ECONOMIA
Clima de Negocios: por el impacto de la guerra habrá más dólares de Vaca Muerta y saldo energético rondará los USD 11.000 millones

Recalculando, dicen por estos días los petroleros y protagonistas de la industria local de oil & gas, planillas en mano. O del universo “Vaca Muerta”, para ser más claros. Hay una presentación que circula entre los ejecutivos del sector que es –junto al campo– la locomotora de la economía argentina con números que, hasta hace poco, parecían de ciencia ficción. Hay mucho de futuro en esos datos y promesas que hacen brillar los ojos a más de uno, pero hay también cifras que ya son una realidad palpable. O “contable”, ya que se trata de billetes contantes y sonantes.
Por caso: una balanza comercial energética superavitaria en 2024 por primera vez en años, un saldo favorable que el año pasado fue de USD 7.800 millones y exportaciones proyectadas de casi USD 53.500 millones anuales para 2035. Inversiones que rondarán los USD 17.000 millones por año promedio en una década. Y producción de petróleo rozando ahora el millón de barriles diarios, a un paso del objetivo que en hace pocos años sonaba imposible. Conviene mirar los números otra vez, en detalle. Abruman.
Está claro que Vaca Muerta y sus hidrocarburos no convencionales (shale) ya dejaron de ser una promesa. La discusión en el sector hoy es otra: cuánto más rápido puede ir… y qué puede arruinarlo.
Un ejecutivo de una de las petroleras más importantes del país escucha la pregunta de Infobae, hace una breve pausa y sonríe antes de responder de manera contundente:
— ¿Qué le piden al Gobierno?
— Lo único que necesitamos es que no nos jodan. No queremos nada más.
La respuesta rápida incluye una explicación inmediata que también resume el contexto. Hace tres o cuatro años el pedía a gritos precios de mercado, libertad para exportar, disponibilidad de divisas y rever las cargas fiscales, como demandas centrales. En gran parte, con la Ley Bases y el RIGI esos temas fueron encaminados por el gobierno de Javier Milei. Eso permitió acelerar muchas inversiones.
Con todo, el sector asegura que ve algunas dudas en generar más empleo calificado para el sector y en conseguir bajar aún más los costos de capital.
La energía siempre fue un tema en la Argentina. Siempre. Raúl Alfonsín, tuvo apagones y cortes programados. Carlos Menem, privatizó todo. Eduardo Duhalde comenzó con la regulación y Néstor Kirchner se peleó con Daniel Scioli cuando este habló de segmentación eléctrica (suba de tarifas, en resumen) y lo mismo pasó luego con el entonces ministro Roberto Lavagna. Cristina Kirchner puso subsidios, que aumentaron y aumentaron, un esquema que terminó en cepo y otras fuertes restricciones. Mauricio Macri apostó por un “sinceramiento” y megatarifazo y luego reconoció que había perdido la reelección, en parte, por esa medidas. Alberto Fernández siguió con los subsidios y la energía les costó las cabezas de dos de sus ministros “estrellas”, Martín Guzmán y Matías Kulfas.
Milei quiso quitar todos los subsidios (aún está en eso) y también privatizó algunos activos energéticos, como la mitad de Transener, la principal transportista del país. Claro, a este Presidente le toca gobernar con una Vaca Muerta ya en marcha; la Vaca Muerta de los números del comienzo de esta nota.
Este año se esperaban exportaciones por más de 11.100 millones con importaciones de unos USD 3.000 millones. O sea, un saldo positivo que iba a rondar los USD 8.000 millones. Pero llegó la guerra en Medio Oriente, el salto del precio del petróleo internacional (el Brent, de referencia en el país), la inestabilidad energética con el Estrecho de Ormuz cerrado y todo cambió.
En medio del conflicto, el precio del fluido subió a más de 120 dólares por barril. Por entonces, con un promedio por barril de USD 90, los petroleros calcularon un saldo comercial energético de 12.100 millones. Nadie celebra un conflicto armado, está claro, pero el impacto positivo local en términos de exportaciones petroleras es innegable.
Ahora, con un precio más estable, en torno a los 75 dólares por barril en estos días, las exportaciones de hidrocarburos rondarán los USD 11.300 millones (con un promedio estimado de USD 82). Eso representa unos USD 3.100 millones más de lo que se esperaba a principios de año. En 10 días, por caso, el ministro Luis Caputo tiene que pagar unos USD 4.200 millones a bonistas privados.
Los datos de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) dicen que, en un escenario que ellos llaman “Expansivo” –moderado, el del medio de los tres que analizan, y el que estiman que mayor posibilidades de ocurrir tiene– ese saldo comercial rozará los USD 48.700 millones en 2035, con exportaciones por más de USD 53.500 millones. “Mucho puede pasar hasta entonces con el precio del petróleo y el mercado, local e internacional, pero los datos que manejamos hoy dan eso. Necesitamos proyecciones para planificar, producir y buscar inversiones. El mercado se mueve con estos datos”, explican en CEPH.
