POLITICA
Nuevos aumentos salariales para las Fuerzas Armadas y de Seguridad: la decisión del Gobierno hasta diciembre

El Gobierno dispuso un aumento de 12,22% escalonado hasta diciembre para las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Así destinará más de $50.000 millones mensuales a la recomposición se sueldos de los efectivos. El Ejecutivo dispuso la medida tras los reclamos de los sectores uniformados, como anticipó TN. Los aumentos se concretaron a través de la Resolución 844/2026, publicada en el Boletín Oficial.
Las Fuerzas Armadas tendrán un aumento escalonado del 12,22% hasta diciembre. El primer tramo será del 6,9% desde el 1° de septiembre y alcanzará a todo el personal de las Fuerzas Armadas sin distinción de grado ni jerarquía, así como a los suplementos calculados sobre esa base.
El aumento, que también alcanza a los retirados, se suma al 17,62% acumulado entre enero y agosto, por lo que el haber militar proyecta una suba cercana al 32% para todo 2026.
Estos aumentos se agregan al Suplemento por Título implementado recientemente, que establece adicionales del 10%, 15% y 25% sobre el sueldo correspondiente al grado, de acuerdo el nivel educativo alcanzado.
El Ministerio de Seguridad, además, dispuso para las Fuerzas Federales un aumento transversal del haber básico desde septiembre, además de la creación, modificación y actualización de suplementos y compensaciones.
La medida alcanza al personal de la Policía Federal Argentina, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval Argentina, Servicio Penitenciario Federal y Policía de Seguridad Aeroportuaria.
Desde el Gobierno destacaron que este esquema de aumentos apuesta a “corregir asimetrías históricas entre las Fuerzas Federales, extendiendo reconocimientos entre fuerzas y actualizando los suplementos territoriales según las diferencias reales en el costo de vida”.
Indicaron además que “contempla el riesgo y la criticidad de las tareas, la responsabilidad profesional, los destinos operativos y funciones que hasta ahora no contaban con una compensación específica”.
Afirmaron que las medidas apuntan a “fortalecer y recuperar las fuerzas federales y las Fuerzas Armadas, mejorando las condiciones del personal y reconociendo las características específicas de sus tareas”.
Leé también: El Gobierno busca que las paritarias aseguren un salario bruto de $1.000.000: los gremios que podrían beneficiarse
Además, por orden del presidente Javier Milei y en un trabajo articulado con el Ministerio de Defensa, a partir de septiembre se reconocerá mediante un suplemento particular al personal de Comandos y Fuerzas Especiales y a quienes cumplen funciones específicas vinculadas al Programa F-16 Peace Condor.
Esta iniciativa reconoce la especialización y responsabilidad que demandan estas capacidades críticas y se integra a la política de jerarquización que acompaña el proceso de modernización de las Fuerzas Armadas.
Las claves de los nuevos aumentos salariales a las fuerzas de seguridad federales
- En Gendarmería Nacional se amplía el suplemento Destino Estratégico de Operaciones (D.E.O.) a los efectivos que participan de los Planes Operativos de Seguridad. Alcanza a 3510 efectivos, con una mejora de entre 20% y 30% del haber neto, y hasta 35% en las jerarquías más bajas.
- En la Prefectura Naval Argentina se crea el mismo suplemento para el personal desplegado en esos planes y un suplemento de alto riesgo para la Agrupación Albatros. Además, Gendarmería y Prefectura actualizan el Suplemento Zona, con nuevos destinos y coeficientes, alcanzando aproximadamente a 16.500 efectivos, con alzas de entre 10% y 30%.
- En la Policía Federal Argentina se crea un suplemento de Responsabilidad Profesional Sanidad y se incrementa en 30% la Compensación Custodia, la Compensación Ferroviaria y los Servicios Adicionales.
- En la Policía de Seguridad Aeroportuaria se crea una bonificación por Destino de Alta Complejidad para Aeroparque y Ezeiza, que alcanza a 2100 efectivos y representa hasta un 15% de aumento del haber neto para las categorías más bajas.
