SOCIEDAD
Baja de la natalidad: una provincia decide cerrar la maternidad de un hospital y abrir un área de salud mental

MENDOZA.- Una maternidad histórica, una baja sostenida en los partos, una decisión polémica y una pueblada. Así podría resumirse la realidad del servicio neonatal de un importante departamento de esta provincia. Se trata de la reconocida área sanitaria del hospital Carlos Saporiti, ubicado en Rivadavia, en el este provincial, a más de 65 kilómetros de la ciudad de Mendoza, que dejó de funcionar por orden del Ministerio de Salud local, lo que generó malestar en buena parte de la comunidad y protestas callejeras.
En el fondo, también subyace una pelea política, ya que la comuna está en manos de un crítico de la gestión del gobernador Alfredo Cornejo, el exradical, Ricardo Mansur, quien calificó a la medida de un “vaciamiento programado”.
Desde lo técnico, la marcada caída de natalidad, con un promedio de 10 partos al mes y una alta tasa de cesáreas, motivó la decisión oficial, a través de la resolución 488, y la derivación de las embarazadas, para nacimientos programados y de mediana complejidad, a nodos con mayor actividad y prestaciones, como el Hospital Perrupato en San Martín, ubicado a más de 20 kilómetros.
Según explicaron a este diario desde el Hospital Saporiti, se mantienen los controles prenatales y la guardia obstétrica de 24 horas para emergencias así como para los “partos expulsivos inminentes”. Sin embargo, el enojo de los médicos del sector y de las autoridades municipales no cesa.
Así, frente a este escenario complejo, los especialistas del lugar se mostraron indignados y advirtieron sobre los riesgos de la suspensión del servicio para las pacientes embarazadas de la zona. “Hay todo un pueblo detrás de esto. Fue una decisión imprevista. Tenemos un corredor geográfico con pacientes de zonas rurales de hasta 50 kilómetros a la redonda. Van a tener que se trasladadas, más lejos, al hospital Perrupato, a unos 20 kilómetros, con los riesgos que eso representa. Cuando hay una embarazada con trabajo de parto y complicaciones, en obstetricia los minutos son determinantes”, explicó Augusto Sánchez Publio, ginecólogo y obstetra del hospital Saporiti, con amplia trayectoria en la especialidad.
“Acá faltaron el diálogo y la humildad. No es cuestión de acomodar partos por un tema económico. Nuestros resultados son buenos. No nos cierran por problemas con nuestras pacientes y niños, ya que no se nos mueren niños. Suponen que la maternidad funciona mal por el volumen de pocos partos. Eso sí, dejar a las pacientes desamparadas puede aumentar la mortalidad. Hay estudios que indican que el cierre de las maternidades pequeñas trae más problemas que soluciones”, completó Sánchez Publio.
Cambio de destino
En diálogo con LA NACION, el titular de la cartera sanitaria, Rodolfo Montero, detalló los motivos que llevaron a la clausura de la maternidad del efector donde nacieron la mayoría de los rivadavienses, inaugurado en 1937, como parte de una reestructuración que contempla ahora la apertura del área de salud mental.
Entre las principales causas que detalló el funcionario predomina la falta de cumplimiento de las Condiciones Obstétrico y Neonatales Esenciales (CONE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que consisten en capacidad quirúrgica y de anestesia las 24 horas, atención inmediata del recién nacido, disponibilidad de sangre durante toda la jornada, tratamientos maternos, evaluación del riesgo materno neonatal y el traslado oportuno al nivel de referencia. De hecho, Montero explicó que en el caso del hospital Saporiti no se consiguió tener guardia de anestesia las 24 horas.
“El objetivo principal es la atención materno infantil regionalizada con maternidades seguras para lograr el descenso de la morbimortalidad del binomio madre hijo”, indicó Montero, quien hizo hincapié en el número de nacimientos por debajo del recomendado para mantener una atención segura con profesionales entrenados.
