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Rulo Schijman contó su experiencia como papá de Donna: “Es mi prioridad máxima”

Entre estudios, entrevistas y cámaras, Rulo Schijman encontró un espacio en su vida que nada tiene que ver con la exposición ni los flashes. Es el espacio reservado para su hija Donna, fruto de su vínculo con su expareja, Gabriela Sari. Y aunque el conductor suele robarse la atención con su carisma y sus ocurrencias en pantalla, también sabe mostrar el costado más cotidiano y honesto de la paternidad. Así lo hizo este lunes, en su visita a Infobae a las 9 (Infobae en Vivo), donde habló en profundidad sobre cómo vive su rol de papá y el aprendizaje permanente que implica criar a una hija en estos tiempos.
Para Rulo, hay principios generales de la paternidad “que deben ser para todos iguales”. Según comentó: “La tranquilidad y esa paz que tiene que reinar en la casa para mí es clave, sobre todo al principio”. Su hija Donna tiene ocho años y, admitió: “Tengo una sola hija, así que se va haciendo camino al andar, como decía Joan Manuel Serrat. Al principio uno aplica algunos conceptos y después vas improvisando un poco según cómo se va desarrollando el niño o la niña”.
Por otro lado, Schijman comentó que la clave está en el deseo genuino de ser papá. “Primero tenés que ser muy amoroso, que para mí es clave eso, querer ser papá. Yo veo que algunos padres reniegan de la paternidad. Entonces es más difícil cuando renegás. Es como ir a un trabajo que no te gusta. Si sos amoroso y te gusta ser papá, es más fácil”. Asimismo, en este rol en su vida, el conductor explicó que es indispensable la responsabilidad. “Hay algunas cositas que no podés fallar. Y creo que esa tranquilidad que tiene que haber en la casa es clave. No mucho grito ni discusión, porque siento, el chico o la niña vienen absolutamente de fábrica en cero. Es como un disco rígido que viene para que vos lo cargues con todo lo que vos le aplicás. Y es tan importante este concepto, que es lo central de todo. Todo lo que vos le decís o lo que le mostrás o de lo que hablás es lo que él va a absorber. Entonces, ¿cuál es la responsabilidad de los padres? Es total”, detalló.
“Por eso yo digo que cuán alta es la responsabilidad, cómo te sale el niño. Si tu hijo es un revoltoso, hace un lío bárbaro y no lo puede frenar. Tiene que ver como vos lo educaste en tu casa. Digamos, los límites y todo”, continuó. Y agregó: “Me volví mucho más serio en un montón de cuestiones. En lo que hablo adelante de Donna, en cómo manejo mis tiempos y las cosas que hago cuando la tengo conmigo. Yo estoy separado. Y obviamente es rarísimo porque de golpe sos solo sin hijos. Pero en cambio, cuando estoy con ella, toda mi vida pasa a ser ‘soy papá y estoy con Donna’. Entonces, para mí es mi prioridad máxima”.
Para llevar adelante la paternidad, el conductor recurre a una serie de consejos que lo acompañan a diario. “Primero, ser amoroso, que parece una tontería, pero no. Una cosa que me pasa mucho a mí, yo subo en las redes a veces nuestras mañanas, un personaje, Perkins, ya que uno termina siendo chofer del hijo. No es que lo inventé yo, le pasa a todos los padres. Hago un juego con eso. Perkins, le abro la puerta, sube, se coloca el cinto de seguridad, la llevo a la escuela. Y todo el mundo me pregunta: ‘¿Cómo hacés para estar de tan buen humor?’. El humor del niño, si vos te despertás primero, es 100 % derivado del tuyo“, ejemplificó el periodista sobre la técnica a la que recurre con Donna. ”Como ya veo que está dormida y que no se quiere levantar, intento ser lo más amoroso posible. Entonces, aplico esto. Pongo musiquita, agarro a veces al perro, se lo meto en la cama, el perro es buena onda, te chupa la cara, es buena onda. Siempre tiene buen humor”, ahondó.
Otro de los temas a los que recurre para llevar a pleno su rol de padre es la organización de la alimentación diaria. “Le tenés que poner amor a la lunchera. Yo tenía hambre en la escuela, yo sufrí hambre. Me decían: ‘Tomá este alfajor’. Es larga la escuela para uno. Entonces, intento mandarle una variedad de cosas para que tenga opciones, como por ejemplo varias frutas. Todo comienza en el pedido, en la compra. Si vos abrís la heladera y está vacía, entonces no le podés mandar nada. Entonces, yo sé que le gusta frutilla, me ocupo en la semana que haya frutilla, unas uvas sin carozo”, enumeró.