- En el Servicio Penitenciario Federal se avanza en la equiparación con el resto de las fuerzas federales, mediante la modernización del Suplemento Zona. Sumado a la creación de adicionales vinculados al riesgo, los grupos especiales, la responsabilidad profesional y el contacto con personas privadas de la libertad de alto riesgo. También se crean los Servicios Adicionales y los Recargos de Servicios y se regulariza la situación de los cadetes de Primer Año y los aspirantes.
Fuerzas Armadas, Ministerio de Seguridad
POLITICA
AFA: La sugestiva reunión de Tapia y Toviggino con el hombre de la máquina de contar billetes

La puesta en escena estaba prevista hace semanas. La excusa fue el centenario de la Liga Rionegrina de Fútbol. A la sede improvisada de la AFA Pilar llegaron Juan Pablo Beacon, que supo ser la mano derecha de Juan Pablo Toviggino, su padre, Alberto Beacon, y otros dirigentes de esa provincia. Tapia y Toviggino lograron mostrar la foto que buscaban hace tiempo, justo una hora que la Corte Suprema publicara un fallo muy adverso para los intereses de la AFA.
Beacon había interrumpido su relación con el tesorero de la AFA en octubre del año pasado. Toviggino lo acusaba de filtrar información sensible en su contra.
Durante años, el abogado había gestionado problemas judiciales de Toviggino y el manejo del dinero que supuestamente provenía de los desvíos en Miami. En marzo, publicó videos y fotos que revelaban cómo se movía dinero en efectivo en cajas, bolsas y mochilas. Nunca fue citado a declarar.
El circuito, a plena luz del día, arrancaba en financieras de la city porteña y terminaba en al menos dos domicilios vinculados a Toviggino.
Antes, había una parada intermedia en Lavalle 1718, donde trabajaban, al menos durante 2021 y 2022, Beacon, y uno de sus laderos, Cristian Brian Prendes, quien oficiaba como “secretario” o “cadete” y terminó como vocal del Comité Ejecutivo de la AFA.
Prendes también fue parte del encuentro en la sede de Pilar. Se lo vio sonriente a un costado de Toviggino.
En las oficinas de Beacon se hacía el recuento del dinero y salían los paquetes rumbo a “Montevideo y Quintana” o al “departamento de Belgrano”. “Llevale a PT a Montevideo”, o “llevale a Pablo a Montevideo”, son algunas de las instrucciones que presuntamente aludían a Toviggino, según el testimonio de una fuente con conocimiento del movimiento de fondos y la documentación.
Beacon se grababa a si mismo como un mecanismo para prevenir traiciones o desvíos.
En un video de casi diez minutos, Beacon mostró el conteo de los billetes para certificar la cantidad de dólares que le habían llegado. Son escenas similares a las que se vieron en “La Rosadita”, la financiera de Puerto Madero donde se contaba el dinero de Lázaro Báez.
En el medio le sirven un café y la grabación continúa hasta que encinta un sobre de papel madera. Al final le hace una marca específica con una birome negra y vuelve a encintar para resguardar ese “código interno”. “Queda la marca, así mismo lo llevo inmediatamente a la oficina”, dice mirando a la cámara. No aclara dónde estaba ni a quién le entregaría los US$115.600 que había contado. Sin embargo, otras imágenes a las que accedió , demuestran que estaba en su propia oficina, en Lavalle al 1700, y que el dinero fue enviado ese mismo día a un domicilio vinculado a Toviggino.
Esa semana se habían movilizado más de US$800.000. Beacon lo dejó por escrito: “Saldo al 16/5: 235K. Ingreso el 17/5 y 18/5: 598 (92% de 650K). Saldo al 19/5: 833 K. Entregado el 19/5 y el 20/5: 265.600. Saldo al 20/5: 567.400. (Quedan como objetivo para el martes: 234.400 (350 – 115.600 q entregue hoy 20/5)”.
