CHIMENTOS
Nicolás Maiques contó cómo se protegía del bullying escolar: “Yo fingía demencia”

Desde los primeros recuerdos de Nicolás Maiques, la actuación no era solo un sueño: era su destino marcado a fuego. Niño prodigio de la televisión, dio sus primeros pasos en diferentes publicidades. En una charla distendida y repleta de recuerdos le contó a Teleshow que cuando era muy pequeño se probó como conductor en su propio programa. Se llamaba Mamarracho, donde jugaba a conducir un ciclo infantil en la casa donde vivía. Pero mientras las luces del set brillaban, en la vida real enfrentaba fuertes desafíos, soportó el acoso escolar y aprendió, a fuerza de coraje y algo de humor, a esquivar los golpes del prejuicio. “La directora del jardín obligó a mi padre a mandarme a terapia porque me quería curar la homosexualidad”, revela acerca de aquel tiempo de su infancia.
A lo largo de más de treinta años de carrera, Nicolás nunca dejó de reinventarse. Actor, cantante, productor y viajero incansable, trabajó para distintos países de Latinoamérica y Europa, sin poner nunca su vocación en pausa. Entre risas, cámaras y telones, eligió siempre el escenario, pero también la autenticidad. Supo protegerse, a veces fingiendo demencia ante los insultos, y otras, aferrándose con ternura a su verdad.
Hoy, Nicolás sostiene —con esa mezcla inconfundible de sinceridad y picardía— que ama vivir. Y lo dice quien aprendió, a través de cada papel y cada batalla personal, que el verdadero prestigio está en ser buena persona y en no traicionarse nunca. Esta entrevista recorre su historia, sus cicatrices y sus conquistas, pero sobre todo, celebra a un artista que transforma cada herida en una anécdota y cada obstáculo en una oportunidad para reír. Junto a Nazarena Vélez, Santiago Caamaño, con dirección de Carlos Kaspar y la misma Vélez, estrenan Un Cambio Inesperado, en el Teatro Picadilly el 7 de agosto.
—¿A qué edad empezaste a actuar?
—Arranqué a los once, más de treinta años. Mi debut fue en diferentes publicidades. La actuación ya venía incorporada en mí… Mi registro era solo actuar.
—¿Recordás tu primer acercamiento?
—Me acuerdo que tenía cinco años cuando hice un programa para chicos. Llamaba a los nenes del barrio para que vengan a grabar (de mentira). El programa se llamaba Mamarracho. No me acuerdo de qué trataba exactamente, pero tenía el decorado y un cartelito que decía Mamarracho (risas). Todos sucedía en mi casa, yo conducía y mis amigos del barrio miraban y cantaban la canción del programa.
—¿Vos la habías inventado?
—Obvio, era el productor también (risas)

—¿En tu familia había antecedentes artísticos?
—No hay quien se dedique al arte. A mi madre le encanta cantar, pero es psicóloga. Mucho de ir a los coros, hoy continúa cantando coros vocacionales, pero no se dedica al arte.
—¿Cómo fue tu paso por la escuela en relación a tu identidad?
—Cuando era chico, la directora del jardín obligó a mi padre a mandarme a terapia porque me quería curar la homosexualidad. Fue un error. Los psicólogos decían lo mismo. Me cambiaron de psicólogo y después seguí yendo porque era requisito del jardín.
—¿Tu mamá, siendo psicóloga, te acompañó en ese proceso?
—No me hablaba del tema, la verdad, porque ya de grande cuando yo hablé de mi vida, le pregunté por qué no me hablaba de eso y me dijo: “Porque yo respeté tus tiempos”.
—Imagino que fue tortuoso ese proceso…
—Lo fue, más que nada en las escuelas. Desde primer grado hasta quinto año fui señalado, era el maricón, trolo y todo lo que imaginás.
—¿El hostigamiento venía más de los varones o de las mujeres?
—Mucho más de los hombres. Las mujeres también, pero mucho menos.

—¿Cómo te defendías?
—Yo fingía demencia. Era una forma de protegerme.
—¿Tenías amigos en la escuela?
—Tenía algunos, por supuesto, pero no era un grupo de amigos.
—¿Y en la secundaria?
—En la secundaria ya sí. Fue otra historia. El bullying seguía, pero tenía un grupo de dos amigas, más que nada.

