ejecutar fraudes y ataques digitales, pero también amplió las capacidades de prevención y respuesta de organizaciones y gobiernos, y esas dos velocidades abren un amplio abanico de desafíos a nivel global y económico. Esa tensión concentró buena parte de las discusiones entre expresidentes, especialistas en IA, ejecutivos, funcionarios públicos durante un encuentro especializado en ciberseguridad.
Con la predicción de un jefe de seguridad de Anthropic, quien estimó en más de 10% la probabilidad de que la inteligencia artificial provoque la extinción humana en la próxima década, como telón de fondo,, el consenso fue que la tecnología acelera amenazas ya conocidas y obliga a revisar con urgencia las estrategias de protección de datos, infraestructura y servicios esenciales. El desafío abarca desde la identificación de vulnerabilidades hasta la definición de controles sobre sistemas automatizados y el intercambio de información ante incidentes.
Durante dos días y en más de 20 paneles, el Digi Americas LATAM CISO Summit, realizado en Cancún, México, reunió a ex jefes de Estado, referentes tecnológicos, jefes de seguridad cibernética y funcionarios públicos para debatir cómo la inteligencia artificial modifica los riesgos digitales y las respuestas de empresas y gobiernos. Entre los temas abordados estuvieron el phishing, la suplantación de identidad, la cadena de suministro, la soberanía digital, la amenaza latente ante los datos críticos de los países y la cooperación internacional.
Frente a esa dinámica, los expositores insistieron en la necesidad de reforzar principios básicos de seguridad: identificar activos críticos, limitar privilegios, clasificar datos, controlar identidades y mantener visibilidad sobre la superficie de ataque. La incorporación de herramientas generativas y de agentes autónomos también abrió interrogantes sobre el acceso a la información, los permisos de cada usuario o sistema y las decisiones que pueden quedar en manos de procesos automatizados.

La cadena de suministro concentró otra parte de las preocupaciones. La dependencia de proveedores, plataformas en la nube, desarrolladores externos y sistemas interconectados amplía los riesgos más allá de los límites de cada organización. Los panelistas plantearon que la evaluación de terceros ya no puede depender solo de certificaciones o auditorías periódicas: requiere monitoreo continuo, identificación de dependencias y planes de contingencia para sostener operaciones ante la caída de un proveedor crítico.
También hubo acuerdo en que la ciberseguridad debe incorporarse desde el diseño de productos, procesos e infraestructura, en lugar de quedar relegada a una instancia posterior. En sectores como finanzas, salud, energía, transporte y administración pública, esa perspectiva se vincula con la resiliencia operativa: preparar a las organizaciones para contener incidentes, recuperar capacidades y garantizar la continuidad de servicios.
La cooperación entre empresas, gobiernos, reguladores y equipos técnicos fue otro de los puntos de acuerdo del evento. Los ataques aprovechan vulnerabilidades compartidas y se desplazan entre países y sectores, por lo que los participantes reclamaron reglas claras, intercambio de información y capacidades técnicas coordinadas. La inteligencia artificial incrementa la velocidad de las amenazas y, según se planteó en los paneles, exige respuestas colectivas que involucren desde los directorios hasta los usuarios finales.
Durante la conferencia se expusieron ejemplos sobre cómo los nuevos modelos de inteligencia artificial reducen el costo y aceleran las modalidades de fraude digital. Se mencionó que, por unos diez dólares, es posible enviar mil correos electrónicos de phishing con redacción convincente y adaptados a distintos idiomas, lo que facilita las campañas de engaño y suplantación de identidad.
También se alertó sobre el uso de herramientas capaces de replicar una voz a partir de apenas 15 segundos de audio. Esa capacidad puede utilizarse para simular llamadas de familiares, directivos o empleados y pedir transferencias de dinero o datos sensibles. Incluso, los especialistas en la materia recomendaron tener una “palabra de seguridad” con las personas allegadas para evitar ser víctimas de un fraude telefónica vía uso de inteligencia artificial.
El modelo de Estonia
Uno de los expositores más destacados fue el expresidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves, quien planteó que la discusión sobre la modernización del Estado adquirió otra dimensión ante el avance de la inteligencia artificial, la dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros y la creciente exposición a incidentes informáticos. “En esta nueva era, la idea de soberanía digital y el rápido desarrollo de la inteligencia artificial cambiaron mucho las cosas, incluso respecto de hace un año y medio”, afirmó.

