POLITICA
Sin Victoria Villarruel, Javier Milei encabezará el Tedeum y luego una reunión de gabinete en Casa Rosada

En una nueva conmemoración de la Revolución de Mayo, el presidente Javier Milei y la plana mayor del Gobierno acudirán a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires para participar de la tradicional ceremonia del Tedeum a las 10. Al finalizar el evento, el mandatario encabezará una reunión de Gabinete en Casa Rosada en medio de las recientes tensiones internas.
De acuerdo a la agenda oficial, las puertas de Balcarce 50 abrirán a las 9.40 para dar paso al Presidente y sus ministros. La comitiva bordeará la Plaza de Mayo rodeada por el Regimiento de Granaderos a Caballo y otros representantes de las fuerzas armadas, hasta llegar a la Catedral.
A diferencia de los dos años previos, la gran ausente de esta edición será la vicepresidenta Victoria Villarruel, producto del irreconciliable enfrentamiento que tiene con el resto del Gobierno. Según dejaron trascender en su entorno, la titular del Senado no fue invitada por la Secretaría General de la Presidencia que conduce Karina Milei.
La omisión de la hermana del Presidente motivó una réplica del arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, que oficiará la ceremonia este lunes con un discurso focalizado en cerrar la grieta, tanto entre la dirigencia como en la sociedad.
“Qué difícil es hablar y respetar la diversidad en tiempos de intolerancia. Qué difícil es poder respetar y hablar de diversidad en tiempos de rechazo de todo el que piensa distinto. Qué difícil es hablar de diversidad cuando nos sentimos un poco dueños de la verdad y descalificamos cualquier opinión o pensamiento contrario”, enfatizó García Cuerva durante la misa que celebró el domingo.
Semanas atrás, Villarruel había evitado coincidir con el Gabinete en otra celebración religiosa por el aniversario de la muerte del Papa Francisco en Luján. La vicepresidenta justificó su ausencia con que el evento se había “politizado” y que allí estaba reunida “lo peor de la casta política”.
Por fuera de la búsqueda de reducir la violencia discursiva en el debate público, el arzobispo porteño anticipó la semana pasada que su discurso también apuntará a advertir la situación de los sectores más vulnerables, un insistente reclamo de la Iglesia en los últimos meses.
“El Estado tiene que garantizar su presencia al lado de los que quedan atrás, al lado de los que jamás tuvieron una oportunidad. Cuando el Estado directamente no se ocupa de los discapacitados, los enfermos, los jóvenes atravesados por la droga o el alcohol, los problemas de aprendizaje. Si el Estado se retira de eso, lógicamente uno dice: ‘Esto es sádico, porque estás dañando a los que son más débiles’”, había cuestionado en diálogo con Radio Rivadavia.
Para aliviar tensiones, una comitiva del Gobierno integrada por el canciller Pablo Quirno, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y el secretario de Culto, Agustín Caulo, se reunió con las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina la semana pasada.
Una reunión de Gabinete para contener el ruido interno
Al finalizar el Tedeum, el Presidente y los ministros cruzarán caminando al Cabildo para cantar el Himno Nacional con la Fanfarria Militar Alto Perú del Regimiento de Granaderos a Caballo. Luego, el grupo regresará a la Casa Rosada para llevar adelante una nueva reunión de Gabinete a las 12 en un contexto de tensión interna.
Los roces en el Gabinete se incrementaron a partir de los recientes gestos de autonomía de Patricia Bullrich, que presionó a Manuel Adorni para que presente cuanto antes su declaración jurada y adelantó su carrera por la jefatura de Gobierno porteña.
En paralelo, la conocida rivalidad entre el sector de Santiago Caputo y los primos Martín y Eduardo Menem —que responden directamente a Karina Milei— estalló el fin de semana pasado luego de que el asesor presidencial y algunos referentes de la militancia digital acusaran a los riojanos de manejar una cuenta anónima para operar en su contra.
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Las imputaciones fueron rechazadas tajantemente por el presidente de la Cámara de Diputados, que además pidió resolver cualquier diferencia interna “en el vestuario” en lugar de exponerlas a cielo abierto.
