POLITICA
Kicillof, entre los lobos K y el pastor mediático

Por fuera (o a causa) de los tropiezos políticos, sociales y económicos del Gobierno han empezado a pasar cosas que, de a poco, alteran la dinámica política nacional, hasta ahora hegemonizada por los éxitos y desaciertos del oficialismo libertario. Nada que amenace la estabilidad ni la gobernabilidad, pero algo que sí modifica el escenario y el horizonte.
Después de ser el partido del poder, de dos décadas de hegemonía kirchnerista, de perder cinco de las últimas seis elecciones nacionales y con el más bajo nivel de representación legislativa y el menor control territorial desde la recuperación a la democracia, el peronismo se mueve, se agita y se retuerce en busca de no terminar como una confederación declinante de fuerzas provinciales y de volver a ser una alternativa de Gobierno.
Las disputas están alcanzando picos de agresividad y exposición que no encuentran registro desde 1983 dentro de lo que es o, mejor dicho, de lo que alguna vez fue el hegemónico universo kirchnerista, pero también más allá de esa burbuja a punto de estallar. Ni siquiera la conflictividad llegó a tanto cuando el peronismo debió encarar la renovación tras la derrota ante Raúl Alfonsín, la primera en su historia sin estar proscripto su líder.
En ese campo de batalla, empieza a ser desafiado abiertamente y desde varios flancos el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que hasta ahora era el único candidato probable a presidente del peronismo, de acuerdo con las encuestas de imagen y los germinales sondeos sobre intención de voto.
El cristicamporismo por un lado y un muy heterogéneo conglomerado, en el que confluyen políticos y sindicalistas peronistas con exdeportistas y exdirigentes de otras fuerzas, por otro, le disputan la instalación al mandatario.
Kicillof ha quedado en estos días en medio de zarpazos de los lobos K y de la instalación mediática del pastor (o predicador), radicado en Estados Unidos, Dante Gebel. Un trabajo de pinzas no coordinado, que los primeros realizan de manera frontal y desembozada y el otro de forma tangencial y colateral. Aunque no son los únicos que lo ponen en aprietos.
El Gobierno nacional es en la práctica la gran amenaza para las aspiraciones de Kicillof, no ya como adversario en 2027, sino por el fuerte impacto negativo que está teniendo en las arcas provinciales el efecto de la actual política económica y el recorte de la aportes, por el cual hay en marcha un caso en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Según datos que esgrime el gobierno provincial, en febrero pasado la caída en la coparticipación que recibe la provincia fue de 100.000 millones de pesos respecto del mismo mes del año anterior. Y la pérdida total de recursos (por aportes nacionales, incluidos transferencias interrumpidas y obras paralizadas, más ingresos propios) alcanzaría a los 22 billones de pesos.
No obstante, eso corre por otro andarivel y le sirve a Kicillof de argumento para la construcción de su figura como antagonista del presidente libertario. También, como víctima de un programa que está afectando a amplios sectores del conurbano, por el cierre de empresas, los despidos y la caída del consumo.
Aun en medio de esa disputa con el gobierno nacional, el viaje a la cumbre progresista iberoamericana realizado en España por el gobernador pareció ser la señal de largada para los ataques abiertos y frontales del kirchnerismo.
Los golpes le llegaron a través de algunos dirigentes sobre los que Cristina Kirchner ejerce sus habilidades de ventrílocua, como el senador Oscar Parrilli, y de prominentes camporistas como la diputada provincial y exintendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, quien aspira a quedarse con la gobernación de la provincia de Buenos Aires.
A eso sumó el proyecto de declaración de la emergencia alimentaria en la provincia, presentado por el pintoresco y polémico exintendente y ahora senador provincial Mario Ishi, a quien la expresidenta puso en la línea de sucesión bonaerense al impulsar su nombramiento como vicepresidente primero de la Cámara alta. Para los kicillofistas se trata de un golpe bajo el cinturón: mientras el gobernador busca derivar en la Nación la responsabilidad por los problemas que padecen los bonaerenses de menos recursos, Ishii lo hace responsable. Delicias de las guerras fratricidas.
“Detrás de todo esto está Cristina. No tenemos ninguna duda de que es ella la que motorizó los ataques, con la manija que le dan los camporistas. Los volvió locos que Axel fuera recibido y apoyado en un ámbito que creían propio, sobre todo cuando fue elogiado por Lula. Esa no es la causa de todos los ataques, sino la gota que rebalsó el vaso. Expuso el ocaso y tocó la inmensa vanidad de Cristina”, dice uno de los funcionarios más cercanos a Kicillof, con quien coinciden un estrecho colaborador de la vicegobernadora Verónica Magario y un intendente que integra de Derecho al Futuro, la línea interna que apoya al gobernador, enfrentada con La Cámpora.
El viaje obró como detonante (o excusa) pero hay otras razones que vienen de más lejos y están vinculadas con la condena y la detención domiciliaria que restringe la libertad y la actividad política de la expresidenta, así como la ruptura total de todo vínculo entre el hijo biológico y quien alguna vez fuera el hijo político de Cristina Kirchner, hoy devenidos en una especie de Caín y Abel en grado de tentativa. O los Cristian y Eduardo Nilsen, de Borges, sin necesidad de ninguna intrusa.
Como se lo enrostró explícitamente en un chat Mayra Mendoza, los cristicamporistas acusan a Kicillof de no solidarizarse suficientemente ni demandar de forma más contundente por la anulación de esa condena y la liberación de Cristina Kirchner.
El peso del encierro y la pérdida de la centralidad se estarían haciendo cada día más insoportables para la expresidenta, tanto como la ausencia de un operativo clamor que solo se aleja y se diluye, lo que afecta al camporismo, cuyos dirigentes no son propietarios de mucho más que del declinante poder delegado de la madre del jefe de su agrupación.
De alguna manera eso mismo es lo que planteó el amanuense Parrilli, quien con el argumento de que Cristina Kirchner está proscripta y no legalmente condenada, instaló la posibilidad de un llamado a votar en blanco si ella no recupera sus derechos políticos. Parrilli, además, anunció que la vieja guardia camporista está en marcha para frenar cualquier candidatura mientras la condena a su jefa siga firme. Ad aeternum. Aunque no se quedó ahí. Advirtió que si ”Cristina está proscripta, el próximo presidente [peronista] va a durar poco”.
