CHIMENTOS
El crudo relato de Estefanía Pasquini por sus trastornos alimentarios: “Yo quería sentirme suficiente”

El testimonio de Estefanía Pasquini, esposa del doctor Alberto Cormillot, conmovió a miles en redes sociales tras compartir un extenso y crudo mensaje sobre su lucha con la obesidad y la búsqueda de aceptación personal. La nutricionista eligió ilustrar el posteo con dos imágenes que hablan por sí solas: una de su presente y otra de su juventud, en pleno conflicto con su cuerpo. El texto que acompañó la publicación expone con absoluta honestidad las emociones y pensamientos que marcaron su historia desde la infancia.
“De chica yo no quería ser flaca… yo quería ser mirada. Quería ponerme un pantalón blanco, un top, un short… y sentir que valía. Esperaba que la linda del grupo no esté autorizada a salir para no sentirme menos elegida, mientras me armaba con mis recursos de verano… salir con la campera de jean puesta o colgada adelante de la panza para que no se me vea. O esas mangas que se vendían para tapar brazos… o polleras a la rodilla con medias para que tapen todo el odio que le tenía a mis piernas”, escribió Pasquini en un pasaje que revela el nivel de incomodidad y angustia que sentía frente a su propio cuerpo.
La nutricionista relata que, frente a esa inseguridad, decidió hacer lo que creyó correcto: bajar de peso. “Hice lo que pensé que había que hacer: bajar de peso. Y bajé. Y bajé más. Y seguí bajando… Hasta que un día me di cuenta de algo raro: ni siquiera sabía si me estaban mirando. Porque cuando no te ves vos, no alcanza con que te miren los demás”, confesó, poniendo de manifiesto que la meta de encajar o ser aceptada jamás llenó el vacío interior.

La inestabilidad emocional fue una constante en este proceso. “Después no lo pude sostener. Volví a subir. Volví a intentar. Volví a caer. Y en ese subir y bajar… también subía y bajaba mi ánimo, mi seguridad, mi forma de pararme frente al mundo. Mi forma de creer que podía llegar a ser alguien”, continuó, describiendo el ciclo interminable de intentos y recaídas que acompañó su relación con la comida y la autoimagen.
El deseo de sentirse parte y de poder vestirse como soñaba nunca desapareció. “Pero el deseo seguía intacto: ‘quiero usar ese top’, ‘quiero ponerme esa falda’”, confiesa Pasquini. Hasta que, en un momento de profunda introspección, llegó la comprensión más dura y liberadora: “Yo no quería un cuerpo. Yo quería sentirme suficiente. Y eso… no lo arregla ninguna dieta. Porque podés llegar al peso que soñaste y seguir sintiéndote vacía. Y también podés empezar a reconstruirte por dentro… y dejar de necesitar esconderte”.
Pasquini detalló algunas de las experiencias más silenciosas que atraviesan quienes luchan con la insatisfacción corporal. “Porque hay cosas que nadie cuenta: sentir culpa después de comer, aunque haya sido poco. Mirarte al espejo y no reconocerte, incluso cuando bajaste. Pensar todo el día en comida… o en cómo evitarla. Sentir que nunca es suficiente. Tener miedo a subir un kilo como si fuera perder todo. Aislarte. Compararte. Callarte. Y lo más doloroso: creer que tu valor depende de un número”.
A pesar del dolor y el desgaste, la nutricionista subraya que hay otra forma de enfrentar la vida y la propia historia. “Pero también existe otro camino. Uno donde empezás a cuestionar esa voz que te destruye. Donde entendés que caerte no es fracasar. Donde volvés a intentar… pero distinto. No desde el castigo. Desde el cuidado. Hoy puedo estar así. Pero la confianza, la autoestima y tantas otras cosas las tengo que cultivar todos los días. Esto es un día a la vez”, concluyó, abriendo una ventana de esperanza y autenticidad para quienes atraviesan situaciones similares.

