CHIMENTOS
Catherine Fulop le dedicó una carta abierta a Gia, su nieta: “Abuelar es un amor distinto”

Con una foto en brazos de su nieta recién cumplidos los cinco meses, Catherine Fulop publicó en Instagram uno de los textos más personales de su vida pública, una carta abierta a Gia, su nieta, que acumuló más de 40.000 “me gusta” en la primera hora y que dejó en claro el lugar que ocupa esa pequeña en su vida. “Cinco meses de Gia”, escribió la actriz venezolana como título, y lo que siguió fue una reflexión sobre la maternidad, la distancia y un tipo de amor que, según sus propias palabras, no se parece a ningún otro.
“Dicen que los nietos llegan para enseñarnos que el amor siempre puede crecer un poco más. Y es verdad”, arrancó Fulop en el posteo. La frase funcionó como punto de partida para una descripción del vínculo con su nieta que la actriz definió con precisión: “Porque abuelar es un amor distinto. Más sereno, más consciente, más agradecido”. Y continuó: “Es mirar desde el corazón a los hijos de nuestros hijos y entender que la vida nos está regalando una nueva oportunidad para maravillarnos”. Luego, agregó: “Es cantar bajito, contar historias, ofrecer consuelo, jugar, reír y acompañar. Es volver a descubrir el mundo en una mirada limpia, en unas manos pequeñas, en una sonrisa que transforma cualquier día”.

El texto, escrito en primera persona y con un tono íntimo poco habitual en las redes de una figura pública, recorrió los cinco meses que Fulop pudo compartir con Gia de cerca. La actriz describió esa etapa como un regalo: “Qué regalo ha sido poder verte crecer tan de cerca durante estos primeros cinco meses. Compartir tus rutinas, tus descubrimientos, tus avances y esos momentos cotidianos que parecen pequeños, pero que terminan ocupando para siempre un lugar inmenso en el alma”. Las imágenes que acompañaron el posteo mostraron a Fulop con la beba en brazos, sonriente y relajada, y también a su marido, Ova Sabatini, sosteniendo a Gia con una ternura que no pasó desapercibida entre los seguidores. Una tercera imagen, en blanco y negro, mostró a la propia actriz con la beba en brazos en un espacio al aire libre, señalando algo en el jardín.
El momento más emotivo del texto llegó cuando Catherine anticipó la inminente partida de su nieta hacia Roma, ciudad donde vive la familia de su hija Oriana Sabatini junto a su pareja, el futbolista Paulo Dybala. “Y aunque pronto volverás a Roma, también sé que el amor no entiende de distancias. Claro que voy a extrañarte. Claro que dolerá no tenerte cada día entre mis brazos”, escribió la actriz, y completó: “Pero una parte de mí viajará contigo, y una parte de ti se quedará para siempre conmigo”.

La despedida anticipada que plantea el texto tiene una dimensión concreta: Gia nació en Italia, donde Oriana y Dybala tienen su residencia, y el tiempo que la familia extendida pudo compartir con la bebé en la Argentina tiene fecha de vencimiento. Ese contexto le dio al posteo de Fulop un peso adicional que sus seguidores captaron de inmediato. Los comentarios se multiplicaron con mensajes de apoyo, identificación y afecto hacia la actriz, que en los últimos meses no ocultó la emoción que le generó convertirse en abuela por primera vez.
El cierre del texto fue directo hacia Gia: “Gracias, Gia, por enseñarme que el corazón tiene espacios que solo se descubren cuando llega una nieta”. Y terminó con un deseo: “Felices 5 meses, mi amor. Que la vida te encuentre siempre rodeada de amor, de raíces fuertes y de alas para volar”.
Fulop y Sabatini son pareja desde hace más de tres décadas y tienen tres hijas: Oriana y Tiziana. La llegada de Gia, primera hija de Oriana y Dybala, los convirtió en abuelos por primera vez a comienzos de este año. Desde entonces, la actriz no ocultó en sus redes la intensidad del vínculo con su nieta, con posteos que registraron distintos momentos del crecimiento de la bebé durante su estadía en la Argentina.
CHIMENTOS
Barbie Simons recordó la difícil decisión que tomó a los 15 años tras la trágica muerte de su papá: «Fue muy…»