Carlos Ormaechea, presidente de la cámara y chairman de Tecpetrol, la petrolera de Techint, destacó en una charla con Infobae que Vaca Muerta es un proyecto netamente exportador que necesita competir. “Necesitamos bajar el riesgo país para hacer viable el financiamiento. Vaca Muerta no es una fiesta, tenemos objetivos ambiciosos y hay que trabajar mucho y bien para lograrlos. Estamos en una industria capital intensiva y no es fácil financiar 20.000 millones de dólares por año”, destacó.
“Sin precio no hay inversión y sin inversión no hay producción”, resumió Ormachea.
Según CEPH, hasta 2017, la producción de petróleo venía en baja en medio de un “persistente” desacople con los precios internacionales y al agotamiento de los yacimientos convencionales. En gas, la reducción venía desde 2004, con una reversión del declive en 2013 (con el Plan Gas) y el desarrollo del shale de Vaca Muerta, que derivó en el récord de 2025 de 162 millones de metros cúbicos por día.
La cámara –cuyo director ejecutivo es Juan Schamber– trabaja con tres escenarios sobre la mesa para la próxima década. Cada uno de ellos tiene probabilidades de ocurrencia asociadas al precio internacional pero, sobre todo, a lo que pase en Argentina.
Para el mencionado escenario “Expansivo” se espera un importante crecimiento de la producción de crudo (con 11 % más de pozos shale) y el gas que tendrá 24 millones de toneladas anuales (MTPA) de capacidad de licuefacción. En transporte de hidrocarburos, habrá aumentos en los niveles de los oleoductos Otasa y Vaca Muerta Sur (que empezará a funcionar a fines de este año) y podría aportar hasta 700.000 barriles por día (desde 2028). Si se mira el escenario “Acelerado”, el más optimista, las exportaciones no alcanzarán los USD 50.000 millones en 2035 sino cuatro años antes.
Esta semana la Fundación Encuentro, cercana a Sergio Massa, levantó la mano y recordó que el Gasoducto Néstor Kirchner, que el gobierno rebautizó como Perito Moreno, generó un ahorro de casi USD 9.000 millones.
“Estamos en una industria capital intensiva y no es fácil financiar 20.000 millones de dólares por año” (Ormaechea)
Claro, se adjudican la obra y calcularon un retorno de 3,97 veces sobre una inversión de USD 2.300 millones sin IVA. Entre 2023 y 2026, el estudio estimó una sustitución de 6.700 millones de metros cúbicos de gas natural licuado importado por barco, con un ahorro de USD 3.474 millones. También contabilizó menores compras de gasoil para Cammesa por 3.500.000 metros cúbicos, equivalentes a USD 2.593 millones. También agregó que se evitaron importaciones de 3.300 millones de metros cúbicos de gas de Bolivia por USD 1.344 millones, de dos millones de toneladas de fueloil por USD 870 millones y de 6.000 gigawatts-hora (GWh) de electricidad desde Brasil y Uruguay por USD 841 millones.
“El Gasoducto Perito Moreno funciona a su máximo rendimiento porque el Presidente Milei terminó lo que el kirchnerismo abandonó y construyó el marco que ellos siempre destruyeron”, dijo en X la Oficial de Respuesta Oficial.
Los petroleros hablan de que a pesar de un boom que es innegable, necesitan inversiones altas en los próximos años. Además de la actividad de petroleras como YPF, PAE, Vista, Pampa Energía, Tecpetrol y otras, están en marcha grandes proyectos de exportación de hidrocarburos, como el oleoducto VMOS, un consorcio de varias compañías que encabeza la petrolera de bandera; y el de Southern Energy (SESA), que comanda PAE, para gas. Ambos conectan Vaca Muerta con el puerto de exportación de Río Negro: son los caños para evacuar el producto del yacimiento estrella.
El sector proyecta, en su escenario más factible, inversiones de casi USD 13.000 millones este año. Con un pico el siguiente de más de USD 21.000 millones
“La madurez de las cuencas convencionales determina la necesidad de conformar un marco regulatorio específico a fin de disminuir las tasas de declinación y, con ello, potenciar el pleno aprovechamiento de los recursos convencionales existentes en nuestro país. Cabe señalar que el sostenimiento de los niveles de actividad en dichas cuencas productivas es central a fin de garantizar el mantenimiento de los niveles de actividad económica en las provincias productoras. A la vez, que dicha producción es esencial para garantizar el suministro de crudo por parte del parque refinador local”, detalló CEPH.
El sector proyecta, en su escenario más factible, inversiones de casi USD 13.000 millones este año, con un pico el siguiente de más de USD 21.000 millones y más de la mitad de esa cifra destinada a la infraestructura. Luego vendrán tres años de unos USD 19.000 cada uno de ellos, y la proyección se ubica entre USD 15.000 millones y 18.000 millones entre 2031 y 2035. Los grandes desembolsos destinados a infraestructura se darán hasta 2030, según estimaron los petroleros, y luego se concentrarán en operaciones de shale, sobre todo shale oil.
“Un sector energético en expansión permitirá reducir aún más el déficit fiscal, disminuir el costo de suministro y conformar una balanza comercial y cambiaria crecientemente superavitaria, brindando las condiciones necesarias para alcanzar un sendero de crecimiento sustentable en el largo plazo”, dijeron los empresarios del sector reunidos en la CEPH.
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ECONOMIA
Walter Morales, de Wise Capital: “Argentina todavía debe demostrar que las mejoras observadas no son transitorias”

