POLITICA
"Que haya PAS" para “que reine la paz”: la maniobra del Gobierno para las elecciones y el juego de desconfianza con las provincias

“Nosotros preferimos que primero nos voten la Reforma Electoral y después concentrarnos en las alianzas electorales. Ellos quieren hacer exactamente al revés. ¡Es todo un quilombo!”.
El integrante clave de la Mesa Política libertaria que resume sin metáforas el estado de las negociaciones con los gobernadores no necesita explicar demasiado más. Es que, a poco más de un año de las presidenciales del 24 de octubre de 2027, la discusión sobre el futuro de las primarias se transformó en un ida y vuelta incómodo, desgastante e interminable.
La Casa Rosada empuja para que los aliados acepten extirpar las PASO del calendario y recién más adelante se sienten a discutir cómo se van a repartir distritos, candidaturas y lugares en las boletas. Los caciques del interior, por el contrario, pretenden garantías antes de los votos en el Congreso, más teniendo en cuenta que este tipo de asuntos exige mayorías absolutas -37 senadores y 129 diputados- y eso los convierte en indispensables.
“¿Quién nos asegura que, si los protegemos de una competencia con nosotros los violetas y facilitamos sus reelecciones, después no vayan a usar ese poder para construir una alternativa presidencial?”, se preguntan unos. “¿Y quién nos jura que, si los ayudamos ahora, Karina y los Menem no nos vayan a llenar de opciones libertarias cuando llegue el momento de cerrar las listas?”, retrucan los otros. La dinámica de la rosca implica una muestra de confianza entre Javier Milei y los mandatarios provinciales. El problema, desde ya, es que nadie se fía de nadie.
El sistema político sabe que la eliminación completa y definitiva de las internas es, a esta altura del partido, virtualmente imposible. Por eso desde hace tiempo crece una salida que no está muerta ni mucho menos: la suspensión de esa herramienta, tal como sucedió en las últimas legislativas. Diego Santilli, “un optimista del gol” según su equipo, sigue convencido de que en los próximos dos meses puede conseguir los sufragios que lo vienen esquivando y evitar que la población tenga que ir al cuarto oscuro el 8 de agosto del año que viene. Sin embargo, hasta los más esperanzados admiten que el panorama ya no es el mismo que hace apenas unas semanas: sin ir más lejos, a finales de julio fuentes de la administración libertaria le habían dicho a Infobae que la cuenta estaba “70% cocinada”; hoy, la estimación baja a la mitad. “Estamos 50 y 50. Veníamos bien y nos trabamos”, reconocen ahora.

¿Qué sucedió en el medio? No cambiaron necesariamente “las ganas”. Cambiaron “los incentivos”. La reforma, presentada de manera formal en un ya lejano 22 de abril, se mezcló con la pelea por las alianzas a nivel nacional y terminó convertida en una moneda de cambio.
Pero atención: en ese juego de sospechas mutuas empezó a crecer con fuerza una tercera vía: que no haya PASO sino una PAS. O sea, “la posibilidad de mantener las primarias, abiertas y simultáneas, sólo que quitándoles la obligatoriedad”, admiten en el corazón del gabinete. “Si fuera así, no iría nadie a votar. No tendrían volumen. Las desinflás”, analizan. Y agregan un factor clave: la idea, que excede largamente la letra “O” que desaparecería de la sigla, podría traer “algo de calma” a una negociación cada vez más cargada de desconfianza; en las provincias no quedarían completamente sometidos a la lapicera del poder central y el Gobierno se quitaría de encima el peso de una contienda engorrosa y cara que además podría servir como una herramienta de cohesión para la oposición. No era la pretensión original. Tampoco es lo ideal. Es simplemente lo que hay. “La PAS permitiría que, al menos por un rato, reine la paz”, dice un ministro, coqueteando con las palabras.
Los sondeos de opinión pública que recibe la Casa Rosada entregan, curiosamente, argumentos para todos. Un estudio de Opinaia encontró que el 68% evalúa positivamente la muerte de las PASO, un número que a simple vista parece escrito para reforzar el discurso libertario sobre el costo de movilizar obligatoriamente a millones de personas para ordenar candidaturas partidarias. La Sastrería y TresPuntoZero, por su parte, formularon la pregunta de otra manera y obtuvieron una fotografía con matices: 36,3% quiere eliminarlas definitivamente; 33,6% conservarlas con voto obligatorio; 18,3% mantener el instrumento pero convertirlo en optativo; y apenas 3,6% suspender esa instancia sólo para la próxima elección. Ese mismo relevamiento ofrece un dato todavía más disonante para el relato oficial: cuando se consulta qué persigue realmente la Balcarce 50 con la reforma, apenas 38,6% responde que intenta reducir el gasto electoral contra un 48,2% que considera que busca mejorar su posición electoral y dividir a la oposición para la posible reelección de Milei.

