POLITICA
La Argentina ante los senderos que se bifurcan

Estados Unidos quiere ganarle a China la carrera de la inteligencia artificial, pero ¿cómo sabremos quién ganó o perdió? Kyle Chan, investigador de Brookings, planteó esta pregunta provocadora en una audiencia pública en la Cámara de Diputados de EEUU hace unas semanas. Una primera respuesta posible: quién lleva la ventaja en los modelos más poderosos, que define quién llega primero a la anhelada y temida superinteligencia artificial. Otra manera de entender la disputa sería acerca de quién controla los insumos en la cadena de valor de la IA: el acceso a los minerales críticos, a los semiconductores o a la energía que demandan los centros de datos. Una tercera forma de abordarlo, argumentó Chan, sería en qué medida la IA logra mejorar la vida y el progreso de la mayor cantidad de personas. Estas formas de evaluar no son excluyentes, y requieren activar distintas palancas de política pública.
La competencia entre Washington y Pekín no tiene correlato con lo que ocurre en el resto del mundo, pero como en cada momento de disrupción tecnológica, todos los países están corriendo su propia carrera, incluida la Argentina. Y esa es la pregunta que quiero plantear: ¿qué significaría que a la Argentina le vaya bien en la carrera de la IA?
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA), elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile, ofrece un punto de partida útil. Argentina ocupa el sexto lugar de 19 países evaluados, con 52 puntos sobre 100, clasificada como “adoptante”: ni entre los pioneros (Chile, Brasil, Uruguay) ni entre los más demorados. Pero la región en su conjunto viene corriendo de atrás. Toda la inversión privada en IA de América Latina representa apenas el 1,12% de la inversión global: una brecha de siete veces respecto al peso de la región en el PBI mundial. Argentina tiene hoy un rezago de adopción de IA en una región rezagada.
Descartemos primero lo que no está a nuestro alcance. Sería poco realista plantearnos que Argentina busque insertarse en la construcción de grandes modelos fundacionales (como Claude o ChatGPT), un camino que requiere inversiones de capital abismales, talento especializado en escala y acumulación de conocimiento durante años. Para dimensionar dónde estamos: Corea del Sur, que se ubica en un muy lejano tercer lugar detrás de Estados Unidos y China en el desarrollo de modelos de IA, es el país con más patentes de IA per cápita del mundo. Ese club tiene barreras de entrada que hoy no podemos franquear.
Eso no significa que países como Argentina queden automáticamente sin lugar en esta nueva geografía tecnológica. En las grandes transformaciones, buena parte del valor suele estar en la capacidad de adaptar y difundir tecnologías a lo largo de distintos sectores de la economía, más que en liderar necesariamente la invención original. Nuestro test tiene que ser otro.
Una primera dimensión pasa por construir aplicaciones, servicios y plataformas sobre los grandes modelos existentes. Puede además aprovechar el acceso abierto a varios de ellos ya que la Argentina tiene la ventaja de ocupar el segundo lugar de la región en relevancia de su producción de código abierto. Tenemos un sector muy significativo en el que apalancarnos: las exportaciones de servicios basados en la economía del conocimiento alcanzaron en 2025 un récord de 9.600 millones de dólares y fueron el tercer complejo exportador del país.
El desafío es que este terreno se mueve rápido. Cada nuevo anuncio de los grandes modelos de IA redefine en cuestión de semanas modelos de negocio y barreras de entrada para millones de start-ups en todo el mundo. La capacidad de innovar es clave y para ello hacen falta recursos humanos especializados y acceso a financiamiento para escalar rápido. La brecha de talento en IA entre América Latina y el promedio mundial se viene ampliando desde 2022, impulsada por una pérdida acelerada de profesionales especializados. Y el problema es doble: no retenemos el talento existente y nuestros indicadores de calidad educativa revelan cuán endeble es la base sobre la que formamos a quienes vienen. Sin reformas e inversión en el sistema educativo y tecnológico, la IA es un simple anhelo de deseo.
Una segunda dimensión es horizontal: que la IA no quede confinada a los sectores de vanguardia o start-ups sino que impregne al conjunto de la economía, de manera que potencie la productividad. América Latina arrastra un problema severo de productividad —su crecimiento promedió apenas un 0,4% anual en los últimos 25 años y fue negativo en la última década— y los grandes saltos tecnológicos abren oportunidades para acelerar transformaciones. Esta puede ser una de ellas.
Como ocurrió con internet o la electricidad, hay países que lideran la invención y los primeros desarrollos comerciales, pero eso no impide que otros se vuelvan especialmente eficaces en difundir esa tecnología a lo largo de toda su economía. No conocemos una revolución tecnológica de esta escala y velocidad, pero sí sabemos que los procesos de difusión tecnológica son muy relevantes para el desarrollo de los países.