Sobre el sentido del humor con los más chicos, Rulo fue claro. “Hasta los cinco años no podés hacerle chistes a tu hijo. Una cosquillita o un pequeño juego, sí, eso es otra cosa. Pero los chistes, esos típicos de adultos, no funcionan. Por ejemplo, decirle: ‘Andá con esta ojota y robale la otra a mamá’. Ese tipo de chiste no va, porque el nene no entiende el doble sentido. Cree que realmente tiene que ir a sacarle la ojota a la mamá, y después tu mujer la busca por todos lados. Al principio, chistes no”, explicó en plena entrevista.
En cuanto a la comunicación, compartió su regla: “Una que apliqué mucho con Donna es hablarle como a un adulto. No me refiero a usar palabras difíciles, sino a explicarle las cosas con lógica y sinceridad. Cada vez que me pregunta algo, se lo explico como si tuviera 40 años. Por ejemplo: ‘Hoy no vas a llevar milanesas porque no hay, no las hice y no existe un delivery que ahora venga. Así que borrá de tu sistema la idea de milanesa. Las opciones son estas dos, elegí una. Es así de simple’”.
Respecto a los límites cotidianos y la tecnología, remarcó: “Todos los días no podés comer milanesa. Esa es mi responsabilidad. Antes de que sigas insistiendo, te digo que no vas a comer milanesa. Tengo otras dos opciones, elegí entre ellas. Si seguís, la respuesta es fideos y sin tablet. Soy muy estricto: la tablet solo una hora por día el fin de semana, en la semana no hay. Cuando vuelve de la escuela y después de sus actividades, le quedan dos horas antes de dormir, que es a las 21. Ese tiempo lo usa para bañarse rápido, jugar y mirar nuestra serie insignia, Smallville, pero no para estar con eso”.

Sobre el humor y la energía que transmite, insistió: “Siempre con una sonrisa. Si estás de mal humor y mala onda, y le contestás como a un compañero de trabajo, no sirve. No podés trasladarle a tus hijos todos los problemas de adultos, que ellos ni siquiera conocen. Los chicos están en su etapa de felicidad y juego, no tienen que cargar con preocupaciones como llegar a fin de mes o el trabajo”.
Y sobre el tiempo propio, Rulo fue contundente sobre su propio método. “Es un tema de organización. Durante la semana, cuando llega Donna a las siete de la tarde, esas dos horas hasta las nueve son solo para ella: que se bañe, que coma bien y que se duerma a tiempo. Ya se baña sola, así que mi trabajo es que todo eso salga bien. Cuando ella se duerme, ahí tengo un rato para mí, aunque eso signifique dormir un poco menos. Si me quiero acostar a las doce, es mi decisión. Uso una horita más de mi tiempo libre”, cerró.
Así, sin fórmulas mágicas ni recetas universales, Schijman deja en claro que su paternidad se construye todos los días, en lo cotidiano y en los detalles. Entre organización, límites, rutinas, humor y mucho amor, busca estar presente y acompañar a su hija en cada etapa, convencido de que la clave está en la constancia, el vínculo y la capacidad de aprender juntos. Para él, ser papá no es solo una responsabilidad: es una experiencia que se reinventa a diario y que encuentra sentido en cada gesto, cada charla y cada risa compartida.
LA ENTREVISTA COMPLETA
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• De 7 a 9: Infobae al Amanecer: Nacho Giron, Luciana Rubinska y Belén Escobar.
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Zaira Nara reveló cómo fue la charla secreta con Paula Chaves en su casa: “Muchas cosas para decir”

Y, un día, Paula Chaves y Zaira Nara traspasaron esa barrera que parecía infranqueable, aflojaron y volvieron a encontrarse, para protagonizar la reconciliación más esperada del mundo de la farándula. Hoy, las modelos vuelven a aparecer juntas, abrazadas, sonrientes, dejando atrás los rencores y problemas, que al final nunca develaron.
Luego de su pelea a muerte, Paula y Zaira están, de a poco, acercándose. Y fue la hermana de Wanda quien contó, en La Peña de Morfi, el trasfondo de esta nueva oportunidad que se están dando, después de tanta historia compartida como amigas y cuando parecía que no había retorno.