Este sábado 3 de octubre, tuvo lugar un nuevo programa de La Noche de Mirtha (El trece), donde Barbie Simons fue una de las invitadas. Mientras Juana Viale charlaba sobre la decisión que toman los jóvenes de irse a vivir al exterior, buscando nuevas oportunidades, la periodista tomó la palabra. Durante su discurso, rememoró al muerte de su papá Leonardo y cómo fue su mudanza inesperada a los Estados Unidos.
«Yo siento que está muy idealizado esto de la idea de irse afuera, de los jóvenes que se van a vivir afuera«, comenzó a decir Simons. Y allí habló de su propia experiencia personal que fue uno de los momentos más difíciles de su vida: «Te lo digo yo, que estuve viviendo afuera 15 años, en Estados Unidos, y me preguntan por qué volví. La gente tiene muy idealizado, sobre todo, este sueño americano«.
Allí, reveló que había tomado la decisión de irse tras la muerte de su papá ya que deseaba dejar atrás de ese período de su vida. «Había fallecido mi papá, yo tenía 15 años y mi hermana se había ido a estudiar a la universidad en Estados Unidos cinco meses antes. Yo quería estar cerca de mi hermana«, continuó durante la entrevista.
En este sentido, Barbie reconoció que deseaba empezar una nueva vida para olvidar lo que había sucedido. “Fue difícil las circunstancias en las que falleció mi papá y sentí que, bueno, queríamos empezar una vida nueva y sentí que la mejor manera era en un lugar donde más o menos conocía, con mi hermana y mi mamá”, aseguró.
QUIÉN FUE LEONARDO, EL PADRE DE BARBIE SIMONS
Leonardo Simons fue uno de los conductores más populares de la televisión argentina durante las décadas de 1970, 1980 y 1990. Nacido como Leonardo Simón Wowe el 1 de septiembre de 1947, construyó una extensa trayectoria en los medios y se convirtió en una de las grandes figuras del entretenimiento televisivo. Entre sus trabajos más recordados se encuentran “Finalísima” y “Ta-Te-Show”, programas con los que alcanzó una enorme popularidad.
Su historia profesional comenzó desde muy joven. Proveniente de una familia humilde de origen judío y criado en Villa Crespo, comenzó a trabajar como vendedor ambulante cuando tenía apenas 11 años. Con el tiempo descubrió su vocación artística y comenzó a participar en la animación de bailes escolares. Después de terminar el colegio secundario, estudió en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), donde se recibió de locutor nacional en 1968. Ese mismo año inició su carrera televisiva.
A lo largo de los años, se consolidó como un conductor asociado al entretenimiento familiar y llegó a convertirse en una de las caras más reconocidas de la televisión argentina. Barbie recordó en distintas oportunidades que lo acompañaba a trabajar y que desde pequeña sentía fascinación por el mundo de la televisión. Incluso contó que soñaba con formar parte de “Jugate conmigo”, aunque su padre le insistía en que primero debía estudiar y formarse.
Barbie Simons
CHIMENTOS
Nicolás Giacobone, el guionista detrás de la última película de Tom Cruise: “La crisis del cine argentino es desastrosa”