En su publicación, la esposa del Dr. Cormillot deja ver que los trastornos vinculados a la imagen corporal no distinguen profesión ni edad, y que la presión social puede afectar incluso a quienes, como ella, dedican su vida a la salud y el bienestar. La exposición de su historia personal en redes sociales aporta visibilidad y empatía a una problemática que afecta de manera silenciosa a millones de personas.
El testimonio de Pasquini se entrelaza con el relato de los desafíos que enfrentó como madre primeriza, bajo la mirada impiadosa de las redes sociales. Recordó los primeros meses de vida de su hijo Emilio, cuando, además de la maternidad, debió lidiar con el miedo, la soledad y los juicios constantes sobre su cuerpo y su forma de criar. “Me criticaban por darle papilla, por estar flaca, por cualquier cosa, sin saber el infierno que estaba viviendo, lo triste que estaba”, expresó.
En cada frase, Pasquini invita a repensar el valor que se le da al cuerpo propio y ajeno, y a romper con el mandato de perfección que suele imponerse desde afuera. “Hay que laburar para salir de los pozos, hay que armarse de todos los profesionales necesarios y no esquivar el momento. Sentirlo, vivirlo, pasar por esa incomodidad, malestar, tocar fondo si es necesario, que te vaya bien y vivir la recaída”.
CHIMENTOS
Lorna Cepeda y Natalia Ramírez, del fenómeno de Betty, la fea al teatro porteño: “En Argentina se come delicioso donde sea”

Desde que se emitió en 1999 el primer capítulo de Betty, la fea, la vida de Lorna Cepeda y Natalia Ramírez fue un antes y un después. Sus personajes, que revivieron en la serie de Prime Video, Betty La fea: la historia continúa, siguen siendo amados gracias a la química inoxidable de sus actrices. Convertidas en un tándem, las figuras colombianas se preparan para regresar a la Argentina en calle Corrientes con Muertas de risa, una comedia que las tiene girando por todo el mundo. “Es una maravilla sentir este amor de la gente”, se sinceran, en diálogo con Teleshow, sorprendidas por la popularidad que tienen entre los millennials y centennials.
Porque Patricia Fernández, o “La Peliteñida”, y Marcela Valencia, sus creaciones, no solo respiran en las plataformas y en las repeticiones que la telenovela creada por Fernando Gaitán, una institución del culebrón latinoamericano, tiene por todo el globo. Ahí están los memes y los videos virales como fragmentos de esa vigencia con sus frases: “La pobreza me está respirando aquí en la nuca, Marce”, “desgraciado” y “porque hay una cosa que yo tengo y tú no tienes y se llama dignidad”, solo por nombrar algunos de sus momentos más festejados en las redes.
El próximo 20 de mayo en el Teatro Broadway, las intérpretes celebrarán su vínculo con el público argentino, país que conocieron con mayor profundidad en los meses en los que grabaron Dr. Amor, tira junto a Arturo Puig que se vio en El Trece en 2003. “Estuvimos el año pasado con la obra y esperamos que la gente lo pase igual o mejor”, afirma Lorna, entusiasmada
—¿Tienen algún plan recurrente cuando vienen a Argentina? ¿Qué les gusta de la gastronomía local?
Lorna: ¡Alfajores, facturas! Yo que soy más dulcera, eso me encanta. Las mollejitas. Siempre que voy allá como mollejitas con limón. Uy, qué rico, qué rico.
Natalia: A mí me encanta la entraña. Las supremas, las milanesas. ¿No te parece genial que en cualquier parte tú puedes comer bien rico, delicioso?