¿Podemos convertir esta disrupción en una herramienta para mejorar la competitividad de nuestra economía? ¿Cómo incentivamos usos de IA que potencien el trabajo humano y no lo reemplacen? Según el ILIA, Argentina registraba a inicios de 2025 casi 8 millones de usuarios activos de aplicaciones de IA generativa. Somos adoptantes tempranos. Pero ese uso individual no se traduce todavía en impacto productivo. Como suele ocurrir en los procesos de difusión tecnológica, las compañías más grandes y dinámicas llevan la delantera y para las pymes es más cuesta arriba.
Según una encuesta de usos de IA en pymes argentinas realizada por NADIA (Nodo argentino de IA), existe un crecimiento acelerado de uso pero aún incipiente. Entre las pymes de manufactura, el 36% reporta usar al menos un tipo de IA y su principal uso es para marketing y ventas. Aún no se observa un uso sistemático y con rediseño de procesos. La brecha entre uso individual e impacto productivo es, por ahora, un fenómeno extendido en el mundo. Pero el potencial es grande, especialmente en los sectores más rezagados. A lo largo del país, empresas de distintos sectores están experimentando con IA de formas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que podrían convertirse en referencia para otras organizaciones y, además, contribuir a dinámicas de ecosistema que han demostrado acelerar la difusión de innovaciones tecnológicas.
El sector público no es ajeno a esta promesa de adopción transversal, desde un algoritmo que detecta irregularidades en licitaciones antes de que se firmen, a un hospital que agiliza diagnósticos (ni hablar del desafío que implica para el sistema educativo). Pero una incorporación de IA en el Estado que no sea solo cosmética para un reel de Instagram tiene prerrequisitos: datos públicos de calidad y con estándares de ciberseguridad, interoperabilidad de sistemas e inversión en profesionales especializados capaces de conducir una adopción que hoy avanza a distintas velocidades. A su vez, el sector público expone, sin atenuantes, el desafío que la IA plantea a toda la economía: cómo se van a reconfigurar los trabajos con la automatización creciente.
Una tercera dimensión opera en una capa más basal: la infraestructura física que hace posible la IA y que condiciona también la capacidad de usarla y de innovar del resto de la economía. La infraestructura digital global tiene un costo material enorme y la inteligencia artificial lo está multiplicando: centros de datos que consumen cantidades crecientes de energía, semiconductores que requieren minerales críticos y redes que demandan conectividad de alta capacidad.
Argentina tiene ventajas concretas en ese ecosistema. Produce carbonato de litio, tiene reservas de cobre y un sector energético en crecimiento, además de un territorio extenso y subutilizado para infraestructura digital. Los casos de referencia no están tan lejos. En el Nordeste de Brasil, Porto Digital reúne casi 500 empresas tecnológicas y ayudó a convertir a Recife en uno de los polos de innovación más dinámicos de América Latina. El desafío para Argentina es atraer inversiones y lograr sinergias que redunden en mejoras en conectividad, empleo y condiciones para acelerar la incorporación tecnológica en el resto de la economía.
Aplicaciones y servicios sobre IA, difusión productiva e infraestructura digital. Son dimensiones distintas de una misma transformación y se potencian mutuamente. Hay una tentación simétrica en los senderos del debate actual en nuestro país sobre la inteligencia artificial. La del entusiasmo fácil: creer que la IA va a resolver los problemas estructurales de la economía argentina sin que cambie nada de lo demás. Y la del rechazo defensivo: resistir la infraestructura y la adopción en nombre de una soberanía digital que, en la práctica, equivale a aislarnos y perder oportunidades concretas. La apuesta más difícil y más valiosa es construir márgenes de acción: articular capacidades de innovación, uso e infraestructura que traduzcan la expansión de la IA en mejoras concretas de productividad, competitividad y bienestar. Argentina puede seguir acumulando usuarios de IA generativa y quedarse, al mismo tiempo, fuera de los beneficios reales de esta revolución. En el jardín de Borges, todos los futuros permanecen abiertos. El de la Argentina en la IA también, todavía.
*La autora es directora regional The Global Initiative for Digital Empowerment (GIDE) y profesora invitada Universidad Di Tella
Julia Pomares,Conforme a
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Milei, la pelea con Lula y el apoyo a Keiko Fujimori: una apuesta regional dominada por la necesidad local

Javier Milei celebra en estas horas la asunción de Keiko Fujimori como presidenta de Perú. Es una nueva muestra de su aspiración a liderar lo que define como una “ola” de gobiernos derechistas en la región. En diez días, añadirá otro gesto similar, cuando asista al recambio presidencial en Colombia. El viaje a Lima se produce después de un fin de semana marcado por la tensión con Brasil, efecto inmediato de sus insultos a Lula da Silva en el lanzamiento electoral de Flávio Bolsonaro. Todo es parte de su apuesta en el frente externo, que especialmente en el caso brasileño asoma dominada por la necesidad local: tratar de manejar la agenda pública, recuperar iniciativa política.
