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Un presidente con el método del escrache

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Nada podría ser como parece. Un alto funcionario del Gobierno aseguraba ayer que el alboroto de Javier Milei en Brasil, durante el furioso fin de semana último, fue una sobreactuación del presidente argentino por una sugerencia de Donald Trump para que ayude a la familia Bolsonaro en el país vecino y perjudique al actual mandatario brasileño Lula da Silva. Lula buscará la reelección frente a Flávio Bolsonaro el próximo 4 de octubre; este Bolsonaro es hijo del expresidente de ese país, Jair Bolsonaro, condenado por el Tribunal Supremo de Justicia a 27 años de cárcel por el delito de liderar una organización criminal que intentó un golpe de Estado en 2023 para impedir que Lula asumiera la presidencia. Pero ningún funcionario del Gobierno dice saber si Trump le pidió tanto a Milei o si este decidió por su cuenta llegar hasta donde ningún otro presidente argentino había llegado en sus controversias internacionales.

En ese mismo fin de semana, Milei vio desde un stand de la Exposición Rural a José Ignacio de Mendiguren y le gritó, desaforado, “ladrón”. De Mendiguren fue un mal ministro de Duhalde y, más tarde, se camufló como presidente de la Unión Industrial cuando ya tenía el corazón cooptado por el peronismo massista. Con todo, un presidente de la Nación que se precie no puede imitar los modos del escrache que inauguraron aquí Quebracho y La Cámpora.

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Sin duda, los desmanes que Milei protagonizó en Brasil fueron peores porque comprometieron con sorprendente inconsciencia el futuro de su país. Bolsonaro padre está bajo el régimen de prisión domiciliaria por su delicado estado de salud. La decisión de prorrogar la prisión domiciliaria del expresidente brasileño de forma indefinida la tomó el vicepresidente de ese Tribunal, Alexandre de Moraes, el mismo que decidió prohibirle a Milei que visitara al patriarca de los Bolsonaro en su casa cuando fue a Brasil en el fin de semana, que el Presidente convirtió aquí y allá en días de saña y delirio. De Moraes, tildado por Milei de “basura calva”, argumentó que Bolsonaro no podrá recibir visitas políticas antes de las elecciones presidenciales de octubre.

Nunca antes se había visto a un presidente tratar de la manera que Milei trató a Lula o a un juez supremo de un país extranjero sin que estos le hayan hecho nada ni le hayan dicho nada. Pero, ¿es una estrategia sobreactuada de Milei ante una sugestión de Trump o responde de algún modo a la necesidad de Milei de volver a la furia que lo hizo presidente en 2023? Las últimas encuestas en poder del gobierno indican que el Presidente está en el límite mismo, o por debajo del límite, de su reelección en primera vuelta dentro de más de un año. La última encuesta de Poliarquía coincide con aquellas mediciones. Si su porcentaje de votos en octubre de 2027 fuera de menos del 40 por ciento, Milei deberá ir a una segunda ronda electoral con el segundo candidato más votado. Y no importará la diferencia de votos en la primera vuelta de esos comicios. No obstante, nada justifica semejante empellón verbal y público del mandatario argentino a un presidente votado por su sociedad, en abierta campaña, además, a favor del candidato opositor a Lula. Si eso no es injerencia en los asuntos internos de otro país las palabras habrán perdido su sentido.

Milei, ni su canciller, Pablo Quirno, quien aplaudió al presidente argentino durante su diatriba contra Lula, tuvieron en cuenta los datos económicos que deberían prevalecer por encima de las ideologías. La influencia de la ideología en la política exterior es nociva si la aplica Cristina Kirchner, que la aplicó, o si la practica Milei. La única frontera que no existe para impedir el principio de no injerencia en asuntos internos de otro país son la violación de los derechos humanos o la ruptura del orden democrático mediante un golpe de Estado en un determinado país. Esta es una regla nueva, que antes no existía en la política internacional. Por eso, Fidel Castro estuvo tantos años en el poder refugiado injustamente en ese principio. De todos modos, la progresía o el liberalismo de sus gobernantes no son motivos para alterar las relaciones entre dos países.

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La falta de respeto a la investidura presidencial de otro presidente le resta autoridad moral a un jefe del Estado para reclamar el respeto a su propia investidura. En síntesis, lo que Milei provocó con Brasil tiene el tamaño de una gravedad nunca vista antes. Para empeorar las cosas, este martes se sumó a la polémica la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en solidaridad con Lula y con serios cuestionamientos a Milei por la forma con que trató al mandatario brasileño. México y Brasil son las dos principales economías de América Latina.

