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Para Milei, el infierno son los otros

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En el frontispicio del Instituto Nacional de Estadísticas italiano, en Roma, con sede en un edificio de la época del fascismo, aparece una leyenda: “Los números son el fundamento de la República”. Es una afirmación que supone que, en la base de toda discusión política, hay un elemento último objetivo: los números. Es un debate que aspira, por lo menos, a ser científico, con una posibilidad de referencia compartida a los números como una especie de evidencia indiscutible. Este es el horizonte utópico de la política, de quienes aspiran a que sea una actividad racional.

Pero la política no es así. Está cruzada por el deseo, la ambición, la voluntad del poder. Es capaz, si no distorsiona los números, de interpretarlos de una manera que aleja la discusión de lo que podría tratarse de un intercambio académico. En este problema se encuentra envuelta la Argentina nuevamente, tratando de descifrar qué punto de vista hay que adoptar para entender lo que dicen los números de la economía.

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Para Milei, el infierno son los otros. El editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina

Cuando las opiniones se radicalizan, la aspiración por encontrar un campo común sobre el cual fundar una imagen verdadera de las cosas es todavía más difícil. Así como se dice habitualmente que en la guerra la primera que muere es la verdad, en los ambientes políticos radicalizados también perece.

El presidente Javier Milei está en una situación parecida a la que vivieron algunos de sus antecesores, principalmente tres: Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. Al igual que estos expresidentes, debe justificar la falta de dinamismo en la economía, un aspecto que había prometido, y que es esperable para que la gente esté satisfecha.

En ninguno de los tres casos anteriores se admitió que el enfriamiento de la economía se debía a características de la propia gestión económica y a su concepción. Menem le imputaba el problema, con alguna razón, al “efecto tequila”, que tuvo impacto en los mercados emergentes debido a la crisis en México. Menem prometía que, así como había pulverizado la inflación, iba a pulverizar el desempleo. En el mes de junio de 1995, tan solo un mes después de los comicios con los que consiguió la reelección, el desempleo era 18,6%. Fue el drama de Menem hasta que terminó su segundo mandato.

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Aquel problema lo heredaría De la Rúa, quien decía que estaban todas las condiciones dadas para que haya una reanimación de la economía. Sin embargo, explicaba que los argentinos eran ahorrativos de tal modo que todavía no habían hecho el click que permitiría que la rueda se pusiera en funcionamiento. El exmandatario tenía economistas en su equipo que, en aquel momento, explicaban la recesión por medio de argumentos desesperados, como la cantidad de feriados que había habido en un mes, que impidieron que la gente fuera de compras.

Macri recibió hasta burlas cuando hablaba de “brotes verdes” y “cataratas de inversiones” que reanimarían la economía. Prometía que ese fenómeno llegaría durante el segundo semestre. Aún así, los semestres se sucedían y aquel augurio no se cumplía. Tampoco reconoció nunca que su modelo incubara una recesión. El segundo ministro de Economía de Macri, Nicolás Dujovne, fue una mosca blanca: admitió que la Argentina estaba en una recesión pero aclarando que no se trataba de una crisis.

Milei se encuentra en la misma situación que sus predecesores: no reconoce que su modelo económico enfríe a la economía como consecuencia de la estrategia elegida para enfrentar a la inflación. A diferencia de sus antecesores, sin embargo, va un paso más allá. En los últimos días, ofreció dos entrevistas de gran significación.

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Durante su paso por Nueva York, habló con el editor global de Bloomberg, John Micklethwait. Allí respondió a interrogantes críticos del entrevistador. Micklethwait sometió al Presidente a preguntas complicadas, aunque no las acompañó con repreguntas. Aceptó algunos argumentos de Milei que pueden ser defectuosos. Aquella charla permitió ver cómo funciona el mapa mental del Jefe de Estado, cómo interpreta los fenómenos y cómo intenta explicar ciertos números negativos de la economía que él preside.

