DEPORTE
La tarde en que Juan Martín Del Potro ganó un partido y perdió el tenis

La vincha apoyada sobre la red, los ojos enrojecidos y el esfuerzo por contener las lágrimas explicaban mucho más que cualquier conferencia de prensa. Aquella noche del 8 de febrero de 2022 tenía, para Juan Martín del Potro, el tono de una despedida. El Buenos Aires Lawn Tennis Club lo acompañaba con una ovación interminable mientras Federico Delbonis lo abrazaba al otro lado de la red.
La historia del adiós, sin embargo, había comenzado 965 días antes, sobre el césped del Queen’s Club de Londres. Aquel martes 18 de junio de 2019 la lluvia no permitió que se concretara la programación del torneo y Del Potro debió esperar un día más para iniciar su camino en uno de los torneos de la gira que desemboca en Wimbledon. Su rival, el canadiense Denis Shapovalov, debió soportar una andanada de 11 aces, para terminar cediendo ante el por entonces número 12 del mundo y tercer preclasificado, con parciales de 7-5 y 6-4.
En el medio del partido, La Torre de Tandil sufrió un resbalón, uno como tantos sobre la hierba. La rodilla derecha se le forzó y tocó el suelo, pero Del Potro siguió. Nada que pareciera grave o capaz de provocar más que alguna mueca de dolor. Nada que justificara una alarma inmediata.
El ganador saludó a su rival, firmó algunas pelotas y llegó al vestuario. Allí aparecieron el dolor y la inflamación. Luego, los estudios confirmaron la peor noticia: Delpo había sufrido una nueva fractura de rótula en la misma rodilla que venía condicionando su carrera desde el año anterior.
Del Potro se retiró inmediatamente del torneo y comenzó un proceso que terminaría marcando el tramo final de su carrera. A sus 30 años, ya conocía de memoria el camino de las rehabilitaciones. Había atravesado múltiples operaciones en ambas muñecas y protagonizado regresos que parecían imposibles. Durante los meses posteriores, el tandilense intentó aferrarse a ese bote salvavidas que en más de una ocasión lo había ayudado a regresar de las aguas turbulentas de la incertidumbre.
“No sé si el otro día jugué mi último partido de tenis o no”, dijo Del Potro entonces y dio un primer paso en Barcelona, donde volvió a ingresar a un quirófano para una nueva intervención quirúrgica bajo la supervisión del doctor Ángel Ruiz Cotorro, uno de los especialistas más reconocidos del tenis mundial. El mensaje fue optimista: había confianza y existía la sensación de que el proceso de recuperación fuera largo, pero exitoso.
Sin embargo, los controles posteriores no mostraban la evolución esperada y el dolor persistía. La consolidación ósea avanzaba más lentamente de lo previsto y, una vez en carrera para el ansiado regreso, los entrenamientos se interrumpían una y otra vez. Cuando parecía acercarse una fecha tentativa para regresar al circuito, aparecía una nueva molestia que obligaba a comenzar nuevamente.
La pandemia llegó en 2020 y el planeta entero se detuvo. Para muchos deportistas significó una pausa obligada. Para Del Potro, en cambio, fue apenas un capítulo más dentro de una rehabilitación que seguía sin encontrar salida.
En agosto de ese año, el campeón del US Open 2009 volvió a pasar por el quirófano en Berna, Suiza, donde fue intervenido por Roland Biedert, uno de los especialistas en rodilla más reconocidos del mundo. Tampoco alcanzó.
En enero de 2021 llegó una nueva cirugía. Dos meses más tarde, otra más. Con el paso del tiempo, la situación dejó de girar exclusivamente alrededor del tenis. El objetivo comenzó a ser algo mucho más básico: recuperar una calidad de vida normal.
Hubo momentos en los que caminar le resultaba difícil a Delpo. Subir una escalera se transformaba en un desafío cotidiano, porque la rodilla condicionaba actividades simples, situaciones normales para cualquier persona. Y eso, para alguien que había construido toda su vida alrededor del deporte, resultaba especialmente cruel.

