SOCIEDAD
Tiene 99 años, Evita la eligió como su enfermera y le hizo un pedido especial antes de morir: “No lo deje solo”

Un 26 de julio de 1952 los ojos de Eva Perón se cerraron para siempre. Tanto su vida como su muerte quedaron marcadas en la historia argentina. Un cáncer avanzado, el día que el país se quedó sin flores para despedirla y un cuerpo embalsamado que posteriormente fue robado durante casi 20 años.
De esos sucesos, ocurridos hace más de 70, María Eugenia Álvarez fue testigo. Sus ojos claros fueron los que se clavaron en la mirada profunda de aquella primera dama rendida, que en sus últimos días había aceptado la muerte y se despedía dejándole órdenes y un legado. “Esté siempre cerca de Juan”, fue uno de los últimos pedidos que le hizo.
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Lo que horas después siguió fueron el silencio y la paz. “Yo le cerré los ojos a Evita”, aseguró la enfermera. Aquel día, Eva Duarte de Perón pasó a la inmortalidad y allí estuvo ella, con entereza, el corazón roto por la partida de una paciente y la responsabilidad de, ahora, ser parte de la historia.
Tras ello, salió de la habitación del Palacio Unzué, que supo ser la casa presidencial durante décadas, y habló con Juan Domingo Perón sobre la triste noticia. “Qué solo me quedo, Eugenita”, atinó a decir el entonces Presidente para luego desmoronarse.
Pero la historia de esa joven enfermera había comenzado antes, mucho antes que aquel día gris.
De cuidar a sus familiares enfermos a la presidencia
María Eugenia hoy tiene 99 años y una lucidez que le permite contar con lujo de detalles cómo nació su carrera y cada momento que atravesó junto a una de las figuras femeninas más influyentes de la política argentina.
Nació en San Pedro, provincia de Buenos Aires, el 21 de junio de 1927. En 1942, con apenas 15 años, comenzó sus estudios de enfermería en la escuela del Hospital Rivadavia, dependiente de la Sociedad de Beneficencia de la Capital Federal, y se recibió en 1944. Allí, además, se especializó en instrumentación quirúrgica.
“Siempre sentí una vocación muy fuerte por cuidar a los demás. No sé explicar por qué, pero era algo que me atrapaba. Cuando había algún enfermo en la familia, siempre era yo la que estaba cerca para atenderlo, para saber qué necesitaba. Quería cuidarlos. Era una vocación muy profunda”, dijo la enfermera jubilada en diálogo con TN.
Sobre su juventud recuerda todo y hasta le dedicó unas palabras a sus padres, a quienes calificó como “maravillosos” y rescata el apoyo que le dieron en la decisión de vida.
“En el hospital aprendí que lo primero siempre es el paciente. Antes que cualquier otra cosa está su cuidado. Después viene la organización del hospital y el trabajo con el personal”, destacó.
El día que conoció a Evita
La primera vez que vio a Evita fue en 1949. María Eugenia fue una de las encargadas del cuidado de las víctimas del avión que se estrelló al regresar de socorrer a los damnificados del terremoto de Ecuador, todas pertenecientes a la fundación, entre ellas Amanda Allen. La primera dama había ido a visitar a las trabajadoras heridas y en ese momento le estrechó la mano.
“Ella me miró dos veces y me preguntó cómo me llamaba. Le respondí que era María Eugenia Álvarez y que pertenecía a la Escuela de Enfermeras”, recordó. La conversación continuó así, sobre su vida y su origen.
El tiempo transcurrió y, 15 meses después de aquel encuentro, ya trabajando con el reconocido cirujano Adrián Jacobo Bengolea, llegó la inesperada propuesta y volvieron a cruzarse. “Él me recomendó ante Perón para cuidar a Evita: ‘Hijita, vas a cuidar a la esposa del presidente de la República’”, recuerda que fueron sus palabras. Aun hoy, cuando lo repite, abre los ojos sorprendida.