—¿De qué se trata la obra y cómo se renueva esa química, al conocerse tanto, arriba del escenario?
N: Además de la química y la sinergia que tenemos Lorna y yo, esta es una obra escrita y dirigida por Juan Ricardo Gómez, un gran escritor. Es la historia de dos mujeres que se encuentran en la morgue para reconocer un cadáver, y resulta que ese cadáver termina siendo el amor de las dos, su ser querido, sin saber de la existencia de la otra. Mientras definimos qué papel juega cada una de nosotras, pasan muchas circunstancias con peleas, risas y llanto. Hay una avalancha de situaciones que hacen parte de la tragicomedia, y es lo que genera la risa.
—¿Cómo viven ese cariño que el público sigue teniendo por ustedes, por los personajes de Betty, la fea, y que llegan al teatro?
L: Imagínate, es una maravilla sentir este amor de la gente. Es que la gente es muy linda, muy bonita.
N: Y Argentina, sobre todo.
L: ¿Sabes qué es lo bonito de todo esto? Esta telenovela y esta serie que hicimos las nuevas generaciones la ven y la siguen viendo. Es muy impactante para nosotras ver como desde niños de 8 hasta chicos de 35 años, generación en generación, siguen viendo Betty. El amor que recibimos siempre ha sido generacional. Es una gran bendición haber estado ahí.
—¿Qué piensan sobre el impacto de Betty, la fea frente a la imagen internacional de Colombia y la gran tragedia del narcotráfico?
N: Mira, el flagelo del narcotráfico y las herencias de Pablo Escobar, de Gacha y de los grandes narcotraficantes de Colombia se ven opacados por una telenovela nacional que termina convirtiéndose en un fenómeno internacional y cambiándole la imagen a Colombia. Fernando Gaitán, sin disparar una bala, sin groserías y sin mostrar un desnudo en una novela como Yo soy Betty, la fea, logra tener un alcance en las familias de todos los latinoamericanos, y de parte del mundo. 170 países, con una imagen que nos permite, además de Juan Váldez, que es nuestro café maravilloso, permite otra imagen diferente. Fue un honor y un orgullo para nosotros poder representar a nuestro país bajo ese esquema.

—¿A qué relacionan el furor de los últimos años por las narconovelas y que la industria audiovisual se vuelque a contar estas historias?
N—Eso depende del consumidor. Realmente funcionan porque las ven. Si nadie las viera, pues no. Yo personalmente pienso que es una apología al delito. Y no puedo decirte “de esta agua no beberé” ni juzgar a mis compañeros que sí participaron en las series, porque de todos modos están contando una historia. Infortunadamente es una historia dolorosa para el país. También la frase famosa de Pablo Escobar de “el pueblo que no tiene memoria repetirá su historia”, no sé si ha funcionado muy bien.

—¿Qué recuerdos tienen de Fernando Gaitán, autor y productor detrás de Betty, Café con aroma de mujer y Hasta que la plata los separa? ¿Cómo lo mantienen presente en su día a día?
L: Fernando Gaitán fue, y para mí sigue siendo, porque sus escritos están y estarán para la historia, un ser absolutamente excepcional en su talento, en su manera, en su visión de la vida normal, cotidiana. Cuando él se va de este plano, yo lo admiré muchísimo más. Cuando la gente empezó a contarme tantas historias, vi lo impresionante que fue para los creadores, humoristas, actores. Tenía una creatividad impresionante. Era un genio absoluto y un genio generoso.
N: Esa palabra es importante porque si te das cuenta, Fernando amaba el talento de la gente. En vez de ser celoso y egoísta y guardarlo para él, al contrario, lo que hacía era impulsar a todos nosotros, que teníamos un talento para él importante, y empezó a desarrollar la serie. Si te das cuenta, en Betty no hay un protagonista ni hay un antagonista. Todos son protagonistas, todos tienen su pedazo grande en la historia.
—¿Cómo vivieron el crecimiento profesional y la proyección internacional que les dio Betty, la fea? En tu caso, Natalia, también sos productora de Muertas de risa.
N: Bueno, en mi caso, yo empecé como productora en 1991 gracias al talento y la maestría de mi mentora Fanny Mikey, argentina, hizo mucho por Colombia y por el teatro. Ella fue mi mentora en el 91. La plataforma de Betty me sirvió como trampolín para internacionalizar mi carrera y eso se lo agradezco a ese personaje, a Fernando, al director Mario Ribero, muchísimo, porque me dio la oportunidad de salir a otros mercados y para mí eso fue muy importante. Había hecho televisión desde 1983 y llegó el boom en 1999. Tenía 17 años haciendo televisión y no había podido romper la frontera. Betty me lo dio y hasta el día de hoy seguimos, por supuesto, con las nuevas temporadas que se han hecho de Prime Video y el teatro. Si nosotras no hubiéramos estado en esa serie, no sé si nuestro teatro hubiera podido cruzar frontera también.