“Pese a que muchos consideran que las maternidades deben hacer por lo menos 1000 partos anuales, la OMS y los organismos especializados dicen que el límite inferior es entre 500 y 1000 por año. Por debajo de 500 nacimientos el equipo de salud no está entrenado para manejar emergencias, lo que hace que se pierda habilidades y pone en riesgo la salud del binomio”, sostuvo el funcionario.
De acuerdo con la información oficial, el hospital Saporiti efectuó 244 partos en 2020; 220, en 2021; 277, en 2022; 226, en 2023; 257, en 2024, y 277, en 2025. “No es del año pasado el bajo número de partos, es histórico. Y se va a agravar con el tiempo”, recalcó el ministro, quien además sostuvo que el efector presenta la tasa de cesáreas más alta que el resto de los hospitales públicos de la provincia, en los últimos cinco años, llegando en 023 a un 65,92% de cesáreas. La media provincial de cesáreas en el sector público en ese año fue de 41%.
Según la cartera sanitaria, esta elevada tasa de cesáreas se asocia a mayor riesgo de morbimortalidad materna e infantil, debido a hemorragias poscesárea, acretismo placentario, infecciones posoperatorias, histerectomías y muertes maternas.

Por otra parte, desde Salud indicaron que el hospital registró una baja tasa de ocupación del servicio de neonatología y menos de tres egresos por semana. “Hay un enorme salto de calidad y de seguridad que implica que a esas mamás y bebés se los atienda en un hospital como el Perrupato, que es una maternidad segura que dispone de equipamiento de alta complejidad para tratar embarazos a partir de las 32 semanas de gestación y cuenta con numerosos especialistas pediátricos”, señalaron.
Asimismo, según explicaron desde el gobierno mendocino, la regionalización de las maternidades es un proceso de toda la Argentina y del mundo. Por tal motivo, agregaron, los partos se centralizan en maternidades complejas para dar una correcta respuesta. En el Valle de Uco, San Carlos y Tupungato cerraron su maternidad y mejoraron la salud del binomio. La Paz, Santa Rosa y Junín tampoco tienen maternidad. También Uspallata se encuentra en la misma situación. “La realidad territorial de Rivadavia es similar a esos lugares y lo que hay que hacer es priorizar a las madres y a los bebés”, completó el ministro.
Fuentes del gobierno provincial fueron más allá en la discusión y cargaron contra las intenciones políticas detrás. “El discurso de ellos es en búsqueda de votos o de mantener el quiosco de profesionales que hace 15 años que cobran un sueldo y casi no trabajan. Están todos encolumnados detrás del intendente”, indicaron a este diario.
En la vereda de enfrente se envalentonaron frente a los cuestionamientos y pusieron el foco en la decisión que tomó el Ministerio de Salud. “No nos dejan tener a nuestros hijos en el departamento. Es un hospital histórico de Mendoza que nació como maternidad. Ya hubo intentos de cierre anteriormente, pero los detuvo una pueblada. Ahora aun con las protestas, se avanzó. Es el proyecto político en salud de este gobierno, con el economista Montero a cargo. Se llevan cada vez más servicios del departamento: la Fiscalía, la Inspección General de Justicia y la Subsecretaría de Trabajo”, expresó Luis García Llauró, presidente del Concejo Deliberante de Rivadavia, por lo que no se descartaba una judicialización de la reciente medida.
Mientras, los médicos ya comenzaron a seguir las nuevas directivas, a pesar de algunas resistencias y pedidos de licencias, por lo que se encuentran en proceso de readaptación de funciones, aunque está el temor ciudadano de que el servicio de Pediatría también tenga un final parecido. Así, sigue latente la preocupación y el malestar de los lugareños, quienes fueron parte activa de las protestas masivas que se dieron con fuerza a fines de marzo y los primeros días de abril, bajo las consignas: “La Neo no se va” y “No somos números, son vidas”.
SOCIEDAD
The Wolf Among Us 2 confirma duración, todo el contenido de lanzamiento y más – Nintenderos

Ya sabéis que se ha confirmado que The Wolf Among Us Remastered y The Wolf Among Us 2 se lanzarán en Nintendo Switch 2, y en el caso de la remasterización también para Nintendo Switch.
