INTERNACIONAL
Trump dominates El-Sayed’s attacks against Rogers, but GOP rival offers unexpected policy split

President Donald Trump was the unofficial third person onstage at Wednesday’s Michigan U.S. Senate debate, as Democrat Abdul El-Sayed repeatedly invoked him while seeking to cast Republican Mike Rogers as Trump’s «sock puppet.»
El-Sayed mentioned Trump 18 times during the hour-long debate and repeatedly called Rogers’ responses «MAGA bingo,» accusing the Republican of relying on Trump-aligned talking points. Rogers, however, broke with Trump on a couple of trade issues.
The phrase became a running theme throughout the night, with El-Sayed declaring «MAGA bingo» after Rogers accused him of supporting socialist policies, open borders and defunding the police. Rogers eventually turned the attack back on his opponent, suggesting that the real bingo game was every time El-Sayed included Trump in his answer.
Rogers, however, did not align with Trump on every issue. He split with Trump on trade, calling the president’s tariffs a «mixed bag» and saying tariffs on Canada may have been «not well thought through.»
âDESTROYING THE AMERICAN WAY OF LIFEâ: EL-SAYEDâS POLITICAL ORBIT COMPLICATES EFFORT TO MODERATE HIS IMAGE
He also opposed Chinese automakers building vehicles in the United States, saying during the debate that Congress should ban the ability for the Chinese to build cars in the United States. El-Sayed countered by pointing out that Trump has said he would be open to Chinese automakers building vehicles in the United States and questioned whether Rogers would stand up to Trump on the issue.
Wednesday evening marked the second debate between El-Sayed and Rogers, just weeks before Michigan’s midterm election.
The battle for the swing state’s open Senate seat has drawn national attention not only because it could help determine control of the upper chamber, but because it has emerged as a major test of the Democratic Party’s progressive wing in a key battleground state.
El-Sayed, backed by progressive heavyweights including Sen. Bernie Sanders, I-Vt., and Rep. Alexandria Ocasio-Cortez, D-N.Y., has campaigned on a progressive agenda that includes Medicare for All, higher taxes on the wealthy, ending U.S. military aid to Israel and abolishing ICE.
While El-Sayed worked to paint Rogers as a Trump-aligned «corporate politician,» Rogers repeatedly branded his Democratic opponent as having a «pattern of deception,» accusing him of misrepresenting his record and shifting his positions.
MICHIGAN SENATE HOPEFUL ABDUL EL-SAYED FIRES BACK AT CNN CHOOSING TO ‘FIXATE’ ON ‘DEFUND THE POLICE’ COMMENTS
Throughout the debate, Rogers cast El-Sayed as being outside the political mainstream, tying the Democrat and his policies to the Democratic Socialists of America and hammering him over his past support for defunding the police.
Rogers also claimed that some of El-Sayed’s donors and supporters were tied to Hamas, Hezbollah and the Muslim Brotherhood.
At one point, Rogers questioned El-Sayed’s allegiance to the country after accusing El-Sayed of having donors tied to Hamas, asking, «Are you for America or are you for these terrorist groups overseas?»
The most contentious moment of the debate came during a question on public safety, when Rogers hammered El-Sayed over his past support for defunding the police, accused him of deleting social media posts on the issue and pointed to El-Sayed’s past comments involving former Egyptian President Mohamed Morsi, who was backed by the Muslim Brotherhood.
El-Sayed fired back that it was «beneath» Rogers to question his commitment to the Constitution, declaring that he was «proud to be an American» and calling Rogersâ line of questioning «shameful.»
ROGERS ARGUES EL-SAYED IS VULNERABLE WITH 2 TRADITIONALLY DEMOCRATIC BLOCS AS OBAMA HEADS TO MICHIGAN
El-Sayed, a Muslim and first-generation American whose parents emigrated from Egypt, has faced scrutiny over his rhetoric on the war in Gaza and his positions on Israel, leading some members of Michigan’s Jewish community to openly disavow the Democratic candidate. During the debate, Rogers said that his campaign was doing well with the Jewish community, which he claimed is fearful of El-Sayed’s rhetoric.
Rogers said that El-Sayed was too «extreme» for Michigan, pointing to prominent Democrats who said they can’t back the party’s nominee, including the former Michigan Democratic Party chairman and the former finance chair for Sen. Elissa Slotkin’s campaign.
Michigan Republicans echoed that argument following the debate, pointing out that El-Sayed used to campaign with Twitch streamer Hasan Piker, who once said that America deserved the 9/11 terrorist attacks.
«We cannot afford Abdul El-Sayed’s far-left, big-government policies, and we cannot risk electing a person who campaigns with the likes of Hasan Piker and seemingly justified the horrific terrorist attack targeting children and the Jewish community in Bloomfield Hills,» MIGOP Chairman Jim Runestad said in a statement.
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INTERNACIONAL
Ocho militares heridos tras explosión de artefacto durante labores de reforestación en Honduras