—¿Cuándo empezaste a estudiar actuación formalmente?
—A estudiar arranqué a los trece, catorce, en un centro cultural. Me gustaba trabajar con la comunidad de la escuela. Y comencé a hacer publicidades, eso me abrió muchas puertas.
—¿Recordás tu primer trabajo profesional?
—Como decía mis primeros trabajos fuero publicidades, a través de castings. La primera publicidad fue para Uruguay, era una galletita llamada Sensaciones. Después hice de todo, para marcas de chocolates, empresas de teléfonos celulares, de todo. Fue fundamental para que me vieran, que me registraran.
—¿En España, pasó algo particular?
—En España por tres años fui la imagen de una marca importante de telefonía. Hacía de español. La agencia me querían doblar, pero cuando me escucharon, imitando el acento, dijeron: “Estás perfecto, entonces no te doblamos”.
—¿Tu carrera está marcada por la variedad?
—Hice y hago de todo. Desde novelas hasta realities, de Como tu cara me suena en Perú, que allá se llamaba Los reyes del playback.
—¿Nunca prejuicio con los realities?
—No, cero, porque el prestigio no te lo da el tipo de programa, sino ser una persona con ética, ser profesional, respetuoso. Ser buena persona es el prestigio, no haber hecho solamente cine o teatro en el Teatro San Martín, por ejemplo.
—¿Qué pensás de la mirada ajena sobre el prestigio?
—La gente que cree que sos prestigioso solamente si hiciste cierto tipo de cine, cierto tipo de teatro… Ay, no, la gente un poco más relajada, ¿por qué me va a quitar el prestigio hacer un programa de televisión si hay artistas… ¿Este programa me va lo va a quitar?. El prestigio para mí es ser una buena persona.
—¿Y el éxito cómo lo definís?
—Por ejemplo, va bien y es un éxito porque al final hacemos un programa de cuarenta puntos de rating, pero tenes depresión… es muy difícil evaluar al éxito.
—¿Podés disfrutar de tu trabajo?
—A veces no tanto. Me acuerdo que yo me equivocaba y no me reía de mis errores. Era tan exigente, me daba bronca equivocarme. No puteaba ni hacía un escándalo, pero por dentro me quería matar.
—¿Hubo un momento en el que cambió esa exigencia?
—En una obra, yo tenía 27, 28 años, me equivoqué y empecé a reírme, y me dijeron: “¿De qué te reís’”. Esa fue la frase para mí. Pude dejar de lado lo oscuro del error.
Un Cambio Inesperado, obra con Nazarena Vélez, Santiago Caamaño y Nico Maiques
—¿Cómo es la experiencia de trabajar con Nazarena Vélez y Santiago Caamaño?
—La verdad es que estamos trabajando muy bien, ensayando y muy contentos del equipo que se armó. Disfrutando y expectantes con el estreno.
—¿Hay algún mensaje sobre la aceptación y el cuerpo en la obra?
—Solamente sabés lo que es normal para vos. Te criticás tu rollo, te criticás la panza flaca que no te gustan, pero con el cuerpo del otro no tenés mapa. Hace falta literalmente ponerse en el cuerpo del otro para verse a uno mismo desde el otro lado.
CHIMENTOS
Nati Jota reveló la fuerte historia de amor que vivió en medio del Mundial: “Ya estaba de novia”

Como todo, la Copa del Mundo también llegó a su fin. Y tras más un mes de sueños, emociones, lágrimas, triunfos y derrotas, cada jugador, cada hincha, cada familiar y cada periodista retomó a la rutina diaria. Y eso sucedió con Nati Jota, quien se incorporó al estudio de Olga.
En lo que significó su vuelta después de varias semana en Estados Unidos siguiendo a la selección, la Influencer compartió al aire lo que fue su verdadera historia de amor random en aquel país. “El pibe iba a todos los partidos, entonces yo sabía que en el próximo me lo iba a encontrar”, comenzó.
A lo que la rubia detalló: “Sucedieron unos besos, una cosa. Yo full romántica, yo ya estaba de novia. Yo te digo ‘mi amor, bebé’, al segundo. Nos vemos en una joda. Ahí me incomodé un poco. Yo decía: ‘Tengo un montón de amigos acá… Sentí que tenía novio’. Yo quería volver con mis amigos a la mesa un toque y sentí que le tenía que decir: bueno, voy al baño y…”.
“Te quiero decir que te cuides, porque mientras estás chapando con este, el amigo te está grabando”, me dijo uno.. Me quiero ir, no me quiero cruzar a mi amor bebé porque estoy con todo esto que tengo que resolver”, se expresó Jota.
NATI JOTA VOLVIO SIN LA COPA Y SIN NOVIO
A lo que tras buscar refugio en un joven nicaragüense al que había conocido en la previa reconoció: “Casi lloro. El nicaragüense ya se confundía, tipo medio como que me quería chapar y yo… Igual me lo chapé después. Cuando llegué le puse: ‘Che, no me escribiste y me fui’”.
“La respuesta llegó al día siguiente: ‘Es que te fuiste así nomás y entendí que algo te pasaba», continuó Nati que, según su flamante amor ante la versión del video, le respondió: “Ah, le voy a preguntar a mi amigo si es verdad”.
Finalmente, Jota sumó: “Deberías estar como seguro y decir: ‘No, mirá si te va a grabar…’. Claro. Y me dijo que no me grabó. Yo pensé: ‘Bueno, qué rara esta respuesta’”. Pero el remate sorprendió aún más. “En el aeropuerto uno me dice ‘Che, de nada por lo de ayer’. A mí me dejó rara y nunca más pude recuperar a mi amor”.
Nati Jota
CHIMENTOS
“Billy Elliot, el musical”: todo por un sueño