La edición remasterizada llegará durante las Navidades de 2026 y recuperará la aclamada aventura narrativa de 2013 con mejoras visuales, técnicas y de accesibilidad, mientras que The Wolf Among Us 2 se estrenará en 2027 continuando la historia de Bigby Wolf en las oscuras calles de Fabletown. Ambos proyectos cuentan con el desarrollo creativo de Telltale Games y el apoyo editorial de PM Studios.
Tras su anuncio incial, así como las explicaciones por su tardanza, ahora se han confirmado estos nuevos detalles:
- Contexto y ambientación
- Secuela del juego original The Wolf Among Us
- Ambientado en Fabletown, una ciudad secreta donde personajes de cuentos viven ocultos en el Nueva York moderno
- Tras los eventos del primer juego, aumentan las tensiones y luchas de poder en la ciudad
- Historia principal
- Bigby Wolf, sheriff de Fabletown, investiga una serie de crímenes brutales
- La investigación revela una conspiración que amenaza el equilibrio de la ciudad
- Snow White intenta mantener el orden mientras surgen nuevas amenazas
- El jugador decide qué tipo de sheriff y qué tipo de “lobo” será Bigby
- Duración y formato
- Duración estimada: entre 8 y 12 horas
- Estructura episódica, pero se lanzará todo el contenido en un único paquete
- El juego estará completo desde su lanzamiento, sin entregas separadas
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The Wolf Among Us 2
SOCIEDAD
La consulta popular para cambiar el nombre de un barrio porteño abre una grieta entre sus vecinos

El primer auto reduce la velocidad apenas unos segundos. No es por el tránsito ni por un semáforo. El conductor gira la cabeza para leer una pintada que se extiende durante varios metros sobre una pared ubicada en la avenida General Francisco Fernández de la Cruz. Las letras negras, grandes y prolijas, acompañan el recorrido desde la altura de Murguiondo hacia Cafayate y transmiten un mensaje que en las últimas semanas se volvió tema de conversación en todo el barrio: “EL NOMBRE DEL BARRIO NO SE CAMBIA”.
La inscripción aparece a pocos metros de uno de los límites oficiales de Villa Riachuelo y resume una discusión que comenzó lejos de las paredes y de las calles. Primero llegó a los correos electrónicos de los vecinos. Después pasó a los grupos de WhatsApp. Más tarde desembarcó en las redes sociales y finalmente terminó en los comercios, las esquinas y las veredas de un barrio que mantiene una identidad propia y una larga historia dentro del sur porteño.
Todo empezó cuando varios vecinos recibieron un correo enviado por el gobierno porteño bajo el asunto “Opinión Ciudadana: nombre del barrio Villa Riachuelo”. El mensaje invitaba a participar de una consulta sobre la denominación del barrio. “En respuesta a las inquietudes planteadas en reuniones vecinales, queremos invitarte a ser parte de un proceso abierto para aportar tu visión sobre la denominación del barrio. Esta iniciativa está pensada para que entre todos logremos que el barrio nos represente de la mejor manera”, señalaba el texto.
La convocatoria permaneció abierta entre el 26 de mayo y el 1 de junio y proponía responder preguntas vinculadas a la identidad de la zona: si los vecinos se sentían representados por el nombre actual, si consideraban que reflejaba la historia y la cultura de la comunidad, qué importancia le daban a debatir el tema y si estaban dispuestos a participar de futuras instancias de diálogo.
La consulta fue suficiente para reactivar una discusión que parece acompañar al barrio desde hace años. Porque si algo quedó claro durante una recorrida de LA NACION por sus calles es que no existe una única mirada sobre la identidad de la zona. Mientras algunos vecinos aseguran que siempre se sintieron parte de la vecina Villa Lugano e incluso desconocen que viven dentro de los límites oficiales de Villa Riachuelo, otros sostienen que el nombre actual de su barrio forma parte de la historia y del patrimonio de la zona y rechazan cualquier modificación.
Entre ambos extremos aparecen quienes reconocen la existencia de Villa Riachuelo, pero consideran que un cambio de denominación reflejaría mejor la forma en que gran parte de los habitantes identifica actualmente al barrio.