Al menos ocho militares resultaron heridos la mañana de este miércoles 21 de octubre tras la explosión de un artefacto encontrado dentro de las instalaciones del Primer Batallón de Artillería de Campaña, ubicado en Zambrano, Francisco Morazán, Honduras.
Las autoridades descartaron preliminarmente que se tratara de una granada de fragmentación y anunciaron investigaciones para determinar el origen del objeto.
El incidente movilizó a los equipos de emergencia y obligó al traslado de los efectivos al Hospital Militar de Tegucigalpa, donde permanecen bajo evaluación médica. Aunque tres de los afectados sufrieron lesiones de mayor consideración, las Fuerzas Armadas informaron que los ocho se encuentran estables.
El portavoz de las Fuerzas Armadas, Mario Rivera, explicó que la detonación se produjo cuando un grupo de soldados realizaba trabajos de preparación de terreno para desarrollar labores de reforestación dentro del recinto militar.

Durante las actividades, los efectivos encontraron un artefacto que fue manipulado y posteriormente explotó, provocándoles heridas de distinta consideración. Las circunstancias exactas en las que se produjo la detonación todavía están bajo investigación.
Tras el incidente, los militares recibieron atención inicial y fueron trasladados de inmediato al Hospital Militar de Tegucigalpa para una valoración especializada.
La información preliminar proporcionada por las autoridades señala que cinco soldados presentan heridas leves, mientras que los otros tres sufrieron lesiones de mayor consideración. Sin embargo, los ocho permanecen estables, a la espera de que las evaluaciones médicas determinen el alcance de las heridas.
Las autoridades no han establecido públicamente si el artefacto pertenecía a las Fuerzas Armadas o si se encontraba en el lugar desde antes de las labores de preparación del terreno.
El director de Comunicaciones de las Fuerzas Armadas, coronel Héctor Fajardo, descartó preliminarmente que la explosión haya sido provocada por una granada de fragmentación.

Según su explicación, el objeto podría corresponder a pequeños casquillos con carga propulsora, capaces de detonar cuando son manipulados o golpeados contra una superficie.
El oficial aclaró que, de acuerdo con la información disponible hasta el momento, no se trataría de una granada de fragmentación ni de un proyectil de mortero. No obstante, este tipo de material puede provocar lesiones por la expulsión de fragmentos y la onda expansiva que genera al explotar.
La identificación definitiva del objeto dependerá de las inspecciones técnicas y de las investigaciones que desarrollen las autoridades competentes. Por ahora, no se ha divulgado un informe pericial que confirme la naturaleza exacta del artefacto.
Las Fuerzas Armadas informaron que solicitarán la intervención del Ministerio Público (MP) para esclarecer el origen del artefacto y establecer las circunstancias en las que ocurrió la explosión.
El área donde se registró el incidente permanece acordonada mientras se desarrollan las diligencias correspondientes. Las autoridades buscan determinar cómo llegó el objeto al terreno, cuánto tiempo llevaba en el lugar y si existieron fallas en los procedimientos de seguridad durante las labores de preparación.