Hay una característica central que repite en su segundo intercambio con un periodista. En diálogo con Luis Majul para LN+, atribuye los números ya no a problemas externos, como “la sequía” de Macri o el “efecto tequila” de Menem. Asegura que los datos hablan de una realidad falsa por errores metodológicos en su elaboración estadística. Para Milei, se está usando un termómetro que anda mal debido a que su programa realizó reformas de tal naturaleza que la metodología empleada para medir lo que sucede resulta anacrónica. ¿Es verdad que la política de Milei transformó de tal manera la Argentina que ya no se puede medir como se medía antes? ¿O es una forma de manipular la realidad, atribuyendo a errores metodológicos los problemas del propio modelo económico?

No es la única explicación del Presidente respecto de lo que pasa con la economía. Dice además que, para entender su funcionamiento, no hay que mirar la economía “blanca”, un argumento inusual. Para Milei hay que detenerse en la economía “negra” o informal, que “está volando”. Durante la primera entrevista en Nueva York, sostuvo que eso ocurre debido a que la gente no toma decisiones de inversión de largo plazo y opera provisoriamente, “en negro”, por miedo a lo que pueda venir. Con Majul, fue todavía más allá: atribuyó todo lo negativo a una conspiración política. Según Milei, las cosas no funcionan debido a que existe un complot tanto doméstico como internacional permanentemente en marcha.

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Hay también una cuestión entre los números y Milei, aspecto raro ya que él es economista. Hace poco dijo que Lula da Silva, presidente de Brasil, le había dado a Sergio Massa US$1000 millones para favorecerlo en su campaña electoral. Ahora habla de los US$70.000 millones de una corrida y 20.000 terroristas deportados, a quienes acusa de ser personas que se infiltran impulsados por gobiernos extranjeros que quieren destruir el modelo argentino.

Un importante ensayista, filósofo francés, Jean-François Revel, que no tenía aprecio por los antropólogos, decía: “Cuando los leo a los antropólogos respecto de cosas que sé, empiezo a dudar sobre lo que me dicen de cosas que no sé”. Habiendo un presidente que se maneja así con las cifras, como las de “terroristas deportados” –de acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Seguridad y Migraciones, serían menos de 1700 las personas que tuvieron problemas para ingresar al país–, surge la duda respecto de qué cómo se manejará también con otros números.

Él mismo reconoció en su última entrevista que en la primera parte del año hubo un bajón recesivo, derivado de problemas políticos del año anterior. Mientras ese bajón ocurría, sin embargo, se enojaba con quienes lo mencionaban. Aparece una dificultad para admitir cuál es el verdadero funcionamiento de la realidad. Micklethwait lo deja en claro durante la charla en Nueva York. Le advierte que tenga cuidado con no reconocer los problemas económicos, ya que podrían provocar un problema electoral en 2027.

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Milei vincula estos obstáculos no a una falla en su receta sino al miedo a que su receta sea abandonada. No es la única interpretación. La senadora nacional Patricia Bullrich, voz disonante dentro del Gobierno, sostiene que el que debe ser reelegido es “el modelo”, una frase que llamó la atención. Para la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, la orientación económica promercado, con menos estatización, mayor competitividad y modernización, debe ser preservada en el tiempo. La afirmación de Bullrich sugiere la posibilidad de que quizás Milei no sea el candidato que garantice la continuidad de esta orientación. Tal vez haya que buscar otro candidato. ¿Ella? Es una fisura importante dentro del oficialismo, pero que todavía no está expuesta.

Al advertir a Milei sobre el vínculo entre la economía y las elecciones, el editor global de Bloomberg no se refiere a cifras en particular. Un trabajo de la encuestadora MIDE, que lidera Gonzalo de Janín, pregunta “¿En qué dirección va el país desde que asumió el gobierno de Javier Milei?”. Entre los votantes de Milei, el 69% dice que va en la dirección correcta, mientras que el 31% coincide en que el rumbo es equivocado. Para el caso de Bullrich, están en el orden del 60% y 40% respectivamente. Cuando la exministra de Seguridad realiza gestos de diferenciación, es necesario distinguir cuáles son los temas en los que discrepa. Esas cuestiones serán los temas de discusión de la próxima campaña presidencial. Los números negativos, por más que Milei lo atribuya a errores metodológicos, impactan sobre la lógica de poder del propio oficialismo.