Las diferencias aparecen casi de inmediato. Mientras el debate sigue repitiéndose en conversaciones de vereda, comercios y paradas de colectivo, a pocas cuadras de la pintada que rechaza cualquier modificación, en un kiosco ubicado sobre Coronel Martiniano Chilavert al 6600, cerca de Guaminí, una comerciante escucha la pregunta sobre la posible modificación del nombre y responde de inmediato: “Esto es Lugano”.
Cuando observa en un teléfono el mapa oficial de la Ciudad, donde la zona figura dentro de Villa Riachuelo, niega con la cabeza y asegura que debe haber un error. Según sostiene, Villa Riachuelo comienza mucho más adelante. Mientras habla, cuestiona además que el debate esté puesto sobre el nombre del barrio y no sobre otros reclamos que considera prioritarios, como la instalación de semáforos o reductores de velocidad para evitar accidentes.
La conversación llama la atención de una agente de la Policía de la Ciudad que se encontraba en la zona. La mujer escucha parte del intercambio y, cuando surge nuevamente la pregunta sobre dónde termina un barrio y comienza el otro, ofrece su propia respuesta. “Esto no es Villa Riachuelo. Siempre fue Lugano”. Una tercera vecina que pasa caminando se detiene unos segundos al escuchar. “¿No es Lugano?”, pregunta asombrada.
La reacción se repite a lo largo del recorrido. Claudio Freso asegura que durante toda su vida utilizó el nombre Villa Lugano para referirse al lugar donde vive. No lo plantea como una posición política ni como una reivindicación. Dice simplemente que es la forma en que siempre se identificó la zona.
A medida que la caminata avanza, la misma idea aparece una y otra vez. En la sandwichería Delicias Gourmet, sobre Guaminí al 5007, el tema comenzó a circular apenas se conoció la encuesta. Verónica, propietaria del local, recuerda que el debate se instaló rápidamente en un grupo de WhatsApp que comparte con otros comerciantes de la zona. Según explica, ella está de acuerdo con que el barrio pase a identificarse con Villa Lugano porque considera que así lo reconoce la mayoría de la gente.
La misma mirada comparte Francisco Aguirre, vecino de la zona desde hace años. Aunque afirma que conoce los límites oficiales del barrio, sostiene que en la práctica cotidiana “casi nadie utiliza el nombre Villa Riachuelo”. Según su mirada, el debate actual simplemente “puso sobre la mesa una realidad que ya existía”.
Sin embargo, a pocas cuadras aparecen voces completamente distintas. Gabriela Pires, vecina de Villa Riachuelo, escucha los argumentos a favor del cambio y responde que una costumbre no puede tapar la historia. Para ella, que muchas personas utilicen el nombre Lugano no modifica el hecho de que el barrio tenga una identidad propia construida durante más de un siglo. “Esto es Villa Riachuelo. Los límites están claros y cualquiera puede verlos en un mapa”, sostiene. Según explica, el barrio forma parte de la historia del sur porteño y cambiar su nombre implicaría desconocer ese recorrido.
La misma preocupación expresa Patricia Graci, otra vecina de la zona, quien observa el debate con incomodidad y asegura que detrás de la propuesta existe el riesgo de perder una identidad construida a lo largo de generaciones. Mientras recuerda a familias que viven allí desde hace décadas y habla de una historia compartida entre vecinos, resume su posición en una frase: “Basta de quitarnos nuestra identidad”.

Las críticas también apuntan hacia otro aspecto del debate. Luca Morales, vecino de Villa Riachuelo, considera que el problema principal no es el nombre sino las prioridades. Mientras la discusión crece en redes sociales y grupos vecinales, menciona que el barrio sigue siendo el único de la Ciudad que no cuenta con un centro de salud y acción comunitaria propio. “Antes de cambiar el nombre, ¿por qué no ponen una salita de primeros auxilios?”, se pregunta.