En una sola oración el exsecretario general de la Presidencia puso a la expresidenta a la par de Perón y a Kicillof en un pie de igualdad con Héctor Cámpora. Habrá que ver si el paralelismo gusta a sus jefes. Cristina ha expresado demasiadas críticas al fundador del peronismo y Máximo Kirchner y sus seguidores tienen por numen al efímero presidente nacido en San Andrés de Giles. Para los que lo ignoran vale aclarar que se trata del nombre completo de una ciudad bonaerense. No de un adjetivo para calificar a algunos allí nacidos o a los reivindicadores del mandatario al que Perón sacó de escena.
La guerra del cristicamporismo contra Kicillof no se circunscribe a las redes sociales y a los medios de comunicación. Tiene efectos prácticos más concretos. La Legislatura bonaerense es un terreno minado para la escualidez legislativa del gobernador y la ausencia de colaboración de La Cámpora y el tradicional vaivén del massismo, que en su ambigüedad y en su beneficio siempre termina más cerca de la casa-prisión ubicada en San José 1111 que de La Plata.
Ahí duermen, anestesiados por el cristicamporismo, proyectos imperiosos para la construcción política de Kicillof y de los intendentes que lo apoyan, como la habilitación para la re-re-reelección de los jefes comunales, la instauración de las elecciones primarias abiertas obligatorias y simultáneas para cargos provinciales y la implementación de la boleta única.
La guerra fratricida promete más capítulos. Sin embargo, Kicillof no se anima a dar el paso crucial de romper con sus adversarios internos, tanto que mantiene en su cargos a varios ministros o directores del camporismo, lo que dilata y complica la posibilidad de avanzar hacia la conquista de otros apoyos en el peronismo fuera del declinante círculo kirchnerista.
La determinación para apostar por su propio destino es una de las incógnitas que abundan sobre el gobernador bonaerense en un universo peronista fragmentado, con interés diversos y en muchos casos antagónicos, que solo se suele ordenar ante quien tenga dotes, actitud y poder real para ejercer un liderazgo.
El origen kirchnerista de Kicillof, su orientación ideológica y su trayectoria menos afines a la tradición peronista, por otra parte, dan lugar a diversas apuestas. Algunas embrionarias y otras más explícitas como las de algunos dirigentes sindicales y políticos del panperonismo que promueven la figura del pastor o comunicador evangelista Dante Gebel.
La variopinta confluencia multisectorial y pluripartidaria, con mucho ADN peronista, se ha lanzado con el sello Consolidación Argentina a instalar al influencer radicado en Estados Unidos como probable postulante a la Presidencia en una especie de operativo renovación política que viene de afuera y arriba. Del norte y ¿del cielo?
El mediático personaje no ha confirmado, pero no ha descartado su intención de lanzarse como candidato a la primera magistratura. Lo hizo durante un intenso raid mediático con un mensaje o un libreto muy estudiado, del que no suele apartarse nada.
A ello le sumó encuentros más reservados con diversos dirigentes sociales y políticas. Como la comida que se realizó anoche en la casa del histórico massista José Ignacio de Mendiguren, para explorar un programa de cuño desarrollista que el exfuncionario elabora con un grupo de jóvenes técnicos.
Tras este desembarco más abierto en la arena política y también con esos contactos, Gebel aparece como un incipiente reverso de la imagen de Milei diferente de la que representa el gobernador bonaerense.
“Si Axel Kicillof es la contracara ideológica del presidente Milei, Dante Gebel es la contracara de carácter y personalidad de Milei. Este es agresivo, maleducado y el otro es empático, amable, educado. Eso aparece en un trabajo que acabamos de hacer”, afirmó el consultor Raúl Timerman, cuya empresa La Sastrería emprendió un amplio estudio para saber cómo es percibido por la opinión pública y qué atributos se destacan.
En ese trabajo se destaca que el eventual candidato potencia su condición de outsider y de antagonista de Milei, como atributos, con un mensaje que carece de programa y que se apalanca en un planteo de naturaleza espiritual antes que política, con un fuerte llamado al cambio y la superación individual para poder lograr la transformación y el progreso colectivos. Una propuesta inherente a su condición de evangélico, aunque su lanzamiento no goza de unanimidad en el universo de las iglesias evangélicas, muchos de cuyos líderes toman distancia de esta avanzada.
El estudio de La Sastrería destaca que de esa manera la narrativa de Gebel se diferencia tanto de Kicillof como de Milei, quienes hacen hincapié en lo material y en los asuntos de índole económico.
“El enemigo para Milei es externo, es la casta, mientras que para Gebel el enemigo es interno, uno mismo”, destaca Timerman. Su trabajo muestra que si bien el comunicador-predicador y protocandidato ha crecido en instalación, la intención de voto que reúne apenas roza el 11% y tiene un nivel de desconocimiento de casi el 60%, lo que el consultor considera un hecho positivo dado que así tendría mucho margen para crecer. Aunque deberá concretarlo.
Esos números hoy no permiten verlo como un competidor de riesgo para Milei ni para Kicillof, aunque sí podría ser una amenaza por el daño que podría causar de penetrar en el círculo de sus votantes más lábiles o desencantados.
En ese terreno, los peronistas que promueven su candidatura podrían afectar las chances del gobernador Kicillof. Aunque también se ilusionan con que algunos exlibertarios que se han sumado a la cruzada gebeliana toquen la base mileísta.
Falta demasiado para las elecciones, pero la disputa fratricida en la que se ha sumergido el kirchnerismo, en particular, y el peronismo, en general, más la desafección de algunos líderes territoriales del movimiento, son fuertes llamados de atención.
Entre los propios desafíos a su gobernabilidad, la candidatura de Kicillof afronta la presión de los lobos kirchneristas y la apuesta al pastor mediático de algunos peronistas. Un motivo de alegría para el oficialismo libertario en tiempos difíciles.
Detectan a un funcionario del Gobierno con propiedades y sociedades sin declarar en Estados Unidos,La Justicia confirmó que Manuel Adorni pagó 8874 dólares en efectivo para hospedarse en Aruba,Claudio Jacquelin,Axel Kicillof,Javier Milei,Cristina Kirchner,Conforme a,,La denuncia del Gobierno contra periodistas se contradice con la propia normativa interna que impuso Milei,,AFA. La Cámara de Casación citó a una nueva audiencia para definir qué juez se queda con la causa por la quinta de Pilar,,»Golpe judicial». La Corte Suprema resolverá si es constitucional ampliar el Superior Tribunal de Santa Cruz,Axel Kicillof,,Acto con militantes en Avellaneda. Kicillof criticó a Milei por su reunión con Peter Thiel: “Menos escuela austríaca”,,Desplaza a Máximo. Kicillof asume en el PJ bonaerense con la intención de reforzar su candidatura presidencial,,Salud y educación. Dos gremios claves para la gobernabilidad de Kicillof ponen en juego sus jefaturas en elecciones internas
POLITICA
Patricia Bullrich y el plan B de Milei: cómo retener al votante que dice “sí, pero”