El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella para el mes de septiembre se ubicó en 1,94 dentro de una escala del 1 al 5. Hubo una variación de -5,9% con respecto al mes de agosto. Es una caída importante ya que demuestra que la administración Milei nuevamente toca un piso, tal y como ocurrió en septiembre de 2025 y el pasado julio. Desde diciembre, la confianza cayó más de un 21%.

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Este índice tiene una característica: misteriosamente, tiene una correlación de votos que obtendría el oficialismo si hubiera una elección el día en el que se emite. De esta manera, si hoy se votara, el Gobierno tendría hoy un 38,8% de los votos. Hay que tener en cuenta que, para ganar en primera vuelta, el sistema de balotaje exige entre un 40% y 45%.

Ahora bien, Milei está convencido de que hay un complot y de que los números están mal tomados por errores metodológicos, pero según el índice la gente cree otra cosa. Y el problema de la política es que el Gobierno debe lograr que la gente le crea. Hay una divergencia cada vez mayor entre la imagen de las cosas que tiene el Presidente y la que empieza a tener el electorado. Hay una tendencia de los mandatarios de pensar que, como le hace decir Sartre a uno de sus personajes, “el infierno son los otros”: el que opina distinto y no coincide en el diagnóstico.

Hay un malestar objetivo que tiene que ver con la caída de los salarios -que el Presidente niega- y la caída de la inversión. Si miramos en términos reales, cayó 11% medida año a año. En algunos sectores incluso bajó mucho, como en la fabricación de maquinaría (15%). La construcción se redujo en un 0,1% y el equipamiento para transporte en un 22%.

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Al mismo tiempo, todas estas dudas, acompañadas por un clima de mucha incertidumbre internacional, hace que crezca el riesgo país, que está aumentando en muchos países emergentes, pero, comparativamente, en la Argentina mucho más. Es importante porque es el costo del crédito. Si el gobierno de Milei tuviera la expectativa, que la tiene, siempre frustrada, de salir al mercado internacional con un bono, hoy se le haría muy cuesta arriba porque se le cobraría una tasa muy alta.

El riesgo país de Uruguay, que acaba de tener una revisión “excelente” del FMI, es 65 puntos. Uruguay está gobernado por la centroizquierda del Frente Amplio y tiene un ministro de Economía muy profesional como Gabriel Oddon. El índice de Perú es 106; el de México, 196. El de la Argentina, en cambio, está en 628. Ese es un problema que inquieta al equipo económico porque implica que al país se le complica ser financiado. Es difícil que entre la sangre del dinero a mover la economía y, por lo tanto, nos tienen que financiar otros estados. Termina siendo una paradoja: un gobierno de alguien que odia al Estado tiene que recurrir al Estado -al de Estados Unidos y al que está representado por bancos multilaterales, como el BID o el Banco Mundial, para conseguir garantías al financiamiento.

Milei consiguió el cheque de Trump de 20.000 millones de dólares el año pasado. Luego logró una masa de dinero del BID, el Banco Mundial y la CAF, para respaldar créditos. No alcanza la garantía argentina y la gente que presta le tiene más confianza a esos bancos multilaterales. Se terceriza la confianza. También en lo institucional: las empresas que invierten prefieren que, en caso de conflicto, se resuelva en los tribunales de Estados Unidos.

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La semana pasada se formuló un anuncio importante en Nueva York: un paquete de 7000 millones de dólares del EXIM Bank y la Corporación Financiera para el Desarrollo (DFC) de Estados Unidos para financiar un proyecto energético que consiste en un sistema licuefacción de gas que lleva adelante YPF. Allí interviene Pumco, una empresa importante de EE.UU. para la cual se dispone el financiamiento. Se trata de mecanismos que el sistema americano tiene para sus propias empresas.

Pumco está asociada al ENI (Ente Nacional de Hidrocarburos), de Italia, y eso hizo que Horacio Marín, presidente de YPF, espere que haya también crédito de un banco internacional público y una empresa de Emiratos Árabes Unidos.

No se trata de un crédito, sino de una masa de dinero para respaldar créditos del sector privado, que ahora hay que conseguir.

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No es la primera vez que sucede, ya que hay cuatro experiencias anteriores del mismo tipo, para distintos lugares del planeta en los cuales hay que estimular para Occidente la obtención de hidrocarburos o minerales críticos. Es decir, detrás de todo esto se dibuja la confrontación con China. Y la Argentina consigue la garantía para el financiamiento porque está alineada con los Estados Unidos.