Cuestión de imagen
La caminata continúa y las explicaciones comienzan a profundizarse. Clara Ponce, también vecina, cree que detrás de algunos argumentos favorables al cambio existe una cuestión de imagen. Mientras observa el movimiento sobre una de las calles internas de la zona, sostiene que el debate no surgió de manera casual. “Creo que no quieren que los turistas que supuestamente van a venir por el autódromo vean que se llama Villa Riachuelo”, afirma.
Solange Ledesma coincide parcialmente, aunque aporta otra interpretación. Para ella, el problema pasa más por las asociaciones que genera el nombre que por la historia del lugar. “Yo creo que a algunos la palabra Riachuelo les debe generar una idea de marginalidad o de villa miseria, y nada que ver. Villa Riachuelo es un barrio muy tranquilo, de casas bajas, familiar, y ni siquiera tiene una villa dentro de sus límites”, señala. A su entender, muchos de quienes impulsan el cambio lo hacen porque relacionan el nombre con prejuicios que no reflejan la realidad cotidiana de la zona.

La reflexión más extensa llega de la mano de Danilo Cardozo, vecino del barrio, quien considera que la discusión expone tensiones sociales que existen desde hace años aunque pocas veces se expresan de manera tan abierta. Según describe, Villa Riachuelo está lejos de responder a la imagen que algunos imaginan cuando escuchan la palabra “villa”. “Acá hay sectores de clase media, media alta, otros un poco más humildes, pero no hay asentamientos. Te puede pasar que en una cuadra haya dos casas muy sencillas y al lado viviendas de clase media alta. Esa es la realidad del barrio”, explica. Para él, una parte de quienes rechazan el nombre lo hace porque no quiere quedar asociada a determinadas etiquetas. “Hay vecinos que no quieren asumir que viven en Villa Riachuelo porque sienten que eso los perjudica o los hace quedar pegados a algo que no tiene nada que ver con el lugar donde viven. Pero esto no es Lugano, esto es Villa Riachuelo, les guste o no”, sostiene.
La misma hipótesis aparece en la carnicería Milena, ubicada sobre Guaminí al 4924. Detrás del mostrador, mientras atiende a los clientes que entran y salen del local, su propietario sigue con atención el debate que atraviesa al barrio. Para él, la explicación es mucho más simple que las discusiones sobre identidad o historia. “Los que quieren cambiar el nombre lo hacen solamente por estética”, afirma.
138 años de historia
Villa Riachuelo nació en 1888, cuando la Sociedad de Tierras General Pobladora obtuvo autorización para realizar obras de dragado sobre el Riachuelo. Aunque aquellos trabajos nunca llegaron a concretarse, la empresa abrió calles y comercializó terrenos donde comenzaron a instalarse tambos y chacras. Aquellos parajes fueron conocidos como la “villa del Riachuelo”, denominación que con el tiempo derivó en el nombre actual.
Durante las primeras décadas del siglo XX, el crecimiento de la zona estuvo vinculado al Puente de la Noria, una infraestructura clave para la circulación entre la capital y la provincia de Buenos Aires. Por allí transitaban las tropas de ganado que luego continuaban su camino hacia los antiguos mataderos. Más adelante, la llegada del ferrocarril impulsó el desarrollo de Villa Lugano y transformó definitivamente el paisaje del sur porteño.
Con el paso de las décadas, ambos barrios crecieron prácticamente unidos. La ausencia de una frontera urbana clara hizo que muchas personas comenzaran a identificarse con Villa Lugano aun viviendo dentro de Villa Riachuelo. La situación se mantiene hasta hoy y ayuda a entender por qué la encuesta despertó tantas reacciones.
Actualmente, Villa Riachuelo integra la Comuna 8 junto con Villa Lugano y Villa Soldati. Tiene una superficie de 4,1 kilómetros cuadrados y una población de 15.581 habitantes, según el Censo 2022. Gran parte de su territorio está ocupado por espacios de gran escala, entre ellos el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, el Parque Sur y la Reserva Ecológica Lago Lugano. La zona residencial representa apenas una parte del barrio, otro de los factores que explican la persistente confusión identitaria.