Del Potro buscó distintas alternativas médicas: consultó especialistas en varios países, probó diferentes tratamientos, viajó a Estados Unidos y escuchó opiniones diversas. Intentó encontrar respuestas allí donde todavía quedaba una pequeña posibilidad de recuperar una vida normal, pero nada funcionó. Con el paso del tiempo, la discusión ya no giraba únicamente alrededor del tenis. El pensamiento empezó a impregnarse de una idea aterradora: cómo convivir cada día con el dolor.
“Después de esa primera cirugía hasta el día de hoy nunca más pude subir una escalera sin dolor. Me duele muchas veces para dormir, cuando me giro de lado o me despierto porque me pegan unos pinchazos que son muy feos», diría años más tarde, en noviembre de 2024, en un video publicado en sus redes sociales en la previa de una exhibición junto a Novak Djokovic. Allí contó que tomaba “entre seis y ocho pastillas, entre un protector gástrico, un antiinflamatorio, un analgésico y otra para la ansiedad” y expresó un deseo en forma de súplica: “Ojalá algún día se acabe, porque quiero vivir sin dolor”.
Entre junio de 2019 y comienzos de 2022 acumuló cinco operaciones en la rodilla derecha, innumerables sesiones de rehabilitación y meses enteros de incertidumbre. Sin embargo, todavía quedaba una última ilusión.
A fines de 2021, comenzó a tomar forma la posibilidad de volver a competir en el Argentina Open, el mismo torneo que le había abierto las puertas del circuito grande en 2006 gracias a una invitación. El 31 de enero de 2022, la organización confirmó oficialmente su participación.
Las semanas previas estuvieron cargadas de dudas. El propio Del Potro reconocía vivir en un estado de incertidumbre. Entendía que aquella presentación podía representar una nueva oportunidad, pero también una despedida.
El 8 de febrero llegó el momento. Era el día 965 tras aquel resbalón en Queen’s, un martes con el Buenos Aires Lawn Tennis Club poblado de gente que coreaba su nombre. Cada punto fue un gran acontecimiento. Del otro lado de la red estaba Delbonis, amigo, compañero de generación y protagonista involuntario de una noche histórica.

La derrota quedó en segundo plano. El público entendió que estaba presenciando algo más importante. Del Potro también. Por eso, cuando apoyó la vincha sobre la red y las lágrimas comenzaron a aparecer, la emoción recorrió cada rincón del estadio.
Tres días más tarde, el ex número 3 del mundo se bajó del ATP de Río de Janeiro. No hubo entonces más anuncios que el inicio de una nueva recuperación. Sin embargo, Delpo ya no volvería a pisar oficialmente una cancha de tenis. El círculo se había cerrado en el mismo torneo donde había comenzado su historia en el circuito mayor.
2019:06:19 12:44:19
DEPORTE
Fue detenido tras ganar la Champions y temió que su hija pensara que está loco: la excéntrica historia de la figura de Austria

Marko Arnautovic tiene 37 años, se convirtió en el goleador más veterano de la historia de Austria en Mundiales y llega al partido contra la selección argentina cargando una vida futbolística que excede con creces lo que muestran las estadísticas. El delantero del Estrella Roja de Belgrado es la principal referencia ofensiva de un equipo que no llegaba a la fase final del torneo desde 1998, y que necesitó de su liderazgo para clasificarse.
Nacido el 19 de abril de 1989 en el barrio vienés de Floridsdorf, Arnautovic recorrió casi todos los rincones del fútbol europeo —y uno chino— antes de llegar a este momento. Twente, Werder Bremen, Stoke City, West Ham, Shanghai SIPG, Bologna y dos etapas en el Inter de Milán componen una trayectoria que hoy tiene como último capítulo al Estrella Roja, adonde llegó en julio de 2025 para cumplir una promesa. Su físico —192 centímetros de estatura— y una técnica poco habitual para alguien de esa envergadura lo convirtieron en una pieza difícil de neutralizar durante dos décadas.
El debut mundialista ante Jordania dejó una imagen que resume bien su perfil: entró al campo en el entretiempo, con el marcador 1-0 a favor pero el ataque austríaco sin convencer al técnico Ralf Rangnick, y en menos de 45 minutos se transformó en el factor diferencial del 3-1 final. Le anularon un gol por una mano previa de un compañero, convirtió el definitivo de penal en tiempo de descuento y fue un dolor de muelas insoluble para la defensa jordana. Al mismo tiempo, rompió dos marcas históricas: superó al ex arquero Michael Konsel como el jugador más veterano de Austria en Mundiales, y al goleador Toni Polster como el máximo anotador de mayor edad en la historia del seleccionado en la competencia.