A Eva la habían operado de una supuesta apendicitis que no fue, derivada de un mal diagnóstico. Su salud se deterioraba, perdía peso y los médicos no lograban dar con la causa. María Eugenia la cuidó en la residencia de San Vicente hasta su recuperación. Luego continuó su labor en el hospital mientras la salud de la esposa del Presidente continuaba siendo un tema de agenda.

Tal fue así que, meses después, sin que la propia paciente lo supiera, le hicieron una cirugía para intentar frenar un cáncer de cuello uterino avanzado.
Su enfermedad fue un secreto de Estado. Ni la propia primera dama lo sabía. Su salud era delicada y necesitaba asistencia constante. En ese momento volvió a aparecer María Eugenia. Cuidó a Eva en el postoperatorio de la cirugía realizada en el Policlínico de Avellaneda, donde intervino el oncólogo estadounidense George Pack, un especialista de renombre que había sido convocado por el Presidente sin el conocimiento de la paciente. Evita siempre creyó que quien la había operado fue Ricardo Finochietto, su médico de cabecera.
En esta segunda oportunidad, la enfermera se enteró de que había sido la misma Eva quien había solicitado que fuera su cuidadora. “Había pedido expresamente que yo fuera su enfermera. Me eligió para acompañarla y estuve con ella todo el tiempo”, sostuvo.
Cuando finalmente llegaron al problema, determinaron que el estado era grave e irreversible. Los días pasaban. El cuerpo cansado de Evita se deterioraba cada vez más y ahí estaba María Eugenia, sosteniendo. “Nuestra relación siempre fue de mucho respeto. Ella era muy amable conmigo y yo jamás me tomé atribuciones que no me correspondieran. Siempre actué como debía hacerlo una enfermera”, aseguró.
Pese a que nadie le comunicaba la verdad, para la enfermera, la primera dama tenía claro que su cuadro era complejo. “Sabía perfectamente cuál era su enfermedad. Era una mujer muy inteligente y sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Habíamos trabajado tanto que ella sentía que el tiempo se terminaba”, recordó.
Pese a la fortaleza que la esposa del Presidente tenía, aquellas épocas fueron duras. “Durante la enfermedad sufrió muchísimo. Tenía dolores muy intensos. Yo la medicaba siguiendo estrictamente las indicaciones de los médicos. Cuando se sentía un poco mejor, recibía a la gente durante más tiempo; cuando estaba peor, las visitas eran más breves, pero siempre quería recibirlas”, insistió.
Y en esas horas difíciles, lo que más le preocupaba no era su sufrimiento, sino su gran compañero. “Eugenita, esté siempre cerca de Juan, ayúdelo en lo que pueda, no lo deje solo”, le pedía a su enfermera. Ella, sin más, le aseguraba que iba a estar para acompañarlo
El histórico voto femenino
El 11 de noviembre de 1951, cinco días después de aquella cirugía, las mujeres votaron por primera vez en la Argentina y Evita tuvo el honor de ser parte de ese grupo que transformó la historia de la Nación y que dio paso a un hecho clave en la lucha del feminismo, que desde hacía años se había instalado en el país por distintos partidos políticos, mucho antes del peronismo.
“Recuerdo la enorme emoción que sintió cuando votó por primera vez. Estaba muy feliz. Ese día la acompañé”, precisó. Y no solo eso, sino que fue quien le sostuvo la urna para que emitiera el sufragio desde la cama del hospital. Aquella secuencia quedó inmortalizada en una foto histórica.
La jornada en la que las mujeres votaron por primera vez finalizó con el triunfo de Perón con el 63%. Su segundo mandato comenzaba mientras la salud de su esposa se deterioraba cada vez más.
Para aquel entonces el cáncer de Evita había hecho metástasis y los dolores solo podían ser controlados con morfina. Si bien había decidido acompañar a su marido, no aceptó seguir compartiendo habitación con él para no interrumpir su descanso. Es por eso que montó un nuevo espacio en el Palacio Unzué para ella donde era constantemente monitoreada por enfermeras y el general la visitaba al menos tres veces al día.
“Yo le cerré los ojos a Evita”
Los meses pasaron entre cuidados y dolor. El 4 de junio de 1952 Eva acompañó a Perón a asumir la Presidencia. Llevaba un importante tapado de visón para disimular el estado de su cuerpo y había sido medicada para soportar todo el evento. Esa fue la última vez que se la vio públicamente.
