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Video: un subcomisario de la Bonaerense mató a dos ladrones que intentaron robarle frente a su familia en La Matanza

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Un subcomisario de la Policía Bonaerense mató a dos delincuentes que intentaron robarle su camioneta frente a su familia mientras salía de su domicilio en La Matanza; un tercero resultó herido. El hecho ocurrió en la mañana de hoy viernes en La Tablada, cuando Walter Pacheco se disponía a llevar a sus hijos al colegio en su Volkswagen Amarok.

Allí, su pareja fue rodeada por cuatro ladrones armados, según puede verse en el video del hecho, que ilustra esta nota. De inmediato, Pacheco descendió del vehículo y comenzó a disparar con su arma reglamentaria. Uno de los delincuentes fallecidos fue identificado como Tobías Robles, con antecedentes por homicidio en ocasión de robo: había salido de prisión hace dos meses. Robles fue trasladado al hospital Ballestrini todavía con vida, donde finalmente murió.

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El segundo delincuente muerto -cuya identidad se desconoce- fue hallado a poca distancia del lugar del hecho, en la esquina de Rincón y Gaboto. Tras su fuga, el cómplice que sobrevivió intentó incendiar el auto en el que se trasladaba la banda en un complejo habitacional de la zona; sin embargo, el personal de la Comisaría de La Tablada lo encontró a tiempo y logró apagar las llamas. El auto será peritado en busca de prueba forense.

La Policía Bonaerense y el fiscal Adrián Arribas, de la UFI de Homicidios de La Matanza, trabajan para esclarecer el hecho.

Noticia en desarrollo

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Dictaron prisión preventiva a tres personas por explotación laboral contra un jubilado de 84 años

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La Justicia dictó prisión preventiva a tres personas acusadas de explotar laboralmente a un hombre de 84 años en el barrio porteño de Mataderos. La resolución sostiene que los imputados lo obligaban a pedir dinero en la vía pública, administraban su jubilación y lo mantenían en una vivienda en condiciones inhumanas, un cuadro que el juzgado encuadró como trata de personas agravada y explotación consumada.

El magistrado también ordenó un embargo de $20 millones sobre cada acusado y dispuso el embargo preventivo del inmueble donde vivía la víctima y donde también estaban los procesados, de acuerdo con la resolución del Juzgado Criminal y Correccional Federal N°12. Para el juez, existía además un riesgo concreto de que, en libertad, los imputados pudieran influir o amedrentar al hombre.

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La causa señala que el damnificado habría permanecido en estado de sometimiento al menos entre el 17 de marzo de 2026 y el 18 de mayo de 2026, según el procesamiento citado por el Ministerio Público Fiscal. En ese período, una pareja integrada por un hombre de 64 años y una mujer de 39, junto con un tercer implicado de 65, se habrían aprovechado de su vulnerabilidad por la edad, su salud y su precariedad económica.

La pesquisa se inició cuando la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX), denunció un posible caso de reducción a la servidumbre tras un llamado anónimo a la línea 145 de la Coordinación Nacional de Rescate. La investigación quedó delegada en la Fiscalía en lo Criminal y Correccional Federal N°3, a cargo del fiscal Eduardo Taiano.

Esas actuaciones permitieron establecer que la víctima vivía en una casa de la calle Tapalqué, propiedad de uno de los implicados, donde residía con su pareja y donde además se alquilaba una habitación al tercer acusado. El hombre era obligado a pedir dinero en la esquina de Murguiondo y Tapalqué y, al regresar, los dos acusados lo abordaban para quitarle lo recaudado -esta situación se repetía tanto por la mañana como por la tarde-.

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Con esos elementos, la justicia ordenó un allanamiento el 18 de mayo. Dentro de uno de los cuartos, la víctima fue hallada “en condiciones deplorables de habitabilidad, rodeado de residuos, excremento y orina”, según la reconstrucción del Ministerio Público Fiscal, y además uno de los imputados tenía en su poder el DNI y la tarjeta de débito del hombre.