Sobre esos récords, Arnautovic fue indiferente. “Realmente ya me da igual qué récords rompo. En mi último torneo quiero dar todo por este equipo”, declaró tras el partido, según recogió el portal serbio Mozzart Sport. Y sobre su condición de suplente, fue igual de directo: “Sentarse en el banco nunca es una buena sensación”, aunque aclaró que Kalajdzic se lo merece tras superar lesiones graves.
Su primera etapa en el Inter, en la temporada 2009/10, fue casi anecdótica en términos futbolísticos: tres partidos, 55 minutos en cancha. Pero fue parte del plantel que ese año ganó la Champions League ante el Bayern de Múnich en el Santiago Bernabéu, con José Mourinho en el banco.
La celebración tuvo un episodio que él mismo relató años después con humor: bajó al campo desde la tribuna en el festejo, tiró su acreditación por la emoción y la policía lo detuvo dos veces porque no lo reconocía como jugador del equipo. “Me detuvieron dos veces en el Bernabéu”, contó, según reprodujo Eurosport.
“Yo estaba en la grada y bajé al campo porque habíamos ganado. La acreditación la tiré por la emoción, no sé donde. Luego unos aficionados me llamaron, me acerqué a la grada y cuando quise volver me detuvo la policía”, detalló.
La segunda etapa en el Inter, iniciada en 2023, fue más consistente: llegó desde Bologna —donde marcó 25 goles en dos temporadas— y aportó desde el banco en un equipo que volvió a pelear por los títulos más grandes.
Con Mourinho también protagonizó un episodio que circuló durante años en los vestuarios. En una pretemporada en Abu Dhabi, Arnautovic llegó tarde tres veces en el mismo día: al desayuno, a una reunión de equipo y antes de un partido. Al día siguiente se presentó cinco horas antes del entrenamiento, con el campo vacío. Cuando llegó el plantel, las risas fueron generales. “Mourinho se levantó y empezó a aplaudir. Me dijo: ‘Eres mi hombre… aquí tienes mi reloj’. Todavía lo tengo en casa”, relató el jugador.

Fuera de la cancha, su carácter explosivo le generó problemas durante años. En Werder Bremen tuvo dos peleas a golpes de puños con el defensor griego Sokratis y acumuló multas por exceso de velocidad al volante. En una de esas ocasiones le dijo a un policía que lo detuvo: “Gano tanto que incluso podría comprar tu vida”. La paternidad fue, según sus propias palabras, el punto de inflexión. “Me dije a mí mismo que no podía seguir así porque después mi hija iba a leer todo e iba a pensar que su papá era un loco”, reconoció. Su esposa Sarah encontró un método propio para ayudarlo a controlar la temperatura dentro del campo: lo pellizcaba en casa para que se acostumbrara a no reaccionar ante las provocaciones de los rivales.
La pareja forma en Austria una unidad mediática que ESPN comparó con la de David Beckham y Victoria Adams: autos de lujo, yates y marcas de alta gama pueblan las publicaciones del “Team Arna”, como los llaman sus seguidores. En 2024, Arnautovic sumó a su colección un Rolls-Royce personalizado valuado en unas 675.000 libras esterlinas.
El capítulo más personal de su carrera reciente tiene otro tono. Siniša Mihajlović, el entrenador serbio que lo dirigió en Bologna, fue para él algo más que un técnico. Cuando Mihajlović enfermó de leucemia, la relación se volvió más estrecha, y tras su muerte en 2022, Arnautovic asumió un compromiso concreto: jugar en el Estrella Roja antes de retirarse, el club donde el DT es ídolo. Rechazó ofertas de mercados más competitivos y en su presentación en Belgrado, en 2025, lloró al recordarlo. “Solíamos hablar de Estrella Roja todos los días. He llorado más en los últimos dos días que en toda mi vida. Se lo había prometido”, dijo en conferencia de prensa.
Participó en las Eurocopas de 2016, 2021 y 2024. Ante Argentina, en caso de jugar, disputará su segundo partido en el primer Mundial de su carrera y alcanzará los 135 cotejos con la camiseta de Austria. Hasta ahora, lleva 48 goles.
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DEPORTE
Un pragmático que prioriza la conducción por sobre las sanciones: así dirige el árbitro de Argentina-Austria

La FIFA designó al árbitro egipcio Amin Mohamed Omar para conducir el encuentro entre Argentina y Austria por la segunda fecha del Grupo J del Mundial 2026. Se trata de una apuesta de la Comisión de Árbitros por un juez con experiencia internacional, personalidad serena y una conducción basada en la lectura del juego antes que en la sanción constante.
Pero la designación no se limita únicamente al árbitro principal. Detrás de cada encuentro mundialista existe una estructura arbitral cuidadosamente conformada para garantizar uniformidad de criterios, coordinación y eficiencia en la toma de decisiones.
La terna principal estará íntegramente integrada por árbitros egipcios, una característica que favorece la comunicación permanente y la interpretación homogénea de las acciones durante el desarrollo del juego. El primer asistente será Mahmoud Abouelregal y el segundo, Ahmed Hossam Taha. El cuarto árbitro será el español Alejandro Hernández Hernández y el quinto, Diego Sánchez Rojo, ambos españoles.