En los otros proyectos similares se hicieron los anuncios de determinados montos de dinero que todavía no se aplicaron y ya pasaron alrededor de tres años. Son procesos muy lentos. El propio Marín dijo que todo lo que se habla debe ser aprobado por el directorio del EXIM Bank.

El problema principal es la dificultad para conseguir financiamiento para animar la inversión. Este miércoles, el Gobierno se traslada a París porque va a haber una gran presentación argentina a cargo de Ian Sielecki, joven y muy eficiente embajador en Francia. Será muy importante porque van a asistir muchos empresarios europeos. De hecho, los presidentes de XRG, la empresa de Emiratos Árabes Unidos, y del ENI -los dos beneficiarios del anuncio del EXIM Bank y la DFC van a entrevistarse allí. En París se harán otros anuncios de inversiones. Irán 14 gobernadores y 3 jueces: Eduardo Farah, Sergio Fernández, caudillo del fuero contencioso administrativo, y otro de la Cámara Federal de General Roca, la que tiene jurisdicción sobre Vaca Muerta.

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La Argentina se traslada a París en busca de inversiones. Cuesta mucho conseguirlas. A tal punto de que los que realmente ponen una moneda obtienen ventajas extraordinarias. Eduardo Eurnekian acaba de conseguir una nueva renovación del convenio para manejar los aeropuertos. Ahora le piden que ponga 600 millones de dólares pero renuevan el contrato para 2049, con una opción para extenderlo hasta 2056. Incluso, antes había estado cerca de que le renueven el contrato hasta 2066, en una maniobra que firmaba Facundo Leal, el funcionario al que luego le encontraron 2 millones de dólares y drogas en su departamento. Ahora está en prisión domiciliaria.

La concesión a Eurnekian se da con una tasa de retorno de 14,30%, lo que es muy generoso. De hecho, el empresario administra el aeropuerto de Florencia y la tasa de retorno de ese contrato es de 8,2%. El beneficio que obtuvo Eurnekián es muy importante: es el empresario que tuvo durante varios años contratado a Milei.

También hay otro caso similar: el del grupo de Daniel Vila, José Luis Manzano y Mauricio Filiberti, que acaba de conseguir, de forma disimulada en la ley que elimina el subsidio de zonas frías para un 1.600.000 personas, que les condonen una deuda gigantesca de las distribuidoras eléctricas. Ellos han adquirido durante muchos años la energía sin pagarla y esa deuda que contrajeron con quien se las vende, Cammesa, una empresa del sector público, se las condona con el argumento de que no se les dieron las tarifas que les tendrían que haber dado para poder pagar esa energía.

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Manzano hace grandes negocios con este gobierno pero apareció, raramente, en la reunión que mantuvo el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, en Nueva York. El gobernador se jacta de no haberlo invitado y no sabemos por qué fue. Milei se debe haber alterado porque le da negocios y es amigo de su hermana y de Santiago Caputo. ¿Está olfateando un cambio? Quizás el que se siente más traicionado es Sergio Massa, que es amigo suyo.

Massa es un competidor de Kicillof y está lanzado a la presidencia, aunque, ahora con un problema: Máximo Kirchner sostiene que la candidata debe ser su mamá. Asegura que ella quiere ser candidata y está esperando que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas diga que tiene derecho a ser candidata porque es “inconstitucional” haberle vedado la candidatura cuando la sancionaron por el manejo de la obra pública en Santa Cruz.

Cristina Kirchner marca territorio y deja visto que, si ella no es candidata, los que sí lo sean van a serlo solo porque ella está proscrita. No es una forma de obtener una candidatura, sino poder: quien se postule está aprovechando mi proscripción.

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En el peronismo se ha desatado una interna. Los peronistas huelen poder, como también lo hacen Manzano y Patricia Bullrich. Massa está ansioso por fustigar a Kicillof. Milei está ajeno a ese problema. Pero el domingo serán las elecciones en Brasil, donde Lula está empatado con el hijo de Bolsonaro. Allí intervinieron Trump y Xi Jinping, presidente de China. Es una elección globalizada.

