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Aunque ya blanqueó un nuevo amor, Adabel Guerrero dice que volvió a sentirse atraída por su ex: «Se puso lindo, me cachondea»

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Joaquín Sabina lo viene cantando desde hace tres décadas, fácil: «El agua apaga el fuego y al ardor, los años«. En criollo, sin la poesía del genial andaluz: el paso del tiempo es el principal enemigo del amor. Adabel Guerrero no solo lo sabe: también lo dice. ¿El problema? Martín Lamela no la escuchó a tiempo.

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A principios del año pasado, la protagonista de Sex lamentó en una entrevista: «Ya no me tratan como a una princesa. Pero elijo la estabilidad, la familia, lo conocido. ¿Está bien o mal? Ni idea. Es lo que yo elijo hoy. Ya pasaron 16 años (de pareja con Lamela) y hay cosas que ya se pierden y te gustaría volver a tener. No sé si se vuelven a tener. La emoción del principio, por ejemplo».

Y pasó…

Pocas semanas atrás la bomba explotó: a pocos días de celebrar los ocho años de su hija, Adabel y Martín ya no estaban juntos. Circuló entonces la versión de un amante en el country, desmentida por la bailarina. También una mudanza en puerta. Hubo un posteo contundente de él. Y a los días, la confirmación de ella sobre un nuevo amor, aún incipiente.

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El paso del tiempo fue desgastando la pareja hasta llegar a este abrupto final. Adabel ya lo había anticipado. Y por las dudas lo reiteró, en su visita a LAM. «Él (por su exesposo) estaba muy dejado, había engordado mucho. No tengo nada contra la gordura, pero sí hablaba de cierta dejadez, conociéndolo a él. Se había relajado demasiado. Es más, lo veía triste», describió la también actriz.

Martín Lamela y Adabel Guerrero. (Instagram)

Ángel de Brito fue al hueso: «La gente separada se pone mejor», lanzó. «Bueno… —hizo una pausa Adabel—. ¡Es el día y la noche! Ven una foto del verano y ven una foto de ahora, y Martín es otra persona. «¿Te cachondeó?», abrió el juego el conductor. Guerrero tomó aire antes de responder.

«Mirá, celos no me da, porque quiero que él sea feliz. Sí me cachondea por lo lindo que se puso ahora…«, reconoció, provocando la risa de todo el estudio de América.

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ADABEL GUERRERO Y LA POSIBILIDAD DE UNA RECONCILIACIÓN CON MARTÍN LAMELA

El razonamiento entonces es inevitable: con esta nueva versión de Martín, ¿es posible pensar en una reconciliación? Adabel dice que no. Porque tras piropear a su ex, enseguida aclaró: «¿Sabés qué pasa? No me guío solamente por la cáscara. Hay un lenguaje no verbal en él que ya deduzco que, por más lindo que esté, no me seduce«.

Tiempo al tiempo, justamente. Porque hay un antecedente a favor de este razonamiento: en enero de 2016, luego de seite años juntos —sí, la célebre comenzón—, Guerrero y Lamela se separaron. A los meses volvieron. Y luego fueron padres. ¿Y ahora? Si después de casi dos décadas todavía hay piel, quizás estemos ante un final abierto.

Martín, permitinos un consejo: esta vez escuchá lo que dice Adabel…

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Adabel Guerrero; Martín Lamela

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Facundo Arana mostró cómo se entrena para escalar una montaña de 6800 metros: la emotiva conexión con su padre

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El actor mostró los preparativos para la travesía en en Himalaya

Que Facundo Arana es amante de los deportes extremos no es ninguna novedad. El actor combina sus compromisos profesionales con diversas prácticas que desafían su adrenalina y sus propios límites. En esta oportunidad, mostró los preparativos para escalar el imponente Ama Dablam, en el Himalaya nepalí. Y entre cuerdas, montañas y un entrenamiento exigente, una casualidad lo hizo conectar con el recuerdo de su padre Jorge, quien hubiera cumplido 91 años.

Las imágenes que compartió hablan por sí solas. En una, Arana aparece de espaldas, con campera azul, casco blanco y arnés, las manos apoyadas sobre la pared de roca y la vista clavada hacia arriba, con una grieta vertical como única guía. En la otra, asciende por una formación rocosa junto a otro escalador, la cuerda tensada hacia abajo y el cielo despejado como único techo.

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Las palabras sirven para darse ánimo para el momento en el que esté cara a cara con la inmensidad. “Es un viejo sueño que estuvo siempre ahí, esperando”, escribió el actor sobre una foto del Ama Dablam asomando entre nubes, con su cumbre nevada y su perfil de pirámide afilada dominando el encuadre.

El Ama Dablam, próximo objetivo de Facundo Arana

El texto que acompañó las tomas del entrenamiento fue más concreto: “Todo esto va a pasar allá arriba, mucho más alto. Así que hay que refrescar, anticiparse.” Una frase que resume tanto la magnitud del desafío como la lógica detrás de las prácticas en Roca.