“La realidad es que nos reencontramos antes del Martín Fierro de la Moda. Yo entré al atelier enorme y estaba Pau parada en medio del salón, sola. La vi ahí y era pleno caos, justo todos nos preguntaban, la vi ahí y nos dimos un abrazo. Lo digo y me da piel de gallina. Fue re fuerte”, contó Zaira.
Para las dos, el tiempo se detuvo en El Camarín, entre vestidos y perchas. Las dos tenían años de alegrías y tristezas para contarse y ponerse al día. “De repente, nos quedamos una hora hablando, le dejé la cabeza así de todo lo que le tenía que contar”, recordó Zai. Lo vivido era tanto, que acordaron volver a verse. Y en estos días, ese encuentro sucedió, en total secreto, lejos de los flashes.
EL REENCUENTRO PRIVADO DE ZAIRA NARA Y PAULA CHAVES
“Ahí quedamos en que nos íbamos a ver, nos íbamos a juntar. Teníamos que charlar… Era necesario, nos teníamos que volver a reencontrar en algún lugar que no fuera un evento, con todos mirando”, dijo Zaira, y señaló: “Las dos teníamos muchas cosas para decir, internamente, el momento de cada una cuando pasó lo que nos pasó, cada una tenía su postura”.
Así las cosas, la modelo insistió en no destapar el origen del conflicto que las separó. “Solo nosotras sabemos lo que nos pasó, primero, lo que nos pasaba a cada una, lo que pasó. Una cosa lleva a la otra, era necesaria la charla”, sostuvo en el programa de Telefe.
«¿Hubo ese cafecito en el medio?», quiso saber Diego Leuco, y ella respondió: “Vino a casa hace dos días. Estuvimos charlando tranquilas”. Y fue cautelosa cuando el conductor le preguntó si el problema que tuvo con Paula estaba “superado”.
“No sé qué va a pasar, pero era muy necesario que pase esto: tener esta charla. Somos dos buenas personas que teníamos ciertas cosas que arreglar. El tiempo a veces cura todo”, cerró, contenta.
Zaira Nara, Paula Chaves
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El rasgo oculto detrás de las personas que no soportan perder una discusión, según la psicología

Hay personas que no pueden dejar pasar una discusión. Corrigen, interrumpen, buscan la última palabra y parecen vivir cada desacuerdo como una batalla que tienen que ganar. A simple vista, esa actitud puede parecer seguridad, inteligencia o personalidad fuerte. Sin embargo, desde la psicología, la necesidad de tener siempre la razón suele estar más relacionada con la inseguridad que con la verdadera confianza.
El punto central no es que alguien defienda una idea con firmeza; eso puede ser sano y necesario. El problema aparece cuando una persona no tolera equivocarse, se siente atacada ante cualquier diferencia de opinión o necesita demostrar que el otro está equivocado para sentirse en control. En esos casos, la discusión deja de ser un intercambio y se convierte en una forma de protección personal.
La psicología suele vincular este comportamiento con mecanismos defensivos, rigidez cognitiva y dificultad para aceptar información que contradice las propias creencias. El sesgo de confirmación, por ejemplo, describe la tendencia a buscar o valorar más aquello que confirma lo que uno ya piensa, mientras se minimiza lo que lo contradice. También puede aparecer la disonancia cognitiva: esa incomodidad interna que surge cuando una idea, dato o crítica choca con la imagen que alguien tiene de sí mismo.
En la vida cotidiana, esto puede verse en frases como “yo sabía”, “te lo dije”, “no entendiste lo que quise decir” o “igual tengo razón”. Muchas veces, detrás de esa insistencia hay miedo a quedar expuesto, a perder autoridad o a sentir que equivocarse equivale a valer menos. Por eso, admitir un error puede vivirse como una amenaza y no como una posibilidad de aprender.
Señales de que una persona necesita tener siempre la razón
- Le cuesta escuchar argumentos distintos sin ponerse a la defensiva.
- Convierte diferencias pequeñas en discusiones largas.
- Interrumpe o corrige de manera constante.
- Cambia el foco de la conversación para no admitir un error.
- Necesita tener la última palabra, incluso cuando el tema ya terminó.
- Interpreta una crítica como un ataque personal.
- Busca pruebas que confirmen su postura e ignora datos que la contradicen.
- Confunde equivocarse con perder valor o autoridad.
- Tiene dificultad para decir “no lo sé” o “me equivoqué”.
