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Puntos a flexibilizar y el diálogo con los gobernadores: así negocia el Gobierno el apoyo para la Ley Ómnibus

El ministro del Interior, Guillermo Francos, junto a representantes provinciales (Foto: prensa Gobierno).Javier Milei en la reunión con los gobernadores en Casa Rosada (prensa Gobierno). Javier y su hermana Karina Milei tras ganar el balkotaje. (Foto: AFP/Luis Robayo).El ministro del Interior, Guillermo Francos, junto a representantes provinciales (Foto: prensa Gobierno).

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La estrategia es ir con todo lo de la Ley Ómnibus, pero estamos abiertos a negociar puntos”, le dijo a TN un funcionario cercano al Presidente. Según pudo saber este medio, de las nueve reformas presentadas, a Javier Milei le interesan la impositiva, económica y política; el resto, puede negociarse y esperar.

En el Gobierno, apuestan a que haya una reestructuración del esquema político que termine por conformar dos grandes coaliciones polarizadas. Quieren nuclear parte del peronismo federal con los heridos de Juntos por el Cambio para conglomerarse contra el kirchnerismo. Hay mucho diálogo con Miguel Ángel Pichetto y su bloque.

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Es por eso que le dan centralidad a los pedidos de los dirigentes de diferentes sectores políticos para sumar apoyos a la ley. Así ocurrió en el caso de la reforma de la Ley de Pesca con el mandatario de Chubut, Ignacio Torres, y con el piso de corte de biocombustibles con el de Santa Fe, Maximiliano Pullaro. Ambos obtuvieron modificaciones que se enviaron al Congreso.

En esa lógica alternan los roles de “policía bueno y policía malo” del jefe de gabinete, Nicolás Posse, y el ministro de Interior, Francos. En la cúpula del Gobierno mantienen una postura dura y al mismo tiempo concesiva: quieren mantener el espíritu de las reformas y tener adhesiones en el Congreso.

Javier Milei en la reunión con los gobernadores en Casa Rosada (prensa Gobierno).
Javier Milei en la reunión con los gobernadores en Casa Rosada (prensa Gobierno).

Posse rechaza todo retroceso en las propuestas de la ley Bases y repite que no se toca ni una coma. Es así que actuó junto con el autor del texto, Federico Sturzenegger, para desarticular la negociación que inició la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, con el titular del sindicato de Comercio, Armando Cavallieri.

“Eso se cortó por la forma en la que se negoció la cuota solidaria de los gremios. Nosotros no vamos a ceder eso, es lo más casta que hay. Lo que molestó fue el dictamen que salió rápido después”, manifestó un dirigente.

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Dentro de los halcones del Gobierno, se encuentran la secretaria general de Presidencia, Karina Milei, el consultor político Santiago Caputo y Posse. Entre las palomas, se ubican Pettovello y Francos, que son los ministros más expuestos a las negociaciones.

Sobre la postura de Milei, un cercano al presidente aseguró que es parte de la pata que quiere dialogar y negociar, más allá de las declaraciones contra legisladores y el tratamiento legislativo. “Él sabe que tiene que negociar, pero no va a ceder terreno como primera posición. A Bullrich le dijo montonera tira bombas y después la nombró ministra de Seguridad. Puede alternar su posición”, señaló.

Javier y su hermana Karina Milei tras ganar el balkotaje. (Foto: AFP/Luis Robayo).
Javier y su hermana Karina Milei tras ganar el balkotaje. (Foto: AFP/Luis Robayo).

En la mesa chica del Gobierno se respaldan en que el país atraviesa una situación de emergencia y que por esa razón deberían tener su primer paquete grande sancionado. Mantienen que va a haber más ajuste y que sus propuestas son aplicables en una economía desregulada.

Advierten que podría generarse una oleada de despidos en caso de tener vigencia la reforma laboral sin las otras propuestas en marcha. Por eso, se enfocan en tres áreas en las que creen que tendrán las adhesiones necesarias para su aprobación.

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Se respaldan en que ningún legislador de Juntos por el Cambio y del peronismo federal levantará la mano para trabar los cambios que quiere impulsar el oficialismo. Les importan las reformas impositiva, económica y política, que podrían aprobarse ley por ley y artículo por artículo si se trata en el recinto y dejar otras afuera, como la propuesta de la toga y el martillo para jueces, por poner un ejemplo.

Argumentan que las reformas políticas -eliminación de las PASO, instalación del sistema de boleta única y del esquema de circunscripciones uninominales- también son prioridad porque consideran que cambiarían la lógica de la política, su financiamiento e incentivos.

El ministro del Interior, Guillermo Francos, junto a representantes provinciales (Foto: prensa Gobierno).
El ministro del Interior, Guillermo Francos, junto a representantes provinciales (Foto: prensa Gobierno).

En el oficialismo, creen que los gobernadores están obligados a acompañar la reforma fiscal por la urgencia en las cuentas. “No les conviene que sus legisladores levanten la mano para votar en contra. Necesitan la reforma fiscal para pagar los sueldos. No tienen plata y están quebrados”, expresaron en la Casa Rosada.

Milei busca condicionar el apoyo de los gobernadores con la promesa de enviar el proyecto de la restitución del impuesto a las Ganancias. La semana pasada, se habló de la posibilidad de otro DNU si las reformas no pasan el Congreso.

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Francos se reunió el lunes con el mandatario de Catamarca, Raúl Jalil, para avanzar en las negociaciones. Hablaron de la minería, el litio y de la pérdida del 7% para la provincia que implica el esquema actual de Ganancias.