Aunque esa no es la razón principal por la que todos los presidentes deben respetar a sus colegas, es oportuno recordar que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y que el comercio bilateral es de unos 30.000 millones de dólares anuales. Brasil es también el principal destino de las exportaciones industriales argentinas; ambos países, nucleados en el Mercosur, constituyen el principal mercado exportador de productos agropecuarios del mundo. Por eso extrañó aún más la presencia risueña y despreocupada al lado de Milei del canciller Quirno, que es también un economista diplomado en la Universidad de Pensilvania, en los Estados Unidos. Sabe, por lo tanto, la importancia real y estratégica de Brasil para la economía argentina.

Lula ha hecho también sus travesuras en la Argentina. Estuvo muy cerca de Daniel Scioli, en 2015, cuando este compitió con Mauricio Macri; dicen que le confesaba al entonces perdidoso candidato peronista (actual mileísta convencido, vale recordar) que su triunfo era esencial para conservar una línea progresista en América Latina y se puso abiertamente de su lado. Luego, fracasado el intento de aupar a Scioli a la presidencia, en 2019 se ocupó personalmente de apoyar a Alberto Fernández, a quien recibió en la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde estaba preso acusado de corrupción; el político argentino era en ese momento solo un candidato que enfrentaba a Macri para impedir la reelección de este. Lo logró.

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Antes, Alberto Fernández y el excanciller de Lula, Celso Amorim, recorrieron el mundo en defensa del expresidente brasileño que sobrellevaba acusaciones de prácticas corruptas. Por esos trámites, Alberto Fernández conoció al papa Francisco, a quien había visto de casualidad una sola vez cuando el entonces Pontífice era el cardenal de Buenos Aires. En 2023, Lula le envió unos veinte asesores electorales a Sergio Massa cuando este competía contra Milei por la presidencia. Lula siempre invocó la importancia de la Argentina en la configuración ideológica de América Latina. Fue improcedente que un presidente extranjero incursionara en cuestiones internas argentinas, pero Milei rompió todos los moldes previos cuando lo llamó a Lula “ladrón” y “presidiario”. Lula se metió en cruciales elecciones argentinas, pero nunca insultó a ningún presidente argentino, al menos públicamente.

Hasta hace poco, los presidentes convivían pacíficamente en el mundo con presidentes de otras ideologías. Trump rompió esa tradición cuando comenzó a agredir verbalmente a sus propios aliados de Europa o cuando descerrajó una guerra innecesaria contra Irán, a pesar de que el régimen de Teherán mereció siempre la protesta internacional por sus opresiones a los ciudadanos iraníes y por su promoción de atentados en países extranjeros, como los dos que impulsó y financió en la Argentina. En América Latina sucedía lo mismo. De hecho, hasta la misma Cristina Kirchner se llevó muy bien con Sebastián Piñera, el presidente chileno de derecha moderada que gobernó su país durante casi todo su primer mandato con la expresidenta argentina también en funciones en su país. Macri cohabitó en el sur de América con el progresista Tabaré Vázquez en Uruguay. El propio Tabaré Vázquez confesó luego que “con Macri resolví en 10 minutos cuestiones bilaterales que no había podido resolver con el kirchnerismo durante años”.

La chilena Michelle Bachelet fue presidente cuando Macri lo era de su país; Bachelet tiene una larga carrera política en el socialismo chileno, que formó parte de la Concertación, una alianza de centroizquierda que gobernó Chile desde el fin de Pinochet, en 1990, hasta el arribo de outsider Gabriel Boric en 2022, aunque ese período de 32 años incluyó también dos mandatos de Piñera, que no perteneció a la Concertación. Macri y Bachelet convivieron sin sobresaltos. Piñera y la concertación eran el establishment político chileno hasta que llegaron los outsiders Boric, de izquierda, y el actual José Antonio Kast, de derecha. Ni Boric ni Kast cometieron las transgresiones del presidente argentino. No todos los outsiders son lo mismo. A Macri, presidente de la Argentina en ese momento, le tocó también reunirse dos veces con la entonces presidenta brasileña, Dilma Rousseff, del lulista Partido de los Trabajadores, y los dos se entendieron sin arrebatos de ningún lado.