Necesitar tener siempre la razón no significa que alguien sea mala persona ni que tenga un problema grave. Pero sí puede afectar vínculos, conversaciones y ambientes de trabajo. La seguridad emocional no se demuestra ganando todas las discusiones, sino pudiendo escuchar, revisar una idea y aceptar que equivocarse también forma parte de cualquier relación sana.
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Natalie Pérez habló del momento en que lloró por las críticas a su participación en Es Mi Sueño: “Me dio cringe”

En el mundo de la televisión, algunos reemplazos pasan desapercibidos, pero otros logran cambiar el clima de un programa. Ese es el caso de Natalie Pérez, quien llegó a Es mi sueño (El Trece) como jurado suplente de Jimena Barón y, en apenas unas semanas, acumuló una seguidilla de episodios que la ubicaron en el centro de la escena y de la polémica. No solo protagonizó cruces con participantes, sino que también trascendió que su actitud habría generado cierta incomodidad entre sus colegas del jurado. Luego de quebrarse en vivo el jueves pasado por los comentarios en su contra, la cantante y actriz decidió hablar abiertamente en una entrevista con Infama (América), donde repasó su presente y aclaró cómo vive este momento.
El móvil comenzó con la consulta directa sobre el balance de esta etapa. “Muy bueno. Estoy contenta. Los primeros días estaba un poco más nerviosa porque nunca lo había hecho, nunca fui parte de un reality. Bueno, un ratito de uno de cocina hace un par de años, pero bien, muy contenta”, respondió Natalie, marcando que esta experiencia le resultó novedosa y desafiante a la vez.
Sobre la duración de su participación en el ciclo, la artista fue honesta: “La verdad que no sé, porque día a día me van pidiendo que me quede más días”. Explicó que la dinámica del programa obliga a cubrir reemplazos y sumar presencias según las necesidades de la producción: “Los chicos tienen shows, viajes, entonces, bueno, hay que ir haciendo reemplazos”. Sin embargo, aclaró que el certamen ya está llegando al final: “Ya están casi los participantes para llegar al teatro Ópera”.
La notera indagó sobre la posibilidad de que Natalie forme parte de un futuro reality, a raíz de los rumores de una segunda temporada con formato similar. “Voy a evaluar después de que termine esta etapa, a ver cómo me sentí, porque también es un lugar nuevo para mí, pero me divierte…”, respondió la cantante, abriendo la puerta a nuevos desafíos pero dejando claro que se tomará su tiempo para decidir.
Uno de los momentos más sensibles de la nota llegó al abordar el episodio que la tuvo al borde de las lágrimas. Días atrás, Natalie había dicho sentirse “mimada y cuidada” por el equipo de trabajo en una entrevista para Intrusos, pero luego la actriz terminó llorando en cámara. Consultada por ese instante, fue directa: “Me estaban diciendo algo feo sobre mi persona cuando salía de trabajar y me incomodó de algún modo. Quizás yo también estaba en un día particular, sensible, y bueno, me afectó. De hecho, yo les decía que no me graben y seguían grabándome. Me vi, me quería matar, imaginate. Me dio cringe de mí misma. Dije: ‘¿Por qué me puse así? ¿Por qué soy tan sensible?’. Pero bueno”.
A pesar de la exposición, Natalie aseguró que la relación con sus compañeros del jurado es buena y que el ambiente es distendido: “La pasamos bárbaro. Realmente nos divertimos mucho. Y a mí me gusta generar un lugar cómodo en donde voy a trabajar. No somos amigos, somos compañeros de trabajo, no tengo por qué tener ningún tipo de roce… Pero me agarraron ahí medio frágil, medio débil y me terminó afectando lo que el periodista estaba diciendo de mí, como que me terminó dando la vuelta. Digo, ‘¿por qué? Porque yo venía bien y de repente me quebré…’”.
Más adelante, la actriz contó que no habló sobre el tema con sus compañeros de trabajo y que tampoco se siente una diva. “Me encantaría, pero no me siento así. Soy una diva a mi manera, no sé”.
Así, entre lágrimas, autocrítica y honestidad brutal, Pérez volvió a demostrar que, más allá de las luces y el show, la sensibilidad es parte de su esencia. Lejos de las especulaciones, apostó por la transparencia y dejó en claro que, aunque el reality se acerque a su fin, la experiencia le dejó aprendizajes y un nuevo desafío profesional.
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