Nadie en LLA niega que esa segunda consecuencia sería especialmente bienvenida y que, más allá de las justificaciones oficiales, es el gran objetivo de fondo de la reforma. “Si alguna de las tribus de Unión por la Patria gana una PASO con contundencia, al día siguiente esos resultados te pueden generar una convulsión política y económica: dólar, riesgo país, expectativas, todo. Si la borrás de las opciones, pateás el riesgo hasta octubre”, razona uno de los operadores que trabaja para sacar agosto de los almanaques. El antecedente de 2025 está demasiado fresco como para no aparecer en cada conversación: la derrota libertaria en las elecciones bonaerenses desdobladas generó varias semanas de incertidumbre antes de que lograra recomponer su desempeño en los comicios nacionales.
Con estas disquisiciones en mente, Javier y Karina Milei empezaron a bajar una recomendación poco habitual para un espacio que hizo de la pelea una forma de identidad: cuidar a los socios potenciales evitando enfrentamientos gratuitos con quienes, si todo sale bien, tendrán que levantar la mano en el palacio legislativo.
Eso sí: la tregua tiene condiciones. “Gobernador que no apoye, gobernador que no va a ser tenido en cuenta para futuros acuerdos”, amenazan. Hasta ahora, las posibilidades más concretas de compartir listas aparecen en el AMBA, Mendoza, Entre Ríos y Chaco, aunque Santilli, a pedido de “El Jefe” multiplicó al infinito reuniones y contactos. Un ejemplo: en apenas 36 horas mantuvo encuentros con Rolando Figueroa, Raúl Jalil, Juan Pablo Valdés, Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo, Carlos Sadir y Gustavo Melella. Cada provincia llega con una carpeta llena de “mangazos” y “El Colo” hace lo que puede con los pocos “caramelos” que tiene en el bolsillo, como cuentan a su lado: hay que inventar malabares para cumplir, en medio de la era del superávit fiscal, con los pedidos de obras, rutas, subsidios, autorizaciones para tomar deuda y Aportes del Tesoro Nacional.

Ahí aparece otra contradicción que complica la tarea de los negociadores. Mientras el ala política reparte gestos, Economía continúa mostrando la motosierra. Los guarismos permiten dimensionar la tensión: un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal calculó que entre enero y agosto las transferencias corrientes de Nación a provincias y municipios quedaron 86,6% abajo, en términos reales, respecto de 2023; si el ritmo de reducción del gasto se mantuviera durante el último cuatrimestre, el gasto primario de la Administración Pública Nacional terminaría 2026 en torno al 12,4% del PBI, 5,4 puntos menos que antes de la llegada de Milei.
El Presupuesto 2027, con sus planillas anexas llenas de centros a la cabeza de los mandatarios del interior, había sido imaginado como una herramienta para empezar a ordenar esa relación. Sorpresivamente, terminó abriendo un frente inesperado dentro del propio oficialismo. La controversia central giró, una vez más, en torno a la discapacidad: legisladores propios, aliados y opositores descubrieron que el texto introducía modificaciones sensibles y recortes de magnitud que no habían sido consensuados con nadie. La Rosada, que blanqueó una descoordinación total, fue un hervidero. Patricia Bullrich, que además de conducir el bloque libertario en el Senado integra la Mesa Política creada justamente para anticipar problemas parlamentarios, convirtió el fastidio en una declaración que sonó a hartazgo: “Si estamos el día anterior discutiendo y no nos enteramos de las cosas, yo siento que me toman de tonta”. Después, visiblemente ofuscada ante las cámaras de TV, pidió pensar las decisiones “tres veces” para no chocar contra la misma pared de siempre y calificó lo sucedido como un “error no forzado” capaz de hacer perder el partido. La ex ministra de Seguridad es la misma persona que hace horas abrió la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara alta sólo para comprobar que el poroteo para avanzar con los cambios electorales todavía da negativo. “Aceleró el debate sin tener todavía garantizada la mayoría y no está muy enamorada del proyecto”, la cuestionan los que no la quieren.
Un paréntesis obligado sobre uno de los artículos menos comentados de la Reforma Electoral que esconde un cambio de enorme peso simbólico: la eliminación de la obligatoriedad de los debates presidenciales. El proyecto oficial propone borrar del Código Electoral el capítulo que desde 2016 obliga a los candidatos a ocupar el Sillón de Rivadavia a confrontar públicamente sus propuestas antes de la primera vuelta y, si hubiera balotaje, volver a hacerlo antes de la definición. Como pasó inadvertida y temen que nadie la defienda, esta semana nueve organizaciones de la sociedad civil reclamaron al Senado que preserve esa instancia y alertaron que su desaparición terminaría recortando uno de los pocos momentos de la campaña en los que todos los postulantes quedan expuestos, al mismo tiempo y bajo las mismas reglas, frente a los votantes.