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La furia de Milei contra Lula llevó a la diplomacia de Brasil a tensar las cuerdas con la Argentina. El canciller brasileño, Mauro Vieira, es un experto en la Argentina porque fue un excelente embajador de su país en Buenos Aires durante varios años. Vieira, un diplomático de carrera, llegó al extremo de calificar de “provocación sin precedentes” lo que hizo Milei en San Pablo cuando el fin de semana se fue a apoyar al hijo de su amigo Bolsonaro. Luego, Vieira llamó en consulta al embajador brasileño en Buenos Aires y él conoce la gravedad de esa decisión, que precede por lo general al retiro del embajador de un país. Es probable que Brasil no tome esa resolución por el momento porque valora lo suficiente la relación con la Argentina como para no darle tanta importancia a lo que dice (y a cómo lo dice) un presidente argentino con fama mundial de disruptivo, salvo la chicana del partido lulista de pedirle a la Justicia que investigue quién pagó el viaje de Milei. Es improbable también que no lo haga porque nadie pueda responder esta pregunta: ¿lo perjudican o lo benefician a Lula semejante agravios por parte de un presidente argentino? Lula es el jefe político de una nación con históricos rasgos nacionalistas.

Dicen en Madrid, por ejemplo, que el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, otra obsesión de la cólera mileísta, lo deja hacer y decir al mandatario argentino cuando este pasa por España, porque comprobó que le hace más bien que mal las injurias de un dignatario extranjero. Sánchez sobrelleva una historia de corrupciones demasiado cerca de él, pero la sociedad española prefiere juzgarlo ella y no dejar ese veredicto en una lengua foránea, que carece de inhibiciones. La otra pregunta que no tiene respuesta es cómo será en adelante la relación entre la Argentina y Brasil, sobre todo la que refiere al intercambio comercial. Como dice Andrés Malamud, si no pasara nada entre los dos países “entonces el mundo está cambiando ante nuestra vista”. Trump habrá inaugurado una nueva era en las relaciones internacionales, y la Argentina habrá cambiado su histórica política exterior que optó por el multilateralismo y respetó a todas las naciones. Habrá triunfado una política exterior de exclusivo sometimiento a las políticas de Washington y se habrá impuesto la paradoja en la que coexisten la ofensa y la subordinación.




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POLITICA

Nicolás Kreplak: “Tenemos que hacer el esfuerzo necesario para sacar a Milei del lugar donde está”

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Unas 1.500 personas participaron de una jornada de debate sanitario en La Plata, como antesala del 13° Encuentro Nacional de Salud, previsto para el 28 de noviembre en el campus de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Córdoba.

La actividad se realizó en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata y reunió a trabajadores de la salud, investigadores, profesionales, estudiantes, organizaciones sociales y sindicales, además de referentes de distintas provincias. Durante la jornada funcionaron 23 mesas de trabajo sobre los desafíos del sistema público.

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El cierre estuvo encabezado por el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, y el diputado nacional Juan Grabois, quienes plantearon la necesidad de elaborar una propuesta sanitaria federal frente a los recortes nacionales.

En este sentido, Kreplak sostuvo que el sistema público enfrenta una mayor demanda en un contexto de reducción de programas nacionales y transferencia de responsabilidades a las provincias y los municipios.

Nicolás Kreplak, ministro de Salud bonaerense

Tenemos que hacer el esfuerzo necesario para sacar a Milei del lugar donde está y construir una Argentina en donde vivir sea orgullo”, afirmó el ministro durante su intervención. También convocó a que la dirigencia política, las organizaciones y la ciudadanía impulsen una agenda que asegure la salud como derecho. “Que lo hagan con el ejemplo que estamos dando desde la salud, con generosidad, con trabajo, sin mezquindades”, expresó.

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Por su parte, Juan Grabois vinculó la discusión sanitaria con la construcción de un programa de gobierno. El diputado afirmó que, tras una eventual salida de Javier Milei de la Presidencia, será necesario contar con una planificación de largo plazo.

Hay un plan quinquenal de salud y un plan quinquenal de gobierno”, sostuvo Grabois, quien planteó que esa herramienta permitiría ordenar prioridades y reconstruir capacidades estatales.

Entre los datos expuestos durante el encuentro, se indicó que el presupuesto real del programa Remediar cayó 72% entre 2023 y 2026, mientras que la cantidad de tratamientos entregados descendió 52% entre 2022 y 2025.