Las condiciones en las que se encontraron el cuarto del hombre de 84 años (Fuente: Fiscales.gob.ar)

Aunque el damnificado dijo que se encontraba bien y que recibía buen trato, la investigación valoró esas afirmaciones dentro del contexto: su edad avanzada, su estado de salud, su precariedad económica, su aislamiento social, la falta de una red familiar de contención y la dependencia cotidiana respecto de las personas investigadas.

Ercolini afirmó que “la ausencia de una percepción subjetiva de sometimiento por parte de la víctima no descarta la existencia objetiva de una dinámica de explotación, dependencia o aprovechamiento”. Con el conjunto de pruebas, concluyó que se trataba de “una persona adulta mayor, vulnerable, alojada en condiciones inhumanas, que salía sistemáticamente a pedir dinero en la vía pública y cuyo producido era luego entregado o retirado por terceros”.

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El juez también remarcó que la documentación personal de la víctima estaba en poder de uno de los procesados. Sumó a eso que el hombre de 84 años no sabía cuánto cobraba de jubilación ni qué descuentos le hacían, lo que definió como “un indicador concreto de control sobre aspectos esenciales de su vida personal, sanitaria y patrimonial”.

El procesamiento consideró a los tres acusados responsables del delito de trata de personas agravado por el abuso de la situación de vulnerabilidad de la víctima. En su resolución escribió: “No es una mera situación de pobreza compartida ni un vínculo desordenado de convivencia, sino un esquema de aprovechamiento sobre una persona mayor, vulnerable y dependiente”.

Al justificar la prisión preventiva, el magistrado señaló que el principal lugar de residencia de los imputados coincide con el sitio donde ocurrieron los hechos y donde permanece actualmente la víctima. Por otro lado, el juez Julián Ercolini sostuvo que el Estado debe garantizar la protección de la salud y la integridad física y psicológica de la víctima, por lo que consideró necesario adoptar medidas para resguardar su bienestar.

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The Wolf Among Us 2 confirma duración, todo el contenido de lanzamiento y más – Nintenderos

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Ya sabéis que se ha confirmado que The Wolf Among Us Remastered y The Wolf Among Us 2 se lanzarán en Nintendo Switch 2, y en el caso de la remasterización también para Nintendo Switch.

La edición remasterizada llegará durante las Navidades de 2026 y recuperará la aclamada aventura narrativa de 2013 con mejoras visuales, técnicas y de accesibilidad, mientras que The Wolf Among Us 2 se estrenará en 2027 continuando la historia de Bigby Wolf en las oscuras calles de Fabletown. Ambos proyectos cuentan con el desarrollo creativo de Telltale Games y el apoyo editorial de PM Studios.

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Tras su anuncio incial, así como las explicaciones por su tardanza, ahora se han confirmado estos nuevos detalles:

  • Contexto y ambientación
    • Secuela del juego original The Wolf Among Us
    • Ambientado en Fabletown, una ciudad secreta donde personajes de cuentos viven ocultos en el Nueva York moderno
    • Tras los eventos del primer juego, aumentan las tensiones y luchas de poder en la ciudad
  • Historia principal
    • Bigby Wolf, sheriff de Fabletown, investiga una serie de crímenes brutales
    • La investigación revela una conspiración que amenaza el equilibrio de la ciudad
    • Snow White intenta mantener el orden mientras surgen nuevas amenazas
    • El jugador decide qué tipo de sheriff y qué tipo de “lobo” será Bigby
  • Duración y formato
    • Duración estimada: entre 8 y 12 horas
    • Estructura episódica, pero se lanzará todo el contenido en un único paquete
    • El juego estará completo desde su lanzamiento, sin entregas separadas

¿Qué os parece? ¡Dejadlo en los comentarios!

Fuente.

The Wolf Among Us 2

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La consulta popular para cambiar el nombre de un barrio porteño abre una grieta entre sus vecinos

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El primer auto reduce la velocidad apenas unos segundos. No es por el tránsito ni por un semáforo. El conductor gira la cabeza para leer una pintada que se extiende durante varios metros sobre una pared ubicada en la avenida General Francisco Fernández de la Cruz. Las letras negras, grandes y prolijas, acompañan el recorrido desde la altura de Murguiondo hacia Cafayate y transmiten un mensaje que en las últimas semanas se volvió tema de conversación en todo el barrio: “EL NOMBRE DEL BARRIO NO SE CAMBIA”.