La política tiene, en paralelo, un adversario que no atiende teléfonos ni acepta obras a cambio: el calendario. La Cámara Nacional Electoral acaba de recordar que modificar reglas demasiado cerca de los comicios puede generar “más daños que beneficios” y citó los estándares internacionales que recomiendan preservar las características fundamentales del sistema durante el año previo a una elección. Alberto Dalla Vía, Santiago Corcuera y Daniel Bejas se cuidaron expresamente de no opinar sobre la conveniencia de la reforma y limitaron su advertencia a los tiempos de implementación, pero el mensaje fue suficientemente claro para quienes siguen haciendo cuentas: si el Congreso quiere alterar el esquema de 2027, la ventana se achica rápido y el oficialismo está contrarreloj.
La discusión proselitista toma forma, para completar el cuadro, en medio de una nueva oleada de encuestas que llega semana tras semana a los escritorios oficiales y que Milei suele leer con una mezcla de atención, fastidio y vocación por discutir las conclusiones que no coinciden con su diagnóstico. AtlasIntel ubicó la aprobación de Milei en 38,1% y la evaluación negativa en 58%, Zentrix destacó que el 53,2% dice que ya se le acabó la paciencia para ver resultados económicos, Analogías descubrió que el 65,5% prefiere que mejoren los sueldos y el trabajo por sobre la estabilidad de los precios y Opinaia encontró al desempleo, la pobreza y la corrupción entre las principales preocupaciones. Los mismos sondeos, de todas maneras, vuelven a mostrar una sociedad menos lineal de lo que sugieren algunos títulos: una parte relevante de quienes expresan desgaste no reclama necesariamente un cambio completo de signo político sino correcciones dentro del rumbo. Esa zona gris es la que el Gobierno pretende conquistar antes de que empiecen a imprimirse las boletas.
Proyección ofrece quizá la fotografía más interesante del momento: 63,3% de los consultados considera que la Argentina atraviesa una crisis económica y 51,4% responsabiliza principalmente al Gobierno actual; pese a eso, cuando se pregunta quién tiene mayor capacidad para mejorar la situación, el oficialismo aparece con 40,7%, frente a 29,2% de la oposición y un enorme 30,1% que no sabe a quién elegir. Hay descontento, pero todavía no está claro quién puede apropiárselo.
Los estudios de opinión pública conviven con indicadores de la economía real que también encendieron algunas luces amarillas. “Toto se hace el canchero pero está preocupado”, describe un dirigente violeta que frecuenta a Luis Caputo y que asegura haberlo visto golpeado por el impacto de los malos registros de la industria, la construcción y la reciente confirmación de la caída de 0,6% del Producto Bruto Interno (PBI) en el segundo trimestre del año frente al primero en la medición desestacionalizada.

Javier Milei se enfrenta a los números sin matices: en la reunión de gabinete del lunes pidió “cuidar la reputación económica” reconstruida durante su gestión, destacó la importancia de sostener la baja del Índice de Precios al Consumidor y el crecimiento del salario real, rechazó de manera explícita que “no haya consumo” y volvió a defender el sostenimiento del rumbo general. “Hay que profundizar las políticas que adoptamos”, resumió ante los suyos, algunos de los cuales forzaron rostros serios para esconder sus sensaciones de incredulidad.
Mientras tanto, en Olivos ocurrió un movimiento llamativo que también dice algo sobre el clima que rodea al Presidente. El Gobierno desplazó a doce empleados de la residencia, entre ellos al hasta ahora intendente de la Quinta, y resolvió transferir a la Casa Militar el control integral de la seguridad y de la administración del predio. La explicación oficial en un comunicado público usó como argumento la necesidad de reforzar los estándares de protección ante la visita de León XIV y el trajín extraordinario de personal que va a implicar su peregrinaje por Argentina, pero Infobae pudo reconstruir a través de tres fuentes oficiales que la decisión se produjo porque Milei está convencido de que hubo “filtraciones” sobre su intimidad en el lugar. “No me sorprende cierta paranoia si en cualquier encuentro que tengas con él tenés que dejar tu celular en un locker, un sobre o una bolsita”, cuenta uno de sus alfiles.