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Los temas del debate

Desde la organización señalaron que las propuestas que surgieron en La Plata formarán parte de un proceso federal que tendrá su próxima instancia en Córdoba

La discusión abarcó la provisión de medicamentos, el financiamiento del sistema, la atención primaria, la salud mental, la situación laboral, la enfermería, las residencias y la gestión hospitalaria.

También se abordaron la seguridad social, la salud digital, la investigación científica y la producción nacional de medicamentos y tecnologías. Uno de los planteos centrales fue avanzar hacia una mayor soberanía sanitaria, con capacidades estatales para planificar políticas y reducir la dependencia de insumos externos.

Desde la organización señalaron que las propuestas que surgieron en La Plata formarán parte de un proceso federal que tendrá su próxima instancia en Córdoba. El 13° Encuentro Nacional de Salud buscará reunir el 28 de noviembre las experiencias de equipos sanitarios, organizaciones y especialistas de todo el país para debatir una agenda común sobre financiamiento, acceso a tratamientos, formación profesional y políticas públicas.

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Helen Mirren,National Theatre Live,auditorio,público

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El peronismo cordobés busca una reconfiguración con las herederas de De la Sota

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CÓRDOBA.− A casi ocho años de la muerte del tres veces gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, la construcción que durante años fue uno de los ejes del poder del peronismo cordobés sobrevive repartida entre dirigentes que permanecieron dentro del oficialismo provincial, otros que se alejaron y un sector que encontró en la diputada nacional Natalia de la Sota la posibilidad de recuperar una identidad política propia.

Hace unos días se sumó la posibilidad de que la periodista Candelaria de la Sota, hija mayor del exgobernador, también se dedique a la política. Ella organizó el homenaje a su padre del martes pasado y dijo que decidió hacerlo porque “nunca había tenido uno a nivel nacional. El espíritu fue ”recuperar el país que él imaginaba”. En contacto con , explicó que tomó como base “Puentes”, un ciclo televisivo ideado y grabado por el “Gallego” que no alcanzó a emitirse.

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También esos contenidos −que en algún momento pueden terminar de editarse y difundirse− serán el eje de un streaming que hará Candelaria de la Sota con el nombre “Tomar la posta”. “Es como recoger el guante, retomar las ideas para un país mejor”, afirmó la periodista.

Candelaria dijo que invitó al homenaje a “todos” los dirigentes del peronismo. Solo hablaron el politólogo Federico Zapata; Santiago Siri, experto en tecnología; y el economista Martín Redrado, “con quien De la Sota hablaba mucho en los últimos tiempos”, según dijo.

También hubo un mensaje grabado del padre Pepe Di Paola (“otra fuente de diálogo”) y uno de José Luis Manzano, el empresario que en los años ’80 fue “compañero de la Renovación peronista”. Por ese espacio, De la Sota llegó a ser el compañero de fórmula de Antonio Cafiero, el gobernador bonaerense que cayó derrotado en la interna del PJ en 1988 con la dupla Carlos Menem−Eduardo Duhalde.

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La diputada nacional por Córdoba Natalia de la SotaPilar Camacho

En agosto del año pasado, Natalia de la Sota −quien ocupaba una banca en el Congreso por “Hacemos por Córdoba”, el oficialismo provincial− anunció su salida de ese espacio y lanzó “Defendamos Córdoba”. Se alió con el Frente Grande y el Partido Laborista y así generó un escenario inédito para el peronismo local desde la creación de la sociedad que llevaron adelante su padre y Juan Schiaretti, y que hoy encabeza el gobernador Martín Llaryora.

El cordobesismo

El denominado cordobesismo exhibió, después de mucho tiempo, grietas en su interior. La estructura de Llaryora ya tiene sello propio y la amplió a sectores del radicalismo y de Pro. El año próximo deberá decidir si los libertarios serán sus aliados electorales o si regresará a las fuentes del peronismo. En tanto, Schiaretti desembarcó este año en la Cámara de Diputados tras una fallida campaña presidencial en 2023.

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Natalia de la Sota no solo abandonó el espacio, sino que se cruzó con Schiaretti. El exgobernador, entonces cabeza de la lista a diputados de Provincias Unidas, señaló que ella prefirió irse “al kirchnerismo”. Natalia de la Sota planteó que creía que “le mentían” a él y que ambos estaban en “posiciones distintas desde que Schiaretti hizo un acuerdo con Milei”. Es una pelea entre los apellidos fundadores de la sociedad política.

