ECONOMIA
Qatar 2022 vs EEUU-México-Canadá 2026: del Mundial más caro de la historia para el anfitrión al más caro para los espectadores

El torneo que Argentina defenderá como campeón, y que podría ser la última Copa del Mundo de Lionel Messi, estableció un nuevo récord que va mucho más allá de lo deportivo: ningún Mundial en la historia resultó tan caro para quienes quieren verlo en persona. Y la paradoja es que, a diferencia de ediciones anteriores, esta vez el dinero no se gastó en construir estadios sino en llenarlos.
El Mundial 2026 parte de una premisa que lo distingue de sus predecesores inmediatos: los 16 estadios (11 en EEUU, 3 en México, 2 en Canadá) donde se disputarán los 104 partidos ya estaban construidos. Once corresponden a Estados Unidos, tres a México y dos a Canadá. El partido inaugural se jugará en el estadio Azteca de Ciudad de México, refaccionado para la ocasión. La final está prevista en el MetLife Stadium de New Jersey, donde Estados Unidos aporta también la mayor parte del calendario: 78 de los 104 partidos, incluida esa definición.
No hubo que levantar infraestructura desde cero, como ocurrió en Qatar 2022, donde el país anfitrión invirtió alrededor de 200.000 millones de dólares en estadios, aeropuertos, hoteles y un sistema de transporte construido prácticamente de la nada para recibir un evento que un país de apenas 3 millones de habitantes no podía albergar sin esa transformación. La FIFA, en cambio, cubrió costos de alrededor de 1.700 millones de dólares en aquel torneo y obtuvo ingresos estimados en 4.700 millones, con una ganancia neta de unos 3.000 millones.
En 2026, la lógica se repite, pero con una diferencia: lo que la organización no se gastó en infraestructura, que en gran medida ya estaba hecho, se trasladó al precio de las entradas.
Según un análisis de The Economist, el Mundial 2026 es el evento cultural más caro de la historia en términos de acceso para el público. Las entradas para la fase de grupos promediaron los 200 dólares, mientras que la tarifa mínima para la final llegó a 2.030 dólares. Ajustando por inflación, los precios más que duplican los de Qatar 2022 y cuadruplican los del Mundial de 1994, también disputado en suelo estadounidense.

El mecanismo detrás de este salto es novedoso. Por primera vez, la FIFA tomó el control total del ticketing, desplazando a los operadores locales, e implementó un sistema de precios dinámicos: los valores suben en función de la demanda en tiempo real. Además, habilitó un mercado oficial de reventa con una comisión del 15% tanto para compradores como para vendedores. El resultado fue una escalada que llevó algunas entradas para la final a relistarse en el mercado secundario por hasta 2 millones de dólares.
Para los hinchas de Brasil, asistir a los tres partidos de la fase de grupos representaba, en la reventa, un desembolso de alrededor de 3.800 dólares. Para los seguidores de Cabo Verde, que debuta en la Copa del Mundo, la cifra rondaba los 1.000 dólares. The Economist señala que el modelo se asemeja a la lógica del mercado estadounidense de espectáculos, donde las entradas para el Super Bowl rara vez bajan de los 900 dólares. En contraste, el boleto más accesible para la final de la Champions League europea se ubicó en torno a los 200 dólares.
En el caso de Argentina, se estima que ver los tres partidos de fase de grupos, con precios de reventa, tendrá un costo aproximado de USD 2.500. Claro está, que dependiendo de la disponibilidad y la demanda, ese valor puede variar.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, salió al cruce de las críticas con una frase que sintetiza la postura oficial: “Si algunas personas ponen en el mercado de reventa entradas para la final a 2 millones de dólares, en primer lugar, eso no significa que las entradas cuesten 2 millones de dólares. Y si alguien compra una entrada para la final por 2 millones de dólares, personalmente le llevaré un perrito caliente y una Coca-Cola para asegurarme de que tenga una gran experiencia.”