Uno de los aspectos más valorados por la Comisión de Árbitros de FIFA es la estabilidad de los equipos arbitrales. Amin Mohamed Omar comparte habitualmente designaciones internacionales junto a Mahmoud Abouelregal y Ahmed Hossam Taha, formando una estructura consolidada que ha actuado en competiciones FIFA, Copa Africana de Naciones y Eliminatorias Mundialistas.
Esta continuidad permite una comunicación más fluida, una mejor sincronización en las decisiones de fuera de juego y una respuesta más eficiente ante situaciones complejas dentro y fuera de las áreas.
En el fútbol moderno, donde las decisiones deben adoptarse en fracciones de segundo, la coordinación entre árbitro y asistentes resulta tan importante como la capacidad individual de cada integrante del equipo.

Mahmoud Abouelregal es considerado uno de los asistentes africanos con mayor experiencia internacional de los últimos años. Se destaca por su precisión en situaciones de fuera de juego ajustadas y por su excelente lectura de las transiciones ofensivas.
Por su parte, Ahmed Hossam Taha aporta velocidad de desplazamiento, concentración permanente y una destacada colaboración en el control de incidentes que se producen fuera del foco principal del árbitro.
Ambos representan una garantía para un encuentro donde la velocidad de los ataques argentinos y las transiciones austríacas exigirán máxima concentración y coordinación.
La presencia del español Alejandro Hernández Hernández como cuarto árbitro aporta además una importante cuota de experiencia internacional. Su función será clave en la gestión de las áreas técnicas, el control disciplinario de los bancos de suplentes y la coordinación operativa del encuentro junto al quinto árbitro, Diego Sánchez Rojo.

Nacido el 25 de septiembre de 1985 y abogado de profesión, Amin Mohamed Omar integra la nómina internacional de FIFA desde 2017.
A lo largo de estos años dirigió competiciones continentales africanas, Eliminatorias para la Copa del Mundo, encuentros de la Liga de Campeones de África, torneos juveniles organizados por FIFA y numerosas competencias internacionales de primer nivel.
Su recorrido supera ampliamente el centenar de encuentros internacionales oficiales entre competiciones FIFA, CAF y clasificatorios mundialistas, experiencia que le permitió consolidar un perfil arbitral caracterizado por el equilibrio disciplinario, la serenidad en la conducción y una destacada capacidad para administrar los momentos críticos de los partidos.
A diferencia de otros árbitros de corte estrictamente reglamentarista, Amin Mohamed Omar puede encuadrarse dentro de los denominados árbitros pragmáticos.
Su primera herramienta de control no es la tarjeta, sino la prevención.
Es un juez que busca dialogar, anticipar conflictos y administrar el partido desde la personalidad y la presencia física. Prioriza el desarrollo normal del juego, aplica con frecuencia la ley de ventaja cuando la situación táctica lo permite y evita interrupciones innecesarias que afecten el ritmo del encuentro.
Su filosofía arbitral se acerca al concepto moderno impulsado por FIFA: intervenir cuando es necesario y permitir que el fútbol mantenga continuidad cuando la infracción no altera significativamente el desarrollo de la acción.