La inscripción aparece a pocos metros de uno de los límites oficiales de Villa Riachuelo y resume una discusión que comenzó lejos de las paredes y de las calles. Primero llegó a los correos electrónicos de los vecinos. Después pasó a los grupos de WhatsApp. Más tarde desembarcó en las redes sociales y finalmente terminó en los comercios, las esquinas y las veredas de un barrio que mantiene una identidad propia y una larga historia dentro del sur porteño.

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Todo empezó cuando varios vecinos recibieron un correo enviado por el gobierno porteño bajo el asunto “Opinión Ciudadana: nombre del barrio Villa Riachuelo”. El mensaje invitaba a participar de una consulta sobre la denominación del barrio. “En respuesta a las inquietudes planteadas en reuniones vecinales, queremos invitarte a ser parte de un proceso abierto para aportar tu visión sobre la denominación del barrio. Esta iniciativa está pensada para que entre todos logremos que el barrio nos represente de la mejor manera”, señalaba el texto.

La convocatoria permaneció abierta entre el 26 de mayo y el 1 de junio y proponía responder preguntas vinculadas a la identidad de la zona: si los vecinos se sentían representados por el nombre actual, si consideraban que reflejaba la historia y la cultura de la comunidad, qué importancia le daban a debatir el tema y si estaban dispuestos a participar de futuras instancias de diálogo.

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La iniciativa impulsada por el Gobierno porteño abrió una discusión que combina historia, pertenencia y prejuicios

La consulta fue suficiente para reactivar una discusión que parece acompañar al barrio desde hace años. Porque si algo quedó claro durante una recorrida de LA NACION por sus calles es que no existe una única mirada sobre la identidad de la zona. Mientras algunos vecinos aseguran que siempre se sintieron parte de la vecina Villa Lugano e incluso desconocen que viven dentro de los límites oficiales de Villa Riachuelo, otros sostienen que el nombre actual de su barrio forma parte de la historia y del patrimonio de la zona y rechazan cualquier modificación.

Entre ambos extremos aparecen quienes reconocen la existencia de Villa Riachuelo, pero consideran que un cambio de denominación reflejaría mejor la forma en que gran parte de los habitantes identifica actualmente al barrio.

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Las diferencias aparecen casi de inmediato. Mientras el debate sigue repitiéndose en conversaciones de vereda, comercios y paradas de colectivo, a pocas cuadras de la pintada que rechaza cualquier modificación, en un kiosco ubicado sobre Coronel Martiniano Chilavert al 6600, cerca de Guaminí, una comerciante escucha la pregunta sobre la posible modificación del nombre y responde de inmediato: “Esto es Lugano”.

Cuando observa en un teléfono el mapa oficial de la Ciudad, donde la zona figura dentro de Villa Riachuelo, niega con la cabeza y asegura que debe haber un error. Según sostiene, Villa Riachuelo comienza mucho más adelante. Mientras habla, cuestiona además que el debate esté puesto sobre el nombre del barrio y no sobre otros reclamos que considera prioritarios, como la instalación de semáforos o reductores de velocidad para evitar accidentes.

Quienes se oponen a la iniciativa sostienen que modificar la denominación implicaría perder parte de la historia del barrio

La conversación llama la atención de una agente de la Policía de la Ciudad que se encontraba en la zona. La mujer escucha parte del intercambio y, cuando surge nuevamente la pregunta sobre dónde termina un barrio y comienza el otro, ofrece su propia respuesta. “Esto no es Villa Riachuelo. Siempre fue Lugano”. Una tercera vecina que pasa caminando se detiene unos segundos al escuchar. “¿No es Lugano?”, pregunta asombrada.

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La reacción se repite a lo largo del recorrido. Claudio Freso asegura que durante toda su vida utilizó el nombre Villa Lugano para referirse al lugar donde vive. No lo plantea como una posición política ni como una reivindicación. Dice simplemente que es la forma en que siempre se identificó la zona.

