CHIMENTOS
Agustín Bernasconi en “Lo de Pampita”: “Con Wanda Nara no pasó nada”

Agustín Bernasconi es un actor, cantante y compositor cordobés que comenzó su carrera artística siendo adolescente, tras destacarse en el programa Soñando por Cantar. Su gran salto a la popularidad llegó de la mano de la ficción juvenil Aliados y, más tarde, con su participación en Soy Luna, donde alcanzó reconocimiento internacional. En paralelo, desarrolló una exitosa carrera musical junto a Maxi Espíndola en el dúo MYA, con el que acumuló millones de reproducciones y colaboraciones con grandes artistas de la región. Tras la disolución del grupo, inició su etapa como solista, consolidando un perfil que combina música, actuación y una fuerte presencia en redes sociales.
En cuanto a sus próximos proyectos, Bernasconi atraviesa una etapa de fuerte crecimiento en su carrera actoral. Uno de sus trabajos más destacados es Las reglas del boxeador, una producción para Disney+ inspirada en la novela de Jazmín Riera. Este proyecto marca su regreso a la actuación luego de varios años enfocado en la música, con un personaje más adulto que se aleja de los roles juveniles que lo hicieron conocido.
A la par, participó del rodaje de la película ¿Querés ser mi hijo?, donde comparte protagónico con Wanda Nara, en un contexto que lo ubicó en el centro de la escena mediática. Además, el artista confirmó su participación en la cuarta temporada de Soy Luna y en una nueva serie, Noah, aún sin plataforma confirmada. Así, Bernasconi apuesta a consolidarse en la ficción con propuestas diversas y de alcance global, combinando este presente actoral con el desarrollo de su carrera musical como solista.
Desde acá, los momentos más interesantes de la charla:
“Con Wanda Nara no pasó nada”
—¿Te inventaron algún romance?
—Sí, sí, varias veces. Con Wanda, que estuve grabando la película ahora hace poco.
—Yo en mi corazón pienso que eso es verdad.
—Te lo digo de frente que no…
—No me rompas la ilusión.
—Era lógico que podía hablarse algo de eso porque estuvimos un mes en Uruguay grabando una película…
—¡Chicos, no solo grabando! Desayunando, almorzando en un hotel divino.
—Veinticuatro horas juntos… Pero la verdad es que no ha pasado nada; nada más que compañeros de trabajo que, por suerte, generamos un vínculo hermoso. Y sabíamos que por ahí se iba a poder hablar algo de eso. Porque con la exposición que tiene ella, todo lo que gira alrededor de ella es como que se entera todo el mundo.
—A la gente le encantaría esa pareja.
—Ah, ¿sí?
—Sí, obvio. Decís: “¿Nunca saldría?, la veo como una amiga», o decís: “Bueno, capaz la vida nos sorprende en algún momento”.
—No, a ver… yo no descarto para siempre nunca nada porque no sabés qué puede pasar, pero somos compañeros de trabajo; hemos construido una relación hermosa y la peli va a quedar muy buena. Por el momento tenemos eso…
—“Por el momento”. ¡La dejás picando!
—No, no la dejo picando.
—¿Migueles se puso celoso con este rumor de romance con Wanda?
—La verdad, no sé. No sé tanto la interna.
—¿Cómo no sabés? La tenías al lado.
—Sí, pero bueno, no es que tenía mala confianza de: “Che, ¿qué te dijo?“. No, ni idea. O sea, no sé bien la interna realmente. En serio te digo. Yo no tengo nada que ocultar.
—Te voy a creer.
—¿A Agustín Bernasconi le gustan las mujeres más grandes?
—Y… No sé si me gusta la mujer más grande o no.
—¿O te gustó alguna vez?
—Ah, sí, puede ser. Sí, de eso no hay duda…
—¿Cuánto más grande?
—No te voy a dar edad exacta, pero creo que no es algo en lo que me pongo a pensar o algo que pueda cambiarme.
—¿Cinco, diez años?
—Si me gusta, sí, sí. Cinco, diez años. No tengo problema.
—¿Y saliste con una mujer con hijos?