Hay una pregunta que empieza a sobrevolar la política argentina a medida que se acerca 2027: ¿qué pasa con los votantes que quieren que Javier Milei continúe, pero no están dispuestos a acompañarlo en todo? Son los que respaldan el equilibrio fiscal, el combate contra la inflación, la política de seguridad y el intento de terminar con determinadas prácticas de la política tradicional. Pero, al mismo tiempo, se incomodan con algunas formas del Presidente, reclaman que la recuperación económica llegue a sus bolsillos y esperan que el cambio no se lleve puestos ciertos límites institucionales.
Son los votantes del “sí, pero”. Los que pueden decir que sí al rumbo, pero no a cada decisión. Los que no quieren volver al pasado, aunque tampoco están necesariamente conformes con todo lo que sucede en el presente.
En ese espacio aparece Patricia Bullrich. Y sus últimos movimientos permiten formular una hipótesis: quizás no esté construyendo un plan para sacar a Milei del centro de La Libertad Avanza, sino para evitar que quienes tienen reparos con el Presidente terminen buscando una alternativa fuera del oficialismo.
Los acontecimientos de los últimos días le dieron una nueva dimensión a esa posibilidad.
El viernes 23 de octubre, durante la cena de la Fundación Faro, Milei volvió a utilizar expresiones extremadamente duras contra periodistas que investigaron la causa $LIBRA. Habló de “quemarlos en la hoguera”. Al día siguiente, Bullrich publicó una fotografía abrazada al Presidente y destacó la actividad como “una noche de ideas y de libertad”.
Pero el domingo llegó el contraste. En una entrevista televisiva, la senadora cuestionó las expresiones presidenciales y sostuvo que Milei había “cruzado un límite”. “Defender la libertad también es respetar a quienes nos cuestionan”, afirmó. Y agregó una definición que marca una diferencia conceptual: frente a las críticas, “se responde con argumentos”.
La secuencia es elocuente: primero, la foto de cercanía; después, la diferenciación pública. Bullrich no reniega de la identidad libertaria ni de su pertenencia al Gobierno, pero establece un límite frente a una conducta presidencial que considera inconveniente.

El lunes 26 llegó otro episodio. La senadora no asistió a la reunión de gabinete encabezada por Milei en la Casa Rosada. Desde el Gobierno se habló de motivos personales. Sin embargo, distintas reconstrucciones periodísticas vincularon la ausencia con su malestar por los ataques a la prensa y con las diferencias que comenzaban a hacerse visibles alrededor de las elecciones brasileñas. No hay una explicación única que permita atribuir el faltazo exclusivamente a una razón política, pero su coincidencia temporal alimentó las interpretaciones.
Y el miércoles 28, Bullrich volvió a marcar una diferencia. Mientras Milei decidió no emitir un mensaje oficial de felicitación a Luiz Inácio Lula da Silva por su victoria frente a Flávio Bolsonaro, la senadora reconoció el resultado electoral brasileño. “La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta”, escribió. También cuestionó la utilización de una Justicia que no sea imparcial como herramienta para eliminar a la oposición.
No se trata de presentar a Bullrich como una dirigente que abandona sus convicciones políticas. De hecho, respaldó a Flávio Bolsonaro durante la campaña. La diferencia es otra: una cosa es tener preferencias ideológicas y otra, desconocer el resultado de una elección. La senadora defendió el respeto a la voluntad popular aun cuando el ganador pertenece a un espacio político con el que mantiene profundas diferencias.
Prensa, instituciones, resultados económicos y reconocimiento electoral: los matices empiezan a configurar un patrón de diferenciación. La pregunta es si ese patrón responde solamente a convicciones personales o si, además, puede tener una utilidad política dentro de la coalición gobernante.
No es la primera vez que Bullrich se mueve en esa dirección. En agosto había reclamado “más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”. La frase apuntaba a uno de los principales desafíos del Gobierno: transformar los indicadores macroeconómicos en mejoras perceptibles para las familias. También se diferenció cuando se discutió la continuidad de la candidata judicial María Verónica Michelli y cuando rechazó promover un jury contra jueces que habían cuestionado aspectos del régimen penal juvenil. En este último caso sostuvo que las decisiones judiciales deben discutirse mediante las vías de revisión correspondientes, no mediante la persecución política de los magistrados.