La investigación también deberá establecer si el material estaba relacionado con actividades militares anteriores o si se trataba de un objeto ajeno a las operaciones actuales del batallón.
Hasta el momento, las autoridades no han anunciado responsabilidades ni confirmado una hipótesis definitiva sobre el incidente.
El término UXO, siglas en inglés de Unexploded Ordnance, se utiliza para identificar municiones o artefactos explosivos que fueron empleados, lanzados o preparados para su uso, pero que no detonaron como estaba previsto y permanecen activos.
Entre estos materiales pueden encontrarse granadas, bombas, proyectiles de artillería y minas. Su presencia representa un riesgo porque pueden explotar ante la manipulación, el impacto o determinados cambios en sus condiciones físicas.
corresponsal:Desde Tegucigalpa, Honduras
INTERNACIONAL
Un pequeño milagro de irresponsabilidad: elogio de la recomendación de libros

A fines de los años setenta, una chica caminaba con sus abuelos por la calle Florida y hacía siempre las mismas dos paradas. La primera era la confitería Richmond, por los tostados mixtos. La segunda era El Ateneo, donde trabajaba un librero de guardapolvo azul que se trepaba a una escalera de madera, altísima para ella, y bajaba libros de los estantes de arriba. Antes de elegir le preguntaba qué temas le interesaban. Una vez bajó María Antonieta, de Stefan Zweig, que se convirtió en el libro favorito de la chica y que leyó y releyó durante años. Sus abuelos, además, le compraban los libros que veían reseñados en el suplemento cultural de La Nación cuando pensaban que podían interesarle. Esa chica es hoy una de las lectoras que me escribieron cuando les pedí, para esta nota, que me contaran quién las había hecho lectoras. Desde aquellas tardes, dice, siempre buscó recomendaciones, y por eso ahora va a clubes de lectura. En un solo recuerdo están el librero, la crítica, la familia y el club.
La Encuesta Nacional de Consumos Culturales que el Ministerio de Cultura de la Nación publicó en 2023 permite medir esa cadena con instrumentos más gruesos. A quienes habían leído al menos un libro en el último año les preguntó por qué habían elegido el último. Las respuestas, relevadas entre fines de 2022 y comienzos de 2023, se reparten así. El 24 por ciento lo eligió por el tema o el género. El 17 por ciento, porque lo sugirió la escuela o la universidad. El 11 por ciento lo leyó porque alguien se lo prestó; el 9, porque se lo recomendó un amigo, un familiar o un conocido; otro 9, porque se lo regalaron. Un 2 por ciento siguió el consejo de un referente político o religioso. Sumadas esas cinco vías, casi la mitad de los últimos libros leídos en la Argentina llegó a su lector por intermedio de otra persona.

La recomendación explícita, la de alguien que dice “leé esto”, apenas llega al 9 por ciento y queda muy por debajo del tema, que es una decisión del propio lector. La encuesta tampoco tiene casilleros para el librero, el crítico, el club de lectura ni el video de un desconocido en una red social; si esas figuras aparecen, están disueltas en “un conocido” o fuera del registro.
En el principio está la pregunta de “qué leer”, que tiene una dimensión material. Las novedades que pasan por la mesa de una librería en un mes exceden lo que un lector constante puede leer en un año, y a eso se suma todo lo publicado antes. Frente a esa desproporción, alguien tiene que hacer una selección, y la pregunta relevante es quién. El catálogo de una plataforma de venta resuelve el problema con una lógica de continuidad: a quien compró un policial nórdico le ofrece otro policial nórdico. Funciona, en el sentido de que vende. Lo que no puede hacer es proponer el desvío, el libro que nada en el historial del comprador permitía anticipar.
Eso hacía el librero de El Ateneo desde su escalera. La recomendación tiene una geografía, y donde existe, el librero que sabe trabaja con dos inventarios a la vez, el de sus estantes y el de la persona que tiene enfrente. Pregunta qué fue lo último que le gustó a su cliente y por qué, escucha la respuesta, y a veces la contradice.
Lo mismo vale, con matices que me tocan de cerca, para quienes recomendamos libros en un diario o en la radio. La recomendación periodística es pública y está firmada, y viaja más lejos de lo que su autor puede seguir. Otra de las lectoras escuchó una vez, en un programa de radio, la mitad de una recomendación. Le llamó la atención y la dejó pasar. Un rato después sortearon ese libro y lo ganó. Cuando fue a retirarlo a la librería le ofrecieron cambiarlo por otro, y no quiso. Era Stoner, de John Williams. Lo leyó en dos noches y desde entonces, escribe, es el libro que recomienda “una y otra vez” a todo el que pasó los cuarenta y le pide un consejo. Una mención radial escuchada a medias terminó convertida en una cadena de recomendaciones que nadie en aquel programa va a conocer. Ese alcance vuelve más seria la condición de la que depende el valor de la crítica: la capacidad de decir que no.