El recurso, de todas maneras, no es absolutamente nuevo. La intención de fabricar un enemigo o recrear esa construcción es parte sustancial de un ejercicio político repetido, no solo en la gestión libertaria. Y ese motor aparece más claro aún en el segundo tramo de la disputa con Lula da Silva: a la descalificación personal, añadió la afirmación -por ahora, sin categoría de denuncia- sobre el financiamiento de Brasil a una supuesta “campaña anti-argentina” de escala internacional. Pasó casi inadvertido, pero en esa línea incluyó a México, algo que tuvo una rápida desmentida y un reclamo de respeto por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El Presidente recurrió a la frase “campaña anti-argentina” -de pésimo eco por su uso durante la última dictadura- que surgió en los días de la final mundialista. Y buscó explotar ese efecto, sobre todo en las redes, después de un Mundial que descolocó por momentos al Gobierno, como expusieron un cruce inentendible con Messi, el cálculo sobre el regreso de los jugadores y, de manera más visible, el capítulo Malvinas.
La semana post Mundial volvió a correr uno de los focos de la realidad hacia la política. Y el oficialismo buscó dar señales de contención de la interna y renovó la apuesta a reactivar el Congreso: avanzar con las iniciativas que se encuentran frenadas (inviolabilidad de la propiedad privada, reforma electoral y régimen de zonas frías, entre otras) y sumar nuevos proyectos. Fue enviada la segunda versión de la Inocencia Fiscal y se espera la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
El Congreso consume sus días de vacaciones de invierno y recién en la primera semana de agosto podría ser retomada la actividad. Por el momento, el Gobierno tiene dificultades para darle forma legislativa a su intento de “recuperar” el manejo de la agenda. Y en espejo, genera demanda política sobre la economía. La visita de Kristalina Georgieva tuvo impacto en ese contexto -por el gesto de la presencia y el respaldo a la gestión económica, antes que por anuncios-, aunque tuvo que convivir mediáticamente con el tema Brasil.
El paso de los días que siguieron al Mundial había agregado la difusión de datos económicos significativos por parte del INDEC: evolución de los salarios -siempre a relacionar con la marcha de la inflación-, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y ventas en supermercados y mayoristas, todo sobre mayo. Señales no siempre lineales, pero en general inquietantes a las que se sumaron en similar sentido informes de consultoras privadas (sobre consumo, por ejemplo) y de entidades sectoriales (como la UIA y la cámara de empresas metalúrgicas). En la última semana del fútbol mundialista, al revés, el Gobierno había podido celebrar la desaceleración del índice de precios en junio. Y hay expectativas sobre el mes que va terminando.

En cualquier caso, el discurso de Milei en San Pablo, junto a Bolsonaro (h) y las posteriores declaraciones sobre supuestas campañas contra el país ocuparon el primer renglón del temario mediático y marcaron cruces en las redes. Por supuesto, no quedó en discusión el objetivo presidencial de ganar liderazgo en el nuevo mapa regional. Eso, en todo caso, es tema de debate político. En cambio, la andanada contra el presidente brasileño pudo incluir ese objetivo, pero lo trascendió largamente al calificarlo como “ladrón” y “presidiario”.
En el terreno estrictamente diplomático, generó una respuesta de Brasilia que incluyó el llamado a consultas de su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y el pedido de explicaciones al representante argentino en Brasil, Daniel Raimondi. La tensión escaló hasta ese punto y está abierto el final, más allá de la ironía del presidente brasileño ninguneando a Milei y de lo que aparece como decisión del Gobierno de no ofrecer nada parecido a una disculpa diplomática.
Por supuesto, el tema tiene también sentido de política interna para Lula da Silva, en campaña para las elecciones de principios de octubre, y registra antecedentes de incursión en la política local. Nada de lo que ocurre en estas horas borra el cuestionamiento a tales intervenciones, ni a las propias. Ahora, el punto es que se cruzó esa línea no por el respaldo presencial a Flávio Bolsonaro, sino por la descalificación al presidente brasileño.
De todos modos, la comparación entre el caso reciente de Milei y anteriores gestos de Lula da Silva -la visita a Cristina Fernández de Kirchner, hace un año, o la asistencia de asesores suyos en la campaña massista– surgió como un recurso de cuentas mileistas en las redes y hasta fue utilizada por Pablo Quirno. Una reacción, en el caso del canciller, insostenible.
La persistencia del tema en el temario público dependerá, claro, de la superación o aumento de la tensión diplomática. Pesarán los gestos y palabras presidenciales, ahora en el clima de asunción de Keiko Fujimori como presidenta. Allí estará también el canciller brasileño, Mauro Vieira. Lo dicho: final abierto.