En otra de las fotos reveladas por se pueden ver 39 fajos divididos en cuatro bloques. Dos de ellos tienen escrito en un papel amarillo que lleva escrito “C.C.”. Al costado quedaron otros billetes, que se encuentran doblados y agrupados con una gomita. Sólo se ven billetes de US$100. Si los fajos tenían US$10.000, tal como contabilizó Beacon en el video grabado, el monto acumulado en esa foto ascendería a 390.000 dólares.
Los protagonistas de esta trama también guardaron imágenes del delivery en la puerta de la AFA. El 7 de junio de 2022, Toviggino pidió que le lleven dinero en efectivo a “Chiqui” Tapia porque estaba en Pilar. “Para: Claudio Tapia. De: Pablo Toviggino”, decía la etiqueta pegada en una caja de vinos. La operatoria se repitió varias veces.
Se sospecha que todo ese dinero provenía de los desvíos del dinero que recaudaban las empresas “intermediarias” como TourProdEnter, de Javier Faroni. Esas firmas recaudaban los ingresos de la AFA en el exterior y luego la desviaban, en parte, a sociedades fantasma que emitían facturas truchas. Hay decenas de facturas que pasaron por las manos de Beacon y del propio Toviggino.
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POLITICA
Citaron a indagatoria a la sindicalista que compró un departamento en el edificio de Cristina Kirchner – Nexofin

El juez federal Julián Ercolini citó a declaración indagatoria a Abel Furlán, extitular de la UOMRA, y a la dirigente Soledad Calle.
La Justicia investiga una supuesta maniobra irregular que perjudicó los patrimonios del gremio y su obra social.
La citación para la exautoridad sindical se fijó para el 17 de noviembre, mientras que la militante kirchnerista deberá presentarse el 24 de noviembre. Asimismo, el magistrado ordenó la inhibición general de bienes y el bloqueo de cajas de seguridad bancarias.
Carlos Bianco, Soledad Calle, Axel Kicillof y Abel Furlán
La investigación apunta a la firma de convenios celebrados en 2023 con la empresa USEM S.A., entidad constituida apenas días antes. Sobre la imputación formal, la resolución judicial remarcó que los acusados “habrían administrado infielmente los intereses patrimoniales” de las instituciones.
La causa expuso que la gremialista se desempeñaba como empleada del sindicato mientras poseía la mitad del capital social de la firma contratada.
Finalmente, el juzgado detectó sobrecostos y condiciones desfavorables en los contratos de administración con vigencia proyectada a diez años. Pese a las acusaciones, la defensa solicitó el sobreseimiento del dirigente para evitar una fishing expedition sobre el gremio.
La entrada Citaron a indagatoria a la sindicalista que compró un departamento en el edificio de Cristina Kirchner se publicó primero en Nexofin.
Abel Furlán,Cristina Kirchner,Soledad Calle,UOMRA
POLITICA
Un punto negro en el mar: crónica del rescate a un muerto en el Mediterráneo y el fenómeno migrante detrás

MILAN, ITALIA.- Evento anunciador, pregonero. Algo que advierte de un hecho futuro. O, a veces y como en este caso, de un suceso del tiempo presente y constante. Nos encontrábamos sobrevolando el Mar Mediterráneo camino a Milán, Italia. El piloto del avión, con una semblante atípico, pidió a todos los pasajeros reunirse cerca del cockpit. Sacó su teléfono y lo distribuyó. En la pantalla, una imagen aparentemente abstracta. Es todo azul cobalto, parecen haber pequeñas olas, y un punto negro en el medio. La observamos, entornando los ojos, tratando de distinguir lo inusual en la foto. “Es un muerto”, ayudó.
El piloto es Enrique Piñeyro. El Boeing en el que nos encontramos es de él, como también lo es el barco desde el cual se avistó el cadáver flotando sobre el mismo cuerpo de agua que sobrevolamos. Su ONG, Solidaire, compró una embarcación para dedicarla a una operación permanente de rescate de migrantes en el mar. Navega los 365 días del año entre las costas africanas y de la península itálica identificando balsas o botes neumáticos que buscan llegar a Europa.