La madrugada previa a su deceso, Eva quiso levantarse para ir al baño. “Me dijo que sabía que no estaba bien. Yo la acompañé y traté de tranquilizarla. Le dije que todo iba a pasar, que descansara y traté de cambiar de tema. Ella insistió y me dijo ‘me queda poco’”, rememoró Álvarez.
En la tarde del 26 de julio de 1952, la primera dama había entrado en un coma profundo. Horas más tarde, la subsecretaría de informaciones de la Presidencia anunciaría que a las 20:25 había muerto la “jefa espiritual de la Nación”.
María Eugenia todavía recuerda con claridad ese día. “Yo le cerré los ojos a Evita”, aseguró.
Con el dolor latente, poco después, salió de la habitación, ya repleta de médicos y dirigentes, y habló con Perón. De aquella conversación todavía tiene el recuerdo vivo que lloraba como un nene y que le dijo: “Qué solo me quedo, Eugenita”.
“Le conté que ella estaba preocupada por él y que nos había pedido que lo cuidáramos. Le aseguré que así sería y que las enfermeras y quienes trabajábamos con ella lo acompañaríamos siempre”, explicó.
“Ver morir a Evita fue algo imposible de describir. También era muy doloroso ver cómo la gente humilde rezaba y esperaba una mejoría”, sostuvo.
El velorio de Eva Perón fue el más masivo de la historia argentina. Duró 16 días, el país se quedó sin flores y más de dos millones de personas colmaron las calles de Buenos Aires.
El después
Luego de la muerte de la primera dama, María Eugenia siguió trabajando como jefa en la Escuela de Enfermería hasta la Revolución Libertadora. La propia Eva le había encomendado que sea quien lleve adelante el proyecto. “Con el golpe regresé al Hospital Rivadavia, donde continué mi carrera con total tranquilidad”, recordó.
“Trabajé muchos años entre el Hospital Rivadavia y la Fundación Eva Perón. Formé muchas enfermeras, siempre pensando en los hospitales públicos. Yo insistía en que las mejores enfermeras debían ir a los hospitales, no a los sanatorios”, sumó.
Paradójicamente, su hermana Rita también murió de cáncer, el mismo que había transitado Evita, y siendo muy joven, a los 38 años, partió. Sus dos sobrinos quedaron a su cargo y fueron quienes la acompañaron toda la vida.
Hoy, con 99 años, María Eugenia vive en un hogar para adultos mayores de Monte Grande y mantiene latente sus recuerdos más preciados. “Cuando me preguntan por todo aquello que viví siento una mezcla de tristeza y alegría. Son recuerdos muy fuertes que nunca se olvidan”, aseguró.
“Haber sido la enfermera de Eva Perón fue simplemente cumplir con mi deber como personal de salud. Me tocó cuidar a distintos pacientes y también a ella. Era mi trabajo”, señaló y sumó: “Lo más importante que me dejó la profesión fue la satisfacción de ver recuperarse a los pacientes graves. Eso era una felicidad enorme”.
En junio del año que viene, María Eugenia llegará al centenario y ya planea festejarlo con todo. Junto a Fabiana, su cuidadora, sonríen cómplices y hasta analizan posibles escenarios para la celebración.
“Si hoy tuviera que elegir nuevamente una profesión, volvería a estudiar enfermería. Con más razón que antes. La viví con enorme felicidad. Mirando hacia atrás, siento que fue una etapa de mucho amor por mi trabajo. Siempre me consideré una trabajadora más del Gobierno, igual que tantos otros”, añadió.
“Hoy vivo feliz, tengo a mi familia. Tuve una vida tranquila. Nunca sufrí persecuciones ni problemas. Todo lo contrario: siempre viví con mucha paz”, concluyó acariciando y acomodando el pañuelo que lleva la cara de Evita y que atesora con gran cariño.