Juan Schiaretti, Martín Llaryora y Juan Carlos Maqueda en el homenaje a De la SotaPrensa Schiaretti

Natalia de la Sota quedó tercera en la elección legislativa de 2025, con el 8,75% de los votos, y retuvo su banca. “Hoy empieza una etapa de renovación en Córdoba”, dijo esa noche. Desde entonces, no hay acercamiento con el peronismo de Llaryora y Schiaretti. En cambio, la diputada trabaja en la construcción de “una alternativa” a los libertarios, pero también al kirchnerismo, con dirigentes como Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz y Guillermo Michel.

Camino interrumpido

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José Manuel de la Sota construyó su poder a partir de 1998, cuando logró romper la hegemonía radical y llevó al peronismo al poder en la provincia con Unión por Córdoba, una alianza que excedía al PJ e incorporaba partidos de centro y centro-derecha, y se apoyaba en una idea de peronismo provincial con autonomía de Buenos Aires. En 2003 fue reelegido; luego lo sucedió Schiaretti. Regresó a la gobernación en 2011 y, después, de nuevo se sucedieron dos mandatos de “El Gringo”. En 2023 llegó Llaryora.

Esa sociedad tuvo fisuras que los integrantes supieron disimular, pero en Córdoba ya se hablaba de la interna entre “delasotistas” y “schiaretistas”. En septiembre de 2018, cuando De la Sota murió en un accidente de auto, estaba trabajando activamente con la intención de ser candidato a presidente y armar una opción frente al macrismo. No era el mismo camino, por cierto, que había elegido Schiaretti.

De la Sota junto a Mauricio Macri, a quien no eligió como aliado político, a diferencia de SchiarettiSantiago Filipuzzi –

Meses antes de morir, De la Sota había tenido un encuentro con Máximo Kirchner en el intento de alcanzar una “unidad más amplia” del peronismo. Su vínculo con Néstor y Cristina Kirchner había tenido momentos de acercamiento y también de confrontación, pero pensaba que podía generarse una alianza amplia, como la que en su momento logró en Córdoba. En la misma sintonía pensaba en su afinidad con Sergio Massa.

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Ahora, ocho años después, el núcleo más claramente identificado con la tradición política de De la Sota encontró en su hija Natalia, la diputada nacional, una referencia. Ella construyó un perfil propio y no descarta ser candidata a gobernadora, mientras mira los armados nacionales en marcha. La aparición en escena de Candelaria, la otra hija del exgobernador, generó sorpresivamente la semana pasada una foto de unidad en el peronismo como no se veía desde mucho tiempo atrás.




recuperar una identidad política propia,señaló que ella prefirió irse “al kirchnerismo”,Gabriela Origlia,Partido Justicialista,Conforme a

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La reacción de los kelpers a las medidas de Javier Milei por Malvinas: “Los argentinos son nuestros vecinos ruidosos”

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Por Pablo Duer, agencia EFE

El reclamo de soberanía de Javier Milei sobre las Malvinas, las acciones contra las petroleras en esas islas y las recientes declaraciones de Donald Trump sobre la disputa han elevado la tensión entre Argentina y el Reino Unido, pero entre los isleños la sensación es muy distinta: hastío ante una historia que se repite.

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Administradas por el Reino Unido desde su ocupación en 1833 y reclamadas desde entonces por Argentina, las Malvinas han sido durante casi dos siglos fuente de discrepancias entre ambos países, que llegaron a enfrentarse por el archipiélago en la guerra de 1982.

Los primeros años del Gobierno de Milei fueron de relativa distensión, un escenario que cambió con el renovado impulso del mandatario al reclamo de soberanía y las medidas adoptadas en las últimas semanas.

En las islas, este rebrote de tensión contrasta con la tranquilidad de una población acostumbrada a convivir con una disputa que alterna períodos de calma con otros de renovada fricción.

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Diría que en general la gente está hastiada. Ya hemos vivido esto, es un tema constante, así que no estamos especialmente preocupados”, dice a EFE Janet Robertson, exintegrante de la Asamblea Legislativa de las Malvinas y quien recuerda episodios similares durante las últimas décadas.

Las Malvinas como distracción

Respecto al repentino giro de Milei, quien en el pasado llegó a reconocer su admiración por Margaret Thatcher, Robertson opina que “era inevitable que ocurriera en algún momento” y considera que es una “distracción” ante las dificultades que enfrenta el mandatario para reactivar la economía argentina.

“El tema de las Malvinas siempre se enfatiza cuando las cosas están difíciles internamente”, argumenta.