El primer trimestre de 2026 cerró con récord de actividad económica, exportaciones y saldo del intercambio comercial; compras de dólares y acumulación de reservas por parte del Banco Central; y una disminución de las tasas de interés y de los diferentes tipos de cambio. Esas tendencias no solo continuaron en el segundo trimestre, sino que se completaron con el regreso de la desinflación, apuntalada en la continuidad del superávit fiscal y la disciplina monetaria.
Sin embargo, ese escenario no fue suficiente para despejar dudas entre muchos economistas de consultoras locales e internacionales sobre la solidez del plan de gobierno, como justificó Morgan Stanley Capital International (MSCI) para mantener a Argentina en la categoría más baja del ranking global (Standalone), pese a que dos de las mayores calificadoras internacionales de bonos nacionales y corporativos mejoraron sus notas para el país.
Infobae entrevistó a Walter Morales, economista especializado en micro y macroeconomía, presidente, director y estratega de Wise Capital, Agente de Mercado de Capitales, para analizar el escenario actual y sus perspectivas de corto y mediano plazo.
— ¿Visualiza un punto de inflexión en la confianza de los inversores internacionales tras dos años de gestión de Javier Milei?
— Sí, considero que estamos atravesando un punto de inflexión importante. Los inversores internacionales observan con atención los resultados concretos más que los anuncios, y en estos dos años Argentina logró mostrar avances significativos en variables que históricamente fueron motivo de preocupación: equilibrio fiscal, desaceleración inflacionaria, recuperación de reservas y una mayor estabilidad cambiaria. Todo esto contribuye a mejorar la percepción de riesgo.
“En estos dos años Argentina logró mostrar avances significativos en variables que históricamente fueron motivo de preocupación: equilibrio fiscal, desaceleración inflacionaria, recuperación de reservas y estabilidad cambiaria”
Sin embargo, la confianza internacional no se recupera de manera inmediata. Argentina viene de décadas de inestabilidad macroeconómica, cambios abruptos de reglas de juego y múltiples incumplimientos financieros. Por eso, aunque el cambio de tendencia es evidente, todavía estamos en una etapa de reconstrucción de credibilidad. Lo que se está consolidando es la expectativa de que el país puede sostener un rumbo diferente, algo que será determinante para atraer inversiones de largo plazo.
— El índice de riesgo país bajó a la zona de 400 puntos básicos, en un contexto de superávit fiscal y comercial, acumulación de reservas, desinflación y estabilidad cambiaria. Sin embargo, la calificación para acceder al mercado de capitales internacional (MSCI) sigue siendo baja. ¿A qué atribuye esa brecha?
— La brecha se explica porque los mercados financieros suelen reaccionar con mayor rapidez a las mejoras coyunturales, mientras que las calificaciones y los índices internacionales evalúan cuestiones más estructurales. La baja del índice de riesgo país refleja que los inversores perciben una mejora concreta en la capacidad de pago y en la consistencia macroeconómica.
En cambio, organismos como MSCI consideran aspectos vinculados a la calidad institucional, la seguridad jurídica, la libertad para operar en los mercados financieros y la previsibilidad de largo plazo. Argentina todavía debe demostrar que las mejoras observadas no son transitorias, sino permanentes. En definitiva, el mercado ya comenzó a reconocer el cambio económico, pero todavía espera señales adicionales para validar una transformación estructural.

— ¿Considera que los antecedentes de default y confiscaciones de activos siguen teniendo más peso que los dos años de cumplimiento del actual programa económico?
— Todavía tienen un peso importante porque la memoria de los mercados suele ser larga. Argentina atravesó múltiples eventos que deterioraron la confianza, desde defaults hasta reestructuraciones compulsivas, controles cambiarios graves y modificaciones unilaterales de contratos. Es lógico que muchos inversores institucionales mantengan cierta cautela.
No obstante, también es cierto que cada año de cumplimiento de objetivos económicos reduce gradualmente ese peso histórico. Dos años de disciplina fiscal y monetaria son una señal muy positiva, pero probablemente el mercado necesite varios años consecutivos de consistencia para modificar completamente su percepción de riesgo. La confianza se recupera mucho más lentamente de lo que se pierde.
— ¿Argentina ya dejó atrás el riesgo de una nueva crisis de reservas o todavía existen factores que podrían desestabilizar el escenario macroeconómico?
— La situación de reservas es significativamente más sólida que hace dos años. De hecho, el Banco Central se encuentra por encima de los USD 47.000 millones de reservas brutas y las reservas netas prácticamente se han neutralizado. Sin embargo, el desafío sigue siendo la acumulación sostenida de divisas para cumplir las metas acordadas con el FMI y afrontar los vencimientos futuros sin sobresaltos.
“El desafío sigue siendo la acumulación sostenida de divisas para cumplir las metas acordadas con el FMI y afrontar los vencimientos”
Por eso, más que hablar de un riesgo inminente de crisis, hoy hablaría de la necesidad de consolidar un proceso de fortalecimiento permanente del balance del Banco Central.
— Algunos economistas y consultores internacionales sugieren que Argentina debería regresar pronto al mercado global de deuda. ¿Cree que el ministro Caputo acierta al no apresurarse en esa dirección?
—A mi entender, la prudencia es una decisión acertada. Argentina no necesita demostrar que puede emitir deuda en los mercados internacionales: ya lo hizo en otras oportunidades. Lo importante es garantizar que cualquier regreso al mercado se produzca bajo condiciones sostenibles y con costos compatibles con una estrategia de largo plazo.
Hoy el Gobierno cuenta con herramientas que le permiten administrar los compromisos financieros sin necesidad de acelerar ese proceso. Esperar una reducción adicional del riesgo país y una mejora en la percepción internacional podría permitir acceder a financiamiento más barato y con mejores plazos. La clave es no confundir acceso al crédito con dependencia del crédito.