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Por qué Milei insulta a Lula

Las relaciones internacionales, clásicamente, fueron relaciones entre Estados. Los presidentes se expresaban. al hablar y en la toma de decisiones. en representación de toda una nación. En los últimos tiempos, en Occidente, América Latina y la Argentina, esos vínculos internacionales ya no se rigen por el interés general de cada país. Más bien, nacen de facciones dentro de cada nación, que se asocian, contradicen o discuten con otras similares o distintas del otro país. Se constituyen “familias de partidos” que se convierten en el agente de aquellas relaciones exteriores. Dicha lógica, que domina el vínculo entre la Argentina y Brasil desde hace tiempo, reaparece en el conflicto entre Javier Milei y Lula da Silva.
El enfrentamiento cuenta con una superficie muy estridente, con base en los insultos de Milei hacia Lula. No es la primera vez que el mandatario argentino caracteriza de manera tan sombría a su colega brasileño. Debajo del “show” del conflicto, subyace un ajedrez muy relevante, que se juega a nivel regional y mundial. Milei y Lula, ambos son piezas de un juego mucho más amplio y global.
Milei asistió al acto de lanzamiento de la candidatura de Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente que hoy está preso, que se celebró en el estadio Pacaembú de San Pablo. Flavio lleva adelante una carrera un poco accidentada, producto de varios escándalos de corrupción, como grabaciones que lo vinculan con un banquero complicado judicialmente y quien le estaría financiando la campaña.
La participación de Milei en ese lanzamiento ocurre tras su intento por visitar a Jair Bolsonaro en la cárcel. Se vio impedido de hacerlo luego de que un juez del Superior Tribunal Federal de Brasil impusiera mayores restricciones al exjefe de Estado. Sin embargo, Milei lo interpretó como una limitación personal. En consecuencia, durante la ceremonia, Milei calificó a Lula de corrupto y ladrón. Lo trató también de presidiario y cerró con un comentario contra Alexandre de Moraes, magistrado que había impedido su visita a Bolsonaro: lo llamó “basura calva”.
El discurso del Presidente encendió una polémica de suma importancia con las autoridades brasileñas. Formularon dos respuestas. La primera fue del presidente del Superior Tribunal Federal, quien rechaza un agravio contra la Justicia local. La segunda, una determinación del propio Lula Da Silva a través de su canciller Mauro Vieira: llamó en consulta al embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli. Es un paso previo a la ruptura de relaciones.
No es la primera vez que ocurre un hecho de esa naturaleza. Había sucedido con otro país relevante para la Argentina, con un gobierno del mismo signo político que el de Brasil: España. Milei había viajado a Madrid para asistir a un acto en apoyo a los candidatos de Vox. En esa tarea, se refirió al presidente Pedro Sánchez y su mujer, ambos vinculados a cuestiones de corrupción, como corruptos. A raíz de ello, la embajada española en Buenos Aires quedó vacante por un largo período de tiempo. Como Lula, Sánchez llamó a su embajadora en consulta. Pero ordenó que no regresara.
En Brasil no tienen intención de escalar el conflicto. Existe una hipersensibilidad respecto de los problemas con la Argentina. Desde siempre, los presidentes y los cancilleres brasileños privilegian aquel vínculo por la importancia que reviste para los intereses del propio país. La sede diplomática en Buenos Aires probablemente sea para Brasil la segunda más significativa en el mundo, después de Washington. A esto se suma que tanto el canciller Vieira como Bitelli son históricamente amigos de la Argentina. Vieira fue embajador en Buenos Aires antes de desempeñarse como embajador en los Estados Unidos, la ONU y como canciller brasileño. Bitelli, actual embajador en Buenos Aires, va por su tercera misión en territorio argentino. Conocen muy bien al país, lo que podría representar un inconveniente para Milei.
La historia comienza con un entrevero de ambos lados. En su momento, Lula da Silva visitó a Joe Biden en la Casa Blanca, cuando Milei se candidateaba a la presidencia. En esa ocasión, Lula le dijo a Biden, a propósito de la irrupción de La Libertad Avanza en el escenario electoral, que en la Argentina peligraba la democracia. A ello se agrega que, cuando la campaña de Sergio Massa naufragaba, apareció al lado del exministro de Economía un equipo profesional y agresivo que había asesorado a Lula también durante los comicios. Milei interpretó que esa jugada había sido orquestada por el mismo brasileño. El Gobierno de Brasil sostuvo siempre que fue Massa quien contrató a aquel grupo de personas después de evaluar lo que hicieron durante la campaña de Lula. Lo que sí es cierto es que el jefe de Estado brasileño recibió a Massa en Brasilia como un amigo al que quería destacar. En ambos países existe la tendencia de que los mandatarios jueguen un partido en la polémica política del otro.