Un crítico que celebra todo lo que lee no transmite información; su entusiasmo deja de distinguir. Empujan en esa dirección los ejemplares que envían las editoriales, la amistad con autores, la sospecha de que una reseña negativa de un libro pequeño es un gesto desproporcionado en un mercado frágil. Cada una de esas razones se entiende y uno tiene que hacer esfuerzos por separar las cosas. En mi caso, hago algo que casi nunca falla: si yo compro el libro, si voy hasta la librería y desembolso dinero ya sea para mí o para regalarlo a alguien que sé que lo va a disfrutar, lo recomiendo. Si no, lo dejo pasar. Suena mercantil, pero la pregunta que me hago es ¿por qué te haría gastar tu dinero si yo misma no gastaría el mío en comprarlo?
El librero y el crítico ejercen una autoridad, por pequeña que sea. La recomendación entre pares funciona sin ella. Quien le pasa una novela a una amiga no sabe más de literatura que ella; sabe otra cosa, cómo es ella, qué la aburre, qué la hizo llorar en su lectura del verano anterior. La recomendación entre pares tiene además un costo que la vuelve confiable. La lectora que reparte Stoner entre sus conocidos apuesta algo cada vez que lo nombra. Esa confianza regula el circuito mejor que cualquier sistema de estrellas. Y produce un efecto que las demás formas no producen: un libro recomendado por alguien querido se lee en parte para entender a esa persona.
Los clubes de lectura y la interpretación colectiva
Después de cerrar el libro está la conversación, y ahí la colectividad de la lectura se vuelve literal. Los clubes de lectura hoy se reúnen en bibliotecas, librerías, casas particulares y grupos de WhatsApp. Los hay coordinados por escritores o profesores, con cuota mensual y programa, y los hay entre amigas que se turnan la casa y la elección del título. Una de las lectoras que me escribieron llegó a un taller de lectura virtual durante la pandemia, invitada por una amiga. Ahí leyó Seda, de Alessandro Baricco, Alma partida, de Akira Mizubayashi, y Si esto es un hombre, de Primo Levi, y cuenta que el grupo le abrió “un espacio para viajar por distintos lugares” que en esos meses de encierro le estaban vedados. En su relato se superponen dos recomendaciones: la de la amiga que la llevó y la del programa de lecturas.