Su estreno en la Copa Mundial de la FIFA 2026 se produjo en el encuentro entre Corea del Sur y República Checa. Los informes técnicos posteriores destacaron varios aspectos positivos de su actuación: correcta lectura táctica de las transiciones, buena utilización de la ley de ventaja, adecuado manejo disciplinario, excelente trabajo preventivo, correcta cooperación con el equipo arbitral y ausencia de errores relevantes o intervenciones polémicas del VAR.
La evaluación interna fue altamente satisfactoria y explica por qué la Comisión Arbitral decidió ratificarlo rápidamente para un nuevo compromiso dentro de la fase de grupos.
La selección argentina encontrará un árbitro que generalmente permite el contacto físico normal propio del fútbol moderno.
No suele sancionar faltas menores ni caer en un exceso de intervencionismo. Sin embargo, cuando detecta acciones temerarias o conductas que ponen en riesgo la integridad física de un adversario, aplica el reglamento con firmeza.
Desde el punto de vista disciplinario, sus estadísticas internacionales muestran una tendencia moderada: promedio cercano a cuatro tarjetas amarillas por partido, bajo índice de expulsiones, elevada utilización de advertencias preventivas y fuerte respaldo en la comunicación corporal.
Para los futbolistas argentinos esto implica que los reclamos reiterados o las protestas excesivas difícilmente modifiquen sus decisiones. Se trata de un árbitro que transmite seguridad y que rara vez pierde el control emocional del encuentro.
Dentro de la clasificación moderna de estilos arbitrales, Amin Mohamed Omar puede definirse como un árbitro conductor. Su prioridad es administrar el partido antes que castigarlo.
Busca que los jugadores sean protagonistas y que el árbitro aparezca únicamente cuando la situación lo requiere. Este perfil suele generar encuentros dinámicos, con mayor tiempo efectivo de juego y menor cantidad de interrupciones.
Su desplazamiento físico es eficiente y económico. Mantiene habitualmente distancias de observación cercanas a los 12 y 15 metros de la acción, lo que le permite combinar ángulo y proximidad para evaluar correctamente disputas, entradas y contactos dentro de las áreas.
Más allá de los aspectos técnicos, Argentina-Austria representará una prueba superior respecto de su debut mundialista.
La presencia de una de las selecciones candidatas al título, el volumen mediático global y la presión propia de una Copa del Mundo obligarán al árbitro egipcio a exhibir sus mejores recursos de gestión emocional, control disciplinario y lectura táctica.
Los partidos de Argentina suelen exigir una rápida interpretación de las transiciones, una adecuada administración de las protestas y una valoración precisa de los contactos físicos, especialmente en los duelos individuales y las disputas dentro del área penal.
En ese escenario, la FIFA apuesta por un árbitro que combina experiencia internacional, serenidad, criterio preventivo y una conducción pragmática del juego.
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Los secretos de los goles de Maradona a los ingleses: del sándwich que lo motivó a la ventaja que solo vio Diego

