ECONOMIA
Si comprás en el súper con promociones, otros consumidores financian tu ahorro sin darse cuenta

Cada vez que pagás menos por algo —un miércoles de cine, un pasaje sacado con meses de anticipación, una compra con la tarjeta correcta el día de la promoción— alguien más está abonando, en algún lugar de la cadena, la diferencia. No es magia ni generosidad de la empresa, es un mecanismo con nombre propio en economía: el subsidio cruzado.
La lógica es simple. Las empresas saben que no todos sus clientes son iguales: algunos organizan sus compras según las promociones —van al cine un miércoles, sacan el pasaje con seis meses de anticipación, comparten la cuenta de streaming con la familia—. A esos clientes, la empresa les baja el precio a cambio de asegurarse su compra. Pero para no perder plata, en algún punto necesita compensarlo: subiendo (o simplemente no bajando) el precio a quienes no entran en esa lógica.
El resultado, el que paga «de más» no lo nota, porque nunca ve el descuento del otro. Pero está ahí, financiándolo.
El changuito del súper que cambia de precio según el día que elijas
Pensá en una compra de $30.000 en el supermercado. Si la hacés un miércoles, pagando con MODO y tarjeta del Banco Nación, te devuelven el 30% —hasta $12.000 por semana—. Esa misma compra, hecha un jueves cualquiera con otra tarjeta o en efectivo, sale $9.000 más cara. El producto es el mismo, el changuito es el mismo: lo único que cambió fue el día y el medio de pago. Alguien financia esa diferencia, y no es el supermercado —es el cliente que no organiza su semana en función de la promo.
Una entrada de cine en sala 2D cuesta $18.800 cualquier día de la semana. Ese mismo asiento, para la misma película, en el mismo horario, sale $9.400 si vas un miércoles: exactamente la mitad. No hay ningún cambio en el producto —la butaca, la pantalla, la sala son idénticas—. Lo único que se ajustó fue el precio, para captar al espectador que puede elegir cuándo ir. El que va un sábado paga el doble por lo mismo.
Un pasaje Buenos Aires–Bariloche, en la tarifa más económica, cuesta $139.360 si lo comprás con seis meses de anticipación. Comprado una semana antes del vuelo, el mismo asiento en el mismo avión sale $413.018 —un 66% más—. Las aerolíneas saben que el que planifica con meses de anticipación suele ser más sensible al precio, mientras que el que compra a último momento generalmente necesita viajar sí o sí y puede pagar lo que haga falta. Por eso arman el precio así: le cobran barato a uno para asegurarse el asiento ocupado, y caro al otro para sostener el negocio.
Si pagás la suscripción individual de Spotify, pagás $3.299 por mes por tu cuenta, sin compartirla con nadie. Si en cambio la compartís en un plan Familiar (hasta 6 personas) por $5.499, cada integrante termina pagando apenas $916,50 —un 72% menos que el que paga solo—. Y todavía hay un escalón más: la versión gratuita, con anuncios, no paga nada. Ese usuario no financia nada de forma directa, pero tampoco es gratis para la empresa: Spotify lo sostiene con la publicidad y, en definitiva, con lo que pagan los que sí eligen un plan pago.
Si organizás tus compras, podés ahorrarte más de $334.000 en un mes
Si se contabilizan todos estos rubros, un consumidor que planifica sus compras —elige el día del súper, va al cine un miércoles, comparte el streaming con su familia y directamente usa la versión gratuita de varias aplicaciones freemium— puede llegar a ahorrar más de $334.000 en un solo mes, simplemente por organizar sus decisiones de consumo alrededor de las promociones y planes gratuitos disponibles.
La siguiente tabla resume, caso por caso, cuánto paga ese consumidor «elástico» frente al precio de lista, y cuánto es, en pesos y en porcentaje, lo que se ahorra.
Para ahorrar, es clave organizar las decisiones de consumo
La teoría económica detrás del descuento que obtenés pero le hacen pagar a otro
Todo este mecanismo se apoya en una idea bien simple que la microeconomía llama elasticidad de la demanda: mide qué tan sensible es la gente al precio de algo. Si un producto tiene muchos sustitutos —otra marca, otro cine, otra aerolínea— alcanza con subirle un poco el precio para que el consumidor se vaya a comprar a otro lado: es una demanda elástica. Si en cambio no hay alternativas cercanas, la gente sigue comprando casi igual aunque el precio suba: es una demanda inelástica.