Javier Milei, Victoria Villarruel, te deum
POLITICA
Mientras Trump se acerca a Xi Jinping, Milei se aleja de China pero sin poder cortar los vínculos económicos

Javier Milei parece que no seguirá en este caso los pasos políticos que adopta su principal referente global, Donald Trump. Sucede que mientras el presidente de los Estados Unidos extiende una mano de diálogo hacia China con su histórica visita a Beijing y distintos gestos subterráneos, en la Argentina no se vislumbra ningún atisbo de acercamiento a nivel nacional, sino todo lo contrario.
La Casa Rosada se mantiene inamovible frente la decisión que bajó el Ejecutivo desde el primer día de gestión: gestos públicos de frialdad hacia China; sin viajes de alto nivel al gigante asiático; contactos limitados en el ámbito diplomático, político o comercial; intentos de cerrarle la puerta a empresas chinas en sectores estratégicos; y mucho cuidado en las expresiones que puedan incomodar a Washington.
China aguarda, paciente, como lo indica su tradición milenaria. ¿Por qué? En primer lugar, porque desde Beijing entienden que, bajo estas condiciones, es difícil esperar un cambio de posición a nivel nacional. Pero, por sobre todas las cosas, porque estos años han demostrado que las alianzas comerciales y de inversiones existentes generan una interdependencia tan fuerte que se hace imposible para la administración Milei frenar un tren de cooperación que ya está en marcha.
A nivel global, los sistemas subnacionales han ido ganando cada vez más espacio e influencia. Son las provincias o las propias ciudades las que se encargan de generar ámbitos de cooperación, visitas y acuerdos de inversión. Esta situación se consolida en un país federal como es la Argentina, en donde grandes proyectos estratégicos son negociados por gobiernos locales.
Este mecanismo explica el motivo por el cual mientras el Ejecutivo nacional y todas las esferas que le responden directamente cierran las puertas a China, las provincias, ciudades y empresas privadas afianzan sus vínculos. Allí apunta el gigante asiático.
“China puede aumentar su presencia en Argentina principalmente en sectores estratégicos vinculados a la transición energética y la infraestructura”, explica a TN Jorge Malena, director del Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), para luego agregar: “También existe potencial en cooperación científico-tecnológica, inteligencia artificial, telecomunicaciones y financiamiento de obras públicas”.
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Datos concretos avalan esta mirada. Representantes de las provincias del litio tienen frecuentes viajes a China o a la inversa -por caso, el gobernador catamarqueño Raúl Jalil visitó hace poco a territorio chino-, como así también el actual ministro de Desarrollo Económico de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, se encuentra en Beijing reuniéndose con empresas y visitando centros logísticos.
Un fenómeno social también emerge con fuerza para entender esta situación. “Estamos ante la presencia de un proceso de apertura de la población y de las elites hacia China, con cada vez más interés por lo que se produce allá y con un cambio de paradigma en cuanto a la calidad de sus productos y los avances tecnológicos”, explica en diálogo con este medio Santiago Notarfrancesco, especialista en China que se encarga de organizar viajes para pequeños empresarios. Su demanda ha ido considerablemente en aumento en los últimos años.
La posición y el pedido de los Estados Unidos
Ya desde antes de su llegada a la Argentina, el embajador de los Estados Unidos, Peter Lamelas, viene exclamando en público que parte de su trabajo en el país se concentrará en reducir la influencia de China en las provincias argentinas. En los meses que lleva al frente de la representación diplomática se movió activamente por el país y con referentes de distintos sectores. Pese a su optimismo, su objetivo parece enfriarse de tanto en tanto cuando se encuentra con las realidades aquí descriptas.
Según pudo saber TN, desde el propio Gobierno reconocen que es extremadamente difícil ampliar la presencia de empresas norteamericanas en perjuicio de los proyectos chinos en áreas estratégicas. El factor principal: el sector privado estadounidense todavía mantiene su cautela sobre la situación política y económica de la Argentina antes de hundir millones de dólares en inversión.

En el caso de las compañías chinas, la mayoría cuentan con estímulos o algún acompañamiento del Estado, lo que les permite tener un margen de respaldo o maniobra en caso de turbulencias en la Argentina. Básicamente, son más proclives a invertir en riesgo. Es algo que se viene observando en América Latina desde hace una década y por lo cual China consolidó una presencia importantísima.
Para Washington representa un laberinto al que no le encuentran una salida. Los proyectos del RIGI en áreas vinculadas a la energía o minería, por ejemplo, hablan por sí solos. Prácticamente no hay postulaciones de empresas estadounidenses, como sí los hay -y en cantidad- de las chinas.