Una demanda que no llegó
El problema para los organizadores, es que ni siquiera a esos precios la demanda respondió como se esperaba. En las semanas previas al inicio del torneo, los valores en el mercado oficial y en plataformas secundarias comenzaron a caer de manera pronunciada. El partido inaugural entre Estados Unidos y Paraguay registró una baja superior al 30% en el último mes. El promedio de reducción de precios en los partidos disputados en territorio estadounidense llegó al 24%, con algunos encuentros que sufrieron recortes de más del 50%.
Scott Friedman, conductor del programa Ticket Talk, fue directo en su diagnóstico: “La FIFA sobrestimó la demanda y esto les está costando caro. Los precios fueron demasiado altos en los 104 partidos, fue un desastre completo”.
REUTERS/Caroline Brehman TPX IMAGES OF THE DAY
Las consecuencias se extendieron al sector hotelero. A mediados de abril, con una demanda muy por debajo de las proyecciones, los hoteles de ciudades sede como Atlanta, Dallas, Miami, Filadelfia y San Francisco ya habían tenido que reducir sus tarifas cerca de un tercio respecto del pico que habían alcanzado a principios de año, según datos de Lighthouse Intelligence citados por el Financial Times. La American Hotel and Lodging Association (Ahla) calculó que un 80% de los operadores en los mercados estadounidenses reconoció cifras por debajo de sus proyecciones. En Kansas City, ese porcentaje se ubicó entre el 85% y el 90%.
Hasta el 70% de las habitaciones que la FIFA había reservado en Boston, Dallas, Los Ángeles, Filadelfia y Seattle fueron canceladas, lo que distorsionó la percepción real de la demanda y afectó la planificación de los hoteles. Michael Bellisario, analista senior de Baird Equity Research, recortó su estimación de crecimiento en ingresos por habitación disponible del rango de entre 0,75 y 1 punto porcentual a entre 0,25 y 0,50 puntos.

La revisión de expectativas también alcanzó al turismo en términos más amplios. La consultora Tourism Economics redujo su proyección de crecimiento de visitantes internacionales a Estados Unidos para este año del 3,9% al 3,4%, según su director de estudios sectoriales, Aran Ryan. Esto contrasta con lo que Infantino había prometido a las ciudades sede en 2024: “cientos de miles” de visitantes, no sólo quienes tuvieran entradas sino también quienes simplemente quisieran “formar parte de algo especial.”
Entre las barreras identificadas por los especialistas figuran el alto precio de las entradas, los costos del transporte local, la carga impositiva, el contexto geopolítico y las dificultades para obtener visas. Entre un 65% y un 70% de los operadores hoteleros identificaron las barreras de visado y las preocupaciones geopolíticas como factores que limitaron la llegada de visitantes. El Departamento de Estado de Estados Unidos eliminó una fianza de 15.000 dólares para los solicitantes de visa de 50 países que posean un boleto válido, en un intento de estimular ese flujo.
La baja demanda también golpeó a quienes, desde Argentina, intentaron armar operativos para llevar hinchas al torneo. Aerolíneas Argentinas canceló los vuelos que tenía previstos desde el interior del país hacia Miami —puerta de entrada al Mundial para muchos argentinos— debido a la combinación de una demanda insuficiente y un aumento del 50% en los precios de los combustibles, consecuencia del conflicto en Medio Oriente.
La aerolínea de bandera había proyectado operar desde el 8 de junio dos vuelos semanales desde Córdoba, tres desde Rosario y dos desde Tucumán, todos con escala técnica en Punta Cana. La decisión fue concentrar a los pasajeros en Buenos Aires, donde la oferta se mantiene en 20 vuelos semanales, para preservar la rentabilidad de las rutas. Fuentes de la empresa indicaron que esperaban un repunte en las ventas más cerca de la fecha que finalmente no se produjo, incluso después de lanzar una tarifa especial. Los vuelos directos a Kansas City y Dallas, alineados con el calendario de partidos de la selección argentina, se mantienen sin cambios.