La consulta popular
La consulta cerró el 1 de junio y, hasta el momento, el Gobierno porteño no difundió los resultados ni informó cuál será el destino de la iniciativa. Si las autoridades decidieran avanzar con la propuesta a partir de la información relevada, el cambio no podría concretarse de manera automática. La Ley N.º 83 de Nomenclatura Urbana establece que la facultad para imponer o modificar nombres corresponde exclusivamente a la Legislatura porteña. Además, la Constitución de la Ciudad exige el mecanismo de doble lectura, que contempla una primera aprobación legislativa, la realización de una audiencia pública para que los vecinos puedan expresar su posición y una segunda votación antes de adoptar una decisión definitiva.
Por ahora, ninguna de esas instancias fue anunciada y tampoco se informó si la consulta derivará en la presentación de un proyecto de ley. LA NACION consultó al gobierno de la Ciudad sobre el origen de la iniciativa, los alcances de la consulta y los pasos previstos una vez analizadas las respuestas de los vecinos. También preguntó si la propuesta contemplaba únicamente la incorporación del barrio a Villa Lugano o la posibilidad de elegir otras denominaciones, pero no obtuvo respuestas.
SOCIEDAD
Lo único que le faltaba a WoW era una plaga de personajes que bailan. No es por una celebración, sino que ya es un problema para Blizzard

El mundo de World of Warcraft ha recibido una nueva plaga y los jugadores se están hartando de ella. Durante las últimas semanas, ciudades importantes del MMORPG como Ventormenta u Orgrimmar se han llenado de personajes-bots que se suben a cajas, bailan y promocionan portales de casinos. Este fenómeno, que se conoce popularmente con el nombre de ‘Casino Bots‘, ha cansado a la comunidad en cuestión de días y ya ha llamado la atención de los miembros de Blizzard. De hecho, un productor asegura que los equipos se han puesto manos a la obra para solucionar el problema.

Tom Ellis, productor senior en WoW, ha compartido una publicación en X (vía Wowhead) para asegurar a los jugadores que Blizzard es consciente de la presencia de ‘Casino Bots’ en el MMORPG y ya está valorando soluciones para reducir su presencia. «Sobre lo de los casinos que está en tendencia ahora mismo. Sólo confirmo que lo tenemos en cuenta, sigue estando prohibido anunciar un casino», señala en el mensaje. «Así que seguid reportándolos (o tirándoles Infernales)».
«Profundizando más, parece que la comunidad de RMT (los que venden oro) se han dado cuenta de que esta es una manera fácil de generar oro de forma rápida y barata, lo que ha dado lugar a un incremento en este comportamiento», sigue el comunicado. De hecho, la tendencia es tan evidente que Blizzard se ha dado cuenta de la presencia de los ‘Casino Bots’ en el MMORPG y ya tiene a varios desarrolladores «estudiando ideas sobre cómo podemos hacer que esta gente salga del juego mucho más rápido para que la actividad sea menos lucrativa y, a su vez, con suerte, se larguen».
«No esperéis ningún tipo de fiesta o de pancarta de ‘¡Misión cumplida!’ para esto», aclara Ellis en su publicación. «Este es uno [de los problemas] que, con suerte, ni siquiera notaréis que deja de ocurrir si lo hacemos bien». De este modo, se supone que los ‘Casino Bots’ irán desapareciendo silenciosamente a lo largo de las próximas semanas.
Los jugadores se han unido para cazar a los ‘Casino Bots’
De hecho, la comunidad no ha esperado soluciones oficiales por parte de Blizzard y ya se ha unido para cazar a los ‘Casino Bots’. Y es que, como menciona Ellis en su mensaje, los brujos tienen una habilidad llamada Inferno que lanza un meteorito sobre un objetivo e invoca un Infernal que actúa bajo las órdenes del personaje; un poder que los usuarios ya han estado empleando para acabar con los personajes que promocionan webs de casinos. De este modo, los fans de WoW tienen una manera de deshacerse de los ‘Casino Bots’ mientras esperan un remedio permanente de Blizzard.
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Lo único que le faltaba a WoW era una plaga de personajes que bailan. No es por una celebración, sino que ya es un problema para Blizzard
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3DJuegos
por
Brenda Giacconi
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