A más de siete décadas de la muerte de Eva Perón, María Eugenia conserva intactos los recuerdos de aquellos días. En la claridad de su mirada, en la emoción con la que revive cada escena y en la precisión de su memoria, sobrevive el testimonio de una mujer que fue testigo privilegiada de uno de los episodios más recordados del siglo XX argentino.
Créditos
Fotos y video: Agustina Ribó
Edición: Adrián Canda
Eva Perón, Evita, María Eugenia Álvarez, Sumario
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Hallaron en Las Toninas el cuerpo de uno de los dos kayakistas desaparecidos hace 20 días

El cuerpo de un hombre fue hallado ayer en una playa del balneario bonaerense de Las Toninas y este domingo se determinó que se trata de uno de los dos kayakistas desaparecidos el pasado 21 de septiembre. La hija de uno de ellos lo identificó a partir de los objetos encontrados en la ropa de la víctima.
De esta forma, cuerpo corresponde a Oscar Barbero, de 64 años, quien desapareció en el mar junto a Félix Mendieta. El hallazgo se produjo 19 días después de la desaparición y a cierta distancia de Santa Teresita, donde los dos hombres habían ingresado al agua, pese a la vigencia de un alerta meteorológico y a la advertencia de Prefectura Naval Argentina de que no podían navegar en esas condiciones.
Defensa Civil avisó a Prefectura a las 09:00 de ayer, sábado 10 de octubre, sobre la presencia de un cuerpo sin vida en la zona de calle 4 y playa en Las Toninas. Quince minutos después, efectivos de la fuerza verificaron que la Policía de la Provincia de Buenos Aires, a través de la Comisaría 6.ª del balneario y miembros de Defensa Civil ya preservaban el lugar.
El cadáver no había sido identificado al momento del procedimiento. Según pudo saber Infobae, vestía una campera negra y verde flúor, pantalón negro y botas de neoprene negras, y se encontraba en avanzado estado de descomposición, por lo que la Policía bonaerense inició actuaciones por “averiguación de causales de muerte”.
La fiscalía de turno dispuso la intervención de peritos, la toma de fotografías y el posterior levantamiento del cuerpo. Personal de Defensa Civil y especialistas lo retiraron de la playa a las 11:30 y, 20 minutos más tarde, fue trasladado a la morgue de Mar de Ajó.
Los objetos que reconoció la familia de Oscar Barbero
Entre las pertenencias encontradas había un llavero con forma de medalla, dividido entre una referencia al club Racing y otra a la Virgen de Luján; una llave de un vehículo Chery y un teléfono celular Motorola guardado en un bolsillo del pantalón. Según fuentes de Prefectura, Camila Barbero, hija de la víctima, reconoció esos objetos como propiedad de su padre.
Las autoridades contactaron a la mujer a las 13:15 del sábado. Ella informó que viajaría a Las Toninas para reconocer las pertenencias, y se presentó junto a otros familiares en la Comisaría 6.ª en los primeros minutos de este domingo.
El Cuerpo Médico de La Costa ordenó una autopsia en la morgue del paraje Pavón, a cargo de un médico perito. Una vez finalizado ese examen y notificados los familiares, la fiscalía dispuso enviar las actuaciones al expediente que investiga la desaparición de los dos navegantes.
Barbero y Félix Mendieta, de 43 años, habían salido en kayak frente a Santa Teresita el lunes 21 de septiembre. Ambos habían pasado esa mañana por una dependencia de Prefectura, donde fueron advertidos sobre el alerta meteorológico y la imposibilidad de navegar, pero decidieron zarpar.
Cerca de dos horas después, uno de ellos llamó para pedir auxilio. Dijo que se encontraba en un kayak turquesa frente a la calle 29, a más de tres kilómetros de la costa, sin poder regresar a la playa.
Un operativo marítimo y aéreo sobre más de 900 millas náuticas cuadradas

El rescate comenzó con vientos superiores a 20 nudos, ráfagas de hasta 45 nudos y olas de entre uno y dos metros. El temporal dificultó las maniobras y redujo la visibilidad en el mar.