—¿Qué mensaje quieren dejar al público argentino que las recibirá en el teatro?
L: Esperamos verlos el 20 de mayo en el Broadway y a todas las personas para poder estar ahí a las 20 horas con ustedes, respirando el mismo aire y compartiendo nuestro talento que es parte del agradecimiento que les tenemos por tanto amor.
CHIMENTOS
Así se casó Cande Ruggeri con Nicolás Maccari: lujo, emoción y todas las fotos de la fiesta

El casamiento de Cande Ruggeri y Nicolás Maccari se convirtió en uno de los eventos más comentados del fin de semana. La pareja selló su historia de amor con una celebración que combinó elegancia, emoción y una fuerte presencia del mundo del espectáculo.
Luego de haber dado el “sí” en una ceremonia civil meses atrás, los novios organizaron un festejo a lo grande en el exclusivo Palacio Sans Souci, un escenario que aportó el marco ideal para una jornada cargada de detalles cuidados al milímetro.
La ceremonia, que tuvo lugar por la tarde, dio paso a una recepción en los jardines del lugar, donde los invitados disfrutaron de una propuesta gourmet y coctelería de autor. Más tarde, la celebración se trasladó a uno de los salones internos, donde la fiesta se extendió durante horas con música en vivo y distintas sorpresas.
Uno de los puntos más comentados fue, sin dudas, el look de la novia. Cande deslumbró con un vestido diseñado por Pucheta Paz: un modelo strapless en tono blanco marfil, con falda estilo princesa y un detalle que llamó la atención —un bolsillo lateral— que le dio un giro moderno a un diseño clásico.
El velo largo, con las iniciales de la pareja y la fecha grabadas, sumó un toque personal y emotivo. Por su parte, Nicolás Maccari optó por un esmoquin negro con moño, apostando a una estética clásica y sofisticada que acompañó a la perfección el estilo de la ceremonia.
La lista de invitados también dio que hablar. Entre las figuras presentes estuvieron Sofía Jujy, Lizardo Ponce junto a Franco Poggio, además de Fernando Burlando y Barby Franco. También dijeron presente Lourdes Sánchez y Chato Prada, entre otros nombres del ambiente.
Pero más allá del glamour, hubo lugar para momentos profundamente emotivos. Uno de los más recordados fue el discurso de la abuela de Cande, que conmovió a todos al hablar del crecimiento de su nieta y la familia que formó junto a Maccari. La presencia de Vita, la hija de la pareja, también aportó ternura a una jornada que tuvo de todo.
En redes sociales, los videos y fotos del evento no tardaron en viralizarse. Desde la entrada de la novia hasta los momentos más relajados de la fiesta, cada instante fue compartido por los invitados, mostrando una faceta íntima y auténtica de la celebración.
La boda de Cande Ruggeri no solo marcó un nuevo capítulo en su vida personal, sino que también volvió a ponerla en el centro de la escena mediática. Entre lujo, amor y complicidad, la influencer vivió una noche soñada que rápidamente se convirtió en uno de los eventos del año.
Las fotos del casamiento de Cande Ruggeri y Nicolás Maccari:





















Cande Ruggeri, Nicolás Maccari
CHIMENTOS
Georgina Barbarossa contó la depresión que superó a través de su programa de tele y el impacto que tiene en la gente

El programa de Gerogina Barbarossa aparece otra vez en la lista de los más vistos y uno de los más nominados para el próximo Martín Fierro de Televisión Abierta 2026. Para la conductora, cada una de ellas, es un resultado directo del trabajo diario junto a su equipo.
En conversación con Teleshow, Georgina repasa con precisión los capítulos de su carrera: premios como actriz, desafíos de la conducción y aprendizajes frente a cámara. Insiste en la responsabilidad de acompañar a quienes la ven cada mañana. La alegría no es solo una consigna; es un deber, especialmente en tiempos difíciles.
La terapia trajo transformaciones: el andar se vuelve más optimista, más abierto a la sorpresa. Barbarossa lo subraya. No aparecen discursos de victoria ni frases finales de triunfo. Cada nominación al Martín Fierro es un nuevo motivo para soñar en voz alta.
—¿Cómo fue el inicio en la conducción?
—Y cuando empecé, que fue el siglo pasado, en el noventa y seis, noventa y cinco. Cuando me llamó Rosita Suero, y la verdad yo lo tomé como un desafío. Le dije a Vasco: “Bueno, duraré tres meses”, que era el contrato de la televisión. Y después me darán un boleo, porque yo, la única experiencia que tenía era hablar con el público en un café concert, en unipersonales donde uno habla con el público y te relacionás de esa manera. Pero dije: “Bueno, para mí era como hacer teatro, hacer un unipersonal”. Lo tomé de esa manera, de charlar y de hacer un poco un aquí y ahora de lo que me pasaba.
—¿Cómo era la televisión en esa época?
—Era otra Argentina y era otro mundo. Cuando me llaman, donde uno se podía divertir, había muchísimo dinero en la tele y se podía producir de otra manera. Y había musicales, vestuarios…muchas posibilidades. Me acuerdo una vez dije: “Ay, no, gorda, no dormí toda la noche porque Vasco roncó”. Y Vasco, que es de la noche, se gira: “Pero vos, ¿qué dijiste?”, “No, que me roncabas en la oreja”. Y él: “Pero todo el mundo me está cargando ahora en la fábrica”. Le digo: “Bueno, perdón”, (risas).
—¿ Y volver a la conducción en los últimos años?
—Cuando empecé, hace cuatro años, fue muy duro, porque a mí me engañaron, en un principio era hacer un programa, un magazine con cocina. Y yo pensé que iba a haber premios y que iba a poder divertir a la gente. Pero empezó a rendir más la actualidad.

