ECONOMIA
El consumo: ¿récord o derrumbe?

Pocas variables económicas de Argentina generan, en la actualidad, tantas lecturas diferentes como el consumo. El Indec informa un récord histórico, las cámaras de supermercados muestran caídas persistentes, las automotrices celebraron un 2025 extraordinario y luego encadenaron meses en rojo, y el comercio electrónico registra un crecimiento que ninguna encuesta tradicional termina de capturar.
La conclusión apresurada sería que alguien se equivoca. La conclusión correcta es más incómoda e interesante. Cada fuente está midiendo, con razonable precisión, una parte distinta de una realidad compleja y difícil de sintetizar en una única medición.
Para ordenar el ruido, se propone leer el consumo en tres capas superpuestas: qué se compra, dónde se compra y quién compra.
Primera capa: qué se compra
El récord de consumo no proviene de la góndola del supermercado, sino de las Cuentas Nacionales del Indec, donde la variable se denomina consumo privado. Ese agregado creció en torno al 8% en 2025 y alcanzó el nivel más alto de la serie. El dato es técnicamente correcto, pero engañoso si no se lo descompone. El consumo privado incluye absolutamente todo el gasto de los hogares: alimentos, sí, pero también automóviles, electrodomésticos, turismo, servicios y bienes importados.
El récord de consumo no proviene de la góndola del supermercado, sino de las Cuentas Nacionales del Indec
La recuperación se explica por los componentes más dinámicos y de mayor ticket. Los bienes durables y, en particular, los importados, se dispararon en cantidades, mientras que el consumo masivo -alimentos, bebidas, limpieza, perfumería- apenas tuvo una mejora marginal tras el desplome de 2024. Dicho de otro modo, una parte de la población que pudo compró un auto, una heladera o un pasaje, mientras otros sectores recortaban consumos primarios.
El promedio de ambos comportamientos da positivo y proclama un récord; pero ese récord describe a un país que no existe porque es la suma estadística de dos realidades opuestas.
Segunda capa: dónde se compra
Si la primera capa explica por qué el agregado y la góndola divergen, la segunda explica por qué incluso la góndola se mide mal. La Encuesta de Supermercados del Indec, estadística de referencia del consumo masivo, sí registra un canal online, pero con una definición estrecha: las ventas por internet o teléfono de las propias cadenas relevadas. Su peso es ínfimo y decreciente en términos reales: apenas algo más del 3% del total.

Queda fuera el universo donde efectivamente migró el consumo: marketplaces, plataformas de delivery, venta directa de fabricantes, importación directa y autoservicios de cercanía. Estimaciones del sector ubican al comercio electrónico en torno al 18% de las ventas minoristas del país, muy por encima del 3% que capta la encuesta. Cuando un hogar deja de comprar productos básicos en la góndola de una gran cadena y los adquiere en un marketplace, en una app de envíos o en el autoservicio de barrio, la Encuesta de Supermercados lo registra como una caída de ventas.
No hay menos consumo; es el mismo consumo cambiando de canal. En consecuencia, la caída de los supermercados sobrestima la caída real del consumo masivo
Las provincias con mayor actividad del agro, el petróleo y la minería exhiben una dinámica más favorable, mientras el AMBA concentra la tensión sobre salarios, empleo y consumo cotidiano. Los durables lo muestran con crudeza -provincias exportadoras con patentamientos en alza de más del 60% frente a otras estancadas en un dígito- y la góndola repite el patrón, de modo que el rótulo “interior” agrupa realidades incompatibles.
Un mismo interior que compra más autos y, a la vez, recorta la góndola. No es contradicción, sino hogares distintos bajo la misma etiqueta: donde la renta exportadora derrama, los ingresos medios y altos acceden al durable financiado; donde no llega, el salario real es el único motor y se recorta hasta el artículo de limpieza.

La capa geográfica ilumina además el sesgo de la anterior: la penetración del e-commerce y el delivery es mucho mayor en el AMBA, de modo que la peor performance de los supermercados del conurbano no refleja un porteño que consume menos, sino uno que migró más rápido a canales que la medición no capta; el interior, con menor densidad digital, exhibe una caída más genuina.
Conclusión
El consumo privado creció, pero ese crecimiento es un promedio que mezcla durables, importados y turismo en alza con una góndola que apenas se recupera. La caída de los supermercados es real, pero exagera el retroceso del consumo masivo porque no ve el caudal que migró al comercio electrónico y a los canales de cercanía.