Con la misma convicción con la que suele afirmar que la política tradicional lo quiere “voltear”, el liberal libertario cree que muchos argentinos que hoy expresan cansancio terminarán valorando la estabilidad conseguida cuando llegue el momento de elegir y uno de sus operadores lo explica con una comparación doméstica que empezó a repetirse en las conversaciones de los pasillos del poder: cambiar de Presidente se parece a una mudanza; alguien puede pasar meses diciendo que está harto de su casa, mirar departamentos y fantasear con irse, pero cuando empieza a calcular el costo y la incertidumbre que implica abandonar lo conocido muchas veces termina quedándose donde estaba. Es, desde ya, la teoría con la que trabaja el oficialismo y no una certeza que pueda darse por descontada. Antes de comprobarla en las urnas, la Rosada tiene que resolver algo mucho más urgente: con qué reglas van a encarar un 2027 lleno de desafíos, aliados con precio propio, lealtades frágiles y turbulencias inesperadas capaces de cambiar de un día para otro el tablero que hoy todos creen tener bajo control.
POLITICA
Milei, entre Trump y León XIV

Si uno enumerara los pilares sobre los que se constituye el liderazgo de Milei y las posibilidades de éxito de su gobierno, podría identificar varios factores. Por ejemplo, haber identificado la inflación como el problema central; una gran capacidad de comunicación del propio Milei, implementada después en las redes sociales por el equipo que encabeza el “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo; y la indigencia conceptual que presenta todavía la oposición.
Pero hay un factor más, inusual, para el cual es difícil encontrar un antecedente: el respaldo excepcional del gobierno de Donald Trump, que no solamente lo salvó de la catástrofe electoral el año pasado con una intervención financiera directa del Tesoro de Estados Unidos, sino que además le ha permitido buscar distintos tipos de garantías financieras para pagar o renegociar los bonos de la deuda o conseguir inversiones, por ejemplo, para un megagasoducto que está planificando YPF.
La relación con Estados Unidos se ha constituido en una relación umbilical para la salud política de Milei. Ni Carlos Menem, que tuvo una aproximación tan intensa que se hablaba de relaciones carnales, alcanzó el nivel de respaldo que alcanzó y alcanza Milei por parte de Trump.
Ese respaldo produce la envidia del peronismo, sobre todo de los kirchneristas, que admiten que ni los chinos ni Lula fueron tan generosos con ellos a la hora de la urgencia. Estamos hablando, sobre todo, de la última etapa de la gestión de Alberto Fernández, la de Sergio Massa. Sostienen que nunca consiguieron un respaldo tan contundente y constante, como consiguió Milei de su propio padrino, Trump.
Este martes, esa columna va a estar puesta en tela de juicio en las elecciones intermedias de Estados Unidos. Casi seguramente el gobierno de Trump va a perder la Cámara de Representantes y está extraordinariamente peleado el Senado.
Trump ya le bajó el precio a la elección, probablemente presumiendo una derrota, al señalar que, en general, los gobiernos han perdido siempre las elecciones de mitad de mandato. Más allá de esa valoración, es una elección muy importante. Se puede detectar esa importancia en lo que está costando la campaña: unos US$12.000 millones, 2000 de los cuales fueron puestos por unos veinte magnates.
El que más puso es Elon Musk: 500 millones de dólares. La mitad los puso en el estado de Texas, que va a ser el enclave del nuevo mundo de la inteligencia artificial, donde tiene cifradas muchísimas expectativas económicas.
¿Qué puede pasar según el resultado? Si hay una derrota, depende de su magnitud. No es lo mismo perder la Cámara de Representantes que perder las dos cámaras. Si perdiera ambas, los demócratas seguramente reflotarían la iniciativa de un impeachment, que está en la cabeza del Partido Demócrata desde antes de que Trump llegara al poder en su primer mandato.
Si la derrota no es tan importante, muy probablemente pase sin pena ni gloria: Trump va a poder seguir teniendo las riendas de su gobierno y de su partido hasta el final del mandato. En cambio, si es significativa, se va a abrir la interna del Partido Republicano. Todo el mundo va a estar mirando quién es el eventual sucesor y se van a animar los demócratas, que carecen hoy de una figura nacional.
Tanto carece el partido opositor de ese nivel de liderazgo que ha salido al ruedo Barack Obama hablando, sobre todo, de economía y del costo económico de la guerra contra Irán, en la cual la gestión de Trump ha ido a la zaga del gobierno de Israel, que también está en discusión. Pasado mañana empiezan las negociaciones de cada grupo, para ver quién logra armar un gobierno con la mayoría necesaria del Congreso. Benjamin Netanyahu ganó la elección pero todavía no consiguió los votos del Congreso para armar la mayoría que le permita seguir al frente del gobierno.