—¿Qué impacto tuvo ese cambio de enfoque?
—Donde la gente se veía reflejada y, nosotros podíamos visibilizar su problema, pero yo tenía una depresión tremenda, lo hablé mucho en terapia. Yo lo pasaba mal, salía del programa hecha bolsa, porque veías casos espantosos de muertes de chicos, de violaciones, de femicidios, de cosas que le pasan a la gente en los barrios, que no tienen luz, que no tienen agua, que tienen una desgracia en la familia y necesitan un fiscal y el fiscal no aparece, o el intendente o qué sé yo. Me empecé a dar cuenta, porque la gente me hablaba a corazón abierto.
—¿Qué te ayudó a cambiar la perspectiva?
—El terapeuta me dijo: “Georgina, ¿por qué no ves el vaso lleno en vez del vacío? Pensá cómo estás ayudando a toda esta gente”. Y la verdad es que la gente nos espera cada vez que va la cámara de televisión o que vamos con el programa o que va a cualquier programa de televisión, lo necesitan.
—¿Qué significa el programa para quienes buscan ayuda?
—Fijate que esperan, esperan como si vos fueses la Virgen de Luján. Es la gente que no tiene voz, justamente, y que nosotros podemos contener y hacer un seguimiento de eso que les está pasando.

—¿Han logrado resolver casos al aire?
—Nos ha pasado en vivo que el familiar o la chica que se perdió, apareció o se había enojado con los padres y se había ido. Hay veces que no, como el caso Loan y tantos casos tan tristes de los últimos tiempos. El último chiquito que prefiero ni hablar…es muy difícil…
—¿Cómo ves el rol del programa en esos casos?
—En un punto, yo siento que con el programa los abrazamos, que a veces pueden venir y charlar con nosotros y charlar conmigo y escucharlos y ellos pueden expresar su dolor y el pedido de justicia. Se visibiliza.
—¿Qué tipo de pedidos te llegan en la calle o a través de las redes?
—La gente me para en la calle, pedidos que recibo de madres que tienen chicos enfermos, Dios mío. Y vos querés ayudar a todos y no podés. Hay veces que puedo y hay veces que no puedo. Hay veces que el programa tampoco…

—¿Te gustaría conducir un programa solidario?
—Te juro por Dios que haría un programa solidario. Para poder ayudar la cantidad de gente que lo necesita. Me encantaría hacer eso.
—¿Cuál es tu filosofía para trabajar con el equipo?
—Me gusta trabajar en equipo. Yo tengo una mentalidad muy teatral, yo me hice en el teatro y para mí es fundamental. Lo importante es que yo trabajo con todos, con los técnicos, con los iluminadores, con los cámaras, todos hacemos el programa. Para mí es el equipo y todos se ponen la camiseta y todos trabajamos más felices y contentos, porque todos sentimos que estamos sacando un programa adelante. Es un proyecto que está creciendo todos los días.
—¿Cómo combinan temas serios y momentos de distensión?
—Estamos ayudando, todos los días informando, hablando de actualidad, que es durísima, pero también por lo menos nos divertimos, obvio, porque también pasan cosas divertidas. Ahora estamos con Gran Hermano, que todos estos locos que se encierran ahí, que yo te juro que no puedo creer. (risas)