Todo el fenómeno está atravesado por una geografía que separa a las provincias con renta exportadora del resto. Tres capas, tres instrumentos, tres fotografías parciales de una misma realidad.
El autor es profesor de Gestión del Riesgo en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de noviembre del IAE, Escuela de Negocios de la Universidad Austral
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ECONOMIA
El CEDEAR de esta empresa líder puede saltar hasta 40% en dólares, según experto de la City

En medio de la volatilidad mundial de los activos de inversión, los expertos del mercado recomiendan comprar el CEDEAR de Microsoft (MSFT), el coloso informático global, debido a que puede subir hasta un 40% en dólares en los próximos 12 meses. El sustento de esta proyección reside en las distintas aristas de negocios que posee la empresa, respaldadas por un modelo diversificado y escalable orientado a servicios de suscripción en la nube, software empresarial e inteligencia artificial.
Cabe recordar que los Certificados de Depósitos Argentinos (CEDEARs) se pueden adquirir en pesos y representan fracciones de acciones de compañías e índices sectoriales mundiales que, en su mayoría, cotizan en dólares en Wall Street. De esta manera, este instrumento permite diversificar las inversiones —dado su mayor acceso y menor costo— y, a la vez, funciona como una cobertura cambiaria, ya que su valor sigue el movimiento del precio del dólar contado con liquidación.
Microsoft comenzó en el año 1975 en Albuquerque, Nuevo México, cuando Bill Gates y Paul Allen fundaron la compañía para desarrollar y vender un intérprete de lenguaje BASIC para la computadora Altair 8800. Su crecimiento fue tal que, en la actualidad, se ha convertido en un conglomerado diversificado que factura por encima de los u$s280.000 M anuales, impulsado por el modelo de nube, suscripciones corporativas e inteligencia artificial. Además, cuenta con unos 220.000 empleados a tiempo completo.
«Microsoft aparece como una de las alternativas más interesantes dentro de los CEDEARs tecnológicos para un inversor que busca exposición a inteligencia artificial, pero con menor volatilidad relativa que otras compañías del sector», detalla a iProfesional Esteban Castro, economista y CEO de Inv.est.
La acción cotiza en torno a los u$s400, con una capitalización de mercado cercana a los u$s3.000 M, y, según este experto de la City, combina crecimiento, rentabilidad y generación de caja.
«Puede funcionar como una opción más defensiva dentro del rubro de tecnología frente a nombres más volátiles, como Nvidia o Tesla«, detalla Castro.
En cuanto a Microsoft, este analista destaca que el principal atractivo se encuentra en su exposición directa a la inteligencia artificial y al cloud, es decir, el almacenamiento de datos en la nube virtual.
En su último trimestre, Microsoft reportó ingresos por u$s82.900 M, lo que representa una suba interanual del 18%, mientras que Microsoft Cloud alcanzó ingresos por u$s54.500 M, registrando un crecimiento del 29%.
«Azure, Copilot, Microsoft 365 y la integración de IA en herramientas corporativas siguen siendo los motores más importantes de crecimiento. A diferencia de otras compañías de IA, Microsoft ya tiene una base global de clientes, ingresos recurrentes y una capacidad muy fuerte para monetizar nuevas soluciones», completa Castro.
CEDEAR de Microsoft: rendimiento proyectado y riesgos de inversión
En resumidas cuentas, los expertos mundiales proyectan que las acciones de Microsoft (MSFT) pueden subir desde ahora y durante los próximos 12 meses más de un 40% en dólares, por lo que su CEDEAR se presenta como una atractiva alternativa de inversión.
En la actualidad, las acciones de Microsoft Corporation (MSFT) se cotizan en alrededor de u$s400 en el Nasdaq de Nueva York.
«En términos de potencial, un escenario base sería que la acción vuelva hacia la zona de u$s500 a u$s520, lo que implicaría una suba aproximada del 25% al 30% desde los valores actuales», sostiene Castro a iProfesional.
En tanto, agrega que en un escenario más optimista, si el mercado vuelve a pagar una prima mayor por el avance de los negocios de inteligencia artificial y cloud, la acción de Microsoft «podría acercarse a la zona de u$s550 a u$s560, equivalente a un potencial cercano al 40%».
Si bien tiene potencial para llegar a un rendimiento más que interesante en los próximos meses, los desafíos son varios.