El debate expone distintas formas de entender la identidad de uno de los barrios del sur porteño

A medida que la caminata avanza, la misma idea aparece una y otra vez. En la sandwichería Delicias Gourmet, sobre Guaminí al 5007, el tema comenzó a circular apenas se conoció la encuesta. Verónica, propietaria del local, recuerda que el debate se instaló rápidamente en un grupo de WhatsApp que comparte con otros comerciantes de la zona. Según explica, ella está de acuerdo con que el barrio pase a identificarse con Villa Lugano porque considera que así lo reconoce la mayoría de la gente.

La misma mirada comparte Francisco Aguirre, vecino de la zona desde hace años. Aunque afirma que conoce los límites oficiales del barrio, sostiene que en la práctica cotidiana “casi nadie utiliza el nombre Villa Riachuelo”. Según su mirada, el debate actual simplemente “puso sobre la mesa una realidad que ya existía”.

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La plaza Sudamérica apareció repetidamente en los testimonios de vecinos que aseguran vivir en Villa Lugano y la señalan como una referencia barrial, aunque no constituye un límite oficial entre ambos barrios

Sin embargo, a pocas cuadras aparecen voces completamente distintas. Gabriela Pires, vecina de Villa Riachuelo, escucha los argumentos a favor del cambio y responde que una costumbre no puede tapar la historia. Para ella, que muchas personas utilicen el nombre Lugano no modifica el hecho de que el barrio tenga una identidad propia construida durante más de un siglo. “Esto es Villa Riachuelo. Los límites están claros y cualquiera puede verlos en un mapa”, sostiene. Según explica, el barrio forma parte de la historia del sur porteño y cambiar su nombre implicaría desconocer ese recorrido.

La misma preocupación expresa Patricia Graci, otra vecina de la zona, quien observa el debate con incomodidad y asegura que detrás de la propuesta existe el riesgo de perder una identidad construida a lo largo de generaciones. Mientras recuerda a familias que viven allí desde hace décadas y habla de una historia compartida entre vecinos, resume su posición en una frase: “Basta de quitarnos nuestra identidad”.

Los límites de Villa Riachuelo, de acuerdo a la cartografía oficial de la ciudad

Las críticas también apuntan hacia otro aspecto del debate. Luca Morales, vecino de Villa Riachuelo, considera que el problema principal no es el nombre sino las prioridades. Mientras la discusión crece en redes sociales y grupos vecinales, menciona que el barrio sigue siendo el único de la Ciudad que no cuenta con un centro de salud y acción comunitaria propio. “Antes de cambiar el nombre, ¿por qué no ponen una salita de primeros auxilios?”, se pregunta.

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Cuestión de imagen

La caminata continúa y las explicaciones comienzan a profundizarse. Clara Ponce, también vecina, cree que detrás de algunos argumentos favorables al cambio existe una cuestión de imagen. Mientras observa el movimiento sobre una de las calles internas de la zona, sostiene que el debate no surgió de manera casual. “Creo que no quieren que los turistas que supuestamente van a venir por el autódromo vean que se llama Villa Riachuelo”, afirma.

Solange Ledesma coincide parcialmente, aunque aporta otra interpretación. Para ella, el problema pasa más por las asociaciones que genera el nombre que por la historia del lugar. “Yo creo que a algunos la palabra Riachuelo les debe generar una idea de marginalidad o de villa miseria, y nada que ver. Villa Riachuelo es un barrio muy tranquilo, de casas bajas, familiar, y ni siquiera tiene una villa dentro de sus límites”, señala. A su entender, muchos de quienes impulsan el cambio lo hacen porque relacionan el nombre con prejuicios que no reflejan la realidad cotidiana de la zona.