La guerra con Irán ha introducido en el mundo de la economía una enorme, insoportable incertidumbre. A tal punto que figuras como Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, probablemente el banco más importante del planeta, están planteando que esto hay que terminarlo de alguna manera, porque el estrés al que somete a la economía, sobre todo porque toca el nervio energético, ya se ha vuelto tóxico. Probablemente, si hay una derrota importante de Trump, va a tener que revisar su estrategia en Medio Oriente.
¿Qué significaría para la Argentina esa eventual derrota importante de Trump? Que cualquier otro auxilio financiero, que ya sería problemático hoy, frente a una derrota, desataría una discusión mucho más agria. Muy probablemente el gobierno de Trump estaría paralizado ante el intento de auxiliar a Milei en otra emergencia financiera. Hay que recordar que, apenas Scott Bessent puso el cheque de US$20.000 millones para respaldar al gobierno, comenzó la discusión en Estados Unidos respecto del destino de los recursos del Tesoro.
La figura y el discurso de Trump alimentan a toda una corriente política, podríamos decir de ultraderecha, tal vez encabezada por Milei, pero que también tiene distintas manifestaciones con Abelardo de la Espriella en Colombia y, ni qué hablar, con los Bolsonaro. Si hay una derrota importante de Trump este martes, esa corriente probablemente perdería impulso en beneficio de otras formas de derecha, más de centro como Keiko Fujimori en Perú; José Antonio Kast, presidente de Chile; y probablemente el PP de Alberto Núñez Feijóo en España, que seguramente va a ganar las próximas elecciones.
Trump es una figura a la que está mirando Milei, que este martes viaja a España y se va a tener que encontrar en la Cumbre Iberoamericana con su enemigo Pedro Sánchez. Pero llega a la Argentina un contradictor de Trump, otro norteamericano: el papa León XIV.
León XIV acaba de votar en las elecciones de Estados Unidos, en las que se puede votar por adelantado, vía mail. A lo largo de su biografía ha votado a veces en las primarias republicanas y a veces en las demócratas.
Es un hombre que ya por el nombre que adoptó encarna un discurso contradictorio con el de Trump y el de Milei. Se llama León XIV, es decir, es el sucesor de León XIII, un papa de fines del siglo XIX que, ante la revolución social que se cursaba dentro de la Revolución Industrial, escribió el texto canónico de lo que sería la doctrina social de la Iglesia. Esa doctrina relativiza el derecho de propiedad, planteando que la propiedad privada debe tener una función social.
Rerum Novarum se llama esa encíclica, madre de muchas que hasta ahora expresan el pensamiento de la Iglesia en materia política y social. El cardenal Robert Prevost eligió el nombre de León para identificarse con ese Papa y viene diciendo cosas que entran en tensión con el clima de época encarnado por Donald Trump, sobre todo en materia de consideración con los que menos tienen y de multilateralismo a nivel internacional. Es un viaje importantísimo.
Se suponía que este iba a ser un Papa absolutamente despolitizado, y que con esa despolitización iba a contribuir a cerrar heridas abiertas en el contradictorio, impulsivo y desafiante papado de Jorge Bergoglio, que puso a muchas iglesias, sobre todo a la norteamericana, casi al borde de un cisma. Parecía que León XIV venía a guardar silencio y a suturar esas heridas. Pero no, en abril tuvo manifestaciones muy nítidas, no muy duras, pero sí muy severas, respecto de Trump. Una polémica que Trump decidió no continuar y que permitió a Giorgia Meloni bajarse de su carro con la excusa de que no podía contradecir al Papa, nada menos que en Italia.
¿Desde dónde habló León XIV para dirigirse a Trump? Desde Annaba, en Argelia, en el norte de África. En la antigüedad se llamaba Hipona. Es el lugar donde fue obispo san Agustín, el padre de la orden a la que pertenece Prevost.
Para el propio León XIV, dada una sucesión solidaria respecto de Francisco, pero también distinta, venir a la Argentina es un desafío. Esta visita que va a hacer a partir de este fin de semana a Buenos Aires, Córdoba y Luján es una especie de versión subliminal del viaje que no realizó Francisco. Viene al lugar de Francisco, al que su antecesor no volvió, y seguramente va a rescatar su mensaje, que podría cifrarse en que la vida humana, la vida en sociedad, no puede estar regida por una competencia darwiniana, por la ley del más fuerte, sino que hay que rescatar a aquel al que muchos sistemas económicos consideran como un descarte. A los marginados y los que pierden.
Por eso León XIV va a promover esta idea, yendo a un lugar donde están los olvidados de la sociedad. 400 personas con grandes discapacidades en el Cottolengo de Claypole, de la congregación de Don Orione, de las cuales prácticamente 350 no reciben ni siquiera visitas. Son personas olvidadas hasta por su familia. Cabe preguntarse cuánto tiene que tener en cuenta un gobernante la competitividad y cuánto la solidaridad social de la redistribución del ingreso.