—Sí, sí, varias veces. No tengo problema. Yo sueño mucho con una familia también.
—¿Un hijo, dos hijos?
—Creo que tres sería un buen número.
— ¿Y ya te vas sintiendo como en edad de querer eso o decís “Todavía no, mi carrera necesita mi energía un tiempito más”?
—Creo que todo se realimenta. El amor de un hijo seguramente sea tan grande como para seguir alimentando la música y seguir alimentando el escenario. Quiero ser padre joven, es lo que siempre dije…

—Yo soy un romántico.
—¿Hace cuánto estás soltero?
—Y… hace como cuatro años.
—Pero, ¿por qué?
—No sé, me pregunto lo mismo. He estado saliendo un par de veces, pero no he vuelto a estar en pareja oficial.
—Y cuando salís, ¿las chicas piden blanquear?, tipo subir una foto a Instagram, ¿algo?
—No, no, nunca. En eso no tengo drama. O sea, si estoy bien con otra persona y todo va fluyendo, yo no tengo drama de mostrarme: salimos a bailar, salimos juntos.
—¿Qué tiene que tener una mujer para enamorarte?
—Que me haga reír, que sea simpática, que curta un poco lo simple, como yo, de las cosas simples. Desde levantarse y prepararse un mate. Creo que va más por ese lado. Me gusta también mucho que tenga un objetivo en su vida o un norte hacia dónde ir. Digo, desde lo laboral o desde su vida, algún sueño.
—¿A qué le escapás?
—Va a parecer medio raro lo que digo, pero por ahí me alejo un poco de lo muy mediático. Es por ahí a lo que le escapo un poco, pero no quiere decir que no pueda suceder.
—Me ha pasado varias veces… Porque mis viejos siempre joden, ¿viste? “Bueno, laburar es otra cosa”, tienen esa mentalidad. Y cuando vienen y me acompañan dos o tres días, ahí dicen: Ah, bueno…”
—“Sí que trabajás”.
—Hay que estar, ¿viste? Todo el día ahí laburando, grabando o en el estudio, preparando un show. Pero sí, requiere mucho tiempo. La gente ve el resultado final o te ve en el escenario y piensa que es subir al escenario y cantar… pero no saben todo el laburo de un montón de personas que hay detrás de una canción, incluso muchos no están en el escenario. La gente ve el videoclip y dice: “ah, qué lindo el videoclip”, y lo que sea, pero de repente hay una inversión, un tiempo, mucha gente laburando detrás, horas que uno se queda trabajando.
—Y la soledad del artista.
—Sí, eso re. Yo soy bastante solitario. Entonces estoy proponiéndome empezar a vincularme un poco más porque por momentos me siento un poco solo.
—¿Se gana bien con la música?
—Depende el momento que estés atravesando. Es una cuestión lógica eso. Como que la música, y todo lo artístico es como una montaña rusa.
—Y hay que administrar, porque después no sabés cuándo vuelve otro.
—Hay que administrar y hay que ser muy vivo, también, para aprovechar los momentos. Hoy salen canciones todos los días. Entonces, digo, si sale una canción que le está yendo muy bien y de repente generaste como mucho público, bueno, cómo capitalizar eso. De repente por ahí podés sacar seis canciones más y no pasa nada. Hoy es así, todo va evolucionando y la música también y hay que adaptarse.
“Mi peor experiencia cantando fue en una heladería”
—Creo que fue la peor experiencia que tuve y que debe haber tenido Maxi también, mi compañero. En una inauguración de la heladería, era un show de diez temas y el segundo tema la gente estaba tipo ahí tomándose el helado, mirándonos. No es que eran fanáticos que estaban aplaudiendo nuestras canciones. No, estaban ahí como: “Bueno, a ver qué hacen estos dos pibes”, ¿viste? Y en ese tema arrancaba a cantar Maxi, yo cantaba la segunda estrofa y me mira y me dice: “¿Che, cómo arranca el tema?“. Le digo: “No sé, no me acuerdo”. Y me dice: “Vamos con otra” y me pasa la guitarra a mí.
—¿Nunca empezó esa canción?