Nicolás Giacobone vuelve a colaborar con Alejandro González Iñárritu en Digger, la producción protagonizada por Tom Cruise que se estrenó este 1 de octubre en la Argentina y ya se ubica entre los títulos a seguir en la carrera hacia la 99.ª edición de los Premios Oscar, prevista para el 14 de marzo de 2027 en el Dolby Theatre de Hollywood. El guionista argentino, ganador de la estatuilla por Birdman, participó de la reescritura de una historia que el director mexicano había comenzado a desarrollar una década atrás.
En diálogo con Teleshow, el guionista habló de la experiencia de trabajar otra vez con Iñárritu, del rodaje en los estudios Pinewood de Londres junto a Cruise y de una película atravesada por la crisis climática. “No recuerdo una película de estudio que sea tan rupturista, que juegue tanto”, sostuvo sobre el proyecto. También analizó el presente de Hollywood, el deterioro de la producción audiovisual argentina y sus próximos trabajos, entre ellos la adaptación junto a Peter Gabriel de The Lamb Lies Down on Broadway, de Genesis.
El escritor también alertó sobre el presente de la industria audiovisual argentina, marcada por la reducción de la producción y la falta de respaldo estatal. “Tiene que cambiar urgentemente porque, si no, va a colapsar”, afirmó. Para el guionista, el sector necesita condiciones que permitan a sus trabajadores sostenerse con su oficio: “Lo que falta es apoyo para que esa gente no tenga que vivir de otra cosa distinta de lo que sabe hacer”.
—¿Qué significó para vos trabajar en este proyecto encabezado por Tom Cruise, el “Señor Hollywood” y una de las últimas grandes estrellas del cine?
—No me da lo mismo. Es increíble. Uno tiene los recuerdos de espectador, de ver a todos estos monstruos en películas. Pero para mí lo más especial fue que Alejandro me invitara a colaborar en esto y que me abriera la puerta a trabajar en una película que se filma en un estudio legendario como Pinewood, en Londres. Poder verlos trabajar, estar cerca, verlos ensayar y ayudar a construir esto es algo que no se va a repetir. No recuerdo una película de estudio que sea tan rupturista, que juegue tanto y con estas figuras aceptando jugar ese juego y darlo todo por esta historia.

—¿Cómo llegó la invitación de Iñárritu?
—Habíamos terminado de hacer Bardo y él tenía este proyecto que había empezado a trabajar hacía diez años. Dijo: “Tengo esto encajonado, a ver si lo podemos retrabajar”. Llamó a Alex Dinelaris y a mí, y propuso reunir al equipo de Birdman para encontrarle una vuelta nueva. Nos juntamos en Los Ángeles. Estuvimos un tiempo comiendo, caminando, pensando y tratando de ver cuál era nuestra versión de esta película.
—¿Cómo son esas jornadas de trabajo? Sé que no son ustedes bajando las ideas a la computadora.
—Justamente no escribimos mucho al principio. Se trata más de pasar tiempo juntos, de poder decir lo que uno tiene en la cabeza sin miedo y de hablar también de la vida. De a poco vas encontrando algo. Las ideas no surgen de sentarse a mirarse y ver quién dice una idea primero. A veces estás cenando a las doce de la noche y aparece ahí. Se trata de permitir el contexto de estar juntos. Por momentos estás en un sofá o tirado en el piso, rompiéndote la cabeza contra la pared para pensar. En otros momentos salís a caminar o a tomar algo. Después empieza el proceso de poner escenas en papel y se vuelve un ida y vuelta.

—¿Qué tipo de comidas eligen? ¿Van a restaurantes? ¿Piden?
—Nos encanta comer y disfrutamos mucho de eso. También depende del país: si estamos en México comemos unas cosas y, si estamos en Estados Unidos, otras. Siempre es una excusa para seguir encontrándonos el desayunar, almorzar o tomar algo.
—¿Cómo vivís el trabajo de guionista? ¿Sufrís al escribir?
—Las películas son obras en las que participa mucha gente, se terminan y salen al mundo. A algunas les va mejor y a otras peor. Lo que a mí me define es el trabajo previo. Después, la película ya le pertenece al mundo. Hay momentos en los que la pasás mal. Hay ideas que no salen o caminos que parecen correctos hasta que descubrís que no lo son y tenés que volver atrás y tirar muchas cosas a la basura. Mi frase es: “Confiar en el proceso”. Me gusta poner una palabra atrás de la otra. Me gusta escribir una oración y verla. Me gusta la literatura. Disfruto de escribir desde el lugar más básico que hay.