«El riesgo pasa por el nivel de inversión que requiere la inteligencia artificial, especialmente en infraestructura, centros de datos y capacidad computacional. Aun así, Microsoft parece una opción sólida dentro de los CEDEARs, ya que no es la más agresiva, pero sí una de las más equilibradas para combinar exposición a inteligencia artificial, calidad de balance y menor volatilidad relativa», concluye Castro.
Modelo de negocios de Microsoft: diversificación e ingresos en la nube
Tras una fase de optimización operativa en los últimos dos años, Microsoft mantiene una nómina global contabilizada en torno a los 228.000 empleados a tiempo completo, con una alta concentración en las siguientes áreas:
- Investigación y Desarrollo (I+D) e Ingeniería: más de 80.000 profesionales
- Operaciones Corporativas: 89.000 empleados
- Ventas y Marketing: unas 44.000 personas
Por otro lado, Microsoft tiene operaciones comerciales directas en más de 190 países, por lo que presenta una sólida diversificación geográfica que reduce los riesgos de exposición regional, aunque Estados Unidos continúa siendo su principal plaza, con el 51% de la facturación. Le sigue la zona de Europa, Medio Oriente y África (EMEA), con el 26%; y luego Asia-Pacífico y el Resto del Mundo, que aportan un 23% de los ingresos totales.
Las sedes internacionales más estratégicas de desarrollo, investigación y soporte se localizan en la India, que es el segundo polo de talento más importante tras la casa matriz en Redmond, Washington. Luego se ubican sus centros estratégicos en Irlanda, por su rol de núcleo fiscal y presencia en Europa, a los que se suma la sede en Brasil.
Por otro lado, las tres principales unidades de negocio de Microsoft son:
- Cloud (nube) inteligente: aporta el 43% de los ingresos totales y está encabezado por la marca comercial Microsoft Azure, el segundo jugador de infraestructura en la nube pública más grande del mundo, que compite directamente con Amazon Web Services. Incluye también productos de servidor como SQL Server y Windows Server. Incluso, Azure registra incrementos de ingresos interanuales cercanos al 35% o 40%, empujado fundamentalmente por la demanda corporativa de capacidad de cómputo para el entrenamiento y despliegue de modelos de IA
- Productividad y Procesos de Negocio: con el 38% de los ingresos totales, incluye el «software como servicio» (SaaS) comercial y de consumo, con los productos Microsoft 365 (Word, Excel, Teams, Outlook), la plataforma de CRM/ERP Dynamics 365 y la red profesional LinkedIn. Según los expertos del mercado, dicho sector aporta un flujo de caja predecible mediante contratos de suscripción recurrente corporativa
- Computación personal: con alrededor del 19% de los ingresos totales, comprende las licencias tradicionales del sistema operativo Windows asignadas a fabricantes de equipos (OEM), el ecosistema de videojuegos Xbox (que se reforzó con la histórica compra de Activision Blizzard por u$s68.700 M), la línea de hardware Surface y los ingresos publicitarios por búsquedas a través de Bing
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ECONOMIA
La Justicia estadounidense obliga a la Argentina a pagar USD 390 millones por la nacionalización de Aerolíneas

Un tribunal de Washington le dio la razón a un fondo de inversión extranjero y confirmó que la Argentina deberá pagar más de USD 390,9 millones por haber estatizado Aerolíneas Argentinas hace casi dos décadas. La Cámara de Apelaciones del Distrito de Columbia rechazó el recurso con el que el Estado argentino intentaba anular el fallo de primera instancia, y dejó firme la condena a favor de Titan Consortium, el fondo que hoy reclama ese dinero.
La condena se ubica entre las más costosas que enfrenta la Argentina fuera de sus fronteras. En los últimos 16 meses el país no pagó ninguna suma de este laudo, una situación que llevó a Titan a acelerar su ofensiva judicial. Fuentes de la empresa señalaron a Infobae que el fallo no es una acción contra la compañía sino contra el Estado argentino.
Según reveló el analista Sebastián Maril, de Latam Advisors, el tribunal del Distrito de Columbia rechazó la apelación con la que el Estado argentino buscaba revertir la sentencia de primera instancia. Con ese fallo, quedó ratificado que el fondo puede seguir adelante en la justicia estadounidense para intentar cobrar la indemnización.