El Papa viene a un lugar donde tiene amigos, y hay una peculiaridad increíble. El cardenal Ángel Rossi -que es jesuita y era amigo de Bergoglio- explicó que en los Sínodos los obispos se distribuyen por comisiones según la lengua que hablan y Prevost, que era obispo en Perú, se sentó en la mesa de habla hispana. Se autopercibe como hispanoamericano por haber sido obispo allá. Y esto le da una dimensión interesantísima a un Papa norteamericano pero que habla y piensa en español.
Uno de sus amigos es Jorge Antonio Gil Solórzano, superior de los agustinos. Otro es el obispo auxiliar de La Plata Alberto Bochatey, también agustino. Y un tercero es el padre Alejandro Moral Antón, que trabajó muchos años a la sombra de León. La iglesia fue adelantando el tono que va a tener este viaje hablando justamente de los problemas de pobreza y exclusión. Hay una encuesta de Hugo Haime, en la que se analizó qué opinión se tiene sobre el papa León XIV. El 49% dice que es positiva o muy buena, mientras que el 25% la considera regular, el 7% cree que es mala, y el 2% no lo conoce.
En cuanto a las categorías agrupadas, los que tienen una opinión positiva son el 62%, los de la negativa son un 11%, el 25% no sabe y el 2% no lo conoce.
Va a haber dos fenómenos que habrá que mirar como dos incógnitas. Uno tiene que ver con lo político: ¿qué efecto va a producir en el Gobierno, y en la política argentina que está tan desorientada? Lo más interesante va a ser calibrar qué efecto van a tener las multitudes que reúna. Es raro porque hoy es muy difícil reunir grandes masa de gente; a veces lo hace el fútbol cuando se es ganador. Lo cierto es que, si uno mira la avenida Libertador, se espera que haya una muchedumbre desde el Monumento a los Españoles hasta la boca del túnel, en Belgrano. Estamos hablando de una masa de gente nunca vista en Buenos Aires, ni siquiera durante el cierre de campaña de Raúl Alfonsín en 1983, que juntó a un millón de personas. Vamos a estar ante algo excepcional.
La otra pregunta, que está inspirada en lo que sucedió en España cuando fue León XIV, es qué efecto tendrá en la iglesia. Allí, la visita del Papa produjo una especie de repunte de la demanda, por decirlo en términos profanos. Hubo más gente yendo a misa y a los confesionarios. ¿Producirá algún movimiento espiritual? No hay que olvidarse que el que viene es un líder espiritual. En sus términos, él viene a evangelizar, no a hacer política.
También cabe preguntarse qué efecto producirá en los niveles de concordia y discordia que hay en la Argentina en relación con otros países. Todavía estamos en un conflicto con Brasil. El enfrentamiento entre dos presidentes de países vecinos.
En Brasil, la huída de Flavio Bolsonaro es interpretada como un límite que Milei decidió cruzar. Ya no se trató de insultar a Lula, sino de haber montado un dispositivo para que el candidato opositor pueda viajar a Estados Unidos desde la Argentina eludiendo una orden judicial. Hay una dimensión técnica, y real, en la que el Gobierno aclara que no hizo nada que no fuera lo correcto porque, según explican, Bolsonaro llegó con la documentación administrativamente habilitada, un pasaporte italiano, y lo dejaron pasar. En todo caso, lo que habría que preguntarse es por qué lo dejaron salir desde su país y no hubo un control de migraciones desde el lado brasileño. Es una pregunta interesante, no desde el punto de vista de la incógnita técnica. Permite pensar si no hubo cierta indiferencia o interés del gobierno de Lula de que ese opositor tan duro, que había sacado 60 millones de votos, se vaya del país y la derecha brasileña se renueve para tener interlocutores más cooperativos con el gobierno reelecto, que puede estar bloqueado en el Congreso.
Ahora, aparece el problema: la presencia de Santiago Caputo en toda la operación. Es ahí donde el gobierno queda involucrado en la operación. Cuando Damián Nabot, de , le preguntó, Caputo primero negó haber estado y luego, cuando le mostraron la documentación de que estuvo ahí, dijo “misterio”. Después aparecieron versiones muy detalladas de su permanencia en Misiones. Tan detalladas que da la sensación de que las dejó trascender el propio Caputo. Más tarde se fue retirando de esa imagen de los hechos para decir que no tuvo nada que ver. Es más, daría la impresión de que Caputo ahora no estuvo en toda esta jugada.