—No, todo por lo bajo, ¿viste? Le digo: “¿Cómo arranca este tema?“. Y me dice: “No sé”. Y entramos en ese pánico que te transpirás todo en un segundo y te ponés colorado. Y yo arranqué con la primera frase que se me vino a la cabeza y nos quedaban siete temas más por delante y la pasamos muy mal.
—¿Pero qué les pasó?
—Cantamos tres temas menos. En un momento fue como: “Che, la última y bajémonos de acá porque necesito bajarme del escenario”.
—¿Fue como pánico o qué?
—Es como que te nublás, como cuando vas a dar un examen y te empezás a olvidar de todo y la cabeza te juega una mala pasada y no podés salir, es como un bucle, ¿viste? Entonces, a raíz de eso es que uno empieza a entrenar ciertas cosas para prepararse por si te vuelve a pasar algo así en el escenario, de cómo poder salir de ese lugar.

—El primer día que me subí a un escenario a cantar cuando era chiquito en un acto del colegio supe que lo quería hacer toda la vida. Por lo que me generó, como la adrenalina de estar ahí, en el escenario, como con las miradas de todos. No sé, fue como algo que me dio mucha confianza.
—Y sí, da mucha, mucha energía.
—Sí, sí.
—Y el momento de despedirse de tu provincia, hacer ese bolsito para irse a Capital y conquistar el mundo…
—Y la verdad que fue un desafío grande. Yo vengo de un pueblo muy chiquito, de 3.000 personas, somos prácticamente todos medios primos. Y de repente llegar a Buenos Aires —era la segunda vez que venía en mi vida— era como que estaba en Júpiter, ¿viste?, como algo demasiado monstruoso. Y pasa algo, sobre todo en el interior del país, que la gente ve mucho los noticieros.
—Claro, tienen miedo…
—Mucho miedo. Pasan muchas cosas malas, ¿viste?
—Pero también es verdad que salimos a la calle y vivimos normal.
—Exactamente. Como que uno en el pueblo siente que en Buenos Aires siente que uno no puede salir a la calle, que tiene que salir con el celular así, agarrado con fuerza. Y es como que hay tener cuidado, sí, pero no es tan así. Entonces eso costó bastante también. Yo siempre digo que he tenido la suerte y ser un afortunado de venir a Buenos Aires con un escenario hermoso. Para mí ya era una locura, real, el subirse al colectivo de larga distancia, el de dos pisos.
—Sí, sí.
—Claro, porque nosotros no viajábamos nunca en ese. Siempre viajábamos entre pueblo y pueblo, en el otro, el más chico.
—Y cuando vas llegando a Buenos Aires y vas mirando por la ventanilla…
—No, fue una locura.
—Muy bien la familia que te acompañó en este sueño.
—Sí, cuando empecé a descubrir lo de la música, que era bastante chico, mi viejo y mi vieja me acompañaban. Cada peña que iba a tocar alquilábamos una Trafic e íbamos toda la familia. Como que aprovechaban también para que sea una reunión medio familiar. Así que siempre estuvieron acompañándome mucho.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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Murió Antonio Rattín, gloria de Boca y la Selección: su escena inolvidable en Wembley ante la Reina enfureció a Inglaterra y cambió el fútbol

En un momento tan especial, con la Selección de Messi dejando su huella en el Mundial 2026, el fútbol argentino está de luto. Antonio Ubaldo Rattín, uno de los grandes emblemas de Boca Juniors y una figura histórica del combinado nacional, murió este sábado 11 de julio a los 89 años.
La noticia fue confirmada por el club xeneize, institución a la que Rattín estuvo ligado durante toda su carrera profesional. «Con mucho pesar, lamentamos el fallecimiento de Antonio Ubaldo Rattín, ídolo y emblema de nuestra institución. Hasta siempre, Rata», se lee en el posteo.
Nacido el 16 de mayo de 1937 en Tigre, provincia de Buenos Aires, llegó a las divisiones inferiores de Boca en 1955 y debutó en Primera un año después, con apenas 19 años. Su estreno fue en la Bombonera, ante River, en una victoria por 2-1 en la que tuvo la responsabilidad de marcar a Ángel Labruna, gloria del club de Núñez.