Para la Argentina, esa globalización conflictiva es la expectativa de que, si bien desde afuera llegan los problemas, desde afuera también lleguen las soluciones.

En 1998, dos grandes historiadores, José Carlos Chiaramonte y Oscar Terán, le hicieron una entrevista muy interesante a Tulio Halperín Donghi que fue publicada en Todo es Historia. Allí, Halperín Donghi dijo: “El drama de la Argentina es que tuvimos una gran oportunidad entre 1870 y 1930 y, desde entonces, no hacemos nada más que esperar que el mundo nos ofrezca otra oportunidad. Y en esa espera, vamos decayendo”. 30 años después de esa entrevista, seguimos esperando lo mismo.

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Los Sauces: los jueces recibieron la pericia contable que retrasaba el inicio del juicio

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El Tribunal Oral Federal 5 recibió la pericia sobre Los Sauces a semanas del inicio del juicio oral contra Cristina y Máximo Kirchner por presuntas maniobras de blanqueo.

Según pudo confirmar TN, el informe elaborado por peritos de la Corte Suprema tiene más de 30 páginas y da detalles sobre el Hotel Los Sauces pero no logró determinar si la explotación era rentable, ya que faltan balances e información respaldatoria.

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Que los jueces cuenten con esta pericia no es un detalle menor, ya que se trata de un elemento de prueba que dilató mucho tiempo la fecha de inicio de juicio. Este documento servirá para sustentar las acusaciones y, hasta que se finalizó, estuvo marcada por cambios de peritos.

Los Sauces, el hotel boutique de Cristina Kirchner que la Justicia ordenó decomisar. (Crédito: TN.com.ar)

En septiembre de 2023, la Cámara Federal de Casación Penal ordenó un juicio oral y revocó los sobreseimientos —apelados por el fiscal Velasco— que había dispuesto en noviembre de 2021 el Tribunal Oral Federal Nº 5 sobre la treintena de acusados, entre ellos Cristina Kirchner, su hijo Máximo y los empresarios Lázaro Báez, Cristóbal López y Fabián De Sousa. Sí confirmó el sobreseimiento de Florencia Kirchner.

El TOF 5 había frenado el juicio oral con el siguiente argumento: “El Código Procesal Penal de la Nación establece claramente que los recursos pendientes en las Cámaras o en la propia Corte no impiden que las causas penales sean elevadas a juicio oral y público, pero que dichos recursos sí obstan a la fijación de la audiencia de debate”.

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Finalmente, en diciembre de 2024, la Corte Suprema ordenó que la causa por lavado de dinero y asociación ilícita sea elevada a juicio. El proceso comenzará el 23 de octubre.

La causa

Los Sauces S.A. se constituyó el 7 de noviembre de 2006 por Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Máximo Kirchner. Tras la muerte del expresidente, el paquete accionario quedó, según la instrucción, en un 45% para Cristina, 32,5% para Máximo y 22,5% para Florencia.

La sociedad empezó a facturar en enero de 2009. El expediente nació de una denuncia de la entonces diputada Margarita Stolbizer y recayó en el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Rívolo. En diciembre de 2016 la firma fue intervenida. El 4 de abril de 2017 Bonadio procesó a los principales acusados.

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La hipótesis fiscal es que la inmobiliaria no operó como un negocio de mercado. Entre 2009 y 2016 facturó $25.968.042,30 a empresas de Báez y del Grupo Indalo, cerca del 88% de su facturación. El grupo de López y Fabián De Sousa aportó unos $18,5 millones, mientras que las firmas de Báez, cerca de $7 millones. La acusación sostiene que esos pagos disimulaban el retorno de fondos por la adjudicación de obras públicas.

Máximo y Cristina Kirchner
Máximo y Cristina Kirchner

Los fiscales sostienen también que los accionistas retiraron más de 10 millones de pesos de la sociedad y usaron gratuitamente algunos de los inmuebles. La imputación se investiga bajo la hipótesis de asociación ilícita y lavado de activos.

El inmueble más citado es el dúplex de los pisos 8 y 9 del Madero Center, en Puerto Madero, más cocheras. López lo ocupó a través de Inversora M&S y Alcalis de la Patagonia.