El hallazgo es un impacto sombrío para los miembros de la organización. Es la primera vez que recuperan del mar un cuerpo muerto. Los cientos que extrajeron del agua siempre fueron encontrados en mejor o peor estado de salud, pero siempre vivos.
Se hizo un silencio profundo pero breve. Enrique se quedó apoyado contra la consola de uno de los asientos de la cabina delantera, con la gorra verde gastada, la chomba azul oscura y una botellita de agua al lado. El teléfono, una vez que dio la vuelta completa para que cada uno observara, quedó ahí, boca arriba, con ese rectángulo azul encendido en medio de todos. Lo rodeamos sin que nadie lo organizara. Algunos de pie, contra los paneles grises del pasillo; otros hundidos en los asientos, y en conjunto los gestos eran los de una sala de espera. Una mano tapándose la boca, un mentón apoyado en el puño, brazos cruzados de quien no sabe dónde ponerlos. El zumbido parejo de los motores tapaba casi todo lo demás. En algún momento Enrique dio vuelta el teléfono contra la mesa. La pantalla azul desapareció pero el punto negro, no.
La catástrofe
En 2013, recién elegido, Jorge Bergoglio escogió Lampedusa, uno de los puertos de mayor recepción de migrantes, para su primer viaje como papa. Ocho años después, en un Ángelus, llamó al Mediterráneo “el cementerio más grande de Europa”. Piñeyro la corrige. Él no dice cementerio. Lo denomina fosa común.
Las dos definiciones tienen un sentido de contraste de contenido. Un cementerio tiene lápidas, nombres, fechas, alguien que vuelve a dejar flores. En una fosa común los cuerpos se amontonan sin identidad y sin deudos. El propio Francisco había rozado esa idea en Lesbos, cuando habló de un “cementerio frío sin lápidas”. En 2023 cambió el foco. Dijo que el Mediterráneo es un cementerio, pero no el más grande. El más grande, advirtió, es el norte de África, el desierto que estas personas atraviesan antes de llegar a la costa por la cual cruzan, usualmente en Libia.
El punto negro
Arriba del avión, Enrique nos dio el contexto. Después, Francisco Gentico, argentino y encargado de las operaciones de rescate de Solidaire, nos explicó el resto de lo sucedido.
El hombre apareció en aguas internacionales, frente a las costas de Libia. Era negro y tenía unos treinta años. Llevaba, calculan, al menos una semana en el agua. Lo saben porque flotaba.
Un ahogado no flota enseguida. Cuando los pulmones se llenan de agua, el cuerpo se vuelve más denso que el mar y se hunde. Ahí abajo empieza la descomposición. Las bacterias del intestino producen gases que inflan el cadáver de a poco, hasta que vuelve a subir. Ese regreso lleva días. Cuando por fin aparece en la superficie, el cuerpo ya está en parte deshecho. Tanto que la tripulación decidió no quitarle la ropa para buscar tatuajes o marcas que ayudaran a identificarlo. El objetivo era rozarlo lo menos posible. La delicadeza de la piel era tal que cualquier tacto en falso generaba daños que lo harían incluso más difícil de identificar por la morgue o los especialistas una vez en tierra.
Lo subieron a cubierta en dos bolsas mortuorias y lo guardaron en una de las dos cámaras frigoríficas que el barco lleva a bordo. Le tomaron fotografías y una muestra de pelo, por si algún día hace falta cruzar un ADN. Mandaron todo a dos organizaciones: Memoria Mediterránea y el programa de Restablecimiento de Contacto entre Familiares de la Cruz Roja. Ningún Estado hace ese trabajo. Lo hacen esas organizaciones, que intentan dar con una familia en algún país de África para que pueda, al menos, enterrarlo con su nombre.
Después avisaron a las autoridades. A Italia, que coordina los rescates en la zona. Lo habitual sería que indicaran un puerto o un punto de encuentro en alta mar para entregar el cuerpo, pero no contestaron. El barco siguió patrullando con un muerto en la cámara de frío, porque, nos explicaron, la prioridad siempre es seguir rescatando vivos. Recién cuando dieron con un pequeño grupo de personas, Italia les asignó un puerto. Ahí bajaron todos. Los vivos y el muerto.