Ahora bien, también es cierto que el regreso al mercado internacional será un paso necesario. El propio calendario financiero muestra que hacia 2027 aparecen vencimientos relevantes por aproximadamente USD 9.000 millones, y despejar cualquier duda sobre su refinanciación contribuiría a reducir el riesgo país y fortalecer la confianza de largo plazo. La clave no es volver rápido, sino volver bien.
— ¿Cuáles serían, a su juicio, las ventajas y los riesgos de aprovechar la oportunidad actual para volver a financiarse en los mercados internacionales?
— La principal ventaja sería fortalecer aún más la posición financiera del país, incrementar las reservas y mejorar el perfil de vencimientos futuros. También podría servir como señal de normalización para inversores globales que aún permanecen al margen de Argentina.
“El endeudamiento solo es positivo cuando financia crecimiento y desarrollo, no cuando se utiliza para sostener desequilibrios”
El riesgo consiste en interpretar que la etapa de consolidación ya terminó. Históricamente, muchos procesos de estabilización en América Latina fracasaron cuando el financiamiento externo reemplazó los esfuerzos de disciplina fiscal. Argentina debe evitar caer nuevamente en esa lógica. El endeudamiento solo es positivo cuando financia crecimiento y desarrollo, no cuando se utiliza para sostener desequilibrios.
— El Tesoro acumula depósitos por más de USD 12.000 millones en el Banco Central, incluyendo 3.000 millones en divisas y 9.000 millones en pesos al tipo de cambio mayorista, lo que cubre holgadamente los vencimientos hasta mediados del próximo año. ¿Considera que ese respaldo es suficiente para disipar la incertidumbre entre los analistas?
—Sin duda representa una señal muy favorable. Disponer de liquidez suficiente para afrontar vencimientos reduce significativamente los riesgos de corto plazo y fortalece la confianza en la capacidad de pago del Estado.
Sin embargo, presto atención no solo al stock de recursos disponibles, sino también a la capacidad de generar esos recursos de manera sostenible. En ese sentido, la acumulación de depósitos es una condición necesaria, pero la verdadera señal de fortaleza proviene de la continuidad del superávit fiscal y del proceso de ordenamiento macroeconómico.

— La inflación mensual volvió a desacelerarse en abril, aunque la tasa interanual sigue por encima del 30%. ¿Cómo analiza esa dinámica y la diferencia con la meta presupuestaria oficial?
— La inflación interanual suele ser un indicador rezagado porque incorpora registros muy elevados del pasado reciente. Por eso considero que la inflación mensual es hoy la variable más relevante para analizar la dinámica actual de precios.
Lo importante es que el proceso de desaceleración continúa mostrando consistencia. Puede haber diferencias temporales respecto de las metas presupuestarias, pero lo central es la tendencia descendente. Si el equilibrio fiscal se mantiene y no aparecen shocks significativos, la convergencia hacia niveles de inflación cada vez más bajos debería continuar durante los próximos meses.
“La convergencia hacia niveles de inflación cada vez más bajos debería continuar durante los próximos meses”
Más allá de algunos factores puntuales que impactaron en costos mayoristas, especialmente vinculados al petróleo y al contexto geopolítico internacional, nuestra visión es que la inflación seguirá descendiendo gradualmente. Lo importante es observar la tendencia subyacente, que continúa mostrando una moderación consistente respecto de los niveles observados durante los últimos años.
— ¿Hasta dónde cree que va a descender la inflación mensual en lo que resta del año según su escenario base?
— Nuestro escenario base contempla que la inflación continúe descendiendo y que durante los próximos meses logre perforar el umbral del 2% mensual. No obstante, creemos que el proceso será gradual. El impacto de tarifas, algunos ajustes relativos de precios y factores externos todavía pueden generar cierta volatilidad. Lo importante es que la tendencia general sigue siendo descendente y consistente con un escenario de estabilización.
Alcanzar registros similares a los observados en economías de la región sería un avance extraordinario para Argentina. De todas formas, la experiencia internacional muestra que el último tramo del proceso desinflacionario suele ser el más desafiante. Reducir la inflación desde niveles muy elevados es complejo, pero llevarla desde el 2% o 1% mensual hacia niveles consistentes con estabilidad de largo plazo requiere todavía más disciplina y coordinación de expectativas.