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Designaron a Adolfo Cambiaso como embajador internacional del deporte argentino

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El Poder Ejecutivo resolvió asignar a Adolfo Cambiaso un cometido especial para la promoción internacional del deporte argentino, con énfasis en el polo, y le otorgó la categoría protocolar de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario mientras dure esa tarea. La función será ejercida ad honorem y en coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

La medida, dictada a través del Decreto 1116/2026 publicado hoy en el Boletín Oficial, busca utilizar la proyección exterior del deporte como una herramienta de posicionamiento para la República Argentina, con impacto potencial en la difusión de bienes y servicios, la generación de contactos comerciales y la promoción de los atractivos turísticos del país. De igual forma, aclararon que este nombramiento no supone la incorporación de Cambiaso al cuerpo permanente del Servicio Exterior.

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De acuerdo con los argumentos presentados por el Gobierno, el polo representa una de las expresiones de la tradición deportiva argentina con reconocimiento mundial y que puede contribuir a visibilizar experiencias turísticas, productos y servicios vinculados a su desarrollo.

Por esto mismo, encomendaron a Cambiaso la misión concreta orientada a difundir el deporte argentino en el exterior, con una atención particular sobre el polo.

La medida busca impulsar la captación de contactos comerciales, el turismo y la exportación de bienes y servicios mediante la imagen deportiva del país. (PH: Wendy Falourd)

De acuerdo con el texto, Cambiaso deberá cumplir el encargo bajo las obligaciones previstas en la reglamentación de la ley, aprobada mediante el Decreto N° 1973/86 y sus modificatorias. El Ministerio de Relaciones Exteriores será el organismo encargado de definir los mecanismos de trabajo y los lineamientos necesarios para articular el cometido.

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La disposición establece que la función será desempeñada sin remuneración. Además, remarca que la medida no genera ninguna erogación presupuestaria para el Estado nacional.

Entre los fundamentos, el decreto plantea que las actividades económicas relacionadas con el deporte pueden aportar a las exportaciones de bienes y servicios, abrir oportunidades de negocios y favorecer el turismo. Bajo ese criterio, la presencia internacional de referentes deportivos puede utilizarse dentro de una estrategia de promoción externa del país.

El Gobierno también sostiene que la Argentina dispone de una tradición deportiva con reconocimiento fuera de sus fronteras. A partir de esa condición, considera que existen posibilidades para desarrollar iniciativas de promoción internacional que conecten la actividad deportiva con objetivos comerciales, culturales y turísticos.

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En ese marco, el polo argentino es presentado como una disciplina de especial relevancia global.

La decisión destaca la carrera de Cambiaso como uno de los elementos que justifican su nombramiento para esta misión. El texto lo define como un referente del polo argentino a escala internacional y considera que su trayectoria deportiva y su proyección pública lo vuelven apto para colaborar con la difusión de los valores asociados al deporte nacional.

De hecho, la Cancillería deberá establecer cómo se organizarán las acciones que se impulsen en el marco de la designación y de qué forma se integrarán con las políticas de promoción internacional del país.

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La encrucijada argentina: del cine “catástrofe” de Kicillof al final feliz de Milei

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Todos juegan, no sólo la política. La novedad de los últimos días no llegó de la política sino de uno de los actores clave del mercado financiero: JP Morgan, que el viernes corrigió sus pronósticos de crecimiento para la Argentina de 2026. Pasó de 2,7% el lunes a 1,5% cuatro días después. Esa evaluación cayó justo para terminar de consolidar la percepción que dejó Javier Milei en buena parte del corrillo financiero que lo escuchó en su paso por Nueva York. Lo curioso es que Axel Kicillof dejó un sabor parecido.

Wall Street esperaba más certezas del viaje de Milei y Kicillof a Manhattan, que no llegaron: hubo cero transversalidad de miradas macroeconómicas pragmáticas entre los dos campamentos con más chances de gobernar la Argentina; tampoco encontraron observaciones realistas para encarar los desafíos pendientes. “Frustración”: así sintetiza un argentino de Wall Street que escuchó a Milei y a Kicillof, y que tiene buena parte de sus intereses colocados en la Argentina.