—¿Cómo recibís las críticas?
—Al principio me costaba, porque uno tiende a no entender aquello con lo que los demás no están de acuerdo. Pero me miré a mí mismo y pensé: “¿Cómo soy yo como espectador de películas de otros?”. Así es la gente con lo que uno hace. Nada de lo que hice fue amado al 100 % ni detestado al 100 %. Nunca tuve un éxito de esos que decís: “A todo el mundo le encantó”. Ni siquiera Birdman, que ganó premios, estuvo exenta de críticos que le dieron muy duro. Lo peor es cuando las películas pasan de largo y nadie las ve. Lleva la misma cantidad de trabajo hacer una película que fracasa que una que triunfa. Si la ven muchas personas y muchas la odian con el alma, bendita sea, porque al menos generaste una emoción.
—¿Qué expectativas tenés en la recepción de Digger?
—Va a tener gente que la va a defender mucho. Habrá quienes no la entiendan o digan: “No es para mí”. Pero siento que será difícil ponerse en contra de la película, porque lo que trata de hacer tiene un valor y hay mucho trabajo detrás. No es una canchereada de querer hacer algo raro.

—Uno de los grandes temas de la película es el cambio climático y hay una visión un tanto apocalíptica.
—No lo veo como algo deprimente. Tiene un lado que te pone frente a una pregunta: “¿Hasta qué límite podemos llegar? ¿Hasta dónde podemos llegar sin abrir los ojos o sin reaccionar?”. Pero incluso en esas situaciones vamos a seguir creando, viviendo en comunidad, colaborando y siendo humanos. La energía que se genera hacia el final, más allá de los símbolos puntuales, es positiva.
—La película entabla un diálogo entre el presente y las próximas décadas. ¿Qué observás de esta época?
—Es muy difícil hablar de esta época porque, primero, no tiene sentido en muchos aspectos. Uno piensa que ya llegó al límite de la sorpresa y, al mes siguiente, lo vuelven a sorprender de una manera que no puede imaginar. Siento que me criaron un poco a la vieja usanza: si hacías esto, iba a pasar esto. Y explotó todo por el aire. Es un poco aterrador y fascinante en muchos aspectos, pero siento que estamos llegando a un punto en el que hay que abrir los ojos. Ya no hay que recibir la información, porque la tenemos. Nunca tuvimos tanta como ahora. Quizás somos generaciones que crecieron con una comodidad muy grande y perdimos la capacidad de reacción.

—¿Qué implicaría reaccionar? ¿Qué lugar tuvo la investigación científica en la película?
—Hay que aceptar reformular la vida. Hay muchas cosas que damos por sentadas y que, en algún punto, nunca tendríamos que haber inventado. No es fácil pedirle a la gente que la pase mal. Es una situación muy compleja. Alejandro viajó un par de veces al Ártico durante esos diez años y trabajó con científicos. En mi proceso también hablamos con científicos. Es impactante asomarte a la gente que se toma esto en serio y conocer la información que están recopilando.
—¿Tenés una visión positiva?
—Tengo fe. No una fe religiosa: tengo fe en el ser humano y en que, en algún punto, vamos a reaccionar.