Distintos funcionarios nacionales argentinos reciben pedidos para incentivar la presencia norteamericana desde los representantes de los Estados Unidos en la Argentina como así también desde Washington, aunque la respuesta mucha veces se repite y se resume en: “No podemos hacer nada, excede el nivel estatal nacional”.
Al mismo tiempo, Jorge Malena aporta que “Estados Unidos sí tiene margen para presionar a la Argentina en sectores considerados estratégicos o sensibles para la competencia con China, como telecomunicaciones, energía nuclear, infraestructura portuaria y fluvial, minería crítica y proyectos espaciales”.
Tal vez por esto se explique la decisión del Gobierno argentino de retener en Aduana los últimos insumos que se necesitaban para finalizar con la construcción del proyecto del Radiotelescopio Argentino-Chino (CART) en El Leoncito, San Juan, o excluir de la licitación de la Hidrovía a las empresas que tengan participación de un Estado nacional, dejando fuera a la compañía china que había sido ofertante en el pasado.
La geopolítica y la carrera en áreas tecnológicas entre las grandes potencias globales tienen una fuerte presencia en la Argentina actual. De allí la creciente cooperación en materia de Seguridad y Defensa con Estados Unidos en las fronteras argentinas como así también en ejercicios marítimos y de patrullaje en el Atlántico Sur.
La presencia de Milei en Casa Rosada y su alineación con Washington poco efecto tuvo en la relación comercial entre la Argentina y China. En enero de 2024 -tras el primer mes de gestión libertaria- la balanza bilateral arrojaba un rojo de 558 millones de dólares para la Argentina, con 454 millones en exportaciones y 1.012 millones en importaciones.
Mientras que en abril de 2026, el último mes publicado por el INDEC, el rojo comercial ascendió a 706 millones de dólares, compuesto por una nivel de exportación que llegó a 656 millones en productos e importaciones desde China que ascendieron a 1.363 millones. Una vez más queda demostrado que las expresiones políticas y públicas no tienen relación con lo que pasa en lo económico.
Según pudo saber TN en base a fuentes oficiales, el viaje de Javier Milei a China que alguna vez había tomado fuerza está lejos de concretarse, como así también se enfrío el de su hermana, Karina Milei, quien había sido la punta de lanza en un tibio intento por mostrar una moderación en el vínculo bilateral allá por fines de 2024.
En el país del tango, la expresión popular dice que para bailarlo se necesita de dos. Pese a que la pareja que la Argentina eligió fue Estados Unidos y no China, otras melodías locales parecen siguen sonando para que el gigante asiático mantenga su influencia económica y comercial pese a las presiones políticas del Norte.
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POLITICA
Intendentes peronistas buscan acercar a Cristina Kirchner y Axel Kicillof para terminar con la pelea interna

En el peronismo bonaerense, un grupo de intendentes comenzó a desplegar gestiones informales para intentar reactivar el diálogo entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Las conversaciones no tienen una instancia orgánica ni un canal definido, pero se repiten en distintos niveles del mapa territorial.
La relación está cortada entre las dos principales conducciones del Partido Justicialista. Cristina Kirchner lidera el PJ nacional y el gobernador preside la estructura partidaria bonaerense, el principal distrito electoral del país, pero no mantienen diálogo desde noviembre pasado. En el medio se superpone la disputa por el liderazgo del principal espacio opositor al gobierno de Javier Milei.
En ese contexto, jefes comunales empezaron a asumir contactos cruzados para facilitar algún nivel de interlocución política. El objetivo principal es dar por terminada la interna, pero el secundario es alcanzar acuerdos mínimos para habilitar las reelecciones indefinidas para los intendentes bonaerenses.
Entre los que encararan las gestiones conviven posiciones distintas y pertenencias a espacios políticos diferentes dentro del peronismo. En algunos casos, se trata de dirigentes que responden a alguno de los dos sectores; en otros, de actores que intervienen desde posiciones más neutrales, pero todos coinciden en intentos dispersos de acercamiento para evitar que la disputa interna se prolongue sin salida política.
Gestiones informales y rol de los intendentes
En el universo del peronismo bonaerense, los sectores alineados con el Movimiento Derecho al Futuro y el kirchnerismo sostienen agendas separadas, sin coordinación entre sí. En ese vacío de articulación aparecen las conversaciones que impulsan algunos intendentes.