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El miércoles, el CEO de JP Morgan en Argentina, Facundo Gómez Minujín, le puso letra a la canción de preocupación que recorre Wall Street: “No basta con que a las mineras y a las petroleras les vaya muy bien”. Sus declaraciones son de alta relevancia para el Gobierno: empieza a explicitarse una línea de puntos que va de la oposición kirchnerista y la más dialoguista y el sector industrial argentino hasta los hombres fuertes del mercado financiero.

Gómez Minujín fue más lejos: tocó temas sensibles para el Gobierno, que Milei y Luis Caputo suelen relativizar y minimizar: “También tenés que tener un país para todos, donde la gente pueda consumir, haya crecimiento de la empleabilidad, bajar la informalidad, extender la tributación al resto de la población y lograr bajar los impuestos”, dijo. El consumo masivo y el empleo informal como problemas políticos para el Gobierno: JP Morgan modulando la lengua de la oposición política. Una coincidencia inquietante para una gestión económica que entiende la lógica del JP Morgan como ninguna: ¿quién no la está viendo?

Del final feliz a la catástrofe

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En el escenario político, por el lado del Gobierno hay esfuerzos sostenidos por consolidar su narrativa de logros sobre dos pilares: de un lado, Malvinas; del otro, la economía de los grandes números. El discurso de Milei en la ONU y sus presentaciones ante el jurado de Wall Street fueron por ese lado: Milei buscó exhibir ante los mercados y los inversores globales una película de final feliz. Un optimismo sin fisuras y libre de correcciones al plan de acción. Esa posición exige relativizar los indicadores más críticos que enfrenta la gestión. La frustración de los financistas que lo escucharon se basa en esa posición “negadora”.

“Lo que preocupa es que el Gobierno esté leyendo su diario de Yrigoyen. Eso, y también que empiece a teñir el discurso económico y político de moral, como hizo el kirchnerismo”, precisa el argentino de los mercados. Esta semana, para el Gobierno, la cosa se juega en París: llegará también con idénticas cartas.

Desde la oposición dura, Kicillof, el único dirigente que por el momento despunta tímidamente sus ambiciones presidenciables, construye su posicionamiento horadando uno de esos pilares: en Nueva York, hizo terrorismo verbal y calificó a la economía argentina de “catástrofe”. Por el lado de Kicillof, la “frustración” que despierta en Wall Street viene por la desconfianza que genera su falta de definiciones. “Prefiero hablar de objetivos antes que de instrumentos”, dijo Kicillof para esquivar la respuesta a preguntas que insistieron sobre su plan de acción en caso de ganar la elección. No cayó bien: “Siempre se presenta como escondiendo lo que piensa”, dice la fuente. Como si llevara una daga bajo el poncho: “El temor es el de siempre: que, fuera del poder, el kirchnerismo dice una cosa, pero cuando llega hace lo mismo”, sintetiza el hombre de Wall Street. “Fue muy decepcionante. Pero la gente del mercado cree que no le alcanza, que ni siquiera va a ser el candidato de la oposición”, agrega.

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En su encuentro con los financistas, Kicillof mostró un talante amable con ese sector. Pero no alcanzó: “Se dedicó mucho del tiempo a criticar a Milei. Hizo lo mismo que Milei: uno dice que está todo bien y el otro, que es una “catástrofe”. Generó dudas en el auditorio: ¿qué parte es táctica política y qué parte falta de inteligencia política? “Kicillof ha tenido siete años para reinventarse y no se ha reinventado: ¿es por tonto?”, es una pregunta que quedó en el aire a pesar de que Kicillof habló de ajuste fiscal, de pagar la deuda y de que nadie puede defender la inflación.

El otro mercado

¿Cómo lee el otro mercado, el mercado de votos del argentino de a pie, la serie de indicadores macroeconómicos críticos para la gestión? Ayer, la Universidad Di Tella publicó el último Índice de Confianza del Gobierno (ICG), uno de los indicadores que correlaciona mejor con los resultados electorales. El ICG correspondiente a septiembre fue de 1,94 puntos. Cayó 5,9% respecto del mes anterior, uno de los tres índices más bajos que obtuvo Milei en su gestión: una mala noticia para el Gobierno, aunque tiene argumentos para relativizarla. Por un lado, porque el mes pasado, la publicación del indicador alertó sobre un margen de error en la encuesta a los jóvenes que podía haberlo hecho subir artificialmente: ayer, ese análisis empezó a generalizarse para corregir la interpretación del dato.