Como explica el economista Hal Varian, uno de los autores de referencia en microeconomía, esta distinción no es solo teórica: define directamente qué le conviene hacer a una empresa con sus precios. Cuando la demanda es elástica, bajar el precio puede aumentar el ingreso total, porque el mayor volumen de ventas compensa el menor margen por unidad. Cuando es inelástica, ocurre lo contrario: subir el precio aumenta el ingreso, porque casi nadie deja de comprar.
Ahí está el porqué del subsidio cruzado: en vez de fijar un único precio para «el consumidor promedio» —que en los hechos no existe—, la empresa separa a sus clientes según su elasticidad y le cobra a cada uno lo que ese segmento está dispuesto a pagar. Al cazador de ofertas (elástico) le baja el precio para no perderlo. Al cliente fiel o apurado (inelástico) le sostiene el precio pleno, porque sabe que de todos modos va a comprar.
¿Qué pasa cuando las empresas calculan mal y el sistema se derrumba?
Todo este esquema funciona mientras la empresa acierte en su lectura de cuáles clientes son realmente inelásticos. El problema aparece cuando se equivoca —o cuando deja de acertar con el paso del tiempo—.
Martín Zemborain y Guillermo D’Andrea, profesores del centro CLEMER (IAE), lo plantean en el contexto argentino actual: durante años de alta inflación funcionó la estrategia de subir precios «porque el consumo lo permitía», pero ese margen de maniobra desaparece cuando baja la inflación y el consumidor recupera capacidad de comparar y elegir. En ese escenario, tratar a todos los clientes igual —sin descuentos segmentados, sin marcas «de batalla», sin precios diferenciados por día u horario— tiene un costo concreto: el cliente que la empresa daba por «cautivo» empieza a migrar hacia segundas marcas o hacia las marcas propias de las cadenas, que suelen ser más baratas.
Ese es, en definitiva, el riesgo central de todo el sistema: el subsidio cruzado no depende de que existan dos tipos de clientes, sino de que uno de ellos —el inelástico— siga comportándose como tal. Si la empresa da por sentado que un segmento va a pagar precio pleno sin chistar, y ese segmento en realidad tenía más alternativas de las que la empresa suponía, el cálculo se rompe: caen las ventas del segmento que se pensaba «seguro», cae el margen que financiaba las promociones del segmento elástico, y la empresa termina resignando ingresos por los dos lados a la vez.
Segmentar bien a los clientes, entonces, no es solo una táctica para vender más: es la condición para que el propio subsidio cruzado se sostenga en el tiempo.
En definitiva, cada vez que alguien elige el día del súper, la anticipación del pasaje o el plan familiar del streaming, no solo está ahorrando: está participando, sin saberlo, de un sistema de precios pensado para que ese ahorro exista. Y ese sistema tiene un límite claro. Funciona mientras haya suficientes clientes dispuestos a pagar precio pleno para sostenerlo. El día en que ese equilibrio se rompe, no hay changuito, ni butaca, ni asiento de avión que alcance para cubrir la diferencia. La próxima vez que un precio te parezca sorprendentemente bajo, vale la pena preguntarse: ¿quién lo está pagando por mí?
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ECONOMIA
Avanza el megaproyecto Argentina LNG que prevé una inversión total de u$s51.000 millones

YPF, Eni y XRG firmarán la Decisión Final de Inversión el 26 de noviembre para el megaproyecto de exportación de GNL. Inversión, rigi y exportaciones
Puntos importantes
YPF, Eni y XRG firmarán el 26 de noviembre la inversión para el proyecto Argentina LNG, marcando un hito histórico.
El plan prevé u$s51.000 millones para exportar GNL, generando 40.000 empleos y divisas masivas.
Infraestructura en Vaca Muerta y Río Negro garantizará estabilidad exportadora mediante el marco RIGI.
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ECONOMIA
El dólar subió por tercer día consecutivo y alcanzó el nivel más alto de octubre

El volumen de negocios en el mercado mayorista se mantiene elevado en octubre, un nivel acorde a las cifras muy positivas de exportaciones y superávit comercial de 2026. Con negocios por USD 673,2 millones en el segmento de contado, el dólar mayorista tuvo una suba marginal de 50 centavos, a 1.525 pesos, para regresar a su precio más alto desde el récord nominal de $1.525,50 del 25 de septiembre, después de tres sesiones seguidas en alza.