El Ama Dablam, ubicado en la región de Khumbu, en el este de Nepal, dentro del Parque Nacional Sagarmatha, es una de las cimas más técnicas del Himalaya. Con sus 6.812 metros de altura, exige a quienes lo intentan dominar la escalada en roca, hielo y terreno mixto. Su perfil en forma de pirámide y sus crestas afiladas le valieron el apodo de “el Matterhorn del Himalaya”.

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No se trata de una montaña para principiantes. La ruta clásica, la cresta suroeste, concentra tramos de roca expuesta, secciones de hielo y pasos de técnica mixta donde el error no tiene margen. El empuje final hacia la cumbre puede demandar entre 12 y 16 horas desde el campamento alto.

Captura de pantalla de Instagram mostrando a dos hombres en la orilla del mar. El más joven, sonriente, abraza al mayor; ambos miran hacia arriba
El actor Facundo Arana comparte una tierna imagen junto a su padre en la orilla del mar, celebrando sus 91 años con alegría y mirando al cielo juntos.

En medio de los preparativos, el actor reflejó la emotiva conexión con su padre Jorge, en el día en que hubiera cumplido 91 años. Arana imaginó un diálogo posible con su papá, con el Ama Dablam como testigo. Y la aparición de una mariposa, otra más, para hacer más emotiva la situación.

En el posteo, Arana recreó una conversación imaginaria con su padre: Jorge le pregunta si van a llegar hasta allá arriba, y le asegura que lo a acompañar. “Ya lo sé, Father”, cierra el actor, como si hiciera falta juramentar esa compañía que siente a cada paso que da.

Volviendo a la realidad, Arana contó un curioso hecho que lo hizo pensar en Jorge: “En medio de la práctica, apareció una mariposa blanca. Estiré la mano para que se posara en ella. No me dio ni pelota, pero me sacó una sonrisa. Feliz cumple Father, 91 hasta el infinito”.

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Facundo Arana y su padre Jorge
Facundo y Jorge Arana, un amor para la eternidad

La mariposa tiene una explicación. Tiempo atrás, Arana contó en el ciclo Mil vidas que, dos semanas después de la muerte de su padre, estaba sentado en la galería de su casa tomando mate cuando una mariposa blanca apareció y revoloteó cerca de él. El momento lo detuvo en seco. “Dicen que las mariposas blancas representan a las almas que nos vienen a saludar”, explicó en aquella ocasión, visiblemente emocionado. Para él, aquella visita no fue un hecho menor: fue una despedida, o quizás un saludo desde otro lugar.

Ocho años después, en medio de un entrenamiento en las rocas patagónicas, con el Ama Dablam como destino y el cumpleaños de su padre como telón de fondo, otra mariposa blanca apareció. Arana extendió la mano. No se posó. Pero le bastó para sonreír.



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CHIMENTOS

Sofía Solá relató el accidente que sufrió en Barcelona: “Por primera vez sentí la soledad”

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La hija de Maru Botana relató el hecho ocurrido en la ciudad española y manifestó su soledad (Video: TikTok

Hace poco menos de un mes, Sofía Solá se instaló en Barcelona para probar suerte en el terreno profesional. La hija de Maru Botana reparte el tiempo entre el trabajo en una agencia de modelos y el local que su madre tiene en la ciudad condal y desde allí mantiene informados a sus seguidores de sus actividades. Como el accidente que sufrió en las últimas horas, que no tuvo mayores secuelas en lo físico pero sí en lo sentimental.

“Seguí caminando y quería contarle a alguien lo que me había pasado. Y no podés. En el fondo, nadie sabe lo que le pasa al otro. Y a mí recién me habían atropellado, sola.” Con esa frase, Sofía resumió en TikTok lo que sintió horas después de que una moto la golpeara mientras andaba en bicicleta por las calles de Barcelona.

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El accidente fue menor en lo físico. Usaba una de las bicicletas de alquiler de la ciudad cuando el impacto la sorprendió. La policía llegó rápido, las heridas visibles se redujeron a dos raspones y el único daño que persistió fue un gemelo tensionado por la descarga de adrenalina. Después fue ella sola a la farmacia: calmantes, cremas, todo lo que encontró.

Pero lo que la descolocó no fue el dolor sino la sensación que vino con él. “Creo que fue la primera vez en todo este viaje en la que realmente sentí un nivel de susto, soledad y de necesito a mi madre”, dijo. Quiso contarle a alguien lo que había pasado y no tuvo a quién llamar en ese momento. El resto del día lo cargó con lo que ella misma llamó “muy mal feeling”, que recién cedió entrada la noche.

Sofía Solá, hija de Maru Botana, expuso detalles sobre su residencia en Barcelona y sus actividades laborales

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Hasta ese episodio, los meses en Barcelona habían transcurrido sin ese tipo de fisuras. Las bicicletas de alquiler eran parte de esa rutina nueva: una forma de moverse por el barrio, de conocer la ciudad a su ritmo y de sentirse, aunque sea en lo pequeño, parte de un lugar que todavía está aprendiendo a habitar.