Le preguntamos a Gentico qué habría pasado si el fallecido hubiera sido un tripulante. “Nos habrían pedido ir al puerto más cercano de forma inmediata”, contestó.
Uno solo
Inquietó a la tripulación el hecho de que estaba solo. No había rastros de un naufragio en kilómetros a la redonda. Buscaron botes destruidos, restos de rescates anteriores o de intercepciones de la guardia costera libia. Incluso, barcos ya salvados.
¿Cómo termina un hombre solo en medio del mar? La hipótesis que ofreció Gentico es la peor. Las represalias de los patrulleros libios cuando encuentran botas con migrantes suelen ser violentas y nadie que escapó de Libia quiere volver a sus centros de detención, donde la tortura y la violación son sistemáticas. Algunos se tiran al agua. Prefieren morir antes que regresar.
Estábamos ya a una hora de Milán, destino de escala intermedia en el que, precisamente, buscábamos investigar la catástrofe que es hoy el fenómeno migratorio. De hecho, el propósito del capítulo era correrse de la discusión que hoy ocupa a Europa (cuántos entran, cuántos se deportan, quién paga los centros en Albania, quién endurece más el discurso) y registrar la continuidad de la tragedia detrás. Sobre migración se puede debatir todo, pero frente a un muerto -casi- no hay posturas. Hay un muerto. O cientos.
Las políticas, posiciones ideológicas y su popularidad han cambiado a lo largo de las décadas sin avances reales en el proceso de impedir que la gente suba a un bote sabiendo que tiene altísimas probabilidades de morir en el camino. Para Piñeyro, el origen de todo está lejos de este mar. “Europa tiene que hacerse cargo del desastre que hizo en África durante siglos”, dice. Habla de poblaciones masacradas y de riquezas que se llevaron sin dejar nada a cambio. Un continente que creó el problema y que hoy paga para que otros lo contengan del otro lado del agua, o lo deja ahogarse en el medio.
Italia es la puerta de entrada de casi todo lo que sale de Libia. Es también el país que en 2017 firmó con Trípoli un memorándum para financiar, entrenar y equipar a la guardia costera libia, con el objetivo explícito de que intercepte los botes antes de que lleguen a aguas europeas y devuelva a sus ocupantes a tierra. El acuerdo se renovó solo, otra vez, en febrero de este año y seguirá vigente hasta 2029. Desde 2023, además, un decreto obliga a los barcos humanitarios a desembarcar después de cada rescate en el puerto que asigna el gobierno, muchas veces a días de navegación de la zona donde la gente se ahoga. Desde entonces, Italia inmovilizó 41 barcos de ONG. En ese mismo período, según la alianza de organizaciones de rescate Justice Fleet, se ahogaron 6490 personas.
El rescate
Cuando el Solidaire detecta un bote, empieza a correr el reloj. A veces el aviso llega por una línea de emergencia o desde un avión de vigilancia de otra ONG. Otras veces, de un tripulante que lo ve con binoculares desde el puente. En algunas oportunidades, la tripulación se contacta por radio con buques cercanos para tratar de derivar el rescate a alguien que esté más cerca de los migrantes, ya que es una obligación sacarlos del mar. Muchos de ellos los ignoran o ponen excusas para no hacerlo.
Lo primero que deben hacer es avisar al centro de coordinación de rescates de Roma y al resto de las autoridades competentes. Después, la tripulación baja al agua las lanchas semirrígidas para dirigirse a la embarcación detectada. Entre el avistaje y la llegada puede pasar una hora o más, y en este mar una hora es mucho tiempo. Por eso, mientras viajábamos con él, Enrique estaba evaluando comprar una lancha más rápida para acortar esa distancia.