—¿Cómo surgió tu vínculo con la escritura?
—Para mí es todo circunstancial. No creo en la vocación ni en levantarse a la mañana y decir: “Soy escritor”. Uno encuentra cosas que le gustan y, entre todo lo que ofrece el mundo, va eligiendo. Yo elegí la literatura desde chico. El cine siempre me fascinó, pero había algo de la palabra escrita que me motivaba. Llegué bastante grande sin considerarme escritor, aunque era lector. Un día me compré una PC vieja. La instalé y no sabía para qué usarla, porque Internet era una porquería. Abrí Word y pensé: “Tengo Word incorporado”. Entonces me puse a tipear cosas. Simplemente amaba leer.
—¿Qué hacías antes de dedicarte al cine?
—Trabajé de mil millones de cosas: vendí ropa en un negocio, trabajé en El Querandí, que es una casa de tango, en el centro. Laburé en ATC como asistente de producción. Hice de todo y odiaba trabajar. Iñárritu leyó el guión de El último Elvis, que fue el primero que terminé con Armando Bo, que es mi primo. Se lo mandamos a un pibe en México que conocía a otro pibe que conocía a Iñárritu. Alejandro lo leyó y nos llamó.

—¿Cómo fue esa oportunidad?
—La primera película que estrené en mi vida fue Biutiful, con Iñárritu, en Cannes. Es un delirio. Se jugó por un argentino que no sabía ni quién era y que no tenía nada para mostrarle más allá de ese guión. Siempre le voy a agradecer que tuvo coraje o que está medio loco.
—¿Cómo influye Mariana Genesio Peña, tu pareja, en tus proyectos? ¿Le das consejos sobre su carrera?
—Estamos juntos hace mucho tiempo. Es mi familia. Ella lee todo lo que hago antes que nadie y me consulta cuando le ofrecen algo. No le doy consejos. El trabajo del actor es distinto. Le ofrecen cosas y a veces hay algunas que le gustan más y cosas que le gustan menos. Pero bueno, ahora es una época difícil. No hay mucho trabajo en este país, está muy difícil.

—¿Quién es más áspero a la hora de criticar?
—Yo soy el más rompepelotas de todos. Terrible. Mariana me parece que es una gran actriz. Puede haber personajes que me gustan más o trabajos que me gustan menos. Muchas veces la responsabilidad también es del director. Celebro todo lo que se logra hacer, pero odio el positivismo por deporte. Sé lo que para mí es genial y son muy pocas cosas. Mi familia me dice que soy medio amargo. Siempre le encuentro el problema a todo, pero no porque no lo disfrute: también le encuentro mil problemas a todo lo que yo hago. Somos imperfectos.
—¿Cómo ves el momento que está pasando el cine argentino y la situación del Incaa?
—Lo veo muy mal, desastroso. Siempre tengo proyectos porque tengo amigos con quienes me gusta desarrollar cosas, pero es muy difícil sacarlos adelante porque se produce poco y hay cero apoyo del Estado. Es mucho riesgo para los estudios y para todos. Hacer cine es caro. Hay que aliviar un poco ese riesgo y apoyar. La única manera es entender que la cultura y el arte son esenciales para un país.

—¿Qué podría ocurrir si la situación no cambia?
—Tiene que cambiar urgentemente porque, si no, va a colapsar. Van a quedar algunas plataformas o estudios grandes haciendo ciertas cosas, pero va a ser muy difícil. O todos se van a ir a trabajar a otro lado.
—Dentro de este mapa también está la televisión. ¿Qué futuro le ves?
—La televisión ya está, es como la radio con personas. Hay gente hablando. Ya no hay ficción ni mucho arte en la televisión. Hay noticias, deportes y programas con gente hablando. David Foster Wallace decía que la televisión es el hogar encendido de antes. Es lo que te da compañía, una especie de calor que está ahí. Tiene una utilidad, como la radio, que también va a seguir existiendo. Para lo que yo hago, la televisión ya no existe. Fue reemplazada por las plataformas. No son perfectas y tienen mil problemas, pero al menos generan contenido.

—¿Qué lugar conserva el cine frente a las plataformas?
—Estas películas son como los últimos intentos de entender la importancia del cine como lugar. Este año, en Estados Unidos, la taquilla fue récord histórico. Creo que el cine nunca va a dejar de estar. Hay que hacerlo crecer otra vez hasta lo que fue en los años 90, cuando un drama o una comedia en el cine eran un evento. La plataforma nos quitó un poco eso por la comodidad de verlo en casa.