— ¿La actual política de tasas de interés es sostenible o prevé cambios relevantes en los próximos meses?
— Las tasas de interés deben acompañar la evolución de la inflación y de las expectativas. En la medida en que continúe el proceso de desinflación, resulta razonable esperar una reducción gradual de las tasas nominales.
Lo importante será mantener tasas reales positivas que sigan incentivando el ahorro en moneda local y contribuyan a sostener la estabilidad financiera. No espero cambios bruscos, sino un proceso gradual y consistente con el objetivo de consolidar la normalización monetaria.
— Desde inicios de 2026 se observa una apreciación cambiaria. ¿Se trata de un fenómeno estacional o responde a un cambio estructural en el comercio exterior?
— Hay elementos coyunturales y estructurales. Desde el punto de vista estacional, el ingreso de divisas provenientes de exportaciones genera una mayor oferta de dólares en determinados momentos del año. Sin embargo, una vez finalizada la estacionalidad de la cosecha gruesa, es razonable esperar que el tipo de cambio retome una dinámica más alineada con la inflación para evitar un deterioro adicional de la competitividad.
“Una vez finalizada la estacionalidad de la cosecha gruesa, es razonable esperar que el tipo de cambio retome una dinámica más alineada con la inflación”
Pero también existen factores más profundos vinculados a la mejora de la confianza, al incremento de inversiones en sectores estratégicos y a una menor demanda precautoria de dólares por parte de los agentes económicos. Por eso considero que no estamos únicamente frente a un fenómeno estacional.
— ¿Cree que una eventual liberación total del cepo cambiario podría revertir la tendencia actual del tipo de cambio?
— Toda liberalización genera un período de adaptación y puede provocar cierta volatilidad inicial. Sin embargo, si la salida se realiza en un contexto de equilibrio fiscal, reservas suficientes y expectativas estabilizadas, no necesariamente debería implicar una corrección significativa del tipo de cambio. Lo determinante será la confianza que inspire el nuevo régimen cambiario. Cuando los fundamentos macroeconómicos son sólidos, la liberalización suele ser absorbida por el mercado de manera mucho más ordenada.
— ¿Qué señales o medidas esperaría usted para afirmar que el país está listo para levantar totalmente el cepo cambiario?
— Esperaría observar un nivel de reservas más robusto, una inflación estabilizada en niveles bajos, acceso normal al financiamiento internacional y una demanda sostenida de activos en pesos. También sería importante que la economía haya consolidado una mayor previsibilidad en materia fiscal y monetaria. La eliminación total del cepo debe ser la consecuencia natural de un proceso de estabilización exitoso y no una medida aislada destinada a generar confianza por sí misma.

— ¿Cuáles son sus expectativas para el segundo semestre en materia de actividad económica, empleo, mercado de capitales, tipo de cambio, inflación y tasas de interés?
— Para el segundo semestre esperamos una mejora gradual de la actividad económica impulsada principalmente por sectores como energía, petróleo, gas, minería y agroindustria. También podrían comenzar a sentirse los efectos de los proyectos de infraestructura anunciados por el Gobierno.
Al mismo tiempo, observamos señales mixtas: mientras la industria muestra algunos indicadores de recuperación, el consumo todavía permanece débil, con ventas minoristas y confianza del consumidor mostrando dificultades para consolidar una recuperación sostenida.
— ¿Qué impacto espera sobre el empleo si se mantiene la actual política económica durante el segundo semestre?
— La estabilidad macroeconómica es una condición indispensable para generar empleo sostenible. Durante los períodos de alta inflación e incertidumbre, las empresas suelen postergar inversiones y contrataciones.
Si el actual proceso de estabilización continúa, es razonable esperar una recuperación gradual del empleo formal. No será un fenómeno inmediato ni homogéneo entre sectores, pero la inversión privada debería comenzar a traducirse en una mayor demanda laboral a medida que se consolide el crecimiento.
— ¿Cuál es, en su opinión, el principal desafío para consolidar la recuperación económica en el corto plazo?
— El principal desafío es transformar la estabilización en crecimiento sostenido. Argentina está demostrando que puede ordenar sus variables macroeconómicas, pero ahora necesita que esa mejora se traduzca en más inversión, mayor productividad y creación de empleo formal.
“El principal desafío es transformar la estabilización en crecimiento sostenido”
La recuperación será verdaderamente sólida cuando las empresas aumenten sus planes de inversión y los hogares perciban una mejora sostenida en su capacidad de consumo y ahorro.
— Diversas consultoras advierten sobre la incertidumbre política de cara a 2027 y el riesgo de que se repita un escenario de inestabilidad como el de 2025. ¿Cuál es su visión sobre ese escenario y sus posibles efectos sobre el plan económico?
— El principal desafío político para el programa económico no está en 2026, sino en 2027. Los mercados observan con atención la posibilidad de continuidad de las reformas porque entienden que muchos cambios estructurales todavía están en proceso de consolidación. Hoy las encuestas muestran que el oficialismo mantiene competitividad electoral, pero también evidencian una creciente preocupación por la situación de la economía real y el poder adquisitivo. Si la recuperación económica no logra llegar con mayor claridad a los hogares, el componente político podría volver a ganar protagonismo en la valoración de los activos argentinos.
— Si tuviera que definir con una palabra el momento económico actual de la Argentina, ¿cuál elegiría y por qué?
— Elegiría la palabra “consolidación”. Porque Argentina ya superó la etapa más crítica del proceso de estabilización y ahora enfrenta el desafío de consolidar los avances alcanzados. El mercado comenzó a reconocer las mejoras, pero el objetivo final sigue siendo transformar esa estabilidad en crecimiento sostenido, inversión y desarrollo de largo plazo.
ECONOMIA
El primer semestre cerrará con un nuevo líder de ventas entre los autos compactos y una puja entre los SUV más demandados