No se trata de una estrategia común ni de una mesa formal, sino de intervenciones aisladas que se activan desde el territorio, en paralelo a la gestión cotidiana. En esos intercambios aparece la idea de que algún nivel de contacto entre Cristina Kirchner y Kicillof permitiría encauzar la discusión interna.
En ese entramado, algunos intendentes se ven en reuniones habituales de gestión o actividad política local y, en esos márgenes, aparecen conversaciones sobre la necesidad de algún nivel de interlocución entre ambas terminales del peronismo.
La agenda de La Cámpora como principal foco de tensión
La preocupación excede a la expresidenta y al gobernador bonaerense y llega al líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, hoy el principal punto de confrontación con el kicillofismo.
Para acompañar una fórmula presidencial peronista, La Cámpora quiere garantías expresas sobre el compromiso de indultar a la exmandataria en caso de llegar al poder. El planteo es que “no hay democracia con Cristina presa”, como lo clarificó días atrás Oscar Parrilli.
En el entorno de Kicillof creen que no es un tema de campaña electoral ni que deba ser tratado en este momento. Plantean que más allá del rechazo a la condena y la denuncia pública de proscripción, centrarse en la situación judicial de Cristina Kirchner desvía el eje del debate que, creen, debe ser la crisis que atraviesa la Argentina y una propuesta de gobierno que se diferencie de la gestión libertaria.
Acercar a Máximo Kirchner con Kicillof parece hoy la tarea más difícil para ese grupo de intendentes bonaerenses, pero también la más necesaria si quieren avanzar sobre un acuerdo para habilitar nuevamente las reelecciones indefinidas para jefes comunales. Cuentan con el visto bueno del gobernador, les falta el del líder de La Cámpora.
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POLITICA
A 25 años de la boda de Menem y Cecilia Bolocco: los detalles desconocidos de la fiesta más extravagante

Era septiembre de 1999. Carlos Menem estaba en los momentos finales de su presidencia después de 10 años en el poder. En su residencia de Anillaco recibió, como tantas veces, a un equipo de televisión para una entrevista. Esa vez estaba más interesado que de costumbre en el encuentro. No era por una cuestión política: ya estaba de salida, el intento de la re-reelección había fracasado, pero la argucia de mantener el tema en la discusión pública le había servido para que el poder no se le diluyera en esos años finales. Era por la entrevistadora. Le habían dicho que unos años antes la chilena Cecilia Bolocco había sido elegida Miss Universo. Eso bastó para que el encuentro obtuviera prioridad en la agenda presidencial.
Tal vez Menem la citó allí porque sabía que Anillaco era un lugar mejor, sin distracciones, para desplegar sus estrategias de seducción. El lugar en el que era más local que en cualquier otro.
Respecto a la capacidad de seducción de Menem además de la nómina de sus conquistas, conocidas y supuestas, que integran vedettes locales, millonarias y funcionarias, siempre es oportuno recordar lo que escribió Madonna en su diario cuando vino al país para filmar Evita: “El presidente es un hombre muy agradable. Me sorprendió lo bien que le caía. Es bajito, desafiante, de tez morena. Junto a él había un grupo de hombres de aspecto sospechoso y una preciosa mujer mayor que hizo de intérprete. Sus ojos recorrieron palmo a palmo mi cuerpo, atravesándome. Un hombre muy seductor. Me di cuenta que sus pies eran pequeños y que tenía el pelo teñido de negro. Me dijo que tenía el mismo aspecto que Evita, a la que él conoció de joven. No me quitaba los ojos de encima. Nos trajeron champagne y caviar. (…) El presidente tomó mi cara entre sus manos, me besó en la mejilla y me deseó buena suerte. Volvimos a la ciudad y me sentí flotar en el interior de la cabina. Sin duda, me había embrujado. Tan sólo esperaba haber hecho lo mismo con él”.
Cecilia Bolocco tenía 34 años y estaba preparando un gran show para la televisión chilena en el que andaría en bicicleta con Fujimori, cantaría y se besaría con Miguel Bosé, y almorzaría con Menem.
Dicen que el acuerdo entre ambos fue inmediato. Se reconocieron como iguales: dos personas ambiciosas, con más vida pública que privada. Acaso los dos hayan calculado los beneficios mutuos que podían obtener si la relación prosperaba.