—¿Qué tipo de producciones disfrutás ver?
—Veo de todo. Me gustan las películas de género, las comedias y la acción. A todo le encuentro algo interesante. Todo tiene su dificultad y su forma. Soy miembro de la Academia de Hollywood y suelo leer mucho más. En esta época del año, la Academia tiene una plataforma, como un Netflix propio, donde están las películas del año. Empiezo una especie de maratón para ver todo.
—¿Tenés algún placer culposo? ¿Ves algún reality, una comedia romántica de Jennifer Aniston?
—Mi pochoclo son las sitcoms muy bien hechas como Seinfeld, Friends, How I Met Your Mother. Me parece impactante cómo trabaja esa gente. Es un nivel de efectividad impresionante. Los guiones y los actores. Trabajan con veinte guionistas y, si el público no se ríe, paran y cambian el chiste. Eso me vuelve loco.

—¿Te gustaría escribir una sitcom?
—Me da terror. Es una cultura muy estadounidense. Si no tenés la cultura de actores, directores y escritores para eso, es muy difícil. Hacerlo acá desde cero es difícil. El cine es dedicarte de lleno a una cosa. Son 120 páginas a las que les podés dar dos mil millones de vueltas. No hay apuro. No es como la televisión, donde tenés seis meses para escribir quince capítulos.
—¿Cómo ves a Hollywood tras la huelga de 2023? Se dice que la industria audiovisual de Estados Unidos tuvo un gran quiebre.
—La industria está cambiando y todos se están ajustando a algo que no terminan de saber cómo va a ser. Esa es un poco la sensación. Lo que se venía pagando durante las últimas cuatro décadas a los actores y a todos ya no tiene sentido, salvo en proyectos muy comerciales. Los escritores tienen que aceptar ganar menos, los actores también y los productores acomodarse a lo que implica hacer una comedia o un drama.

—¿En qué proyectos estás trabajando?
—El único en el que estoy trabajando es uno con Peter Gabriel. Es una adaptación al cine de un disco de Genesis, el último que hizo con Genesis, The Lamb Lies Down on Broadway. Estamos en la etapa de tratamiento de encontrar el concepto y, a grandes rasgos, cómo va a funcionar la adaptación. Tengo un par de proyectos escritos. Uno es con el director de John and the Hole, una película que hice hace unos años en Estados Unidos. Estamos tratando de entrar en la etapa de casting y hay algunas ofertas dando vueltas. También estoy desarrollando un proyecto con dos amigos y colaboradores, Pascual Sisto y Matt Butcher, un escritor estadounidense de literatura. Es lo más experimental que hice en mi vida y estoy tratando de terminarlo. La primera persona a la que se lo voy a mandar es Daniel Day-Lewis. Va a decir que no, pero es mi deseo. Sería ideal para ese proyecto.
—¿Con qué actores y actrices te gustaría trabajar?
—Son muchos y depende de qué estés haciendo. John Goodman es un actor que siempre amé. Gary Oldman también. De acá soy muy fanático de Maricel Álvarez, con quien hicimos Biutiful, y Mariana Genesio es una genia. No sé si la conocés, es muy buena (risas). Creo que hay mucho talento en Argentina.

—¿Qué se necesita para que la industria audiovisual argentina crezca, que llegue al público de nuestro pais y llegue al mundo?
—Cuando hablamos de la situación del cine en general, hay mucho talento en todas las áreas. Lo que falta es apoyo para que esa gente no tenga que vivir de otra cosa distinta de lo que sabe hacer. Ojalá la industria argentina crezca. Yo me rompí el culo para escribir bien en inglés porque es una industria mucho más grande. Y no hablo solo de Estados Unidos. En Europa, por ejemplo, puedo escribir una película para Alemania, como un proyecto en el que trabajo con Austria, y hacerlo en inglés. Es un proyecto que no habría podido hacer en español. Pero, si la industria creciera, preferiría escribir en español y contar historias argentinas. Sin duda. Creo que hay mucho por hacer, aunque es difícil, muy difícil.
Fotos: Jaime Olivos/ Warner Bros
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: domingo 4 de octubre