El Gobierno quieren impulsar el déficit cero y que las provincias se ajusten. Para eso, está dispuesto a modificar puntos clave de las reformas para gestionar el apoyo de sectores fuertes en el Congreso. Las modificaciones se harían en comisión y, en caso de que se aprueben, se tratarían en el recinto ley por ley y artículo por artículo.

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Dichas y pesares de decidir tu propio sueldo

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Debe ser lindo tener la posibilidad de decidir tu propio sueldo. Para quien se tiene en alta estima, sería como estar habilitado para hacer justicia por mano propia. Más complicado es determinar el monto de tu salario enfrente de quien debe meter la mano en el bolsillo para pagártelo. Más aún si el bolsillo está agujereado y adentro no hay otra cosa que el vacío cósmico. Eso es lo que palpa hoy la mano de la gran mayoría de los contribuyentes cuando busca un cobre. Se entiende entonces que los senadores, en su intento de rascar de donde no hay, se hayan movido con un sigilo que acabó amplificando la jugada.

Estamos todos aprendiendo a paso acelerado los pormenores del reglamento legislativo. Era hora. Queda claro que los senadores tardaron menos de dos minutos en aprobar el aumento de su dieta no porque anduvieran escasos de tiempo, que les sobra, sino porque queda feo andar despertando envidia. Muy considerados. Por otro lado, quedó demostrado que cuando quieren, los legisladores pueden: la “Ley de bases” avanza a paso de tortuga, pero el incremento de sus ingresos vuela a mano alzada. Prioridades son prioridades.

Que se entienda, no se cuestiona el monto en sí, en todo caso discutible. La dieta estaba relegada, si se la compara con lo que ganan otros funcionarios. El problema es que no fueron capaces de tener en cuenta el contexto social. Duplicarse los haberes cuando la gente común paga el costo del déficit cero con la pérdida de su salario en las fauces de la inflación, o cuando la UBA funciona a media luz por falta de presupuesto, denota la distancia que separa a los senadores del ciudadano de a pie. Es un golpe duro a la sufrida confianza que gran parte de la sociedad deposita en los que deben impulsar un cambio que nos libre de la espiral descendente.

La hipocresía que sobrevuela lo ocurrido el jueves en el Senado resulta triste en este momento del país

El aumento contó con el voto del peronismo y parte de la UCR, pero ninguno de los senadores del oficialismo y de PRO que no alzaron la mano objetó la medida o manifestó su desacuerdo durante la sesión. La cosa estaba cocinada. “Así se mueve la casta”, lanzó por X el Presidente, que según su entorno estaba “furioso” por lo ocurrido. Todo sea por salvar el capital simbólico. Lo cierto es que el proyecto de resolución que habilitó la votación llevaba la firma de un senador libertario, que luego alegó torpeza. Según parece, todos avalaron o dejaron correr, incluso los que después se golpearon el pecho. La hipocresía que sobrevuela el episodio resulta triste en este momento del país.

La casta, sin embargo, parece estar moviéndose también por otro lado. Esta semana el Gobierno puso en marcha el trámite de postulación del juez Ariel Lijo para ser magistrado de la Corte Suprema. Es difícil de entender la insistencia de Javier Milei en llevar al más alto tribunal a un juez cuestionado por los más serios referentes del mundo del derecho y por reconocidas instituciones de todo tipo, desde colegios profesionales hasta ONG e instituciones empresariales. ¿Nadie le contó a Milei lo que Lijo representa? ¿No le llevó su ministro de Justicia un compendio de las objeciones a la candidatura que plantearon tantas voces críticas? ¿También su mesa chica, en la que solo caben su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo, eligió desoír ese coro que entonaba al unísono una melodía tan clara y repetitiva?

Todo indica que aquí hay una decisión meditada. Un dato significativo, pues en el Presidente lo emocional suele prevalecer sobre lo racional. Pero quizá la medida no deba sorprender demasiado: al mismo tiempo, Milei es un líder focalizado en la economía que nunca demostró especial consideración por las instituciones y los valores políticos de la democracia republicana. Hace días, sin ir más lejos, volvió a cargar contra la prensa en general (“La peor cloaca del universo está en los medios argentinos”) y contra otro periodista en particular, Jorge Lanata, al que calificó de “ensobrado” (cuando no). “El Presidente es así”, dijo Patricia Bullrich al ser consultada sobre el caso. Hasta los propios se resignan y con razón. Es el mismo Presidente el que con sus gestos parece decir: “Soy así, me toman o me dejan”. Muchos republicanos de a pie, con voluntad de apoyar un cambio genuino, se esfuerzan en mantenerle un crédito que él se empecina en rechazar.

Es imprescindible que un gobierno que llega con la promesa de terminar con los vicios de la casta no acabe cayendo en ellos. En este sentido, lo de Lijo preocupa no solo por la conformación de la Corte, sino también por los acuerdos que el oficialismo debería tejer para que la candidatura del juez prospere. Con el rechazo oficial de la UCR y PRO, la vía para conseguir la mayoría de los dos tercios sería un pacto con el kirchnerismo y los gobernadores peronistas. Más precisamente, con Cristina Kirchner y Gildo Insfrán, quien fue beneficiado por Lijo en el caso Ciccone. Y ya que hablamos de la Justicia, ¿qué podría pedir la expresidenta a cambio de los votos que prometa aportar en el recinto? Obvio. Que la última sesión del Senado nos sirva de lección. Cuando se vote por los nuevos jueces de la Corte, habrá que estar más atentos que nunca.


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