A esos episodios se sumaron sus publicaciones en redes sociales. Primero, un video musicalizado con “No me importa”, de Lali Espósito. Después, una pieza que terminaba con una frase de tono electoral: “Patricia sabe de la fuerza de los argentinos. Patricia conoce Argentina”. El video alimentó las especulaciones sobre un eventual proyecto propio, aunque no constituye por sí mismo una confirmación de una candidatura presidencial.
La pregunta es qué significa todo esto para el oficialismo.
En el mundo de las encuestas y la consultoría política empezó a circular el concepto de “siperismo”. La expresión intenta describir a quienes responden “sí, pero”: acompañan aspectos centrales del cambio impulsado por Milei, aunque conservan objeciones sobre sus formas, sus costos o sus resultados.
No necesariamente son moderados ni centristas. Pueden ser votantes convencidos de que la Argentina necesitaba un cambio profundo, pero que no consideran que ese cambio justifique cualquier conducta o cualquier demora en la recuperación de sus ingresos.
Es allí donde Bullrich podría cumplir una función específica. Su mensaje implícito sería: no hace falta abandonar La Libertad Avanza para expresar disconformidad con determinadas decisiones. Es posible acompañar el rumbo y, al mismo tiempo, reclamar correcciones.
La hipótesis tiene una lógica electoral. Si esos votantes encuentran dentro del oficialismo una voz que los representa, podrían tener menos incentivos para buscar una alternativa por fuera de la coalición. Bullrich podría convertirse, así, en una suerte de garante de los matices: una dirigente que sostiene el proyecto general, pero procura establecer límites y representar los reclamos de quienes no adhieren sin reservas a Milei.

La pregunta es cómo. Milei —y Karina— está decidido a que no haya PASO. Eso —en línea con el planteo de esta columna— sería un problema para Patricia Bullrich. “Patricia no quiere eliminar ni suspender las PASO”, repiten a coro una decena de senadores aliados del gobierno. Es que las primarias constituyen una herramienta que le permitiría a la senadora competirle al presidente la candidatura en 2027. Consciente de eso, el presidente de la Cámara de Diputados y mano derecha de la hermana del Presidente, Martín Menem, salió a marcar la cancha el viernes pasado. “No hay dos candidatos en La Libertad Avanza a la Presidencia. Es mi postura. Soy vicepresidente del partido a nivel nacional y presidente por mi distrito, que es La Rioja, y te diría que es unánime la idea de que el único candidato de La Libertad Avanza es Javier Milei”, dijo en un claro mensaje a Bullrich.
En definitiva, pesarán la matemática y la opinión pública. Los datos de imagen pública aportan un elemento adicional, aunque deben leerse con cautela. En una medición de D’Alessio IROL y Berensztein difundida en octubre, Bullrich registró un 45% de imagen positiva y un 51% negativa, frente al 35% positiva y el 62% negativa de Milei. Otras encuestas mostraron resultados diferentes, incluso con cifras similares entre ambos. Por eso, no se puede afirmar que exista una ventaja uniforme ni convertir la imagen personal en una estimación automática de votos. Sí puede señalarse que Bullrich conserva un nivel de reconocimiento y una base de valoración que hacen políticamente relevante su posicionamiento.
Hay, además, una diferencia entre la demanda y la oferta. Que exista un electorado que quiera continuidad con correcciones no significa que ya haya una tercera fuerza competitiva, ni que Bullrich vaya a encabezarla. Tampoco demuestra que sus diferencias públicas formen parte de una estrategia acordada con Milei. Por ahora, eso pertenece al terreno de las hipótesis.
Pero el dilema de 2027 está planteado. La elección podría no organizarse únicamente entre continuidad y cambio, sino también alrededor de una discusión dentro del propio espacio oficialista: qué significa continuar, qué aspectos del rumbo deben preservarse y cuáles necesitan correcciones.
Bullrich parece estar explorando ese lugar sin romper formalmente con el Gobierno. Sus declaraciones sobre la economía, sus reparos frente a los ataques al periodismo, su ausencia en la reunión de gabinete y su reconocimiento del resultado electoral en Brasil son episodios distintos, pero pueden ser leídos como expresiones de una misma búsqueda de autonomía.
El desafío para Milei es que el rumbo económico y político que propone no depende solamente de conservar a sus votantes más convencidos. También necesita retener a quienes lo acompañaron para terminar con un modelo que rechazaban, pero esperan resultados y límites que consideran indispensables.
Quizás el verdadero “plan B” no sea un candidato alternativo ni una ruptura inminente. Quizás sea algo menos visible y, al mismo tiempo, decisivo: evitar que los votantes que dicen “sí, pero” tengan que salir de La Libertad Avanza para encontrar a alguien que los escuche.
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POLITICA
Círculo rojo: Milei juega a todo o nada mientras el establishment especula hasta dónde tensionará Bullrich