La disputa comenzó en 2008, cuando el gobierno de Cristina Kirchner nacionalizó Aerolíneas Argentinas y Austral, que entonces estaban controladas por el grupo español Marsans. La empresa sostuvo que la expropiación había sido injusta y llevó el caso ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, el tribunal arbitral del Banco Mundial para controversias entre Estados e inversores.
En 2017, el Ciadi resolvió a favor de Marsans y fijó una compensación de USD 320 millones más intereses. La empresa española no llegó a cobrar esa suma y más tarde transfirió los derechos del litigio a Burford Capital, un fondo británico que también litigó contra Argentina por la expropiación de YPF.

Después, Burford vendió esos derechos a Titan Consortium, que desde 2021 impulsa en Washington el reconocimiento y la ejecución del laudo arbitral. El punto central del caso es que las decisiones del Ciadi no se ejecutan de manera directa sobre bienes de un Estado, sino que deben ser reconocidas por tribunales locales para intentar su cumplimiento.
Maril explicó esa mecánica: los laudos sirven como base para acudir a la justicia ordinaria y pedir que se haga efectiva la condena. Eso es lo que Titan hizo en Estados Unidos y lo que ahora recibió un nuevo respaldo judicial.
La confirmación de la condena deja a la Argentina en una posición más vulnerable frente a intentos de embargo. En mayo, Titan ya había buscado avanzar sobre los colaterales de los Bonos Brady depositados en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, en una maniobra que también procuraba adelantarse al acuerdo alcanzado por el país con los fondos Attestor y Bainbridge.
El origen económico del conflicto remite al estado en que quedaron Aerolíneas y Austral antes de la estatización. Durante la gestión de Marsans, se vendieron activos de valor, entre ellos oficinas en Roma, París, Nueva York, Miami, Madrid, Bogotá, Lima y Caracas, además de simuladores de vuelo y se cancelaron rutas internacionales hacia Europa.
Al momento de la expropiación, ambas compañías acumulaban pasivos cercanos a USD 890 millones. Marsans las había adquirido en 2001 por un dólar simbólico, mientras que el tesoro de España debió aportar alrededor de USD 750 millones para sostener su funcionamiento.
Dos valuaciones realizadas entonces mostraron resultados opuestos. Crédit Suisse estimó que el valor de las aerolíneas se ubicaba entre USD 250 y USD 450 millones, pero el Tribunal de Tasación de la Nación calculó un valor negativo superior a los USD 760 millones, cifra que el Congreso argentino tomó como referencia para justificar la estatización.
La resolución llega en un momento de mejora financiera para Aerolíneas Argentinas. El nuevo gobierno había asegurado desde el inicio que su intención era sanearla para privatizarla, y la compañía cerró 2025 con una ganancia operativa de USD 112,7 millones, casi el doble de los USD 56,6 millones registrados el periodo anterior.
Ya en 2024 había logrado el primer superávit operativo desde la reestatización, la primera vez que la empresa operó sin aportes del Tesoro, algo que se repitió el año pasado. El directorio ya informó al Ministerio de Economía que tampoco solicitará fondos en 2026.
La mejora en los resultados provino, principalmente, de la reducción de personal —llegó a su dotación más baja en 14 años—, la eliminación de rutas deficitarias, el cierre de oficinas y mejoras operativas que permitieron rentabilizar su operación. Sin embargo, para privatizarla, la medida debe contar con el visto bueno del Congreso, algo que ya no fluyó cuando el Gobierno avanzó con la primera lista de empresas privatizables dentro de la Ley Bases al inicio del mandato.
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ECONOMIA
Moody’s mejoró la calificación de Argentina y el mercado anticipa qué bonos se verán impulsados

La calificadora de riesgo Moody’s Ratings mejoró la calificación para la deuda Argentina. Es algo que el mercado esperaba, lo que puede impactar en el valor de los bonos y traducirse en una nueva baja del riesgo país, que se ubica por encima de los 400 puntos básicos.
El ministro de Economía Luis Caputo publicó un mensaje al respecto: «Importante: Moody’s Ratings eleva las calificaciones de Argentina a B3 y cambia la perspectiva de estable a positiva». Y felicitó a José Luis Daza y Federico Furiase.
Luis Caputo anunció la mejora en redes
Qué dice el informe de Moody’s que mejoró la nota de Argentina
Moody’s elevó la nota de la deuda soberana de la Argentina de Caa1 a B3 y, además, cambió la perspectiva de estable a positiva, al considerar que el riesgo de default cayó de manera significativa gracias a la consolidación del proceso de estabilización macroeconómica. Para la calificadora, el programa económico dejó atrás la etapa inicial de ajuste y comenzó a mostrar mejoras «más duraderas» en los fundamentos crediticios del país, impulsadas por el superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, la liberalización de la economía y una mayor previsibilidad en las políticas públicas.