Desde aquel partido Rattín construyó una identificación profunda con la camiseta azul y oro. Mediocampista central de gran presencia física, temperamento y liderazgo, disputó 382 encuentros oficiales, convirtió 28 goles y conquistó seis títulos. Permaneció 14 años en el club, desde 1956 hasta su retiro en 1970, y también fue subcampeón de la Copa Libertadores de 1963.
LA EXPULSIÓN DE ANTONIO RATTÍN EN WEMBLEY QUE QUEDÓ EN LA HISTORIA
Con la Selección Argentina jugó 32 partidos durante una década y participó en los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966. Además, integró el equipo que ganó la Copa de las Naciones de 1964 y fue capitán del seleccionado en la Copa del Mundo disputada en territorio inglés.
Su imagen quedó para siempre asociada al partido de cuartos de final frente a Inglaterra, jugado en Wembley. El árbitro alemán Rudolf Kreitlein lo expulsó de manera verbal, ya que todavía no existían las tarjetas amarillas y rojas. Rattín reclamó un traductor y se resistió a abandonar el campo, lo que provocó una interrupción cercana a los diez minutos.
Antes de retirarse, apretó con desprecio el banderín del córner que tenía grabada la bandera británica. La leyenda asegura que también se sentó sobre la alfombra roja destinada a la Reina, aunque de ese momento no quedaron registros gráficos. Aquel episodio fue una de las situaciones que impulsaron posteriormente la implementación de las tarjetas rojas en el fútbol.
Rattín fue mucho más que aquella escena de Wembley. Fue capitán, referente y símbolo de una manera de vivir el fútbol marcada por la entrega, la personalidad y la fidelidad a los colores. Su muerte despide a una figura irrepetible y deja un vacío profundo en la historia de Boca y de la Selección Argentina.
Antonio Rattín; Selección Argentina; Boca
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Karina La Princesita contó cuál fue su récord de shows en un fin de semana: “Cantaba y escupía sangre”

Karina La Princesita visitó a Mario Pergolini y sorprendió con sus revelaciones sobre la industria musical. Durante la charla, conversaron sobre la cantidad de shows que dan los artistas por fin de semana, uno de los temas que siempre estuvo en debate en la movida tropical. La cantante admitió que había bajado el ritmo laboral y recordó su récord de actuaciones, lo que generó una conversación diferente.
Luego de presentarla ante la audiencia, el conductor repasó la cargada agenda de su invitada, que presenta conciertos en diferentes ciudades del país. “Y eso que bajamos el ritmo de trabajo”, aclaró sin ironías Karina La Princesita, comparando con otros años donde el esquema laboral de otros años, donde las caravanas eran mucho más extensas.
“Ahora si te fijás, hay uno o dos por noche como mucho”, prosiguió la intérprete de “Corazón mentiroso” para sostener su argumento. El contraste con el pasado no tardó en aparecer. “¿Cuánto fue lo que más hiciste?”, le preguntó Pergolini, sin imaginar la respuesta. “34 shows entre viernes, sábado y domingo”, soltó Karina, y el estudio reaccionó con incredulidad. “¿Cómo? Pero no dan las horas del día”, intervino Evelyn Botto. “Empezábamos a las 3 de la tarde, con 50 grados de calor, y terminábamos a las 9 de la mañana, sin parar al otro día en Santiago del Estero. Era en época de carnaval“, contextualizó.
Pergolini, que escuchaba con incredulidad, le preguntó si en algún momento había pedido que pararan. La respuesta fue directa: “Antes yo no decidía”. No había margen para negarse. El ritmo lo imponían otros, y ella simplemente cumplía con su trabajo de salir al escenario.
En ese panorama, cuando no podía decir que no, el cuerpo fue el que puso el límite. “Frené porque ya a lo último me salieron quistes en las cuerdas vocales, cantaba y escupía sangre”, señaló, sobre las lesiones causadas producto del esfuerzo sostenido. Su actual representante, que en aquel entonces era su manager, fue testigo directo de ese deterioro: la acompañaba a cada show y la veía terminar en ese estado.