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Por otro lado, el mes 33 del mandato de Milei sólo es superado por el ICG del mismo mes de la presidencia de Néstor Kirchner, que tuvo 2,62 puntos. Comparado con las otras presidencias desde entonces, muestra un mejor ICG: mejor que Alberto Fernández, con 1,23 puntos; que Mauricio Macri, que tuvo 1,75 puntos y que las dos presidencias de Cristina Kirchner, con 1,77 y 1,71 puntos respectivamente.

El dato alienta especulaciones. Primero, un análisis positivo para el Gobierno: que a pesar de las semanas críticas que vive la macroeconomía, con un riesgo país que viene creciendo sostenidamente, el apoyo de la gente todavía deja al Gobierno en una posición competitiva. Y segundo, una inquietud: que tres de esos mandatos a los que les fue algo peor en el mes 33 no lograron la reelección. ¿Está en riesgo la reelección de Milei?

El espejo de Macri intensifica ese análisis: Macri logró terminar su mandato y rompió una racha de experiencias no peronistas, pero no pudo reelegir. El Gobierno de Milei tiene un dato a favor, que lo diferencia de Macri: logró el delivery de su promesa de campaña, bajar la inflación. Macri, al contrario, terminó 2019 con una inflación del 54% cuando prometió 5% llegado 2019 y recién ese año, ya de salida, alcanzó el equilibrio fiscal que prometió al asumir.

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Milei, entre logros y pendientes

Wall Street reconoce los logros de Milei: el ajuste fiscal y la disciplina con la que lo defiende, factor clave en la contención de la aceleración inflacionaria. Pero también ve problemas: “La lista de logros es apreciada, pero es un momento complicado”, dice el argentino de los mercados. El mayor resquemor es la actitud de Milei: “Tacha a todos de tontos y desconfía de cualquier señalamiento. ¿Es una estrategia política o es que se niega a ver la realidad? Eso es más preocupante”, subraya. En una de las presentaciones ante financistas, Milei destacó la reducción de la pobreza, pero horas después el Indec publicó el nuevo indicador, con 2 millones de nuevos pobres: el contraste entre el optimismo de Milei y el dato oficial, desalentador, intensificó la “frustración”.

El tono de la presentación de Luis Caputo tuvo una recepción parecida: una insistencia con la línea de los mejores dieciocho meses, pero ahora se corre a 2028 como el mejor año de la historia por venir: algo lejano e incomprobable.

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Milei viene proponiendo otro argumento para relativizar la mala noticia del último indicador de nivel de actividad: los “indicadores desestacionalizados” versus la “tendencia ciclo”. “Hay tres cosas que pasan al mismo tiempo. Hay problemas con la medición desde hace mucho tiempo, es cierto: los feriados de Carnaval, por ejemplo, siempre influyen negativamente. Hay desafíos que trae el cambio estructural de la matriz productiva y de la macro. También hay datos para decir que la economía se está desacelerando: JP Morgan hace un filtro donde pesca muy bien las tendencias de los últimos tres y los últimos seis meses. Hay un tema de estacionalidad, pero claramente la tendencia ciclo se desaceleró”, es el análisis en Wall Street.

En la presentación organizada por el Citibank en Manhattan hubo elogios sobre la razonabilidad de los logros y los argumentos expuestos por Milei. También hubo observaciones sobre sus momentos más intensos. El problema no es que sea un loco, sino para qué usa esa “locura”. Que se pelee para defender a Adorni es lo que preocupa a algunos actores de Wall Street que tienen puesto el ojo en la Argentina.

El crecimiento y sus desafíos se perciben como un problema de difícil solución: ¿el Gobierno tiene que ser activo en solucionarlo o eso complica porque desacelera el proceso de reestructuración? ¿Alcanza con esperar la reestructuración profunda de la economía, donde los sectores menos competitivos cumplan su ciclo de destrucción creativa, o eso es inviable políticamente y pone en riesgo el 2027? Es la pregunta instalada, que sigue sin respuesta.

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