Ilves señaló que la posibilidad de que servicios tecnológicos sean interrumpidos desde Estados Unidos, junto con la expansión de la inteligencia artificial agéntica, modificó el escenario para los gobiernos. “Es un mundo nuevo respecto del que existía hace apenas dos años”, sostuvo, al defender la necesidad de que los países desarrollen infraestructura y capacidades propias.
El ex jefe de Estado también advirtió sobre la necesidad de resguardar la información crítica frente a conflictos, ciberataques y desastres naturales. Recordó que Japón perdió parte de sus registros nacionales tras el accidente nuclear de Fukushima y afirmó que ese antecedente llevó a Estonia a diseñar un sistema de respaldo externo. “No podemos perder nuestros datos nacionales críticos”, resumió.
En ese marco, mencionó la creación de una embajada de datos en Luxemburgo, donde Estonia conserva copias sincronizadas de sus registros esenciales bajo un régimen de extraterritorialidad diplomática. La iniciativa contempla información vinculada con la identidad de los ciudadanos, registros fiscales, datos de salud y otros sistemas estatales.
Respecto de la aplicación de la IA en la administración pública, Ilves indicó que Estonia lanzó este año un programa para incorporar esta tecnología en los distintos sectores del Gobierno y la economía. “Estamos otorgando una identidad propia a todos los agentes. La finalidad es aumentar la rendición de cuentas: saber quién hace qué”, afirmó.
Seguridad digital y economía
Otro de los disertantes principales, el ex presidente de Colombia, Iván Duque, planteó que los riesgos asociados a la inteligencia artificial y los ataques digitales deben abordarse como un problema económico y de seguridad estatal.

“Mi primera preocupación es que debemos entender que la seguridad digital es un asunto macroeconómico. Debemos entender el costo que esto produce a nivel mundial y el daño económico que genera en un país específico”, afirmó.
También alertó sobre el crecimiento de los ataques en la región: “En América Latina, en los últimos cinco años los ciberataques se han más que triplicado o cuadruplicado en distintos países, y la cantidad de personas investigadas o juzgadas ni siquiera está disponible o registrada”.
Duque sostuvo que la respuesta requiere una conducción política centralizada y con capacidad de coordinación entre organismos públicos. “La gobernanza, en mi opinión, tiene que ser de arriba hacia abajo. Necesitamos jefes de Estado que incorporen cerca de sus oficinas a directores de tecnología, como hicimos en Colombia, que creen un marco de gobernanza y alineen a todo el Estado para pensar en seguridad digital”, señaló.
Bajo su perspectiva, la expansión de las amenazas tecnológicas exige que los gobiernos integren la ciberseguridad en sus decisiones de política pública y en la protección de la actividad económica.
La mirada local
En tanto, el director del Centro Nacional de Ciberseguridad (CNC) de la Argentina, Ariel Waissbein, planteó que la regulación no puede detener por completo el avance tecnológico. “Por más que exista la legislación, uno no puede impedir ciertas tecnologías, ciertos cambios”, afirmó, al referirse a la IA.

En tal sentido, el funcionario nacional sostuvo que el desafío para los gobiernos consiste en crear condiciones de seguridad para su adopción y en reducir las amenazas sin bloquear la innovación. En ese sentido, consideró que las normas deben tener un alcance amplio y capacidad de adaptación frente a un escenario tecnológico que cambia con rapidez.
Waissbein también puso el foco en la coordinación entre el Estado, las empresas y los organismos internacionales. Señaló que la puesta en práctica de las políticas requiere generar confianza, explicar las amenazas y detectar medidas de aplicación rápida que permitan avanzar en conjunto.
“La cooperación internacional es muy importante”, expresó, porque permite conocer los problemas que enfrentan otros países y las respuestas que desarrollan. A su criterio, esos intercambios facilitan la creación de proyectos específicos para responder a desafíos compartidos.
También participaron senadores y diputados de distintos países de la región como México, Colombia, Brasil y Uruguay, quienes coincidieron en la necesidad de mejorar los marcos regulatorios para reforzar la ciberseguridad en sus respectivos países.

La predicción fatalista
La IA se colocó en el centro de la agenda mediática internacional en los últimos días luego de las declaraciones de Evan Hubinger, responsable de un equipo de seguridad de Anthropic: “De verdad creemos que la IA podría matar a todos los humanos. Yo calculo más de 10% en la próxima década”.
Hubinger remarcó que la empresa para la que trabaja “todavía no tiene un plan para resolver la alineación de una superinteligencia” y que ni siquiera existe certeza de que pueda desarrollarlo. La alineación refiere a que una inteligencia artificial actúe de acuerdo con los valores de sus creadores.
Los dichos del referente tecnológico resonaron tanto en los paneles como en los pasillos del Digi Americas LATAM CISO Summit. La mayor parte de los participantes le puso paños fríos a la teoría de Hubinger, desechando la idea de que la IA se encuentre “fuera de control”.
“Es un título sensacionalista”, sentenció el ejecutivo de una importante compañía americana de ciberseguridad en diálogo con Infobae. Esa mirada se repitió en buena parte de los jefes de seguridad y funcionarios que participaron del encuentro, aunque otros se mostraron más cautos y no descartaron del todo la posibilidad de una “superinteligencia” capaz de superar ampliamente las capacidades humanas en la mayoría de las tareas cognitivas, como el razonamiento, la investigación científica y la toma de decisiones.
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