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ECONOMIA
El riesgo país superó la línea de los 700 puntos básicos tras una nueva caída de los bonos argentinos

Los bonos argentinos son negociados este martes con una baja promedio de 1,5%, según la referencia de los Globales con ley extranjera en Wall Street. Los títulos hard dollar anotan una caída promedio de 6% en el último mes, con bajas superiores al 7% en el caso de los bonos de mayor plazo.
En el mismo sentido, el riesgo país de JP Morgan sube a las 10:15 horas unas 35 unidades, en los 710 puntos básicos, el nivel más alto desde el 24 de octubre de 2025. El indicador encadena ocho ruedas consecutivas en alza.
En el último mes el riesgo país de Argentina -que mide la brecha de tasas con los bonos del Tesoro de los EEUU de similar duración- subió 185 puntos básicos o un 35 por ciento. este indicador tocó su mínimo de 2026 en los 403 puntos el 10 de julio.
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“Los bonos soberanos en dólares de Argentina se vieron presionados, en línea con sell-off de deuda de mercados emergentes, en un contexto de búsqueda de activos de mayor calidad. Sin embargo, los spreads frente a sus pares también se ampliaron, lo que refleja el mayor beta de un país más riesgoso que enfrentará incertidumbre electoral en 2027. Como referencia, los spreads frente a países con calificación B aumentaron 63 puntos básicos durante la última semana, hasta los 265 puntos”, observó Max Capital.
Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, indicó que “este movimiento responde a una combinación de factores: la suba de tasas en Estados Unidos tras el último dato de inflación, una mayor aversión global al riesgo emergente y la cercanía del calendario electoral de 2027, que el mercado empieza a incorporar en los precios. No vemos un deterioro en los fundamentos que sostienen la capacidad de pago. El superávit fiscal se mantiene, el BCRA sigue acumulando reservas y el Tesoro acaba de conseguir un rollover del 136% en su última licitación”.
“Lo que estamos viendo es una suba en la prima de riesgo que exigen los inversores, más vinculada a la incertidumbre que a los números de la economía. La experiencia muestra que la convergencia del riesgo país no es lineal y que este tipo de correcciones son parte del proceso. Para el inversor, este escenario abre oportunidades. Con bonos de la parte larga de la curva que ya rinden por encima del 12% en dólares, los precios actuales incorporan un escenario bastante exigente. Nuestra recomendación es no vender en medio de la volatilidad, sino aprovecharla para recomponer posiciones de manera gradual”, consignó Lazzati.
Mauro Carrizo, head of wealth management de Cocos, explicó que “la suba del riesgo país se da en un contexto en el que la tasa larga norteamericana viene subiendo: el bono del Tesoro a 10 años está en la zona de 5,15%. Estamos en un escenario de tasas globales altas, más allá de que empieza a aparecer cierta demanda a estos niveles, y ese es el principal factor detrás de la suba. Las tasas argentinas suben más porque nuestro beta es más alto. Cuando el mercado global se pone más exigente, los activos de mayor riesgo amplifican el movimiento, y Argentina es uno de ellos. En el corto plazo puede haber desacoples, porque lo local agrega ruido, pero la tendencia de fondo la marca la tasa global”.
“Esto opaca algo que debería ser lo central del análisis: el BCRA sigue comprando reservas. En otro contexto, ese dato tendría un impacto positivo mucho más visible en los bonos. Vemos al riesgo país como algo volátil de acá en adelante. Creemos que va a ser difícil verlo nuevamente en la zona de 400 puntos básicos, incluso si la tasa afuera afloja. Ya entramos en un contexto de ruido político, y por más que las variables globales se acomoden, la incertidumbre local va a seguir presente”, añadió Carrizo.
“La plaza financiera local operó bajo presión vendedora. Las acciones argentinas continuaron con su tendencia bajista mientras que los bonos soberanos en dólares profundizaron las pérdidas acumuladas en las últimas sesiones. Este escenario de mayor aversión al riesgo local impulsó al indicador de riesgo país”, describió Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL.