Uno de los principales argumentos de Moody’s es que el equilibrio fiscal se convirtió en el ancla del programa económico. La agencia sostiene que, a diferencia de otros intentos de estabilización, esta vez el ajuste se apoya en una corrección sostenida del déficit, la eliminación del financiamiento monetario del Tesoro, la reducción de distorsiones económicas y una normalización gradual del esquema monetario y cambiario. «El superávit fiscal sirve como el ancla central del programa de estabilización», afirma el informe, que también destaca que esas políticas redujeron la volatilidad macroeconómica y fortalecieron la confianza.
La calificadora también pone el foco en la mejora del frente externo, históricamente uno de los principales puntos débiles de la economía argentina. Según Moody’s, el país atraviesa una transformación estructural de su capacidad de generación de divisas gracias al crecimiento de las exportaciones, el cambio de signo del sector energético -que pasó de ser un factor de presión externa a generar superávits- y el fuerte ingreso de inversiones en hidrocarburos, minería e infraestructura. En ese contexto, resalta el impacto del RIGI, que ya reúne proyectos por u$s141.700 millones, de los cuales unos u$s45.000 millones están en ejecución.
Entre los datos que Moody’s considera más relevantes figura la recomposición de las reservas internacionales. El informe señala que el Banco Central compró más de u$s11.000 millones en el mercado cambiario durante la primera mitad de 2026 «sin generar presiones sobre el tipo de cambio», un hecho que, a juicio de la agencia, refleja una mejora genuina de la dinámica externa. Sin embargo, aclara que el nivel de reservas «permanece relativamente débil», aunque el riesgo de una crisis de balanza de pagos disminuyó respecto de años anteriores.
El cambio de perspectiva a positiva implica que Moody’s considera posible una nueva mejora de la calificación si el Gobierno logra consolidar los avances actuales. La agencia proyecta que la disciplina fiscal, la baja de la inflación y las inversiones en energía y minería seguirán fortaleciendo la capacidad de generar dólares y de afrontar los compromisos financieros del país. Además, destaca que, aunque persisten riesgos políticos, el abanico de posibles políticas económicas tras las elecciones presidenciales de 2027 «se ha reducido» respecto de otros ciclos electorales, lo que aumenta la probabilidad de continuidad del rumbo económico.
No obstante, el informe también deja advertencias claras. Moody’s subraya que el riesgo político sigue siendo una restricción importante para la calificación soberana y advierte que un eventual cambio de rumbo tras las elecciones de 2027, con una administración más intervencionista que revierta parte de las reformas, podría deteriorar nuevamente la confianza de los inversores, frenar el ingreso de capitales y debilitar la acumulación de reservas. «El riesgo político sigue siendo un factor clave que limita la calificación», señala el documento.
De cara a futuras revisiones, Moody’s deja definidos los factores que podrían impulsar una nueva suba de la nota: mayores inversiones en sectores exportadores, una acumulación sostenida de reservas, mejoras en la capacidad de pago externa y la profundización de las reformas promercado. En cambio, advierte que la calificación volvería a quedar bajo presión si se debilitara el programa de estabilización, se interrumpiera el proceso de acumulación de reservas o reaparecieran tensiones en el frente externo que comprometan la capacidad de financiamiento del país.
En ese marco, desde el equipo de Research de Puente señalaron que la mejora en la nota de Moody’s «es el equivalente a la nota B- de Fitch y de Standard & Poor’s, a la cual habían subido hacia mayo y junio pasado». «De esta manera, Moody’s se pone en línea con las otras dos grandes calificadoras. A diferencia de esas dos, sin embargo, el panorama que le asignó Moody’s a Argentina es positivo, mientras que las otras dos quedaron en estable», sostuvo.
Y detalló: «En particular, Moodys dijo que las posibilidades de default habían caído sustancialmente, y que la suba de la nota refleja la estabilización macroeconómica que está llevando a cabo el gobierno y la mejora en el frente externo. Por otra parte, la perspectiva estable abre la posibilidad a que las reformas estructurales que están llevándose a cabo en el marco de esta estabilización macroeconómica puedan llevar a una nueva suba de la calificación en el futuro».