El cierre del primer semestre de 2026 permitirá definir el resultado de varias disputas por las posiciones en el ranking de ventas de autos 0 km en varias categorías. Algunas son internas, como la que llevan adelante dentro de Stellantis, el Fiat Cronos y el Peugeot 208, por quedarse con el primer puesto entre autos compactos de uso particular.
Pero esa, más que una disputa, parece una estrategia comercial de la automotriz, ya que puede regular la demanda o compensar las caídas que puede tener un modelo en algún momento en particular. Hasta mayo, el 208 se mantenía delante del Cronos, aunque en los últimos dos meses había perdido toda su ventaja conseguida entre enero y febrero.
En junio, con el resultado parcial de la semana previa al cierre, el Fiat ya pudo superar al Peugeot también en el acumulado del año y quedar como líder de la categoría con 11.000 unidades vendidas contra 10.900 del auto de origen francés.

Ambos modelos se despegaron de sus seguidores más cercanos, que son el Chevrolet Onix (6.500 autos), el Toyota Yaris (5.900) y el Volkswagen Polo (5.200). Un año atrás, justamente en junio de 2025, se producía el cambio de líder que dejaba al Yaris primero absoluto del mercado (incluso delante de la pickup Hilux), con lo que un auto brasileño sería líder del ranking de ventas hasta diciembre.
En cambio, en entre los SUV hay peleas muy intensas entre fabricantes distintos, y el resultado del primer semestre ya empieza a mostrar que las proyecciones de comienzos de año se están confirmando. El Volkswagen Tera es por ahora el B-SUV más vendido del año, con un número cercano a las 7.800 unidades. Pero su performance tiene una sombra muy cercana: el Chevrolet Tracker, que tiene unos 7.200 patentamientos.

Más atrás aparecen el Peugeot 2008 y el Toyota Yaris Cross, que tienen 5.600 y 4.243 ventas cada uno. Sin embargo, teniendo en cuenta que este último modelo se presentó en el mercado argentino a fines de febrero, y que por lo tanto tiene dos meses menos de ventas, su resultado es mucho mejor de lo que parece.
El mejor modo de interpretarlo es promediar el volumen total de autos vendidos por mes. Así, los números son más parejos entre todos. El VW Tera tiene un promedio de 1.300 unidades mensuales, el Chevrolet Tracker 1.200 y el Toyota Yaris Cross está levemente por debajo de las 1.100 unidades. El Peugeot 2008, en tanto, promedia 940, y es seguido por otro vehículo que no se vendió sino a partir de marzo, el BYD Atto 2, que promedia 620 vehículos por mes.
En los SUV-C, la lucha no es por el primer lugar sino por el segundo, porque Ford Territory es inamovible del primer gracias a una diferencia de casi 5.000 unidades. El producto importado desde China por la automotriz americana tiene casi 11.000 patentamientos a pocos días de cerrar junio, y sus más cercanos perseguidores son el Volkswagen Taos y el Toyota Corolla Cross, que suman 4.450 y 3.390 unidades cada uno. En los últimos tres días de junio el Toyota puede superar al VW ya que la progresión del mes lo tiene notoriamente por encima de su rival.

Es curioso como ambos modelos, que dominaron la categoría los últimos tres años, se vieron afectados por factores externos. Primero lo sufrió Toyota con la parada de producción de tres meses ante la destrucción de la planta de motores de Porto Feliz, Brasil, en septiembre del año pasado. Eso le hizo perder flujo de unidades en noviembre y diciembre, una vez que se agotó el stock que había quedado y que sirvió para defenderse en octubre.
En el caso de Taos, la decisión de dejar de fabricar el vehículo en Argentina e importarlo desde México, tiene todo el sentido del mundo teniendo en cuenta que la planta de General Pacheco se dedicará exclusivamente a la nueva generación de la pickup Amarok desde 2027.
Pero muy pronto empezó el padecimiento, porque cuando llegó la fecha de vencimiento del acuerdo económico entre Argentina y México y no se pudo renovar, empezó la cuenta regresiva de administración de stock de autos que habían llegado en los primeros tres meses del año.