La socióloga estadounidense Elizabeth Long, que estudió durante años grupos de lectura de mujeres en Houston, sostuvo en Book Clubs que la historia literaria los había ignorado porque contradecían la imagen del lector legítimo como un individuo solo con su libro, y que en ellos la interpretación se construye entre varios, con la vida de cada una como material de lectura. Los clubes imponen un ritmo común y una fecha, y con eso obligan a terminar el libro, que no es poco. Reúnen a personas que fuera de esa mesa tal vez nunca se hablarían. Obligan, sobre todo, a formular una opinión ante otros, y en ese trámite el lector descubre que el libro que leyó no coincide con el que leyó la persona sentada al lado: una vio una historia de amor donde otra leyó desamor. Y, digamos todo, un buen club de lectura es aquel en el que, de vez en cuando, alguien odia el libro y lo dice.
Queda el encuentro fortuito, que parece lo opuesto de todo esto: el libro que nadie sugirió y que apareció sin ser buscado, en una mesa de saldos, en una casa que alquilamos un verano, en el estante de alguien que ya no está. Horace Walpole inventó, en 1754, una palabra para esos hallazgos, serendipia, a partir de un cuento persa sobre tres príncipes que descubrían por accidente lo que no estaban buscando. Pero casi siempre alguien preparó el terreno. Cuando otra de las lectoras tenía 13 años, su padre la hizo socia de la Biblioteca Popular de Trelew. No le recomendó ningún libro. Ella iba todas las semanas y elegía por el título, con la curiosidad amorosa de esa edad, y así llegó a El arte de amar, de Ovidio, del que todavía recuerda, o cree recordar, un consejo sobre las flatulencias en presencia del amado. En los mismos estantes encontró La guerra y la paz y libros de medicina sobre enfermedades psicosomáticas. “Gracias a mi papá soy lectora”, escribe. El padre no eligió los libros. Eligió el lugar, que es otra manera de recomendar.
Otra lectora compró La sal, de Adriana Riva, solo porque le gustó la tapa, en colores pastel. Ninguna persona intervino, salvo quien diseñó esa tapa, cuyo trabajo consiste en recomendar desde la mesa de novedades sin decir una palabra. La novela le gustó, y lo que siguió fue otra vez una cadena: leyó los cuentos de Riva, su novela *Ruth* y el poemario *Ahora sabemos esto*, que cruza el vínculo entre madre e hija con la Odisea. Después recomendó La sal y la regaló. El encuentro que empezó a solas terminó en recomendación. Otra lectora me dijo que había recomendado varias veces El infinito en un junco, de Irene Vallejo y que no hubo una sola vez que no le hubieran agradecido la recomendación.

Y queda el libro prestado. El préstamo es la forma más antigua de la recomendación, y tiene una cláusula que las demás no tienen: el libro debe volver, aunque casi nunca pasa. Y, cuando vuelve, casi nunca lo hace solo. Trae una opinión, un desacuerdo, una página doblada, y con eso empieza otra conversación.
Recuerdo que un día, en un almuerzo familiar, mi madrina me dijo: “igual hacés lo que hacías cuando eras chica, siempre estabas recomendando y regalando libros”. Pensar que uno llega solo a un libro es una forma oscura y un tanto soberbia de pensar la lectura. Todos nosotros llegamos a los libros por medio de alguien más, aunque más no sea una tapa en una mesa de saldos. Es más, llegamos porque alguien escribió y alguien decidió publicarlo, alguien lo leyó y decidió regalarlo, o prestarlo. También es cierto que muchas veces se publican libros que uno no entiende quién puede querer leerlos, pero ahí funciona muy bien la recomendación; a casi nadie se le ocurriría recomendar un libro malo a alguien que quiere.
Que un libro se venda no quiere decir que se lea, ni mucho menos que guste. Hay autores (y extrañamente editores) que se empeñan en publicar libros que nadie lee. Pero recomendar un libro que nos conmovió o que creemos que le va a gustar a alguien es otra cosa; es la forma humana más bella de la empatía y la mirada del otro. Claro que puede fallar, puede no gustar, puede desagradar, pero lo que no falla -o casi nunca falla- es la intención de compartir algo que nos hizo bien, que nos interpeló, que fue “el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros”, como diría Kafka, y que, por eso, queremos que otros vivan. El mundo es un lugar demasiado hostil para ir por la vida pensando que cada uno se las tiene que arreglar solo para encontrar la belleza, y además no es cierto. Ese cinismo debe ser una de las formas más terribles de la soledad.
Mientras tanto, recomendemos belleza, recomendemos libros, que son una de las formas más humanas y complejas de no sentirnos solos.
Cultura,Libros
INTERNACIONAL
Kansas Senate rivals distance themselves from party leaders in fiery debate