La política exterior argentina en Brasil empieza a complicarse. Ya llamaron a la encargada de negocios, dado que no hay embajador. El gobierno brasileño le pidió explicaciones por todo esto.
Pero, además, empieza a haber un juego distinto, que tiene que ver con otro tipo de legislación que se está impulsando en la Argentina y puede tener derivaciones complicadas: la Ley de Defensa de la Soberanía, que se está tratando en el Congreso. El ideólogo es justamente Santiago Caputo, quien la defiende día a día como si fuera una criatura propia, entre otras cosas porque allí se crea un Consejo de Seguridad Nacional, que imita al de Estados Unidos, y cuyas dependencias, en su mayoría, están vinculadas al mismo asesor, que no es funcionario.
Esta ley tiene una ironía inicial porque es de soberanía nacional pero ya hubo que cambiarle varios artículos por pedido de Estados Unidos. Ya arrancamos cediendo soberanía en la Ley de Defensa de la Soberanía. La ley penalizaba a todas las empresas que tuvieran una relación directa o indirecta con la extracción ilegal de petróleo en el mar que rodea las Islas Malvinas. Ahora hay que frenar esa virulencia porque, entre otras cosas, entre esas empresas que están ligadas a las que explotan petróleo está el yerno de Trump, Jared Kushner.
Es importante destacar el artículo 111 de la ley, que dice que cualquier inversión que sea hecha por un Estado extranjero o una empresa controlada por él, debe ser autorizada por ese Consejo Nacional de Seguridad, que va a estar dependiendo de Santiago Caputo. Todo el mundo interpreta que es un artículo hecho a la medida de China, y es verdad. Las empresas chinas tienen un vínculo muy estrecho con el Estado chino. Hasta le tienen que informar todo lo que ven, como si prestaran servicios de espionaje.
Sin embargo, no es el único país o empresas que pueden estar afectadas: Petrobras, que es del Estado brasileño, está por construir un mega gasoducto desde Vaca Muerta a Brasil en asociación con la empresa Gas y Petróleo del Neuquén, una empresa del Estado neuquino. Y los convenios se están firmando ahora.
En medio de este conflicto, ¿puede ser que el gobierno argentino intervenga para limitar, impedir o condicionar una inversión de Petrobras? Empieza a advertirse cierta improvisación en los movimientos del Gobierno y, sobre todo, del “Mago” Caputo. Con su viaje a Misiones, las sanciones a empresas que extraen petróleo ilegal de Malvinas y con esta intervención en Posadas. Ni hablar de la posibilidad de que los chinos algún día se enojen y retiren los 8000 millones de dólares que respaldan las reservas del Banco Central, que también es un tema muy importante: ¿cuánta defensa y reivindicación real de la soberanía puede hacer un país que tiene semejante dependencia financiera, con un riesgo país que llegó a 815 puntos? ¿O solamente estamos hablando de retóricas y las cosas marchan por otro lado mucho más contundente?
Todo esto se completa con las declaraciones del embajador chileno en Brasil, Issa Kort, quien declaró: “Los gobiernos de Chile y Brasil entienden muy bien que la relación es importante y no tienen espacio para darse gustitos ideológicos”. Obviamente se refiere a la diplomacia argentina, que ahora, por esta malvinización, genera un estado de inquietud importante en Chile porque hay un decreto firmado por Alberto Fernández por el cual se publica la Directiva de Política de Defensa Nacional. Es el plan de defensa del país. Su vigencia rige hasta el primer año de este gobierno, pero la administración actual no realizó otra directiva, por lo tanto nos estamos manejando con la misma defensa y doctrina de seguridad que el kirchnerismo.
En ese decreto, se establece que nuestro país va a monitorear, controlar las exploraciones y vigilar la seguridad del Estrecho de Magallanes. Esto generó una enorme polémica respecto de la Argentina en Chile porque el estrecho, por todos los tratados firmados por la Argentina, es enteramente chileno. Boric le pidió a Milei que derogue ese decreto y Milei prometió que lo iba a hacer. Pero lo más interesante es que José Antonio Kast, el actual presidente, también lo pidió y no sucedió.
En el ajedrez de la política del sur, esto genera tensiones en Chile porque los marinos no se aseguran su tranquilidad de navegar sin interferencias en aguas que son chilenas. Es importante porque, en este momento, está navegando desde Valparaíso a Punta Arenas, para ir hacia Malvinas, un barco que algunos protagonistas de la vida naval de la Argentina creen que deberían monitorear desde que sale del Estrecho de Magallanes. Y, como los marinos lo cuestionan, se genera una tensión enorme, probablemente muy innecesaria. Ni siquiera es por gustitos ideológicos, porque Kast y Milei comparten la misma idea. La ironía sería que aparezca un entredicho entre la Argentina y Chile con el Papa en la Argentina, porque la autora de la paz entre ambos países fue la Santa Sede. Basta recordar al cardenal Antonio Samoré, que fue el mediador que evitó una guerra.