Se pusieron de novios a las pocas semanas aunque la relación no fue difundida hasta un tiempo después de que él dejara de ser presidente argentino. En un viaje a Santo Domingo, él le regaló un corazón de oro y diamantes mientras pasaban unos días en un exclusivísimo resort.
Todavía había revistas del corazón, todavía había paparazzis. Y se hicieron un festín. Fotos robadas, apócrifamente robadas, posadas, en estudio. Muchas tapas en los kioscos con la imagen de la pareja. A ellos se los veía cómodos con la exposición.
Por primera vez en la historia las revistas de actualidad y los programas de mayor rating de la Argentina y Chile hablaban de lo mismo. El romance (tal vez sería más preciso hablar de la relación) entre Menem y Bolocco generaba un interés constante y masivo.
Ella atravesaba su pico de popularidad. Acostumbrada a la exposición, disfrutaba de ser el centro de atención mediática.
En una ocasión hizo una sesión de fotos, semidesnuda, cubierta con una estola de piel de conejo, con los colores de la bandera argentina y el pelo recogido. La imagen fue tapa de Para Ti y provocó un gran revuelo por ese intento poco disimulado de asociar su figura a la de Evita. A eso le sumó alguna declaración altisonante y algunas acciones sociales a las que le dio mucha prensa. También se sentó en el living de Susana Giménez para hablar del expresidente con picos muy altos de rating. Frente a la diva dijo que Menem no era alto y que si uno lo veía en una multitud no llamaba la atención, pero que lo que lo hacía único eran “sus ojos, su energía: es un hombre con un ángel peculiar”.
Faltaba poco para que cayera el gobierno de la Alianza. El clima social era espeso y muchos de los gestos de la nueva pareja no caían bien. Parecían ostentosos y muchos señalaban a la modelo chilena de aprovecharse de la situación y estar en campaña para convertirse en primera dama.
Esa acusación difusa se convirtió en una posibilidad cierta en 2003 cuando acompañó a Menem en su campaña presidencial, aquella que lideró en primera vuelta pero de la que se bajó del ballotage porque sabía que un triunfo era imposible.
En los inicios de la relación arreciaban los rumores sobre mudanzas al exterior, sobre una posible boda y, el que más fuerza tomaba, era el del enojo furibundo de Zulemita Menem, que no quería saber nada con que su padre tuviera una nueva pareja y menos con una mujer a la que doblaba en edad y que tenía su propia agenda, su propio proyecto mediático. Muchos suponían, también, que Zulemita cuidaba su futuro, las arcas familiares.
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También se dijo que en enero de 2001, se habían casado en secreto en Las Vegas. Muchos de los que especularon con esa posibilidad y que repitieron la versión no tuvieron en cuenta el afán de figuración de ambos y que, en la lógica de la pareja, no tenía sentido que la celebración fuera un hecho privado, íntimo.
El casamiento, finalmente, se anunció para el 26 de mayo de 2001, 25 años atrás. Como no podía ser de otra manera tendría lugar en La Rioja. Pero Menem tenía reservada una sorpresa. No fue en Anillaco, lo que provocó dolor a los residentes de su pueblo natal (y considerables pérdidas económicas ya que pensaban recaudar mucho con los invitados y la prensa). Fue en la ciudad capital de la provincia. Antes del festejo, en la ceremonia civil hubo un momento incómodo, de esos que generan vergüenza ajena cuando los novios después de ser declarados marido y mujer y de ponerse las alianzas debieron darse un beso. Fue un simulacro de beso. Menem dio vuelta la cara hacia ella con los labios tensos y poco salidos. Ella, a último momento, giró la boca y el beso se depositó en la parte de la mejilla más cercana a la comisura de los labios. Un pico frustrado. Algún porteño lo llamaría un Beso Barracas: pegado a la boca.
La fiesta estuvo dividida en dos, una boda desdoblada. El gobernador Mazza puso la residencia oficial para la celebración: un lugar que Menem conocía porque había vivido allí en los dos periodos en que fue gobernador. Una gran carpa, 200 invitados vip, un menú sofisticado. Luego se enfrentaron a los fotógrafos que, con desesperación, pedían un pico que no llegó.