“Estén seguros de que el plan de Javier va a salir… En lo que a mí se refiere, no hay chance de que yo termine bien”, les dijo Santiago Caputo a los periodistas Manuel Jove y Maia Jastreblansky, según consta en la biografía del consultor presidencial escrita por ambos.
Es difícil predecir el final, más allá de algunos cuantos indicios, pero el asesor suele coquetear con el abismo, y cuando lo hace, pareciera disfrutarlo. Acaba de suceder con la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil hacia los Estados Unidos a través de Misiones, un operativo cinematográfico que Caputo supervisó dentro de la Argentina en contacto con la familia del ex candidato investigado por la Justicia brasilera e interlocutores de la administración norteamericana, que garantizaron la operación.
Javier Milei sabía del plan desde el lunes: esa garantía fue una de las razones por la que definió que no reconocería el triunfo de Lula da Silva mientras todos los presidentes de la región, sin excepciones ideológicas, saludaban al veterano líder del PT que en el verano iniciará su cuarto mandato.
Existe, más allá de los matices y de la profundidad del vínculo que cosecharon en estos años con el círculo rojo –a pesar de su rebeldía pública, el consultor construyó y mantiene, a diferencia del presidente, relaciones muy aceitadas con el establishment político y empresarial-, un hilo rojo entre ambos: cierta fascinación por la espectacularidad, por jugar muchas veces al límite y por un ejercicio del poder poco convencional. Casi siempre, a todo o nada.
Fuentes oficiales aseguran que la semana anterior al balotaje brasilero, los enviados de la administración republicana, encabezados por Christopher Landau, que visitaron la Argentina dieron señales de que la elección en el país vecino no marchaba, como suele decir Caputo, acorde al plan. Fue en el contexto de la reunión que se desarrolló en Economía con Luis y Santiago Caputo, y que el ministro se encargó de difundir por los canales oficiales del ministerio con un video cuidadosamente editado para resaltar la presencia del estratega libertario. Una semana de puro show que siguió con la cena de la Fundación Faro y terminó con el operativo de Puerto Iguazú.
“Toto” y el consultor estrella de Milei se han encargado en los últimos tiempos de instalar que la relación con el gobierno norteamericano depende en buena medida de ellos. En lo económico, y en lo político.

Eso explica, en parte, que el operativo en Puerto Iguazú, que estaba previsto para la madrugada del martes y que se demoró 24 horas –esa primera alteración del plan original desató una paranoia inusual en Las Fuerzas del Cielo-, haya sido supervisado en persona por el consultor. Se montó para eso una fenomenal maniobra de distracción ejecutada por colaboradores que incluyó un alto nivel de secretismo –funcionarios de primera línea se enteraron con el hecho casi consumado- y el servicio full time de funcionarios del ente Yacyretá, como Orlando Palacios y Jorge Waisman, que quedaron al descubierto cuando fueron demorados por un control provincial junto al principal asesor de Milei. Por ese operativo policial, hubo cortocircuitos con el gobernador Hugo Passalaqcua.
Sin embargo, tal vez uno de los mayores impactos de la operación Bolsonaro y la decisión presidencial de desconocer la victoria de Lula, que exhibió el alineamiento irrestricto del gobierno con la administración Trump, esté asociado al nuevo deterioro en la relación entre la Casa Rosada y Patricia Bullrich. En desacuerdo con la posición oficial, la senadora homologó el triunfo del líder del PT el miércoles en sus redes sociales: tuvo tiempo de sobra para procesar la operación Bolsonaro y conocer el nivel de colaboración del Gobierno con el ex candidato presidencial.
Esa publicación pudo haber sido un parteaguas en la relación con los hermanos Milei, cada vez más fastidiados con la ex ministra. Fuentes oficiales confían en que ya no es solo Karina Milei la que está furiosa con la senadora, sino también el presidente. Ahora se sumó Caputo, que hasta el momento había funcionado internamente como un aliado de Bullrich frente a la “guerra santa” –así la califican en su entorno- desatada entre la jefa del bloque libertario en el Senado y los Menem. El viernes, Martín Menem dijo públicamente que en La Libertad Avanza no hay espacio para dos liderazgos: Milei reposteó mensajes en sus redes con esas declaraciones.
Hasta qué punto Bullrich es capaz de tensionar con Milei es la pregunta más recurrente del círculo rojo, que sigue fantaseando con una ruptura que propicie una candidatura de la senadora. “Hasta la Presidencia”, respondió un integrante de su entorno consultado por esa inquietud que atraviesa al establishment. “Se están precipitando las cosas”, desparramaron desde ese entorno a mediados de semana. Ese interrogante alcanza también a los representantes de la administración norteamericana, que regaron al círculo rojo con un mensaje unívoco: “Hay que trabajar por la reelección de Milei”. Cerca de la senadora aún recuerdan algunos chispazos en la campaña del 2023 con el entonces embajador estadounidense, Mark Stanley.
Hace poco más de quince días, Bullrich recibió en sus oficinas a un grupo de economistas afines -al menos tres- para analizar el rumbo del programa económico. Se compartió un diagnóstico pesimista. La senadora no cree que todo esté marchando acorde al plan, más bien lo contrario. Y suele machacar públicamente. Quiere resguardar su capital político: para eso reproduce spots de campaña que tienen horas de edición y que suelen contener un mensaje cada vez más explícito a la Casa Rosada. Su última pieza de TikTok tuvo 4.8 millones de reproducciones.
En el Gobierno están convencidos, además, de que Bullrich no trabaja activamente para lograr la suspensión de las PASO, un objetivo prioritario de la Casa Rosada dentro de la reforma política. Incluso creen que negoció con el peronismo la citación del jefe de Gabinete para finales de noviembre. Diego Santilli ya no sabe cómo sostener la impaciencia de los gobernadores aliados que están dispuestos a cerrar un acuerdo con el Gobierno a cambio de reglas de juego claras en sus distritos: básicamente, que no les instalen competidores. Ya ni siquiera es cuestión de plata. El tiempo se agota a medida que se acerca el fin de año. Puertas adentro atribuyen la demora a los Menem, que insisten con la instalación de dirigentes en varias provincias. Karina Milei duda. Santilli espera: no pudo todavía garantizarle a ningún gobernador que sus superiores validen sus promesas.