Un dato que hay que recordar. Durante los gobiernos de Milei y Lula, Brasil se hizo cargo de los intereses de nuestro país en Venezuela, cuando Nicolás Maduro perseguía a los diplomáticos argentinos en Caracas. En ese entonces, Lula olvidó los agravios de Milei y repitió la misma conducta de Brasil respecto de la Argentina en un escenario mucho más dramático: durante la Guerra de Malvinas, Brasil se convirtió también en el representante de los intereses argentinos en Londres.
Hoy Lula está lanzado a la reelección. Compite, según las encuestas, con ventaja respecto de Flavio Bolsonaro -48% contra 43%, respectivamente-. Todos los sondeos de la región presentan sin embargo un problema: menosprecian o no logran fehacientemente capturar el verdadero caudal de votos de la derecha. De ganar Lula, el conflicto se mantendrá. La discusión, en todo caso, pasa por determinar si esta riña es conveniente o no para los intereses de la Argentina. Actualmente, con independencia del resultado, medio país, la Argentina de Milei, está peleada con otro medio país, el Brasil de Lula.
La película es mucho más amplia. En principio, hay un juego de Milei en la región, que nació de la cabeza del “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo: convertir al Presidente en un agente de una política favorable a Trump dentro de América Latina. Esta postura fue adoptada por Cancillería, y tiene por objeto formar una liga pro-Trump en la que debería estar una decena de países. Entre ellos, El Salvador, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador, ahora Colombia y la Argentina. Dichas naciones servirían de apoyo al presidente de Estados Unidos en su doctrina “Donroe”, réplica de la doctrina Monroe de la década del ‘20 del siglo XIX, que consistía en el siguiente axioma: “América para los americanos”. Milei sirve a esta idea en su intento por conformar esta liga, en clara contradicción con China.
Aquel armado sufre tres restricciones. La idea “América para los americanos” no cuenta con la adhesión de Brasil, México -con Claudia Shenibaum- y Canadá -con Mark Carney-. Son tres límites claros en los tres países más importantes del continente. Es esta la razón por la que el resultado electoral de octubre en Brasil es crucial en este juego. Si Donald Trump quiere tener una plataforma de respaldo a su política en contra de China, nación que ha mostrado grandes avances en América Latina, debe lograr que cambie el signo político del gobierno brasileño. En función de esa estrategia el mandatario estadounidense recibió en el Salón Oval al mismo Flavio Bolsonaro. Falta ver si los insultos de Milei a Lula lo perjudican en un país muy celoso de su autonomía, o lo beneficia. Carney en Canadá, por ejemplo, ganó después de venir perdiendo en las encuestas gracias a los ataques de Donald Trump.
Es de tal dimensión la jugada que resultó en un fenómeno de extrema rareza. En la mañana del lunes, China intervino en el conflicto. La agencia oficial de noticias china informó sobre un pronunciamiento de Xi Jinping sobre el conflicto entre Milei y Lula, en el que reivindicó el derecho de Brasil a no tener injerencias externas en su política. Alentó además una mayor coordinación bilateral y multilateral con Brasil. Por último, felicitó a Brasil por su papel en función de la seguridad y estabilidad internacional “en un momento de volatilidad”, que refiere a la inestabilidad que introduce Trump con guerras como la de Irán.
China acaba de pronunciarse sobre el conflicto en el Mercosur. Lo que está diciendo es: sabemos que no es Milei contra Lula, sino Trump contra nosotros; que el escenario brasileño es un campo de batalla global que los involucra porque quieren ser un actor global con intereses en América Latina.
El gobierno brasileño denuncia que, en su adhesión a Trump, Bolsonaro ya está prometiendo negocios vinculados con la tensión internacional entre EE.UU. y China. Entre otras cosas, le ofrece tierras raras, que son objeto de disputa minera porque constituyen un insumo principal de la industria tecnológica. También propone algo importantísimo y muy dañino para Brasil si se concretara: arancel cero para el etanol. La industria del etanol alimenta todo el mercado automotor brasileño, por lo que esa medida representaría un gran desafío para la economía de ese país.
Además, Bolsonaro ofrece a Trump algo que también propone la Argentina: un sesgo muy antichino en su política comercial y, en general, en su política exterior. No hay que olvidar que Brasil integra el grupo Brics junto con Rusia, la India y Sudáfrica, entre otros, y que ese grupo es liderado por China.
Quiere decir que hay un juego geopolítico en el que el conflicto entre China y Estados Unidos se proyecta sobre Sudamérica y tiene como interlocutores enfrentados a Lula y Milei. Milei está jugando ese partido. Esto permite entender mejor por qué actúa así. No se debe sólo a razones temperamentales. Hay una lógica detrás de esa decisión, vinculada con cierta fragilidad que experimenta el Gobierno ante la opinión pública. Esa fragilidad conecta con lo financiero y, a su vez, lo financiero conecta con Trump.