«En principio, los bonos no reaccionaron mucho a esta noticia, dado que el mercado en su mayor parte ya estaba cerrado. No obstante, tampoco esperamos mucho ajuste tras esta noticia, dado que el repricing de la deuda a un nivel de B- ya se había hecho en su mayor parte luego de las primeras dos acciones de las calificadoras», concluyeron desde Puente.
Cómo impactará en el mercado la mejora en la calificación de Moody’s
El anuncio no sorprende al mercado, por lo que no impulsaría un rally de igual magnitud a los que hubo recientemente, pero habrá un efecto inevitable: el upgrade ampliará el universo de inversores que compran deuda argentina. Muchos fondos internacionales, por reglas propias, no están habilitados a invertir en mercados con cierto nivel de riesgo. Por lo tanto, una mejora en la nota de crédito, que implica mayor confianza respecto al cumplimiento de la deuda, abre el camino para que más inversores se posicionen en activos argentinos, lo que impulsaría los precios y, por ende, bajaría más el riesgo país.
La mejora en la calificación de riesgo de la deuda no sólo impacta positivamente sobre los bonos soberanos en dólares, sino también sobre las acciones de las empresas: mejora la confianza y las expectativas de los inversores y las compañías pueden financiarse a tasas más bajas tras una compresión del riesgo país.
Además, muchas empresas, sobre todo los bancos, poseen títulos de deuda soberana en dólares en sus carteras de inversión, por lo que una suba en los precios de estos activos incrementaría sus patrimonios y, por consiguiente, sus valuaciones.
El riesgo país argentino opera alrededor de 410 puntos básicos, mientras que el de los mercados con calificación «B» se ubica en torno a 290 puntos. Por lo tanto, de acuerdo con Delphos, el margen de compresión adicional es de 120 puntos para converger hacia el nivel de los países «B». Sin embargo, advierte que el espacio de un deterioro es mucho mayor: en caso de que el escenario se torne negativo y volviera a calificación «CCC», el riesgo país regresaría a la zona de 1.000 puntos. Pero, por ahora, el mercado no prevé un deterioro en la nota de riesgo y una mejora luce mucho más probable.
Qué bonos y acciones subirían más tras el upgrade
El analista Gustavo Ber estima que los bonos soberanos en dólares que reaccionarían con mayores subas tras la noticia de otro upgrade en la calificación crediticia serían los de mayor vencimiento. Es decir, los Bonares y Globales que caducan en 2035, 2038 y 2041, ya que son los más sensibles a compresiones en la sobretasa de riesgo. Calcula que el efecto sería más moderado en comparación con los upgrades anteriores, en el orden del 2% o 3%. En el caso de las acciones, las más beneficiadas serían las de los bancos, como Galicia y Macro, con eventuales subas en torno al 5%.
En tanto, el analista Martín Genero, a diferencia de los colegas, es menos optimista respecto al efecto inmediato de la eventual noticia, ya que esta vez no sorprendería al mercado. De todas maneras, afirma que el riesgo país podría retroceder hasta la zona de 300 puntos porque el nivel actual (poco más de 400 puntos) aún se encuentran entre 70 y 100 puntos por encima de los promedio de los países con calificación «B-«. Resalta que Argentina no es el país «B-» con menor riesgo, pero estima que podría converger hacia el promedio de su categoría.
Genero calcula que una compresión del riesgo país argentino que lo ubique alrededor de 300 puntos básicos implicaría las siguientes ganancias aproximadas en los títulos de deuda soberana en dólares:
- Bonar 2035 (AL35): 6,8%
- Bonar 2041 (AL41): 6,6%
- Global 2046 (GD46): 6,4%
- Global 2041 (GD41): 6,4%
- Bonar 2038 (AE38): 6,0%
- Global 2035 (GD35): 5,9%
Genero afirma que la convergencia hacia el riesgo país promedio de los países de categoría «B-» luce probable este año, teniendo en cuenta que no es electoral, con perspectivas de estabilidad cambiaria y «un gobierno que viene tomando decisiones que el mercado recepta de manera favorable». Precisa que la compresión podría ubicar al riesgo país entre 300 y 330 puntos básicos, pero mantiene como escenario base la caída de entre 70 y 100 puntos respecto a los niveles actuales. En ese sentido, calcula que una compresión de 100 puntos implicaría subas de los precios de los bonos soberanos en dólares de entre 5,9% y 6,8%.
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