Esa posición de Eduardo y Martín Menem expone una de las diferencias con Caputo, que volvió a relacionarse activamente con algunos gobernadores tras el confinamiento al que se sometió cuando perdió la interna con la hermana presidencial y fue despojado del control de la estrategia política y del vínculo con la Justicia. En los últimos tiempos, se ha reunido con varios jefes provinciales en Buenos Aires, en extrema reserva. “Hay por lo menos media docena de ellos que quieren cerrar el acuerdo a través de él”, aseguró una fuente que tiene intereses en ese sector.
El consultor se delató públicamente en Iguazú, durante el operativo Bolsonaro, en una exhibición de poder y de su aparente cercanía con un sector del Partido Republicano, y para mostrar que todavía presta servicios valiosos en nombre de la la batalla cultural del Presidente, una variable de la gestión a la que Milei le dedica la mayoría de su tiempo. “Es más un canciller de las ideas que un presidente”, lo definió un operador libertario.
Caputo, de todos modos, presta mucho más que servicios para Milei. El Presidente no pareciera conocer el alcance ni la magnitud de las áreas que controla su consultor estrella. En ese universo tomó mayor protagonista en los últimos tiempos Macarena Alifraco, una colaboradora premium del asesor que pasó a monitorear la Aduana y el PAMI. Hubo movimientos recientes en Ezeiza. Francisco, hermano del estratega, tiene un rol clave. Las relaciones por fuera de ese grupo empezaron a modificarse de un tiempo a esta parte. Hay nombres que empiezan a tomar cada vez más notoriedad. Por ejemplo, el de Juan Pablo Mazzola.
Ninguno tiene cargo oficial.

Es la economía… Milei está en otra sintonía. La última semana la dedicó, casi con exclusividad, a seguir los pormenores de la operación Bolsonaro y sus implicancias regionales. En el plano local, está enfocado solo en la gestión del programa económico, que decidió mantener a rajatabla a través de una firme disciplina fiscal que el ministro de Economía ejecutó al pie de la letra. Tanto que, varios meses atrás, se llegó a cortar –por error- la provisión de comida de Olivos para sostener la política de ajuste. Los más memoriosos recordaron cuando, en la previa de la crisis del 2001, se recortó –no por error- el servicio de catering del avión presidencial.
“Toto” Caputo está preocupado. Lo manifestó en diversos encuentros privados con economistas o dirigentes afines, a los que le preguntó, uno por uno, qué hacer frente a los magros resultados del programa. Esa preocupación se trasladó a los encargados de la misión argentina del Fondo Monetario, que también plantearon inquietudes por la sostenibilidad futura del programa en reuniones reservadas con economistas y consultores. Por ejemplo, en torno a la política monetaria. Uno de esos economistas patentó el concepto de “Argen-RIGI” en referencia al “20%” de la actividad que vive una expansión por el boom de la minería, el agro y el oil & gas concentrada en esos sectores, y que le proporcionará al Banco Central una lluvia de dólares el próximo año. Son los ganadores indiscutidos del modelo. El problema es la incertidumbre electoral, que llevó por ejemplo a una suba del Riesgo País hasta los 790 puntos básicos, y la cobertura que busquen los ahorristas frente a esa volatilidad: en el 2025, año eleccionario, la dolarización de carteras por parte de los argentinos alcanzó los USD 32 billones.

Fueron toda una novedad, en ese sentido, las declaraciones de Karina Milei del jueves en Rosario, cuando planteó la necesidad de que esas inversiones converjan en mayor empleo para las pymes locales. Es la discusión que los industriales llevaron al Senado en la discusión por el Súper RIGI.
La industria está castigada, y el Gobierno parece haber tomado conciencia de la seriedad de ese castigo. Por eso esta semana “Toto” Caputo y Santilli darán el presente en un encuentro de la UIA, a diferencia de lo sucedido meses atrás, cuando el oficialismo vació la reunión anual de la entidad en el Gran Buenos Aires.
El conurbano es el más castigado por la política económica del Gobierno. El miércoles, en Infobae al mediodía, el obispo de San Justo, Eduardo García, dijo que era la primera vez que habían tenido que espaciar el servicio de comedores populares por falta de fondos a través del programa PNUD que administra Capital Humano. Aseguró que la asistencia a esos comedores volvió en el último tiempo a niveles de la pandemia. Intendentes del Gran Buenos Aires empezaron a notar, en ese contexto, un nivel mayor de malestar en los sectores más postergados.
Son malas noticias para Santilli, que sigue aparentemente decidido a postularse en la provincia de Buenos Aires. No cree, como algunos de la cúpula libertaria -¿incluido el Presidente?-, que es mejor dejar librada al peronismo la suerte de los bonaerenses y no gastar un peso en ese distrito.
North America
POLITICA
El pedido de la Iglesia argentina frente a la llegada del Papa y la mirada del Gobierno

El próximo viernes, León XIV partirá desde Roma rumbo a Uruguay, la primera escala de la gira sudamericana que lo traerá a la Argentina el próximo domingo, 8 de noviembre, después de casi cuatro décadas sin una visita papal al país. Para la Iglesia argentina, el acontecimiento excede largamente la organización de una agenda de misas, encuentros institucionales y actividades pastorales. También representa una oportunidad para intentar recomponer un vínculo con el poder político que, a pesar de los contactos de los últimos meses, todavía está lejos de alcanzar la continuidad que reclaman las autoridades eclesiásticas.
En el Episcopado hay una expectativa concreta: que la llegada del Papa no funcione como una tregua circunstancial ni como una foto institucional que se agote cuando el avión papal despegue rumbo a Perú. El planteo que hicieron llegar a los interlocutores del Gobierno es de largo plazo. Quieren que se establezca un canal de diálogo permanente, con interlocutores definidos y una agenda que no dependa exclusivamente de las necesidades de cada coyuntura.
En algunos sectores de la Iglesia hay, incluso, malestar por la percepción de que el Gobierno se acerca ahora por conveniencia. “Están enojados porque creen que los están usando”, sintetizaban fuentes eclesiásticas. La sospecha es que, una vez que León XIV abandone la Argentina, los contactos volverán a espaciarse y la relación institucional perderá la intensidad que adquirió durante los preparativos del viaje. “Sienten que después de la salida del Papa no va a haber más relación. Es algo transitorio”, describen.
En la Casa Rosada, según pudo reconstruir este medio, se comprometieron a escuchar el planteo, y tomaron nota. Un alto funcionario lo consideró “lógico”. Y en conversaciones informales apuntaron que el vínculo no quedeará limitado a la coordinación de la visita, aunque todavía no se habla de la forma concreta que tendrá ese compromiso.
Hay una necesidad del Gobierno de evitar que la visita del Papa sea un punto de inflexión negativo para su gobierno, en especial en un momento de debilidad económica, en medio de la suba del riesgo país y la fuerte caída de la actividad que admite el propio Presidente, que impactan en los habituales temas sociales que preocupan a la Iglesia.