El índice de confianza en el Gobierno, publicado este lunes, registró una caída del 6,5% en julio respecto de junio y se ubicó en 1,94. Este indicador, elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, va de 0 a 5. Traducido a porcentaje, equivale aproximadamente a un 38,8%. Este dato es relevante porque, por una correlación que se mantiene desde hace muchos años, si hoy hubiera elecciones, el Gobierno sacaría, según este indicador, el 38,8% de los votos. Estaría por debajo del 40% y tendría que ir a un balotaje.
Este dato es la última manifestación de una serie de índices que, como informó la Universidad Torcuato Di Tella, muestran que desde diciembre de 2025 hasta ahora la confianza pública en el Gobierno cayó un 21,5%. Es decir, existe un retroceso importante y sistemático de la administración de Milei.
En comparación con lo registrado durante el gobierno de Mauricio Macri, uno podría preguntarse si este índice mostrará una evolución similar a la que tuvo durante esa gestión, que comenzó a caer en 2018 y siguió haciéndolo hasta dejar el poder, aunque remontó al final pero no le alcanzó para ser reelegido. ¿O tendrá una evolución similar a la de Cristina Kirchner, cuyo índice cayó desde 2009, pero se recuperó a partir de 2010, hasta que ganó las elecciones de 2011 con el 54% de los votos? Por ahora, la curva de Milei sigue casi de manera calcada a la de Macri e incluso un poco por debajo. Habrá que ver si rebota como la de Cristina Kirchner o continúa cayendo.
Macri corría con una desventaja: enfrentaba a un peronismo todavía organizado, que terminó ofreciendo una alternativa con Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Milei cuenta con una ventaja enorme: la oposición permanece paralizada.
Estamos ante un gobierno que sufre un deterioro sistemático en la opinión pública. Esto también aparece en una encuesta de Poliarquía, la consultora que lidera Alejandro Catterberg, cuyo trabajo fue muy considerado durante los últimos diez días por el establishment.
En cuanto a la aprobación presidencial, el 57% desaprueba la gestión y el 42% la aprueba. La evolución entre enero y julio de 2026 muestra una caída de la aprobación de Milei: pasó del 51% en enero a 42% en julio. El descenso más significativo se produjo entre marzo y abril. La desaprobación siguió el recorrido inverso: fue del 48% al 57%. Esto muestra un problema que el Gobierno obviamente observa y que probablemente genere ansiedad por el efecto de la política económica sobre la economía real, aunque también importa analizarlo desde otro punto de vista.
En cualquier encrucijada electoral es fundamental saber si la gente quiere continuidad o cambio. El 33% se inclina por la continuidad y el 66%, por un cambio. Sin embargo, el dato puede resultar engañoso desde el punto de vista político: si quienes desean un cambio no logran unificar esa expectativa detrás de un candidato predominante y la oferta queda muy fragmentada, puede imponerse una opción de continuidad que esté unificada. Por eso, el dato debe combinarse con la oferta electoral disponible. Por eso, para el Gobierno debería ser importante dividir a la oposición y unificar el frente oficialista, exactamente lo contrario de lo que suele hacer en sus peleas con Pro y con otros actores afines a su electorado.
¿Qué tiene que ver todo esto con los insultos a Lula? Si se mantiene un 66% que busca un cambio y ese porcentaje de votantes termina inclinándose, por vocación o resignación, por un candidato populista, aparece el riesgo de un cambio en la política económica. Además, para el próximo año aparece la incertidumbre respecto de si el Gobierno tendrá suficientes dólares para responder a quienes desconfíen de la situación económica de la Argentina, incluso siendo partidarios del espacio libertario.
Luis Caputo, el ministro de Economía, recibió este lunes una noticia que no se sabe si festejará: Kristalina Georgieva dijo que la Argentina no necesita más ayuda financiera. Frente al escenario planteado, no está claro que la declaración sea alentadora. Caputo presentó un programa financiero para transmitir tranquilidad y asegurar que el año próximo se pagarán los bonos. Según su planteo, los inversores renovarán sus títulos en lugar de reclamar el dinero y el Banco Central tendrá suficientes dólares para entregárselos al Tesoro, a cambio de pesos, de modo que pueda afrontar los vencimientos.
La pregunta es si el escenario que presenta Caputo contempla la amenaza de un candidato, como podría ser Axel Kicillof, que puede crecer frente a ese electorado que pretende un cambio. Si aparece, ¿nadie irá a comprar dólares? ¿Todos renovarán su deuda con el Estado? ¿O se necesitará más dinero? Es decir, Caputo parece querer tranquilizar al mercado con un plan financiero presentado para un escenario de absoluta calma. Para eso no se necesita un plan financiero, sino para la hipótesis de que exista un riesgo. En ese caso, las cuentas no están cubiertas y haría falta salir al mercado a pedir dinero o recurrir nuevamente a la billetera de Trump.