Preparen los pañuelos…
La llegada de Billy Elliot, el musical al Teatro Opera representa una puesta en escena marcada por el conflicto personal y social en la Inglaterra industrial de 1984. El estreno local, impulsado por la música de Elton John y una producción que prioriza la potencia teatral, se apoya en un contexto real: la huelga minera que enfrentó al sindicalismo británico con el gobierno de Margaret Thatcher y que redefinió las relaciones laborales y debilitó al movimiento sindical en el Reino Unido, además de disparar —junto a las políticas de Ronald Reagan gobernando Estados Unidos— el neoliberalismo que hoy predomina en el mundo entero.
Desde el inicio, la obra sitúa al público en ese contexto sociopolítico. Un fugaz fragmento documental de La Thatcher domina el escenario, acompañada de un noticiero audiovisual que menciona la industrialización británica y anuncia la huelga minera de 1984 a 1985. La imagen arranca algunos (pocos) silbidos en el Opera, sin duda apoyados por todo lo que acaba de generar el reciente triunfo de la Selección argentina contra Inglaterra en el Mundial, con el trapo de Malvinas como ingrediente central.

En ese marco, Billy Elliot —hijo y hermano de mineros en la ciudad de Durham— descubre su pasión por el ballet, un arte que su entorno asocia a la feminidad y rechaza como camino viable para un varón.
La narrativa de la obra —con dirección general de Rubén Szuchmacher— se construye sobre dos frentes de conflicto para el protagonista: el personal, al enfrentarse a sus propios prejuicios y deseos, y el social, al desafiar la tradición familiar y el mandato masculino del colectivo minero.
El padre de Billy —Osvaldo Laport— encarna la resistencia y la dureza de una época atravesada por la crisis, mientras que la profesora de ballet —Alejandra Perlusky, uno de los puntos altos del elenco— se presenta como la figura que impulsa y contiene a un niño que busca un lugar para su talento. “El ballet no es de mariquitas”, se repite como consigna en una sociedad donde los prejuicios y la discriminación sin matices le daban vigencia a los estigmas de género.

Pero uno de los mayores placeres de sentarse en las butacas del Opera es disfrutar el gran trabajo del protagonista absoluto, Joaquín Mondino Formichelli como Billy. Este pibe santafecino de 12 años —¡todo un actor ya!— la rompe en (casi todas) las coreografías, y brilla aún más a la hora de actuar y cantar. Sin dudas, un nombre para recordar. No suena arriesgado anticiparle una gran carrera y que, de aquí en más, en las notas periodísticas que vendrán, será un lugar común eso de “aquel chico que mostró todo su talento desde su aparición como Billy Elliot”.

El texto no elude la crudeza del lenguaje ni la violencia simbólica que atraviesa la vida de Billy Elliot. Frases como “¡no soy p…!” aparecen sin filtro, algo que suma realismo aunque pueda incomodar a parte de la platea. El uso del lenguaje callejero, propio del ambiente proletario, refuerza la autenticidad del contexto.
Entre los personajes secundarios, también brilla el amigo de Billy —Lautaro Muro López—. Su papel introduce una visión actual y desprejuiciada sobre la orientación sexual, permitiendo que la obra dialogue con el presente y ponga en cuestión los mandatos de género. La naturalidad con que se aborda el tema de la diversidad sexual contrasta con la hostilidad que enfrenta el protagonista, y evidencia la tensión entre la tradición y los cambios culturales.
Y hablando de comedia musical, cómo no mencionar la música compuesta por Sir Elton John, emblema del pop británico y más allá, otro de los pilares de la puesta. La decisión de ofrecer música en vivo —bajo la dirección orquestal de Gaby Goldman— crea un clima emocional que potencia los momentos de mayor intensidad dramática, algo que difícilmente se lograría si la banda sonora estuviera grabada.