También mostró el lado más mundano de vivir afuera. Combina las actividades con la agencia de modelos que la convocó, con turnos en el local que su madre tiene en la ciudad. No es la imagen glamorosa que algunos esperarían de alguien que se fue a probar suerte en el modelaje europeo: es una agenda partida entre castings y mostrador, entre fotos y trabajo de local. Esa combinación generó preguntas entre sus seguidores. Algunos cuestionaron que se presentara como modelo sin una carrera consolidada en el rubro. Sofía no esquivó esos comentarios: reconoció que está en un momento inicial y que construir algo en ese mundo lleva tiempo.

La decisión de mudarse no fue impulsiva ni repentina. El año anterior había estado a punto de irse, pero algo no cerraba. “Me di cuenta que me estaba yendo de Buenos Aires por un sentido de escapatoria… me quería ir buscando una nueva experiencia y nada peor que irte a un viaje en busca de nada”, explicó. Ese freno fue, paradójicamente, lo que terminó empujándola hacia adelante.

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La joven influencer comenzó un nuevo camino en su vida en la ciudad española y compartió con sus seguidores sus primeras horas (Video: Tik Tok)

El proceso tuvo un sostén concreto: la terapia. Desde ese trabajo personal empezó a encontrar en las redes y en el modelaje algo que la apasionaba de verdad. “Cuando empecé a estar más en lo que es el trabajo de influencer y modelo, me di cuenta que era todo un trabajo que a mí me encanta y me fascina”, contó.

La oportunidad concreta llegó en enero, cuando una agencia de modelos de Barcelona la convocó a una reunión. Fue seleccionada y decidió mudarse por unos meses para probar suerte. Viajó con miedo y con entusiasmo a partes iguales, consciente de que no tenía garantías de nada. Y la realidad se lo demuestra día a día.

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Lo que el accidente dejó al descubierto fue algo más cotidiano que la fragilidad: que elegir irse y sostener esa decisión con convicción no cancela los momentos en que la distancia pesa de una forma que no tiene con quién repartirse. “Estoy viva”, escribió casi para recordárselo a sí misma. Ese día, la única compañía disponible fue un bolso con calmantes y cremas. Y alcanzó.

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Qué significa que una persona necesite tener siempre la última palabra, según la psicología

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Hay personas que no pueden dejar una discusión abierta. Aunque el tema sea mínimo, necesitan sumar una frase más, corregir un detalle, responder una ironía o cerrar el intercambio con una frase definitiva. Desde afuera, esa actitud suele verse como orgullo, terquedad o ganas de ganar. Sin embargo, en muchos casos, detrás de esa conducta hay algo más profundo que una simple manía, según la psicología.

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La necesidad de tener siempre la última palabra puede estar vinculada con una fuerte búsqueda de control. Para algunas personas, que otro cierre la conversación se vive como una pérdida de poder, una señal de derrota o una sensación incómoda de quedar expuestas. Por eso, aunque el intercambio ya no aporte nada nuevo, necesitan intervenir una vez más para sentir que recuperan el mando de la situación.

También puede aparecer cuando alguien se siente cuestionado. Ante una crítica, una diferencia de opinión o una observación incómoda, ciertas personas reaccionan a la defensiva. No necesariamente porque tengan razón, sino porque interpretan el desacuerdo como un ataque personal. En ese punto, la última palabra funciona como una especie de escudo: sirve para proteger la imagen propia, evitar la vergüenza o no quedar en un lugar vulnerable.

Otra clave es la dificultad para tolerar la incertidumbre. Hay quienes necesitan que todo quede ordenado, explicado y cerrado según su propia mirada. Si la otra persona no acepta su punto de vista, sienten que la conversación quedó mal terminada. Entonces insisten, repiten argumentos o buscan una frase final que les dé alivio momentáneo.

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El problema es que esa necesidad puede desgastar los vínculos. Cuando una charla se convierte en una competencia por ver quién cierra mejor, deja de haber escucha real. La otra persona puede sentirse invalidada, cansada o poco tenida en cuenta. Y lo que empezó como una diferencia común termina transformándose en una pelea de poder.

Tener la última palabra, entonces, no siempre significa tener seguridad. Muchas veces puede mostrar lo contrario: miedo a perder lugar, dificultad para aceptar otros puntos de vista o una necesidad intensa de sentirse reconocido.

Qué señales pueden aparecer en una persona que siempre necesita cerrar la discusión

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  • Interrumpe o responde rápido cuando siente que la contradicen.
  • Le cuesta aceptar que otra persona piense distinto.
  • Repite el mismo argumento aunque la conversación ya esté agotada.
  • Confunde desacuerdo con ataque personal.
  • Necesita corregir detalles menores para no “perder” la charla.
  • Usa frases finales tajantes para marcar superioridad.
  • Se incomoda cuando el otro decide no seguir discutiendo.
  • Busca tener razón más que entender lo que pasa en el vínculo.

La última palabra puede parecer una muestra de carácter, pero muchas veces habla más de una incomodidad interna que de una verdadera fortaleza. Aprender a retirarse de una discusión sin cerrar todo a la fuerza también es una forma de seguridad emocional: no siempre hace falta ganar una conversación para conservar el propio lugar.

 

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