La consigna “El nombre del barrio no se cambia” también apareció pintada en calles internas de Villa Riachuelo, donde el debate trascendió las redes sociales y llegó al espacio público

La reflexión más extensa llega de la mano de Danilo Cardozo, vecino del barrio, quien considera que la discusión expone tensiones sociales que existen desde hace años aunque pocas veces se expresan de manera tan abierta. Según describe, Villa Riachuelo está lejos de responder a la imagen que algunos imaginan cuando escuchan la palabra “villa”. “Acá hay sectores de clase media, media alta, otros un poco más humildes, pero no hay asentamientos. Te puede pasar que en una cuadra haya dos casas muy sencillas y al lado viviendas de clase media alta. Esa es la realidad del barrio”, explica. Para él, una parte de quienes rechazan el nombre lo hace porque no quiere quedar asociada a determinadas etiquetas. “Hay vecinos que no quieren asumir que viven en Villa Riachuelo porque sienten que eso los perjudica o los hace quedar pegados a algo que no tiene nada que ver con el lugar donde viven. Pero esto no es Lugano, esto es Villa Riachuelo, les guste o no”, sostiene.

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La misma hipótesis aparece en la carnicería Milena, ubicada sobre Guaminí al 4924. Detrás del mostrador, mientras atiende a los clientes que entran y salen del local, su propietario sigue con atención el debate que atraviesa al barrio. Para él, la explicación es mucho más simple que las discusiones sobre identidad o historia. “Los que quieren cambiar el nombre lo hacen solamente por estética”, afirma.

138 años de historia

Villa Riachuelo nació en 1888, cuando la Sociedad de Tierras General Pobladora obtuvo autorización para realizar obras de dragado sobre el Riachuelo. Aunque aquellos trabajos nunca llegaron a concretarse, la empresa abrió calles y comercializó terrenos donde comenzaron a instalarse tambos y chacras. Aquellos parajes fueron conocidos como la “villa del Riachuelo”, denominación que con el tiempo derivó en el nombre actual.

El debate por el nombre del barrio del sur porteño comenzó con un correo electrónico de la Ciudad y terminó en las calles

Durante las primeras décadas del siglo XX, el crecimiento de la zona estuvo vinculado al Puente de la Noria, una infraestructura clave para la circulación entre la capital y la provincia de Buenos Aires. Por allí transitaban las tropas de ganado que luego continuaban su camino hacia los antiguos mataderos. Más adelante, la llegada del ferrocarril impulsó el desarrollo de Villa Lugano y transformó definitivamente el paisaje del sur porteño.

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Con el paso de las décadas, ambos barrios crecieron prácticamente unidos. La ausencia de una frontera urbana clara hizo que muchas personas comenzaran a identificarse con Villa Lugano aun viviendo dentro de Villa Riachuelo. La situación se mantiene hasta hoy y ayuda a entender por qué la encuesta despertó tantas reacciones.

Muchos vecinos aseguran vivir en Lugano, aunque los mapas oficiales indican otra cosa

Actualmente, Villa Riachuelo integra la Comuna 8 junto con Villa Lugano y Villa Soldati. Tiene una superficie de 4,1 kilómetros cuadrados y una población de 15.581 habitantes, según el Censo 2022. Gran parte de su territorio está ocupado por espacios de gran escala, entre ellos el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, el Parque Sur y la Reserva Ecológica Lago Lugano. La zona residencial representa apenas una parte del barrio, otro de los factores que explican la persistente confusión identitaria.

La consulta popular

La consulta cerró el 1 de junio y, hasta el momento, el Gobierno porteño no difundió los resultados ni informó cuál será el destino de la iniciativa. Si las autoridades decidieran avanzar con la propuesta a partir de la información relevada, el cambio no podría concretarse de manera automática. La Ley N.º 83 de Nomenclatura Urbana establece que la facultad para imponer o modificar nombres corresponde exclusivamente a la Legislatura porteña. Además, la Constitución de la Ciudad exige el mecanismo de doble lectura, que contempla una primera aprobación legislativa, la realización de una audiencia pública para que los vecinos puedan expresar su posición y una segunda votación antes de adoptar una decisión definitiva.

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Por ahora, ninguna de esas instancias fue anunciada y tampoco se informó si la consulta derivará en la presentación de un proyecto de ley. LA NACION consultó al gobierno de la Ciudad sobre el origen de la iniciativa, los alcances de la consulta y los pasos previstos una vez analizadas las respuestas de los vecinos. También preguntó si la propuesta contemplaba únicamente la incorporación del barrio a Villa Lugano o la posibilidad de elegir otras denominaciones, pero no obtuvo respuestas.

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