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ECONOMIA
El superávit energético superó los u$s1.600 millones en septiembre por Vaca Muerta

El complejo de combustibles aportó el 53% del saldo comercial del mes. En los primeros nueve meses del año, el sector acumula u$s9.427 millones.
Puntos importantes
El sector energético impulsa el superávit comercial argentino, 53% en septiembre.
Vaca Muerta y Patagonia lideran exportaciones energéticas clave.
Milei destaca éxito y fin de déficits con nuevas políticas.
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ECONOMIA
Ya no viajamos igual: cómo cambió la forma de descansar

El turismo atraviesa un cambio más profundo de lo que muestran las estadísticas. No pasa solamente por la ocupación hotelera o la cantidad de pasajeros, sino por algo mucho más difícil de medir: la manera en que las personas deciden viajar y el lugar que el descanso ocupa en sus vidas.
Hace algunos años, las vacaciones estaban asociadas a la idea de “desconectar” durante quince días. Hoy ese esquema cambió hacia un descanso más fragmentado, corto y estratégico. El viajero actual compara precios, espera promociones, reserva sobre la fecha y busca que cada salida justifique el tiempo y el dinero invertidos. Esta realidad moldea a un consumidor más racional, informado y exigente. Ya no alcanza con ofrecer un buen alojamiento; las personas buscan propuestas que les permitan recuperar energía a través de experiencias memorables, incluso en estadías breves.
De hecho, el turismo actual parece definido por una búsqueda profunda de bienestar emocional y desconexión tecnológica. Según el informe Tendencias de Viajes 2026, viajar se consolidado como una necesidad vinculada a la salud mental: el 97% de las personas afirma que utiliza los viajes para recargarse emocionalmente, mientras que uno de cada dos viajeros a nivel global prioriza las experiencias únicas por encima de los bienes materiales.
Según el informe Tendencias de Viajes 2026, viajar se consolidado como una necesidad vinculada a la salud mental
Esta demanda responde a un “cansancio digital”: el 87% de los viajeros reconoce que extraña una vida más simple, y el 64,5% admite sentirse saturado por la presión de las redes sociales y las notificaciones. En un contexto marcado por la hiperconectividad, el viaje dejó de ser una simple pausa para convertirse en una herramienta de salud física y emocional. El bienestar, por lo tanto, ya no es un lujo, sino una expectativa básica del viajero contemporáneo.
Esta transformación también llegó al ámbito corporativo. Los viajes de negocios ya no se limitan a cumplir una agenda laboral; ahora es frecuente combinar reuniones con momentos de ocio o extender la estadía, ya sea solo con amigos o con la familia. Esta tendencia que hemos denominado de “bleisure” (business + leisure) avanza también por la consolidación del trabajo remoto y es una opción que el 58,5% de las personas considera atractiva. Esta realidad obliga a la hotelería a adaptar sus servicios, ya que los huéspedes esperan mantener intacto su estilo de vida: espacios adecuados para trabajar y conectividad eficiente, junto con opciones para sostener rutinas de ejercicio y alimentación saludable.
El 97% de las personas afirma que utiliza los viajes para recargarse emocionalmente
Por otra parte, la tecnología modificó las expectativas: el viajero espera resolver todo desde el celular, obtener respuestas rápidas y acceder a propuestas personalizadas. La inmediatez y la simplicidad ya no son ventajas competitivas, sino requisitos básicos. En este escenario, los programas de fidelización adquieren una nueva dimensión: ya no buscan únicamente ofrecer descuentos, sino acompañar toda la experiencia del viaje.
La hotelería del futuro, entonces, ya no pasa solamente por vender habitaciones. Implica comprender las prioridades de un viajero que, pese a cuidar su presupuesto, sigue priorizando la calidad, la autenticidad y el bienestar. Significa entender que las personas no buscan un sitio donde dormir, sino espacios que les permitan vivir mejor, aunque sea por unos pocos días.
El autor es Chief Operating Officer Accor North & Hispanic Americas
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