El 22 de junio de 1986, Diego Maradona se despertó más temprano que nunca en el predio del América de México. “Se quedó boludeando un rato, compartía el cuarto con (Pedro Pablo) Pasculli. En un momento dijo: ‘Tengo unas ganas de comerme un sánguche de mortadela’. Y nosotros teníamos mortadela, eh, habíamos llevado mucha comida de Argentina”, le contó Roberto Mariani, uno de los ayudantes de campo de Carlos Bilardo, a Andrés Burgo, autor del libro “El partido”, que se sumerge en la apasionante historia de aquel duelo por los cuartos de final ante Inglaterra del Mundial de 1986, y que luego se convirtió en documental.
Sí, a horas de pisar el césped del estadio Azteca, de componer su obra más trascendente y recordada, de abrir el marcador con una mano camuflada de cabezazo y de rematarla con un eslalon artístico, inolvidable; Maradona pedía un “sánguche de mortadela” cual Popeye reclamando su espinaca. Esa paz, tal vez, tenía raíces en su vaticinio, que procuró regar entre sus íntimos y sus compañeros.
“Diego también contó que había hablado con sus hermanos, con Lalo (Raúl) y el Turco (Hugo) de una jugada en la que él se recostaba sobre la derecha, encaraba, dejaba rivales en el camino y definía al segundo palo. Y entonces dijo: ‘Tengo unas ganas de hacerle un gol de esos a los ingleses’. Y bueno, un rato después, de esa manera, hizo el gol de su vida”, completó Mariani.
Más: a Raúl Madero, el médico del plantel, Pelusa le dijo que había soñado que iba a hacer dos goles. Y tan envalentonado estaba que con su augurio en un puño le propuso una apuesta al recordado José Luis Brown. “¿Podés creer que Diego había dicho antes del partido que ganábamos 2 a 1 y hacía los dos goles?”, le dijo entonces el Tata a la revista Sólo Fútbol.
En ocasión del aniversario N° 34 de su oda, Maradona contó que la revivió frente a la pantalla en una entrevista con Infobae. Cada replay le ofrecía nuevas perspectivas. “El segundo gol me sigue emocionando. Siempre le encuentro algo nuevo, la mala salida de Shilton o el pase del Negro Enrique. Porque joden con eso, pero yo arranqué ahí. Otro por ahí la tiraba a la mierda, pero él me vio y me dio la pelota”, señaló sobre ese toque del mediocampista que en principio supo a instrascendente, pero que puso en marcha a la corrida eléctrica del Diez que terminó en su toque a la valla vacía tras superar a todos los adversarios que tuvo por delante para firmar el 2 a 1 definitivo.
Se cumplen 40 años de aquel triunfo histórico, de “la Mano de Dios”, del “gol del siglo”. De una victoria que, por más de que se tratara sólo de una contienda deportiva, traía la carga emotiva de la guerra de Malvinas, desarrollada apenas cuatro años antes del partido. Se cumplen 40 años de un gol ilegal, que el VAR no hubiera permitido, pero con la astucia del campito de tierra; un regate al reglamento, a los seis ojos del árbitro y los jueces de línea, y también a buena parte de la multitud que no lo captó en el primer golpe de vista, que necesitó de la repetición. Se cumplen 40 años de su majestuosa jugada individual, la alabanza a la gambeta rioplatense, a la reversión del fútbol en las narices de sus creadores. En 61 metros de recorrido pasaron Glenn Hoddle, Peter Reid, Kenny Sansom, Terry Butcher, Terry Fenwick y el arquero Shilton.
“Con el tiempo dije que el segundo gol a Inglaterra fue para que después no digan que les había hecho un gol con la mano, ja. Creo que fue justo para eso, así no tenían excusas”, añadió en aquella entrevista, una de las últimas antes de su muerte, el 25 de noviembre de 2020.
La enorme virtud del fantasista argentino se complementó en el imperdonable error de planificación de Bobby Robson, entonces entrenador de Inglaterra. También está indicado en el libro “El partido”. “Yo esperaba que el técnico nos detallara cómo íbamos a marcar a Maradona hombre a hombre, pero Sir Bobby tenía otras ideas: la orden era marcarlo colectivamente y que se ocupara el jugador que estuviera más cerca. Sir Bobby me llevó a un costado para decirme que Maradona sólo tenía un pie del que debía estar atento, pero claramente no me explicó cuán bueno era ese pie”, sorprendió Fenwick con su testimonio. “Tuvimos reuniones para hablar del partido, pero Bobby nunca fue de hacer demasiados análisis tácticos. Era más un motivador”, firmó Hodge en su biografía. Insuficiente para enfrentar a Diego en estado de gracia.
“A una selección como Brasil, Uruguay o alguna otra potencia como Alemania o Francia, creo que no le hubiese podido hacer el gol, porque me hubiesen bajado antes. Mirá si un uruguayo me va a correr al lado o me va a tirar un manotazo al estómago. Me la ponen en la cara…”, se rió fuerte Pelusa al confirmar que la forma de marcar de los ingleses lo benefició.
El 22 de junio de 1986 Diego cumplió con todos sus ritos. “Uno de ellos fue poner un calendario grande que pegamos en la pared entre las dos camas. Primero íbamos marcando los días que faltaban para el Mundial. Segundo, marcábamos con crucecitas cada vez que un seleccionado perdía y se volvía a su casa. Anotábamos los partidos que se iban a jugar y los veíamos por la tele. Era un ritual. Además, en las paredes colgábamos fotos de nuestros familiares antes de los encuentros para sentirnos cerca de ellos. Él ponía las de son Diego, doña Tota y de Claudia (Villafañe). Pero no sólo de los familiares, sino también de dos mujeres que eran muy bellas para Diego, que le gustaban mucho: Valeria Lynch y Pata Villanueva”, detalló Pedro Pablo Pasculli en una entrevista con Infobae.
Tito Benros, el utilero principal, le lustró los botines Puma talle 37 que le calzaban como un guante. Salvatore Carmando, el masajista del Napoli al que se llevó a México (además, era un experto cocinero) trabajó en su cuerpo durante una hora. En las prácticas previas, aunque suene increíble, había practicado el salto con el puño camuflado detrás de su cabellera frondosa. En realidad, se trataba de un gesto característico en el área, cuando sabía que iba a ser anticipado por el arquero.
“En el primer gol Shilton pensó que yo iba a chocar contra él. Eso es lo que pasa en esas jugadas, siempre. Pero yo me hice chiquito y salté. No sabía si iba a llegar, tampoco si me lo iban a cobrar, pero no la iba a dejar pasar”, describió su picardía. Una picardía que cumple 40 años, como el mejor gol de la historia de los Mundiales. En el fondo, es solo una excusa para recordarlos, porque la eternidad no tiene edad.
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