Todavía hay unidades de Taos, pero no en la cantidad deseable para la marca y sus proyecciones de ventas previas a esta complicación operativa. Un escalón más atrás están el Jeep Compass y el Baic BJ30, con 3.700 y 3.600 unidades cada uno, peleando por ser el mejor de quienes no están en el podio.
En cambio, donde no hay discusión es en el segmento de las pickups. Allí la Toyota Hilux domina y cerrará el semestre sin alteraciones ni sustos, ya que tiene vendidas más de 15.000 unidades, y la Ford Ranger está segunda con 9.700 patentamientos, también lejos de la tercera posición que ostenta, también sin incomodidades, la VW Amarok, en su año despedida, con un volumen cercano a las 7.600 unidades entre enero y junio.
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ECONOMIA
Se cortó el carry trade en junio: por qué subió el dólar y le ganó a la tasa en pesos

En junio el carry trade en pesos interrumpió su racha ganadora y el dólar superó al rendimiento de las tasas locales, debido a un giro en el movimiento de la moneda estadounidense que alteró los valores de divisas de todo el mundo. El fenómeno impactó a inversores y operadores financieros que, hasta mayo, obtenían cómodas ganancias en dólares al vender moneda extranjera para posicionarse en instrumentos en pesos con tasas superiores a un billete prácticamente inmóvil.
Según datos de Bloomberg hasta el 25 de junio, el peso presentó una caída de 4,58% frente al dólar en el mes, una de las depreciaciones más marcadas entre las monedas emergentes, solo superada por el rublo ruso. Si al movimiento cambiario en sí se le suma además el rendimiento de la tasa en pesos, la apuesta por la moneda local también resultó negativa: cayó 2,74%. Así, el carry trade en pesos perdió en junio por primera vez en el año.
Hasta mayo, la estrategia había sido rentable: el total return en pesos argentinos acumula 13,47% en lo que va de 2026 pese al retroceso de este mes, apenas por debajo del retorno de instrumentos líderes como el peso colombiano, pero por encima de la mayoría de los pares regionales.
El total return en pesos argentinos acumula 13,47% en lo que va de 2026 pese al retroceso de este mes
Lo que golpeó a los que estaban subidos a la “bicicleta financiera” no fue algo local. Los números de la región muestran que la tendencia a la suba del dólar en junio no se limitó a la Argentina. El real brasileño mostró también un desempeño negativo, con una baja del 2,73% en el mes. El peso chileno retrocedió aún más, con una baja del 3,47%. Solo el peso colombiano mantuvo una suba destacada, con 7,36% en el mes y 10% en el año, a caballo de la victoria del derechista Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales. El movimiento de junio reflejó una dinámica regional, en la que varias monedas emergentes cedieron terreno frente al dólar.

Según un informe de Parakeet Capital, el fortalecimiento global del dólar estuvo vinculado con un cambio en la comunicación de la Reserva Federal de Estados Unidos bajo la presidencia de Kevin Warsh. La Fed abandonó el forward guidance y adoptó una postura más ortodoxa y ambigua, con señales de posibles subas de tasas antes de fin de año.
“El mercado esperaba una orientación más clara y recortes de tasas de interés, pero la Fed sorprendió con un giro ortodoxo”, señala el reporte.
La reacción del mercado fue inmediata: “Cayeron las acciones, subieron las tasas y el dólar se fortaleció”. Parakeet Capital remarca que la solidez de la economía real estadounidense reforzó la apreciación del dólar, y que el ajuste no solo afectó a la Argentina sino a toda la región. “El peso chileno y el real brasileño también se depreciaron en el último mes, lo que relativiza la idea de una presión exclusiva sobre el peso argentino”, afirma el documento.
El mercado esperaba una orientación más clara y recortes de tasas de interés, pero la Fed sorprendió con un giro ortodoxo (Parakeet Capital)
La consultora 1816 aportó una visión complementaria sobre el impacto en Argentina. “En el último mes y medio, hubo fuerte volatilidad en los mercados globales de monedas, deuda y commodities”, describe el trabajo.
El documento menciona factores geopolíticos y movimientos en acciones tecnológicas, además de una caída del petróleo del 28%, una baja de la soja del 8% y una suba del Dollar Index de 3,4%. “El real brasileño se depreció 6,2%”, puntualiza. En ese contexto, el peso argentino pasó de la zona de 1.400 a 1.480 por dólar en el segmento mayorista.