Prefectura desplegó medios por agua, aire y tierra: motos de agua, embarcaciones propias, el guardacostas GC-26 Thompson, un avión de la Estación Aérea San Fernando y una aeronave B-200 de la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima. También participaron el patrullero oceánico ARA Storni, un remolcador, personal sanitario, buzos tácticos y pesqueros alertados para comunicar posibles hallazgos.
Los rastrillajes recorrieron Santa Teresita, Mar del Tuyú, Mar de Ajó y las cercanías del arroyo San Clemente. La superficie de búsqueda pasó de un cuadrante de 15 por 15 millas náuticas a otro de 30 por 30, una extensión superior a 900 millas náuticas cuadradas.
El contraalmirante Fernando Enrique Pérez Kühn, comandante del Área Naval Atlántica y jefe de la Base Naval Mar del Plata, había señalado que las posibilidades de hallar a los kayakistas con vida eran “prácticamente nulas”, de acuerdo con los protocolos y tablas de supervivencia. La investigación quedó inicialmente a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N.º 2 de Mar del Tuyú, del Departamento Judicial Dolores.
Prefectura naval,Santa Teresita
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Supermercados que abren este feriado del lunes 12 de octubre: horarios en Carrefour, ChangoMás, Jumbo, Día y Disco

Este lunes 12 de octubre es feriado nacional por el Día del Respeto a la Diversidad Cultural. En este contexto, muchos se preguntan cómo funcionarán las principales cadenas de supermercados del país.
Hipermercados como Carrefour, Jumbo, Disco, Día, ChangoMás y Vea abrirán sus puertas, aunque lo harán con los horarios reducidos, correspondientes a los feriados.
El horario de feriado suele ser de 9 a 22, aunque conviene consultar antes en las redes sociales del hipermercado para confirmar, ya que depende de cada comercio.
TNS
SOCIEDAD
Desbarataron un laboratorio clandestino de desbloqueo de celulares en Saavedra: más de 130 dispositivos secuestrados

Un laboratorio clandestino dedicado al desbloqueo de teléfonos celulares fue desbaratado durante un allanamiento en una vivienda del barrio porteño de Saavedra. En el lugar, la Policía de la Ciudad secuestró más de 130 dispositivos y partes de equipos informáticos, además de distintas herramientas tecnológicas utilizadas para intervenir los aparatos.
La investigación comenzó a partir de una publicación en una plataforma digital, donde se ofrecían servicios para eludir los sistemas de bloqueo de activación de los teléfonos mediante procedimientos conocidos como “bypass” o “salto de iCloud”.
El aviso fue detectado por efectivos de la División Delitos Tecnológicos Complejos de la Policía de la Ciudad, que realizaban tareas de ciberprevención para identificar posibles actividades ilegales en Internet.
A partir de ese hallazgo, los investigadores llevaron adelante trabajos de campo y analizaron registros aportados por la plataforma digital para identificar el lugar desde el que se ofrecía el servicio.
Las averiguaciones condujeron hasta una casa de una planta ubicada en Saavedra, donde funcionaba el taller clandestino.
Con intervención de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 11, a cargo de Gerardo Pollicita, el Juzgado Federal N° 5, encabezado por María Eugenia Capuchetti, ordenó el allanamiento del inmueble, a través de la Secretaría N° 9.
Durante el procedimiento, los agentes encontraron 61 teléfonos celulares y 75 partes de equipos informáticos. Entre los elementos secuestrados había una herramienta de desbloqueo denominada “Sigma”, pendrives, discos externos y cuatro notebooks.
Según la información policial, el taller ofrecía servicios para sortear los bloqueos de activación de los equipos, una actividad investigada por presunta infracción a la Ley 25.891, que regula la comercialización de servicios y dispositivos de comunicaciones móviles.

El denominado “salto de iCloud” es un procedimiento que busca eludir las restricciones de activación de dispositivos Apple, diseñadas para impedir que terceros puedan utilizar un teléfono sin la autorización del propietario.
Todos los elementos encontrados durante el allanamiento fueron secuestrados y quedaron a disposición de la Justicia para continuar con la investigación.
En tanto, el responsable del taller quedó a disposición del juzgado federal interviniente.
laboratorio clandestino de desbloqueo de celulares
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