Otro gran acierto de la puesta —si uno piensa en la película y el protagonismo del ballet clásico— es la preminencia en los cuadros de baile del tap. El zapateo transmite una fuerza inmediata que arranca aplausos unánimes en la sala, especialmente en la escena de los maniquíes, con gran lucimiento de Billy y su amigo. En el rubro clásico, sin dudas, el climax emotivo llega cuando Billy más que bailar, “vuela”, acompañado por Braian Mansilla (el Billy ya adulto), provocando otra ovación inevitable. Se dijo, preparen los pañuelos…
Pero siempre hay un pero…, y en este caso es la extensión del musical, que supera las dos horas y media con intervalo, como un posible obstáculo para mantener la tensión dramática. El intento de abordar múltiples líneas temáticas puede dispersar el foco narrativo. Eso sí, la apuesta por una estructura de musical adulto —y no infantil— permite profundizar en los dilemas existenciales y sociales de los personajes.

Billy Elliot, el musical tuvo más de 12 millones de espectadores en sus versiones de Madrid, Londres y Broadway, y su éxito radica en la capacidad de interpelar a públicos diversos. La puesta local refuerza esta vigencia y plantea, como destacó el prestigioso diario británico The Guardian tras su estreno en el West End londinense, “un interrogante incómodo para cualquier época: ¿qué sucede cuando un sueño desafía el lugar y el entorno en el que nace?”. La historia se convierte así en un espejo para quienes enfrentan vidas predeterminadas por el origen, la tradición o la expectativa familiar, y explora la posibilidad de abrir una grieta para el deseo y la autodeterminación.
El público presente en el Opera que ya lleva soplando más de cincuenta velitas, si es que en la primavera alfonsinista frecuentaba el Parakultural —cumbre del under porteño en esos días—, puede que asocie el mensaje clave de Billy Elliot, el musical a aquel grito de guerra del genial grupo de teatro experimental Las Gambas al Ajillo: “¡Sé tu mismo!“, exhortaban las enormes Verónica Llinás, Alejandra Flechner y María José Gabin.

O sea, más allá de los molinos de viento (sociales, familiares y un largo etc.), seguí tus sueños. Ese es el combustible indispensable para transformarse en lo que uno aspira. De eso va esta historia, que en el año 2000 fue película multipremiada y exitosa. Y que ahora, con una gran producción a cargo de los hermanos Diego y Omar Romay (claro, los hijos del Zar de la tele, don Alejandro, dueño del Canal 9, el de la palomita), digna de Broadway o Londres, se puede disfrutar en la calle Corrientes. Extrañamente, por la cifra millonaria que implica, por no muchos días más: hasta el 8 de agosto, ya que el Opera está reservado luego de esa fecha, aclaran los productores.

La última imagen del cronista es esta: tras otro gran momento, esa coreo colectiva repiqueteada a puro tap antes de que caiga el telón, el público aplaude, aplaude, no deja de aplaudir.
Fotos: Ale Palacios
CHIMENTOS
Los cuatro signos del horóscopo chino que contarán el impulso para cambiar su destino a fines de julio, según Ludovica Squirru

Los últimos días de julio llegan con una energía de expansión para algunos signos del horóscopo chino. Según las enseñanzas de Ludovica Squirru, será un período favorable para concretar acuerdos, fortalecer relaciones y aprovechar oportunidades que podrían abrir un nuevo panorama antes de comenzar agosto. La clave estará en confiar en el trabajo realizado durante las últimas semanas y animarse a dar el siguiente paso.
Ludovica sostiene que este tramo del mes premiará a quienes sepan combinar prudencia con iniciativa. Habrá espacio para cerrar negocios, planificar viajes, reforzar amistades y avanzar en proyectos de largo plazo. En cambio, será conveniente postergar decisiones apresuradas relacionadas con mudanzas o inversiones importantes hasta contar con un panorama más claro.
Chancho
El Chancho será uno de los signos más favorecidos en el cierre de julio. Recuperará la confianza para avanzar con proyectos que habían quedado en pausa y encontrará apoyo en personas que resultarán fundamentales para alcanzar sus objetivos. Los encuentros y las conversaciones sinceras abrirán puertas inesperadas.
Dragón
El Dragón vivirá días ideales para potenciar su crecimiento profesional. Las negociaciones, los acuerdos y las nuevas propuestas tendrán grandes posibilidades de prosperar si actúa con paciencia y estrategia. También será una etapa positiva para fortalecer vínculos familiares.
Tigre
Después de un mes de mucho movimiento, el Tigre encontrará el equilibrio que venía buscando. Será un excelente momento para consolidar relaciones, ampliar su red de contactos y tomar decisiones con mayor seguridad. La serenidad será su principal fortaleza.
Conejo
El Conejo cerrará julio con una sensación de alivio y estabilidad. Habrá oportunidades para disfrutar de reuniones con seres queridos, organizar proyectos a futuro y recuperar la motivación. Si evita actuar por impulso, llegará a agosto con un escenario mucho más prometedor.
Ludovica Squirru, horóscopo chino
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