Sen. Roger Marshall, R-Kan., and Democratic challenger Adam Hamilton repeatedly sought to distance themselves from the most unpopular elements of their respective parties Wednesday night during a contentious Kansas Senate debate.
Both candidates battled over President Donald Trump, immigration, the war in Iran and more in a race that could help determine control of the Senate.
The debate opened on a personal note, with both candidates pressed over controversies that have fueled attack ads in the closing weeks of the campaign.
Marshall was questioned about a New York Times review that found his former medical practice sued more than 700 patients over unpaid bills. The Republican defended the practice while emphasizing the millions of dollars in free care his practice provided.
GOP SENATOR ALLEGES SCHUMER BEHIND ‘HIT JOB’ REPORT ON FORMER PATIENTS
«Every year we gave away $3 to $4 million of charity, but we also had a business,» Marshall said. «We had 300 employees, we had a mortgage payment, we had electric.»
Hamilton, meanwhile, was questioned about his handling of allegations involving a volunteer at his church’s summer camp alleged to have been a sexual predator. Hamilton acknowledged that he should have ensured the individual did not return to the camp after an initial investigation.
«I should have checked to make sure that he wasn’t going back,» Hamilton said. «That was a mistake on my part.»
The candidates spent much of the rest of the debate trying to define each other by their respective national parties.
Marshall repeatedly warned that electing Hamilton would help hand control of the Senate to Democrats and Senate Minority Leader Chuck Schumer, while Hamilton sought to portray himself as an independent-minded Democrat willing to break with his party.
THE NINE KEY RACES THAT WILL DECIDE WHO CONTROLS THE SENATE, AND WHERE THEY STAND
That divide came into focus when the moderator played footage of Trump campaigning for Marshall in Kansas earlier this week and telling voters to «pretend, please, that I’m on the ballot.»
Asked whether that meant he would support every part of Trump’s agenda, Marshall said no and pointed to recent disagreements involving immigration enforcement in southwest Kansas and beef imports.
«Just like with my wife, I can disagree with her. My wife is always right,» Marshall joked. «And President Trump is not always right.»
Nevertheless, Marshall emphasized his support for much of Trump’s agenda and urged the president’s supporters to turn out for him.
«We need the Trump voters to come out,» Marshall said. «If you want the Trump agenda to continue, if you want secure borders, if you want a strong military, if you want lower taxes, then you â and you voted for President Trump â you need to come out.»
Hamilton faced a similar challenge when moderators pressed him over his past support for Democrats and his campaign message of «leading from the middle.»
MANCHIN CALLS SCHUMER ‘CRAZY’ FOR TRYING TO OUST GOP SENATOR IN CRUCIAL SENATE SHOWDOWN
The Democratic nominee explicitly broke with former President Joe Biden over immigration.
«The Biden policies when it came to the border were a disaster,» Hamilton said. «I believe in strong and secure borders.»
Hamilton also said he would not support Schumer for majority leader if Democrats win control of the Senate.
The debate did produce an unusual moment of agreement when both candidates were asked how many genders there are.
«There’s two. There’s a boy and there’s a girl,» Marshall said.
«There are two genders, male and female,» Hamilton responded.
SC DEM SENATE CANDIDATE CLAIMS SHE WILL STAND UP TO HER PARTY AS GRAHAM TIES HER TO ‘SOCIALIST DEMOCRATS’
Hamilton later said he did not want biological males competing against his 12-year-old granddaughter in sports, calling it «not a fair fight,» while arguing that decisions over athletic participation should generally be handled locally rather than by the federal government.
The Kansas contest has emerged as an unexpectedly competitive Senate race in the closing weeks of the midterms. Marshall is seeking a second term in a state that has not elected a Democratic U.S. senator since 1932, while Hamilton, a longtime pastor, has campaigned as a moderate Democrat.
Trump traveled to Kansas Monday to campaign for Marshall as Republicans work to defend the seat with control of the Senate at stake.
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