1816 observó que el Gobierno argentino buscó amortiguar el movimiento con ventas de bonos dólar linked y una menor compra de dólares en el mercado, pero la tendencia devaluatoria persistió. “Dejaron de crecer los préstamos bancarios en dólares, lo que disminuyó la oferta de divisas y pausó el círculo virtuoso de estabilidad cambiaria y ventas privadas”, indica el informe.
El reporte también comenta que la suba del dólar coincidió con una menor demanda de pesos en efectivo, en un contexto donde la economía local exhibió datos positivos de actividad y salarios, aunque bajo condiciones financieras más estrictas. “El fortalecimiento del dólar fue un fenómeno global, no exclusivo de Argentina”, concluye el reporte de 1816.
El análisis de Justina Gedikian, de Cohen, refuerza la visión de una interrupción abrupta en el carry trade en pesos durante junio. “El fin del carry trade que señalamos a principios de junio fue tomando forma durante el mes”, describe la analista.
Lo llamativo no es el movimiento en sí, sino el contexto en el que ocurre, dado que el ritmo de liquidación del agro se mantiene elevado (Gedikian)
La cotización oficial del dólar subió 4,8% en junio, más del doble del ritmo de mayo, superando lo que pudo compensar el carry mensual en pesos. “Lo llamativo no es el movimiento en sí, sino el contexto en el que ocurre, dado que el ritmo de liquidación del agro se mantiene elevado –desde mayo promedia USD 150 millones por día– y, sin embargo, el BCRA moderó el ritmo de compras”, sostiene Gedikian.
El informe atribuye esa desaceleración a una posible reactivación de la demanda importadora y/o a un menor ingreso de divisas por la liquidación de Obligaciones Negociables emitidas en el último semestre.

Cohen observó que, ante este cambio de dinámica, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) redujo su posición vendida en futuros de dólar y amplió la emisión de bonos dollar-linked, que representan el 76% de la cobertura cambiaria con un stock de USD 10.512 millones.
“El Central brinda cobertura cambiaria al mismo tiempo que reduce la emisión de pesos para la compra de divisas”, explica la analista. La curva de pesos procesó el ajuste del tipo de cambio sin sobresaltos. “Las tasas overnight permanecen ancladas cerca de la referencia de 20% TNA que fija el BCRA en la rueda de Repo, en tanto que la curva a tasa fija rinde en torno a 22%-24% TNA y se descomprimió levemente en la última semana”, destaca Gedikian.
Con el tipo de cambio subiendo al ritmo de junio, una tasa fija en torno a 1,8%-2,0% TEM ofrece escasa compensación por el riesgo de permanecer en pesos.
Con el tipo de cambio subiendo al ritmo de junio, una tasa fija en torno a 1,8%-2,0% TEM ofrece escasa compensación por el riesgo de permanecer en pesos
El informe de Cohen subraya que la presión sobre el dólar “tiene raíces en un proceso que lleva meses”. El tipo de cambio real acumula una caída superior al 9% en el año, y la suba del oficial entre mayo y junio apenas recuperó 1,8% de ese movimiento.
Justina Gedikian apunta que también influye el contexto internacional: “El dólar comenzó a fortalecerse frente a todas las monedas”. Con el tipo de cambio real todavía lejos del nivel de inicio de año, la liquidación del agro moderándose hacia el segundo semestre y la demanda importadora dando señales de reactivación, el FX tiene margen para seguir corrigiendo, según Cohen.

En cuanto a la estrategia, Cohen recomienda cobertura con instrumentos dollar-linked o migrar hacia bonos en dólares. “Los dollar-linked de julio (D31L6, devaluación 2,1%) y septiembre (D30S6, devaluación 0,90%) ofrecen la cobertura más directa frente al movimiento cambiario en curso”, afirma el informe.
Para quienes prefieren salir del riesgo en pesos, sugiere la rotación hacia instrumentos hard dollar. Ante el debate sobre las tasas, Cohen posiciona al TTD26 (Tamar +1,4%) como la opción que mejor captura un escenario de ajuste gradual al alza.
“Si el BCRA convalidara una suba en la rueda de Repo o absorbiera pesos mediante operaciones de mercado abierto –como la venta de títulos dollar-linked– para acompañar la señal del mercado cambiario, ese movimiento se trasladaría directamente al retorno”, sostiene Gedikian. La consultora también recomienda mantener posicionamiento en CER, ya que la curva ofrece un mejor perfil de retorno que la tasa fija comparable.
Solo en junio, el dólar acumula subas de entre 4% y 6% según el segmento. La estrategia más golpeada fue el carry trade, que evaporó dos meses de ganancias en dólares (GMA Capital)
Desde GMA Capital resaltaron que “el dólar financiero trepó hasta 6% en junio y borró dos meses de carry”. El documento remarca que el MEP superó los $1.500, el CCL alcanzó $1.580 y el mayorista llegó a $1.479, máximos nominales desde las elecciones de octubre.
“Solo en junio, el dólar acumula subas de entre 4% y 6% según el segmento. La estrategia más golpeada fue el carry trade, que evaporó dos meses de ganancias en dólares y acumula en el mes una pérdida de 2,5% en moneda dura, la primera desde septiembre de 2025”, puntualiza Persichini.
Sobre la respuesta oficial, el análisis conducido por Nery Persichini observó que “El BCRA respondió con moderación en el spot y con mayor presencia en futuros y dollar linked para administrar la corrección sin desarmar el esquema. El desafío pasa por sostener la sintonía fina entre tasas, tipo de cambio y reservas en un contexto que ya no regala márgenes”.
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