La distancia tiene antecedentes. Milei recibió a las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina una sola vez desde que llegó a la Presidencia: fue el 12 de marzo de 2024, cuando el titular del organismo era monseñor Oscar Vicente Ojea, entonces obispo de San Isidro. En aquella reunión, los obispos le transmitieron su preocupación por la situación económica y social, la falta de alimentos y medicamentos y las dificultades que atravesaban los sectores más vulnerables, según las inquietudes que recibían de las distintas diócesis del país.
Desde entonces, los encuentros con el Presidente no tuvieron continuidad. La relación se sostuvo a través de otros funcionarios y volvió a cobrar intensidad con los preparativos de la visita papal, pero sin una nueva audiencia de Milei con la conducción del Episcopado. Los contactos más recientes tuvieron como protagonistas a Karina Milei y al canciller Pablo Quirno, además de funcionarios de otras áreas del Gobierno. Y últimamente, a autoridades del ministerio de Seguridad e incluso de la SIDE.
En ese recorrido se fueron incorporando reclamos que exceden la organización del viaje. La discapacidad y la ludopatía, dos cuestiones sobre las que la Iglesia viene insistiendo desde hace tiempo, se sumaron a la agenda. En ambos casos, el Congreso terminó dando respuestas que fueron recibidas favorablemente por las autoridades eclesiásticas, aunque después de meses de reclamos y de una resistencia oficial que generó malestar. La Iglesia valora que finalmente se hayan producido avances, pero algunos críticos consideran que la reacción llegó tarde.
El reclamo por la discapacidad había quedado especialmente expuesto en octubre, cuando representantes de la Conferencia Episcopal solicitaron al Gobierno que prorrogara la Emergencia del sector y revisara los recortes previstos en el Presupuesto 2027. En materia de ludopatía, el Episcopado insistió ante el Senado para que avanzara la regulación de las apuestas online, con especial preocupación por el impacto sobre niños y adolescentes.
Detrás de esos planteos hay una discusión más amplia sobre el papel social de la Iglesia y su capacidad de interlocución con el Estado. En el Episcopado advierten que la demanda religiosa está creciendo y que la convocatoria de las expresiones populares de fe contradice algunas lecturas sobre una sociedad cada vez más alejada de las instituciones religiosas. La última peregrinación a Luján, con una concurrencia estimada por fuentes eclesiásticas de entre 2,8 y 3 millones de personas, es uno de los ejemplos que utilizan para ilustrar ese fenómeno.
La llegada de León XIV ocurre, además, en un momento en que el Gobierno necesita administrar varios frentes políticos y diplomáticos. Después de los cortocircuitos con Brasil por el posicionamiento argentino frente al bolsonarismo, y en medio de las dificultades económicas, la visita papal pondrá inevitablemente en primer plano cuestiones como la pobreza, la desigualdad y la situación de los sectores más vulnerables. Son asuntos sobre los que la Iglesia tiene una posición propia y acerca de los cuales no siempre encuentra coincidencias con la administración libertaria.
El Gobierno, por su parte, buscará que la visita tenga una dimensión institucional y pastoral, sin que se convierta en una disputa política. La agenda oficial contempla un encuentro del Papa con Milei en la Casa Rosada y una reunión con autoridades, representantes diplomáticos y de la sociedad civil en el Palacio Libertad. En la Iglesia, sin embargo, recuerdan que León XIV tendrá libertad para expresar sus posiciones y que no está previsto que su mensaje quede condicionado por las necesidades de ningún gobierno.
La interna que no se detiene
Mientras se acerca la visita papal, en el oficialismo sigue abierta la disputa entre Patricia Bullrich y el sector de Karina Milei, que en los últimos días volvió a quedar expuesta en redes y en los movimientos en el Senado. La Casa Rosada intenta bajarle el tono a los cruces, pero en el entorno de la senadora se envalentonan cada vez más y no están dispuestos a dejar pasar las réplicas a sus críticas o diferenciaciones, cuando se producen.
Los episodios de esta semana tuvieron dos detonantes. Por un lado, el distanciamiento de Bullrich respecto de la estrategia del Gobierno frente a Brasil y el bolsonarismo. Por otro, las diferencias por el dictamen sobre soberanía de Malvinas, porque el sector de Santiago Caputo le atribuyó a Bullrich la maniobra para involucrar al Ministerio de Seguridad, ahora conducido por Alejandra Monteoliva, en el futuro Consejo de Seguridad Nacional.
En el círculo íntimo de Bullrich reconocen que la relación personal y política de la senadora con Santiago Caputo es de mejor sintonía que la que mantiene con Karina Milei. Pero eso “no significa” que estén dispuestos a tolerar sus cuestionamientos sin reaccionar. “Tenemos recursos para responder y no somos larretistas”, advierten, en una frase que remite a la vieja interna de Juntos por el Cambio.