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
La Luna en Leo enciende tus ganas de disfrutar, expresarte y hacer algo que realmente te entusiasme. Podés sentirte más creativo, espontáneo y con necesidad de salir de la rutina. Es un buen momento para dedicarle tiempo a aquello que te hace feliz y mostrarte tal como sos.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
Vas a necesitar sentirte cómodo, protegido y cerca de las personas que forman parte de tu mundo más íntimo. La Luna en Leo lleva tu atención hacia la familia y el hogar. Quizás tengas ganas de embellecer tus espacios, recibir gente en casa o simplemente quedarte donde te sentís seguro.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
La Luna en Leo activa las conversaciones, los encuentros y el movimiento. Podés sentirte más comunicativo y con ganas de compartir lo que pensás. Una charla, un mensaje o una noticia puede alegrarte el día. Aprovechá para decir aquello que necesitás expresar, pero también para escuchar.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Tu atención puede dirigirse hacia el dinero, tus recursos y aquello que te da seguridad. Tal vez tengas ganas de darte algún gusto o invertir en algo que te haga sentir bien. Disfrutá, pero evitá gastar solamente para levantar el ánimo. También es un buen momento para reconocer cuánto vale lo que hacés.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
Con la Luna transitando tu signo vas a estar más sensible, expresivo y conectado con tus propias necesidades. Vas a querer sentirte visto, escuchado y valorado. Permitite ocupar tu lugar sin esperar permanentemente la aprobación de los demás. Hoy necesitás hacer algo que sea verdaderamente para vos.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
Podrías sentir la necesidad de bajar el ritmo y alejarte un poco del ruido externo. La Luna en Leo te invita a descansar, cerrar pendientes emocionales y escuchar lo que sucede internamente. No hace falta estar siempre resolviendo algo. Un momento de tranquilidad puede ayudarte a recuperar energía.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
Amigos, grupos y proyectos cobran protagonismo. Podrías recibir una invitación, reencontrarte con alguien o sentir entusiasmo por un proyecto que compartís con otras personas. Es un buen momento para rodearte de gente que te inspira y te permite imaginar nuevas posibilidades.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
La Luna en Leo pone el foco sobre tus responsabilidades, objetivos y vida profesional. Podés sentir mayor necesidad de reconocimiento o de demostrar todo lo que sos capaz de hacer. Mostrá tus talentos, pero no te cargues con responsabilidades solamente para probar tu valor. Dejá que tu trabajo hable por vos.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
Vas a necesitar movimiento, inspiración y algo que rompa con la rutina. La Luna en Leo puede despertar ganas de viajar, aprender, estudiar o vivir una experiencia diferente. Seguí aquello que despierte tu curiosidad. Cambiar de escenario, aunque sea por unas horas, puede devolverte entusiasmo.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
Las emociones pueden sentirse un poco más profundas de lo habitual. Temas relacionados con confianza, intimidad o dinero compartido podrían ocupar tu atención. No necesitás tener todo bajo control. Permitirte reconocer lo que sentís puede ayudarte a comprender mejor qué necesitás de los demás.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
Con la Luna transitando tu signo opuesto, los vínculos ocupan el centro de la escena. Podrías estar más pendiente de las necesidades o reacciones de otra persona. Es un buen momento para encontrarte, conversar y compartir, pero sin olvidarte de lo que vos también necesitás dentro de una relación.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
La Luna en Leo pone tu atención en la rutina, el trabajo y el cuidado cotidiano. Podés sentir ganas de ordenar, resolver pendientes o mejorar algún hábito. Tratá de no exigirte más de la cuenta. Hacer las cosas con entusiasmo es importante, pero también lo es respetar tus tiempos y tu energía.
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