En octubre el dólar suma ocho pesos o 0,5%, a un ritmo aún inferior al de la inflación. En el último año el tipo de cambio oficial avanzó 50 pesos o solo 3,4 por ciento.
El BCRA estableció un techo para el régimen de bandas cambiarias en los 1.940,30 pesos. El dólar mayorista quedó a 415,39 pesos o 27,2% de ese límite teórico para la libre flotación.
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“El dólar mayorista parecería amagar con intercalar un respiro más cerca de los $1.525, posiblemente antes de retomar un gradual reacomodamiento en el tiempo a fin de no quedar cada vez más atrás de la inflación. Más allá de las acotadas oscilaciones de las últimas ruedas, el principal foco sigue estando en el ritmo de compras del BCRA, que durante octubre viene promediando unos USD 90 millones diarios -más allá de que ayer aflojaron-, lo que evidencia una fuerte aceleración respecto a agosto y septiembre”, evaluó el economista Gustavo Ber.
El dólar al público ganó cinco pesos o 0,3%, a $1.545 para la venta, según la referencia del Banco Nación, en un máximo nominal ya alcanzado a fines de septiembre.
El dólar blue ganó diez pesos, a $1.570 para la venta, también récord nominal que iguala el máximo del 28 de julio. También registró un máximo histórico las paridad bursátil del “contado con liquidación” a $1.633 en acciones.
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En el mercado de futuros el dólar operó con mínimas variantes y un volumen en pesos equivalente a USD 806,2 millones, según datos de A3 Mercados. Las posturas más negociadas, para fin de octubre, quedaron invariables a 1.534 pesos, mientras que los contratos para fin de año se pactaban a 1.590,50 pesos.
Detrás de la calma cambiaria a lo largo de este año sobresale el fundamento de el importante volumen de operaciones, que excedió el período estacional de las altas liquidaciones del agro en el segundo trimestre, gracias al récord exportador
“La balanza comercial de septiembre alcanzó un superávit de USD 2.976 millones, impulsado por exportaciones récord y por el desempeño de energía y combustibles. El flujo mejora la generación de divisas, aunque parte del resultado también refleja una contracción de las cantidades importadas”, aportó Vector Investments.
“De acuerdo con los datos del INDEC, las exportaciones ascendieron a USD 10.036 millones respaldadas por un alza interanual del 21,6%, donde el sector energético actuó como el principal dinamizador tras un salto del 89,1% en combustibles -liderado por el desempeño del petróleo en Vaca Muerta por mayores volúmenes y precios-, acompañado por incrementos del 17,5% en manufacturas industriales y del 16,8% en las de origen agropecuario”, precisó Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital.
“En contraste, las compras internacionales retrocedieron un 2,5% interanual hasta los USD7.060 millones, resentidas principalmente por retracciones en la adquisición de vehículos (-27,2%) y bienes de capital (-10,4%)”, indicó Morales.
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“Hacia adelante, la reciente recuperación de los precios internacionales de los granos y los todavía elevados precios de la energía deberían seguir sosteniendo las exportaciones durante los próximos meses, con un superávit comercial promedio de alrededor de USD 2.000 millones”, proyectó Max Capital.
“Con estos elementos, y considerando que el saldo acumulado ya superó los USD 21.000 millones, el superávit comercial de 2026 podría ubicarse por encima de los USD 26.000 millones, más del doble del resultado de 2025 (USD 11.320 millones)”, estimó la consultora Abeceb.
Europe
ECONOMIA
El desempleo trepa al podio de preocupaciones de los argentinos rumbo a las presidenciales

El Presidente niega la existencia de un problema de empleo, a pesar de que las encuestas lo ubican al tope del ranking de preocupaciones
Puntos importantes
El desempleo supera a la inflación como preocupación social, amenazando la reelección de Milei ante una percepción pública negativa.
El gobierno debate si flexibilizar la política monetaria para reactivar las pymes o mantener el ajuste para bajar precios.
Milei apuesta a una reconversión productiva hacia sectores dinámicos, pese a los costos sociales de largo plazo.
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La disyuntiva entre la lucha contra la inflación y un repunte de la actividad
Entre Phillips y el boom petrolero
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