—¿Cómo arranca tu día laboral?
—Me levanto a las seis menos cuarto. Pongo el despertador. Empiezo a escuchar las noticias… voy recorriendo distintas radios y después, tengo la tele. Mirá, me falta tele en el baño, pero tengo la radio. Así que escucho en todos partes, en mi habitación y en el vestidor y en la cocina. Y tengo distintos canales mientras que voy haciendo las cosas. Soy una loca. Pobre mis vecinos, no la pongo muy fuerte, te juro. Y aparte, la computadora y viendo las noticias en los diarios.
—¿Cómo elegís los temas del programa?
—Nos vamos mandando con el equipo de producción: “Mirá esta noticia, mirá esta nota, mirá lo que salió en tal diario, mirá lo que salió en Twitter, mirá lo que pasó acá”. Hay muchísimo, donde ver. Y está el ojo de Pablo Nieto, productor ejecutivo.
—¿Sentís diferencia entre tu mirada y la del equipo periodístico?
—Yo confío en la mirada de mi equipo, yo llevaría todos los casos de chicos, de los niños, de los perros…ellos tiene otro olfato y otra mirada que, que yo carezco, no tengo la frialdad como para poder decidir.

—¿Cómo surgió tu frase de cierre “Dios va a querer”?
—Un día dije: “Hasta mañana, si Dios quiere, pero no te preocupes, que va a querer” y quedó y la repetimos.
—¿Tenés alguna rutina espiritual antes de salir al aire?
—Antes de entrar al piso invoco para que me iluminen. Mientras me acompañan del camarín al piso, las chicas, las productoras que me vienen a buscar, a veces vienen chicas que son católicas, pero las que no son católicas, que son judías, le digo, rezan igual. Les enseño el Padre Nuestro. Ay, no, te juro por Dios, y es muy gracioso. Entonces rezan conmigo y después les digo, palabras en hebreo.
—¿Cómo te definís en cuanto a tu visión de la vida?
—Siempre tengo una mirada de optimismo y además yo soy muy creyente y siempre pienso y rezo mucho. Yo rezo desde que me despierto. A la noche digo: “Ay, bueno, gracias Diosito”. Y después a la mañana y hasta cuando me estoy duchando y escucho la radio de las monstruosidades que estoy escuchando. Y digo: “Ay, gracias, Dios, gracias”, porque me enseñaron que esa es la oración más cortita que uno puede hacer y es la que reúne todo.

—¿Extrañás el teatro?
—Sí, lo que pasa es que yo, por ejemplo, ahora lo saco a López ( su perro) y ya empiezo a hablar con la producción y hablamos durante todo el día, porque vamos viendo distintas noticias y distintas cosas que van pasando y me voy informando. Me voy informando de todo, de lo que pasa acá, lo que está pasando en el mundo. Por más que nosotros no toquemos noticias internacionales.
—¿Cómo es tu vínculo con la ayuda social fuera de la televisión?
—Siempre tuve esa parte de acercamiento hacia la gente y a ayudar. Eso me hace sentir bien.

—¿Alguna vez pensaste en dedicarte a la vida religiosa?
—Cuando era chica, después que me separé de un novio, entonces fui al colegio y digo bueno, ya está, basta. Yo me voy a hacer monja, porque total, yo iba los fines de semana iba a, a enseñar catequesis a Monte Grande, porque las monjas tenían un campo de deporte del colegio. Ya pensás a los veinte años que no tenés el mundo por delante. Digo, bueno, yo voy al colegio, me meto de monja y empiezo a ayudar. Y la monja superiora, la madre Ascensión, me dijo: “No, Georgina, tu misión está en la Tierra, está en el mundo. Vos tenés que ir al mundo, este, llevar el mensaje de Dios de otra manera” Me dijo: “Ve al mundo, si no eres feliz, vuelve. Vuelve al colegio, que te abriremos las puertas de par en par y te recibiré con los brazos abiertos”.
—¿Sentís que esa misión sigue presente?
—En un punto yo siento que todos los días estoy haciendo esa misión, y me hace sentir el corazón ancho.
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