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El reclamo de soberanía de Javier Milei sobre las Malvinas, las acciones contra las petroleras en esas islas y las recientes declaraciones del estadounidense Donald Trump sobre la disputa han elevado la tensión entre Argentina y el Reino Unido, pero entre los isleños la sensación es muy distinta: hastío ante una historia que se repite. (Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)

El cambio de postura ocurrió a inicios de este mes, cuando Milei se refirió a las Malvinas como “la causa más importante y sagrada” de los argentinos, después de que Donald Trump amenazara con revisar la histórica neutralidad estadounidense sobre la disputa en medio de su campaña de presión a Londres para aumentar su gasto en defensa.

El presidente argentino anunció después el endurecimiento de las sanciones contra las petroleras que operan en las islas sin autorización de Buenos Aires, a lo que el Reino Unido respondió que su compromiso es “absoluto e inquebrantable” con los isleños, quienes decidieron, por abrumadora mayoría, seguir perteneciendo a Reino Unido durante un referéndum celebrado en 2013.

Consultados por EFE, habitantes de las islas restaron importancia a los anuncios de Milei y coincidieron en que es difícil que se modifique la situación.

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“No creo que las sanciones vayan a suponer una gran diferencia porque se basan en una ley que lleva 15 años en vigor y que no ha tenido un efecto disuasorio”, subraya el periodista y comentarista político isleño Ronnie MacLennan Baird.

El periodista y comentarista político isleño Ronnie MacLennan Baird posa durante una entrevista en Islas Malvinas.  (Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)
El periodista y comentarista político isleño Ronnie MacLennan Baird posa durante una entrevista en Islas Malvinas. (Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)

Se refiere a la ley de hidrocarburos aprobada en 2011 durante el Gobierno de Cristina Fernández (2007-2015), que obliga a las petroleras a contar con autorización argentina para operar en aguas que el país suramericano reclama como propias.

Milei busca agilizar los mecanismos para sancionar a estas empresas y reactivar la construcción de una base militar naval en el extremo sur del país, a unos 700 kilómetros de Malvinas, así como un proyecto de ley para endurecer las penas contra las petroleras y otras compañías que operen en las islas.

“No es más que ruido”

“La mayoría de la gente aquí entiende que no es más que ruido y, mientras tanto, tenemos que seguir adelante con nuestras vidas”, continúa el analista, que cuenta que, en las islas, Argentina y sus sucesivos gobiernos son vistos como “vecinos ruidosos”.

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Según MacLennan Baird, hay mayor preocupación por cuestiones como los cambios que traerá el desarrollo petrolero, tanto a nivel económico como en lo social y ambiental.

El reclamo de soberanía de Javier Milei sobre las Malvinas, las acciones contra las petroleras en esas islas y las recientes declaraciones del estadounidense Donald Trump sobre la disputa han elevado la tensión entre Argentina y el Reino Unido, pero entre los isleños la sensación es muy distinta: hastío ante una historia que se repite. (Foto: EFE/Juan Ignacio Roncoroni)
El reclamo de soberanía de Javier Milei sobre las Malvinas, las acciones contra las petroleras en esas islas y las recientes declaraciones del estadounidense Donald Trump sobre la disputa han elevado la tensión entre Argentina y el Reino Unido, pero entre los isleños la sensación es muy distinta: hastío ante una historia que se repite. (Foto: EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

La sensación de hastío -e incluso indiferencia- hacia los anuncios de Milei convive con la irritación de parte de la población por las afirmaciones de Trump, que consideran vuelven a convertir a las islas en una pieza de disputas políticas que les exceden.

La última declaración del presidente estadounidense se produjo el pasado sábado, cuando dijo que las Malvinas “son muy interesantes”, enfatizó que Argentina y el Reino Unido están “enfadados” y se refirió a la posibilidad de un renovado conflicto: “Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese desastre potencial, pero si lo hacen, probablemente podré solucionarlo”.

Si bien MacLennan Baird reconoce que las palabras de Trump “cambian un poco la música de fondo”, asegura que los isleños saben que no deben dar demasiado peso a todo lo que dice: “Ninguna de las personas con las que he hablado se está tomando demasiado en serio lo que Trump está diciendo. Dice muchas cosas”, afirma.

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Más que temor a un nuevo conflicto, el analista describe una sensación generalizada de frustración por ver a las islas una vez más en el centro de tensiones internacionales: “Estamos cansados de ser un juguete político, de ser peones en un tablero de ajedrez”

Islas Malvinas, malvinas, Javier Milei

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