Cuando el equipo llega, no se lanza sobre el bote. Se detienen a unos metros y alguien de la tripulación empieza a hablar, con calma, en inglés, en francés o en árabe. Les explica quiénes son: que no son la guardia costera libia, que no los van a llevar de vuelta. El encargado de la comunicación pide que no se paren, que no se tiren al agua, que no se carguen todos hacia el mismo lado. Un bote sobrecargado se puede dar vuelta con un solo movimiento brusco, y muchos de los que viajan ahí no saben nadar. Recién cuando se aseguran de la tranquilidad de los pasajeros a bordo, las lanchas se acercan, cuentan a los pasajeros, buscan a los más vulnerables (chicos, embarazadas, heridos) y reparten chalecos salvavidas a todos. Después empiezan a pasarlos, en tandas, a las lanchas. Luego, el viaje hasta la cubierta del barco, donde hay un espacio médico para atender deshidratación, quemaduras e hipotermia. Cuando el bote queda vacío, lo marcan con aerosol para que se sepa que ya fue rescatado. Por último, esperan la orden de Roma: el gobierno italiano les asigna un puerto, casi siempre lejano, con la obligación de ir sin desviarse.
Funciona así: desde enero de 2023, el decreto Piantedosi obliga a los barcos humanitarios a hacer un solo rescate por vez y a ir “sin demora” al puerto que les asigna el Ministerio del Interior. Cuando el barco llama, el ministerio elige lejos: Génova, La Spezia, Ancona, Ravenna. Son puertos que quedan entre 600 y más de mil kilómetros más allá de cualquier puerto siciliano, a hasta cinco días de navegación con náufragos a bordo. La extension de la travesía deja la zona de rescate vacía durante días y les genera costos adicionales a las ONG. Al barco que no obedece lo multan o lo inmovilizan. Pero Italia no actúa sola. Por las reglas europeas, el país donde un migrante pisa por primera vez el bloque es el responsable de su pedido de asilo, y la geografía convierte a Italia, Grecia, España y Malta en la frontera. Roma reclamó durante años que el resto de Europa compartiera la carga.
El nuevo Pacto de Migración y Asilo, vigente desde junio, prometía 21.000 reubicaciones para 2026. Los países se comprometieron a menos de la mitad, y Hungría y Eslovaquia no ofrecieron ninguna plaza. Así, Europa le deja a Italia la parte que nadie quiere hacer, pagarle a Libia y alejar a los barcos, e Italia la hace en nombre de una frontera que no es solo suya.
Milán fue, además, durante años, la bisagra del viaje. Desde octubre de 2013, el entrepiso de la Stazione Centrale funcionó como un centro de acogida improvisado para quienes desembarcaban en Sicilia y subían en tren hacia el norte. En la noche lluviosa en la que llegamos, muchos de ellos buscaban refugio en las cornisas del bestial edificio histórico.
La ciudad era la última escala antes de Alemania, Suecia u Holanda. Eso cambió cuando Francia, Suiza y Austria cerraron el paso. La ciudad de paso se volvió una donde la gente queda varada. Hoy el símbolo es otro: el centro de la vía Corelli. Fue centro de expulsión, después albergue para refugiados y ahora centro de repatriación. A fines de 2023, la Justicia lo intervino por las condiciones inhumanas en que vivían los detenidos.
Cada año, decenas de miles de personas llegan a Europa por mar. En 2025 fueron más de 146.000, según ACNUR, sobre todo a Italia, Grecia y España. Este año fueron menos: unas 60.000 hasta mediados de septiembre. Cuántos mueren en el intento es otra pregunta, y no tiene respuesta. Dar las cifras de muertos sería injusto. Son en función de lo que se sabe, de los puntos negros en el mar que fueron encontrados. Un bote que sale de la costa libia con cien personas y nunca llega a ningún lado no deja rastro. No hay lista de pasajeros, ni naufragio que reportar, y muchas veces tampoco una familia que reclame o denuncie. Nadie sabe cuántos son. Solo se sabe que son más. Para miles de personas, el Mediterráneo fue y seguirá siendo la frontera entre la vida que dejaron atrás y la que esperan encontrar. Para otras, fue la última frontera que intentaron cruzar.
LA NACION,Política,Camila Dolabjian,Conforme a
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