“Cuando a veces vos no tenés la valentía de decir ‘no, hasta acá’, el cuerpo habla”, sintetizó Karina. A eso se sumó otro dato: en esa época no ganaba acorde al esfuerzo realizado. La cantidad de presentaciones no se traducía en ingresos proporcionales. Pergolini comprendió el análisis y aportó su observación de conocedor de la industria desde otro lugar, cuando muchas veces desde afuera se ve solo el disfrute y el entretenimiento: “Pero uno a veces no ve el sufrimiento del artista”, señaló el conductor, y reconoció que detrás de esa imagen hay un sacrificio que el público raramente percibe.
Pergolini contó que era la primera vez que entrevistaba a Karina y que, desde afuera, siempre le había parecido “una mujer que pone los puntos”. Karina no lo negó: “Tengo carácter, sí. Parece que ya lo tenía, pero como que lo desarrollé mucho más en este trabajo”, explicó. Un trabajo al que ingresó a sus 18 años, en un ambiente dominado por los hombres. “Los jefes, los músicos, todos son hombres y es muy difícil que haya mujeres”, lamentó. Costaba un poco que me escucharan, igual tengo mucho carácter”, concluyó.
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¡Insólito descargo! Las quejas de Nati Jota por tener que trabajar cubriendo el Mundial 2026 y los partidos de la Selección: «Es tan…»

Millones y millones de argentinos desearían encontrarse en los Estados Unidos para mirar los partidos de la Selección Argentina en el Mundial, pero solo unos pocos pueden estar allí y deleitarse en vivo con las últimas pinceladas del mejor jugador de la historia: Lionel Messi.
Algunos lo consiguieron porque hicieron enormes sacrificios para viajar, juntando mango por mango. Otros, porque cuentan con un buen pasar económico. Y claro, no faltan aquellos que, además, cobran por estar en los partidos, como los profesionales que fueron a cubrir la Copa del Mundo para distintos medios de comunicación, por ejemplo. ¡Verdaderos privilegiados que puedieron ver la hazaña contra Egipto! Claro que sí. ¿O no? Bueno, para Nati Jota… no.
Sucede que una de las grandes figuras de Olga hizo un extenso descargo en sus redes sociales, donde compartió su fastidio por estar adonde millones desean. Con un «me duermo» comienza su extenso texto en el que puntualiza la aparente tortura de viajar en avión, quizás desconociendo las desventajas de trasladarse en el tren Sarmiento, en el Conurbano bonaerense, por caso.
LAS RAZONES DEL FASTIDIO DE NATI JOTA POR TENER QUE TRABAJAR CUBRIENDO EL MUNDIAL
«Todavía no embarqué al primer vuelo. Son dos. De Miami a Kansas casi que no hay opción sin escala —describió Jota, quien debe trasladarse para mirar el decisivo encuentro de la Scaloneta contra Suiza, por los cuartos de final—. En avión, entre los dos tramos y la escala, tardás de 5 a mil horas». ¿Tanto…?
Y sigue. Nati confiesa que cuando está de vacaciones suele recorrer poco y nada: «Quiero abrir mi valija, entender el lugar, agarrarle la mano, descansar, establecerme». Claro, aquí está trabajando. Entonces, debe viajar más de lo que le gustaría. Y las sedes en las que se juegan los partidos están muy alejadas entre sí. «Entiendo que en los mundiales inevitablemente te movés mucho», concedió la influencer.
Fue entonces cuando destacó a Qatar, allí donde Messi y los suyos alcanzaron la gloria: «Fue excepcional, todo en la misma ciudad, Doha. Hoy, en el acá para allá tan incómodo de este Mundial, se valora mil el hecho de que fuera todo en la misma ciudad».
Al fin, guiándonos por lo que dice Nati Jota, siempre hay un costado negativo, hasta en la cobertura del evento deportivo más importante del mundo. Quienes, por caso, deben cumplir con su trabajo aquí y no pueden ver los partidos de la Selección Argentina —como aquel colectivero que se hizo viral festejando el gol de Enzo Fernández a Egipto—, seguró la abrazarán a la distancia para decirle: «No estás sola».
Nati Jota; Mundial 2026; Olga
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