Aquí aparece lo que probablemente rige la política exterior y regional de Milei. La decisión de armarle a Trump un club de trumpistas e intervenir en la política brasileña para que gane Bolsonaro y el mandatario estadounidense tenga un aliado importante está pensada a la luz de la principal necesidad de un país como la Argentina: dólares. Y los dólares los tiene Trump. Habrá que ver cómo le va en sus propias elecciones, porque sería problemático que volviera a darle a la Argentina un cheque como el del año pasado, ante un escenario electoral similar o incluso más complejo.
Hay otro capítulo vinculado con el exterior y tiene que ver con un Estado dentro del Estado: la AFA. La semana pasada trascendió que le retuvieron los celulares a Chiqui Tapia en Nueva York. La AFA desmintió la información y afirmó que eso no había ocurrido. Sin embargo, fuentes muy conocedoras del tema sostienen que sí se los retuvieron. Otra cuestión es si eran los aparatos que usa habitualmente o si esos quedaron en Buenos Aires y él usaba en EE.UU. uno inocuo.
La noticia está vinculada con el avance de las investigaciones en Estados Unidos sobre maniobras relacionadas con la AFA y dinero que pasó por bancos de ese país, lo que habilita su jurisdicción. También trascendió que este jueves un testigo clave aportará datos ante el gran jurado del Tribunal del Distrito Sur de Florida sobre esos movimientos. Están relacionados principalmente con una sociedad de Javier Faroni y su esposa, Erica Gillette, ambos muy cercanos a Tapia y todavía más a Pablo Toviggino, dentro de un circuito de relaciones que incluye a Sergio Massa.
Lo importante, en términos generales, es que, si la investigación avanza y los dirigentes de la AFA y sus socios terminan acusados, podría solicitarse su extradición. Tendrían que declarar, ser investigados y eventualmente cumplir algún tipo de prisión preventiva en Estados Unidos. Por eso es fundamental cómo avanzan sus causas en la Argentina. Si un juez los acusara, investigara y eventualmente procesara aquí por los mismos delitos que analiza la Justicia estadounidense, podrían quedar retenidos en el país y evitar la extradición.
Por lo tanto, es crucial el destino judicial de Tapia, Toviggino, Faroni y los demás investigados en la Argentina. Ellos buscan denodadamente que la Cámara Federal de Casación Penal derive el expediente al juez Adrián González Charvay, de Campana, a quien los imputados consideran un magistrado amigo. La cuestión se resolverá el 12 de agosto y estará en manos de dos jueces. Uno es Mariano Borinsky, quien había considerado que la Cámara de Casación Penal no tenía competencia para intervenir, pero cambió de opinión cuando se planteó enviar la causa a González Charvay. El otro es Diego Barroetaveña, que fue presidente del Tribunal de Ética de la AFA hasta que estalló el escándalo. Algunas personas muy desconfiadas sostienen que todavía ocupa ese cargo y que solo borraron su nombre de la página web de la entidad. Lo más probable es que no sea así y que le hayan aceptado la renuncia.
Alrededor de todo esto comienza a circular información del submundo. La palabra clave es pendrive Dicen que Juan Pablo Beacon, antiguo colaborador de Toviggino que luego se peleó con él, tiene uno, y que el juez Ariel Lijo obtuvo otro por una vía diferente. Allí podría haber información sobre los viajes de algún camarista de Casación a Miami y su alojamiento en departamentos de lujo de Sunny Isles y de Aventura, pertenecientes a personas involucradas en estas causas. ¿Le tomaron fotos y lo filmaron a este juez? ¿Asistió a partidos de fútbol invitado por Tapia o Toviggino en Estados Unidos? Es información muy inquietante que puede preocupar al magistrado que probablemente deba intervenir en estos asuntos.
Mientras tanto, existe una gran lupa sobre el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, por sus relaciones con la AFA y por la influencia concreta que puede ejercer en la designación de magistrados. En momentos en que deben cubrirse 300 vacantes judiciales, podrían llegar personas afines al mundo de la AFA a tribunales que luego recibirán esas causas.
Mahiques le concedió una entrevista en a Hernán Cappiello, en la que afirmó: “No conozco a Tapia”. Cuando fue consultado concretamente por las causas de la AFA y su capacidad de influir, respondió: “Me sorprende cómo sigo perdiendo tiempo de mi gestión contestando este tipo de preguntas. Lo vuelvo a repetir: no conozco a Claudio Tapia”. No dice nada de Toviggino, en cuya mansión atribuida habría festejado su cumpleaños Carlos Mahiques, padre del ministro y juez de Casación.