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Causa AMIA: la Justicia revisará los procesamientos de los iraníes y libaneses acusados por el atentado

La Sala I de la Cámara Federal convocó a una audiencia para el 24 de noviembre para analizar los procesamientos de ocho ciudadanos iraníes y libaneses acusados de haber organizado y ejecutado el atentado contra la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994 y que provocó la muerte de 85 personas.
Si el tribunal ratifica esas resoluciones, los acusados quedarán en condiciones de ser enviados a juicio oral en ausencia.
La audiencia estará a cargo de los jueces Pablo Yadarola y Mariano Llorens. Allí se examinarán las presentaciones de la Fiscalía, de la defensa oficial de los acusados y de las querellas. La decisión resulta clave porque ninguno de los procesados se encuentra detenido en la Argentina.
El mecanismo de juicio en ausencia, regulado por una ley que el Congreso aprobó el año pasado para delitos graves como el terrorismo, ya había sido pedido por el fiscal federal Sebastián Basso, titular de UFI AMIA, y aprobado por el juez Daniel Rafecas. Esa habilitación fue luego avalada por la Cámara Federal y por la Cámara Federal de Casación Penal.
A fines de septiembre, Rafecas procesó a ocho acusados: el exministro de Inteligencia iraní, Ali Fallahijan, el exministro de Relaciones Exteriores, Alí Velayati, el excomandante de la Guardia Revolucionaria, Mohsen Rezai, el excomandante de la fuerza, Al Quds Ahmad Vahidi, el exembajador de Irán en la Argentina, Hadi Soleimanpour, el exconsejero cultural de la embajada, Mohsen Rabbani, el agente de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Asghari y el integrante de Hezbollah, Salman Raouf Salman.
Todos fueron acusados de homicidio y lesiones reiteradas, agravados por odio racial o religioso y por el uso de un medio idóneo capaz de causar un peligro común, además de daño agravado por motivos discriminatorios.
El juez consideró el atentado como un delito de lesa humanidad y, por lo tanto, imprescriptible. Según la resolución, los procesados —en distintos roles y lugares— planificaron y ejecutaron el ataque, que se habría decidido en una reunión de agosto de 1993 en la que participaron las máximas autoridades del régimen iraní y de Hezbollah.
El juicio en ausencia
La Ley 27.784 fue sancionada en febrero de 2025 y se limita la figura del juicio en ausencia a causas de genocidio, lesa humanidad, crímenes de guerra, agresión o instrumentos internacionales contra el terrorismo.
El 26 de junio de 2025, el juez federal Daniel Rafecas aceptó los pedidos de familiares y de la fiscalía y ordenó el juicio en ausencia. La Cámara Federal porteña confirmó esa decisión en octubre. El defensor oficial Hernán Silva apeló y el expediente quedó en Casación.
POLITICA
Javier Milei y sus medidas, en vivo: “No defendemos a Israel por un capricho personal”, dijo el Presidente

En la primera reacción desde el campamento del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, al deseo expresado por la expresidenta Cristina Kirchner de ser candidata en 2027 en caso de recuperar sus “derechos políticos”, el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, resaltó la vigencia del instrumento de las elecciones primarias, consideró que cada vertiente del justicialismo propondrá su candidato y que la decisión la tomará “el pueblo peronista”. El cristinismo, desde la vereda opuesta de la interna peronista, amplificó y celebró las definiciones de la actual titular del Partido Justicialista.
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Si uno enumerara los pilares sobre los que se constituye el liderazgo de Milei y las posibilidades de éxito de su gobierno, podría identificar varios factores. Por ejemplo, haber identificado la inflación como el problema central; una gran capacidad de comunicación del propio Milei, implementada después en las redes sociales por el equipo que encabeza el “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo; y la indigencia conceptual que presenta todavía la oposición.
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El Gobierno apuesta a exhibir una imagen de cordialidad institucional durante la visita del papa León XIV a la Argentina. Para uno de los primeros encuentros del pontífice con la dirigencia política, previsto para el domingo 8 de noviembre en el Palacio Libertad, la Casa Rosada busca reunir a representantes de todo el arco partidario, más allá de las diferencias que atraviesan al Congreso y de las tensiones dentro del propio oficialismo.
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El Presidente Javier Milei participa en la Noche de Celebración por Israel, en la Iglesia Visión de Futuro.
EN VIVO: https://t.co/zVu769nbd5
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) November 2, 2026
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