La senadora también tiene reproches para la secretaria general de la Presidencia. Le cuestiona el nivel de compromiso de los Milei con la elección y, sobre todo, el impulso por intervenir en las decisiones del Senado como si se tratara de una dependencia del Poder Ejecutivo. “No entiende que no es una escribanía, que no es un ministerio”, dicen cerca de Bullrich, en referencia a los intentos de promover cambios en la estructura del bloque y en las comisiones que no cuentan con los votos necesarios.
En ese contexto se inscriben las versiones sobre un posible desplazamiento de Bullrich de la jefatura de la bancada libertaria para ubicar en su lugar a la senadora neuquina Nadia Márquez. La visita que Milei y su hermana hicieron este sábado a Neuquén para participar de la inauguración de un templo vinculado con la familia de Márquez fue leída también en clave de la interna. La legisladora es una de las dirigentes más cercanas al karinismo y ya había recibido señales de respaldo en la disputa por espacios de poder dentro de la Cámara alta.
Cerca de Bullrich descartan que el movimiento pueda concretarse. “No se van a animar”, sostienen sobre la posibilidad de que Karina avance con el reemplazo. Consideran que una decisión de ese tipo provocaría “una crisis sin retorno”. Entre dirigentes y satélites libertarios circula otra hipótesis: si un quiebre termina de formalizarse, será más probablemente en febrero que antes de fin de año. “La ruptura ya ocurrió, solo que no se concretó”, resume un exintegrante de La Libertad Avanza.

En el karinismo, en cambio, buscan evitar una confrontación abierta. Los cuestionamientos a Santiago Caputo por su intervención en el frente brasileño, al que algunos dirigentes reprocharon haberse involucrado con una lógica de operador internacional —“hacerse el 007″, según la descripción que circuló internamente—, tampoco generaron una reacción pública del entorno de la secretaria general. Después de que Donald Trump tomara distancia de la estrategia de respaldo a Bolsonaro, aunque mantuviera gestos de protección hacia el expresidente brasileño, algunos en el oficialismo consideraron que aquella apuesta terminó mal. En el sector de Karina prefirieron no profundizar la discusión. “Para nada nos pareció que fuera un tema negativo”, respondieron.
La respuesta más visible de ese sector a Patricia Bullruch llegó a través de la cuenta de X Oficina de Respuesta Oficial, que está bajo el control de dirigentes de Las Fuerzas del Cielo y salió a cuestionar con dureza al economista Carlos Melconian. En el entorno de Bullrich aseguraron que las críticas del exministro de Economía de Mauricio Macri les tienen sin cuidado. También buscaron despegarse de él: recordaron que había colaborado con la elaboración de la plataforma económica para la campaña presidencial de la ex presidenta de PRO en 2023, pero ahora lo describen como “un ex despechado” por sus cuestionamientos al programa de Milei.
El Presidente, mientras tanto, volvió a utilizar sus redes para intervenir en la discusión política. Esta semana retuiteó un mensaje de una cuenta cercana al oficialismo que apuntaba contra las internas de sus adversarios, en una línea que fue interpretada como una alusión a las diferencias entre el PRO y La Libertad Avanza. También replicó un video difundido por la cuenta blue de Karina Milei -“Me dicen el Jefe”-, en el que Martín Menem sostenía que no había espacio para una interna dentro del oficialismo y que el único candidato posible de La Libertad Avanza era Javier Milei.
El gesto fue leído dentro del espacio como una señal de respaldo a la conducción de Karina y una advertencia a quienes empiezan a proyectar candidaturas propias. No es casual que haya coincidido con la reaparición pública de Mauricio Macri, quien el viernes aseguró que el acuerdo electoral entre el PRO y La Libertad Avanza está “estancado”. En el Gobierno respondieron que “los estancados son ellos”, en referencia a las dificultades del partido amarillo para resolver su propia estrategia y sus diferencias internas.
Pero en Balcarce 50, ávidos aún por bajar el tono a la disputa con Bullrich, niegan que los retuits presidenciales hayan estado dirigidos hacia ella. Dicen que el tema “ya los aburre”, que se trata de “más de lo mismo” y que no existe ninguna decisión de desplazar a la senadora. También aseguran que los Milei le tienen paciencia por las cuestiones personales que atraviesa, aunque rechazan que los excepcionales mensajes por temas de rosca política en redes del jefe de Estado hayan sido una advertencia.

La tensión, sin embargo, persiste. En el Gobierno hay funcionarios que resaltan con malestar que tanto Macri como Bullrich se animan a plantear diferencias públicas en un momento en que la administración enfrenta dificultades económicas, una suba del riesgo país, caída de la actividad y una inflación que todavía no consiguió perforar el nivel que el propio Presidente había anticipado para esta altura del año. La discusión sobre el acuerdo con el PRO también se reactivó después de que Cristian Ritondo presentara una serie de pedidos y de que se retomaran los contactos en Balcarce 50, tras varias semanas sin reuniones oficiales.
La respuesta libertaria consiste, por ahora, en correr el foco hacia los problemas ajenos. En el oficialismo sostienen que el PRO debe “ordenar primero sus propias internas antes de discutir una alianza para 2027”. El problema es que, puertas adentro, La Libertad Avanza tampoco consigue cerrar las suyas. Al contrario, se multiplican y cada vez con mayor fuerza.
La visita de León XIV encontrará a un Gobierno que busca mostrar una relación institucional fluida con la Iglesia, mientras intenta administrar tensiones que no logra resolver dentro de su propia estructura. Para el Episcopado, la llegada del Papa puede ser una oportunidad para abrir un diálogo que no existió con continuidad desde el comienzo de la gestión. Para Milei, esa será una semana de alta exposición pública, en la que deberá convivir con una agenda religiosa y social que no controla por completo y con una interna política cada vez más florida.
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