Juan Bautista Mahiques hizo esa declaración negando conocer a Tapia el 24 de julio. Sin embargo, apenas unos meses antes, cuando asumió como ministro de Justicia, ante una pregunta sobre su relación con la AFA, le había dicho esto a Luis Majul en LN+: “Conozco a muchos dirigentes del fútbol, lo he dicho en este canal hace dos o tres días, en dos o tres entrevistas que tuve. Yo juré como fiscal general de la ciudad de Buenos Aires e inmediatamente creé, entre otras, la Fiscalía Especializada en Eventos Masivos. Esa fiscalía tenía que investigar la violencia en el fútbol. A partir de ahí firmé convenios con todos los presidentes de todos los clubes”.
Inmediatamente, se le consultó si tenía relación previa con Tapia o Toviggino. “Sí, los conocía de antes. Yo había estado en el Tribunal de Resolución de Disputas de la FIFA en 2016”, respondió. Es decir, fue funcionario de Tapia y Toviggino. A este último, según dicen, lo llama “Tovi”. No sabemos si Mahiques realizó viajes en el avión atribuido a Toviggino. En los tribunales se sostiene que los abogados del dirigente del fútbol, especialmente Ignacio Jakim, eran recomendados por Mahiques antes de que estallaran los escándalos.
Lo curioso es que ahora diga que no lo conoce, cuando hace tres meses había afirmado lo contrario, y que además se conozca que como autoridades de la universidad de la AFA figuran Claudio Tapia, Alberto Barbieri y, hasta hace muy poco tiempo, Juan Bautista Mahiques. Es decir, no solo fue funcionario de la entidad y la representó ante un tribunal de la FIFA, sino que también integró su propia universidad, que está presidida por Chiqui Tapia.
Es interesante la captura del Poder Judicial por parte de sectores ligados a la corrupción. Mahiques niega tener relación con ese tipo de captura. Habrá que observar cómo se desarrollan los hechos: si se garantiza la profundización de las investigaciones o si, gracias a todos estos contactos negados, se tiende una vez más un manto de impunidad.
Carlos Pagni,Javier Milei,Lula da Silva,LN+,,Conforme a
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ATE convocó a un paro nacional con movilización para el lunes 3 de agosto

El Secretario General de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) Nacional, Rodolfo Aguiar, convocó a un paro nacional con movilización para el próximo lunes 3 de agosto. El sindicato marchará hacia el Ministerio de Economía en reclamo por mejoras salariales. El anunció se comunicó a través de redes sociales.
“Los salarios de los estatales tendrían que ser más del doble de lo que son ahora. Al recorte aplicado en la paritaria de más del 45% hay que agregar que los servicios públicos aumentaron en más de un 900% desde que asumió Milei“, sostuvo Aguiar.
La movilización coincidirá con el inicio del ciclo lectivo en la ciudad de Buenos Aires y algunos otros distritos del país, tras el receso de invierno. En este sentido, se evalúa la posibilidad de marchar junto a la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA).
Además del reclamo de un aumento salarial de emergencia, la medida de fuerza apunta al rechazo del desmantelamiento de organismos estatales con la consecuente pérdida de empleos en el sector público.
Tras el anuncio, Aguiar resaltó que “es alarmante el altísimo nivel de endeudamiento de los trabajadores estatales. Además, las formas de endeudamiento son múltiples». “Ya se superaron instituciones formales como los bancos, mutuales, billeteras virtuales y lo más peligroso es que ahora han llegado a endeudarse con prestamistas en los barrios, y esta forma de endeudamiento hasta pone en riesgo la integridad de quienes toman esos créditos”, especificó.
Desde la ATE detallaron que, hasta junio de 2026, los incrementos salariales en la Administración Pública Nacional llegaron al 12,9%, mientras que, en paralelo, la inflación en ese mismo periodo fue de 16,9%.
En esa dirección, el sindicato denunció el cierre, desmantelamiento y vaciamiento de organismos del Estado Nacional, con despidos que afectan la prestación de servicios para la sociedad. El gremio encuadra esa situación dentro de un deterioro más amplio del tejido productivo: según apuntaron, en los, desde 2024 a la fecha cerraron más de 28.000 empresas y se perdieron más de341.000 puestos de trabajo.
Como contrapeso de las definiciones sobre lo estatal, que fue una de las aristas que le permitió a Javier Milei capitalizar en su discurso durante su carrera presidencial en 2023, Aguiar sostuvo: “Es una premisa falsa la de que quieren destruir el Estado. Es mentira que no hay un Estado presente. Hoy el Estado está presente pero no para la gente, sino para garantizar los intereses de los grandes grupos económicos nacionales y las transnacionales que tienen el camino más allanado que nunca para venir a saquear nuestro país”
Al cierre, y en alusión al rol del gremialismo y la resistencia que los mismos perciben desde Balcarce 50, el mandamás de ATE apuntó: “Los sindicatos están para mejorar la vida de los trabajadores, y no para disputar las migajas del sistema. Hay una sola manera de recuperar nuestro lugar y es no parar de confrontar”.
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