La última parada fue en el Polideportivo de la capital provincial. 2.000 invitados. O algo así: la entrada era libre y muchas familias riojanas colmaron las gradas. En la superficie de la cancha de básquet, un centenar de mesas que ocuparon los 1.000 invitados especiales. Cuando estaban todos ubicados, los recién casados entraron. Se produjo una ovación más digna de un partido de fútbol que de una boda.
El menú, por la cercanía de la fecha patria, fue locro. No sólo comieron los de las mesas. El público de las tribunas recibió su bandejitas descartables. Dicen que, a pesar de estar a finales de mayo, el sol sobre el techo del tinglado y la aglomeración de las 3.000 personas hicieron que la temperatura fuera muy alta y que la comida elegida no pareciera la más apropiada.
Sonó el vals y Menem, con un traje color aceituna y una camisa amarilla -una extraña combinación-, algo encorvado a sus 72, sacó a bailar a Bolocco. Uno imaginaba al expresidente con más gracia para la danza. Después hubo grupos folclóricos y coreografías de niñas y jóvenes. Bolocco tiró el ramo hacia una de las tribunas.
La torta era enorme, exuberante. Tanto como para asegurar una porción para cada uno de los que transpiraban bajo el tinglado. Siete pisos y 400 kilos de bizcochuelo, crema y dulce de leche.
Cecilia se declaraba muy enamorada, Menem miraba con gesto de ganador y sonreía cada vez que ella contaba que en la intimidad lo llamaba Dulcito.
La pareja no se fue de luna de miel. O sí, según cómo quieran mirase los hechos. Diez días después, Menem fue detenido tras declarar en una de las causas que había en su contra. Pasó 167 días en la quinta de Don Torcuato que pertenecía a su amigo Armando Gostanián. Bolocco estuvo junto a él.
En la campaña presidencial de 2003, ella lo acompañó en caravanas, entrevistas y actos proselitistas. Algo que ya había hecho Zulema Yoma catorce años antes cuando, a pesar de estar separados de hecho, fungió en la esposa ideal con fines electorales. Esta vez no alcanzó.
Al poco tiempo una nueva noticia: tras algunos intentos, Bolocco había quedado embarazada gracias a un tratamiento de inseminación artificial.
Máximo Saúl Menem Bolocco nació el 19 de noviembre de 2003 en una clínica de Las Condes, en Santiago de Chile. La foto del bebé en brazos de la pareja recorrió el mundo. Menem se quedó en Santiago varios meses. En medio del nacimiento surgieron nuevos problemas judiciales en la Argentina y temía quedar detenido a su regreso.
Después vinieron años de menos exposición y de rumores de alejamiento. Ella instalada en Chile y él en la Argentina. Personas cercanas a Bolocco dejaron deslizar críticas sobre el escaso trato del padre con su nuevo hijo. Ella se quejó en alguna entrevista: “Lo amo, lo respeto muchísimo, pero en definitiva su vida es la política y con suerte yo vengo después, en segundo lugar, con suerte. Y ahí también Máximo, con suerte, en segundo lugar”.
Hasta que una bomba explotó en las redacciones. El fotógrafo Ángel Mora había conseguido fotos impactantes que probaban la infidelidad de Bolocco.
La ex Miss Universo estaba junto al empresario italiano Luciano Morracchino de 54 años. En las imágenes se los ve en una amplia terraza de Miami abrazándose, besándose, tomando sol. Cecilia sólo lleva la tanga del bikini y está en topless. En alguna imagen, el hombre acaricia uno de sus pechos. En otras, ella se saca la tanga.
La revista chilena SPQ fue la primera en publicarlas. Los títulos de tapa y de las páginas interiores fueron lo suficientemente explícitos: “Era cierto: Chechi Bolocco se comió al tallarín gordo”, “Cachamos a la ex Miss Universo Cecilia Bolocco totalmente desnuda y en compañía de un hombre ¡que no es su esposo!”.
Un gran escándalo que ocupó los medios durante varias semanas. El divorcio fue inevitable.
Después, Menem vio muy pocas veces a Máximo. El joven reconoció que fue visitado por su padre no más de ocho veces. “Mi madre fue padre y madre a la vez. Hizo todo sola”, dijo.
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Cuando era adolescente, fue operado de un tumor cerebral. Su padre viajó a Chile en esa ocasión.
En los días finales de Carlos Menem, cuando ya estaba en coma, Cecilia Bolocco acompañó a su hijo hasta la Argentina para que se despidiera de su padre.
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